jueves, 5 de abril de 2012

CRUEL DESTINO

           Sarah y Lilith se pusieron de pie. Siguieron caminando.
           Para cuando eso pasó, el día había dado un giro brusco.
           Era una tarde inusualmente rara. El Sol iluminaba el bosque que rodeaba el río Cefni. El cielo estaba despejado. Lilith saludó a una pareja de conocidos que vieron. Dos hombres estaban sentados en el suelo. Hablaban con gesto serio. Un niño se acercó al río. Una niña le siguió. Metieron en el agua un barquito de juguete.
               Lilith empezó a hablarle a Sarah. La joven tenía una visión demasiado romántica de la vida.
-Nunca entregues tu corazón a alguien al cien por cien-le exhortó.
                Sarah se cogió de su brazo para caminar.
-No entiendo lo que quieres decir-admitió.
               Lilith había sido como Sarah años antes. Había tenido muchos sueños. Por desgracias, todos aquellos sueños se habían hecho añicos.
               La vida la había defraudado profundamente.
-Eres muy apasionada, Sarah-observó Lilith.
-¡No podría ser de otra manera!-se rió su amiga.
-Eso es lo que más me preocupa.



               Caminaban con paso lento. Lilith no tenía ganas de regresar a su casa. Hacía mucho que había perdido la ilusión por ver de nuevo a su marido. Por estar con él. Lo había amado intensamente. Y ya no quedaba nada de aquel amor tan apasionado que le profesó. Ni siquiera quedaban las cenizas.
-Te puede pasar a ti-dijo Lilith en voz alta.
-¿Qué quieres decir?-indagó Sarah.
               Su amiga le dio un cariñoso apretón en el brazo. Ya ni recordaba la última vez que su marido la acarició.
-Todos buscamos el amor-admitió Lilith-Pero nadie lo encuentra realmente. Cuando amamos con pasión, acabamos con el corazón destrozado. Hecho añicos...Lo único que queremos es que alguien nos haga compañía. Nadie quiere quedarse solo. Tus hermanas piensan en casarse. Digas lo que digas. Tus hermanas desean casarse para no quedarse solas. Tus padres, por desgracia, no vivirán eternamente. Os quedaréis solas en vuestra casa. Sin más compañía que vosotras tres.
-No te creo-replicó Sarah-Si te fijas bien, te darás cuenta de que estás equivocada. Mis padres...Tú misma...Son felices. Os casastéis. Y amáis a vuestros cónyuges. ¡Tú quieres a Alec! ¡No digas lo contrario, Lilly!
-Quizás tu padre ame a tu madre-dijo Lilith-Pero...Yo soy distinta. Siempre he tenido mucho genio y es muy difícil convivir conmigo. Ya lo sabes. No me relaciono con mucha gente. No tengo muchos amigos. Me ven como a un bicho raro. Lo entiendo. ¿Amo a Alec? Quizás...El amor es una quimera. Antes o después, se acaba. Eso es lo más doloroso de todo. Ver cómo se apaga el amor. Ver cómo tanta pasión se extingue. Y no queda nada. Ni siquiera quedan los rescoldos.
              Sarah negó con la cabeza. Un carruaje tirado por caballos de color castaño pasaron cerca de ellas.
               El amor no es una quimera, pensó Sarah. Es algo real. Nos envuelve. Nos rodea. No podemos escapar de él.
-Mis padres no piensan como tú-afirmó-Ellos se han casado. Y lo han hecho por amor. No por convencionalismo social. Mis hermanas harán lo mismo algún día. Y yo voy a hacer lo mismo que han hecho ellos. Me casaré por amor.
-Hablas igual que yo-observó Lilith-Aunque no lo creas. Tus padres no sé si se aman o no se aman. No me gustaría tener un día una hija. Me da miedo de que se parezca a mí y sufra como yo he sufrido en el pasado.
-Tú deseas que yo me case enamorada de mi futuro marido.
-Me temo que he sido una jovencita muy soñadora-Había pena en la voz de Lilith al hablar-Creía que basta con amar. Pero eso no basta. Tanto Alec como yo debimos de cultivar nuestro amor. Nos basamos en la pasión que nos consumía para estar juntos. Teníamos que hacer un esfuerzo para evitar que nuestro amor se apagara. No lo hicimos. Fue un error. Con gestos de cariño...Con hablar...Los pequeños detalles...Si no...El amor se apaga. Y eso fue lo que nos pasó. Se apagó nuestro amor. Y eso lo que más siento. He perdido a mi amor. Lo siento cada vez más lejos de mí.
-Pides un imposible, Lilly-admitió Sarah-Eso es muy difícil de conseguir. Se habla de amor. De cómo se consigue. Y...¿Qué pasa después? La amistad...Eso está bien.
-Y no pasa casi nunca. Hazme caso. Después de la pasión...¿Qué es lo que queda? Te lo diré. Un sentimiento de desapego hacia la persona con la que estás.
-No creo que mis hermanas quieran oírte. Hablan de amor. De su boda...De ser felices.
-La gente quiere oír sólo las cosas buenas. Intenta ignorar que no todas las historias de amor tienen un final feliz. Espero equivocarme. Tanto contigo como con tus hermanas. Os merecéis ser felices.
                El rostro de Lilith era serio. Sarah oyó las risas de varios niños que jugaban al diávolo. Tres jovencitos estaban a pocos metros de donde estaban ellas. Se reían. Debían de ser unos niños a punto de convertirse en hombrecitos. De pronto, Sarah se sintió vieja. Un matrimonio maduro estaba paseando. Se sentó en el suelo. El marido tenía el rostro serio. La mujer tenía el rostro cansado. No se hablaban. No se miraban.
             ¡Dios!, pensó Sarah. Podría acabar así. Como esa mujer...
Una pareja que estaba sentada en sobre una manta en el suelo se puso de pie.
               Les acompañaba la carabina.
-Alec y tú os queréis-insistió Sarah-No digas lo contrario, Lilly. Vosotros estáis aún juntos. Luego, existe todavía el amor. Lo veo todos los días. Lo cultiváis. Alec te quiere
-Más o menos-se sinceró Lilith-Procuramos llevarnos bien. Cuando estamos solos, nos hacemos compañía. No tenemos hijos. Alec alivia mi soledad. Y yo, a mi vez, alivio la soledad de Alec.
-He pasado largas temporadas con vosotros. Siempre ha reinado la armonía entre Alec y tú. A pesar de la ausencia de hijos...Os miráis a los ojos con adoración. Nunca te he oído discutir con él. Os habláis con respeto. Con cariño...Ni un grito...Ni una mala palabra...Ni un mal gesto...
-Ya. No te confundas. Que dos personas se lleven bien no significa nada. Te puedes llevar bien con tu marido. Pero no amarle. El respeto, lo mismo que el deseo, no es sinónimo de amor. Es otra cosa. Llevarse bien. Comprenderse. De ahí nace la amistad. Y eso es bueno. Las personas no quieren estar solas. Te lo he dicho antes. Buscan casarse. No por amor. Les obliga el deber. El deber a tener un hijo que perpetúe su apellido. El deber a cumplir una orden. Y, en definitiva, el terror a estar solo. Aunque haya quien piense que el respeto y el amor van cogidos de la mano. Lo mismo que el deseo. El respeto va unido al cariño. No siempre es así. Y el deseo y la pasión nace de nuestros más bajos instintos. Y no me pidas que te diga de dónde vienen los más bajos instintos. No te lo voy a decir.
                  Sarah esbozó una sonrisa trémula.
                 Se equivoca, pensó. Lilith debía de estar equivocada.
                 Ella se casaría con el hombre de su vida. Todavía no había aparecido. Pero estaba segura de que no tardaría mucho en aparecer en su vida.
                 Lo esperaría siempre.
                 Habrá discutido con Alec por alguna tontería, pensó. Miró a Lilith. Su mejor amiga no pensaba así. Estaba segura.

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