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sábado, 26 de julio de 2014

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Hola a todos.
Hacía mucho que no subía ningún fragmento de mi relato Segundas oportunidades. 
Es otra historia que tengo algo descuidada, pero prometo ponerme a ella en cuanto pueda.
La semana que entra veremos el final, ¡por fin!, después de más de un año, de mi relato No te vayas. 
¿Triunfará el amor entre Amanda y Paul?
Lo veremos a partir de este lunes.
En el fragmento de hoy de Segundas oportunidades, Margaret está feliz porque está enamorada. Y eso se nota.

                                        Margaret estaba aquella tarde más hermosa que nunca.
                                       Sentada en el sillón, mientras bordaba un pañuelo, Edith se dio cuenta de ello.
                                       Eran las seis de la tarde. Hacía un rato que estaba lloviendo y ningún miembro de la familia pensó en salir. Tío Edwin pensó que su sobrina hacía muy buena pareja con el hijo de sus parientes. Con Jonathan...Casaría a Margaret con Jonathan y, después, le buscaría un marido a Edith.
-Veo que las cosas van muy bien entre el primo Jonathan y tú-observó Edith con un susurro-Me alegro mucho por los dos. Espero que os caséis pronto.
-¿Qué estás diciendo?-se escandalizó Margaret.
-Antes o después, os casaréis.
                                      Lo cierto era que Margaret se veía así misma casada con Jonathan. Un trueno retumbó con violencia en toda la casa. Movida por un impulso, Edith se santiguó. Le daban terror los truenos. Margaret ahogó un grito. A petición de tía Hazel, Jonathan cogió un libro y empezó a leerlo en voz alta.
                                     Miraba con disimulo a Margaret. A su vez, sentía cómo la joven no le quitaba la vista de encima. Pensaba que Margaret era la clase de joven que Abby aprobaría. Había algo en Margaret que le recordaba mucho a Abby. Estaba seguro de que serían muy felices los dos juntos.
                                    Los días que estaba pasando en la isla de Sanda estaban siendo los días más felices de su vida. No sólo era por el hecho de que se había vuelto a enamorar. Jonathan escuchó cómo las gotas de lluvia golpeaban los cristales de la ventana del salón.
-Te veo muy contento, primo-comentó Edith en voz alta.
                               Jonathan pensó que no podía pedirle nada más a la vida. Se había enamorado de Margaret y esperaba poder casarse con ella algún día. Había encontrado a su verdadera madre. Y se sentía feliz porque no había nada que perdonar. Su madre había sido una víctima. El único culpable era el salvaje que la había violado. El hombre que le había engendrado.
                                Tengo a Margaret, pensó Jonathan.
                                Salían a pasear muchas veces juntos. Edith iba con ellos como carabina.
                               Pero se despistaba con cualquier excusa. Les dejaba a solas.
                                Entonces, eran libres para besarse. Eran libres para abrazarse.
                                Eran felices.

martes, 29 de abril de 2014

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Hola a todos.
Hacía algún tiempo que no subía ningún trozo de Segundas oportunidades. 
Así que he podido hoy subir un trozo, aunque sea corto.
En esta ocasión, vamos a ver cómo Mary se arma de valor cuando Jonathan va a visitarla y le cuenta la verdad.
¿Cómo reaccionará nuestro protagonista?

-Jonathan...-murmuró Mary-Hay una cosa que me gustaría decirte. Pero no sé por dónde empezar. Y tengo miedo de que se vaya a enfadar y mucho conmigo.
-¿De qué se trata?-inquirió el joven.
-Es sobre mí.
                          La visita de Jonathan pilló un tanto por sorpresa a Mary. El joven deseaba establecer un contacto más estrecho con aquella mujer tan solitaria. Le daba mucha pena verla. Intuía que algo espantoso debió de haberle pasado en su juventud.
                          Mary se dio cuenta de que estaba llorando.
-¿Se encuentra bien?-le preguntó Jonathan-¿Qué es lo que me quiere contar? Me está preocupando.
-Siéntate-respondió Mary con voz dulce-Yo he sido mala.
                         De la garganta de Mary empezaron a fluir las palabras.
                        Intentó detenerlas, pero no pudo.
                        Habló de cómo acudió a una fiesta una noche, cuando tenía veintitrés años, en compañía de su hermana Sarah.
                        De cómo salió al jardín a tomar el fresco. Y de cómo alguien emergió entre las sombras de la noche y la atacó. Mary juró que intentó defenderse, pero no pudo. Y nadie pudo oír sus gritos clamando ayuda.
-Todavía hoy le puedo sentir-contó Mary-Puedo sentir cómo rasgaba mi vestido de fiesta. Cómo me golpeaba y me tiraba del pelo. Cómo me tocaba por todas partes. Cómo me besó de un modo tan asqueroso que pensé que me iba a desmayar de asco. Me besó por toda la cara y yo lo único quería era morirme. ¡Yo no quería! ¡Juro por Dios que no quería! Le siento encima de mí. Y...Recuerdo el daño que me hizo al violarme. Me hizo tanto daño que chillé mucho. Llenó de golpes mi cuerpo al defenderme yo porque sólo quería irme de allí. Nunca antes había estado tan aterrada como aquella noche. Pero eso no fue lo peor.
                     Mary cerró los ojos y las lágrimas cayeron sin control por sus mejillas.
-Lo peor fue que aquel canalla dejó su semilla plantada en mi interior-añadió con la voz ahogada-Me quedé embarazada. ¡Y deseé morirme porque no quería llevar en mis entrañas al hijo del hombre que me había destrozado!
-¿Qué le pasó al bebé?-quiso saber Jonathan, con una sensación de sospecha entrando en su mente.
-Una amiga mía no podía ser madre. Así que, cuando le confié que estaba embarazada, se ofreció a quedarse con mi hijo. Ella y su marido lo criarían como si fueran suyo. Le dije a mis padres que mi amiga me había invitado a pasar una temporada con ella en su casa solariega. Se lo creyeron. Nunca les conté nada. ¡Me habrían repudiado! Habrían pensado que era mi culpa por salir sola al jardín sin compañía aquella maldita noche. Una vez en su casa...Los meses pasaron y yo me estaba volviendo loca al pensar que estaba gestando al hijo de un malnacido. No lo sentía como mío. Y...Una noche...Yo...Salí a buscar ruda. Deseaba sacar a mi hijo fuera de mí. ¡Yo estaba loca! No pensaba en lo que estaba haciendo.
                       Mary se dejó caer en una silla. Los recuerdos de aquella espantosa noche se agolparon en su mente.
                      Jonathan se acercó a ella con paso tambaleante. Tenía la sensación de que se iba a desmayar en cualquier momento.
-Su amiga...-balbuceó el joven-Se llama Eliza Lennon. ¿No es así?
                     ¡Por favor, Dios, que sea ella!, rezó en silencio, con el corazón latiéndole a gran velocidad.
-Sí...-murmuró Mary-Jonathan...No me odies.
                      Un nudo se formó en la garganta del joven. Después de mucho tiempo y casi sin darse cuenta, había encontrado lo que estaba buscando. A quien estaba buscando. Cayó de rodillas junto a la silla en la que estaba sentada Mary.
-Madre...-murmuró.
                        Mary, al escuchar aquella palabra, se fundió en un fuerte abrazo con su hijo. Los dos permanecieron largo rato abrazados, llorando.
                         Se separaron apenas unos centímetros.
-La culpa no fue tuya-le aseguró Jonathan-No estabas bien por la salvajada que hicieron contigo. No puedo odiarte cuando eres una víctima. Eres una víctima y no mereces que sigas sufriendo ni un instante más.
-¿Cómo puedes perdonarme?-sollozó Mary-Si yo...
-No estabas en tu sano juicio aquella noche, madre. Eso le puede pasar a cualquiera. Pero estoy bien. Estoy vivo. ¿Quién lo hizo?
-¿Por qué quieres saberlo?
-¡Para meterle dos tiros en la cabeza! Tiene que pagar por lo que te hizo. ¡Alguien debe de hacerte justicia! ¿Quién lo hizo?
-No lo sé. Estaba todo muy oscuro. No le vi la cara.
                       Mary alzó la mano y acarició con ella la mejilla de Jonathan. Volvieron a abrazarse con fuerza.
                       Mary se odió así misma por lo que acababa de contarle a Jonathan. Sí vio la cara del hombre que la violó. Sí sabía quién era él. Pero aquel hombre era peligroso. Y podía hacerle daño a Jonathan si se enteraba de la verdad.
-Tienes los ojos de color turquesa-le susurró-En mi familia, todos tenemos los ojos de color turquesa. Y otra cosa más...Tu sonrisa...Sonríes igual que tu tía Sarah, mi hermana.

miércoles, 9 de abril de 2014

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Hola a todos.
¡Por fin!
He podido escribir un trozo de mi blog novela Segundas oportunidades. 
Tenía ganas de avanzar, aunque sólo fuera un poco, en esta historia, y, ¡al fin!, he logrado escribir un fragmento.
En este fragmento, la relación entre Jonathan y Margaret prosigue su curso. El joven va a visitar a Mary sin sospechar el parentesco que les une. Sin embargo, Eve, una de las mejores amigas de Edith, entrará en escena. ¿Será capaz de meter cizaña entre ellos?

                        Mary vertió té en la taza de Jonathan.
-Me alegro muchísimo de que hayas venido a verme-le dijo la mujer.
                       Tomó asiento junto a él a la mesa.
                       Jonathan había sentido aquella tarde el fuerte impulso de ir a visitar a Mary. La actitud de la mujer desde el día en el que le devolvió el cántaro había variado. Antes, parecía querer huir de él. Ahora, era bien recibido en su casa.
-¿Qué está haciendo usted en este lugar?-inquirió Jonathan-Por favor, no se ofenda por mi pregunta.
-Necesitaba estar sola-contestó Mary.
-Yo también quería estar solo. Mi esposa falleció y pensé que me moriría con ella. Fue muy duro.
-¿Has estado casado?
                       Mary pensó que, a lo mejor, Jonathan tendría hijos. Sus nietos...
                       La ilusión duró poco.
-¿Tienes hijos?-indagó.
                        Jonathan respondió meneando la cabeza en sentido negativo.
                       Abby y él habían deseado tener muchos hijos. Pero los niños nunca llegaron. Jonathan creía que él era estéril.
-¿Por qué dices eso?-se extrañó Mary.
                        Jonathan suspiró con gesto cansado. No se atrevía a contarle a aquella mujer tan bondadosa las espeluznantes circunstancias en las que había sido concebido y la forma tan horrible en la que vino al mundo.
-Abby siempre gozó de una salud de hierro y sus padres adoptivos decían que podía parir una docena de hijos, si así lo quería-contestó Jonathan-Supongo que debió de ser culpa mía la ausencia de hijos. Además... Eso no importa.
                       Tampoco quería entrar en detalles acerca de cómo era la vida íntima en su matrimonio. Abby era una joven muy decente y pudorosa que le tenía cierto pánico al contacto físico con él.
-Eres un joven muy apuesto y sospecho que también muy noble-observó Mary-Antes o después, encontrarás a otra mujer. Aunque suene duro. Pero deberías de darle otra oportunidad al amor.
-Eso es lo que estoy haciendo-le confesó Jonathan.
                       Entonces, le habló a Mary de su relación con Margaret. Con la sobrina de los primos de sus padres adoptivos...
-¿Estás enamorado de ella?-le preguntó Margaret.
-He llegado a quererla mucho-respondió Jonathan.
                       Todo lo que le estaba contando era verdad. Margaret era una persona muy importante en su vida. Sentía cosas que nunca antes había sentido con Abby. Le embargaba un fuerte deseo de tenerla entre sus brazos. De hacerle cosas que jamás se había atrevido a hacer con Abby porque ella no lo habría querido. Veía el fuego de la pasión reflejado en los ojos de Margaret.
-Ten mucho cuidado, Jonathan-le exhortó Mary-Es fácil confundir el deseo y el cariño fraternal con el amor verdadero.
-Yo nunca le haría daño a Margaret-le aseguró el joven.
-Eso espero.

                         Al salir de la casa de Mary, Jonathan decidió dar un paseo antes de regresar hasta el hogar de los Hollins. Hacía una tarde soleada.
                        De pronto, Jonathan escuchó una voz que le llamaba.
-¡Señor Lennon!-le gritó una voz.
                       Al principio, Jonathan no reconoció aquella voz. Pertenecía a una joven.
                      Pero no era la voz de Margaret. Y tampoco era la voz de Edith.
                      Se giró y vio a Eve Kipling, que se dirigía a toda prisa hacia él.
-¡Menos mal que le encuentro!-exclamó la joven al llegar a su altura.
                       Jonathan la saludó depositando un beso en su mano.



-Celebro verla de nuevo, señorita Kipling-le dijo.
-He tenido un problema espantoso y espero que usted me lo solucione-le contó Eve.
-¿De qué se trata?
-He venido a visitar a Edie. Sin embargo, mi doncella se ha sentido indispuesta y me ha dejado sola en el embarcadero. Ha tenido que volver a casa una vez aquí.
-Lo siento mucho. Yo puedo acompañarla a su casa, si así lo deseo.
-¡Oh, se lo agradezco de veras!

                       Jonathan acompañó a Eve hasta la casa de los Hollins.
                       El mayordomo le abrió la puerta a la joven. Jonathan decidió quedarse un rato paseando por el jardín. Se agachó para coger una flor que estaba creciendo entre la hierba.

 

                     Se sobresaltó cuando se percató de que había alguien más con él en el jardín. Era Margaret.
-Ya has regresado-comentó la joven.
-He ido a ver a Mary-le contó Jonathan.
-Eres capaz de hacer salir de su encierro hasta a una ermitaña. Nunca la he visto relacionarse con alguien de la isla. Eres especial.
                      Los labios de ambos se encontraron en un beso cargado de calidez. Un beso lleno de ternura...Un beso lleno de pasión...
                     Dieron un paseo por el jardín. Jonathan quería hablar con los tíos de Margaret.
-Deseo hacer las cosas bien-le expuso a la joven.
                      También quería escribirle una carta a sus padres adoptivos.
-Siento que todo está pasando muy deprisa-sonrió Margaret-¡Y que estoy soñando!
                       Se echó a reír. Jonathan la abrazó y los dos giraron sobre sí mismos.
-No estás soñando-le aseguró-¡Esto es real!
                       Llenó de besos la cara de Margaret.
-¡Debo de contárselo a Lucy!-exclamó la joven, muy contenta.
                    Su hermana no sabría qué pensar. Le diría que estaba loca por haberse enamorado de un joven al que casi no conocía. O, a lo mejor, le diría que se alegraba por ella. Lucy era muy desdichada en su matrimonio. No quería que Margaret corriera su misma suerte. Jonathan la besó de lleno en los labios.
-Deseo conocer a tu hermana-le confesó.
-Le escribiré una carta pidiéndole que venga a la isla-decidió Margaret-Pero, antes, he de hablarlo con mi tío.
-Está bien.
-¡Estoy segura de que no pondrá impedimentos a que Lucy venga a verme!
-Y yo estoy seguro de que me caerá bien.
-¡Te adorará en cuanto te vea!



                        Tuvieron que separarse cuando Eve abandonó la casa de los Hollins.
-¿Me estaba esperando en el jardín, señor Lennon?-le preguntó acercándose a él con una sonrisa radiante-Es muy amable por su parte.
                        Margaret miró a Jonathan extrañada.
-Le he prometido a la señorita Kipling acompañarla a su casa-le contó-Ha venido sola a visitar a tu prima porque su doncella se ha sentido mal.
-Pero volverá a casa enseguida-le aseguró Eve a Margaret-Me siento muy halagada de tener durante un rato a este gallardo joven sólo para mí.
                        Se echó a reír.
                        Margaret quiso pensar que Eve estaba bromeando. Pero un escalofrío recorrió su columna vertebral. Vio a Jonathan y a Eve salir del jardín.
                       Sintió una dolorosa punzada dentro de su pecho. Parecía que Eve iba a colgarse del brazo de Jonathan en cualquier momento. Se dijo así misma que no debía de sentir celos. Después de todo, Eve casi no conocía a Jonathan. No podía sentir nada por él.
                       Margaret se percató de que no estaba sola en el jardín. Edith estaba a su lado. Se daba cuenta de que su prima parecía estar sufriendo un ataque silencioso de celos. Rodeó los hombros de Margaret con su brazo. En silencio, intentó animarla y consolarla.

viernes, 24 de enero de 2014

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Hola a todos.
Después de haber estado desde el lunes sin pasarme por aquí, retomo mi novela Segundas oportunidades. 
En este fragmento, veremos cómo Jonathan habla con Edith y aclara algunas cosas.
Este episodio se lo dedico a nuestra buena amiga Judith Álvarez, más conocida como Citu. No está pasando por un buen momento y es una incondicional de la pareja Jonathan-Margaret. Le dedico a ella el momento en el que Jonathan se aclara.
Aunque...¡Mejor será que no siga hablando!
Espero que os guste.

                        Jonathan encontró a Edith al día siguiente en el salón. La joven se encontraba sola. Sin embargo, Jonathan escuchó a Margaret en su habitación corriendo la silla de su escritorio.
-Tenemos que hablar-le dijo a Edith.
-¿De qué se trata?-inquirió la chica.
                    Jonathan se sentó a su lado, en el sofá. Edith estaba bordando un pañuelo.
-Es sobre lo que pasó en la biblioteca-contestó Jonathan-Ya sé que no pasó nada. Pero noté que había algo raro en el ambiente. Y he de aclarar algunas cosas. Lo último que quiero es hacerte daño, Edie.
                     La chica dejó de bordar. Había llegado el momento de dejar atrás sus sueños de la niñez.
-Ya lo sé-admitió.
                      Respiró hondo.
                     Jonathan pensó de nuevo en Abby. Su hermosa esposa siempre formaría parte de su vida y la querría por siempre. Recordaría su esbelto cuerpo. Lo alta que era. Su cabello largo y rojo que caía de manera desordenada por su espalda. Sus hermosos ojos de color verde.
-Cuéntamelo-le pidió Edith-Sigo siendo tu amiga.
-Siento algo muy fuerte por tu prima Margaret-se sinceró Jonathan-He decidido cortejarla. Quiero casarme con ella si este sentimiento persiste. He sentido algunas dudas porque una parte de mí sigue amando a Abby. Pero siento que es hora de dejar atrás el pasado.
-La quieres. Formará parte de tu vida. Tienes miedo de que mi prima Meg no lo entienda.
                     Jonathan asintió.
                    Edith parecía entender todo lo que Jonathan le estaba diciendo.
-Pues yo creo que sí que lo va a entender-le aseguró.
                     Edith le dedicó una sonrisa. Posó su mano sobre la mano de Jonathan. El joven se dio cuenta de Edith tenía la mano helada.
                      La sonrisa de la muchacha era radiante.
                      Como de costumbre, llevaba su cabello rubio recogido en un moño. El cuello de Edith era largo, cual cuello de cisne. Jonathan pensó que su joven prima acabaría atrayendo las miradas de muchos caballeros con su rubia belleza.
-Quiero que sepas que mereces ser feliz-le aseguró-Nunca te conforme con menos. Mereces amar y mereces ser amada, Edie. Y yo quiero ser también feliz. Pienso que tu prima me hará feliz.
                    Ella se llevó la mano de Jonathan a los labios. Tenía los ojos llenos de lágrimas.
-Me alegro mucho por los dos-afirmó-Meg es muy buena.
-Edie...-dijo Jonathan conmovido-Tú también eres muy buena.
                    Le dio un beso cariñoso en la mejilla.
                    Margaret descendió por la escalera en aquel momento. Se quedó de piedra al ver la escena. Tuvo la sensación de que se desmayaría. Nunca antes había sentido celos de su prima porque Edith era casi como una niña para ella. Los ojos de color azul de Edith brillaron con adoración al posarse sobre Jonathan.
                    Se acercó a ellos. No tardó en darse cuenta de que estaba sacando de contexto aquella situación. A lo mejor, Jonathan y Edith estaban recordando viejos tiempos, pensó.
-No quería interrumpiros-dijo Margaret.
-No interrumpes nada-le aseguró Edith-Sólo estábamos hablando de lo que hacíamos cuando iba a visitar Lennon Cottage.

 

                        Margaret respiró aliviada para sus adentros.
                        ¿Acaso amar a una persona significaba sentir celos de otra?, se preguntó.
-Yo os dejo-dijo Edith, recogiendo su bordado.
-¡No te vayas!-le pidió Margaret-Quédate con nosotros.
-No quiero molestaros.
                    Jonathan se sentó en un sillón.
                    Margaret se sentó en el sofá, al lado de Edith. La muchacha iba a ser su carabina aquella tarde. Era lo mejor, si no querían dar de qué hablar.
                     Los ojos de Jonathan recorrieron la silueta de Margaret. El cabello de la joven era una indomable masa de color castaño con matices rojizos. El moño que lo sujetaba amenazaba con soltársele. Se perdió en las inmensidades de sus ojos...Grandes...De pestañas largas y oscuras...Podía pasar horas mirándola a los ojos, como hacía con Abby. No debía de seguir comparando a Abby y a Margaret. Estaba mal.
                     Pero estaba su cintura. Y aquellos pechos que eran grandes.
-Iré a visitar a Eve-anunció Edith poniéndose de pie-Hace días que no nos vemos.
-Pero...-balbuceó Margaret.
                      Edith se despidió de ella dándole un beso en la mejilla.
                     Margaret la vio dirigirse al recibidor a coger su abrigo y su sombrero.
-Nos hemos quedado solos-suspiró la joven-Tía Phoebe y tío Edwin también han salido. Han ido a hacer una visita también a la isla de Sheep. Edie se encontrará allí con ellos.
-Edie y yo nos conocemos desde hace muchos años-le contó Jonathan-Y la quiero mucho.
                    Margaret guardó silencio. Entendió que Jonathan no quería a Edith de una manera pasional y carnal. La quería como si fuera su hermana.
-No estoy celosa-le aseguró.
                   Estaba mintiendo. Jonathan lo percibió en el tono de su voz.
-¿Acaso yo te he dicho algo de celos?-le sonrió.
                    Margaret se puso roja como un tomate. Jonathan acunó el rostro de la joven entre sus manos. La besó en la frente. La besó en la mejilla. La besó en la punta de la nariz.



-Estás muy guapa cuando te enfadas-bromeó.
                  Margaret le dio un puñetazo en el brazo.
                 Sin embargo, tuvo una extraña sensación. En aquel momento, sintió que Jonathan era suyo. Que le pertenecía por completo. El joven se alegró de haber podido hablar con Edith. Sus ojos se encontraron con los ojos de Margaret.
-Te quiero-le dijo-Te quiero muchísimo.
                     Los labios de ambos se encontraron en un beso cargado de dulzura.

lunes, 20 de enero de 2014

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Hola a todos.
Después de un parón algo largo, retomo desde hoy Segundas oportunidades. 
El fragmento de hoy es algo más corto, pero es bastante revelador. Nos va a permitir conocer mejor cómo era la niñez de Edith y los sentimientos que empezó a albergar hacia Jonathan en aquella época.
¡Vamos a verlo!

                           Habían sido varias las veces que, siendo niña, Edith había visitado junto a sus padres Lennon Cottage. Hizo muy buena amistad con Jonathan. Y encontró en Abby una especie de hermana mayor.
                            A pesar de la diferencia de edad, Jonathan disfrutaba jugando con la pequeña Edith a las casitas de muñecas. Sentía un fuerte cariño hacia aquella niña que le recordaba en algunos momentos a una muñequita de porcelana.
                          Para ella, Jonathan era algo así como la encarnación de su Príncipe Azul.
                          Por supuesto, nunca le confesó que albergaba tales sentimientos hacia él. En su fuero interno, sentía celos de Abby.
                          Edith sabía que no debía de sentir celos de ella. Pero lo pasaba mal cuando veía a Jonathan dando un paseo por el jardín en compañía de Abby. Y la manera en la que se miraban la hacía llorar cuando nadie la veía.
                          Aquel amor infantil que supuso Jonathan se guardó para siempre en su interior. Los años pasaron y no habían vuelto a verse desde el entierro de Abby. Edith creía que su amor por Jonathan había desaparecido, reprimido en lo más hondo de su mente y de su corazón. Pero no había sido así y eso la destrozaba. El cómo le había besado en la biblioteca era una demostración de que aquel sentimiento seguía vivo en su corazón.
                        Acostada en su cama, Edith se dio la vuelta para quedar mirando la pared. Pensó en Margaret. Su prima estaba enamorada de Jonathan. Y sospechaba que aquel amor era correspondido por parte del joven.



                         Ignoraba que Jonathan también estaba pensando en ella en la soledad de su cuarto.
                         Para él, Edith siempre había sido una niña. La pequeña con la que jugaba a las muñecas, a pesar de que ya era un adolescente.
                          Edith era una niña algo tímida e introvertida que se pegó a él. Por supuesto, Jonathan jugaba con ella porque quería ser amable, pero estaba interesado en Abby. Sin embargo, algo en Edith despertaba su cariño. Cuando estaba a su lado, se preocupaba en hacerle reír contándole chistes y haciéndola partícipe de todas las travesuras que planeaba. Edith le seguía a todas partes y eso le hacía mucha gracia a Abby. Naturalmente, la joven no sentía celos de ella. Le parecía algo absurdo. ¿Cómo iba a estar celosa de una niña?
                         En una ocasión, Abby le salió al paso cuando estaba bajando por la escalera.
-Creo que Edith está enamorada de ti-atacó.
-¿Te has vuelto loca?-se escandalizó Jonathan-¡Es tan sólo una niña!
-Las niñas crecen, Jon. Se convierten en mujeres. Pero siguen enamoradas.
-No te voy a hacer caso porque me parece que me estás gastando una broma de muy mal gusto, Abby.
-Piensa lo que quieras. Tan sólo digo lo que veo.
                          Jonathan ya no estaba seguro de nada.
                         Se paseó por su habitación mientras intentaba olvidar su pasado y centrarse en su presente. Sonrió al recordar las caras que le ponía a Edith para hacerla reír. Pero estaba convencido de que la chica no sentía nada por él. Eran sólo buenos amigos. Margaret era su presente.

lunes, 13 de enero de 2014

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Hola a todos.
Tras haber hecho un pequeño descanso durante el fin de semana, hoy retomo Segundas oportunidades. 
Jonathan sigue adelante con el cortejo a Margaret y parece que las dudas se están disipando.

                           Jonathan aceptó salir a dar un paseo con Margaret por la isla.
                           Se alegró de poder pasar un rato con ella.
-¿Hay cruces celtas en Chedworth?-le preguntó la joven.
                           Jonathan no recordaba haber visto nunca una cruz celta en Chedworth. Pero sí recordaba las ruinas romanas donde se le declaró a Abby. Tenía la sensación de que habían pasado siglos desde aquella tarde.
-Aquí hay varias cruces celtas-aseguró Margaret-Es imposible perderse paseando por aquí.
-Será una isla pequeña-opinó Jonathan-Pero tiene algo que la hace mágica.
                           Al decir esto, Jonathan tenía la mirada clavada en Margaret. La joven llevaba recogido su cabello de color castaño en un moño holgado que amenazaba con soltársele. Incluso, su vestido de color azul oscuro le sentaba bien.
-La magia hace que las personas cambien-afirmó Margaret.
-¿Por qué dices eso?-inquirió Jonathan.
-Aparece de pronto. Hace que te cuestiones todo lo que creías. A mí me ha pasado. Yo nunca...Jamás pensé que llegaría este día.
                        Le cogió la mano a Jonathan.
                        Una corriente eléctrica sacudió el cuerpo del joven.



                         Las dudas parecieron esfumarse de su mente.
                          Puede que la ame, pensó Jonathan.
                         Margaret le sonrió con dulzura. Jonathan olvidó lo ocurrido la noche antes en la biblioteca con Edith.
                         En realidad, no había pasado nada, recordó Jonathan.
-Me alegro mucho de que estés aquí-afirmó Margaret-Le escribiré a Lucy. Quiero que sepa que soy feliz.
-¿Por qué eres feliz?-inquirió Jonathan.
-No lo sé. Pero me siento feliz.
                       Se detuvieron.
                        Margaret experimentaba una dicha que nunca antes había sentido. La cercanía de Jonathan la ponía nerviosa. Pero, al mismo tiempo, anhelaba estar cerca de él. Sospechaba que al joven le pasaba algo parecido. Deseaba con todas sus fuerzas ser valiente y borrar el recuerdo de Abby de su mente. Le parecía absurdo sentir celos de una mujer que ya no estaba. De un fantasma...
                        Se fundieron en un fuerte abrazo.
                       Jonathan se sintió feliz al estar así con Margaret. La imagen de estar en una cama con ella con las piernas entrelazadas pasó por su mente.
                        Aquella imagen le turbó. Los dos estaban alejados de donde estaban las casas. Pero Jonathan, suspirando hondo, se apartó de Margaret.
-Será mejor que regresemos-le sugirió con voz ronca-Se está haciendo tarde. Hemos salido solos. Y no quiero que la gente hable mal de ti.
                      Amar no era sólo el deseo de acostarse con una persona, pensó.
                       El deseo era una cosa. El amor no sólo se basaba en el respeto. Era también respeto mutuo. Era amistad. Era confianza.

viernes, 10 de enero de 2014

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Hola a todos.
En el fragmento de hoy de Segundas oportunidades, veremos a Margaret contarle a Edith nuevas acerca de su relación con Jonathan.
Además, y aunque soy la primera en admitirlo, introduzco una escena tan tópica como típica de las novelas románticas que es todo un clásico. Chica, biblioteca, estantería demasiado alta, escalera y chico que pasa por allí en el momento oportuno.

                             Sentadas en el sofá del salón, Margaret y Edith dieron cuenta cada una de una taza de té bien caliente. Margaret bebió un sorbo y le pareció que estaba muy dulce. La vida puede ser también dulce, pensó con alegría.
-Te veo muy contenta-observó Edith.
                             Margaret sonrió al recordar lo ocurrido el día antes con Jonathan.
-Creo que estoy enamorada-le confesó a su prima.
                             Edith sonrió para sus adentros. Sospechaba quién podía ser el joven que había conquistado el corazón de Margaret.
-Puedo adivinar de quién se trata-apostilló Edith-Y me alegro mucho por los dos.
                             Margaret pensó que lo que estaba pasando entre Jonathan y ella no podía ser real. Le parecía absurdo el haberse enamorado de un hombre al que conocía desde hacía casi dos semanas.
-Quiero pensar que él también está enamorado de mí-admitió la joven.
                             Edith pensó que Margaret se había enamorado de Jonathan porque era un joven muy especial. Le palmeó con cariño la mano a su prima.
-Lo que debéis de hacer es daros tiempo-le aconsejó a Margaret-Jonathan quería muchísimo a Abby y quiere estar seguro de cuáles son sus verdaderos sentimientos hacia ti antes de dar un paso en falso. Me alegro mucho de que estés enamorada de él. Y me alegro también de que te quiera cortejar. Así, os iréis conociendo poco a poco.
-Me dijo que quería cortejarme-contó Margaret. Bebió un sorbo de su taza de té-Me dijo que yo le gustaba. Que sentía algo por mí. Nunca antes me ha pasado nada parecido. ¡Oh, Edie! ¡Tengo mucho miedo! Tengo miedo de que se trate de un sueño. ¡Tengo miedo de despertar y ver que era mentira!
                        Edith pensó que el amor hacía cambiar a las personas. Margaret siempre había tenido las ideas muy claras. De pronto, se enamoraba. Y todo cambiaba. De pronto, su prima empezaba a tener dudas.



-Jonathan es un chico muy serio-le aseguró Edith a su prima-Nunca daría un paso así de no estar muy seguro. Pero tendrá muchas veces dudas sobre si está haciendo lo correcto. O sobre si se está equivocando. Es muy bueno. Nunca te haría daño de manera intencionada.
-Pareces conocerle muy bien-observó Margaret.
                    De pronto, sintió una punzada de celos. Se dijo así misma que era absurdo estar celosa de Edith. Su prima había pasado largas temporadas en Lennon Cottage.
                      ¡Por supuesto que conocía bien a Jonathan! Y también debía de conocer muy bien a Abby.
-¿Cómo era Abby?-quiso saber Margaret.
                        Edith arqueó una ceja al escuchar aquella pregunta. ¿En serio su prima quería saber más cosas acerca de la mujer de Jonathan?
-¿Por qué quieres saberlo?-inquirió la muchacha.
-Tú la conociste-contestó Margaret-¿Cómo era? Físicamente hablando.
-Era la joven más hermosa que jamás he conocido. La recuerdo con su cabello de color rojo. Sus ojos eran de color verde musgo. La recuerdo bien formada. Era tan alta como tú, prima Meg. Su rostro estaba salpicado por algunas pecas, pero sus facciones eran perfectas. Caminaba como tú, muy deprisa. Siempre estaba moviéndose de un lado para otro, como tú. Los labios eran carnosos. Su nariz era respingona. Para mí, era perfecta.



                            Había mucha admiración en la voz de Edith al hablar de Abby. Margaret pensó que estaba actuando como una estúpida. Primero, sentía celos de Edith, ¡de su prima que ni siquiera tenía dieciocho años! Y, luego, sentía celos de una mujer que estaba muerta. Los celos nunca son buenos consejeros, le habría dicho Lucy de haber estado allí.
-¿Y cómo era su carácter?-volvió a preguntar Margaret.
-Era muy inquieta, como tú-respondió Edith-La recuerdo actuando de un modo impulsivo y alocado. Se parecía mucho a ti.
-Entiendo. ¿Cómo murió?
-La atropelló un carruaje. Abby adoraba a los animales. Vio que su perro estaba en mitad de la calle y corrió a quitarlo. El carruaje que pasaba por allí los atropelló a ambos.
                      Edith sólo había estado en un funeral. Cuando murió Abby. Sus padres no la dejaron acercarse a Jonathan para darle el pésame. Le vieron devastado por la muerte de su mujer. No tendría ánimos para aguantar a una niña de catorce años.

                     Era casi la hora de cenar. A petición de tía Phoebe, Jonathan fue a buscar a Edith para avisarle de que la cena estaba lista. Después de buscarla por toda la casa, la encontró en la biblioteca.
                      Edith había ido a la biblioteca a buscar un libro que leería un ratito en su habitación, antes de apagar la luz.
                       Había un libro que había captado su atención. Lo había traído Margaret de Manchester. Tenía muchas ganas de leerlo. Se llamaba Barry Lyndon. Había sido publicado apenas un año antes. Se trataba de un regalo que le había hecho Lucy a Margaret antes de casarse.
                      El libro se encontraba en una de las estanterías más altas.
                      Edith decidió subirse a una escalera para cogerlo.
                      No tardó en darse cuenta de que había cometido un terrible error.
                      Le daban mucho miedo las alturas.
                      Y, encima, la escalera no le permitía alcanzar el libro. Edith pensó que acabaría resbalándose y cayéndose. En aquel momento, Jonathan entró en la biblioteca. Se quedó de piedra al ver a Edith subida en lo alto de la escalera.
-¿Qué estás haciendo ahí?-le preguntó.
                     A Edith no le dio tiempo a contestar. Acabó perdiendo el equilibrio.
                    Jonathan sintió cómo se le paralizaba el corazón al ver a la muchacha tambalearse. Y precipitarse al vacío.
-¡Edith!-gritó.
                        La chica gritó al notar que estaba cayendo. Pensó que acabaría dándose de bruces en el suelo. ¡Dios mío!, pensó aterrada. Pero no fue así.
                        Jonathan se precipitó sobre ella. Y pudo cogerla en brazos.
-Gracias...-murmuró Edith, visiblemente avergonzada.
-No hay de qué-contestó Jonathan.
                          Edith pensó que era una situación extraña. Jonathan acababa de cogerla en brazos porque iba a caerse.
                          Sin embargo, se sentía cómoda en aquella situación. Sintió el deseo de abofetearse así misma. ¿En qué estaba pensando?
                         Jonathan no era el único que lo pensaba. Edith era una joven esbelta. Su cuerpo desprendía calor. Podía percibir el aroma que impregnaba su piel. Meneó la cabeza y pensó que se estaba volviendo loco.
                         Depositó con cuidado a Edith en el suelo. La muchacha casi no se atrevía a mirarle a los ojos.
                         Margaret, pensó Edith de manera casi obsesiva. Piensa en Margaret.
-¿Se puede saber qué estabas haciendo subida en la escalera?-quiso saber Jonathan.
-Quería coger Barry Lyndon-contestó Edith-Prima Meg lo trajo de Manchester. Desearía leerlo esta noche.
-¿En qué estantería está?
-En la más alta...
                         Jonathan empezó a subir por la escalera.
-Recuerdo que eras un pequeño ratón de biblioteca-comentó.
-¿Todavía te acuerdas de eso?-se asombró Edith.
-Era yo quién solía acompañarte a la biblioteca cuando aún no sabías leer. Y te leía a Charles Perrault.
-¿Aún te acuerdas de cuál era mi cuento favorito de Charles Perrault?
-El gato con botas...
-Mi personaje favorito era el hijo del molinero. El falso marqués de Carabás...Yo le ponía tu cara.  ¿Cómo es posible que todavía te acuerdes?
                      Jonathan pudo acceder al libro.
-No soy tan viejo-le contestó con una sonrisa-Mi memoria aún funciona a la perfección. Y, además, te leí tantas veces El gato con botas que se convirtió en mi cuento favorito.
                     Bajó la escalera. Le tendió el libro a Edith.
-Toma-le dijo-No lo he leído. Pero he oído hablar de él. Si te gusta el siglo pasado, te gustará este libro. ¡Disfruta de la lectura!
-¡Lo haré!-trinó Edith.
                   La muchacha estampó un beso en la mejilla de Jonathan, muy cerca de su boca. Aferró con fuerza el libro, oprimiéndolo contra su pecho.
                    Salió de la biblioteca.
                   Jonathan se quedó ahí parado. Parecía que estaba en estado catatónico. Debería darte vergüenza comportarte como un niñato inmaduro cuando tienes veintisiete años, pensó con rabia. Conjuró la imagen de Margaret. Y se odió así mismo por todo lo que había sentido en la biblioteca. Es algo pasajero, pensó. Respiró hondo. Sentía algo muy fuerte por Margaret. Y sus dudas le estaban confundiendo. Dudas sobre sí mismo...Sobre si valía para Margaret. ¿Podría contarle la verdad? Si seguía dudando, aquello podía terminar mal.
                   Contarle la verdad sobre sus orígenes sería la demostración definitiva de que estaba enamorado de Margaret. Las dudas se disiparían. ¿Qué puedo hacer?, pensó. ¿Qué he de hacer, Abby?

jueves, 9 de enero de 2014

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Hola a todos.
En el fragmento de hoy de Segundas oportunidades, conoceremos más a fondo a la mujer de negro de la isla de Sanda.
Una mujer con un pasado muy triste...
También, como no, veremos cómo sigue evolucionando la relación entre Jonathan y Margaret. Y cómo Mary recibe una visita especial.

                         Jonathan no había podido conciliar el sueño durante la noche, pensando en Margaret y en Abby.
                         Su matrimonio había sido feliz.
                         Quizás, Jonathan había echado en falta algo más de pasión.
                         Una vez a la semana, él y Abby tenían relaciones. Intentaba apartar aquellos recuerdos de su mente porque mancillaban lo que él consideraba que había sido un matrimonio idílico. Pero le asaltaba la visión de estar encima de Abby y su esposa no reaccionaba cuando él la besaba.
                        Por lo demás, la relación entre ambos había sido perfecta. Jonathan no recordaba el haber discutido en ninguna ocasión con Abby. La vida había sido plácida y tranquila a su lado. Una felicidad que se truncó cuando Abby intentó salvarle la vida a aquel perro que se detuvo en mitad de la calle. Y el carruaje les pasó por encima, matándolos a ambos casi en el acto. Jonathan trató de apartar aquel recuerdo de su mente. Quería recordar a Abby como la joven hermosa y llena de vida de la que se había enamorado.
                         A la mañana siguiente, una vez que se hubo lavado, vestido y peinado, salió al pasillo. La primera persona a la que vio fue a Margaret. Estaba frente a la puerta de su habitación y Jonathan pensó en que el vestido de color azul oscuro que llevaba puesto resaltaba su cuerpo.
-Lo he estado pensando mucho-dijo Margaret con cierto titubeo-Y he tomado una decisión.
-¿Qué ha pensado?-inquirió Jonathan.
                       La última vez que se puso nervioso fue cuando se le declaró a Abby en las ruinas romanas de Chedworth.
-Señor Lennon, nunca he sido cortejada por ningún hombre y me siento muy halagada al saber que he logrado captar su atención-contestó Margaret-No le voy a negar que usted tampoco me es indiferente.
-Se agradece el cumplido-sonrió Jonathan.
-He decidido que quiero que me corteje. Quiero que me galantee como las jovencitas son galanteadas por sus pretendientes. Y...
                        Jonathan la interrumpió besándola de lleno en la boca.
-Así lo haré-le prometió el joven con voz ronca.
                          Margaret le cogió la mano y se la besó con fervor.



-Gracias...-dijo la joven.
                        Sus ojos estaban llenos de lágrimas de alegría.

                         Mary llevaba algunos días sin querer salir a la calle.
                         Sabía que podía toparse con aquel extraño joven en cualquier momento.
                         Veintiocho años antes, Mary tenía veintitrés años. Iba camino de convertirse en una solterona. Sus padres le decían que era su deber como hermana mayor el casarse la primera porque, si no lo hacía, sus hermanas jamás se casarían. Apenas un año después, Mary estaba ingiriendo ruda en plena madrugada. Y soportando en la oscuridad de su habitación unos terribles dolores mientras abortaba el niño que llevaba en sus entrañas. Pudo haber esperado un par de meses más, pero no pudo.
                         Se estaba volviendo loca.
                         Su vida quedó por completo destrozada la noche en que lord Richard Templeton la violó. Todavía sufría pesadillas recordando aquella espantosa noche. Mary estaba al tanto de la fama que tenía el duque de Caine cuando éste se encaprichó de ella. Era un hombre casado con una conocida de su familia. Y, además, su hermana ilegítima, Eliza, era una de las mejores amigas de Mary. La mujer recordaba cómo intentó evitarle. Pero aquel hombre no dejaba de acosarla, si bien intentó no tener miedo.
                         Hasta aquella espantosa noche en que le destrozó la vida. Mary cerró los ojos. Lord Caine no sólo la había violado. Había dejado su semilla en su interior.
                          Aún sentía los dolores que le causó la ruda que ingirió aquella calurosa madrugada.
                         Recordaba la visión de aquel feto ensangrentado tirado en el suelo.
                          Estuvo sola durante el tiempo que pasó con dolores. Fue la peor noche de su vida.
                          Se paseó por toda la habitación.
                          Mary llegó a pensar que acabaría muriendo.
                          No fue capaz de cumplir la promesa que le hizo Eliza.
                          Nunca le contó que fue su hermano el hombre que la había violado. No fue capaz de decírselo. Además, Eliza no se lo habría creído.
                            Lo peor de todo no fueron los dolores que Mary experimentó. Lo peor...
                           Tragó saliva. Le costaba mucho trabajo olvidar todo lo ocurrido durante aquella aciaga noche. Pero los recuerdos volvían sin control a su cabeza desde que vio a Jonathan Lennon. El vivo retrato de lord Caine...
                               Lo peor fue cuando, con las pocas fuerzas que le quedaban, se despojó de sus calzones y vio la sangre. En aquel momento, Mary sintió el deseo de gritar, pero no lo hizo. Después, no recordaba nada porque se desmayó. Cuando se despertó, tras pasar varios días debatiéndose entre la vida y la muerte, el primer rostro que vio fue el de Eliza.
-Perdóname-le susurró.
-Descansa, Mary-le exhortó Eliza.
-Ya no está.
                                Después de eso, Mary se volvió a quedar dormida. Cuando se recuperó, abandonó Lennon Cottage.
                                   Nunca más volvió a tener contacto con Eliza. Dio por sentado que su amiga no le perdonaba el haber abortado al niño que pensaba entregarle en adopción. Durante veintisiete años, la única imagen que conservaba Mary de su hijo era la de una masa sonrosada cubierta de sangre. Hasta que tropezó con Jonathan Lennon.



                              Unos golpes en la puerta sacaron a Mary de su estado de aturdimiento. La mujer fue a abrir. Para su sorpresa, quien estaba detrás de la puerta era Jonathan.
                                Deseó poder cerrarle la puerta, pero no lo hizo.
-Venía a devolverle su cántaro-le dijo el joven.
                                Era cierto. Sujetaba el cántaro entre sus manos.
-Se me olvidó-dijo Mary.
-No soy ningún monstruo-le sonrió Jonathan-No sé porqué salió corriendo.
                               El corazón de Mary se detuvo. Jonathan tenía la sonrisa franca de su hermana Sarah, la segunda de las tres hermanas que eran.
-Pase-le invitó.
                               Le hizo pasar dentro de la casita de madera donde vivía.
-Es usted muy amable-dijo Mary-¿Puedo preguntarle de dónde es?
-Soy natural de Chedworth-contestó Jonathan.
-Tiene un acento muy inglés.
-Usted tampoco tiene acento escocés.
                               Mary esbozó una tímida sonrisa.
-¿Es familia de los Hollins?-quiso saber-Oí decir que se estaba hospedando con ellos.
-Edwin Hollins es primo de mi padre-contestó Adam-Su madre y mi abuelo paterno eran hermanos.
-No lo sabía. Yo conocía a un matrimonio que se apellidaba Lennon. Y, casualmente, eran de Chedworth. A lo mejor, usted los conoce. El hombre se llamaba Adam. Y la mujer se llamaba Eliza.
-Son mis padres. Adam y Eliza Lennon...
-Entiendo.
                                El corazón de Mary empezó a latir a gran velocidad. Hacía años que no rezaba porque había perdido por completo la fe. Sentía que nadie podía ayudarla. Pero, de pronto, tuvo la sensación de que alguien había estado con su hijo mientras ella intentaba deshacerse de él. Un nudo se formó en su garganta. Miró a Jonathan y una ola de ternura desconocida la inundó. Le acarició el rostro con la mano.
-Puede venir a verme siempre que quiera-le invitó-Mi casa estará siempre abierta para usted.
-No sé cómo se llama.
-Me llamo Mary.
                              Mary, pensó Jonathan. Mi verdadera madre se llama también Mary.
                              Se marchó. Mary se dejó caer sobre una silla y rompió a llorar. Hacía mucho que no lloraba, pero sus lágrimas eran esta vez de alegría. ¡Gracias, Dios mío, gracias!, pensó. Ya no le cabía la menor duda. Jonathan Lennon era su hijo.
                            Y, por algún motivo, había llegado hasta ella.
                             ¿Sabría la verdad?, se preguntó Mary. Se paseó nerviosa por toda la casita de madera. ¿Cómo pudo Eliza ocultarle lo ocurrido durante tanto tiempo?
                              Hemos de hablar, decidió Mary. Aún no...Pero he de ir a verla a Chedworth y contarle lo que sé. ¡Pero he encontrado a mi hijo!

miércoles, 8 de enero de 2014

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Hola a todos.
En el fragmento de hoy de Segundas oportunidades, Edith hará las veces de consejera del amor entre Jonathan y Margaret. Además, seremos testigos de un nuevo encuentro entre estos dos tortolitos.
¡Vamos a ver qué pasa!

-Tenemos que hablar-le susurró Edith a Jonathan-A solas, si puede ser.
                  Toda la familia estaba reunida en el salón. Tía Phoebe había cogido un libro para leer en voz alta a su familia. Jonathan se fijó en que Edith parecía estar seria. La mirada de Margaret, por su parte, estaba ausente.
-¿De qué quieres que hablemos?-inquirió Jonathan.
-Es sobre mi prima Meg y sobre ti-contestó Edith-Sobre lo que vi el otro día.
-No creo que sea algo en lo que debieras meterte. Y perdona que te lo diga. Pero sólo nos concierte a tu prima y a mí.
-Os quiero mucho a los dos. Y me duele que seáis tan cabezotas. Es obvio que hay algo especial entre vosotros. Me gustaría ayudaros.
-No sabes nada de lo que hay entre tu prima y yo. Casi no has tenido tiempo de vivir.
                  Jonathan posó la vista en Margaret. La joven sentía los ojos de Jonathan fijos en ella. Se puso rígida. Llevaba dos días intentando evitarle a toda costa. Casi no le miraba. Aún podía sentir sus labios sobre los labios de ella.
                    A Jonathan le pasaba lo mismo. Hablaba lo menos posible con Margaret. Intentaba borrar de su mente lo ocurrido entre ellos. Tenía la sensación de que había traicionado a Abby. Sentía auténtico asco de sí mismo. ¿Cómo podía explicárselo a Edith?
                  Tía Phoebe leyó:

                  Aun antes de que la señorita Taylor cesara en sus funciones nominales de institutriz, la blandura de su carácter raras veces le permitía imponer una prohibición; y entonces, hacía y a tiempo que había desaparecido la sombra de su autoridad, habían seguido viviendo juntas como amigas, muy unidas la una a la otra, y Emma haciendo siempre lo que quería; teniendo en gran estima el criterio de la señorita Taylor, pero rigiéndose fundamentalmente por el suyo propio.

-Mamá, dispensa que te interrumpa-dijo Edith-Pero acabo de acordarme de que Eve quiere enseñarme unas cintas que ha comprado. 
-¿Te vas ahora?-inquirió tía Phoebe. 
-Vendré para la hora de cenar. Jonathan me acompañará al embarcadero. 
                  De aquel modo, lograron escaquearse. Se alejaron de casa lo suficiente. Entonces, Edith pudo hablar con total confianza. 
-Sientes algo por Meg-afirmó de manera rotunda-Lo que te pasa es que te da miedo admitirlo. Primo Jonathan, tienes derecho a rehacer tu vida. A volver a enamorarte. 



                    Jonathan se quedó de piedra al escuchar hablar a Edith. La muchacha aún no había cumplido dieciocho años. Pero parecía tener las ideas muy claras con respecto a lo que estaba pasando entre sus dos primos.
-Empiezas a hablar igual que mis padres-observó Jonathan.
                   Edith siguió hablando. En su opinión, Jonathan debía dejar de tener miedo y confesarle a Margaret que estaba enamorado de ella.
-¿Y a ti quién te ha dicho que yo estoy enamorado de tu prima?-le espetó a Edith.
-No soy ciega-contestó la chica-Lo veo con mis propios ojos.
-Entonces, estás equivocada. Casi no conozco a tu prima.
                   Edith se echó a reír. Le dijo que creía que existía el amor a primera vista. En su opinión, creía que había surgido el amor a primera vista entre Margaret y Jonathan. El joven arqueó las cejas al oírla.
-No puedo amar a tu prima-insistió-Casi no la conozco. Y, además, está Abby. En mi corazón, sigo casado con ella. No puedo traicionarla.
                  Edith se colgó del brazo de Jonathan mientras caminaban. Notó el calor que desprendía el esbelto cuerpo del joven. Vio la gran tristeza que había reflejada en sus ojos de color turquesa. Sintió que podía apoyarse en él. Pero, al mismo tiempo, deseaba también ser un apoyo para Jonathan. Una ola de calor recorrió el cuerpo de Edith.
-Lo único que quiero es que seas feliz y pienso que sólo serás feliz al lado de una mujer como Meg-le aseguró-Es muy parecida a Abby. Pero también es seria y reflexiva, como lo eres tú. Os complementáis a la perfección.
-Es demasiado pronto-murmuró Jonathan.
                  Se fijó más detenidamente en Edith. A sus ojos, siempre había sido una niña, pero se había convertido en una mujer adulta. Madura...Llevaba puesto un vestido de color amarillo. Cubría su pelo un sombrero del mismo color. Las mejillas de Edith estaban sonrosadas. Sus facciones eran adorables. Y sus ojos de color azul cielo eran bonitos y reflejaban algo que no pudo identificar. Seguridad en sí misma...
-Habla con Meg-le pidió Edith-Por lo menos, intentad llevaros bien.
-Nos llevamos bien-replicó Jonathan-Fue lo que pasó. No estoy en mi casa. No quiero que mis tíos me odien por propasarme con su sobrina. Cada vez que cierro los ojos, recuerdo lo que pasó. Y me siento mal conmigo mismo.
-No deberías de sentirte mal sólo porque hayas besado a Meg.
-Me siento mal porque tengo la sensación de haberle hecho daño a tu prima. Y a Abby...
                      Sólo había besado a dos mujeres a lo largo de su vida. Y, desde luego, los besos tiernos que compartía con Abby eran una cosa. Pero...Los besos que había compartido con Margaret habían estado cargados de pasión. De fuego...Tenía que admitir que sentía un fuerte deseo por Margaret.
-Nunca le harías daño a Meg si de verdad la amas-sentenció Edith.
                     Jonathan pensó que no debía de sentir sólo deseo físico por Margaret. Podía satisfacer su deseo con ella. Pero el daño estaría hecho. El deseo era algo efímero que se esfumaba si no existía algo más profundo.
                      Admiró a Edith por haber sido tan clara y tan sincera con él.
                      Le dio un beso en la mejilla.
-Gracias...-dijo.

                        Margaret se retiró temprano después de cenar. No podía soportar el sentir la mirada de Jonathan fija sobre ella.
-La acompaño-se ofreció el joven-Yo también tengo sueño.
                    Margaret se puso tensa. Salieron los dos del comedor.
                    Era la primera vez en dos días que Jonathan y ella se quedaban a solas.
-Necesito hablar con usted-dijo el joven.
-No hay nada de qué hablar-replicó Margaret, casi a la defensiva-Estuvo mal lo que pasó.
                   Empezaron a subir por la escalera. Margaret se aferró a la barandilla con fuerza.
-No puedo disculparme por lo que pasó porque no me arrepiento-se sinceró Jonathan.
                   La sangre se agolpó en las mejillas de Margaret. En Manchester, la joven rara vez se ruborizaba. Incluso, odiaba ruborizarse. Sin embargo, en los últimos días, acababa con las mejillas encendidas. Y la culpa era de Jonathan Lennon por haber aparecido en su vida.
                    Llevaba dos noches sin poder conciliar el sueño.
                    Evocaba una y otra vez aquel momento.
-No quiero que sienta obligado a nada conmigo-le aseguró-Mi hermana Lucy se vio obligada a casarse por ser sorprendida en una situación parecida a la que nos encontró Edie. Agradezco a mi prima su silencio. Mi hermana es muy desdichada en su matrimonio.
                   Llegaron hasta el final de la escalera. Era la primera vez que Margaret le contaba a alguien la verdadera situación del matrimonio de Lucy.
-Lo único que deseo es conocerla mejor-dijo Jonathan-Quiero que me deje cortejarla.
-¿Cortejarme?-se extrañó Margaret.
                    Jonathan se asombró al escucharse así mismo decir que quería cortejar a Margaret. La joven notó cómo su corazón empezaba a latir de un modo alocado. Pensó que le estaba gastando una broma. ¡No tiene ninguna gracia!, pensó con rabia. Le fulminó con la mirada.
-No se ría de mí-masculló indignada.
                      Jonathan bufó con enfado. Margaret estaba sacando de contexto sus palabras. Deseaba ser sincero con ella. Quería cortejarla de verdad.
                      Se detuvieron ante la puerta de la habitación de la joven. Margaret se resistía a mirarle a los ojos. Jonathan tenía la respiración agitada. Notó cómo el cuerpo de Margaret temblaba con violencia. La joven sentía por Jonathan algo que nunca antes había sentido por ningún hombre. Una atracción tan intensa que la asustaba. Deseó meterse dentro de su habitación para escapar de él.
                    Pero Jonathan la retuvo. Le cogió suavemente el brazo. Aquel acto, tan simple, provocó una corriente que recorrió los cuerpos de ambos.
-No soporto que nadie se ría de mí-afirmó Margaret-Se lo ruego, señor Lennon. No se burle de mí.
-Le aseguro que no me estoy burlando de usted-le aseguró Jonathan-No puedo negar la evidencia, aunque lo intento. Hay algo entre nosotros. Lo que ocurrió el otro día así nos lo demuestra.
-¿Y qué pasa con Abby?
-En toda mi vida he estado tan confundido como lo estoy ahora. Déjeme cortejarla.
                          He de aclarar mis ideas, pensó Jonathan. Cortejaré a Margaret para salir de dudas. ¡Perdóname, Abby!
                          Puede enamorarse de mí, pensó Margaret con estupor.
                          Se oían voces procedentes del salón que parecían estar hablando acerca de la fiesta de cumpleaños de Edith.
-Debería de bajar-sugirió Margaret-No quiero que mis tíos piensen mal de nosotros.
-Así lo haré-aceptó Jonathan.
-Gracias...
                          Colocó su mano sobre la mejilla de Margaret. La miró fijamente a los ojos. Poco a poco, los dos se fueron acercando. Margaret no pensó en nada. Sus ojos se perdieron entre los ojos de color turquesa de Jonathan.



-Margaret...-susurró el joven.
                  No dijo nada más. No pudo seguir hablando. Sus labios se posaron sobre los labios de la joven. Margaret abrió los labios y correspondió a la intensidad con la que Jonathan le estaba besando. Rodeó con sus brazos el cuello del joven. Apretó su esbelto cuerpo contra el cuerpo bien formado masculino. El beso se hizo más hondo y apasionado. Era la clase de beso que conducía a otra cosa.
                   Con reticencia, Jonathan se separó de Margaret.
 -Hasta mañana...-susurró la joven, con voz sofocada.
-Que descanse-contestó él.
                    Se alejó de su lado.
                    Margaret abrió la puerta de su habitación.
                   Sus manos le temblaba. Todo su cuerpo le temblaba con violencia. Tenía la sensación de estar metida dentro de un sueño.
                    Jonathan...
                   Le había dicho que quería cortejarla. A pesar de que entre ellos existía el fantasma de Abby. Puede que exista una oportunidad para nosotros, pensó Margaret maravillada.

martes, 7 de enero de 2014

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Hola a todos.
Tras estar un par de días desaparecida por motivos que sabréis muy pronto, retomo subiendo un nuevo fragmento de Segundas oportunidades. 
En esta ocasión, Jonathan se reencuentra con su amigo de la infancia Frederick Wingfield.
¡Vamos a ver lo que pasa!

                           La familia Hollins se encontraba en el salón tomando el té. En aquel momento, el mayordomo hizo acto de presencia.
-Señor Lennon, tiene una visita-anunció.
-¿Una visita?-inquirió el joven, visiblemente sorprendido.
-Es el honorable Frederick Wingfield.
                         Poco después, un joven bien parecido hizo acto de presencia en el salón. El rostro de Jonathan se iluminó al ver aparecer al que había sido su mejor amigo en la niñez.
-¡Freddy!-exclamó al verle.
-No has cambiado nada, Jon-sonrió el aludido.
                      Se fundieron en un gran abrazo.
-¿Cómo estás?-le preguntó Jonathan.
-Encantado de no poder regresar a Edimburgo-respondió Frederick-Creo que ya sabes que me he casado con Penélope. Ha sido ella quien me ha contado que estabas aquí. Se lo dijo la señorita Hollins cuando fue a verla.
-¡Me alegro muchísimo de volver a verte!
-Sentí muchísimo la muerte de Abby. Era una joven extraordinaria. Te quería muchísimo. Me lo dijo una vez antes de vuestra boda.
                      Tía Phoebe invitó a Frederick a que tomara asiento en una silla.



                        Frederick tenía un hermano mayor que él, Justin, quien contaba con treinta y dos años. Jonathan recordaba a Justin como un joven irrespetuoso y canalla que gozaba de una pésima reputación en Chedworth.
-Es posible que Justin acabe convertido en duque-le contó Frederick a su amigo.
-¿A qué te refieres?-quiso saber Jonathan.
-Mi primo Lucien ha muerto. Él era el heredero de mi tío, el duque de Caine. Lucien y su esposa Anne Mary no tuvieron hijos durante los siete años que han estado casados. Sólo les nació una niña, Samantha. Pero, por desgracia, Samantha murió hace un año. La atropelló un carruaje cuando estaba jugando en Hyde Park. Anne Mary no quiere volver a casarse y está pensando en tomar los hábitos. La muerte de su hija la dejó devastada. Además, el parto fue tan complicado que la dejó imposibilitada para tener más hijos. Justin piensa que él es el más indicado para ser el nuevo duque de Caine cuando muera nuestro tío. Sin embargo, el muy canalla está pensando en otra cosa.
-¿Por qué habla así de su tío, señor Wingfield?-se interesó Margaret.
                      Frederick sentía verdadero asco por su tío, un ser depravado y carente de moral. Justin era de la misma talla moral que su tío y deseaba con todas sus fuerzas heredar su título. Pero éste tenía otros planes en mente.
-Mi tío ha tenido muchas amantes-contestó el joven haciendo una mueca de desprecio-Y no es ningún secreto que ha forzado a otras tantas mujeres. La Justicia nunca le ha hecho nada porque es uno de los hombres más poderosos de toda Inglaterra y ostenta un cargo en la Cámara de los Lores. Mi tío busca un hijo ilegítimo que pueda ostentar el título de duque a su muerte.
                    Jonathan sintió cómo se le revolvía el estómago al escuchar aquel comentario.
                   La madre de Frederick era la hermana menor de lord Richard Templeton, duque de Caine.
                    Eliza estaba emparentada con ambos. Era la hija ilegítima de la madre de lord Richard. El antiguo duque de Caine era un hombre que pasaba más tiempo en Londres. Dejó a su esposa abandonada durante largas temporadas en la casa solariega de la familia. Para distraerse, la duquesa empezó a tener amoríos con diversos hombres. Uno de aquellos hombres la dejó embarazada.
                  Para salvar a la familia del escándalo, se mantuvo el embarazo de la duquesa en secreto. Ésta dio a luz a una niña que fue entregada a una familia perteneciente a la nobleza rural. Ésta la crió como si fuera su hija. Sin embargo, los verdaderos orígenes de Eliza eran un secreto a voces. Frederick se acercó a Jonathan en un primer momento movido por la curiosidad, ya que se trataba del hijo de una tía suya. La amistad fue surgiendo con el paso del tiempo hasta convertirse en una amistad estrecha. Frederick estuvo al lado de Jonathan cuando enterró a Abby.
-¿Un hijo bastardo?-se escandalizó Edith.
-Será mejor que salgas-le sugirió tía Phoebe, visiblemente abochornada-Esta conversación no la puede escuchar una jovencita como tú.
-No es nada malo, señora Hollins-replicó Frederick-Esto, como se suele decir, también pasa en las mejores familias. Justin está furioso porque desea ser duque. Yo creo que, de aparecer el hijo ilegítimo de mi tío, Justin podrá heredar. Sólo los hijos varones y legítimos pueden heredar los títulos.
-Tu tío era un hijo de perra-afirmó Jonathan con rabia-Y perdóname por decírtelo.
-No te preocupes. Tienes toda la razón, Jon.



                      Frederick se puso de pie al cabo de un rato. Anunció que se le estaba haciendo tarde.
-No quiero hacer esperar ni a Penélope ni a Nicky-dijo.
-¿Nicky?-se extrañó Jonathan.
-Así se llama su hija, primo-contestó Edith-Tiene cuatro años. Es una niñita adorable.
-Tienes que venir a vernos-invitó Frederick-Como ya sabes, vivimos en la isla de Sheep. Te estaremos esperando.
                      Frederick se despidió de la familia Hollins con cortesía. Le dio un fuerte abrazo a Jonathan. Se alegraba muchísimo de volver a verle. En el recibidor, el mayordomo le tendió su sombrero y su abrigo.
                      Salió de la casa.
                      Frederick se dirigió al embarcadero. El asunto del hijo ilegítimo de su tío no le preocupaba demasiado. Daba por sentado que el duque tenía numerosos bastardos en su haber. Había tenido numerosas amantes. Pero lo más alarmante era que había forzado a demasiadas mujeres. Sintió asco al pensarlo.
                     Pensó en Jonathan. Estaba muy contento de volver a verle. Había tenido muy poco trato con lord Caine a lo largo de su vida. Sin embargo, había algo en Jonathan que llamaba muchísimo su atención. Lo mucho que se parecía a lord Caine. A excepción de una cosa...Sus ojos de color turquesa...Es sólo una simple coincidencia, pensó Frederick.

domingo, 5 de enero de 2014

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Hola a todos.
El fragmento de hoy de Segundas oportunidades es bastante especial por dos motivos.
El primero de todos es que está dedicado a una gran amiga, nuestra querida Citu.
Deseo de corazón que este capítulo te anime porque, eso espero, te va a gustar mucho. Y espero que os guste mucho a todos.
Va a pasar algo muy importante entre Margaret y Jonathan.
¡Vamos a verlo!
Y Citu, amiga, los malos momentos siempre se van. Pasan, como las nubes de verano. Aunque te cueste trabajo, sigue adelante. Melodías prohibidas es una historia preciosa, con unos personajes muy bien construidos y creíbles. ¡Sigue así!

                             Esto es una locura, pensó Margaret. Estaba dando un paseo con Jonathan los dos solos.
                             ¿Por qué se le ocurría hacerle caso a Edith?, se reprochó así misma.
-Llama la atención el no ver árboles aquí-comentó Jonathan.
-Antes, creo que había árboles-contó Margaret-Aunque yo nunca los he visto. Quien se lo puede contar todo es Edith. Yo...Cuando vengo aquí es cuando visito a mis tíos. Aunque...Bueno...
-¿Le preocupa el haber salido conmigo a dar un paseo?
-No es eso. Usted me parece un caballero. Pero Sanda es una isla pequeña en la que vive poca gente. La gente nos ve. Y habla de nosotros.
                               En un primer momento, habían salido Margaret, Edith y Jonathan a dar el paseo. Cuando se alejaron lo suficiente de la casa de los Hollins, Edith dijo que había recibido una nota de su amiga Eve. Por lo visto, le habían regalado un sombrero nuevo y quería enseñárselo. Alegó que iba a tardar muy poco en ir a verla. De aquel modo, dejó a Margaret a solas con Jonathan.
-¿Me tiene miedo?-le preguntó el joven a Margaret.
                            La joven se puso rígida. Pocas eran las veces que había estado en la compañía de un hombre. Pero siempre se había encontrado acompañada por alguien. Jonathan Lennon no era como los otros hombres que había conocido. Había algo en él que le hacía diferente y especial.
-¡Por supuesto que no!-respondió Margaret, riéndose-Yo no le tengo nunca miedo a nada. Se lo puedo asegurar.
                            Jonathan la miró con intensidad. Hacía mucho tiempo que no se encontraba a solas con una mujer. Sólo había estado en una situación así cuando estaba con Abby.
-Me recuerda mucho a Abby-le comentó-Mi esposa se reía como usted. Y decía no tenerle miedo ni a nada ni a nadie.
                            Oír el nombre de aquella mujer indignó a Margaret. Jonathan lo percibió al notar que se había puesto rígida. Pensó que había hecho mal en mencionar a Abby. Pero todo en Margaret le recordaba mucho a su mujer. Y eso no debía de ser así. Estar cerca de Margaret despertaba en Jonathan sensaciones que creía olvidadas desde que murió Abby. Como la sensación de tener mariposas revoloteando en su estómago.
                           Margaret empezó a hablar. Le contó una leyenda que había oído acerca de San Ninian. Se decía que el Santo se encontraba enterrado en algún rincón de la isla de Sanda. Un árbol se encargaba de indicar el lugar donde los restos de San Ninian descansaban.
-¿Dónde está ese árbol?-quiso saber Jonathan-No he visto todavía ningún árbol.
                        Margaret se encogió de hombros. Según la leyenda, nadie podía pisar la tumba de San Ninian. Todo aquel que la había pisado había muerto en el acto. La leyenda había llamado la atención de la joven desde que la escuchó. Jonathan y Margaret se detuvieron. Jonathan pensó que Margaret era realmente hermosa. Su corazón comenzó a latir muy deprisa.



-Me parece extraño que nunca antes haya sido cortejada-opinó Jonathan-Es usted muy hermosa.
-¡No me lo creo!-sonrió Margaret, poniéndose nerviosa de pronto.
-Es cierto.
-No estoy acostumbrada a recibir elogios de ningún caballero.
-Entonces, esos hombres son idiotas. Sé que hace poco que la conozco. Pero la he tratado mucho. Veo que es usted una mujer, no sólo guapa. También es inteligente. Es madura y reflexiva. Eso me gusta.
-Señor Lennon...Por favor...
                       Jonathan cogió las manos de Margaret y se las besó.
                       Ella escuchó los latidos acelerados de su corazón latiendo al mismo tiempo que los latidos acelerados del corazón de Jonathan. Podía percibir el calor que desprendía el cuerpo bien formado del joven. Se sentía tentada a acercarse aún más a él.
                     Trató de apartar aquellos pensamientos de su mente. Era la primera vez que le pasaba. Pero Jonathan no era como los otros hombres que había conocido. Era distinto.
                      Sus piernas temblaron con tanta violencia que pensó que iba a desmayarse. Jonathan le cogió suavemente los brazos. Podía notar cómo Margaret temblaba. El recuerdo de Abby pasó por su mente. Lo apartó como pudo. En aquellos momentos, se encontraba a solas con Margaret.
-Margaret...-susurró.
                       No dijo nada más.
                       En aquel momento, posó sus labios sobre los labios de la joven.
                       La besó con suavidad.



                     Fue Margaret quien se apartó de él. Era la primera vez que alguien la besaba. El recuerdo de cómo Lucy fue obligada a casarse pasó por su mente. Ella no quería obligar a Jonathan a nada. La respiración de Jonathan era acelerada. Hacía mucho tiempo que no besaba a una mujer. Sólo había besado a Abby.
-Le ruego que me perdone-se excusó Jonathan-No ha sido mi intención ofenderla.
                   Las mejillas de Margaret estaban encendidas.
-Quiero volver a casa-pidió en voz muy baja.
                   Esto no ha debido de pasar, pensó. Pero había pasado y no sabía qué hacer. Por un lado, su corazón parecía dar saltos de alegría. Por el otro lado, tenía la sensación de que no podría volver a mirar nunca más a Jonathan Lennon a la cara. Se acercó más a Jonathan y, entonces, todo cambió.
                     El joven la atrajo suavemente hacia sí y la besó de nuevo. Estaba vez, se trató de un beso más profundo y cálido que el que se habían dado antes. Para sorpresa de ambos, Margaret correspondió a aquel beso y rodeó con sus brazos el cuello de Jonathan, apretándose contra él. Se besaron nuevamente, intentando conocerse a través del contacto de sus lenguas. De sus salivas entremezcladas...Del sabor de sus labios...
                       El sonido de un ligero carraspeo les hizo separarse.
-¿Interrumpo algo?-inquirió una voz joven y femenina.
                        Margaret estaba toda roja cuando se apartó rápidamente de Jonathan.
-No interrumpes nada, Edie-contestó casi sin mirarla a la cara.
                        Por suerte, se trataba de su prima.
                        Los ojos azules de Edith brillaron de manera pícara al mirar a la pareja. Por lo visto, había hecho acto de presencia en el mejor momento. Sonrió para sus adentros y su adorable rostro se iluminó.
-Seguiré dando un paseo-anunció Jonathan, también muy rojo-Es una isla pequeña. No creo que me vaya a perder. Y, no. No hay árboles.
                    Se alejó a toda prisa de Margaret y de Edith sin apenas despedirse de ambas.
-¿He visto lo que creo que he visto?-interrogó la chica a su prima.
-¡Ni una palabra de esto ni a tía Phoebe ni a tío Edwin!-le ordenó Margaret.
-No les diré nada. Pero, cuando se enteren de que el primo Jonathan te está cortejando, se van a llevar una gran alegría.
-Tu primo no me está cortejando.
                     Edith se echó a reír. Lo que había visto indicaba que Jonathan estaba interesado en Margaret. Sin embargo, la joven parecía tener dudas al respecto. Edith pensó que ella debía de hacer algo al respecto para poder ayudarles.
-Sigue enamorado de su mujer-se lamentó Margaret.
-Es normal que siga sintiendo algo por Abby-admitió Edith-Pero eso no significa que no sienta nada por ti. ¡Por el amor de Dios, Meg! ¿Me vas a negar lo que acabo de ver?
-Ha sido un momento de debilidad por parte de él. Y también por parte mía...No va a volver a pasar. Te lo prometo.
                     Edith bufó de un modo nada propio de una dama. Ni siquiera era propio de ella bufar.
-Eres la mujer más cabezota que jamás he conocido-se quejó la muchacha.
                    Empezaron a caminar. Margaret se mantuvo callada durante todo el trayecto. Edith tomó la decisión de que debía de hablar a solas con Jonathan. Se encargaría de darle consejos sobre el modo en que debía de cortejar a su prima. Ya se veía así misma haciendo de dama de honor en la boda de Margaret y de Jonathan.