sábado, 17 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
No me olvido de Cruel destino. 
Siempre digo que estoy muy liada. Es verdad. Tengo muchos archivos guardados en el ordenador fragmentos sueltos y también tengo varias historias sin pulir.
Un día, os contaré una anécdota que me ocurrió con el ordenador. Fue antes del asqueroso virus que se me metió el año pasado. ¡Estuve a punto de volverme loca!
He encontrado algo de tiempo entre archivos y la limpieza para poder subir un nuevo trozo de Cruel destino. Nos vamos hasta la isla de Church, en Gales, donde vive la familia del conde de Maredudd.

-¿Se ha vuelto loco?-exclamó Emma cuando Margaret terminó de leerle la carta que había recibido de Robert.
-No se ha vuelto loco, querida prima-observó Margaret-Se va a casar.
            Se encontraban en el jardín de la mansión de la familia.
             Emma le dio a las ruedas de su silla para acercarse más a Margaret, que estaba de pie.
-¡No puede casarse con esa joven!-afirmó Emma-No está enamorado de ella. Él mismo lo admite.
-Dice que será una perfecta condesa-dijo Margaret.
-¿Y qué importa si es una perfecta condesa?
-Mi hermano no quiere repetir el error que cometió con Paula. Piensa que, si se casa por amor, volverá a sufrir. No está enamorado de miss Wynthrop. Pero dice que la va a querer y la va a respetar.
-Se puede querer a una persona de mil maneras distintas, Meg.
             Su prima se quedó en silencio.
             Emma movió la cabeza con gesto exasperado.
-Madre tiene que saberlo-anunció Margaret.
              Emma tenía el ceño fruncido. De nada le había servido darle a Robert buenos consejos. Seguía empeñado en seguir adelante con aquella demencial boda.
-Acabará sufriendo mucho-auguró Emma-Y no quiero ver cómo sufre.
               Margaret suspiró.




               Pensó que su prima tenía razón.
-Es su decisión y tenemos que respetarla-le recordó-Otra cosa es que nos alegremos de que vaya a destrozar de nuevo su vida. Por fin...Empezaba a superar la muerte de esa zorra de Paula.
               Emma alzó la vista al cielo. Vio pasar una gaviota volando. Ella también estaba empezando a superar la muerte de Christopher. Pero no buscaba a un hombre con el que casarse sólo para olvidarle.
              Quería que Robert fuera feliz.
              Sin embargo, su primo estaba sacrificando su felicidad buscando olvidar a su primera esposa.
-Más sufrió en su matrimonio con Paula-admitió Margaret-Él mismo lo admite.
-Debe de buscar otra clase de mujer-le sugirió Emma-Una mujer que lo quiera de verdad. Y que, a su vez, también lo quiera a él.
              Margaret pensó que Emma tenía razón. Sin embargo, tenían que ser realistas. Paula se había casado con Robert por su título y por su fortuna.
             Nunca había estado enamorado de él. Y Robert buscaba ser amado por lo que era. Mary Wynthrop no era ninguna arribista. Nunca había perseguido ningún buen partido. Tenía una dote bastante elevada.
              Y, por lo que se sabía, Robert la quería. Pero se trataba de un sentimiento más bien pausado. No tenía nada que ver con aquel loco deseo que le había llevado a casarse con Paula en contra de la opinión de todos. Mary parecía ser una buena mujer. Tanto Emma como Margaret deseaban que Robert fuera feliz. Pero no sería feliz si no se casaba por amor. Si no amaba. Si no era correspondido.
               Margaret se inclinó sobre Emma y la besó en las mejillas.
-Sólo deseo que mi hermano sea feliz-le confesó.
-Fue muy desdichado con Paula-dijo Emma.
-Por lo menos, Paula sólo le rompió el corazón.
-Prima...Te lo ruego. No me hables de Christopher. Él está muerto. Me hace daño escuchar su nombre.
-Lo siento.
-Él formará para siempre parte de mi vida. Por mucho que me duela.
           Emma sintió cómo las lágrimas se agolpaban en sus ojos.
-Perdóname, prima-se disculpó Margaret-Te hace daño hablar del pasado. Soy una tonta por mencionártelo. Ese miserable nunca te mereció.
-Sé que no era tu intención hacerme daño-afirmó Emma. Le cogió la mano. Se la besó con cariño-La culpa fue mía. Fui una loca por haberme fugado de la casa de mis tíos. A veces, pienso que Edward no era tan malo. Pude haber hecho un esfuerzo por entenderme mejor con ellos. Por haber intentado llevarme bien con Edward. A lo mejor, nuestro matrimonio no habría sido un fracaso.
-O habrías terminado muerta-replicó Margaret-Tu primo Edward estaba cortado por el mismo patrón que ese canalla de Christopher. Lo que pasa era que Edward no disimulaba su maldad. En cambio, Christopher la disfrazaba de honorabilidad. De venganza contra tu madre...Mi tía era una zorra. Pero tú no eras igual que ella. Christopher lo sabía.
              Emma estaba cansada de pensar en que ella no se parecía en nada a su madre. Pero sólo conseguía tener un fuerte dolor de cabeza.
              Margaret se inclinó sobre ella y la besó en la frente. Le acarició con dulzura el pelo.
-Voy dentro-le avisó-Le contaré a madre que hemos recibido una carta de Robert. Espero que no se desmaye del susto.
-No lo hará-sonrió Emma.
               Margaret se metió dentro de casa.



               Emma agradeció el haberse quedado sola.
               No quería pensar en el desastre que era su vida. ¡Y, encima, Robert se empeñaba en destrozar la suya!
               Golpeó con rabia el brazo de su silla de ruedas. ¡Cómo odiaba estar postrada en ella!
               Luchó contra las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos. Margaret tenía razón, pensó. Christopher y Edward estaban cortados por el mismo patrón. ¡Pero Robert no era así! Robert era un hombre maravilloso. Se parecía demasiado a Allen. En aquel momento, Emma echó más que nunca de menos a su viejo amigo.

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