miércoles, 11 de abril de 2012

CRUEL DESTINO

-¿Qué quiere de mí?-le preguntó Sarah a Darko.
-La admiro mucho-respondió el hombre-Creo que tiene algo de bruja.
-¿Por qué dice eso?
-Porque me ha robado el sueño desde que nos conocimos, miss Wynthrop.
-Está diciendo muchas tonterías. Y no quiero creérmelas. ¡Apenas le conozco!
-Pero desea conocerme mejor. Lo veo en sus ojos. No soy ciego.
-No es ciego. Es otra cosa. Algo peor...¡Es el ser más ególatra que jamás he conocido!
-Le agradezco el piropo. Me ha definido a la perfección. ¿Lo ve? Quiere conocerme mejor.
             La cercanía del rostro de Darko puso nerviosa a Sarah. Hasta ella llegaba el aliento de él; olía a brandy. Se atrevió a seguir con los dedos el trazado de su garganta y vio una cicatriz muy fina que cruzaba su cuello. Los dos estaban en el jardín trasero de la casa de los Wynthrop. Sarah estaba cortando unas rosas para colocarlas en el jarrón.
              De pronto, Darko hizo acto de presencia.
               Estuvieron sin cruzar palabra desde hacía un buen rato. Se limitaban a permanecer sentados sobre la hierba. Olvidó las palabras que le dijo Erika días antes. La doncella nunca había estado enamorada y no podía opinar sobre lo maravilloso que era el amor.
             Darko le sonrió y pareció estremecerse cuando la mano de Sarah acarició su barbilla. Hacía días que no se afeitaba, pensó Sarah al tocarle. Los dedos de la joven descansaron sobre la mejilla de Darko.
             El hombre se acercó a Sarah. Se acercó mucho más. Sarah retiró rápidamente los dedos de la cara de Darko. Se estremeció violentamente cuando la mano de él cayó sobre su espalda y llegó a su cintura.
-¿Qué está haciendo?-preguntó Sarah.
             Apenas podía hablar.
-Deseo besarla-respondió Darko.
-Es una locura-afirmó Sarah.
-No lo creo. Está deseando que lo haga, miss Wynthrop.
            A sus veintiséis años, Sara nunca había estado tan cerca de un hombre como lo estaba ahora; el musculoso cuerpo de Darko emanaba calor y Sarah pensó que se desmayaría.
-Pueden salir-dijo-Pueden vernos.
-¿Quiénes nos pueden ver?-sonrió Darko.
-Mis padres...Mis hermanas...Están dentro. Podrían...No sé. Salir al jardín.Y...
-No importa. Es más divertido.
          La garganta de Sarah se secó cuando Darko la pegó a su cuerpo. Miró en dirección hacia su casa con expresión angustiada. Tuvo la sensación de que aquel hombre estaba intentando seducirla. La boca de Darko olía a brandy y a tabaco y se encontraba cada vez más cerca de la suya. Aún así, Sarah estaba asustada.
-¿De qué tiene miedo, miss Wynthrop?-le preguntó Darko.
-Usted puede llevarme a la perdición-respondió Sara-Me han hablado mucho de usted. Gente que le conoce bastante bien. Me han alertado de lo que me puede pasar si dejo que se me acerque demasiado.
-Lo que yo quiero es llevarla al Paraíso. ¿No quiere acompañarme?
-No lo sé. Me asusta.
-¿Por qué no lo sabe? ¿Acaso nunca ha estado con un hombre? No tenga miedo de mí.
-Porque tengo miedo. Tengo miedo de que esto sea un sueño. Tengo miedo de despertar y de darme cuenta de que lo que está pasando no es real. Y tengo miedo de que pueda usted romperme el corazón. Y me haga daño.
               Darko se echó a reír de un modo sensual. Un suspiro de placer se escapó de la garganta de Sarah.
-Le gusto-observó.
-¿Por qué lo dice?-quiso saber ella-No le he dicho nunca que le guste. Nos hemos visto muy pocas veces, mister Raven.
-Por cómo me mira.
                 La respiración de Sarah se hizo cada vez más agitada. Los labios de Darko se posaron brevemente en los suyos. Se apartó ella de él de manera rápida. Se puso de pie y retrocedió hasta un árbol. Lo miró con ojos cargados de miedo y de deseo reprimido.
               Se acercó Darko a ella y la besó. La besó de lleno en la boca. Sarah apartó la cara. No se podía creer lo que estaba pasando. Darko la miró y sus ojos reflejaban lujuria. ¿De verdad ella le inspiraba lujuria?



-¿Y qué pasa con Lilith?-inquirió Sarah.
-Hace mucho que acabó mi relación con ella-contestó Darko-Sólo piensa en su Alec-Rodeó la cintura de Sarah-Y me alegro. Porque la he conocido a usted, miss Wynthrop. Voy a serle sincero. Y me está volviendo loco.
-Sé que es un hombre peligroso. Podría acabar mal.
                  Darko sonrió.
-Tengo más vidas que un gato-se jactó-Soy invencible.
               Sarah tragó saliva.
-¿Le importa cómo acabe, miss Wynthrop?-le preguntó Darko.
               Sarah asintió.
-No quiero que le pase nada malo-respondió la joven.
-Se lo dije en el puerto-le recordó Darko-Los miedicas de Bow Street me teme.
-Seguro que habrá alguien en Bow Street tan loco como para intentar acabar con usted.
-Soy un hombre rico. El dinero lo compra todo. Incluso a los inspectores insolentes e inoportunos. No sufra por mí. Mis negocios van bien. Ya sabe a lo que me dedico.
-Sí, lo sé. Lilith me lo contó. No debería de estar aquí. Conmigo...Yo...
                De pronto, Sarah notó cómo la boca de Darko se abalanzaba sobre la suya. Fue un beso en toda regla. Un escalofrío de placer recorrió todo el cuerpo de Sarah. ¿Qué me pasa?, se preguntó. No entendía el porqué aquel hombre le despertaba aquellas sensaciones tan pecaminosas que estaba experimentando. Deseo de ser suya. Deseo de hacerlo suyo.
              Contra su voluntad, Sarah se vio así misma apretando su esbelto cuerpo contra el cuerpo musculoso de Darko. Abrió la boca cuando el beso se tornó más exigente. Estoy soñando, pensó Sarah. Es demasiado hermoso como para ser real.
               A sus veintiséis años, Sarah estaba descubriendo el amor. Nunca pensó que un beso sería algo como lo que estaba experimentando. Un duelo de lenguas desatado y cargado de intensidad. Un beso que podía conducir a otra clase de cosas.



              Transcurrieron unos instantes. Se le hicieron eternos a Sara. La joven se apartó de Darko para tomar aire. Se alejó de él mientras notaba cómo su rostro se encendía.
-Le ha gustado-le dijo él a su espalda.
            Sarah se volvió.
-Sí...-admitió-Me ha gustado.
-Y quiere que lo repita-añadió Darko.
             Su voz sonó demasiado arrogante para Sarah.
-Tiene una elevada opinión de usted mismo, mister Raven-afirmó la joven. No supo cómo pudo hablar-Cree que todas las mujeres se mueren de amor por usted. Y eso no es verdad.
-En su caso, sí es verdad-se jactó Darko.
              La miraba y parecía que la estaba desnudando con la mirada. Sarah se giró para mirarle y se topó con su mirada cargada de intensidad. Aquel hombre parecía querer robarle hasta el alma.
-Eres la mujer más hermosa que jamás he conocido-afirmó Darko.
             Se atrevió a tutearla.
-No se ría de mí-le pidió Sarah-No lo soportaría.
-No me estoy riendo de ti-le aseguró Darko.
            Se acercó a Sarah y sus manos subieron por la espalda de la joven. Llegaron hasta su cuello. Se enredaron con el cabello suelto de Sarah. La joven se estremeció al sentir las manos de Darko en su nuca. Pensó que se iba a desmayar y que se despertaría en su cama y no en los fuertes brazos de aquel hombre.
-Debo irme-dijo.
-Volveremos a vernos-le aseguró Darko.
-No lo sé.
-Lo haremos. Te lo garantizo. Serás mía.
-No...
               ¿O quizás sí? Sarah no estaba segura de nada. Pero, cuando Darko la abrazó por última vez, se olvidó de todo. Durante unos instantes, Sarah se dejó besar y acabó con la cabeza escondida en el amplio pecho de Darko. Al darse cuenta de lo que estaba haciendo, se apartó de él. Y echó a correr hasta su casa.

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