miércoles, 5 de agosto de 2015

CARTAS A BIBI

Hola a todos.
Hoy, os traigo una nueva carta que Jorge le escribe a Bibi. Son bastantes las cartas que este joven enamorado le escribe a su novia.
Veamos qué le escribe en esta ocasión.

                                Mi adorada Bibi:

                               Tu hermano Pedrito se ha empeñado en pasar toda la tarde conmigo. Lo cierto es que es fácil cogerle cariño. Soy hijo único. A veces, quiero pensar que Pedrito es como mi hermano menor. Y, de algún modo, estar cerca de él es como estar cerca de ti.
                                 Hemos pasado la tarde los dos solos.
-¡Butragueño es el mejor de todo El Madrid!-exclamó Pedrito-Gracias a él, ganará El Madrid la Liga este año.
-Todavía falta mucho tiempo-le recordé.
-Michel también es un buen jugador. Debuta este domingo con el primer equipo. ¡Mi madre me ha dicho que lo podré ver! Creo que La 1 lo retransmite. Si no es así, lo escucharé por la radio.
-Sabes mucho del Madrid.
                              Pedrito se echó a reír.
-Mi padre era del Madrid-me contó-No llegué a conocerle porque murió antes de que yo naciera. Pero he visto fotos suyas. Aparece con mi madre. En otra foto, aparece con Bibi cuando era un bebé. Ella sí se acuerda de él y me cuenta cosas. Me enseña fotos suyas. Incluso, me enseñó un álbum de cromos de jugadores de fútbol. Con Di Stefano...Mi abuelo...Los dos...Uno era de la Pontevedrina. Creo. Y el otro es del Celta de Vigo.
-Podrías ser un buen futbolista-opiné-¿No lo has pensado?
                             Pedrito se encogió de hombros.



                               Le revolví el pelo.
                              Vimos pasar a dos palomas torcaces. Recordé cuando se soltó una pareja de estas palomas, macho y hembra, en la isla.
                              Tú estabas allí con tu madre y con Pedrito. Contemplasteis la suelta.
                              Las palomas torcaces han criado en Toralla. Espero que a ningún loco le dé por cazarlas. Sería una pena perderlas.
                              Me he acostumbrado a verlas pasar.
                              Pedrito y yo hemos pasado toda la tarde en el bosque. Todavía faltan unas horas para que anochezca.
                              Es el momento en el que los estorninos regresan a sus hogares. Han hecho sus nidos en los árboles del bosquecillo que hay al lado de la urbanización. Una urbanización pegada a un pequeño bosque...¡Qué curioso!
-¡Ojala no talen los árboles!-exclamó Pedrito.
                           Si talan los árboles, los estorninos se marcharán a otro lugar. Pedrito me contó que él podía impedir que eso ocurriera.
-¿Y cómo lo piensas hacer?-le pregunté.
                          Entonces, me contó que había tenido una idea al recordar una película que fuisteis a ver los tres (Pedrito, vuestra madre y tú) al cine. Se llama La Guerra de los Niños. 
                       Pedrito no recordaba muy bien de qué iba. Pero sabía que había un empresario dispuesto a talar un bosque. Y había unos niños que querían impedirlo. Uno de los niños se subió a uno de los árboles.
                        Desde allí, podía vigilar el avance de las máquinas que talan árboles. Y dar aviso a sus amigos.
                         El niño que se subía era el hijo del tipo que quería talar todo el bosque. Pensaba que, si le veían subido a uno de los árboles, se marcharían.
                          Pedrito me contó que el plan tuvo éxito. Al final, no talaron el bosque.
-No talaron el bosque porque el niño se cayó del árbol y casi se mata y el padre dijo que no lo talaría si despertaba-le recordé-Cosa que ocurrió al final.
                         Pedrito tuvo que darme la razón. También he visto esa película.
                         Él recordaba la película porque salía un grupo formado por niños. A mí todos esos grupos me parecen iguales.
-¡Porque no entiendes de música!-se rió Pedrito.
                          Yo entiendo de buena música. Escucho a Barón Rojo. Una buena canción es la que te llega al corazón.
                            ¡Una buena canción es Los rockeros van al Infierno! Se la canté a tu hermano. Pedrito se me quedó mirando con cara rara. Creo que es un poco joven para que conozca a los Barón Rojo. 
-¿Y qué me dices de Leño?-le preguntó-¿Has escuchado Maneras de vivir? ¡Es una pasada!
-No...-respondió Pedrito-No...
-¡Pues no sabes lo que te estás perdiendo!
                          Pedrito me comentó que lloraste como una magdalena cuando escuchaste en el Telediario que Eduardo Benavente había muerto. Te gustaba mucho ese cantante. Todavía hay pósters suyos decorando las paredes de tu habitación.
                           Alabo tus gustos, mi querida Bibi. Se perdió a un gran músico y a un gran cantante en la carretera.



-Deberías de ver más Tocata-le aconsejé a tu hermano-O, mejor, ve La Edad de Oro. 
-Bibi ve ambos programas-me contó Pedrito-Pero le gusta más La Edad de Oro. A nuestra madre, en cambio, no le gusta mucho. Dice que sólo salen ahí pintas, como ella les llama. No lo creo. ¡Mola mucho cómo visten! Pero no creo que mi madre me deje vestir así.
-Ambos programas son buenos. Cada uno en su estilo...
-¿Me prestarás algún LP de los grupos que me has mencionado?
-¡Por supuesto, colega! ¡Somos familia! ¿O no?
                                Esta noche, nos hemos encontrado en el bosque, Bibi.
                                Te he contado lo que hemos hecho Pedrito y yo esta tarde.
-¿Es que piensas convertir a mi hermano en tu calcomanía?-te reíste.
-Tan sólo quiero que escuche música que mole-te contesté, también entre risas.
-No creo que a nuestra madre le agrade ver a Pedrito con una melena. ¡Se moriría del susto!
                               Empezamos a besarnos con desenfreno en los labios tras caer sobre el suelo. No dejemos de besarnos en ningún momento. Ni siquiera dejamos de besarnos cuando estábamos ya desnudos.
                               Ni siquiera cuando mi lengua comenzó a pasearse por uno de tus pechos para saborearlo con deleite.

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