lunes, 15 de junio de 2015

ESTUDIAR

Hola a todos.
Aunque parezca mentira, ya estamos a 15 de junio.
El mes se está pasando deprisa. Los exámenes están tocando a su fin.
Hace mucho que dejé de estudiar. Sin embargo, estos días me traen recuerdos. Recuerdos de algo que me parece lejano en el tiempo.
Me da por pensar. Y me pongo triste. Lo que más recuerdo de mi época de colegio son los estudios. Los exámenes...
Se evalúa cada trimestre los conocimientos del alumno. Si aprueba los exámenes, todo está bien. La cosa cambia cuando suspende un examen. Siente cómo algo se tuerce.
Confieso que me mataba a estudiar. No me gustaba. Lo digo públicamente.
Pero no me quedaba otra que estudiar. Y eso hacía.
Eran noches en vela releyendo una y otra vez lo que ponía en los libros. Repitiéndolo para mis adentros.
No paraba hasta que no me lo sabía todo de un tirón.
Me quedaba despierta hasta altas horas de la madrugada estudiando. Quería esforzarme en sacar una buena nota. Mi madre se quedaba conmigo levantada. Me tomaba la lección. Entonces, era el momento de más tensión. Yo me ponía nerviosa cuando no lograba saberme la lección.
Mi madre se ponía nerviosa. Terminábamos discutiendo. No era nada agradable de presenciar. Las lecciones me perseguían hasta en sueños.
Poco importaba la clase de examen que era. Si era oral. O si era escrito. Me obsesionaba con él.
Soñaba con el examen.
Mi madre me ha contado que recitaba la lección en sueños. ¿De verdad hacía yo eso? Posiblemente...
Ella me ha contado que me ha oído repetir una y otra vez las tablas de multiplicar. Recuerdo a la perfección las tablas de multiplicar.
Era imposible no sabérselas. Mi profesora nos las preguntaba todos los días. Nos mandaba a copiarlas no recuerdo las veces. ¿50 veces? ¿25? ¿30? ¿100?
¡Así era imposible no aprendérselas de memoria! Yo no quería terminar copiando las tablas.
De modo que intentaba aprenderlas. Me quedaba levantada hasta la madrugada.
Y mi madre se quedaba levantada conmigo. La pobre tenía que trabajar al día siguiente. No me explico cómo pudo hacer ambas cosas. Estábamos las dos solas.
Nunca me alcanzará la vida para agradecerle todos los desvelos que tuvo. Que todavía tiene. No sé porqué me ha dado por recordar las tablas. En realidad, sí que lo sé.
Estoy recordando mi niñez. La época donde más feliz fui. Quiero pensar que tuve una infancia feliz. Incluso, en esas noches en vela estudiando, a pesar de los nervios y de la tensión, era feliz. Porque sentía que podía con todo.
¿Siento ahora que puedo con todo? Ahora, siento una paz que me inunda.
No puedo explicarlo. Siento que estoy tranquila. No soy feliz. Pero me siento bien.

 

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