jueves, 29 de octubre de 2015

SILENCIO

Hola a todos.
Me he animado a terminar este relato que tenía abandonado.
Lo que me ha salido ha sido un relato más bien cortito, pero tiene un gran componente romántico. Y es de época, por supuesto.
Se titula Silencio. 
Deseo de corazón que os guste.

SILENCIO

ISLA DE FIDDLER, EN EL RÍO TÁMESIS, A SU PASO POR OXFORD, 1800

                              Mis padres, en lugar de contratar una institutriz para que me educara, contrataron a un preceptor. 
                              Estoy a punto de cumplir dieciocho años. He de viajar a Londres en unas semanas, cuando pasen las Navidades, ya que voy a tener mi puesta de largo. Dejaré de verle. Y eso me destroza el corazón. 
                             No quiero irme de aquí. 
                             Pero todo el mundo me recuerda que soy una dama. Y que debo de comportarme como se espera de mí. 
                              Me ha inculcado todo el amor que le profesa a los libros. 
                              Lo que más me aterra es que dejaré de verle. Ya no podré escuchar su voz ronca y profunda mientras me da lecciones de Historia. Ya no volveré a ver su figura alta y esbelta entrando en la biblioteca, donde recibo mis lecciones. 
-La noto distraída, milady-me ha comentado esta mañana-¿En qué piensa?
-Estaba pensando en mi puesta de largo-le respondo. 
                             Estoy mintiendo. 
-Debe de estar muy contenta-afirma-Va a dar un paso muy importante. 
-Tiene razón-asiento. 
                             Mi padre es un baronet. Sin embargo, es un hombre muy rico. Me ha comentado mi doncella que mi dote es bastante elevada. De mi preceptor sé que viene de una familia más bien pobre. Su padre es un sencillo campesino. Es el mayor de cinco hermanos. Tiene dos hermanos y dos hermanas. Se nota que les echa de menos. 
                            Es el único de la familia que ha podido estudiar. Ha estudiado en Eton, nada menos. 
                            Yo era una adolescente cuando entró a trabajar en mi casa dándome clases. Mi institutriz había muerto tras una larga y penosa enfermedad. Era una mujer agradable, pero solía decir que una dama no debía de leer. 
                              Yo lo creí hasta que le conocí a él. Empecé a leer todos los libros que mi padre tiene en la biblioteca. 
                             No sé en qué momento empecé a enamorarme de él. Sólo soy consciente de que él está en mis sueños. Quiero irme a la cama pronto para poder soñar con él. 
                          Mi corazón late a gran velocidad cuando estoy a su lado. En ocasiones, cuando me está dando clases de Matemáticas, se confunde. 
-Ahora, es usted el que está distraído-le sonrío. 
-No es nada-me asegura. 
-No me mienta, profesor. 
                            Él me sonríe. ¡Tiene una sonrisa tan deslumbrante! 
                            Me es imposible no amarle. Siempre está alegre. Es amable con todo el mundo. Se ha hecho amigo de mi padre. Se ha hecho amigo de todos los criados que tenemos. Adora vivir en esta isla. Me lo cuenta mientras damos un paseo por la isla. 
-No me gusta nada el barullo que hay en Londres-me explica-Hay demasiada gente allí. 
                           Nunca he estado en Londres. Me han hablado de esa ciudad. Algunas de mis amigas han tenido ya su puesta de largo. Otras de mis amigas han estado en Bath. Nunca he estado en Bath. 
                            Me cuentan maravillas sobre las dos ciudades. Sin embargo, no estoy entusiasmada con mi puesta de largo. 
                           Mi madre ha encargado un vestuario nuevo para mí. Dentro de unos días, recibiré los nuevos vestidos que ha cosido para mí una conocida modista de Oxford. 
                           Yo sufro al pensar en que no volveré a ver a mi preceptor. No quiero llorar. Como sin ganas. Sólo quiero estar con él. 
                            Una tarde, alza su mano para acariciar mi mejilla porque, según él, me ve triste. 
                            Un agradable escalofrío recorre mi columna vertebral. 


-Lo siento-se excusa. 
-No ha pasado nada-le aseguro. 
-No piense mal de mí, milady. Sólo quería darle ánimos. No se enfade conmigo. ¡Se lo ruego!
-No estoy enfadada con usted, profesor. Sigo teniéndole en muy alta estima. Es usted un excelente profesor. Y estoy convencida de que va a llegar muy lejos, si se lo propone. 
                             Me doy cuenta de que estoy temblando. Pero él también está temblando. Me percato de que está más delgado. 
                             Estamos en el jardín. 
-Usted se casará con un aristócrata rico-me augura-Y tendrá muchos hijos con él. 
-No quiero casarme con alguien así-le confieso-No quiero convertirme en una cornuda. 
                            Me animo y le doy un beso en la mejilla. 
                            Veo cómo se pone rojo. 
                            Su corazón late a gran velocidad. Puedo escuchar los latidos de su corazón. 
                            Él me besa en la frente. 
                            Veo profundas sombras alrededor de sus ojos. 
-Milady...-balbucea-Yo...
                            Tengo la sensación de que me quiere contar algo. Pero no se atreve. 
                            Los criados hablan del extraño comportamiento de mi preceptor. Es verdad que acude a la taberna que hay en la isla todas las noches. Vuelve a casa completamente borracho. 
                            Los criados hablan de que podría padecer mal de amores. Yo no quiero pensar que el hombre que amo pueda estar con otras mujeres. El sólo pensar en eso me destroza el corazón. 
                            Mamá, mientras, sigue hablándome de los hombres que conoceré en Londres. 
                            Mi amor por mi preceptor debe de seguir siendo un secreto. No debe de saber lo que siento por él. He de olvidarle. 
                           Además, es posible que haya otra mujer en su vida. Me pregunto quién será ella. 
                           Me imagino cómo es. Debe de ser una de las criadas. Debe de ser una mujer casada que viva en la isla. 
                           Debe de ser una joven soltera que viva en la isla. Es una mujer que le ha robado el sueño. No debe de corresponder al amor que siente por ella. Su mirada es vidriosa cuando se posa en mí mientras paseamos. Su voz tiembla cuando me da las lecciones. Siento un odio terrible hacia esa mujer. Le ha robado el corazón. ¡Y ni siquiera es consciente de lo maravilloso que es! 
                          He intentado hablar con él en varias ocasiones acerca de esa mujer. Pero él no quiere contarme nada. Se encierra en un silencio similar al que yo vivo. 
                           Odio el silencio. Cuando estoy con mis padres, apenas hablamos. Ni siquiera hablan entre ellos. 
                           Los días pasan. Yo sigo con mis lecciones con él por las mañanas. Por las tardes, voy a visitar a alguna amiga. O alguna de mis amigas viene a verme a mi casa. O estoy cosiendo mi ajuar de boda. 
                          Pero él está viviendo en esta casa. Dice el ama de llaves que le ha oído llorar. 
                          Siento el deseo de echarme a llorar. Sé que su llanto es por esa maldita mujer. Me dan ganas de matarla. ¡Pero no sé quién es! 
                         ¿Es normal odiar tanto a alguien que no he visto nunca? No sé cómo se llama. No sé dónde vive. No sé el porqué sufro tanto. 
                         Porque le veo a él sufrir. 


-Profesor...-le abordo una tarde. 
-La noto muy distraída en la lección de Geografía-me regaña suavemente. 
-No soy yo la que está distraída. Es usted. 
-¿Y qué me pasa a mí?
-Los criados hablan. Les he oído decir que usted padece mal de amores. ¿Puedo averiguar quién es ella? 
-¡No! ¡No puede saberlo! 
                       Le cojo la mano. Siento cómo él me aprieta con suavidad mis dedos. 
-¿La conozco?-le pregunto. 
                        Clava sus ojos inyectados en sangre en mis ojos. Su mirada refleja el tormento por el que está pasando. 
                        Aprieta con más fuerza mis dedos y me hace daño, pero pienso que puede hallar cierto consuelo ese gesto. 
                         Empieza a hablar. Me dice que yo soy su alumna. Que estoy a punto de entrar en sociedad. Que puedo hacer una buena boda.
                         Le interrumpo dándole un beso en la mejilla.
-¡Yo no quiero nada de eso!-le confieso y mi voz sale como un grito desgarrador de mi garganta.
-¡No puede estar hablando en serio, milady!-exclama y su voz sale igual de desgarradora.
                        Acuna mi rostro entre sus manos.
                        Está temblando. Sólo en ese momento soy consciente de que mi amor es correspondido. La mujer por la que mi preceptor está sufriendo soy yo. Está enamorado de mí. Y yo...¡Yo estoy enamorada de él!
                         ¿Qué va a ser de nosotros? Es una pregunta que me ronda la mente.
                          Entonces, sus labios se posan sobre los míos y me roba mi primer beso de amor.
                          Esta noche, los dos yacemos desnudos a la orilla del río Támesis. Sobre la hierba...Nos hemos encontrado a escondidas. Nadie sabe que he salido de casa a medianoche. Le he visto. Nos pertenecemos el uno al otro.
                          Nos hemos fundido en un apasionado beso nada más vernos.
                          ¡Es una locura!
                          Ya desnudos, volvemos a besarnos con más ardor. Besa mi cuello con deleite. Chupa mis pezones con sensualidad.
                           Despierta en mí sensaciones desconocidas. Placer...Deseo...
                           Mi cabeza reposa sobre su hombro mientras me dice que piensa venir mañana por la tarde. Quiere hablar con mi padre. Quiere explicarle lo que hay entre nosotros.
-Quiero que nos casemos-afirma con determinación-Quiero pasar el resto de mi vida a tu lado.
                           Mi corazón estalla de júbilo mientras él recorre con los labios cada centímetro de mi piel. Muerde. Lame. Chupa. Besa. Acaricia con la lengua.
                           Le siento, finalmente, mío. Y yo soy suya.

FIN

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