lunes, 6 de febrero de 2012

CON EL CORAZÓN ROTO 45

Tracy salió de su habitación y se dirigió al salón.
Vio a un joven sentado en el sofá. Estaba hablando con Abby. La joven, al darse cuenta de que no estaban solos, le hizo señas a su hermana para que se acercara.
Freddie se puso de pie.
-Ha venido a vernos Freddie-le dijo a Tracy.
-Freddie...-susurró la joven.
El muchacho tragó saliva. Se ponía nervioso delante de aquella joven. Tracy se acercó a él con timidez.
-Hola, Tracy-la saludó.
-Freddie quiere hablar un poco contigo-le contó Abby a su hermana.
-¿Hablar?-se asombró Tracy.
Los tres tomaron asiento en el sofá.
Freddie admiró el hermoso rostro de Tracy. La joven tenía la mirada perdida en el vacío. Apuesto a que ni siquiera se ha dado cuenta de que estoy aquí, pensó. Debe de creer que soy un fantasma.
-Tracy, me gustaría venir a verte con más frecuencia-atacó Freddie-Necesitas mucha ayuda si quieres ponerte buena.
La joven no le miró. Parecía ajena a todo lo que la rodeaba. Abby se sorprendió así misma retorciendo sus dedos.
Ella y Tracy eran parecidas a Olivia. Las tres tenían un genio terrible. Sin embargo, Abby creía que eran exageraciones. Pero, en los últimos tiempos, se preguntaba si acabaría como Tracy. Y la idea la asustaba.
-¿Me vas a ayudar?-le preguntó Tracy a Freddie-Yo no quiero estar así. Yo quiero salir a la calle. No me dejan salir a la calle. Me tienen encerrada en la habitación. ¡No quiero estar encerrada!
-Voy a rezar mucho por ti-le aseguró Freddie-Y vendré a verte todos los días. Si puedo. Y, si quieres, saldremos tú y yo a la calle. Daremos un paseo.
-¿De verdad?
-De verdad.
Una sonrisa temblorosa apareció en el rostro demacrado de Tracy. La joven abrazó con fuerza a Freddie.
Abby cerró los ojos para no ver la escena. Su hermana había perdido el juicio. Pero ella misma lo negaba. Freddie era su última esperanza. Confiaba en él para poder ayudar a Tracy. Si Freddie no conseguía nada...El destino de Tracy podía ser trágico. Abby estaba segura de ello.
Cuando se separaron, se cogieron de las manos. Tracy se aferró con fuerza a las manos de Freddie. Se las besó con devoción.
Un escalofrío recorrió la columna vertebral del muchacho.
-¡Ven a verme todos los días!-le pidió Tracy.
Su voz sonaba más alegre que de costumbre. Abby lo interpretó como una buena señal. Era la confirmación de que, a lo mejor, Freddie podía ayudar a su hermana a curarse del extraño mal que padecía.

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