domingo, 8 de abril de 2012

CRUEL DESTINO

                 Sarah no pudo conciliar el sueño aquella noche. Pensó en la conversación que había tenido con Katherine.
                 Había observado a su hermana después de salir de la habitación. El comportamiento de Katherine era normal. Hablaba con sus padres y con sus hermanas con total normalidad. Stephen Winter acudió aquella tarde a darle clases de piano. El comportamiento entre ellos fue de lo más correcto.
                Mister Winter alababa el talento musical que poseía Katherine. Y ella sonreía, visiblemente halagada. Luego, su profesor se despedía de ella. Depositaba un beso en su mano.
                 Era un beso en la mano de lo más respetuoso.
                Sarah llegó a la conclusión de que lo había imaginado todo. Katherine no estaba viviendo ninguna historia de amor imposible. Decidió releer su novela favorita, El pirata del amor. 



                Al oír pasos acercándose a la puerta, Sarah se apresuró a esconder la novela que estaba leyendo debajo de la almohada. Cuando los pasos se hubieron alejado, la sacó de nuevo. Se sentó en la cama y decidió volver a leerla porque no tenía nada mejor que hacer. Le gustaba releer las novelas románticas una vez que las había terminado. Los protagonistas de aquella novela eran un apuesto pirata y una hermosa joven. Sara quedó prendada del pirata. ¡Tan viril! ¡Tan misterioso!
                 Rescataba a la joven de un matrimonio infeliz al lado de un hombre malvado. Mientras releía la historia desde el primer capítulo, en la cabeza de Sarah apareció la imagen de un hombre que había conocido en el centro de Llangefni, dos días antes de regresar a Holyhead. Llevaba el cabello largo y de color negro suelto. No lo llevaba recogido en una cola de caballo. Vestía ropa elegante y de color oscuro y su aspecto era el de un hombre peligroso. ¡Era la encarnación del apuesto pirata de la novela!
             Sarah esbozó una lenta sonrisa. Sabía que se hacía llamar Lion porque alguien le había llamado así momentos antes de que empezaran a pelearse a navajazos. ¡En mitad de una de las calles más transitadas de la ciudad!
              Sarah se ruborizó al recordarlo.
             Notó cómo Lilith se ponía tensa al presenciar la escena. No quería mirar al hombre que estaba peleándose a navajazos con el otro. Se cogió del brazo de Sarah. La instó a seguir caminando. Pero la joven no quería moverse.
-Esto no es apropiado para ti-afirmó Lilith-Me parece indecente. ¡Anda! Sarah...¡Vámonos de aquí!
-¡Oh, Lilly!-protestó la joven-¡Yo no quiero irme!
-¿Te has vuelto loca? Son dos salvajes. Podrían revolverse contra ti.
-¡Pero si yo no estoy en la pelea!
              Lilith estaba empezando a ponerse nerviosa.
             Suspiró con anhelo. Aquel hombre conocía a Lilith.
              Mientras estaba peleando con su rival, la saludó con la mano. Sarah no podía apartar la vista de aquel hombre tan apuesto y misterioso. Sabía que era capaz de llevar a una mujer a la perdición. Interrogó a Lilith acerca de él.
             Lo hizo cuando se encerraron en la habitación de Lilith.
-¿Quién es el hombre que estaba peleando frente a madame Chardonne?-le preguntó a su amiga a bocajarro nada más encerrarse en la alcoba de ésta.
              Madame Chardonne era una de las modistas más conocidas de la ciudad. Sarah había ido a encomendarle unos vestidos nuevos. Los recogería nada más regresar a Llangefni. Volvería lo antes posible. Se lo había prometido a Lilith.
-Ese hombre es el ser más depravado que jamás he conocido-respondió Lilith-No deberías de acercarte a él. Yo...Aún intento olvidar que tuve una relación con él. ¡Y bien que me arrepiento! Era una joven alocada y pequé. Con él...
-Aún no me has dicho quién es-insistió Sarah.
             Lilith se dejó caer en un diván. Tuvo la sensación de que había cometido un error al salir con Sarah aquella tarde. A pesar de que era una joven inteligente, también era bastante impresionable. Su inexperiencia en ciertos temas la hacía así.
-No te acerques a él-le indicó a Sarah-Te romperá el corazón, como hizo una vez conmigo. Se hace llamar Lion. Pero su verdadero nombres es Darko Raven. O eso dice.
-¿A qué se dedica?-quiso saber Sara.
-A lo peor. Te lo puedes imaginar. Proxeneta...Traficante...Chantajista...
               Aquello alimentó el interés de Sarah en él. Desoyó por completo los consejos de Lilith.
               Al cabo de un rato, Lilith tuvo que marcharse y un hombre fue a visitarla. Para sorpresa de Sarah, el hombre que apareció en el recibidor preguntando por su amiga era...¡El mismísimo Darko Raven! El corazón de Sarah comenzó a galopar rabiosamente mientras aquel hombre le preguntaba por Lilith.
Desde entonces, el mundo de Sara había cambiado. Pensaba en Darko. Soñaba con él.
               De pronto, apareció otro hombre. Se trataba de su padre, mister Henry Wynthrop. Era él el que la obligaba a apagar la luz cuando la encontraba leyendo en su cama. La obligaba a acostarse y a dormir tras quitarle la novela de las manos.
               Y eso hizo aquella noche.

               A la mañana siguiente, a la hora del desayuno, Sarah recibió una agradable noticia. En su ausencia, sus padres habían celebrado una pequeña reunión informal en su casa. Uno de los asistentes a la reunión resultó ser todo un aristócrata. Se llamaba Robert Caernafon y era el conde de Maredudd. Había llegado a Holyhead hacía algún tiempo.
-¿Y qué está haciendo aquí?-inquirió Sarah.
-Le gusta mucho viajar-contestó Mary.
-En realidad, está buscando esposa-intervino mistress Wynthrop.
-Eso lo dice usted, madre-replicó Mary-A mí me dijo que estaba viajando por el país. Le gusta viajar. Hacer excursiones.
                Durante la velada, Robert se interesó en Mary. Estuvieron hablando durante mucho rato.
                Mary era alta y esbelta. Poseía una larga melena pelirroja lisa. Sus ojos eran de color verde, pero mezclados también con azul. Era toda una belleza. Pero Mary intentaba pasar desapercibida Y sus labios eran carnosos y rojos.
               Era fácil entender el porqué lord Robert se había fijado en ella. El conde no era ciego. Había algo en Mary que llamaba poderosamente la atención. 
                La joven era tímida por naturaleza. Huía de la presencia de los hombres. Sin embargo, había algo en Roberto que la atraía enormemente. Permaneció a su lado. Y aceptó de buen grado el vaso de limonada que fue a buscarle. Era todo un caballero. Mary pensó que había pocos caballeros en el mundo como aquel hombre. Disfrutó mucho hablando con él.



               Luego, hubo un baile. Robert la sacó a bailar en primer lugar. Bailó también con otras jóvenes que habían acudido a la reunión. Sin embargo, la sacó a bailar por segunda vez. Entre sus brazos, Mary se había sentido rara. Había sentido que podía apoyarse en Robert si así lo necesitaba. Tuvo la sensación de que estaba flotando en el aire mientras giraba al ritmo de un vals de Strauss. Robert le hablaba en un tono cordial. Mary se preguntó si había encontrado a un hombre que valía de verdad la pena.
-¿Se está divirtiendo, miss Wynthrop?-se interesó el conde.
-No suelo bailar-admitió Mary.
-Debería de bailar más a menudo.
-¿Por qué dice eso?
-Porque baila usted muy bien.
                Al acabar la pieza, Robert depositó un beso en la mano de Mary. La joven regresó ruborizada junto a su hermana Katherine. La joven todavía no había bailado con nadie.
                Mary le contó a Katherine que creía que Robert iba a cortejarla. Katherine se alegró sinceramente por ella.

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