jueves, 12 de septiembre de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos. 
Aquí os traigo un nuevo fragmento de Cruel destino recién salido del horno. 

-Me estás evitando-le dijo Mary a Sarah-Llevas días sin querer hablar conmigo. 
                  Mary abordó a su hermana en el jardín. Sarah regresaba de la playa. Era ya noche cerrada. Darko, para su sorpresa, no había aparecido. Sarah regresaba de la playa con el corazón en un puño. Se preguntaba el porqué de la ausencia de su amado. Entonces, Mary surgió de entre las sombras. La abordó. Sarah no se lo esperaba. 
-No estoy evitándote-afirmó la joven-Sólo quiero irme a mi habitación. Es ya muy tarde. 
-Tenemos que hablar-insistió Mary. 
-Será mejor que hablemos cuando amanezca. 
                 Mary se interpuso en el camino que había entre Sarah y la puerta de la cocina. 
                 Le pareció una imagen un tanto tétrica. El cabello rojo de Mary estaba suelto. Llevaba puesto su camisón de color blanco. Un chal de lana de color negro cubría sus hombros. Durante unos instantes, Sarah creyó que estaba viendo un fantasma. 
-Me odias-dijo Mary-Lo veo en tus ojos. No estás de acuerdo con lo que hice. 
-No te odio-le aseguró Sarah-Pero pienso que hiciste mal. ¿Por qué no nos pediste ayuda?
-No puedes entender el Infierno por el que pasé. Te juro que no sabía qué hacer. Lo único que quería era olvidar lo ocurrido aquella espantosa noche. Aquel niño podía llevar mi sangre, pero era hijo de aquel miserable que me violó. Lo llevé en mis entrañas y traté de quererlo. Pero no podía. ¡No podía quererlo! 
                Los ojos de Mary se llenaron del lágrimas. Sarah alzó la mano para intentar consolarla, pero su hermana mayor se apartó. 
-No puedo olvidar-prosiguió-No sólo lo que pasó aquella espantosa noche. Sino...Lo que hice. 
               Sarah respiró hondo. En el fondo, Mary tenía razón. No sabía por lo que ella había pasado. No podía ponerse en su lugar. 
               Pero era su hermana. Y era su deber ayudarla en todo. No podía odiar a Mary. Tan sólo podía sentir pena por ella. 
                En su fuero interno, la joven sabía que se había equivocado. 
-¿Te arrepientes de lo que hiciste?-indagó Sarah-¿Piensas en tu hijo? Ya tendría cinco años. A lo mejor, se habría parecido a ti. 
                 Para su sorpresa, el rostro de Mary se tornó pálido. 
-No lo sé-admitió. 
                  No sabía lo que debía de sentir. El niño no había llegado a nacer por su culpa. 
-Aunque no haya nacido-prosiguió-El recuerdo de cómo fue concebido me sigue persiguiendo. Me asalta con más fuerza desde que me prometí con Robert. Me aterra la idea de tener que compartir cama con él. Porque recordaría lo que me pasó. Aquel canalla...Me hizo mucho daño. 
                Las lágrimas rodaban sin control por las mejillas de Mary. Respiró hondo. Intentaba aliviar la opresión que sentía dentro de su pecho. Le impedía respirar. 
-Mary...-susurró Sarah-Aún no me has contestado. ¿Te arrepientes de haber abortado? 

 

                    La aludida no supo qué responder. 
-Por un lado, era mi hijo-admitió. 
-Y...-titubeó Sarah-Por el otro... 
                    No era necesario escuchar la respuesta de Mary. Sarah intuía lo que su hermana iba a contestarle. Se necesitaban dos para engendrar un hijo. La mujer era quien lo llevaba en su vientre durante nueve meses. La que lo traía al mundo. Pero el hombre era el que se encargaba de poner la semilla en su interior. 
                  Mary intuyó lo que su hermana pensaba de ella. 
                  Se dio media vuelta. Se metió dentro de casa. Sarah hizo ademán de seguirla. Pero no quería empezar a discutir con Mary. Era ya muy tarde. Y no quería despertar a nadie. Sarah permaneció un buen rato en el jardín. Sabía que, si se metía dentro, sería incapaz de conciliar el sueño. Tenía demasiadas cosas en las que pensar. Mary...Darko...
                  Tenía la sensación de que toda su vida se estaba tornando un desastre. 
                  Con gesto sombrío, Sarah paseó por el jardín. Nubes oscuras cubrían el cielo. No se veía ni una estrella brillar. Es una señal, pensó Sarah. Algo malo va a pasar. Nos afectará a todos. ¿Qué es lo que le está pasando a Mary? Me gustaría poder leer su mente. Entender lo que piensa. Saber lo que siente. Me gustaría poder ayudarla. 

-¿Ha hablado ya con padre?-le preguntó Sarah a su madre. 
-Hablaré con él después de la boda de Mary-respondió mistress Wynthrop-¡No sabes lo irritante que es hacer esto! ¡Confeccionar un menú de bodas! ¡Dios mío! ¿Qué le gustará comer al conde? 
              Mistress Wynthrop estaba sentada a la mesa. Había varios papeles tirados y arrugados esparcidos por el suelo del salón. Parecía estar más pendiente de lo que quería escribir que de Sarah. 
                Ésta se sentó a su lado a la mesa del salón. 
-Tan sólo quiero saber si padre aceptará a Darko-le aseguró a su madre-Me prometió que me ayudaría. 
-Hija, y no olvido esa promesa-afirmó mistress Wynthrop-Pero tengo demasiadas cosas en las que pensar. No todos los días se te casa una hija. Y tú quieres tener hijas con ese tal Darko Raven. ¿No es así?
-Me gustaría tener cinco hijas con él. 
-¡Entonces, me darás la razón! Tus hijas, antes o después, crecerán. Conocerán a algún apuesto caballero. Y se casarán con él. Es ley de vida. Pero las bodas llevan su tiempo organizarlas. Y el conde parece tener mucha prisa en querer casarse con tu hermana. 
                  

                     Mistress Wynthrop se echó a reír de forma tonta. 
-No le veo la gracia-protestó Sarah-Puede que esa boda no se celebre. 
                     Mistress Wynthrop dejó de escribir. Miró con el ceño fruncido a su hija. 
-¿Qué quieres decir con eso?-la interrogó. 
                      Sarah guardó silencio. No había querido decir eso. No podía contarle a su madre la verdad sobre lo que le había pasado a Mary. Mistress Wynthrop miró de manera escrutadora a Sarah. 
-No quería decir nada, madre-mintió la joven-Sólo quiero ser precavida. 
-¿Precavida?-se extrañó mistress Wynthrop-¡Hija, el compromiso ya es oficial! ¡Se ha fijado la fecha de la boda! ¿Cómo puedes pensar que no se va a celebrar? ¡No seas agorera! 
                  Un extraño presentimiento se adueñó de Sarah. La idea de la boda aterrorizaba a Mary. Su hermana sería capaz de hacer cualquier cosa para impedirlo. 
                 No pasará nada, se dijo Sarah. 
-Tiene razón, madre-se limitó a decir la joven. 

                Katherine se sorprendió al ver a Stephen en el jardín. Pero lo que más le sorprendió fue escuchar lo que el joven tenía que decirle. 
-Huye conmigo-le pidió. 
-Hemos hablado del tema-le recordó Katherine. 
-No me importa que no estés embarazada. Somos jóvenes y podemos tener hijos cuando queramos. Huye conmigo, Cathy. 
                Le cogió las manos y se las oprimió suavemente. 
                Katherine se sintió conmovida. Ella seguía fantaseando con la idea de huir con Stephen. Pero no podía escaparse con él estando tan cerca la boda de Mary. 
-No puedo irme contigo-se lamentó la joven. 
               Besó las manos de Stephen y se alejó de él. 
-Podemos irnos al día siguiente de la boda de tu hermana-le propuso Stephen-Nadie se dará cuenta. 
               Katherine se detuvo. Stephen fue tras ella. Se colocó a su altura. Se puso frente a ella. 
              Acarició con la mano el cabello suelto de Katherine. 
-¿Lo dices en serio?-le preguntó la joven-Yo sólo quiero estar contigo. No me importa nada más. 

               

              Había mucha emoción controlada en el rostro de Stephen. Besó con pasión a Katherine en los labios. 
               Tenían todo el tiempo del mundo, pensó el joven. 
               Tiempo para tener hijos. Estarían siempre juntos. Katherine...Él...Ayudaría a Katherine a ser una de las mejores pianistas del mundo. La joven no podía vivir en la sombra. 
                 Katherine empezó a pensar. La boda de Mary se celebraría en pocas semanas. No podía huir en aquellos momentos. Pero Stephen tenía razón. Podían huir juntos el día después de la boda. O durante el banquete nupcial...¿Quién se iba a dar cuenta de que ella faltaba? Podría subir a su habitación. Hacer las maletas. Y salir por la puerta de la cocina. Nadie la vería. 
-Tenemos que prepararlo todo bien-dijo Katherine. 
-¿Cuándo quieres que nos vayamos?-le preguntó Stephen. 
-Mientras se esté celebrando el banquete. Cuando se haya partido la tarta. Y cuando los novios hayan bailado. Me escaquearé como pueda. 
-Yo te estaré esperando en el Círculo de Menhires. 
-Intentaré estar allí. Sólo quiero que nos casemos. Huiremos a Gretna Green. 
-O a cualquier parte...
                 Volvieron a besarse apasionadamente. Katherine pensó que aquel plan funcionaría. 
                  Y ella y Stephen harían realidad su sueño de estar siempre juntos. 

                   Robert estaba repasando la lista de invitados. La había confeccionado mistress Wynthrop. Venía adjunta con una nota. Su futura suegra le pedía que le escribiese dándole su opinión. 

                   Es muy importante que sepa lo que piensa, milord. ¿Está bien? 

                  Robert dejó la nota encima de la mesa de su escritorio. 
                  Se encontraba en su habitación. 
                  Se levantó de la silla en la que estaba sentado. Sentía un gran desasosiego en su interior. Iba a casarse con Mary. Pero la idea de casarse con la joven no le llenaba de ilusión. En el fondo, pensó, Emma tenía razón. Estaba a punto de cometer un terrible error. Pero no podía dar marcha atrás. No podía dejar a Mary plantada a escasos días de la boda. 
                   Robert era un caballero. No podía faltar a la palabra que le había dado a Mary. Además, se había propuesto hacerla feliz. 
                   E iba a cumplir la promesa que le había hecho. 
                   Unos golpes en la puerta llamaron la atención de Robert. 
-Adelante-dijo. 
                   La puerta se abrió. Entró el ayudante de cámara de Robert. 
-Dispense, señor-dijo el ayudante de cámara. 
-¿Qué quieres?-inquirió el conde. 
-Ha venido el sastre. Le está esperando abajo en el salón. 
-¿Y a qué ha venido el sastre?
-¿No se acuerda? Tiene que tomarle medidas para confeccionar el traje de novio. 
                   El traje de novio...


                    El traje que luciría el día de su boda con Mary. Robert tragó saliva. 
-Bajo ya mismo-se limitó a decir. 

6 comentarios:

  1. sorprendente y emotivo capitulo.
    me gustaría que mary fuese feliz.
    un fuerte beso

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    1. Hola Anna.
      Me alegra mucho que te haya gustado.
      Intentaré darle una solución a Mary.
      Un fuerte abrazo.

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  2. me gusto el fragmento muy bien logrado

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    1. Me alegro de que lo veas así.
      Un fuerte abrazo, Citu. Y cuídate.

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