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martes, 15 de diciembre de 2015

UN CORAZÓN SE APAGA

Hola a todos.
Aquí os traigo otro relato. No es un relato muy alegre y tampoco es muy romántico.
Sin embargo, me he animado a compartirlo con vosotros.
Deseo de corazón que sea de vuestro agrado.

UN CORAZÓN SE APAGA

CIUDAD DE WESTMINSTER, 1996

                                Los recuerdos acudían sin cesar a la dolorida mente de Paula. Escuchaba a los médicos hablar del accidente que había sufrido. Paula yacía en una cama, sin poder moverse. 
                               Los médicos decían que estaba en coma y que, de despertar, le quedarían muchas secuelas. Pero Paula podía escuchar y lo último que recordaba era oír la risa de sus tres hijos en el interior del coche en el que viajaban con su marido, Charlie. 
                             Cuando era pequeña, Paula descubrió que su vida había sido una mentira. Sus padres la habían adoptado. Más tarde, siendo una adolescente, descubrió que tenía una hermana melliza. Agnes...
                            En la época en la que se conocieron, eran dos adolescentes. Se hicieron amigas sin imaginar el lazo de sangre que las unía. Agnes también era adoptada. En su caso, había escuchado una conversación entre su madre adoptiva y una vecina. 
                         Paula no se atrevía a dar el paso de buscar a su madre biológica. 
                         Agnes vivía obsesionada con aquel tema. 
                         En el caso de Agnes, veía que Paula se parecía mucho a ella. Incluso, tenían un lunar muy curioso en el brazo. 
                         Llegó a la conclusión de que Paula era su hermana. 
                         Se lo comentó una tarde. 
                        Estaban dando cuenta cada una de un refresco en un concurrido bar de Bond Street. Paula pensó que Agnes se había vuelto loca. 
-Estoy hablando en serio-insistió la chica-Piénsalo. Son demasiadas coincidencias. ¿No te parece? 
-Nacimos en el mismo hospital-contestó Agnes. 
-El mismo día...Y a la misma hora...
-En los hospitales, nacen miles de niños el mismo día y a la misma hora. 
-Paula, creo que tú y yo somos hermanas. 
                          La aludida guardó silencio. No dejaba de pensar en lo que le acababa de decir Agnes. ¿Y si era cierto? ¿Y si eran hermanas? 
                         Durante el tiempo que duró la búsqueda, Paula pudo conocer mejor la vida de Agnes. 
                        Ésta le presentó a su novio. A Charlie...Llevaban saliendo poco tiempo. Pero Agnes estaba locamente enamorada de él. 
                        Nunca lo supo. Pero Charlie y Paula se enamoraron nada más verse. Se vieron en un bar situado en los alrededores de Picadilly. Paula pensó que Charlie se parecía mucho a Billy Idol, su cantante favorito. Incluso, llevaba el pelo igual que él. 
                       Charlie conocía toda la historia. Agnes se la había contado. Los dos se conocían desde que eran muy pequeños. Habían sido amigos desde siempre. El paso siguiente era hacerse novios. Y, luego, casarse. 
                        Charlie quería muchísimo a Agnes. Pero el amor que sentía por ella era el mismo que sentía por sus hermanos. No sabía cómo explicárselo a su novia. 
                         Charlie había sido el primer chico que había besado a Agnes en los labios. En un arrebato de locura, hizo mucho más que besarla en el sofá de la casa de sus padres. 
                         Durante el tiempo que duraron las investigaciones, Agnes comenzó a sentirse mal. Se desmayó mientras Paula discutía con la recepcionista del hospital donde ambas habían nacido. La mujer se negaba a que viera los archivos del día en el que las dos chicas nacieron. Agnes creía que estaba embarazada. 
                         El pensar en ello aumentaba en la chica su deseo de encontrar lo antes posible a su madre biológica. Un deseo que acabó contagiando a Paula. Tenían muchas preguntas que hacerle. Paula le dijo a Agnes que la apoyaría. Sin embargo...El bebé que podía estar esperando Agnes era de Charlie. Y no debía de sentir envidia. O dolor...Charlie era el novio de Agnes. Pertenecía a ella. A pesar de cómo la miraba. Me alegro por ellos, pensaba Paula, queriendo convencerse a sí misma de que era cierto. 
                       Habían hecho el amor en otras ocasiones. 
                      Charlie había besado a Agnes en el cuello intentando no pensar en Paula. Había acariciado su piel con las manos. Pero siempre imaginaba que estaba besando a Paula. 
                        Además del desmayo, Agnes llevaba varias semanas quejándose de lo mucho que le dolía el pecho. Para su sorpresa, un análisis al que se sometió en el Centro de Planificación Familiar la dejó desolada. No estaba esperando un hijo de Charlie. La médica que atendió a Agnes le dijo que era demasiado joven como para casarse. Su mal tenía otro origen. Y no tenía nada que ver con los bebés. 
                      Paula sintió cómo su corazón se desgarraba. Poco pudo disfrutar de Agnes. En su corazón, sabía que era su hermana. No necesitaron pruebas que se lo confirmaran. 
                      Agnes ingresó en el hospital del que nunca más volvió a salir. Charlie y Paula no se separaron de su lado en ningún momento. Toda la familia adoptiva de Agnes estuvo allí hasta el último momento. 
                       Sufriendo. Llorando a escondidas. 
                       Una soleada mediodía, Agnes acabó falleciendo. Paula creyó que moriría de dolor en aquel mismo instante. 
                       Charlie besó con arrebato los labios de Agnes después de exhalar ésta su último suspiro. Paula se abrazó al cuerpo de su hermana. El corazón de la chica había dejado de latir para siempre. 



                         La muerte de Agnes dejó a Paula y a Charlie devastados. Paula sentía que había perdido a la persona más importante de su vida. No había podido pasar mucho tiempo sin verla. Había perdido a su hermana sin tener del todo la certeza de que era su hermana. Su corazón le decía que ambas se habían gestado en el mismo vientre. Paula no se atrevió a pisar el cementerio. No quería visitar la tumba de su hermana. Agnes se había ido para siempre. No volvería a verla. No volvería a estar con ella. Y, además, estaba Charles. Charlie...
                       Lo abrazó durante el velatorio de Agnes.
                       Habían decidido que lo mejor para los dos era no volver a verse. No le habían engañado a Agnes en vida. Sin embargo, existía algo entre ellos.
                       Paula no sabía cómo definirlo. Era una fuerza extraña. La atraía hacia Charlie.
                      Sabía dónde vivía. Sabía su número de teléfono.
                       Podía llamarle. Podía ir a verle.
                      Y fue Charlie el que dio el primer paso. Estudiaban en institutos distintos. Sin embargo, una mediodía, Paula salía del instituto.
                      Vio a un joven subido en una moto. Era Charlie. Paula nunca antes le había visto con aquella moto. Él le explicó que era suya. Sin embargo, había dejado de ir en moto a todas partes. A Agnes no le gustaba.
                       Se ofreció a llevar a Paula a casa en moto. Ella aceptó.
                      Pensó que Charlie sólo quería ser amable con ella. Después de todo, de algún modo, era la hermana melliza de Agnes.
-Yo también la echo de menos-le confesó mientras arrancaba-La quiero muchísimo.
                     Charlie empezó a llamarla por teléfono. La llamaba todas las tardes.
                     Se pasaban una hora entera hablando de cualquier tema. Él iba a buscarla a la salida del instituto. Y, un día, la invitó a tomar un refresco. Paula aceptó sin pensar. En aquel momento, pensaba que Charlie y ella sólo eran buenos amigos. La muerte de Agnes estaba aún muy reciente. Solían ir a tomar algo. O iban al cine. Las amigas de Paula decían que Charlie y ella eran novios. La chica, naturalmente, lo negaba.
                      Un día, estando en un parque, Charlie le cogió la mano.
                      Paula se envaró.
-¿Te molesta que lo haga?-le preguntó Charlie.
                       Ella no supo qué responder. Tenía la sensación de que era incapaz de detener lo que sentía por Charlie. De noche, era incapaz de conciliar el sueño. Estaba convencida de que acabaría soñando con Agnes.
                      Intuía que estaba furiosa con ella. Charlie seguía siendo su novio.
                     Los padres adoptivos de Agnes no se habían puesto en contacto con Paula. No habían vuelto a verse desde el entierro. Paula no sabía si ir a verles.
                      Tenía la mente hecha un lío. Sólo sabía que estaba enamorada de Charlie. Pensaba que era el chico con el que quería estar el resto de su vida. Intuía que a él le pasaba lo mismo. Y no tardó en descubrirlo.
                    Era un sábado por la noche. Habían ido al cine a ver una película. Se llamaba Juegos de Guerra. 
-¡Ningún ordenador puede provocar una guerra!-afirmó Charlie en voz alta.
-Baja la voz-le siseó Paula.
-Lo siento.
                       Charlie no prestó atención a la película en ningún momento. Sólo tenía ojos para Paula. Pensaba en lo guapa que estaba aquella noche. La chica se envaró. La mano con la que estaba comiendo palomitas no dejaba de temblar.
                      Trató de pensar en Agnes. Lo último que quería era traicionar su memoria. Sin embargo, estaba con Charlie.
                       Y él...
                       Acabó besándola por primera vez en los labios.



                        La siguiente vez que se vieron fue en una pista de patinaje.
                        Era la primera vez que Paula patinaba.
-¡Me voy a caer!-gritaba mientras intentaba mantener el equilibrio.
                         Quería ir sola. Era más que evidente que Charlie tampoco había patinado antes. En un momento dado, los dos cayeron sobre la fría pista de hielo a la vez.
                          Charlie aprovechó aquel momento para darle a Paula un largo beso. Un beso lleno de amor...
                         A partir de aquel momento, se hicieron novios. Ya era algo oficial. Paula quería olvidar el remordimiento.
                         En su cabeza, Charlie seguía siendo el novio de Agnes. Pero él le había dicho que estaba enamorado de ella. Le gustaba hablar con ella. Le gustaba estar con ella. Era amor lo que sentía por Paula.
                        O eso pensaron los dos. La relación duró dos años. Paula era una joven chapada a la antigua. No quería entregarse a Charlie hasta no haberse casado con él. El joven respetó su decisión. Amaba con todas sus fuerzas a Paula. Hicieron muchos planes de futuro. Querían tener muchos hijos. Paula llegó a la conclusión de que Agnes la perdonaba. Y que se alegraba por ella.
                        La noche de bodas, Paula le devolvió a Charlie todos los besos que él le dio. Disfrutó al sentir sobre su piel las caricias que él le brindó.
                         Paula soñaba con ir a la Universidad. Era el sueño de Agnes. Habían hablado alguna que otra vez de estudiar Medicina. Pero no pudo ser.
                        La oscuridad se abatía sobre ella. Los médicos hablaron de los tres niños que viajaban con ella en el coche y que habían muerto en el acto.
-Pobre mujer...
-Lo malo será cuando despierte. Su familia...
-El marido acaba de fallecer.
                        Charlie estudió arquitectura. Su padre era un conocido arquitecto. Al terminar la carrera, comenzó a trabajar en su estudio. Era un joven lleno de ideas.
                         Paula acabó convertida en ama de casa. Los hijos no tardaron en llegar. Primero, nació una niña, Dawn. Después, vino el niño. Alexander...Y, finalmente, llegó otra niña. Emma...
                         Eran un matrimonio feliz. O eso era lo que Paula quería pensar. Ella era feliz cuidando de sus hijos.
                        Aquellos tres ángeles lo eran todo para ella. La hacían reír con sus travesuras.
                       Era cierto que los malcriaba. Pero eso era algo que no podía evitar.
                       Notaba que la pasión había disminuido en su matrimonio. A veces, Charlie volvía a altas horas de la madrugada. Decía que estaba trabajando.
                       Luego, le llegaron a Paula rumores de que Charlie se acostaba con otras mujeres. No ocurría siempre, naturalmente. Pero lo hacía en ocasiones.
                        No hacían el amor tan a menudo como antes. Paula llegó a agradecerlo.
                        Charlie se había convertido en un desconocido para ella. Y él, a su vez, había dejado de creer que Paula era la mujer de sus sueños. Se acabaron distanciando.
                        Paula llegaba a envararse cuando Charlie la besaba en el cuello. O cuando acariciaba su piel con las manos.
                         Cuando quisieron darse cuenta, empezaron a discutir. Y los niños estaban presentes en aquellas discusiones.
                         Recordaba que estaban discutiendo en el interior del coche. Volvían de visitar a los padres adoptivos de Paula.
                        Charlie perdió el control del volante. Paula recordaba haber chocado contra algo. No recordaba nada más.
                        No valía la pena despertar. No tenía nada por lo que vivir.
                        Escuchó jaleo a su alrededor. Alguien estaba gritando que se iba.
                        Pero Paula sentía cómo su alma se separaba de su cuerpo. Había un inmenso túnel ante ella. Una intensa luz blanca lo cubría todo.
-Paula...-la llamó alguien.
-¿Agnes?-se sorprendió la aludida.
-Te estaba esperando.
                     Paula escuchó la risa de sus hijos. Quería ir adonde estaban ellos. Poder ver de nuevo a Agnes.
                     Empezó a caminar en dirección hacia aquel túnel. Su familia estaba allí. La estaba esperando. Debía de ir adonde estaban ellos. Llamó a sus hijos por sus nombres. Dawn...Alex...Emma...
-¡Estamos con la tía Agnes!-oyó gritar a Dawn-Es muy guapa.
-Sí que lo es-sonrió Paula con alegría.
                       Su corazón dejó de latir en aquel momento. Paula se había ido para siempre.

FIN

jueves, 10 de diciembre de 2015

EN EL RÍO SENA

Hola a todos.
Hoy, me gustaría compartir con vosotros esta historia que voy a subir de un tirón.
Es un poco más larga de los fragmentos que suelo subir porque pienso subirla entera.
Os ruego que perdonéis los fallos que tiene. La escribí cuando tenía trece años. Y no hace mucho que la encontré.
Le agradezco de corazón a Encarta que me permitiera conocer esta hermosa isla, la isla de la Cité, donde transcurre esta tierna historia de amor.
Transcurre en el París de los años 20, en concreto, en la Isla de la Cité, y tiene como protagonista a la joven Marie Margheritte, una joven de su tiempo. Su historia de amor será el eje principal de este relato.
Se titula En el río Sena. 
Deseo de corazón que os guste.

EN EL RÍO SENA

ISLA DE LA CITÉ, A SU PASO POR EL RÍO SENA, EN PARÍS, 1920

                           He salido a dar un paseo por el Puente Nuevo en compañía de mi prima Odette. 
                           Algunas veces, deseo que llegue el día en el que se celebre su boda con Jean, su prometido. Lo único que hace es hablar de ese día. 
-Vuestro compromiso aún no es oficial-le recuerdo. 
                           Me da mucha pena que Odette se vaya a casar más pronto que tarde. Vivimos en una casa enorme. Tíos, abuelos, primos, mis padres, mis hermanos. Todos vivimos allí. 
                           Odette no hace caso de mi queja. 
-Cuando te enamores, entenderás lo que siento-me asegura. 
                          Me encojo de hombros. Odette es como una hermana mayor para mí. Sé que se alegra de que Jean quiera casarse con ella. 
                          Se conocieron en el Mercado de las Flores. Jean posee una floristería que lleva a medias con su hermano menor, Pierre. Se encuentra enfrente del Palacio de Justicia. 
                          Para ganar más dinero, Jean y Pierre tienen un puesto en el Mercado de las Flores. Odette acudió a visitar el Mercado. 
                          Jean quedó prendado de ella nada más verla. Y decidió que iba a ser sólo para él. La enamoró cuando le entregó una rosa naranja. Odette regresó del mercado en una nube. Afirmó que había encontrado al hombre con el que quería pasar el resto de su vida. 
                         Se conocen desde hace muy poco. Jean lleva cortejando a Odette apenas unas semanas. Sin embargo, las cosas están yendo muy deprisa entre ellos. Cuando salen juntos, he de ir de ellos como carabina. Sé que a Jean le molesta mi presencia. Odette me pide, en ocasiones, que me vaya a dar una vuelta. 
-¿Quieres quedarte a solas con él?-me escandalizo. 
-Es mi novio-me contesta. 
-Pero está mal. 
-Sólo quiero darle un beso. 
-¡Odette! 
                           Les he visto darse un beso en más de una ocasión. 
                           Odette ha tenido una idea. Quiere emparejarme con Pierre. Yo estoy atónita. ¿De verdad quiere que me enamore del que podría ser su futuro cuñado? 
                            Pienso que se ha vuelto loca. Lo cierto es que está muy enamorada de Jean. Cuando una persona se enamora, parece volverse tonta. 
                            Odette no es así. Sólo que Jean hace que su criterio se nuble. 
                            No me puedo negar a lo que me pide. Tengo dieciocho años. Odette está a punto de cumplir treinta. 
                            Mi tío dice que tendría que haberse casado hace mucho tiempo. 
                            Por eso, está tan decidida a casarse con Jean.
                            Piensa que es su última oportunidad para no quedarse soltera. ¿Acaso no está enamorada de él? Odette y yo compartimos habitación. Nos pasamos toda la noche hablando, cada una acostada en su cama.
                            En realidad, pasamos mucho tiempo juntas. Por ese motivo, me da pena que se case.
-¿Por qué no sales con Pierre?-me pregunta Odette.
                            Estamos sentadas en el sofá del salón. Estamos bordando manteles que formarán parte de mi ajuar de novia. ¡Y ni siquiera hay un hombre en mi vida del que pueda decir que estoy enamorada!
                            Me quedo mirando a mi prima con estupor. Los ojos negros de Odette brillan de entusiasmo con la idea que acaba de tener.
-Creo que sería un gran error-respondo-¡Casi no le conozco!
                           He visto a Pierre en varias ocasiones. Siempre lo he visto en el Mercado de las Flores.
-No le has dado una oportunidad-me recuerda mi prima.
-¡Sería un error!-protesto.
-Marie Margheritte, piénsalo. Es un chico estupendo. También él quiere tener novia. Y creo que tú le gustas. Está interesado en ti.
-¿Qué estás diciendo? ¡Si casi no hemos hablado!
-No es lo que Jean dice.
                            Mamá entra en el salón en ese momento.
                            Odette me lanza una mirada suplicante. Pienso que, definitivamente, se ha vuelto loca. ¡Ahora, le ha dado por hacer de casamentera! No sé qué hacer. Creo que estaría bien conocer mejor a Pierre.



                              Finalmente, accedo a ver a Pierre el domingo. Dado que tenemos teléfono y Jean y Pierre también tiene teléfono, Odette telefonea a su novio. Le cuenta que he aceptado encontrarme con Pierre.
                              La cita es a las cuatro de la tarde. Yo estoy muy nerviosa.
                              Nos vemos en la Plaza de Vert-Galant. Apenas he tratado a Pierre.
                             Debo de reconocer que es un joven muy atractivo.
                             ¡Me ha besado en la mano nada más verme!
                             Mi corazón late a gran velocidad. No sé lo que me pasa cuando estoy cerca de él. Nos hemos puesto a caminar.
                              Rodeamos la placa conmemorativa que recuerda la ejecución de Jacques de Molay. Allí mismo...
                              Hay un cisne en el río Sena. No tarde mucho en unírsele otro cisne.
                              Pierre me explica que los cisnes son monógamos. Sólo se aparean una vez en la vida. Con la que será su pareja para siempre. Yo le miro sorprendida.
-Es una pena que la gente no sea como los cisnes-afirma.
                              Odette lo ha pasado mal en la vida, recuerdo. Sus padres nunca se quisieron. Hubo muchas infidelidades por ambas partes durante el tiempo que estuvieron casados.
-Yo quiero un cisne en mi vida-le confieso.
                           Pierre me sonríe. Dice que lleva algún tiempo fijándose en mí. Sin embargo, no se atrevía a dar ningún paso. Le daba mucha vergüenza hacerlo.
-¿Por qué lo dices?-le pregunto.
-Una joven como tú nunca querría estar como un patán como yo-me confiesa con tristeza.
-¿Y cómo soy yo?
-Eres muy hermosa, Marie Margheritte. Siempre tienes una palabra amable para todo el mundo. Y yo...
                          Guarda silencio. Pienso en lo distinto que es de Jean. Su hermano mayor es más lanzado.
                          Empezamos a vernos. Creo que Pierre me está cortejando.
                          Nos vemos todas las tardes en la Plaza de Vert-Galant. Odette no quiere hacer de carabina con nosotros. En su lugar, va a encontrarse con Jean. Cuando nos quedamos solas en casa, quiere saber todo lo que he hecho con Pierre. A cambio, me cuenta lo que ha hecho con Jean.
                          Pierre es un joven muy caballeroso. Ha empezado a regalarme flores. También a mí me gustan las rosas de color naranja. Es una pasión que he heredado de Odette. Mis padres me preguntan por el joven que está interesado en mí.
                         Yo no sé cómo explicarles lo que me pasa con Pierre. ¡Me siento otra!
                         Cuando camino, siento que estoy flotando. El tiempo desaparece cuando estoy con él.



                          Desde entonces, mi mayor deseo es poder gritarlo a los cuatro vientos. Me he convertido en lo que Odette es. ¡Me he convertido en una mujer enamorada! Me encanta ahora poner la gramola. Bailar al son de las canciones que escucho. La Marie Margheritte que era antes ya no existe.
                        Existe otra mujer. Una mujer distinta...
                        Cuento las horas que me faltan para volver a ver a Pierre. ¿Le pasará a él lo mismo que me pasa a mí? Los momentos más felices del día son cuando estoy con él. Me siento muy a gusto en su compañía. No se trata de eso sólo.
                         No...
                         Ha sido Pierre el primer hombre que ha besado mis labios.
                         Nuestro lugar favorito para encontrarnos es la Plaza de Vert-Galant. Nos sentamos a la sombra de uno de los castaños que allí crecen. Nos apartamos un poco de la gente que pasea por allí. Veo a parejas que acuden allí para estar solos. Veo a niños jugando. Veo a hombres hablando de muchos temas. Todos ellos quieren olvidar. No recordar la pasada guerra. Olvidar los horrores que todos vivimos. Encarar el futuro.
                         Y pienso en que es muy difícil dejar atrás el pasado. Es imposible de olvidar.
                         Pierre quiere hablar hablar de su etapa como soldado en el frente. Jean y él estuvieron combatiendo, pero en distintos contingentes. Igual que su padre...Lo mataron en los últimos días de la guerra.
                         Yo lucho por no pensar en los edificios en llamas. En los gritos de dolor...
                         Sólo quiero mirar hacia delante. Sólo quiero pensar en cosas alegres. Quiero pensar que el verano ha llegado.
                         Que luce un Sol radiante. Que las aguas del río Sena son claras. Son frescas. No las tiñe el rojo de la sangre. Ya no...
                           Quiero pensar en todo eso. Mientras, le sonrío con amor a Pierre. ¿Es posible que lo ame tanto?
                           Es un poco tarde.
                           Me inclino a beber agua de la fuente.
-Quiero casarme contigo-me confiesa Pierre.
-¿Qué estás diciendo?-me sorprendo.
-Marie Margheritte...Sin ti, yo no soy nada.
                          Empieza a hablar. Todo lo que me cuenta confirma lo que yo ya sospechaba.
-Te necesito en mi vida-añade.
                          Me mira. Sus ojos hablan de todo el amor que siente por mí.
                         Un amor que es sincero. Un amor que es puro. Mi corazón late a gran velocidad. Pienso que estoy soñando. ¡Pero lo que está ocurriendo es verdad! Siento ganas de ponerme a gritar. Quiero saltar de alegría.
                         Me repito a mí misma que debo de contenerme. No está bien que una señorita se comporte como una loca. Y yo soy una señorita. He recibido una educación esmerada. Soy hija de un próspero comerciante. Debo de comportarme como la señorita que soy.
                         Pierre empieza a hablar. Quiere ir a hablar con mi padre. Jean no sabe cuándo se va a casar con Odette. Le cuesta trabajo fijar la fecha de la boda. Y veo a mi prima un poco triste en ese aspecto.
                         Lo prometido es deuda. Pierre acude a visitar a mi padre. De este modo, me demuestra que su amor por mí es real. Me ama de verdad. Yo los escucho mientras hablan en el despacho de mi padre. Odette me regaña porque está mal escuchar las conversaciones ajenas con el oído pegado a la madera de la puerta.
-¡Sólo quiero saber lo que dicen!-insisto.
                       No dejo de dar saltitos de alegría.
-Me alegro mucho por vosotros-me dice Odette.
-Jean te quiere-le aseguro.
                       Me siento mal por estar tan contenta. Porque veo que Odette está sufriendo mucho. ¡Y eso no es justo!



                            Esa noche, Pierre se cuela en mi habitación. Y yo no dudo en entregarme a él.
                            Vamos a casarnos. ¡Qué importa que le entregue mi virginidad! Es el único hombre que va a haber en mi vida.
                             No siento pudor alguno cuando queda desnudo ante. Cuando me quita el camisón. Le tiemblan las manos.
                             Le devuelvo cada beso que me da. Me estremezco cuando me besa en el cuello. Cuando sus labios recorren cada porción de mi piel.
                             He oído que perder la virginidad es doloroso. No he sentido apenas dolor al entregarle a Pierre mi virginidad.
                            Lo amo. Y él me ama.
                           Ya hemos fijado fecha para la boda.
                           ¿Es mucho pedir casarnos en la Catedral de Notre Dame? Yo pienso que no. Seguimos viéndonos todas las tardes. Seguimos encontrándonos en la Plaza de Vert-Galant. Seguimos con nuestros paseos. Intercambiamos confidencias. Nos reímos juntos. No ha cambiado nada entre nosotros. Somos conscientes de que estaremos siempre juntos. Que nos amaremos eternamente.
                          Nos robamos besos a escondidas de la gente, detrás de un castaño.
                          Nos abrazamos con fuerza.
                          ¿Y Odette? ¿Y Jean? ¿Serán felices?
                         Yo creo que se casarán. Serán muy felices.
                         Lo sé. Yo soy feliz. Y siempre seré feliz mientras Pierre y yo nos amemos.

FIN

martes, 1 de diciembre de 2015

MICRORRELATO: "AL MÁS PURO ESTILO CHICK-LIT"

Hola a todos.
Aquí os traigo un microrrelato.
Tiene un corte más bien chick-lit. Es un género que no termina de entusiasmarme. He leído muy poco chick-lit y las dos únicas novelas de este género que me han entusiasmado han sido Sexo en Nueva York (buenísima la adaptación televisiva) y El Diablo viste de Prada (no he visto la adaptación al cine con la grandísima Meryl Streep).
Sin embargo, me he animado a escribir este microrrelato con algo de chick-lit. O, al menos, eso espero.
Deseo de corazón que os guste.

                                    ¡Hola!
                                    Me llamo Gail. Vivo en la ciudad de Taunton, en el condado de Somerset. Y quiero hablaros un poco de mí.
                                   Tengo veinticinco años y digo de corazón que me encantaría poder ejercer mi carrera. Estudié Derecho y fantaseo con abrir mi propio bufete de abogados.
                                  Desgraciadamente, no he podido ejercer mi carrera. Diría que estoy en el paro, pero estaría mintiendo. Trabajo como cocinera en un restaurante que se encuentra en Fore Street. Tengo el turno de noche.
                                 Todos los días escucho a mi mejor amiga, Alex, lamentándose de su suerte. Se queja de que no ha aparecido en su vida el hombre adinerado que la sacará de pobre.
-Confórmate con ser camarera-le digo, mientras empiezo a preparar la cena.
-¡Pero yo no he nacido para ser pobre!-protesta Alex-¿Acaso no quieres ser rica?
-¡Por supuesto que quiero ser rica!
                                No tiene el caso mentir. Sobre todo, cuando estoy limpiando una col de Bruselas.
                                Sin embargo, el chico del que me he enamorado no es rico. Se llama Carlos y es español. Sabe hablar algo inglés y yo estoy aprendiendo a hablar español. Me ha contado que vino a trabajar a Taunton tras haber estado trabajando en Londres como jardinero en el parque de Hampstead Heath.
                                Lo despidieron y decidió ir a otra ciudad a buscar trabajo. Me explica que no encontraba trabajo en España, pese a que estuvo pateándose las calles de todo el país buscando un trabajo.
                               Carlos es natural de una ciudad llamada Aspe, en la provincia de Alicante. He buscado información en Internet sobre esa ciudad.
                                Carlos y yo empezamos a salir juntos hace unas semanas. Tanto él como yo vivimos de alquiler en el mismo edificio, enfrente de Vivary Park.
                                Este parque se ha convertido en nuestro lugar favorito para encontrarnos. No ganamos mucho dinero ni él poniendo mesas y sirviendo platos ni yo preparando dichos platos.
-Al menos, venir aquí es gratis-me dice con su inglés aprendido mientras paseamos alrededor de la fuente.
-Respirar es gratis-sonrío-Hasta que lo prohíban.
-¡No creo que caiga esa breva!
                              Carlos me enseña a hablar español. Yo, a mi vez, le ayudo a perfeccionar su inglés. Se le da mal el inglés y no duda en admitirlo.
-¡Me cuesta trabajo entender los pedidos!-se lamenta cuando entra en la cocina con la bandeja cuando se equivoca.
                              Alex no entiende que Carlos y yo estemos saliendo juntos. Me pregunta, con horror, si es que vamos en serio. La verdad es que no lo sé. Sólo sé que Carlos me gusta mucho.
                             Y también sé que yo le gusto a él. Queremos disfrutar de este momento mientras dure.
                            No sólo nos hemos besado.
                            También he pasado la noche entre sus brazos. Abrazada a él...
                            ¡Qué cursi me he puesto! Mi problema es que he leído demasiada novela romántica. Sé que Carlos no se parece en nada al millonario con el que sueño. Con el que Alex sueña.
                             Pero he de reconocer que besa bien.
                            Al menos, me besa como se supone que un tío ha de besar a la mujer que le gusta.
                            Lo que me jode (con perdón de la palabra) es que hable mucho de su ex novia, de Macarena. No conozco a esa tía, pero me cae mal. Macarena es, según me ha contado Carlos, una pija. Estuvieron saliendo durante mucho tiempo y todavía desconozco quién dejó a quién.
                           Me repatea que me cuente cómo se la chupaba. O cómo le comía las tetas.
                           Tiene una forma de hablar un tanto brusca. Pero me asusta, por el tono de voz que utiliza, que todavía siga enamorado de ella. No es problema de Carlos. Todos los tíos que conozco suelen expresarse así. Incluso, los pocos pijos con pasta que he conocido. No sé qué pensar.



                                 Puede que a Carlos le guste yo. Pero también sigue sintiendo algo muy fuerte por Macarena. O, al menos, eso creo.
                                 Sólo sé que me gusta que me acaricie con las manos. Los besos que me da.
                                Puede que no sea amor verdadero. Puede que sólo sea una mera atracción física. Pero, al menos, disfruto estando con él.
                                Abrazándole.
                               Eso es algo.

FIN

viernes, 6 de noviembre de 2015

LO QUE NO ES EL AMOR

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo relato corto.
Espero que os guste. Más que un relato romántico, es un relato de corte sentimental y dramático
Espero que os guste.
Se titula Lo que no es el amor. Y, aunque transcurre en un periodo de tiempo un poco más reciente, es de época.

LO NO QUE ES EL AMOR

                              El año 1950 está a punto de finalizar. 
                              Vivo en la tranquila islita de Iffley Meadows. 
                              ¡Qué curiosa es la vida! 
                              Me asomo por la ventana de mi habitación. No puedo quejarme de la vida que llevo. Lo cierto es que transcurre sin sobresaltos. 
                               Hace unos seis meses que me casé. Todas mis amigas se quejaron cuando les conté que iba a casarme. 
                               Mi marido llega a casa por las noches. Durante el día, me dedico a hacer lo que me está permitido, en teoría. Me meto en la cocina a preparar toda clase de dulces. Leo libros de cocina con frecuencia. 
                               No recibo muchas visitas de las vecinas. De hecho, tengo la sensación de que soy una extraña. Nací en la ciudad de Oxford. Pasé allí toda mi niñez y toda mi adolescencia. En estos momentos, acabo de cumplir veinte años. 
-¿De verdad eres feliz?-me pregunta una de mis primas cuando me telefonea. 
                             El nombre de mi prima es Eve. Yo me llamo Karen. 
-Soy una mujer feliz con el hombre con el que me he casado-le respondo-Te lo digo en serio. 
-No se te ve nada contenta-observa Eve. 
-Hazme caso. 
                            Los recuerdos acuden a mi mente. Recuerdo ir a casa de Eve. Sentarme con ella a la mesa del comedor. Dar cuenta cada una de una taza de té. Las dos hablamos durante horas. Nos reímos a carcajadas. 
                             Aquel hombre apareció de pronto en mi vida. Apenas lo conocía cuando me casé con él. Hay quién dirá que pequé de impulsiva. Siempre he sido muy impulsiva. 
                             Me besó cuando estábamos paseando por High Street y yo pensé que había encontrado al hombre de mi vida. 
                              Algunos domingos, mi marido alquila una barca. Damos un paseo por el río Támesis. No me pregunta, ni siquiera en esos momentos, cómo me ha ido el día. Pero me siento obligada a preguntarle cómo le ha ido el día a él. Otras veces, guardamos silencio mientras el barquero silba. 
                              Ha empezado a llover. 
                             Escribo estas líneas en mi diario. Fue Eve la que me regaló este diario hace unos años. Miro las anotaciones que hice años antes, cuando finalizó la guerra. Intentaba mirar hacia el futuro con gran optimismo. 
                            Las gotas de lluvia golpean los cristales de la ventana de mi habitación. 
                            Escucho cómo el viento azota los árboles. Siento cómo las lágrimas ruedan sin control por mis mejillas. ¿De verdad soy feliz en mi matrimonio? Recuerdo una frase que me dijo Eve cuando anuncié que me iba a casar. 
-Te casas porque piensas que te vas a quedar soltera-afirmó. 
                          Ignoré aquel comentario. Ahora, pienso que Eve tiene razón. 
                         ¿Qué debe de ser el amor? El amor tiene que ser compañerismo en una pareja. Necesito sentir que mi marido me apoya. Que se preocupa por mí. Pero no me quiere escuchar cuando deseo contarle algo. Como que me siento asfixiada sin poder salir de esta casa. Que siento que valgo más que para elaborar dulces. 


                                 Después de cenar, nos quedamos un rato en el saloncito de nuestra casa. Mi marido acostumbra a fumar en pipa. He llegado a odiar el olor que deja su pipa en el saloncito. Se dedica a leer The Times mientras está sentado en un sillón. Yo permanezco sentada en el otro sillón. Me dedico a coser. O a bordar. O a tejer. 
-¡Me alegro de que las cosas vayan mejor!-exclama mi marido-Inglaterra está demostrando que puede salir de otra guerra. ¡Somos una gran nación! 
                              Cuando entra en casa, me da un beso corto en los labios. 
                              Yo tengo que contener las ganas que tengo de ponerme a gritar. 
-Me alegro-murmuro con desgana. 
                              De momento, no me he quedado embarazada. ¡Ojala no tenga nunca hijos! Soy hija única. No tengo hermanos. 
                            Mi padre nació en Nueva York. Pero llegó hace unos años a Inglaterra. Toda su familia había muerto en el naufragio del Titanic. Es lo que me han contado. 
                            También me han contado que mi bisabuelo era un proxeneta del East End. ¡Toda una joya! Mi padre es hijo único y ha tardado mucho tiempo en casarse. Parece más mi abuelo que mi padre. 
                           No sé el porqué estoy contando esto. 
                           Quizás, se deba a que necesito desahogarme. 
                           No tengo amigas en esta tranquila islita. Reconozco que el lugar en el que vivo es muy bonito. Me gustaría quedarme aquí para siempre. Hay pocos vecinos y yo detesto las aglomeraciones. En ese aspecto, no tengo quejas. 
                           Ayer, estuve en el jardín. 
-¡Ya están floreciendo los iris que planté hace unas semanas!-le conté a mi marido. 
-Querida, no me cuentes nada-me cortó él-Me duele mucho la cabeza. Ha sido un día de locos. 
-Lo siento. 
                          Cuando estoy en la cama y él me estrecha entre sus brazos para besarme con ardor no siento nada. 
                          Tengo una criada que me ayuda a limpiar la casa. Un jardinero se encarga de arreglar el jardín dos veces por semana. La mayor parte del tiempo no sé qué hacer. 
                            Sólo espero a que mi marido aparezca y me dé un beso suave en los labios a modo de saludo. 
                            Me siento frustrada. 
                            He empezado a vestir igual que una anciana. Ya se han terminado para mí vestir con colores alegres. Debo de llevar mi cabello recogido en un moño. 
                           Mi marido me da un beso suave en los labios cuando se marcha a trabajar. ¿Trabaja? ¿En serio está trabajando? Ya no salimos juntos a ningún sitio. Él se va con sus amigos varias noches a la semana. Viene tarde. También viene borracho. Prefiero no contar lo que hace en esas noches. 
                          Tengo que aprender a vivir esta vida. Tengo que aprender a intentar llevarme bien con mi marido. De momento, estoy haciendo lo que se espera que haga una mujer casada. 
                           Me digo a mí misma que las cosas pueden cambiar a mejor. Mi marido acabará convirtiéndose en el hombre cariñoso que siempre he soñado. 
                             Pero es un hombre hosco y poco hablador. No quiere que le acompañe cuando sale con sus amigos. No quiere saber nada de lo que me pasa. Y yo siento que lo que no hay en este matrimonio es amor. No hay amor. Y me siento asfixiada. 

FIN

lunes, 2 de noviembre de 2015

LAUREN

Hola a todos.
Aquí os traigo una de mis historias.
La protagoniza un personaje de mi novela El amante de lady Margaret. Se trata de Lauren, la prima y mejor amiga de Margaret, la protagonista.
¿Qué le ocurrirá a Lauren?
¡Vamos a descubrirlo!

LAUREN

ISLA DE OSNEY, EN EL RÍO TÁMESIS, A SU PASO POR LA CIUDAD DE OXFORD, 1941

                           Odio estar en guerra, pensaba lady Lauren Morgan-Barry. 
                           Se sentía rara viviendo en aquella isla. Había pasado un año desde que su prima Margaret se casó con el heredero de la mansión que había allí, Trevor. 
                            Vivía con ellos desde entonces. La boda había sido muy sencilla. Se habían casado por el juzgado. No había sido una boda nada ostentosa. Más bien, se habían casado a toda prisa. Lauren quería otra cosa para ella. 
                            Si es que se casaba algún día. Solía dar paseos sola por aquella isla. Sabía que la calma se iba a romper en cualquier momento. 
                            La sirena seguía sonando con frecuencia. 
                            La guerra proseguía. Y ella no podía permanecer ajena a ella. A principios de aquel año, el amor llegó a la vida de Lauren. Fue algo totalmente inesperado. Cada vez que pensaba que no se iba a enamorar, Lauren sentía el deseo de echarse a llorar. Deseaba amar como su prima Margaret amaba a su marido Trevor. 
                            Les veía profundamente enamorados. ¿Por qué no había sido capaz de encontrar el amor? Escuchaba radionovelas que emitían por las tardes. Incluso, en los programas que veía en la televisión, había parejas de enamorados. 
                            Hacía algún tiempo que no iba al cine. La última película que vio fue El Mago de Oz. Por suerte, no había romanticismo alguno en aquella historia. De haber habido una historia de amor entre Dorothy y el Espantapájaros, probablemente habría salido del cine gritando. Se lo decía a Margaret mientras escuchaban la radionovela. Su prima estaba tejiendo un par de patucos de color rosa. Acababa de enterarse que estaba esperando un hijo. 
-Puede que dé a luz a una niña-le comentó a Lauren-Trevor sólo espera que nazca sano. 
                          Él estaba ilusionado desde que supo que iba a ser padre. 
                           Lauren también deseaba tener un hijo. Pero el tiempo pasaba. 
                          Entonces, aquel joven apareció en su vida. Tenía el nombre más raro que jamás había oído. Se llamaba Eros. Era oriundo de Italia. 
                          Había llegado a Inglaterra huyendo de Mussolini. Decía que era tan psicópata como lo era Hitler. Lauren sabía que Eros tenía razón. 
                           Aquel joven no se parecía en nada a los caballeros que Lauren había conocido. 
                           Venía de una familia más bien humilde. Sus padres habían trabajado en el campo. Luego, habían emigrado a la ciudad. Tenía siete hermanos. 
                            Él era el cuarto de ellos. Eran cuatro chicos y tres chicas. Uno de sus hermanos había muerto combatiendo en la frontera con Francia. 
                            De todos los hermanos, Eros era el único que había ido a la escuela. Sabía contar. Era muy bueno con los números. Trevor lo contrató como administrador. 
                            Pocas semanas después de su boda con Margaret, el administrador de Trevor se despidió de él. Era un hombre de unos setenta años de carácter afable. Su vista se estaba resintiendo. No podía seguir trabajando. 
                          Trevor no podía pedirle que se quedara. 
                          Le dio mucha pena tener que despedirse de él. Algún tiempo después, apareció Eros. Era un joven de carácter afable y abierto. Tenía la misma edad que tenía Lauren. Los dos simpatizaron nada más conocerse. El joven hablaba con nostalgia de su familia. Lauren sabía lo que era perder a un ser querido. Había llorado la muerte de sus padres. Cuando era pequeña, murió su hermana pequeña, Abby. Le gustaba reunirse en el despacho para hablar con Eros. Él siempre la recibía con una sonrisa en los labios. 


                               Eros poseía un porte elegante. Hablaba el inglés de manera atropellada. Y era realmente educado. Lauren disfrutó enseñándole a hablar inglés. A cambio, él la enseñó a hablar italiano. Margaret solía bromear con su prima. 
-Cualquiera diría que estás enamorada de él-apostilló una noche. 
                            Estaban sentadas en el sofá viendo la televisión. 
                           Trevor estaba con ellas. Apagó la televisión. Iba a empezar un noticiero sobre la guerra. Margaret sufría al verlo. 
-¡No estoy enamorada de él!-afirmó Lauren-¿De dónde te has sacado tú tal afirmación?
-Siempre estáis juntos-contestó Margaret-Te gusta estar con él. Incluso, te brillan los ojos cuando hablas de él. 
-¡Apenas le entiendo cuando me habla! 
-Él te entiende cuando le hablas en italiano-intervino Trevor, sonriente-Sabes hablar muy bien su idioma. 
-Bueno...-se sonrojó Lauren-Una persona tiene derecho a saber idiomas. 
-Y Eros se distrae en cuanto te ve. Le brillan los ojos cuando le diriges la palabra. ¿No te has dado cuenta? 
                          Lauren no se creía nada de lo que Trevor y Margaret decían. En su opinión, se trataba de un simple error. ¿Cómo iba a estar enamorada de Eros? De pronto, se sorprendió así misma pensando en él. 
                          Le buscaba por toda la mansión para estar con él. Necesitaba escuchar el sonido de su voz. 
-Signorina Lauren...-le decía con cariño-No me distraiga de mi trabajo. Pero...Por usted, puedo dejar esto a un lado. 
                           Él también la buscaba por la mansión para estar con ella. La acompañaba en sus paseos por la isla. Le gustaba sentarse a su lado en el sofá para oír juntos la radio. O para ver la televisión. Era un disparate, pensaban ambos. Venían de mundos opuestos. Pero la guerra se había empeñado en unirles. Lauren se lo dijo una tarde mientras paseaban por la orilla del río Támesis. 
                          Le preguntó si pensaba regresar a su Bérgamo natal. Sabía que Eros añoraba su hogar. 
-Usted podría regresar conmigo, signorina Lauren-le propuso-Le gustaría vivir en Bérgamo. Es una ciudad molto bella. ¿Ha paseado por la Plaza Vieja? ¿Ha visto el Palacio de la Razón?
-No los conozco-contestó Lauren.
-Yo jugaba cuando era piccolo en la Plaza Vieja con mis hermanos.
-Los echa de menos. Se le nota cuando habla.
                             Eros había considerado la idea de unirse a los partisanos. Quería luchar por liberar Italia del fascismo. No sabía lo que estaba haciendo en Inglaterra. Sentía que había cometido un error al seguir los consejos de sus padres. Ya habían perdido a un hijo en el frente. No querían perder a otro hijo. No sabía qué era lo que le retenía en aquella apartada isla inglesa. Había llegado a trabar una buena amistad con Trevor. Margaret le parecía una mujer encantadora.
                          No se iba de allí por Lauren. Lauren era quién le retenía en aquella isla. No entendía cómo una joven como ella todavía seguía soltera.
                           Era algo que escapaba a su entendimiento. Era encantadora. En todos los aspectos...
                           No entendía el porqué seguía soltera. Todas sus hermanas estaban casadas. Dos de ellas ya eran madres.
                           Pero Lauren todavía no se había casado. Hablando con Margaret, Eros se enteró de que Lauren nunca antes había estado enamorada. ¿Y qué le ocurría a él?
                           Me he enamorado de ella, pensó.
                           Aquel pensamiento pasó por su mente de manera espontánea. Pero había nacido de su corazón. Le hizo apartar la vista del libro de cuentas que estaba revisando.
-¿Qué ocurre?-le preguntó Trevor.
-No me ocurre nada, signor-respondió Eros-Sólo estaba pensando en la signorina. 
-¿Te gusta la prima de mi mujer? No lo niegues. Existe una gran complicidad entre vosotros.
-¡Es una locura! ¡No podría ocurrir nada entre nosotros!
-Los tiempos han cambiado. La gente quiere vivir porque tiene miedo a morir. No sabemos lo que podría ocurrir mañana.
                           Aquella tarde, la sirena sonó más cerca. Los silbidos de las bombas que lanzaban los aviones alemanes eran cada vez más cercanos.
                            Trevor abrazó a Margaret cuando llegaron al sótano.
                            Lauren estaba histérica. Lo único que hacía era gritar y llorar de pura desesperación. Estaba convencida de que las bombas iban a caer sobre la mansión. ¡Iban a morir todos!
-¡No va a pasar nada de eso, signorina!-le prometió Eros, desesperado-¡Créame!
                            Y la abrazó con fuerza.
                             Algo entre ellos cambió a partir de aquel momento.
                             Lauren no supo qué era lo que había pasado exactamente entre Eros y ella. Aquel joven la había consolado cuando más asustada estaba. Le había dado valor para enfrentarse a una situación difícil. Dejó de llorar en cuanto él le habló. Dejó de sentir miedo. Eros estaba cerca de ella. Nunca le dejaría sola. A pesar de que, antes o después, debía de volver a Bérgamo.
                            Todo se precipitó una tarde.



                             Eros se atrevió a besar a Lauren en los labios por primera vez. Ella correspondió a aquel beso poniendo todo su corazón en él.
                              Estaban en el jardín cuando ocurrió. Lauren le estaba enseñando unas margaritas que había plantado tiempo atrás. Ya habían florecido.
                               Vio a Lauren tan radiante que Eros se olvidó de todo.
                               Una tarde, mientras daban un paseo por la orilla del río Támesis, Eros decidió dar un paso más.
-Me he enamorado de usted, signorina-le confesó con dulzura.
-Quiero que sepa que correspondo a sus sentimientos-le confió Lauren, ruborizada.
                                Eros le cogió la mano y se la besó.
                                Había visto en varias ocasiones a Trevor besar la mano de Margaret.
-Me gustaría que se viniera conmigo a Bérgamo-prosiguió el joven, emocionado-Cuando acabe esta guerra. No sé cuándo ocurrirá. Pero no debe de durar más tiempo. Todos estamos sufriendo mucho. De algún modo, todo ha cambiado.
-Tienes razón-admitió Lauren, atreviéndose a tutearle por primera vez-Todo ha cambiado. Y me gusta que nada siga igual.
                              Eros apretó con suavidad la mano de la joven.
                               Su boca buscó la boca de ella. Los dos se fundieron en un beso largo y profundo. Un beso que estaba cargado de amor y de esperanza a la vez.
                                Fue a la noche siguiente cuando Lauren se armó de valor y fue a la habitación de Eros.
                                Los dos yacieron sobre la cama del joven.
                                Lauren se entregó a Eros.
                                Se sintió protegida al estar entre sus brazos. Le devolvió a Eros todos los besos cargados de pasión que él le dio. Le devolvió todas las caricias que recibió de sus manos y de sus labios.
                                 A partir de aquella noche, Lauren iba al cuarto de Eros.
                                 Disfrutaba al sentir cómo él besaba con arrebato su cuello.
                                 Los dos sabían que la guerra terminaría antes o después y vivían con aquella esperanza. Una esperanza que iba unida al amor que ambos se profesaban.

FIN


jueves, 29 de octubre de 2015

SILENCIO

Hola a todos.
Me he animado a terminar este relato que tenía abandonado.
Lo que me ha salido ha sido un relato más bien cortito, pero tiene un gran componente romántico. Y es de época, por supuesto.
Se titula Silencio. 
Deseo de corazón que os guste.

SILENCIO

ISLA DE FIDDLER, EN EL RÍO TÁMESIS, A SU PASO POR OXFORD, 1800

                              Mis padres, en lugar de contratar una institutriz para que me educara, contrataron a un preceptor. 
                              Estoy a punto de cumplir dieciocho años. He de viajar a Londres en unas semanas, cuando pasen las Navidades, ya que voy a tener mi puesta de largo. Dejaré de verle. Y eso me destroza el corazón. 
                             No quiero irme de aquí. 
                             Pero todo el mundo me recuerda que soy una dama. Y que debo de comportarme como se espera de mí. 
                              Me ha inculcado todo el amor que le profesa a los libros. 
                              Lo que más me aterra es que dejaré de verle. Ya no podré escuchar su voz ronca y profunda mientras me da lecciones de Historia. Ya no volveré a ver su figura alta y esbelta entrando en la biblioteca, donde recibo mis lecciones. 
-La noto distraída, milady-me ha comentado esta mañana-¿En qué piensa?
-Estaba pensando en mi puesta de largo-le respondo. 
                             Estoy mintiendo. 
-Debe de estar muy contenta-afirma-Va a dar un paso muy importante. 
-Tiene razón-asiento. 
                             Mi padre es un baronet. Sin embargo, es un hombre muy rico. Me ha comentado mi doncella que mi dote es bastante elevada. De mi preceptor sé que viene de una familia más bien pobre. Su padre es un sencillo campesino. Es el mayor de cinco hermanos. Tiene dos hermanos y dos hermanas. Se nota que les echa de menos. 
                            Es el único de la familia que ha podido estudiar. Ha estudiado en Eton, nada menos. 
                            Yo era una adolescente cuando entró a trabajar en mi casa dándome clases. Mi institutriz había muerto tras una larga y penosa enfermedad. Era una mujer agradable, pero solía decir que una dama no debía de leer. 
                              Yo lo creí hasta que le conocí a él. Empecé a leer todos los libros que mi padre tiene en la biblioteca. 
                             No sé en qué momento empecé a enamorarme de él. Sólo soy consciente de que él está en mis sueños. Quiero irme a la cama pronto para poder soñar con él. 
                          Mi corazón late a gran velocidad cuando estoy a su lado. En ocasiones, cuando me está dando clases de Matemáticas, se confunde. 
-Ahora, es usted el que está distraído-le sonrío. 
-No es nada-me asegura. 
-No me mienta, profesor. 
                            Él me sonríe. ¡Tiene una sonrisa tan deslumbrante! 
                            Me es imposible no amarle. Siempre está alegre. Es amable con todo el mundo. Se ha hecho amigo de mi padre. Se ha hecho amigo de todos los criados que tenemos. Adora vivir en esta isla. Me lo cuenta mientras damos un paseo por la isla. 
-No me gusta nada el barullo que hay en Londres-me explica-Hay demasiada gente allí. 
                           Nunca he estado en Londres. Me han hablado de esa ciudad. Algunas de mis amigas han tenido ya su puesta de largo. Otras de mis amigas han estado en Bath. Nunca he estado en Bath. 
                            Me cuentan maravillas sobre las dos ciudades. Sin embargo, no estoy entusiasmada con mi puesta de largo. 
                           Mi madre ha encargado un vestuario nuevo para mí. Dentro de unos días, recibiré los nuevos vestidos que ha cosido para mí una conocida modista de Oxford. 
                           Yo sufro al pensar en que no volveré a ver a mi preceptor. No quiero llorar. Como sin ganas. Sólo quiero estar con él. 
                            Una tarde, alza su mano para acariciar mi mejilla porque, según él, me ve triste. 
                            Un agradable escalofrío recorre mi columna vertebral. 


-Lo siento-se excusa. 
-No ha pasado nada-le aseguro. 
-No piense mal de mí, milady. Sólo quería darle ánimos. No se enfade conmigo. ¡Se lo ruego!
-No estoy enfadada con usted, profesor. Sigo teniéndole en muy alta estima. Es usted un excelente profesor. Y estoy convencida de que va a llegar muy lejos, si se lo propone. 
                             Me doy cuenta de que estoy temblando. Pero él también está temblando. Me percato de que está más delgado. 
                             Estamos en el jardín. 
-Usted se casará con un aristócrata rico-me augura-Y tendrá muchos hijos con él. 
-No quiero casarme con alguien así-le confieso-No quiero convertirme en una cornuda. 
                            Me animo y le doy un beso en la mejilla. 
                            Veo cómo se pone rojo. 
                            Su corazón late a gran velocidad. Puedo escuchar los latidos de su corazón. 
                            Él me besa en la frente. 
                            Veo profundas sombras alrededor de sus ojos. 
-Milady...-balbucea-Yo...
                            Tengo la sensación de que me quiere contar algo. Pero no se atreve. 
                            Los criados hablan del extraño comportamiento de mi preceptor. Es verdad que acude a la taberna que hay en la isla todas las noches. Vuelve a casa completamente borracho. 
                            Los criados hablan de que podría padecer mal de amores. Yo no quiero pensar que el hombre que amo pueda estar con otras mujeres. El sólo pensar en eso me destroza el corazón. 
                            Mamá, mientras, sigue hablándome de los hombres que conoceré en Londres. 
                            Mi amor por mi preceptor debe de seguir siendo un secreto. No debe de saber lo que siento por él. He de olvidarle. 
                           Además, es posible que haya otra mujer en su vida. Me pregunto quién será ella. 
                           Me imagino cómo es. Debe de ser una de las criadas. Debe de ser una mujer casada que viva en la isla. 
                           Debe de ser una joven soltera que viva en la isla. Es una mujer que le ha robado el sueño. No debe de corresponder al amor que siente por ella. Su mirada es vidriosa cuando se posa en mí mientras paseamos. Su voz tiembla cuando me da las lecciones. Siento un odio terrible hacia esa mujer. Le ha robado el corazón. ¡Y ni siquiera es consciente de lo maravilloso que es! 
                          He intentado hablar con él en varias ocasiones acerca de esa mujer. Pero él no quiere contarme nada. Se encierra en un silencio similar al que yo vivo. 
                           Odio el silencio. Cuando estoy con mis padres, apenas hablamos. Ni siquiera hablan entre ellos. 
                           Los días pasan. Yo sigo con mis lecciones con él por las mañanas. Por las tardes, voy a visitar a alguna amiga. O alguna de mis amigas viene a verme a mi casa. O estoy cosiendo mi ajuar de boda. 
                          Pero él está viviendo en esta casa. Dice el ama de llaves que le ha oído llorar. 
                          Siento el deseo de echarme a llorar. Sé que su llanto es por esa maldita mujer. Me dan ganas de matarla. ¡Pero no sé quién es! 
                         ¿Es normal odiar tanto a alguien que no he visto nunca? No sé cómo se llama. No sé dónde vive. No sé el porqué sufro tanto. 
                         Porque le veo a él sufrir. 


-Profesor...-le abordo una tarde. 
-La noto muy distraída en la lección de Geografía-me regaña suavemente. 
-No soy yo la que está distraída. Es usted. 
-¿Y qué me pasa a mí?
-Los criados hablan. Les he oído decir que usted padece mal de amores. ¿Puedo averiguar quién es ella? 
-¡No! ¡No puede saberlo! 
                       Le cojo la mano. Siento cómo él me aprieta con suavidad mis dedos. 
-¿La conozco?-le pregunto. 
                        Clava sus ojos inyectados en sangre en mis ojos. Su mirada refleja el tormento por el que está pasando. 
                        Aprieta con más fuerza mis dedos y me hace daño, pero pienso que puede hallar cierto consuelo ese gesto. 
                         Empieza a hablar. Me dice que yo soy su alumna. Que estoy a punto de entrar en sociedad. Que puedo hacer una buena boda.
                         Le interrumpo dándole un beso en la mejilla.
-¡Yo no quiero nada de eso!-le confieso y mi voz sale como un grito desgarrador de mi garganta.
-¡No puede estar hablando en serio, milady!-exclama y su voz sale igual de desgarradora.
                        Acuna mi rostro entre sus manos.
                        Está temblando. Sólo en ese momento soy consciente de que mi amor es correspondido. La mujer por la que mi preceptor está sufriendo soy yo. Está enamorado de mí. Y yo...¡Yo estoy enamorada de él!
                         ¿Qué va a ser de nosotros? Es una pregunta que me ronda la mente.
                          Entonces, sus labios se posan sobre los míos y me roba mi primer beso de amor.
                          Esta noche, los dos yacemos desnudos a la orilla del río Támesis. Sobre la hierba...Nos hemos encontrado a escondidas. Nadie sabe que he salido de casa a medianoche. Le he visto. Nos pertenecemos el uno al otro.
                          Nos hemos fundido en un apasionado beso nada más vernos.
                          ¡Es una locura!
                          Ya desnudos, volvemos a besarnos con más ardor. Besa mi cuello con deleite. Chupa mis pezones con sensualidad.
                           Despierta en mí sensaciones desconocidas. Placer...Deseo...
                           Mi cabeza reposa sobre su hombro mientras me dice que piensa venir mañana por la tarde. Quiere hablar con mi padre. Quiere explicarle lo que hay entre nosotros.
-Quiero que nos casemos-afirma con determinación-Quiero pasar el resto de mi vida a tu lado.
                           Mi corazón estalla de júbilo mientras él recorre con los labios cada centímetro de mi piel. Muerde. Lame. Chupa. Besa. Acaricia con la lengua.
                           Le siento, finalmente, mío. Y yo soy suya.

FIN

lunes, 26 de octubre de 2015

RETO HALLOWEEN: "UN ALMA ATORMENTADA"

Hola a todos.
Sé que hace días que prometí que iba a subir el relato para el reto de Halloween que organiza el blog "Acompáñame". Pero se me atascaba el relato y no podía subirlo.
Finalmente, revisando entre mis viejos relatos sin terminar, hice lo mismo que hice el año pasado con El fantasma del toro. Aprovechar el reto para terminar un relato que ya iba tocando.
Aquí os dejo con el relato con el que participo en el reto. Espero que os guste.

UN ALMA ATORMENTADA

                                   Han pasado unos cuantos años desde mi muerte. Estamos en el Año de Nuestro Señor 1812.
                                   Lady Patricia Peyton ha oído hablar mucho sobre mí. Es la hija de un baronet.
                                  Mi nombre es Belinda. Mi vida no ha sido nada fácil. Perdí a mis padres cuando era muy pequeña. Luego, pasé al cuidado de un amigo de mi padre.
                                  Mi familia era más bien pobre. El amigo de mi padre era un hombre rico. Cuando llegué a la adolescencia, entré a trabajar como criada en su casa. No se preocupó de enviarme a un internado. No sé leer. No sé escribir.
                                  Ningún miembro de mi familia quiso ocuparse de mí. Aquel hombre me trataba con sumo desdén hasta que crecí.
                                  Pero tuvo que violarme. Entró una mañana en la cocina mientras yo estaba preparando el desayuno y empezó a besarme a la fuerza. Juro que intenté defenderme. Que le arañé. Pero él empezó a pegarme. Nunca antes he estado tan asustada. Me volví loca cuando me di cuenta de lo que me había hecho. Estaba sangrando mucho y me dolía todo el cuerpo.
                               Lo peor vino cuando supe que iba a tener un hijo de aquel malnacido.
                               Morí cuando traje a mi pequeño al mundo. Lo último que escuché fue su llanto cuando nació. Fue un parto terrible. Yo me había ido de la casa de aquel miserable. Ni siquiera llegó a saber que iba a tener un hijo fruto de la violación de la que fui víctima por su parte. Tenía diecisiete años en el momento de mi muerte.
                                Mi hijo tiene la misma edad que yo tenía en el momento de mi muerte. Fue a parar a un orfanato. De allí, ha empezado a trabajar en la casa de los Peyton. Esta casa solariega se encuentra en Cripley Meadow. Lady Patricia es menor que él un año.
                              Desde donde estoy, puedo ver perfectamente lo que está pasando. Sé que le pusieron en el orfanato el nombre de Nathaniel Duncan. Se parece mucho a mi padre. Y lady Patricia...¡Me recuerda tanto a mi madre! Lady Patricia es una damita encantadora.
                             Ella no puede verme. Su doncella le ha contado historias acerca de una extraña dama que se pasea de noche por el sótano. Una mujer que parece velar el sueño del joven Nathaniel Duncan.
-A lo mejor, es su ángel de la guarda-comenta Patricia, mientras su doncella cepilla su largo cabello.
-A mí me da miedo esa mujer, milady-insiste la doncella-Tiene los ojos de color rojo fuego.
                             Me han visto varios criados de los Peyton. Soy una sombra que recorre el sótano con sigilo. Puedo hacerle la vida imposible a todo aquel se meta con mi pequeño Nathaniel.
                             Pero él ya no es mi pequeño. Ha crecido mucho.
                             Soy casi invisible para los miembros de la servidumbre. Intento que él sienta mi presencia protectora. Pero parece que tiene miedo de mí.
                             Hay quién dice que me oye gritar por las noches. Pero grito de pura desesperación por lo que estoy viendo.
                              No puedo quitarme de la cabeza la imagen de Nathaniel con Patricia. ¿Cómo no me di cuenta de lo que estaba pasando?
                              No pude hacer nada cuando, hace unas noches, Nathaniel se coló en la habitación de lady Patricia.
                              Ella no tardó mucho tiempo en ponerse de pie.
                              Se acercó a él y comenzaron a besarse con tanta pasión que me quedé paralizada.
                              Los espíritus oyen. Y ven.
                              Mientras se besaban con ardor, comenzaron a desnudarse el uno a la otra.
                              Yo no sé lo que es la pasión, pero Patricia ha sido la que ha despertado una pasión intensa en Nathaniel. Él no podía dejar de besar el cuello de la hija del baronet mientras caían sobre la cama.
                               ¿Qué pude hacer yo en aquel momento? Me han dicho que parezco un ánima en pena. Dicen que mi vestido está manchado de sangre. Debí de haber hecho algo para separarles. Pero no pude hacer nada.
                              Todo lo que hicieron aquella noche no lo pude hacer yo. Patricia le entregó su virginidad con alegría a mi hijo.
                             Vi las manos de la joven hija del baronet acariciando la espalda de mi querido Nathaniel.
                              Me oyeron gritar fuera.
                             Lo que más me dolió fue la forma en la que se miraron. Nadie sabe que el uno es dueño del corazón del otro. Se han enamorado y nadie lo ha visto.
                             Patricia tiene mucha confianza con su doncella. Confianza que nace de años de peinarla. De ayudarla a vestirse. Confianza que nace de la inexperiencia de Patricia.
                             Pero sabe que no puede contarle a nadie lo que yo sé. Mi hijo acabaría en la calle y sólo Dios sabía lo que le harían a ella. O lo que el baronet le haría a mi pequeño Nathaniel.
                              La cocina acabó hecha un desastre. Mi rabia fue tal que empecé a romper todo lo que encontré a mi paso.
                              No soy violenta. Uno de los encargados del orfanato donde Nathaniel se crió osó darle un bofetón porque no supo responder correctamente a una pregunta. Nadie le hace daño a mi hijo. Al día siguiente, aquel hijo de perra acabó tirándose desde la ventana del último piso del orfanato. Murió desnucado al caer al jardín.
                           El hijo de perra que me violó también tuvo un mal final. Le ayudé a morir ahogado en el río Támesis.
                           Pero no puedo hacerle daño a Patricia. ¡A ella no! Nathaniel la ama. Él no sabe la verdad sobre sus orígenes.
                         No me he atrevido nunca a aparecerme ante él y contárselo todo.
                         Los vi besándose con pasión y con ternura a la vez de manera larga e intensa.
                         Ambos temblaban de manera violenta. Les oí susurrarse palabras llenas de amor. Se hicieron muchas promesas.
                         Les oí jadear y los recuerdos de aquella aciaga mañana acudieron a mi mente. Pero no se trataba de la misma situación.
                         Presencié cómo Nathaniel besaba una y otra vez con deleite los pechos de Patricia. Cómo ella se retorcía de gozo mientras él lamía sus pezones.
                         La vi al día siguiente en el jardín. Traté de acercarme a ella, pero fue su madre la que me vio. La cara que puso la dama al verme fue de puro terror. Mis ojos parecían querer fulminar a aquella mujer que no tenía la culpa de nada. Empezó a gritar de puro terror. Yo necesitaba desquitarme con alguien.
                        Necesitaba olvidar de mi memoria la imagen de las piernas de Patricia rodeando las caderas de mi hijo.
                         Estuvo mal lo que hicieron.
                        Él se perdió en la humedad del cuerpo de la hija del baronet. Olvidó lo que era correcto.
                         Los dos se convirtieron en un animal de cuerpo extraño. Un animal que nació de la unión de sus cuerpos.
                        Se movía con ferocidad por aquella enorme cama adoselada. Sus gritos aún resuenan en mis oídos.
                        Nathaniel bajó al sótano por la mañana. Yo estaba esperándole sentada en su estrecho jergón.
                        Una lavandera ya se había despertado. Se puso pálida al observarme. Durante unos instantes, pensé que iba a ponerse a gritar.
                        No lo hizo. En su lugar, cayó desmayada sobre su estrecho jergón.
                        El ama de llaves estaba despierta. Se nota que ha pasado mala noche.
-¿Dónde has estado?-le preguntó a Nathaniel, nada más verle-No has bajado al sótano en toda la noche.
-He estado dando un paseo-respondió él, mintiéndole.
-¿Adónde has ido?
-Ya le he dicho que he estado dando un paseo.
                       Eran mentira. Yo quería gritárselo. Pero no podía hablar.
                       Nathaniel yace todas las noches en los brazos de lady Patricia.
                       Esta noche, ella ha bajado al sótano y él la estaba esperando desnudo. La ha desnudado y su cuerpo se estremecía al verla.
                       Es una joven realmente bella. Nathaniel no sabe lo que está haciendo. Vienen de mundos distintos. Su relación no tiene futuro.
                       Patricia se ha entregado a él sin reservas.
                       Lo que hacen no es la brutalidad que cometió mi protector contra mí. Se trata de verdadero amor. De algo que yo jamás he experimentado.
                        Doy un portazo cuando están juntos.
                       Me atormenta saber que mi hijo piensa en el hermoso rostro de lady Patricia mientras realiza los recados. Debería de buscarse una esposa de su misma posición.
                       He roto varios jarrones. El baronet cree que la casa está embrujada. Habla de ir a ver al sacerdote de la zona. Quiere limpiar la casa de fantasmas. Quiere echarme de aquí. No se lo pondré tan fácil. Mi hijo vive en el sótano de esta casa. Trabaja para él.
-¿Es verdad que hay fantasmas?-le pregunta Patricia a su madre cuando entra en su gabinete.
-No lo sé, cariño-responde la dama-Mis nervios están a flor de piel. ¿Dónde están mis sales?
-La doncella ha ido a buscarlas.
-No duermo por las noches. Veo a una joven que lleva puesto un vestido manchado de sangre.
                       Se roban besos Nathaniel y Patricia en el hueco de la escalera.
                       Nadie los ve.
                       Se abrazan detrás de los árboles del jardín.
                       Él besa los pechos de Patricia cuando se cuela en su habitación.
                       Esta noche, ella ha acariciado con sus manos el cuerpo de mi hijo en toda su extensión. Ha llenado de besos su torso. Ha mordisqueado sus tetillas. He visto cómo su lengua recorría su vientre. Y se perdía. Se perdía entre sus piernas.
                     Los recuerdos de lo que me hicieron golpean mi memoria. No quiero seguir mirando.
                     No quiero ver a mi hijo besando el vientre de lady Patricia. No quiero ver cómo besa su cuello con deleite. Cómo lame sus pechos.
                       Es demasiado doloroso para mí. Porque este amor está condenado.
                     Me oyen los criados gritar. Saben que hay un espíritu viviendo en la casa solariega del baronet. Pero no saben de mi secreta desgracia.

FIN