sábado, 1 de agosto de 2015

CARTAS A BIBI

Hola a todos.
Aquí os traigo una nueva carta que Jorge le escribe a Bibi.
¡Veamos qué ocurre entre ellos!

                                     Mi adorada Bibi:

                                   No he dormido esta noche en la casa de mis viejos. Ha habido otra vez movida y me están entrando ganas de pasar otra vez de ellos. Están indignados porque ya no es un secreto a voces.
                                 Tu madre quiere divorciarse de Germán.
-¡Si no llevan casados ni tres meses!-ha protestado mi madre.
-¡Es una zorra!-ha exclamado mi padre.
                                En realidad, ha dicho algo todavía peor. Pero no quiero reproducirlo.
-¡Es su vida!-les he replicado-Y la culpa de todo la tiene ese tal Germán. Nos engañó muy bien a todos.
-Germán parece un hombre decente-ha dicho mi viejo.
-¿Y qué clase de hombre tiene a su mujer abandonada en un hospital tras perder el crío que esperaba?
                              Total, hemos acabado discutiendo. Me he largado de casa dando un portazo. Sentía que me iba a estallar la cabeza.
                              He decidido buscar refugio en el bosquecillo. Muchas noches, he dormido allí a la intemperie.
                              Es verdad que tu madre y Germán llevan casados muy poco tiempo. Pero tu madre no puede más. Tú la apoyas. Pedrito todavía no sabe nada. Tu abuela también la apoya. Me lo contaste esta tarde, cuando fui a recogerte al instituto. Te metiste en el coche.
-Mi madre ha hablado con un abogado-me contaste-Lo tiene decidido. Quiere divorciarse de Germán.
-Peleó mucho para estar con él-te recordé.
-Apostó todo por ese amor.
                          Arranqué el coche. Yo te veía triste.
                          Estabas pensando en todas las broncas que tuviste con tu madre cuando te enteraste de que había vuelto a enamorarse. Germán lleva semanas sin aparecer por vuestra casa. Creo que no han llegado a convivir juntos.
-Se esfumó en cuanto mi madre perdió el bebé que esperaba-te lamentaste.



-¿Qué le has dicho?-te pregunté.
-Me habría gustado haberle dicho que se lo advertí, pero no es el momento. Mi madre me necesita, Jorge.
-Siempre has sido una chica fuerte, Bibi. Una verdadera Supergirl...
                        Te echaste a reír. Pero tu risa sonó triste.
-No soy eso-me afirmaste-No lo soy.
                          Atravesamos el puente que conecta la ciudad con Toralla. Todavía no sabes que he discutido con mis padres. Pero no tardarás en saberlo. En cuanto leas esta carta.
                          Ya has leído todas las cartas que te he escrito. Pasamos la tarde en la playa.
                           Dimos un paseo. Y me lo contaste.
                          Has llorado al leer cada una de las misivas que te he escrito.
-Tú eres el chico con el que quiero estar, Jorge-me has asegurado.
                           Mi corazón late de alegría cuando estoy contigo. Es una frase muy cursi. Pero es lo que siento cuando te veo, mi dulce Bibi.
                           Quiero pensar que las cosas van a empezar a mejorar a partir de ahora. ¡Debes de tener paciencia! Tu vieja es una mujer fuerte.
                            Saldréis los tres adelante. Me tienes a mí, Bibi. Tienes a tu abuela.
                            Y las amigas de tu madre también os ayudarán.
                            ¡Has venido! Me has contado que los gritos que proferíamos mis viejos y yo se oían desde tu casa.
                            Conoces demasiado bien cómo soy. Sabes que prefiero estar solo cuando estoy furioso. Pero se me pasa todo en cuanto te veo.
                             Estoy sentado en el suelo. Te sientas a mi lado. Llevas puesto el pijama.
                            Ni tu madre ni Pedrito saben que has salido de casa.
-¿Cómo estás?-me preguntas.
-Ahora que te veo, estoy bien-te respondo.
-¿Por qué has discutido con tus padres?
-Prefiero no hablar de ese tema. Bastante agobio tienes en tu casa.
-Pero quiero ayudarte, Jorge.
-No ha sido nada, Bibi. No te preocupes. Mis viejos estarán chillándose entre ellos. Ocurre con frecuencia en mi casa.
                              Te sonrío. Me cuesta trabajo sonreír. Pero quiero que estés bien. ¡Te quiero tanto, mi adorada Bibi!
                              No sé cómo expresarlo con palabras.
-Bibi...-te susurro.
-Jorge...-me dices a tu vez-Pase lo que pase, quiero que seas sincero conmigo. Por favor...
                             Tan sólo puedo expresar este amor tan grande que hay dentro de mi corazón con hechos.
                             Mis manos acariciar tu pelo. Lo llevas suelto y es tan rubio como un rayo de Luna. Te lo he dicho muchas veces.
                             Te ríes cuando te lo digo.
                            Caemos sobre el suelo envueltos en un abrazo muy fuerte. Mis labios se apoderan de tus labios.
                             No quiero pensar en nada mientras me quitas la camiseta y yo te desabrocho la parte de arriba de tu pijama. Es mejor no pensar. Sólo limitarnos a sentir.



                              Y ya, desnudos, vuelvo a besarte con desenfreno en los labios. Mi boca no se cansa de besar cada centímetro de tu piel.

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