Mostrando entradas con la etiqueta Historias/Cruel destino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historias/Cruel destino. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de septiembre de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos. 
Aquí os traigo un nuevo fragmento de Cruel destino recién salido del horno. 

-Me estás evitando-le dijo Mary a Sarah-Llevas días sin querer hablar conmigo. 
                  Mary abordó a su hermana en el jardín. Sarah regresaba de la playa. Era ya noche cerrada. Darko, para su sorpresa, no había aparecido. Sarah regresaba de la playa con el corazón en un puño. Se preguntaba el porqué de la ausencia de su amado. Entonces, Mary surgió de entre las sombras. La abordó. Sarah no se lo esperaba. 
-No estoy evitándote-afirmó la joven-Sólo quiero irme a mi habitación. Es ya muy tarde. 
-Tenemos que hablar-insistió Mary. 
-Será mejor que hablemos cuando amanezca. 
                 Mary se interpuso en el camino que había entre Sarah y la puerta de la cocina. 
                 Le pareció una imagen un tanto tétrica. El cabello rojo de Mary estaba suelto. Llevaba puesto su camisón de color blanco. Un chal de lana de color negro cubría sus hombros. Durante unos instantes, Sarah creyó que estaba viendo un fantasma. 
-Me odias-dijo Mary-Lo veo en tus ojos. No estás de acuerdo con lo que hice. 
-No te odio-le aseguró Sarah-Pero pienso que hiciste mal. ¿Por qué no nos pediste ayuda?
-No puedes entender el Infierno por el que pasé. Te juro que no sabía qué hacer. Lo único que quería era olvidar lo ocurrido aquella espantosa noche. Aquel niño podía llevar mi sangre, pero era hijo de aquel miserable que me violó. Lo llevé en mis entrañas y traté de quererlo. Pero no podía. ¡No podía quererlo! 
                Los ojos de Mary se llenaron del lágrimas. Sarah alzó la mano para intentar consolarla, pero su hermana mayor se apartó. 
-No puedo olvidar-prosiguió-No sólo lo que pasó aquella espantosa noche. Sino...Lo que hice. 
               Sarah respiró hondo. En el fondo, Mary tenía razón. No sabía por lo que ella había pasado. No podía ponerse en su lugar. 
               Pero era su hermana. Y era su deber ayudarla en todo. No podía odiar a Mary. Tan sólo podía sentir pena por ella. 
                En su fuero interno, la joven sabía que se había equivocado. 
-¿Te arrepientes de lo que hiciste?-indagó Sarah-¿Piensas en tu hijo? Ya tendría cinco años. A lo mejor, se habría parecido a ti. 
                 Para su sorpresa, el rostro de Mary se tornó pálido. 
-No lo sé-admitió. 
                  No sabía lo que debía de sentir. El niño no había llegado a nacer por su culpa. 
-Aunque no haya nacido-prosiguió-El recuerdo de cómo fue concebido me sigue persiguiendo. Me asalta con más fuerza desde que me prometí con Robert. Me aterra la idea de tener que compartir cama con él. Porque recordaría lo que me pasó. Aquel canalla...Me hizo mucho daño. 
                Las lágrimas rodaban sin control por las mejillas de Mary. Respiró hondo. Intentaba aliviar la opresión que sentía dentro de su pecho. Le impedía respirar. 
-Mary...-susurró Sarah-Aún no me has contestado. ¿Te arrepientes de haber abortado? 

 

                    La aludida no supo qué responder. 
-Por un lado, era mi hijo-admitió. 
-Y...-titubeó Sarah-Por el otro... 
                    No era necesario escuchar la respuesta de Mary. Sarah intuía lo que su hermana iba a contestarle. Se necesitaban dos para engendrar un hijo. La mujer era quien lo llevaba en su vientre durante nueve meses. La que lo traía al mundo. Pero el hombre era el que se encargaba de poner la semilla en su interior. 
                  Mary intuyó lo que su hermana pensaba de ella. 
                  Se dio media vuelta. Se metió dentro de casa. Sarah hizo ademán de seguirla. Pero no quería empezar a discutir con Mary. Era ya muy tarde. Y no quería despertar a nadie. Sarah permaneció un buen rato en el jardín. Sabía que, si se metía dentro, sería incapaz de conciliar el sueño. Tenía demasiadas cosas en las que pensar. Mary...Darko...
                  Tenía la sensación de que toda su vida se estaba tornando un desastre. 
                  Con gesto sombrío, Sarah paseó por el jardín. Nubes oscuras cubrían el cielo. No se veía ni una estrella brillar. Es una señal, pensó Sarah. Algo malo va a pasar. Nos afectará a todos. ¿Qué es lo que le está pasando a Mary? Me gustaría poder leer su mente. Entender lo que piensa. Saber lo que siente. Me gustaría poder ayudarla. 

-¿Ha hablado ya con padre?-le preguntó Sarah a su madre. 
-Hablaré con él después de la boda de Mary-respondió mistress Wynthrop-¡No sabes lo irritante que es hacer esto! ¡Confeccionar un menú de bodas! ¡Dios mío! ¿Qué le gustará comer al conde? 
              Mistress Wynthrop estaba sentada a la mesa. Había varios papeles tirados y arrugados esparcidos por el suelo del salón. Parecía estar más pendiente de lo que quería escribir que de Sarah. 
                Ésta se sentó a su lado a la mesa del salón. 
-Tan sólo quiero saber si padre aceptará a Darko-le aseguró a su madre-Me prometió que me ayudaría. 
-Hija, y no olvido esa promesa-afirmó mistress Wynthrop-Pero tengo demasiadas cosas en las que pensar. No todos los días se te casa una hija. Y tú quieres tener hijas con ese tal Darko Raven. ¿No es así?
-Me gustaría tener cinco hijas con él. 
-¡Entonces, me darás la razón! Tus hijas, antes o después, crecerán. Conocerán a algún apuesto caballero. Y se casarán con él. Es ley de vida. Pero las bodas llevan su tiempo organizarlas. Y el conde parece tener mucha prisa en querer casarse con tu hermana. 
                  

                     Mistress Wynthrop se echó a reír de forma tonta. 
-No le veo la gracia-protestó Sarah-Puede que esa boda no se celebre. 
                     Mistress Wynthrop dejó de escribir. Miró con el ceño fruncido a su hija. 
-¿Qué quieres decir con eso?-la interrogó. 
                      Sarah guardó silencio. No había querido decir eso. No podía contarle a su madre la verdad sobre lo que le había pasado a Mary. Mistress Wynthrop miró de manera escrutadora a Sarah. 
-No quería decir nada, madre-mintió la joven-Sólo quiero ser precavida. 
-¿Precavida?-se extrañó mistress Wynthrop-¡Hija, el compromiso ya es oficial! ¡Se ha fijado la fecha de la boda! ¿Cómo puedes pensar que no se va a celebrar? ¡No seas agorera! 
                  Un extraño presentimiento se adueñó de Sarah. La idea de la boda aterrorizaba a Mary. Su hermana sería capaz de hacer cualquier cosa para impedirlo. 
                 No pasará nada, se dijo Sarah. 
-Tiene razón, madre-se limitó a decir la joven. 

                Katherine se sorprendió al ver a Stephen en el jardín. Pero lo que más le sorprendió fue escuchar lo que el joven tenía que decirle. 
-Huye conmigo-le pidió. 
-Hemos hablado del tema-le recordó Katherine. 
-No me importa que no estés embarazada. Somos jóvenes y podemos tener hijos cuando queramos. Huye conmigo, Cathy. 
                Le cogió las manos y se las oprimió suavemente. 
                Katherine se sintió conmovida. Ella seguía fantaseando con la idea de huir con Stephen. Pero no podía escaparse con él estando tan cerca la boda de Mary. 
-No puedo irme contigo-se lamentó la joven. 
               Besó las manos de Stephen y se alejó de él. 
-Podemos irnos al día siguiente de la boda de tu hermana-le propuso Stephen-Nadie se dará cuenta. 
               Katherine se detuvo. Stephen fue tras ella. Se colocó a su altura. Se puso frente a ella. 
              Acarició con la mano el cabello suelto de Katherine. 
-¿Lo dices en serio?-le preguntó la joven-Yo sólo quiero estar contigo. No me importa nada más. 

               

              Había mucha emoción controlada en el rostro de Stephen. Besó con pasión a Katherine en los labios. 
               Tenían todo el tiempo del mundo, pensó el joven. 
               Tiempo para tener hijos. Estarían siempre juntos. Katherine...Él...Ayudaría a Katherine a ser una de las mejores pianistas del mundo. La joven no podía vivir en la sombra. 
                 Katherine empezó a pensar. La boda de Mary se celebraría en pocas semanas. No podía huir en aquellos momentos. Pero Stephen tenía razón. Podían huir juntos el día después de la boda. O durante el banquete nupcial...¿Quién se iba a dar cuenta de que ella faltaba? Podría subir a su habitación. Hacer las maletas. Y salir por la puerta de la cocina. Nadie la vería. 
-Tenemos que prepararlo todo bien-dijo Katherine. 
-¿Cuándo quieres que nos vayamos?-le preguntó Stephen. 
-Mientras se esté celebrando el banquete. Cuando se haya partido la tarta. Y cuando los novios hayan bailado. Me escaquearé como pueda. 
-Yo te estaré esperando en el Círculo de Menhires. 
-Intentaré estar allí. Sólo quiero que nos casemos. Huiremos a Gretna Green. 
-O a cualquier parte...
                 Volvieron a besarse apasionadamente. Katherine pensó que aquel plan funcionaría. 
                  Y ella y Stephen harían realidad su sueño de estar siempre juntos. 

                   Robert estaba repasando la lista de invitados. La había confeccionado mistress Wynthrop. Venía adjunta con una nota. Su futura suegra le pedía que le escribiese dándole su opinión. 

                   Es muy importante que sepa lo que piensa, milord. ¿Está bien? 

                  Robert dejó la nota encima de la mesa de su escritorio. 
                  Se encontraba en su habitación. 
                  Se levantó de la silla en la que estaba sentado. Sentía un gran desasosiego en su interior. Iba a casarse con Mary. Pero la idea de casarse con la joven no le llenaba de ilusión. En el fondo, pensó, Emma tenía razón. Estaba a punto de cometer un terrible error. Pero no podía dar marcha atrás. No podía dejar a Mary plantada a escasos días de la boda. 
                   Robert era un caballero. No podía faltar a la palabra que le había dado a Mary. Además, se había propuesto hacerla feliz. 
                   E iba a cumplir la promesa que le había hecho. 
                   Unos golpes en la puerta llamaron la atención de Robert. 
-Adelante-dijo. 
                   La puerta se abrió. Entró el ayudante de cámara de Robert. 
-Dispense, señor-dijo el ayudante de cámara. 
-¿Qué quieres?-inquirió el conde. 
-Ha venido el sastre. Le está esperando abajo en el salón. 
-¿Y a qué ha venido el sastre?
-¿No se acuerda? Tiene que tomarle medidas para confeccionar el traje de novio. 
                   El traje de novio...


                    El traje que luciría el día de su boda con Mary. Robert tragó saliva. 
-Bajo ya mismo-se limitó a decir. 

martes, 10 de septiembre de 2013

DEL DIARIO DE MARY

Hola a todos.
Hoy, me gustaría compartir con vosotros un trozo de lo que yo llamo El diario de Mary. Se trata de un fragmento del diario de nuestra Mary Wynthrop.
Vamos conociendo poco a poco esos pensamientos que pasan por su cabeza. Así, entenderéis ciertos acontecimientos que van a pasar en la historia a partir de este momento.
Espero que os guste.

                    Esta tarde, he subido al desván. El asunto no está en que haya subido o no, sino en que me he sentado en el alfeizar de la ventana. Mi casa tiene un sótano, una planta baja (donde duerme nuestra servidumbre), el primer piso (donde duerme la servidumbre), el segundo piso (donde dormimos mi madre, mi padre, yo, mis hermanas y los invitados) y el desván. Si alguien decide tirarse desde lo alto del desván, tiene muchas posibilidades de no salir con vida de la caída. No sé porqué me senté en el alfeizar de la ventana, ni porqué miré al suelo y me sentí tentada a tirarme y contemplar mi cuerpo flotando por primera vez en el aire. ¿Qué pasaría si lo hiciera? Quiero decir, ¿pasaría algo si me tirara al vacío? ¿Cómo se sentirán los pájaros cuando alzan el vuelo? Jugueteé con mi pelo mientras lo pensaba. Podría morir ahora mismo y nadie se enteraría, me dije. Hace un día muy bonito para morir, pensé. Mi cuerpo se estrellaría contra el suelo. Y podía morir como resultado de la caída. Mucha gente muere al caer de alturas mucho menores. ¿Pasa algo por ello? Sí que pasa porque me he suicidado. Mi madre y mi padre sufrirían al ver que su hija es una loca suicida. ¿Y qué pensarían mis hermanas de mí? No pueden intuir las pesadillas que me acosan desde hace años.  Ni siquiera Sarah, que es la única a quién se lo he contado todo, lo sabe. Me odia. Siente asco de mí.  Los pensamientos me atormentan. Los recuerdos me persiguen.
               Puedo verme a mí misma acostada en una cama. Me recuperaba del aborto que yo misma me había provocado.
               La criada de mi amiga Elise me atendía sin hacerme ninguna pregunta. El médico, por lo que han contado, venía a verme dos o tres veces al día. De algún modo absurdo, me aferraba a la vida. Sufría delirios. Tenía la fiebre muy alta. Elise me contó que no podía parar de sangrar. Llegaron a pensar que iba a morirme. Elise no entiende lo que me pasó. Creía que una mujer no podría abortar en un estado de gestación tan avanzado. Yo aborté. ¿Me arrepiento de lo que hice? No lo sé.
               Quizás...No pueda tener hijos. Quizás...Me haya quedado estéril.
               Mi boda con Robert...
               No puedo casarme con él, pero no puedo dar marcha atrás y romper el compromiso. Robert querría saber el porqué de mi negativa a casarme con él.
               Los preparativos avanzan lentamente. Desearía poder parar el tiempo. Desearía estar muerta en estos momentos.
               Miré para abajo y vi el suelo muy separado de mí. ¿Me sentía capaz de acortar las distancias? El cielo está tan separado del suelo… ¿Tardaría mucho en estrellarse mi cuerpo contra el suelo? Puede que no. Le pediría a Sarah que me empujase al vacío si a mí me faltaba valor, pero ella había salido a dar un paseo con Cathy.
              Miré al cielo y vi una bandada de patos surcando el cielo y rompiendo el silencio con sus graznidos. Los patos vuelan. Las personas no vuelan. ¿Por qué las personas tenemos brazos en lugar de alas? A mí me hace ilusión saber qué se siente cuando tu cuerpo flota, cuando no toca el suelo… La cabeza comenzó a darme vueltas y me aferré al filo del alfeizar. Pensé que me caería. Aún así, traté de imaginarme volando por el aire, o luchando por volar. Me sentiría como un pájaro que trata de agitar sus alas. Pero los pájaros pequeños no saben cómo agitarlas. Al final acaban cayéndose o chocando contra algo. El final es que siempre acaban muertos en el suelo.



-¿Señorita Mary?-me llama una voz femenina a mis espaldas. La reconozco. Es Lucy-¿Se encuentra aquí?
              Me aparto rápidamente de la ventana. Vuelvo a meterme dentro del desván. Espero que Lucy no me haya visto sentada en el alfeizar de la ventana. Podría haber adivinado cuáles eran mis verdaderas intenciones. Podría contárselo a alguien. Y no quiero que haga eso. Me giro para mirar a Lucy a la cara.
-Estoy aquí-contesto-¿Por qué me buscas?
-No la busco yo, señorita-dice Lucy-Me manda su madre. La está esperando en el salón. Quiere hablarle del banquete de boda.
                Miro en dirección a la ventana. No sé porqué me quedo quieta donde estoy. Un sudor frío recorre mi cuerpo.
-¿Se encuentra bien?-me pregunta Lucy.
                 Asiento de manera débil. Todo lo que tiene que ver con la boda me llena de angustia. No hago otra cosa más que pensar en ese día. En lo que pasará cuando estemos a solas Robert y yo. Verá que no soy virgen. Y...
-Señorita...-dice Lucy-¿Le ocurre algo?
-No...-contesto.
-¿Va a bajar? Dice su madre que es muy urgente.
-Debería de consultarlo con mi prometido. Es él el que tiene un título. Yo...No tengo nada. Por favor...Bajo ya mismo.
                  Bajo la escalera que conduce al desván. Oigo los pasos de Lucy detrás de mí. Intento apartar los recuerdos que me persiguen desde hace mucho tiempo de mi mente. ¡Pero no puedo! ¡Están ahí! 

martes, 3 de septiembre de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
El fragmento de hoy de Cruel destino nos muestra la soledad en la que se haya sumida Sarah tras la confesión de Mary. No sólo no sabe qué hacer. También se siente sola con relación a Darko.
Todo puede pasar.

                     Sentada en la arena, Sarah intentaba dejar su mente en blanco. Quería olvidar la confesión que acababa de escuchar de labios de Mary.
                    Se ponía en la piel de su hermana. Hasta cierto punto, podía entender a Mary. Sin embargo...
                    Ignoraba lo que habría hecho ella de haber estado en su situación. ¿Habría sido capaz de seguir adelante con el embarazo? ¿Habría abortado?
                    En aquel momento, echó más que nunca de menos a Lilith. Y también echó más que nunca de menos a Darko.
                    Miró en todas direcciones. Darko no había llegado todavía. A lo mejor, no viene. Aquel pensamiento pasó rápido por la mente de Sarah.
                    ¿Cómo podía pensar así de Darko?, se recriminó así misma. Él nunca la abandonaría. Se dijo así misma que hablaría con él. Necesitaba desahogarse con alguien.



                    Darko sabría entenderla. Darko sabría cómo aconsejarla. La vida carecía de sentido para Sarah si su amado no estaba a su lado para aconsejarla. Para escucharla cuando tenía algún problema.
                  Sarah se puso de pie. Empezó a pasear de un lado a otro mirando por todas partes a ver si veía llegar a Darko.
                  Era ya noche cerrada. Sarah no había querido reunirse con su familia en el comedor a la hora de la cena.
                   Sentía que no era capaz de mirar a Mary a los ojos. No podría fingir por mucho tiempo que no pasaba nada. No se sentía capaz de guardar un secreto como el que tenía su hermana. Darko la ayudaría a olvidar. Pero su amado no terminaba de llegar. ¿Y si le habían detenido? Los detectives de Bow Street se la tenían jurada. Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Sarah. Darko podría estar preso en aquellos momentos.
                  Estará al caer, se dijo la joven.
                  Se estaba haciendo tarde.
                 Empezaba a hacer frío. En cualquier momento, su padre podría despertarse. Iría a su habitación. Y vería que no estaba.
                  Sarah estaba al borde de las lágrimas.
                  Darko, susurró la joven. ¿Por qué no vienes?      
                  ¿Y qué estaba haciendo ella juzgando a Mary? Se suponía que tenía que apoyarla porque, después de todo, era su hermana. Sin embargo, no podía entender el porqué había obrado de aquel modo. ¿Por qué no le confió lo que le había pasado? Sarah habría podido ayudarla.
                   Vio a dos figuras besándose a cierta distancia de donde estaba ella. Sarah reconoció a las dos figuras. Eran Stephen y Katherine. Decidió que ya era hora de abandonar la playa y de volver a casa.

sábado, 31 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de Cruel destino. 
La prima del conde, Emma, es la protagonista de este fragmento. Os confieso que me gustaría poder escribir más adelante la historia de Emma y de Margaret, la hermana de Robert.
Espero que os guste.

              Aquella mañana, Emma se había despertado sintiéndose mal.
-¿Quiere que avise al médico, señorita?-le preguntó su doncella-Tiene mala cara.
-Sólo quiero estar acostada-respondió Emma-Quiero cerrar los ojos. Y quiero pensar que esto es sólo un sueño. Cuando me despierte, estaré a bordo de un barco. Estaré surcando los Siete Mares. Christopher estará a mi lado. Es mi sueño. Entonces...Me mirará. Me mirará y veré que hay amor en sus ojos. Me estará mirando con amor. Nunca me ha mirado con amor. Pero...Él me quería. Yo sé que me quería. Robert dice que no. Pero se equivoca.  
-Tiene un poco de fiebre, señorita. Será mejor que se quede acostada. Le lavaré un poco el cuerpo. El agua fría ayuda a que baje la fiebre.
-No es fiebre.
-Le sienta mal la primavera, señorita. Yo soy alérgica a las flores. Estornudo cuando hay muchas flores.
                Emma se encontraba envuelta en confortables mantas y ricas sábanas de seda, tumbada en una amplia cama con dosel y vestida con un fino camisón de seda. 
-Sólo quiero poder caminar-se lamentó la joven. 
             Sus piernas inertes eran sólo el producto de sus peores pesadillas. -¡Con lo guapa que es usted!-se lamentó la doncella mientras abría la ventana de la habitación de Emma-Lo que le ha pasado ha sido una injusticia. He oído comentarios entre la servidumbre acerca de su antigua vida-Se acercó a la jofaina y la llenó con agua de la jarra que había encima de la mesilla de noche-Me consta que ha debido de llevar una vida de lo más aventurera. 
             Emma cerró los ojos. Lo último que quería hacer era recordar su antigua vida. 
             Las marcas de los golpes de su marido habían desaparecido. 
             Pero recordaba otras cosas. Nunca había temido enfrentarse a él. Hasta que perdió el bebé que esperaba. Fue consciente de que Christopher podía matarla si así lo quería. De no ser por Robert, Emma estaría muerta. Aún recordaba cuando su marido fue a verla tras tirarla por las escaleras. 
              Christopher estaba siendo perseguido por la justicia. Una cosa era abordar barcos españoles y franceses. Y otra cosa muy distinta era intentar matar a la esposa de un aristócrata galés. La Justicia había sido muy complaciente con Christopher dada la gran influencia de la que gozaba el abuelo de éste. Pero el anciano había muerto en la ruina. 
-¡Tienes que ayudarme, Nicole!-le pidió nada más entrar sin ser anunciado en la habitación donde la joven se hacía a la idea de que no volvería a andar. 
               Lady Maredudd estaba con ella cuando Christopher entró. 
-Mi sobrina no tiene que hablar con un miserable como usted-le increpó-Lárguese antes de que los criados le echen a patadas. 
-Nicole, tienes que decirle a todo el mundo que yo no te tiré por la escalera-le rogó Christopher a la joven-Diles que fue un accidente. ¡Yo te quiero!
-¡No puedo caminar!-le increpó Emma-¡Por tu culpa, no puedo caminar! ¿Has visto lo que me has hecho? 
-Nicole, por favor, ayúdame. ¡No quiero ir a la cárcel! Ya sufrí martirio en un calabozo. ¿Te acuerdas que te lo conté? Tú no eres como Annabella. No eres como tu madre. Por el amor tan grande que me tienes. ¡Ayúdame! 
-Si viene buscando la clemencia de mi sobrina, se equivoca-intervino lady Maredudd-Ella ya ha sufrido demasiado por culpa de un hijo de perra como usted. 
-Pero...Nicole...Tú...
                Emma apartó aquellos pensamientos de su mente.
               Fue la última vez que vio a Christopher. Después de eso, su marido fue apresado. Cuando Emma presenció su ahorcamiento, Christopher estaba a punto de sufrir un ataque de pánico. Se había enfrentado en incontables ocasiones a La Muerte. Pero siempre había salido victorioso.
              Hasta aquel día...

             Mi querido primo:

             Sigo pensando que estás cometiendo un error. ¿Lo has pensado bien? 
             He estado hablando con Meg. Tu hermana está preocupada por ti. 
             Robert, querido, no quiero que vuelvas a sufrir. Te casaste con Paula porque la querías. Pero ella era una mujer demasiado ambiciosa. Nunca te amó. Y perdóname que te hable en estos términos. Conoces la verdad tan bien como yo. Mereces ser amado porque eres el mejor hombre del mundo. Me ayudaste mucho en el pasado. 
             Me sigues ayudando en estos momentos. 
            Aún estando lejos de aquí, te siento muy cerca, Robert. 
           Mi querido primo, piénsalo bien. Aún estás a tiempo de no cometer un terrible error. ¿Estás realmente enamorado de Mary Wynthrop? Si no la amas. Si ella no está enamorada de ti. Entonces, no vale la pena que sigas adelante con vuestros planes de boda. 
             Mereces amar. Y mereces también ser amado. Te lo dice alguien que no sabe lo que significa ser amada. Me doy cuenta de que Christopher nunca me amó. Y ese sentimiento me está desgarrando por dentro. Porque yo, de algún modo, lo amé. 
            Recuerdo cuando viajaba a bordo de su barco. Iba disfrazada de chico. Con mi pelo corto... No me acostumbro a llevar el pelo largo. No me acostumbro a vestir de nuevo de mujer. 
            La verdad es que vuelvo a sentirme prisionera. 
            Me siento prisionera de mis recuerdos, Robert. Me siento prisionera de esta silla de ruedas. La mujer con la que te cases, ¿tendrá paciencia para soportarme? 
           Me gustaría estar muerta ahora mismo. Pero no me quiero morir sabiendo que eres desdichado. No quiero ver cómo sufres de nuevo por amor, mi querido primo. 




                  La doncella de Emma entró en la habitación. Se encargó de cepillar el largo cabello de color castaño rojizo de la joven. Emma tenía los ojos de color topacio apagados. La doncella apartó los útiles de escritura.
-Se va a hacer daño a la vista, señorita-la regañó. 
-Sólo quería escribirle una carta a mi primo-le aseguró Emma. 
               Si cerraba los ojos, los recuerdos volvían a su mente. Eran recuerdos de una época en la que ella había sido feliz. Sentía envidia de su prima Margaret porque ella sí podía caminar. 
-Yo creo que volverá a caminar algún día-le aseguró su doncella. 
               Emma negó con la cabeza.
-Te lo ruego-le pidió a su doncella-No me mientas.
-No pierdo la fe en que llegue el día en que pueda volver a caminar, señorita.
-Ese día no llegará nunca.
               Emma escuchó el sonido de las olas. Nunca más volvería a sentir sobre su rostro las gotitas de aguas cuando le salpicaban. Nunca más volvería a correr por la arena de la playa. Nunca más volvería a sentir la brisa marina dándole de lleno en la cara. Todo eso había terminado para ella.
-No llore, señorita-le pidió su doncella.
-Lloro porque he sido una estúpida-se lamentó Emma.
              Su mente retrocedió a cuando tenía trece años. Habría sido más obediente. Podría haberse casado con Edward. Una vida a su lado sería mejor que permanecer postrada en una silla de ruedas. Y lo peor era saber que quien la había dejado en aquel estado había sido el hombre que Emma más había amado.
-No diga eso, señorita-le dijo la doncella.
-Es la verdad-insistió Emma-Creí a Christopher cuando me juró amor eterno.
-Era un canalla y un mentiroso.
-Todos los días, cuando noto que no puedo mover las piernas, lo recuerdo.
-Señorita, ese hombre no merece que llore por él. Siga con su vida. 

viernes, 30 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
Poquito a poco, nos vamos acercando al desenlace de Cruel destino. 
Estoy pensando en escribir la segunda parte de esta historia. Sería bastante más larga que la segunda parte de Berkley Manor, que, más que una segunda parte, es una especie de epílogo largo. Estoy disfrutando mucho escribiendo las historias de amor y de desamor de las hermanas Wynthrop.
El pasado de Mary sigue atormentándola e impidiéndole ser feliz. Katherine sospecha que algo raro le pasa a su hermana.

                     Encerrada en su habitación, Mary intentaba escribir una carta en la mesa de su escritorio.
                     Era una carta dirigida a Robert.
                     Tenía las manos manchadas de tinta.
                      Varias hojas de papel estaban tiradas arrugadas en el suelo. Se sentía frustrada.

                      Perdóname, Robert. Te juro que yo no quería. Te juro que me defendí con todas mis fuerzas. ¡No me odies, por favor! Bastante tengo con odiarme a mí misma. 
                     Robert...Eres el hombre más bueno que jamás he conocido. No te mereces a una mujer como yo. Mi niño no tenía la culpa de lo que me pasó. Pero...
                    No...No podía olvidar el modo en que fue concebido. 
                    


                   Amargas lágrimas rodaron por las mejillas de Mary. ¿Cómo podía sincerarse con Robert?
                   En aquel momento, Katherine entró sin llamar en la habitación de su hermana mayor. Encontró a Mary con la cabeza hundida entre sus brazos. No podía parar de llorar.
-¿Estás bien, Mary?-le preguntó mientras se acercaba a ella-¿Por qué lloras? ¿Y esos papeles? ¿Qué ocurre?
                    Katherine abrazó con cariño a su hermana. Mary no podía articular palabra. Lo único que hacía era llorar.

                    Katherine encontró a Sarah paseando por el jardín con la mirada perdida. Katherine tenía que saber lo que le estaba pasando a Mary.
                    Le contó a Sarah que había visto a la joven llorando en su habitación.
-Son los nervios por la boda-le aseguró Sarah-Nada más...
                     Katherine negó con la cabeza.
-No son los nervios por la boda-afirmó-Sospecho que se trata de otra cosa.
-Mary se va a casar con un conde-insistió Sarah-Es normal que esté nerviosa.
-Conozco bien a Mary. Siempre ha sido la más tranquila de las tres. No creo que esté nerviosa porque se vaya a casar con un conde. Es otra cosa. Tú lo sabes, ¿verdad?



                     Sarah negó con la cabeza. No podía contarle a Katherine el secreto de Mary.
                    Se lo había jurado. Sarah no rompía un juramento.
-No te lo puedo decir-susurró.
                    Katherine oyó hablar a su hermana. Odiaba que hubiera secretos entre ellas.
-¿Qué demonios le pasa a Mary?-indagó-Lo único que quiero es ayudarla. Si tú lo sabes, deberías de decirlo.
-No puedo decírtelo-se lamentó Sarah-Se lo he jurado a Mary. Es un secreto.
                  Lo último que quería Sarah era traicionar la confianza que su hermana mayor había depositado en ella.
                  Odiaba tener que estar ocultándole cosas a Katherine. Y Sarah sospechaba que Mary no se lo había contado todo.
-Le pasó algo a Mary hace algún tiempo-dijo-Algo horrible...
-¿Qué le pasó?-insistió Sarah.
-Fue en una fiesta a la que asistimos las dos. Yo...Estaba dentro. No vi nada.
-¿Y dónde estaba Mary?
-Fuera...Ella...
                 De pronto, Sarah guardó silencio.
-¿Y qué le ocurrió en esa fiesta?-insistió Katherine-Lo sabes. No trates de ocultarlo.
-Fue por mi culpa-se lamentó Sarah.
                 Se alejó del lado de Katherine. La joven no entendía nada de lo que su hermana había querido decirle. Sarah no sabía cómo iba a reaccionar su hermana menor si se lo contaba.
-¿Por qué no me lo cuentas?-inquirió Katherine-¿Qué le ocurrió a Mary? ¡Por favor! ¡Dímelo!
              Sarah se detuvo. Se giró para encararse con su hermana menor.
-Lo que le pasó fue terrible-contestó-La ha marcado profundamente. No lo superará nunca.
               Katherine no entendía nada de lo que su hermana quería decirle.
               Vio cómo Sarah se alejaba de ella.
               Le había pasado algo terrible a Mary. Sarah se culpaba de lo ocurrido. Lo que le había pasado a su hermana mayor la había marcado de manera profunda. Katherine se sentó a la sombra de un árbol. ¿Qué te ocurrió, hermana?, se preguntó así misma. Deseaba con todas sus fuerzas ayudarla. ¿Por qué no dejas que te ayude?, se inquietó Katherine.

                 Sarah encontró a Mary sentada en su cama. Tenía la mirada perdida en un punto indefinido. Sarah se plantó de pie ante ella. Le contó que Katherine estaba empezando a sospechar.
-No sé si debo de contarle la verdad-admitió Sarah-Y tampoco sé si tú has sido del todo sincera conmigo.
-¿Qué quieres decir?-inquirió Mary con apenas un hilo de voz.
                 Los recuerdos se agolparon en la mente de Sarah. Recordó que Mary, tras aquella funesta fiesta, estuvo fuera durante algún tiempo. Oyó decir que iba a estar fuera durante nueve o diez meses. Sin embargo, volvió antes de cumplir su séptimo mes fuera de casa. ¿Dónde había estado metida?
-Quiero que me cuentes la verdad-le pidió Sarah a su hermana mayor.
               Mary negó con la cabeza. No podía contarle toda la verdad a Sarah. Su hermana la odiaría. Pensaría que era una asesina.
-Lo que me pasó aquella noche tuvo consecuencias-empezó a hablar Mary.
-¿Qué clase de consecuencias?-inquirió Sarah.
              Luego, entendió lo que Mary quería decirle.
-Me quedé embarazada-contestó la joven-Iba a tener un hijo de ese miserable que me violó. ¡Dios mío, qué vergüenza!
-Tengo un sobrino-murmuró Sarah. Se puso de cuclillas ante Mary-¿Dónde está?
-No llegó a nacer. Lo perdí. Tenía que irme de aquí. Acordé con una amiga que estaba casada y quería tener un hijo que yo le entregaría al bebé nada más nacer. Pero...Ni siquiera llegó a nacer. Lo perdí. Perdí el niño.
-¡Cielo Santo!
                 Sarah estaba conmocionada.
                 No era sólo la violación.
                 Mary había quedado embarazada a consecuencia de aquella violación. Había perdido el niño que esperaba. Sarah intentaba asumir lo que su hermana acababa de contarle.
                 Mary bajó la vista. No podía contarle toda la verdad a Sarah. No podía contarle que había ingerido ruda para provocarse un aborto.
                 Todavía sentía el dolor. Podía ver la sangre manchando el suelo. Y podía ver al bebé tirado en el suelo. Mary sabía que el niño estaba muerto. Ella misma lo había matado porque no se sentía capaz de traerlo al mundo. Porque sabía que, de soportar los rigores de un parto, se volvería loca. Recordaría lo que aquel miserable le hizo.
-Fue mi culpa-sollozó Mary-El niño está muerto. ¡Por mi culpa!
              Los ojos de Sarah se abrieron como platos al escuchar las palabras de su hermana. ¿Por qué Mary se culpaba así misma de la muerte de su hijo?
-¿Es sólo eso?-inquirió Sarah-El aborto que sufriste fue natural. ¿Verdad que sí? No te lo provocaste. Por favor, hermana. Dime que no te lo provocaste.
-Sarah...-balbuceó Mary-Tú no sabes lo que yo siento. Tú no sabes lo que es llevar en tu vientre a un niño que no deseas. Un niño que fue concebido de la manera más brutal.
              Su hermana ya no la escuchaba. No podía seguir escuchándola. Algo se había nublado en su mente.

martes, 20 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
El fragmento de hoy está centrado en el romance entre Darko y Sarah. Vemos que su relación ya no es tan perfecta ni tan maravillosa como lo era.

                  Sarah se miró en el espejo de su habitación.
                  Su piel era blanca como la leche. Le gustaba mucho su cabello de color negro con un tono casi azulado. Sus ojos eran de color aguamarina.
                 Disfrutaba de cada uno de los besos que Darko le daba.
                 Se sentó en su cama. ¿Por qué sentía aquel vacío en su interior? A veces, tenía la sensación de que Darko estaba cada vez más alejado de ella. Y Sarah, a su vez, se sentía cada vez más alejada de él. ¿Cómo había llegado a aquella situación?
                Ni siquiera ella misma lo sabía.
                En aquel momento, Katherine entró en su habitación. Se la veía alegre y contenta. Venía del círculo de menhires. Había pasado un buen rato con Stephen. Tenía los labios hinchados por los besos que se habían dado. Sarah se alegró de ver a su hermana tan feliz.
-¡Hola, Sarah!-la saludó muy contenta Katherine.
-¡Hola!-le devolvió el saludo casi sin ganas la aludida.
              Katherine se colocó delante de ella.
-¿Qué te pasa?-le preguntó-¿Por qué tienes esa cara?
             Sarah volvió a mirarse en el espejo. Tenía un rostro triste. No era el rostro de una mujer que estaba enamorada.
             Se puso tensa.
-Estaba pensando en tonterías-respondió Sarah.
-¿Ha ocurrido algo entre Darko y tú?-inquirió Katherine.
-Todo va bien.
-¿Lo dices en serio? Sarah, te conozco bien. Espero que no hayas cometido una locura. ¿Qué ha pasado? Cuéntamelo.
-No ha pasado nada.
            Y era verdad que no había pasado nada.
             La otra noche, en la playa, Sarah había estado a punto de rendirse a los besos que le había dado Darko. Él se había portado como todo un caballero. La había respetado.
             Después de eso...Se había producido un cierto distanciamiento entre ellos.
-Y ése es el problema-se sinceró Sarah-No ha pasado nada entre Darko y yo. La pasión que había entre nosotros estuvo a punto de prender. Pero no llegó a consumarse. Y me temo que se ha apagado.
              Katherine abrazó a su hermana.



              Le daba pena pensar que Sarah no era feliz.
              Sarah agradeció el poder contar con Katherine. Se sentía mejor después de haber sacado fuera todo lo que llevaba dentro.
               Pero necesitaba ser aconsejada.
-Dime una cosa-le pidió Katherine-¿Estás enamorada de Darko?
-¡Por supuesto que sí!-contestó Sarah con ímpetu.
-¿Lo amas de verdad? ¿O sólo ves en él una encarnación de tus sueños románticos? Sarah, siempre has soñado con vivir una de esas historias de amor que se viven en los libros que lees. Y Darko se parece a esos protagonistas que te hacen suspirar. El amor es una lucha constante por ser feliz. El amor necesita ser cultivado. No vive sólo de grandes aventuras. Antes o después, llega la rutina. ¿Y qué pasa cuando llega la rutina? En la vida real, no existen esos grandes villanos que aparecen en los libros que tú lees.
-Lo sé. Pero...
-Tienes que mirar en tu interior. Tienes que ver si estás enamorada de ese hombre. O si se trata de una mera ilusión.
             Sarah maldijo a su hermana para sus adentros. En su fuero interno, sabía que Katherine tenía razón. Debía de mirar en su interior. Necesitaba aclarar de una vez por todas lo que sentía por Darko. Había creído que se trataba de amor verdadero.
-¿Y si no le amo realmente?-se preguntó Sarah.

                Mary y Robert tomaron asiento en un banco del parque.
-Me alegro de que hayas accedido a salir conmigo-le aseguró el conde a Mary-Tenemos que vernos con más frecuencia a partir de ahora.
-¿Para planear la boda?-inquirió la joven.
-No sólo por la boda...Para estar juntos.
-Yo...Me siento como una idiota. No me he portado bien con usted. Bueno...Contigo...En estos últimos días...
-Son los nervios típicos por la boda. No pasa nada.
              Robert admiró el perfil de Mary. Llevaba su cabello rojo recogido en un moño. Una capa negra cubría sus hombros y su cabeza. Sus hermosos ojos de color verde esmeralda parecían estar apagados. Posee una belleza trágica, pensó Robert. Los poetas habrían definido de aquel modo a su prometida.



                 Le cogió la mano y se la llevó a los labios para besársela.
-Robert, lo que más miedo me da es decepcionarte-se sinceró Mary-No quiero que pienses que soy una perdida. O que soy mala.
-¡Por Dios, Mary!-exclamó el conde-Jamás pensaría así de ti. Tienes veintiocho años. En ocasiones, la gente se equivoca. Todos cometemos errores. No soy quién para juzgarte.
-No se trata de eso.
               Robert atrajo a Mary hacia sí. Le envolvió en un tierno abrazo. La besó en la frente. La mantuvo abrazada durante un buen rato. Quería saber lo que pasaba por su mente. Poder llegar hasta ella. Al separarse, acunó entre sus manos el rostro de Mary.
-Te quiero mucho-le aseguró.
               La besó con dulzura en los labios.
              Se separaron.
-Eres muy bueno conmigo-afirmó Mary.
-Haces que quiera ser mejor persona-le aseguró Robert.
              Le acarició las mejillas con la yema de los dedos. No entendía el porqué de la actitud de Mary. Y deseaba saber más cosas de ella. Pero su prometida parecía estar cerrada en banda.

domingo, 18 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
La protagonista de este fragmento es Mary, quien sigue con sus miedos.
Los siguientes fragmentos van a estar centrados en el personaje de Mary. Veremos cómo evoluciona su relación con Robert.
¿Surgirá el amor entre ellos?
¡Vamos a descubrirlo!

                    Sentada en el sillón del salón, Mary escuchaba atentamente los consejos que le estaba dando su madre. Mistress Wynthrop no paraba de parlotear acerca de lo magnífica que iba a ser aquella boda y de que su primogénita estaría guapísima con su vestido de novia.
-Madre, aún no me voy a casar-le recordó Mary, interrumpiendo a su progenitora.
            Mistress Wynthrop la ignoró.
-Vas a casarte con uno de los mejores partidos del país, querida-le recordó-Hay que hacer planes con antelación. ¿O es que quieres que tu boda sea un desastre? Yo quiero ayudar en la medida de lo posible.
-Le agradezco sus desvelos-afirmó Mary-No sé qué pensar. Tengo la sensación de que lo que está pasando no es real. Que estoy soñando.
-¡Estás haciendo el sueño de esas tontas jovencitas, hija mía! ¡Casarte con el conde de Maredudd!
             Mistress Wynthrop se encontraba sentada a la mesa. Se había ofrecido a confeccionar una lista de invitados. Por parte de la familia, acudirían pocas personas. Pero iban a acudir muchas personas por parte del conde.
-¡A lo mejor, viene el Rey!-se emocionó la mujer.
              Mary se puso de pie. Estaba cansada de escuchar los grititos de su madre cada vez que pensaba en un invitado a su boda. Lo único que quería en aquellos momentos era estar sola.
-¿Adónde vas?-le preguntó la señora Wynthrop.
              Mary optó por no responder. Salió por la puerta delantera al jardín. Agradeció el poder encontrarse a solas. Si alguien volvía a mencionar una sola palabra acerca de la boda, se pondría a gritar.
              No llevaba puesta encima la capa. Aún así, Mary empezó a caminar. Abandonó el jardín de su casa. Sus pasos la llevaron hasta el faro.
            Había empezado a funcionar tan sólo trece años antes. De noche, desde la ventana de su habitación, Mary veía cómo el faro iluminaba toda la costa. Orientaba a los barcos que parecían perdidos en alta mar.
             Eso era lo que Mary más necesitaba. Luz para su vida...Orientarse. Que alguien le dijera lo que tenía que hacer. Saber si estaba haciendo lo correcto.

 

                  Permaneció frente al faro durante un buen rato. Lo último que quería Mary era regresar a su casa.
                 Le hablarían de la boda. Y ella no quería casarse con el conde. No sólo era porque no estaba enamorada de él.
                 Sus atenciones la habían halagado. Se había divertido coqueteando con él. Se había portado de una manera impropia en ella.
                Pero otra cosa muy distinta era casarse con él. Tenía que admitir que Robert le gustaba muchísimo. Pero ella no era la mujer que más le convenía. No sólo era por lo que le había pasado. Era lo que había hecho. Los ojos de Mary se llenaron de lágrimas al recordar lo ocurrido. Ella había sido víctima del peor de los ultrajes.
                Sin embargo, lo que había hecho la convertía en poco menos que en una asesina.
                Vivía con aquel recuerdo. La imagen de aquel ser diminuto en el suelo la atormentaba día y noche. Mary casi podía jurar que se movía.
             


                 No se dio cuenta de que estaba llorando. Las lágrimas corrían de manera abundante por sus mejillas.
                 Sintió un doloroso pinchazo dentro de su pecho. El sentimiento de culpa la perseguía a todas horas.
                Llevaba demasiado tiempo luchando contra los recuerdos que la atormentaban. Y Mary sentía que estaba a punto de perder la guerra. Se dejó caer de rodillas en el suelo. Dio rienda suelta a su llanto. Necesitaba desahogarse. Sacar fuera todo el dolor que llevaba dentro.

sábado, 17 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
No me olvido de Cruel destino. 
Siempre digo que estoy muy liada. Es verdad. Tengo muchos archivos guardados en el ordenador fragmentos sueltos y también tengo varias historias sin pulir.
Un día, os contaré una anécdota que me ocurrió con el ordenador. Fue antes del asqueroso virus que se me metió el año pasado. ¡Estuve a punto de volverme loca!
He encontrado algo de tiempo entre archivos y la limpieza para poder subir un nuevo trozo de Cruel destino. Nos vamos hasta la isla de Church, en Gales, donde vive la familia del conde de Maredudd.

-¿Se ha vuelto loco?-exclamó Emma cuando Margaret terminó de leerle la carta que había recibido de Robert.
-No se ha vuelto loco, querida prima-observó Margaret-Se va a casar.
            Se encontraban en el jardín de la mansión de la familia.
             Emma le dio a las ruedas de su silla para acercarse más a Margaret, que estaba de pie.
-¡No puede casarse con esa joven!-afirmó Emma-No está enamorado de ella. Él mismo lo admite.
-Dice que será una perfecta condesa-dijo Margaret.
-¿Y qué importa si es una perfecta condesa?
-Mi hermano no quiere repetir el error que cometió con Paula. Piensa que, si se casa por amor, volverá a sufrir. No está enamorado de miss Wynthrop. Pero dice que la va a querer y la va a respetar.
-Se puede querer a una persona de mil maneras distintas, Meg.
             Su prima se quedó en silencio.
             Emma movió la cabeza con gesto exasperado.
-Madre tiene que saberlo-anunció Margaret.
              Emma tenía el ceño fruncido. De nada le había servido darle a Robert buenos consejos. Seguía empeñado en seguir adelante con aquella demencial boda.
-Acabará sufriendo mucho-auguró Emma-Y no quiero ver cómo sufre.
               Margaret suspiró.




               Pensó que su prima tenía razón.
-Es su decisión y tenemos que respetarla-le recordó-Otra cosa es que nos alegremos de que vaya a destrozar de nuevo su vida. Por fin...Empezaba a superar la muerte de esa zorra de Paula.
               Emma alzó la vista al cielo. Vio pasar una gaviota volando. Ella también estaba empezando a superar la muerte de Christopher. Pero no buscaba a un hombre con el que casarse sólo para olvidarle.
              Quería que Robert fuera feliz.
              Sin embargo, su primo estaba sacrificando su felicidad buscando olvidar a su primera esposa.
-Más sufrió en su matrimonio con Paula-admitió Margaret-Él mismo lo admite.
-Debe de buscar otra clase de mujer-le sugirió Emma-Una mujer que lo quiera de verdad. Y que, a su vez, también lo quiera a él.
              Margaret pensó que Emma tenía razón. Sin embargo, tenían que ser realistas. Paula se había casado con Robert por su título y por su fortuna.
             Nunca había estado enamorado de él. Y Robert buscaba ser amado por lo que era. Mary Wynthrop no era ninguna arribista. Nunca había perseguido ningún buen partido. Tenía una dote bastante elevada.
              Y, por lo que se sabía, Robert la quería. Pero se trataba de un sentimiento más bien pausado. No tenía nada que ver con aquel loco deseo que le había llevado a casarse con Paula en contra de la opinión de todos. Mary parecía ser una buena mujer. Tanto Emma como Margaret deseaban que Robert fuera feliz. Pero no sería feliz si no se casaba por amor. Si no amaba. Si no era correspondido.
               Margaret se inclinó sobre Emma y la besó en las mejillas.
-Sólo deseo que mi hermano sea feliz-le confesó.
-Fue muy desdichado con Paula-dijo Emma.
-Por lo menos, Paula sólo le rompió el corazón.
-Prima...Te lo ruego. No me hables de Christopher. Él está muerto. Me hace daño escuchar su nombre.
-Lo siento.
-Él formará para siempre parte de mi vida. Por mucho que me duela.
           Emma sintió cómo las lágrimas se agolpaban en sus ojos.
-Perdóname, prima-se disculpó Margaret-Te hace daño hablar del pasado. Soy una tonta por mencionártelo. Ese miserable nunca te mereció.
-Sé que no era tu intención hacerme daño-afirmó Emma. Le cogió la mano. Se la besó con cariño-La culpa fue mía. Fui una loca por haberme fugado de la casa de mis tíos. A veces, pienso que Edward no era tan malo. Pude haber hecho un esfuerzo por entenderme mejor con ellos. Por haber intentado llevarme bien con Edward. A lo mejor, nuestro matrimonio no habría sido un fracaso.
-O habrías terminado muerta-replicó Margaret-Tu primo Edward estaba cortado por el mismo patrón que ese canalla de Christopher. Lo que pasa era que Edward no disimulaba su maldad. En cambio, Christopher la disfrazaba de honorabilidad. De venganza contra tu madre...Mi tía era una zorra. Pero tú no eras igual que ella. Christopher lo sabía.
              Emma estaba cansada de pensar en que ella no se parecía en nada a su madre. Pero sólo conseguía tener un fuerte dolor de cabeza.
              Margaret se inclinó sobre ella y la besó en la frente. Le acarició con dulzura el pelo.
-Voy dentro-le avisó-Le contaré a madre que hemos recibido una carta de Robert. Espero que no se desmaye del susto.
-No lo hará-sonrió Emma.
               Margaret se metió dentro de casa.



               Emma agradeció el haberse quedado sola.
               No quería pensar en el desastre que era su vida. ¡Y, encima, Robert se empeñaba en destrozar la suya!
               Golpeó con rabia el brazo de su silla de ruedas. ¡Cómo odiaba estar postrada en ella!
               Luchó contra las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos. Margaret tenía razón, pensó. Christopher y Edward estaban cortados por el mismo patrón. ¡Pero Robert no era así! Robert era un hombre maravilloso. Se parecía demasiado a Allen. En aquel momento, Emma echó más que nunca de menos a su viejo amigo.

martes, 13 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
El fragmento de hoy de Cruel destino tiene como protagonista a Mary. Veremos cómo va avanzando su compromiso con lord Robert. Mientras él se esfuerza en amarla, ella lucha contra los fantasmas su pasado. ¿Qué ocurrirá?
¡Vamos a verlo!

                     Mary tenía la sensación de haber retrocedido atrás en el tiempo. Volvía a ser una joven de dieciocho años. La invitaban constantemente a fiestas. Permanecía en el salón atendiendo a las visitas que acudían a verla para felicitarla por su inminente boda con el mejor partido de todo Gales. Salían de la casa de los Wynthrop hablando maravillas de Mary. Con su cabello rojo y liso...Con sus modales educados...El conde de Maredudd había hecho la mejor de las elecciones al prometerse con una joven como Mary. A pesar de que era un poco vieja, en opinión de ciertas matronas, para contraer matrimonio.
               Se vio rodeada de mucha gente. Los caballeros parecían más interesado en ella que nunca. Las jovencitas se acercaban a ella. Todo el mundo quería saber qué había en aquella solterona que había cautivado a uno de los caballeros más deseados de todo Gales. Mary se había convertido en poco menos que una celebridad.
              Robert era el hombre más atento que jamás había conocido. Le traía los vasos de limonada durante el baile. Pasaba mucho rato hablando con ella. Le presentaba a sus conocidos. Incluso, presumía de estar prometido con la joven más hermosa de toda Gran Bretaña.
-Milord, está exagerando-se ruborizaba Mary.
                Luego, estaban los bailes. Robert siempre le pedía el primer baile. Mary tenía que admitir que sentía algo raro cuando bailaba con el conde.
-Me gusta bailar con usted-tuvo que admitir.
-Contigo...-le corrigió Robert-Acuérdate. Nos vamos a casar.
-Sí...
                Respiró hondo.
                Bailaba varias piezas con Robert. Se sentía el centro de todas las miradas.
                Y, mientras, Mary deseaba morirse.
                Pasaba muchas noches levantada pensando en lo que iba a pasar y era así como Sarah la encontraba en sus noches de insomnio.
-¿Has pensado ya lo que vas a hacer?-le preguntó en una de aquellas noches.
-No lo sé-respondió Mary-¡Y tengo mucho miedo! El conde me va a repudiar.
-A lo mejor, no hace nada. Te querrá todavía más. Tú no tuviste la culpa de lo que te pasó, Mary.
-¡Sí que la tuve! ¿Por qué tuve que salir sola al jardín aquella noche?
-De nada sirve que te atormentes pensando en eso. Tienes que dejar atrás el pasado.
-¡No puedo!
               Mary se dejó caer sobre la cama. La habitación estaba sumida en la oscuridad. Ni siquiera brillaba la Luna en lo alto del cielo. Aquella oscuridad encajaba con el ambiente que se respiraba entre aquellas cuatro paredes.
              Sarah se acercó a su hermana.
             Mary estaba sufriendo mucho. En sociedad, la pérdida de virginidad en la mujer antes del matrimonio era severamente castigada. ¡Pero su hermana había sido forzada! ¿Cómo podía la gente no ver la diferencia? Mary no era ninguna zorra.
-Nadie sabe nada-murmuró la joven.
-No se lo he contado a nadie-le aseguró Sarah-Acuérdate que lo he jurado.
-Gracias...
             Mistress Wynthrop ya estaba empezando a hablar acerca del vestido de novia de Mary. La llevó a ver a la modista. Ésta afirmó que el vestido blanco que luciría causaría sensación. Sería un contraste brutal entre el pelo rojo de Mary y sus hermosos ojos verdes.
              El vestuario de la joven también debía de ser nuevo. La esposa de un conde no podía lucir colores oscuros. Aunque Mary no era precisamente una jovencita.
             La modista estaba encantada con aquel encargo. Los gastos corrían a cargo del conde. Le mostraba a Mary telas de toda clase de colores.
-Escoja la que quiera, señorita-la invitaba.
               Pero Mary no podía decantarse por ninguna tela. Todas le parecían bonitas.
              Creía que Robert se estaba excediendo. Así se lo comentó a su madre en un aparte en la tienda.
-¿Cómo puedes pensar así?-se escandalizó mistress Wynthrop.
-Milord puede pensar que me estoy aprovechando de su generosidad-se lamentó Mary-Y no quiero que piense eso de mí.
-¡Tonterías, querida! Te vas a casar con él.
              El vestido de novia tenía que ser blanco, por supuesto. Cada vez que Mary pensaba en eso, deseaba estar muerta.
              Robert iba a visitar con frecuencia a Mary. Daban paseos por el parque. Le besaba la mano con respeto. No entendía el porqué de la timidez casi enfermiza de su prometida. Sospechaba que algo malo tuvo que haberle ocurrido en el pasado.
              En ocasiones, permanecían en silencio. Casi no se hablaban durante aquellos paseos. En ocasiones, ni se miraban a los ojos. Mary permanecía alejada de Robert. No se la veía como una futura novia feliz. Y eso era algo que intrigaba al conde.
-No te veo contenta-observó el conde durante uno de aquellos paseos-Y me gustaría saber el porqué. ¿He hecho algo que te haya ofendido?
-No...-contestó Mary-No es eso.
-Entiendo que no quieras hablar. Pero me gustaría saber si estás contenta. Si eres feliz. Para mí, es lo más importante.
-Yo...Sí...Soy muy feliz.
-No lo parece.
-Lo siento.
             Mary fingió una sonrisa. Robert se dio cuenta de que se trataba de una sonrisa falsa. Sospechaba que algo terrible le había ocurrido a su futura esposa. Pero ella no quería contarle nada. Le hirió saber que Mary no confiaba en él.



             Y, en contraste, estaba la alegre Sarah. Siempre que iba a visitar a Mary, allí se encontraba con la sonrisa radiante de Sarah. Tenía la sensación de que se encontraba ante la Tentación. No podía mirar a Sarah. No quería recrearse en los brillantes ojos de la joven.
            En una ocasión, cuando fue a visitar a Mary, encontró a Sarah cortando rosas. Robert se quedó sin aliento al contemplar cómo Sarah se detenía para olfatear con deleite una de las rosas que estaba cortando.
-Buenas tardes...-se atrevió a decir a modo de saludo.
             Sarah dejó de hacer lo que estaba haciendo. Saludó a Robert haciendo una graciosa reverencia.
            Los dos estuvieron hablando durante apenas unos instantes. Sarah no paraba de parlotear acerca de lo ilusionada que estaba con aquella boda.
-Parece que es usted la que se va a casar-observó Robert.
             Sarah sonrió con alegría.



-Me hace mucha ilusión ver a mi hermana casada-afirmó la joven.
-Ya se sabe que de una boda sale otra boda-le recordó Robert.
             Los ojos de Sarah brillaron al pensar en Darko. Deseaba hacer realidad su sueño de casarse con él. De fundar una familia con él.
             Sarah se metió dentro de casa. Tenía que avisar a Mary de que lord Robert había ido a buscarla. La joven no tardó mucho tiempo en salir.
-Buenas tardes, milord-le saludó con timidez.
            Robert frunció el ceño.
-Creía que me ibas a llamar por mi nombre de pila-le recordó-Vamos a casarnos. Tenemos que tutearnos.
            Mary se acercó lentamente a él. No se atrevía a mirar a Robert a los ojos. Mantenía la vista gacha.
-Lo siento-se disculpó.
            Robert se preguntó una vez más qué le había ocurrido a Mary en el pasado. Y se preguntó de nuevo el porqué no confiaba en él. Dios sabía que no era quién para juzgar a nadie.
-El estar comprometidos nos obliga a ser sinceros el uno con el otro-afirmó Robert-Si tienes que contarme algo, puedes hacerlo. Nunca te juzgaré. Sólo quiero que confíes en mí.
-Todo está bien-mintió Mary.
-¿Estás segura?
               Mary asintió con vehemencia. No podía contarle la verdad a Robert. Tenía miedo de su reacción. Él podía retar en duelo al hombre que la violó. Pero, ¿cómo iba a poder encontrarle? Mary no le llegó a ver la cara. Apenas podía recordar el sonido de su voz. El miedo bloqueaba todos aquellos recuerdos. Además, era una ilusa si creía que Robert le iba a hacer justicia. El conde vengaría sólo su ego herido.
            Pero él le cogió la mano con cariño. Se la llevó a los labios.
            Robert deseaba desesperadamente amar a Mary. Había llegado a quererla mucho. Pero se trataba de un cariño más bien fraternal. Le enfurecía pensar que alguien hubiera podido hacerle daño. ¿Por qué Mary no confiaba en él?
           Le dio un beso en la mejilla.
-Quiero que sepas que eres la mujer más maravillosa que jamás he conocido-le aseguró-Y que estoy muy contento de que te cases conmigo.
-No sé qué decir-se asombró Mary.
-Te juro que nunca te haré daño. Mírame a los ojos-La besó en la frente-Te juro por la memoria de mi padre que jamás te haré daño. Nunca falto a mis juramentos, Mary.
            Aquellas palabras conmovieron a la joven. Una lágrima de emoción resbaló por su mejilla. Sin saber bien lo que hacía, Mary rodeó el cuello de Robert. Le dio un beso ansioso en la boca.

domingo, 11 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
Tras varios días sin dar señales de vida, retomo hoy con más ganas Cruel destino. 
Ya hemos visto cómo se ha celebrado la fiesta de compromiso entre Mary y lord Robert.
Los temores de Mary a que su prometido descubra su secreto van creciendo a medida que se va acercando la fecha de la boda.

                   Mary no había pegado ojo en toda la noche. Permaneció despierta mirando al techo de su habitación. Le asustaba cerrar los ojos.
                  Vería pasar ante ella las mismas imágenes que se repetían una y otra vez en su cabeza desde hacía ya mucho tiempo.
                  Ya era oficial.
                  Lord Robert y ella estaban prometidos. Incluso, se había fijado ya la fecha de la boda. Se celebraría en los primeros días de julio de aquel año. Quedaba cada vez menos para que llegara ese día. Y el miedo se iba apoderando cada vez más de Mary.
                  Al día siguiente, Mary bajó a desayunar. Toda su familia estaba sentada alrededor de la mesa del comedor.
-Me imagino que estarás muy nerviosa-le comentó Sarah.
                 Mary se sirvió café en su taza con mano temblorosa.
                 Su padre estaba leyendo el periódico.
-La noticia de tu compromiso llegará a la prensa en los próximos días-le comentó-Después de eso, aparecerá en todos los periódicos de Gales. Con un poco de suerte, aparecerá en todos los periódicos de Gran Bretaña. ¿No estás contenta?
                Mary asintió débilmente. No estaba nada contenta. Lo único que quería era morirse. Sus hermanas se dieron cuenta de que había pasado mala noche. Tenía unas profundas ojeras alrededor de sus hermosos ojos. Mary apenas podía articular palabra. Sólo Sarah sabía lo que estaba pasando por la mente de la joven. La entendía.
-¿No estás contenta?-repitió mister Wynthrop-Vas a casarte con uno de los hombres más ricos de Gales. Otra joven en tu lugar estaría dando saltos de alegría.
-Nuestra Mary es muy comedida-intervino mistress Wynthrop-Estoy segura de que es muy feliz. Pero guarda sus sentimientos para sí. Hace bien. No quiero que dé un espectáculo.
-Sí, madre-susurró la aludida-Eso es lo que me pasa. Sí...
             Katherine le dio un mordisco a su tostada untada con mantequilla.



                 Mary intercambió con Sarah una mirada cargada de significado.
-Tengo que hablar contigo-le dijo en voz alta.
                 Todo el mundo se las quedó mirando sorprendido. Luego, pensaron que Mary querría comentarle a Sarah algo acerca de la boda. Algo que no querían compartir con los demás. Katherine sintió curiosidad. ¿De qué querrían hablar sus dos hermanas mayores?
-¿Tiene que ser ahora?-inquirió Sarah.
                 Mary asintió con vehemencia. Sentía que todo el cuerpo le temblaba. No veía la hora de salir corriendo del comedor.
-Terminad de desayunar-les ordenó mister Wynthrop-Y, luego, podéis hacer lo que queráis.
-Sí, padre-dijo Mary.
                Sarah se fijó en lo pálida que estaba su hermana mayor. Se preguntó si su boda con el conde de Maredudd era lo mejor que podía pasarle.

                  Sarah y Mary salieron al jardín.
                 Una vez fuera, Mary rompió a llorar desconsoladamente. Era incapaz de articular palabra. Sus lágrimas resultaron ser más expresivas que sus palabras.
                 Sarah entendía el terror que su hermana mayor sentía.
-No te cases si no quieres-le aconsejó.
                 Mary negó con la cabeza. No quería defraudar a sus padres. Los veía más ilusionados que ella misma con aquel enlace.
-Si no me caso con el conde, me odiarán-se lamentó-¡No sé qué hacer, hermana! Tengo mucho miedo. No me atrevo a contárselo a Robert. ¡Me repudiará!
               Sarah abrazó con cariño a Mary. No podía entender el porqué la vida se había ensañado tan cruelmente con ella. Mary siempre se había portado bien. ¿Por qué le había pasado aquello? No podía entenderlo. Le costaba trabajo entenderlo.
-Me quiero morir-sollozó Mary.
-¡No digas eso!-le pidió Sarah.
               Ignoraba que una idea descabellada empezaba a nacer en la cabeza atormentada de Mary.

jueves, 8 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
La historia continúa.
Erika está obsesionada con conseguir a Darko como sea. En el fragmento de hoy, proseguirá con su empeño. ¿Será el amor que siente Darko por Sarah tan fuerte como para resistir?

               La noticia del compromiso corrió como la pólvora por toda la isla. Hasta la posada donde se alojaba Darko llegó la noticia. Era oficial. El conde de Maredudd iba a casarse con la señorita Mary Wynthrop. La boda se celebraría en cuestión de semanas.
              Erika se miró en el espejo de la habitación de Mary.
              Hacía ya un largo rato que la joven había bajado al salón. Su madre insistía en empezar con los preparativos de la boda. Había mucho que hacer. ¡Mary ni siquiera tenía preparado el vestido de novia!
              Erika abandonó la casa de los Wynthrop por la puerta de la cocina. La cocinera estaba demasiado atareada partiendo carne. No se dio cuenta.
              Los pasos de Erika la llevaron hasta la posada donde se hospedaba Darko. Sonrió al pensar en él. Con un poco de suerte, a lo mejor, conseguía seducirle. Pero sabía que la batalla estaría perdida. Él insistía en que sólo amaba a la señorita Sarah. Erika creía conocer mejor que nadie la mente de los hombres. Darko era un hombre demasiado viril como para estar sin desfogarse con una mujer. Muy sensual...Erika recordó una frase que oyó decir a un vecino suyo. Existían dos clases de mujeres. Las mujeres con las que un hombre se divierte. Y las mujeres con las que un hombre se casa.
           Sonaba cruel. Pero era verdad. Erika ya no pertenecía al grupo de mujeres con las que un hombre se casa. Pertenecía al grupo de mujeres con las que un hombre se divierte. Darko podía divertirse con ella.
           Entró en la taberna.
           Había unos pocos hombres allí. Erika se sobresaltó cuando el tabernero le dio una palmada en el trasero.
-Tienes un buen culo-afirmó-¿Qué haces por aquí, guapa?
-¿Y a ti que te importa?-replicó Erika. Tenía las mejillas enrojecidas-Vengo buscando a un hombre.
-¿Sólo a un hombre?
-¡Sí!
               Erika encontró a Darko sentado en una de las mesas del fondo.
              Se acercó a él y le estampó un beso en la mejilla.
              Darko se sobresaltó y se giró para mirarla risueño. Creía que se trataba de Sarah. El cabello castaño y los ojos azules de Erika le sacaron de su error. No era Sarah.
-¿Qué estás haciendo aquí?-le increpó.
-¡Qué recibimiento más cariñoso!-se burló Erika-Creía que te alegrarías de verme.

 

             Darko tenía delante de sí una jarra llena de cerveza. Erika pidió otra jarra de cerveza. La moza de la taberna no tardó mucho tiempo en traérsela.
            Darko bebió un sorbo de su jarra de cerveza.
-¿Qué estás haciendo aquí?-le preguntó a Erika.
-He venido a verte-respondió la joven.
             Su tono de voz asustó a Darko. El hombre pensó que nadie de los que estaban allí estaba al tanto de su relación con Sarah. De saberlo, no tardarían mucho en ir a contarle que su doncella estaba intentando seducirle. ¿Y qué iba a pensar Sarah de él? ¿Desde cuándo le importaba tanto la opinión de Sarah?
-Será mejor que te vayas-le pidió a Erika.
              Quería a Sarah. No le haría ningún daño. Se lo había jurado así mismo. Se lo había jurado a Sarah.
             Erika quería pegarse un poco más a él. Darko se apartó de ella.
-¿Te molesta que te vean conmigo?-inquirió Erika-Los dos somos iguales.
             Le estaba tuteando.
             Darko movió la cabeza. No se parecía en nada a Erika. Él había tenido una infancia muy dura. Y Erika, posiblemente, había tenido que trabajar siendo niña en el campo. Quizás, se dijo así mismo, no eran tan diferentes como pensaban.
-Insisto-le ordenó a Erika-Vete, por favor. No quiero que Sarah se entere de que he estado contigo.
-No estamos haciendo nada malo-se rió Erika.
             La joven tenía una risa parecida a la de una hiena.
            Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Darko. Erika podía meterle en un buen lío con Sarah. Debía de tener cuidado con ella.
             Erika le estampó un beso en la boca. Se puso de pie y abandonó risueña la taberna. Darko la fulminó con la mirada, pero ella fingió ignorarle.

              Sarah y Darko habían acordado en verse en un lugar bien distinto: en la falda de la montaña de la isla, que también se llamaba Holyhead. Cuando Darko llegó, Sarah lo estaba esperando sentada en la falda de la montaña. Darko tomó asiento a su lado.
-Te noto preocupado-observó Sarah.
-He estado pensando en la boda-mintió Darko-En la boda de tu hermana, quiero decir. Significaría que nosotros también nos casaríamos.
-Aún falta algo de tiempo. Unos meses...Madre tiene que hablar con padre. Tú podrías ir a pedir mi mano cuando nosotros volvamos de la isla de Church. La familia del conde vive allí. Mary se irá a vivir allí con ellos. Pero queremos ir a verla y pasar unos días con ella cuando esté instalada.
            Darko pensó que la vida de Sarah había sido demasiado fácil en comparación con la vida de Erika.
-Tu padre no aprobará nuestra boda-se lamentó.
-Madre hablará con él, como te he dicho-le recordó Sarah-Y conseguirá que dé su visto bueno.
              Darko arrancó una brizna de hierba sin darse cuenta de lo que estaba haciendo. Él y Sarah estaban solos al pie de aquella montaña. La joven cogió la mano de Darko y le besó la palma. El hombre se inclinó sobre ella y la besó en la frente. Le asustaba estar cerca de ella.
-Podría no pasar eso-dijo con apenas un susurro-Podría decir que no.
              Darko llenó de besos el rostro de Sarah. Aquel rostro tan perfecto y tan hermoso...Tan casi aristocráticos...Sintió a la joven más lejos de él que la más lejana de las estrellas. Se apartó de ella. Sarah aún podía sentir los labios de Darko posados sobre sus mejillas. Los ojos brillantes de la joven se llenaron de miedo. ¿Por qué iba a oponerse su padre? Pero Darko quería ser el realista de aquella relación.
-Me escaparé contigo-le prometió Sarah-Huiremos a cualquier parte. Tú y yo...
            Se pusieron de pie y empezaron a caminar.



             Darko comparó mentalmente a Sarah y a Erika. Para ser sincero consigo mismo, tenía más en común con Erika que con Sarah. Se odió así mismo por tener aquella clase de pensamientos con la doncella de la mujer que amaba.
-Lo último que quiero es hacerte daño-le confesó a Sarah-Y tengo la sospecha de que acabaré haciéndote daño. Siempre ha sido así. He sido un egoísta por pensar sólo en mí. Nunca he pensado en ti a la hora de tomar una decisión. Mi amor puede ser perjudicial para ti, cariño. Y...
            Sarah le hizo callar.
-Perjudicial sería no verte más-le aseguró-Dañino sería estar lejos de ti.
            Sarah sonrió con dulzura. Darko era un hombre bueno y noble. Pensaba mucho en ella. Su padre acabaría rendido ante él. Lo presentía.
-Disfrutemos de esta montaña-le pidió Sarah.
              Se fundieron en un beso cargado de ternura.