miércoles, 11 de abril de 2012

CRUEL DESTINO

              Sarah cerró la puerta de un portazo. Se apoyó contra la madera mientras su corazón latía a gran velocidad. Todavía no podía creerse lo que había ocurrido en el jardín.
             Se alejó con paso tambaleante de la puerta.
             Oyó el sonido de un piano.
             Era Katherine. Estaba recibiendo su clase de piano semanal. Para la joven, aquellas clases eran lo único que daban sentido a su vida. Sarah agudizó el oído. Katherine estaba interpretando una pieza de Mozart. Ignoraba qué pieza era. Siempre había sido un desastre para la música. Su institutriz había tirado la toalla en aquel aspecto con ella.
-Tiene un gran talento-la aduló el profesor de piano, Stephen Winter-Parece que está interpretando la pieza de memoria. No mira la partitura.
-Intento aprenderla de memoria-admitió Katherine.
-Y lo hace muy bien. Me encanta escucharla.
-Tengo a un excelente profesor.
-Me adula usted, miss Wynthrop.
-Le adulo con razón, mister Winter.
-Le ruego que se centre en la pieza. No se me distraiga. Ahora, viene una parte complicada.
-Ya lo veo.
-Atenta...Es importante.
             El piano se encontraba en el salón.
             El mundo es un pañuelo, pensó Sarah cuando llegó al salón. Notó algo raro en la manera que había de relacionarse entre Katherine y mister Winter. Se trataban de un modo cordial. Pero le pareció a Sarah que había algo muy familiar en el modo en el que se dirigían el uno al otro. Se preguntó si se lo estaba imaginando.
-Se ha confundido en  una nota-le dijo el profesor a Katherine-No es fa sostenido. Es fa. Nada más.
-Dispense, señor-se disculpó la joven-Me he confundido.
                El profesor de piano de Catalina era inglés, pero su madre era galés. Había ido a casa de los Wynthrop a ofrecer sus servicios como profesor. No lo admitió en aquel momento. Pero quedó deslumbrado por la belleza de su alumna. En ocasiones, se quedaba contemplándola absorto. Katherine se dejaba llevar por la música. Parecía fundirse en ella.
-No pasa nada-le dijo a Katherine-Prosiga.
                Mister Winter era un hombre de unos treinta años.
                A Sarah le recordó a lord Robert, si exceptuaba que mister Winter era rubio. Mejor dicho, rubio rojizo. Y que el conde de Maredudd tenía el pelo de color negro. Los dos eran altos. Eran bien parecidos. Y vestían con suma elegancia.
              Katherine pareció mirar con adoración a mister Winter.
              Éste se sentó a su lado y, de pronto, Katherine dejó de tocar. Mister Winter le cogió la mano y se la besó. Sarah adivinó la turbación de su hermana menor. Se preguntó si debía de entrar e interrumpir la escena. Se quedó en el umbral de la puerta. Mirando lo que estaba pasando.
-Lo siento-se disculpó mister Winter.
-No tiene importancia-dijo Katherine.
             Sarah vio el rostro de su hermana iluminado. Sonreía de pura dicha. Mister Winter le cogió la mano de nuevo y se la besó. Se inclinó hacia ella. Sarah vio cómo mister Winter besaba a Catalina en una mejilla. Acto seguido, la besó en los labios. No fue un beso casto. Fue un beso apasionado. Katherine se dejó llevar por la pasión de aquel beso. Puso toda su alma en los labios que la besaban. Rodeó con sus brazos el cuello de Stephen. Se entregó a aquel beso. Sarah se quedó atónita. La dulce Katherine...¡Estaba besando con ardor a su profesor de piano!
                ¡Dios mío!, pensó Sarah. Pero...También tiene derecho a enamorarse. A ser feliz.



               Entonces, Sarah decidió intervenir. ¿Y si sus padres aparecían de pronto? Se enfadarían con Katherine. Hizo como si entrara en el salón.
-¡Cathy!-llamó a gritos a su hermana. La pareja se separó-¡Ah! ¡Lo había olvidado! Estás con tus clases de piano. Perdóname. Buenas tardes, mister Winter.
              Tanto Katherine como su profesor estaban ruborizados. Sarah sonrió para sus adentros. Katherine tenía un pretendiente. Se alegraba por ella.
-¡Oh, Sarah!-exclamó Katherine al verla-Discúlpanos. Estábamos muy centrados en la lección de hoy. He intentado interpretar esta pieza sin consultar la partitura. Creo que lo he conseguido.
-Me alegro-dijo Sarah-Bueno...Me alegro de que tus lecciones vayan bien.

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