domingo, 1 de julio de 2012

CRUEL DESTINO

              Aquella noche, Sarah se encerró en su habitación. Tenía mucho en lo que pensar.
              Tenía la sensación de que las cosas le iban a ir bien. Por fin, tenía la sensación de que Darko también la amaba.
              Sarah se dijo así misma que tendría que hablar con sus padres. Intercedería por Katherine ante ellos. Habían hecho un pacto de ayudarse mutuamente. Confiaba en su hermana. Nunca la fallaría. Sarah esbozó una sonrisa.
              Echaba de menos a Darko. Evocaba todos los besos que le había dado.
              Antes o después, se casarían. Sarah no le iba a pedir que renunciara a nada. Ni al club...Ni al burdel...



                Estaba dispuesta a hundirse con él en la miseria si así lo quería. Sería su ramera si Darko así lo decidía.
                Alguien le habría dicho que el amor la había cegado. Sarah no veía nada más allá de Darko. ¿De verdad estaba enamorada de él? ¿O sólo se estaba aferrando a un sueño romántico que era absurdo e imposible? Sarah no quería pensar en eso. Pero pensaría más adelante.
               A Sarah le faltaba sólo una cosa para ser del todo feliz.
              Y esa cosa era ver reconciliadas a Mary y a Katherine. Le dolía ver a Katherine enfadada con Mary. No quería hablar con ella. Ni siquiera quería verla.
              Sabía que eso iba a ser una misión difícil. Katherine no quería perdonarle a Mary el que la hubiese delatado. Y María parecía pensar que había hecho lo correcto. Así lo había visto Sarah en un primer momento. Pero se ponía en el lugar de Katherine y creía que Mary se había equivocado.
                Hablaré con las dos, decidió Sara.
                Con estos pensamientos, decidió ponerse el camisón ella misma. Intuía que Darko no estaría esperándola en la playa, como había hecho en noches anteriores. Le había dicho que tenía que estar en su club de Llangefni aquella noche.
                Pero volverá, pensó Sarah. Se despojó de la falda y del corpiño, así como de las enaguas.
               Se puso un camisón de dormir encima de la ropa interior. Sarah agradeció el no tener que contar con la presencia de Erika en su cuarto. Se quitó las horquillas que formaban su moño. Al contrario que Katherine, Sarah no se había rizado el pelo. Le gustaba su cabello largo, oscuro y ligeramente ondulado.
                No me hacen justicia, pensó. Y creo que a Darko no le gustan.
                Se cepilló el cabello. Entonces, entró Erika en la habitación. Se fulminaron mutuamente con la mirada. Sarah percibía la animadversión que la doncella sentía hacia ella. Un escalofrío recorrió su columna vertebral. Aún así, le mantuvo la mirada.
-Debería haberme avisado, señorita-la regañó-Podría haberla ayudado.
-Aún no me he levantado la cama-le indicó Sarah-Puedes levantarla, si quieres.
-Sí, señorita.
               Erika deshizo la cama en silencio. Percibía una cierta calma entre las hermanas Wynthrop. La calma que antecede a la tormenta, pensó mientras apartaba el edredón. Esa calma no le gustaba nada. Problemas, pensó. Se avecinan problemas.
               Se retiró discretamente de la habitación. Sarah se acostó en su cama. Apagó la vela que estaba encendida. Sin embargo, aquella noche le costaba trabajo conciliar el sueño.
                Había oído una conversación inquietante entre el jardinero y el lechero por la mañana. Ella estaba sentada en el alfeizar de la ventana de su habitación.
-¡Es un diablo!-exclamó el lechero.
              Sarah agudizó el oído. Sabía que estaba mal escuchar las conversaciones ajenas. Pero siempre había sido muy curiosa por naturaleza. Además, estaba segura de que nadie la estaba viendo.
-Ese hombre no me gusta nada-comentó el jardinero.
-Parece sacado del mismo Averno-se asustó el lechero.
-No sé porqué sigue libre.
-Porque nadie tiene las agallas suficientes como para mantenerlo preso. ¡Por eso, sigue libre!
-Da miedo pensar lo que pueda hacer.
              ¿De quién estarán hablando?, se preguntó Sarah.                  
               Un terrible presentimiento pasó por la mente de Sarah.
               Dio muchas vueltas en la cama. Finalmente, se cansó. Se sentó en la cama. Cálmate, se dijo así misma.
              Entonces, Sarah oyó algo parecido a unos ruiditos que procedían de la habitación de Mary. De pronto, oyó algo que le heló la sangre. Un grito desgarrador que rompió el silencio de la noche.
-¡Mary!-exclamó Sarah.
              Y se levantó de un salto de la cama.

2 comentarios:

  1. Que sucederá....!!!ay dios, me dejas el corazón en un puño
    besos

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  2. Paciencia. Mañana, verás lo que pasa. ¡Je, je! En palabras de mi querida bruja Avería: ¡Qué mala, pero qué mala soy!
    ¡Un abrazo muy fuerte, Anna! Me entusiasma ver que estás disfrutando con la historia.

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