ENTRADA ELIMINADA.
POR FAVOR, DISCULPEN LAS MOLESTIAS.
GRACIAS.
Un blog sobre la novela romántica histórica. Escritores románticos, personajes conocidos, historias apasionadas...¡Un mundo lleno de romanticismo! Viaja en el tiempo hasta una época inolvidable.
jueves, 10 de mayo de 2012
miércoles, 9 de mayo de 2012
PREMIO TU BLOG ME INSPIRA...¡Y VAN TRES!
Aún no me lo acabo de creer. Una buena amiga de este blog, Portadora de sueños, ( http://laportadoradesuenos.blogspot.com.es/) a la que deseo toda la suerte del mundo con su novela "Un juego de amor", me ha otorgado este bonito premio.

Todas las personas que reciban este premio tienen que indicar en su blog sus cinco hábitos más extraños. Ahora, me toca a mí contarlos.
Vais a pensar que me falta un tornillo, pero allá vamos.
1-Me gusta limpiar la casa mientras escucho de fondo los documentales del canal de Historia. (Odio los programas del corazón).
2-Mientras escribo en mi blog, oigo música de fondo. Sobre todo, música de los años 80, 70 y de Lady Gaga. ¡Me encanta!
3-Tengo una papelera en mi habitación donde tiro lo que no necesito.
4-Suelo tener la tele puesta cuando escribo a mano. Normalmente, pongo documentales de Historia. No es muy normal, lo sé. Pero la Historia me pierde.
5-El cine de terror de ahora me deja indiferente. De verdad he pasado miedo viendo "Drácula", (la versión de Tod Browning) y "Nosferatu", de Mornau.
Ahora, me toca escoger a los quince ganadores de este premio. ¡Qué difícil! Los ganadores tienen que dejar un comentario en el blog que les ha dado el premio, junto con el link de ese blog.
Y los ganadores son:
http://romanceanna.blogspot.com/
http://raecj.blogspot.com/
http://elclubdelasescritoras.blogspot.com/
http://elcementeriodeloslibros.blogspot.com/
http://vidinala.blogspot.com/
http://raquelotero.blogspot.com/
http://cuentauncuento-bam112.blogspot.com.es/
http://elfinal-delahistoria.blogspot.com.es/
http://elblogdew3ndy.blogspot.com.es/
http://unavidadificil-yo.blogspot.com.es/
http://lasalasdelalibertad.blogspot.com/
http://unminutodemieternidad.blogspot.com/
http://lossecretosdeunadama.blogspot.com/
http://eileen-blackwood.blogspot.com/
http://sintonialiteraria.blogspot.com.es/
Es muy difícil escoger a un ganador cuando todos se merecen este premio.

Todas las personas que reciban este premio tienen que indicar en su blog sus cinco hábitos más extraños. Ahora, me toca a mí contarlos.
Vais a pensar que me falta un tornillo, pero allá vamos.
1-Me gusta limpiar la casa mientras escucho de fondo los documentales del canal de Historia. (Odio los programas del corazón).
2-Mientras escribo en mi blog, oigo música de fondo. Sobre todo, música de los años 80, 70 y de Lady Gaga. ¡Me encanta!
3-Tengo una papelera en mi habitación donde tiro lo que no necesito.
4-Suelo tener la tele puesta cuando escribo a mano. Normalmente, pongo documentales de Historia. No es muy normal, lo sé. Pero la Historia me pierde.
5-El cine de terror de ahora me deja indiferente. De verdad he pasado miedo viendo "Drácula", (la versión de Tod Browning) y "Nosferatu", de Mornau.
Ahora, me toca escoger a los quince ganadores de este premio. ¡Qué difícil! Los ganadores tienen que dejar un comentario en el blog que les ha dado el premio, junto con el link de ese blog.
Y los ganadores son:
http://romanceanna.blogspot.com/
http://raecj.blogspot.com/
http://elclubdelasescritoras.blogspot.com/
http://elcementeriodeloslibros.blogspot.com/
http://vidinala.blogspot.com/
http://raquelotero.blogspot.com/
http://cuentauncuento-bam112.blogspot.com.es/
http://elfinal-delahistoria.blogspot.com.es/
http://elblogdew3ndy.blogspot.com.es/
http://unavidadificil-yo.blogspot.com.es/
http://lasalasdelalibertad.blogspot.com/
http://unminutodemieternidad.blogspot.com/
http://lossecretosdeunadama.blogspot.com/
http://eileen-blackwood.blogspot.com/
http://sintonialiteraria.blogspot.com.es/
Es muy difícil escoger a un ganador cuando todos se merecen este premio.
martes, 8 de mayo de 2012
CRUEL DESTINO
Los días fueron pasando. Pero las hermanas de Katherine seguían preocupadas por ella.
Mistress Wynthrop era la que peor lo llevaba. Intentaba ser fuerte. Pero se había derrumbado en numerosas ocasiones. Observó de cerca a su hija. Había algo en ella que le recordaba mucho a su hermana menor. La misma que se quitó la vida cuando no pudo soportar la muerte de su amado. Quería pensar que Katherine no seguiría los pasos de su tía. Aquel canalla, a decir verdad, era el primer hombre que se había interesado por Katherine. Su hija tenía veinticuatro años. Debía de haberse casado hace mucho tiempo. Lo mismo que sus hermanas.
A Mary le gustaba dar largos paseos. Era ella la que solía acompañar a Katherine cuando salía a pasear por el jardín.
-Hoy hace Sol-le comentaba.
Pero Katherine no le hablaba.
Mary reflexionaba acerca de su futuro. Antes o después, tendría que enfrentarse a su pasado.
Todo...Todo saldrá bien, pensó.
Una noche, fue a la habitación de Sarah y se sentó en su cama. Ésta se sentó a su lado. Mary retorció sus manos con nerviosismo. Sarah tiene razón, pensó. Me estoy adelantando a los acontecimientos. El conde vendrá a hablar con padre. Dice que está interesado en mí. Pero...¿Qué significa eso? De momento no significa nada. Pero...Más adelante...Puede que signifique algo. No se sabe.
-¿Cómo está Cathy?-le preguntó Sarah.
-Creo que acabará recuperándose con el paso del tiempo-respondió Mary.
-Creí que la pena la mataría.

-Es mucho más fuerte de lo que todos pensamos.
-Ahora, hay que pensar en ti. Vas a salir ganando si te casas con el conde. A decir verdad, no sé si tiene mil nombres y diez mil apellidos, como todos los aristócratas. Tú sólo te llamas Mary. El conde parece un hombre sencillo. Cree que el matrimonio debe de ser por amor. No por los títulos. O por el dinero. O por otra cosa. Es un hombre que tiene más de treinta años. Treinta y pocos. No tiene sesenta.
-Es un hombre muy apuesto-Mary se ruborizó-No parece que sea tan rico como la gente dice.
-Porque no tiene todo el dinero aquí, boba. Y dinero no le falta. Te tratará como a una Reina. No te faltará nunca nada. Tendrás joyas. Vestidos bonitos...Una cama con dosel...Amplia...
Mary se rió con nerviosismo.
Tendría que compartir cama con el conde.
No había pensado en eso.
En realidad, sí lo había pensado.
Sabía cuál sería su deber como condesa.
El miedo se apoderó de ella. Tendría que sincerarse con el conde.
Pero...¿Aceptaría él la verdad? Mary no era virgen. Cierto era que no era virgen por voluntad propia. Lo que hizo después de aquello. ¡Robert tendría que entenderla! Se preguntó si la entendería. Estaba muerta de miedo. Nunca fue una mujer valiente. Entonces, ocurrió aquello. Y...Nadie lo sabía.
-Eso es lo que me asusta-admitió.
-Pues que no te asuste-la aconsejó Sarah.
-Lo sé.
-¡Oh, Mary! Viajarás en tu propio carruaje. Irás a muchos bailes. ¡Y te codearás con lo más granado de la sociedad!-Sarah se echó a reír. Apretó las manos de Mary. Su hermana apenas esbozó una sonrisa trémula-¡Me alegro mucho por ti! Tendrás un carruaje dorado tirado por cuatro caballos blancos. O castaños.
-Los caballos no importan-afirmó Mary-Ni el dinero. Ni las joyas. Lo que de verdad me importa es que quiero amar al señor conde. Aún no le amo. Pero siento aprecio por él. El amor nace de la convivencia. Y yo aprenderé a convivir con lord Robert. Lo querré mucho.
-Aprende a quererlo antes de que te cases con él-le aconsejó Sarah-El matrimonio es para toda la vida. El conde parece un buen hombre. Y parece que te quiere de verdad.
-Me alegro de que Cathy no se vaya a casar con ese sinvergüenza.
Katherine, por su parte, seguía sin querer salir de su habitación. No preguntaba por mister Winter. Aquel nombre se había convertido en un tema tabú en la casa de los Wynthrop. No se mencionaba para nada. A decir verdad, todos creían que estaban obrando por el bien de la joven.
Sarah no veía el momento de hablar con sus padres. Necesitaba contarles que se había enamorado.
Pero el tema de Katherine lo había aplazado. Algo que Sarah agradecía. No sabía cómo afrontar el tema. Su madre estaba destrozada. Mister Wynthrop decidió que Katherine debía casarse. No podía perder más tiempo. Pero que lo haría con el hombre que él escogiera. Confiaba en Sarah.
Por eso, decidió dejar a su hija mediana para después.
No quería casarla con un cualquiera.
La casaría con un aristócrata, sí.
Katherine no reaccionó cuando se enteró de los planes de su padre. Algo había muerto en su interior.
Creía que mister Winter iría a buscarla. Pero parecía que la había olvidado. Todos sus juramentos de amor eterno habían sido falsos.
Ya no lloraba por él. No sentía ni siquiera odio por él. Estaba muerta en vida. Sus hermanas lo advirtieron.
Katherine dejó de interesarse por la música. Ya no pasaba largas horas sentada al piano. Como hacía antes. El piano le traía dolorosos recuerdos que ella intentaba olvidar.
Sarah pensaba mucho en el destino de sus hermanas. Adoraba a Mary y a Katherine. No entendía el porqué su hermana menor no había luchado por estar al lado de mister Winter. Katherine era la menor de las tres. La habían protegido mucho. Sobre todo, cuando se dio cuenta de que pasaba el tiempo. De que ninguna de las tres se iba a casar. Había creído que nunca se enamorarían. Pero no era así. Las tres se habían enamorado.
Sarah sonreía cada vez que pensaba en Darko Raven. Le gustaba cómo sonaba su nombre. Darko Raven...Estaba locamente enamorada de él. O eso pensaba. Deseaba verse convertida en su esposa. Si no conseguía ver cumplido su objetivo, se metería a monja. Lo había decidido. No iba a ser como Katherine, resignada a su suerte. Ella era de otra forma. No entendía el porqué Katherine no se rebelaba.
Debería de haber huido.
Debería de estar al lado de mister Winter.
Las hermanas Wynthrop habían sido educadas en un convento. Allí, habían recibido una esmerada educación. Sara conocía la existencia de un convento en Holyhead. Nunca había ido allí. Fueron enviadas al convento tras la renuncia de la última institutriz que tuvieron. Sarah había agotado el cupo de su paciencia.
Tanto ella como sus hermanas habían sido preparadas para convertirse en damas refinadas.
En el convento, aprendieron a sumar. Aprendieron a bordar. Aprendieron a escribir. Aprendieron a leer. Aprendieron a caminar de forma correcta.
Pero no tuvieron la suerte de encontrar marido en sus respectivas puestas de largo.
Katherine era una mezcla entre la pasión que desbordaba Sarah por la vida y el carácter tranquilo de Mary. Pensaba que era de sentido común actuar tal y como ordenaba su padre. Pero, mientras Mary le leía algo en voz alta, Katherine sentía que la odiaba.
No quería escuchar la voz de Mary. La odiaba porque ella tenía la culpa de su desgracia.
Mistress Wynthrop era la que peor lo llevaba. Intentaba ser fuerte. Pero se había derrumbado en numerosas ocasiones. Observó de cerca a su hija. Había algo en ella que le recordaba mucho a su hermana menor. La misma que se quitó la vida cuando no pudo soportar la muerte de su amado. Quería pensar que Katherine no seguiría los pasos de su tía. Aquel canalla, a decir verdad, era el primer hombre que se había interesado por Katherine. Su hija tenía veinticuatro años. Debía de haberse casado hace mucho tiempo. Lo mismo que sus hermanas.
A Mary le gustaba dar largos paseos. Era ella la que solía acompañar a Katherine cuando salía a pasear por el jardín.
-Hoy hace Sol-le comentaba.
Pero Katherine no le hablaba.
Mary reflexionaba acerca de su futuro. Antes o después, tendría que enfrentarse a su pasado.
Todo...Todo saldrá bien, pensó.
Una noche, fue a la habitación de Sarah y se sentó en su cama. Ésta se sentó a su lado. Mary retorció sus manos con nerviosismo. Sarah tiene razón, pensó. Me estoy adelantando a los acontecimientos. El conde vendrá a hablar con padre. Dice que está interesado en mí. Pero...¿Qué significa eso? De momento no significa nada. Pero...Más adelante...Puede que signifique algo. No se sabe.
-¿Cómo está Cathy?-le preguntó Sarah.
-Creo que acabará recuperándose con el paso del tiempo-respondió Mary.
-Creí que la pena la mataría.

-Es mucho más fuerte de lo que todos pensamos.
-Ahora, hay que pensar en ti. Vas a salir ganando si te casas con el conde. A decir verdad, no sé si tiene mil nombres y diez mil apellidos, como todos los aristócratas. Tú sólo te llamas Mary. El conde parece un hombre sencillo. Cree que el matrimonio debe de ser por amor. No por los títulos. O por el dinero. O por otra cosa. Es un hombre que tiene más de treinta años. Treinta y pocos. No tiene sesenta.
-Es un hombre muy apuesto-Mary se ruborizó-No parece que sea tan rico como la gente dice.
-Porque no tiene todo el dinero aquí, boba. Y dinero no le falta. Te tratará como a una Reina. No te faltará nunca nada. Tendrás joyas. Vestidos bonitos...Una cama con dosel...Amplia...
Mary se rió con nerviosismo.
Tendría que compartir cama con el conde.
No había pensado en eso.
En realidad, sí lo había pensado.
Sabía cuál sería su deber como condesa.
El miedo se apoderó de ella. Tendría que sincerarse con el conde.
Pero...¿Aceptaría él la verdad? Mary no era virgen. Cierto era que no era virgen por voluntad propia. Lo que hizo después de aquello. ¡Robert tendría que entenderla! Se preguntó si la entendería. Estaba muerta de miedo. Nunca fue una mujer valiente. Entonces, ocurrió aquello. Y...Nadie lo sabía.
-Eso es lo que me asusta-admitió.
-Pues que no te asuste-la aconsejó Sarah.
-Lo sé.
-¡Oh, Mary! Viajarás en tu propio carruaje. Irás a muchos bailes. ¡Y te codearás con lo más granado de la sociedad!-Sarah se echó a reír. Apretó las manos de Mary. Su hermana apenas esbozó una sonrisa trémula-¡Me alegro mucho por ti! Tendrás un carruaje dorado tirado por cuatro caballos blancos. O castaños.
-Los caballos no importan-afirmó Mary-Ni el dinero. Ni las joyas. Lo que de verdad me importa es que quiero amar al señor conde. Aún no le amo. Pero siento aprecio por él. El amor nace de la convivencia. Y yo aprenderé a convivir con lord Robert. Lo querré mucho.
-Aprende a quererlo antes de que te cases con él-le aconsejó Sarah-El matrimonio es para toda la vida. El conde parece un buen hombre. Y parece que te quiere de verdad.
-Me alegro de que Cathy no se vaya a casar con ese sinvergüenza.
Katherine, por su parte, seguía sin querer salir de su habitación. No preguntaba por mister Winter. Aquel nombre se había convertido en un tema tabú en la casa de los Wynthrop. No se mencionaba para nada. A decir verdad, todos creían que estaban obrando por el bien de la joven.
Sarah no veía el momento de hablar con sus padres. Necesitaba contarles que se había enamorado.
Pero el tema de Katherine lo había aplazado. Algo que Sarah agradecía. No sabía cómo afrontar el tema. Su madre estaba destrozada. Mister Wynthrop decidió que Katherine debía casarse. No podía perder más tiempo. Pero que lo haría con el hombre que él escogiera. Confiaba en Sarah.
Por eso, decidió dejar a su hija mediana para después.
No quería casarla con un cualquiera.
La casaría con un aristócrata, sí.
Katherine no reaccionó cuando se enteró de los planes de su padre. Algo había muerto en su interior.
Creía que mister Winter iría a buscarla. Pero parecía que la había olvidado. Todos sus juramentos de amor eterno habían sido falsos.
Ya no lloraba por él. No sentía ni siquiera odio por él. Estaba muerta en vida. Sus hermanas lo advirtieron.
Katherine dejó de interesarse por la música. Ya no pasaba largas horas sentada al piano. Como hacía antes. El piano le traía dolorosos recuerdos que ella intentaba olvidar.
Sarah pensaba mucho en el destino de sus hermanas. Adoraba a Mary y a Katherine. No entendía el porqué su hermana menor no había luchado por estar al lado de mister Winter. Katherine era la menor de las tres. La habían protegido mucho. Sobre todo, cuando se dio cuenta de que pasaba el tiempo. De que ninguna de las tres se iba a casar. Había creído que nunca se enamorarían. Pero no era así. Las tres se habían enamorado.
Sarah sonreía cada vez que pensaba en Darko Raven. Le gustaba cómo sonaba su nombre. Darko Raven...Estaba locamente enamorada de él. O eso pensaba. Deseaba verse convertida en su esposa. Si no conseguía ver cumplido su objetivo, se metería a monja. Lo había decidido. No iba a ser como Katherine, resignada a su suerte. Ella era de otra forma. No entendía el porqué Katherine no se rebelaba.
Debería de haber huido.
Debería de estar al lado de mister Winter.
Las hermanas Wynthrop habían sido educadas en un convento. Allí, habían recibido una esmerada educación. Sara conocía la existencia de un convento en Holyhead. Nunca había ido allí. Fueron enviadas al convento tras la renuncia de la última institutriz que tuvieron. Sarah había agotado el cupo de su paciencia.
Tanto ella como sus hermanas habían sido preparadas para convertirse en damas refinadas.
En el convento, aprendieron a sumar. Aprendieron a bordar. Aprendieron a escribir. Aprendieron a leer. Aprendieron a caminar de forma correcta.
Pero no tuvieron la suerte de encontrar marido en sus respectivas puestas de largo.
Katherine era una mezcla entre la pasión que desbordaba Sarah por la vida y el carácter tranquilo de Mary. Pensaba que era de sentido común actuar tal y como ordenaba su padre. Pero, mientras Mary le leía algo en voz alta, Katherine sentía que la odiaba.
No quería escuchar la voz de Mary. La odiaba porque ella tenía la culpa de su desgracia.
lunes, 7 de mayo de 2012
CON EL CORAZÓN ROTO 153
Al día siguiente, Olivia salió a dar un paseo con "Yasmina". Sentía un fuerte dolor dentro de su pecho. Aún sentía sobre su boca la boca de Jack. No volvería a experimentar aquella deliciosa sensación.
No quería saber nada de los hombres. Pero necesitaba estar alejada de Jack. Azuzó a "Yasmina". La yegua fue más rápido y Olivia tuvo la sensación de estar volando. Jack seguiría viviendo en Streetman y lo seguiría viendo, no sólo en la calle, sino también en "LA PILARITA".
Tuvo que detener a "Yasmina". Había llegado ya al pueblo. Necesitaba descansar. Sintió un fuerte dolor dentro de su pecho que iba en aumento. Es tu corazón, pensó. Se te ha roto. No le había pasado nada parecido, ni siquiera cuando Greg la dejó. Sus sentimientos por Greg no eran ni la mitad de fuertes de lo que eran por Jack.
Desmontó a "Yasmina". La llevó hasta el abrevadero. La yegua bebió agua.
-¿Qué voy a hacer, "Yasmina"?-le preguntó a la yegua.
Vio a un hombre saliendo de la consulta del doctor Castro. Creyó ver a Anne entrar en la tienda de la modista. Había algunos hombres que salían a trompicones del "saloon". Un hombre se estaba afeitando en la barbería. Olía a pan recién hecho. La vida seguía a su alrededor. Pero Olivia no lo veía de ese modo.
Algo ha muerto en mi interior, pensó la joven.
Y contuvo las ganas que tenía de echarse a llorar.
Porque no debía de venirse abajo.
Lily se sentó en la mesa de su habitación.
A su mente, venían recuerdos de cuando era pequeña. Recordaba las historias que sus padres le habían contado. De cuando el hombre blanco llegó por primera vez a aquellas tierras. De cómo vivían los comanches cuando el hombre blanco no había pisado todavía aquellas tierras.
Lily abrió su diario. Mojó su pluma en el tintero. Debía de recordar aquellas historias.
-No deben perderse-pensó.
Era una manera que tenía de honrar el recuerdo de su padre.
-Piensa-se dijo Lily.
Era un regalo que le hacía a Dos Nubes y a Pluma Roja. Ellos le habían recordado quién era ella.
Y era comanche.
Fuera, soplaba con intensidad el viento. Son los espíritus, pensó Lily. Se pasean por La Tierra.
No los vemos, pero los sentimos.
Nos rodean.
Están ahí.
Lily empezó a escribir.
No quería saber nada de los hombres. Pero necesitaba estar alejada de Jack. Azuzó a "Yasmina". La yegua fue más rápido y Olivia tuvo la sensación de estar volando. Jack seguiría viviendo en Streetman y lo seguiría viendo, no sólo en la calle, sino también en "LA PILARITA".
Tuvo que detener a "Yasmina". Había llegado ya al pueblo. Necesitaba descansar. Sintió un fuerte dolor dentro de su pecho que iba en aumento. Es tu corazón, pensó. Se te ha roto. No le había pasado nada parecido, ni siquiera cuando Greg la dejó. Sus sentimientos por Greg no eran ni la mitad de fuertes de lo que eran por Jack.
Desmontó a "Yasmina". La llevó hasta el abrevadero. La yegua bebió agua.
-¿Qué voy a hacer, "Yasmina"?-le preguntó a la yegua.
Vio a un hombre saliendo de la consulta del doctor Castro. Creyó ver a Anne entrar en la tienda de la modista. Había algunos hombres que salían a trompicones del "saloon". Un hombre se estaba afeitando en la barbería. Olía a pan recién hecho. La vida seguía a su alrededor. Pero Olivia no lo veía de ese modo.
Algo ha muerto en mi interior, pensó la joven.
Y contuvo las ganas que tenía de echarse a llorar.
Porque no debía de venirse abajo.
Lily se sentó en la mesa de su habitación.
A su mente, venían recuerdos de cuando era pequeña. Recordaba las historias que sus padres le habían contado. De cuando el hombre blanco llegó por primera vez a aquellas tierras. De cómo vivían los comanches cuando el hombre blanco no había pisado todavía aquellas tierras.
Lily abrió su diario. Mojó su pluma en el tintero. Debía de recordar aquellas historias.
-No deben perderse-pensó.
Era una manera que tenía de honrar el recuerdo de su padre.
-Piensa-se dijo Lily.
Era un regalo que le hacía a Dos Nubes y a Pluma Roja. Ellos le habían recordado quién era ella.
Y era comanche.
Fuera, soplaba con intensidad el viento. Son los espíritus, pensó Lily. Se pasean por La Tierra.
No los vemos, pero los sentimos.
Nos rodean.
Están ahí.
Lily empezó a escribir.
CRUEL DESTINO
Sarah salió de su habitación. Bajó a brincos la escalera.
Encontró a Lilith de pie frente a la ventana del salón.
-Lilly...-la llamó-Tengo que irme.
Su amiga se giró para mirarla.
Sarah ahogó un grito. Lilith tenía los ojos enrojecidos de tanto llorar. Pensó en lo difícil que podía ser amar. Katherine había intentado quitarse la vida. Lilith estaba viviendo cómo su matrimonio se consumía.
-Entiendo que tengas que regresar con tu familia-dijo con voz débil.
-Se trata de una de mis hermanas-le explicó Sarah-De Cathy...
-No importa. No me debes explicaciones, querida.
Sarah se preguntó si ella sufriría por Darko.
-Me necesita-susurró.
¿También Darko la haría sufrir? ¿Le haría lo mismo que Alexander le estaba haciendo a Lilith? Apartó aquel pensamiento de su mente.
Sara regresó a su casa en Holyhead a lo largo de aquella semana. Apenas tuvo tiempo de despedirse de Lilith. Y no se despidió de Alexander.
Sarah se subió al carruaje del matrimonio que la llevaría al embarcadero. Una barca la estaba esperando. De allí, partiría con destino a la isla de Holy. No tardaría mucho en volver a casa. Pero la idea no le agradó. Nunca le agradaba separarse de Lilith.
-Cuídate-le pidió Lilith.
-¿Seguro que no quieres venir conmigo?-inquirió Sarah.
-No podría ir a ningún sitio.
-No te reconozco, Lilly.
-Estaré bien. Sólo quiero salvar mi matrimonio. Si es que aún estoy a tiempo de salvarlo. Cuídate mucho, Sarah.
El carruaje se alejó de allí. Sara se asomó por la ventana. Vio la figura de Lilith frente a la fachada de su casa en Valle Profundo. Un lugar precioso rodeado de árboles...No se movía. Sarah agitó la mano en señal de despedida, pero Lilith no hizo lo mismo.
Katherine ya se levantaba de la cama para cuando Sarah llegó. Pero se negaba a comer.
Sin embargo, no recibió a su hermana. Pasó todo el día encerrada en su habitación.
A los pocos días de su regreso, Sarah estaba cepillándose el pelo en su habitación una vez que Erika la ayudó a ponerse el camisón. Entonces, entró en su cuarto María. Llevaba su cabello rojo recogido en un moño perfecto. Pero su entrada alocada no era propia de ella. Aunque sí tenía la costumbre de entrar sin llamar. Parecía que estaba contenta por algún motivo. Traía una nota en la mano.
Katherine seguía encerrada en su habitación.
Sarah había intentado hablar con ella varias veces. Erika le subía la comida. La obligaba a probar bocado.
Parecía que Katherine quería dejarse morir.
Por lo general, Mary se levantaba antes que sus hermanas. Erika se acercó a ella cuando la vio en el pasillo.
-Ha recibido una carta, señorita-le comunicó.
-¿Una carta?-se extrañó Mary-¿De quién?
Cogió la carta. Se encerró en su habitación. Un gritito de alegría se escapó de sus labios al leer aquella misiva. Emocionada, la estrechó contra su cuerpo.
-Por lo visto, no me quedaré a vestir Santos-pensó Mary-Parece que le gusto a alguien. A alguien importante...¡Qué bien! Padre se va a alegrar. Quiere que haga una buena boda.
Salió corriendo de su habitación. Tenía que contárselo a alguien. Y ese alguien era su hermana menor, Katherine. Creía que aquella noticia la alegraría.
Se dirigió a la habitación de su hermana. La puerta estaba cerrada. Mary golpeó la puerta. Pero Katherine no contestó. En aquellos momentos, la joven odiaba con toda su alma a su hermana. Ella tenía la culpa de su desgracia.
Mary se rindió y, por la noche, fue a la habitación de Sarah.
Aquella carta era como un soplo de aire fresco en su vida. Una luz brillaba en la oscuridad. Y todo era debido a lord Robert.
La joven percibió lo contenta que estaba su hermana mayor. Se alegró por ella.
-¿Quién te ha escrito?-le preguntó-¿Es alguien que conozco? ¿Es una carta de amor? Cuéntame.
-Creo que sí-respondió Mary-Aunque podría estar equivocada.

Sonrió de una manera un tanto sospechosa. Sarah vio el rostro de su hermana brillar. Estaba a punto de ponerse a dar saltitos de alegría. Parecía una niña con zapatos nuevos.
-Se trata de un conocido nuestro-le explicó Mary-¿Te acuerdas de lord Robert Caernafon?
-Supongo...-Sarah se hizo la tonta-¿Es alguien que conozca?
Mary la fulminó con la mirada. Sarah se echó a reír. Le gustaba hacer rabiar a su hermana. La veía muy feliz. Y se alegró por ella. Merecía ser feliz.
-El conde de Maredudd...-prosiguió-Es viudo. Está interesado en mí. Ha venido a verme varias veces. Me hice ilusiones con él. Y...Me ha escrito. Dice que mis sospechas son ciertas. Que está interesado en mí. ¿Qué te parece?
-¡Mary!-chilló Sarah-¿Estás hablando en serio?
-Sí...¡Sí!
Sonreía. Lord Robert le besaba la mano cada vez que se encontraban. Incluso la había besado en los labios. Un beso suave y casto...Podía ser amor. Tenía que ser amor.
Mary le tendió la carta a Sarah. Ésta la leyó. No pudo evitar alegrarse de la suerte de María. ¡Un conde se había interesado en ella! Lord Robert era rico. Era joven. Y era apuesto.
-Eres afortunada-la felicitó Sarah-Tienes la suerte de que un conde se haya fijado en ti. ¡Oh, María! ¡Tú condesa! Lady Mary...Lady Maredudd...¿Verdad que suena bien, hermanita? A mí me gustaría. Eres mayor que yo. Dos años...Lo harás bien. Ya lo verás. Yo, en cambio, soy un desastre-Sarah se puso de pie. Se acercó a Mary y le cogió las manos-Serás una buena madre para un futuro conde. O una futura condesa. ¡Porque tendrás muchos niños! Y ellos te adorarán.
-No exageres-Mary se ruborizó-Soy ya vieja.
-¡No digas tonterías!-se rió Sarah-Pero...Me estoy adelantando a los acontecimientos. Habrá que esperar. Pero si te ha escrito esa carta es porque está interesado en ti. Milady...Lady Mary...
Sarah hizo una cortés y burlona reverencia.
Las dos hermanas se echaron a reír. Y se fundieron en un fuerte abrazo. Sarah se alegraba de la buena suerte que estaba teniendo Mary. Pero había algo que empañaba aquella felicidad. Y las dos lo sabían.
-¿Lo sabe Cathy?-inquirió.
-He intentado hablar con ella-contestó María-Pero no quiere ni abrirme la puerta ni hablar conmigo.
-Dale tiempo.
Se preguntó si el conde amaba a Mary. Sarah se dijo que debía de amarla. La estaba cortejando. Se había mostrado interesado en ella.
Tenía que amarla. Era imposible no querer a Mary.
Era imposible conocer a Mary y no amarla.
¿Cómo podría lord Robert Caernafon no amar a Mary? Acabaría muriendo de amor por ella. Sarah lo sabía. Mary era una criatura extraordinaria. Sarah estaba segura de que Robert amaba a su hermana. Y que ella se casaría con Darko. Hablaría con Katherine sobre mister Winter. Intentaría mediar entre ella y Mary.
¿Cómo no iba a amar Mary a lord Robert? Mary procuraba no meterse en líos. No era tan impulsiva como lo era Sarah. En el pasado, había sido una joven de carácter alegre. Pero tranquilo. Obedecía siempre a su padre. Luego, por algún motivo que Sarah nunca averiguó, cambió.
Parecía que Katherine era igual que Mary. Pero tenía algo del carácter de Sarah. Su amor por mister Winter se lo corroboró.
Mary le habló de mister Winter. Por supuesto, mister Wynthrop lo había despedido. No quería verle cerca de su hija menor.
-Cathy se ha enamorado perdidamente de él-le confesó a Sarah-No sabemos nada de él.
-Puede que Cathy sepa algo de él que nosotras ignoramos-apuntó Sarah.
-Lo que me preocupa es que pueda cometer una locura. Ese tal mister Winter es el primer hombre que se interesa de verdad por Cathy.
-Nuestra hermana es muy sensata.
La única persona que había visto a Cathy durante aquellos días había sido Erika. Su hermana había permanecido acostada en su cama sin moverse.
No estaba en un estado catatónico, como la encontró Erika cuando quiso cortarse las venas.
Parecía que le daba igual el resto del mundo.
No quería saber nada de nadie. Se estaba dejando morir. Una muerte lenta...
Ella sólo quería ver a mister Winter. La pasión la había cegado. Sarah se asustó al pensar que a ella le podía pasar lo mismo.
Darko me quiere, pensó. Va a luchar por nuestro amor. Seguro que Cathy tendrá buena suerte con su amado. La vida no puede ser tan dura con ninguna de nosotras.
-El conde dice que quiere ver a padre-Mary cambió de tema-Dice que quiere pedirle permiso para cortejarme de forma oficial. ¡Oh, Sarah! Quiere ir en serio conmigo. ¡Puede que esté enamorado de mí!
-Es una posibilidad-afirmó Sarah.
La joven esbozó una sonrisa. Le devolvió la carta a su hermana. Así era como podía empezar una nueva vida para Mary. Un conde se había interesado en ella. Y quería ir a hablar con mister Wynthrop. No le extrañaba que Mary estuviera tan contenta.
Sarah había oído hablar de la familia del actual conde.
-Tengo miedo-le confesó Mary-Tengo miedo de que no me acepten.
-¡Tú no pienses en eso!-le aconsejó Sarah.
-Tengo la sensación de estar viviendo un sueño. En cualquier momento, podría despertar.
-No estás soñando, hermana. Es la realidad.
Mary acabaría encajando en aquella familia.
-Es curioso porque don Robert no pensaba encontrar esposa en Holyhead-sonrió Mary-Pero, por lo visto, la ha encontrado.
Ella y Sarah se echaron a reír.
-Nunca me he codeado con la nobleza-admitió Mary-Pero me imagino que me acostumbraré ser una aristócrata.
-¡Por supuesto que sí!-le auguró Sarah-Has recibido una educación muy esmerada. Sabrás cómo comportarte delante de los amigos del conde.
-¿Crees que ellos me aceptarán?
-Yo creo que caerán rendidos ante ti. Eres especial, Mary. No lo olvides nunca. Si ese conde ha caído rendido ante ti es por algo. Porque eres hermosa. Porque vales mucho. Eres buena, Mary. Nunca le has hecho daño a nadie.
Mary sintió cómo una punzada se clavaba en su pecho. ¡Pobre Sarah! Ella no sabía nada.
Encontró a Lilith de pie frente a la ventana del salón.
-Lilly...-la llamó-Tengo que irme.
Su amiga se giró para mirarla.
Sarah ahogó un grito. Lilith tenía los ojos enrojecidos de tanto llorar. Pensó en lo difícil que podía ser amar. Katherine había intentado quitarse la vida. Lilith estaba viviendo cómo su matrimonio se consumía.
-Entiendo que tengas que regresar con tu familia-dijo con voz débil.
-Se trata de una de mis hermanas-le explicó Sarah-De Cathy...
-No importa. No me debes explicaciones, querida.
Sarah se preguntó si ella sufriría por Darko.
-Me necesita-susurró.
¿También Darko la haría sufrir? ¿Le haría lo mismo que Alexander le estaba haciendo a Lilith? Apartó aquel pensamiento de su mente.
Sara regresó a su casa en Holyhead a lo largo de aquella semana. Apenas tuvo tiempo de despedirse de Lilith. Y no se despidió de Alexander.
Sarah se subió al carruaje del matrimonio que la llevaría al embarcadero. Una barca la estaba esperando. De allí, partiría con destino a la isla de Holy. No tardaría mucho en volver a casa. Pero la idea no le agradó. Nunca le agradaba separarse de Lilith.
-Cuídate-le pidió Lilith.
-¿Seguro que no quieres venir conmigo?-inquirió Sarah.
-No podría ir a ningún sitio.
-No te reconozco, Lilly.
-Estaré bien. Sólo quiero salvar mi matrimonio. Si es que aún estoy a tiempo de salvarlo. Cuídate mucho, Sarah.
El carruaje se alejó de allí. Sara se asomó por la ventana. Vio la figura de Lilith frente a la fachada de su casa en Valle Profundo. Un lugar precioso rodeado de árboles...No se movía. Sarah agitó la mano en señal de despedida, pero Lilith no hizo lo mismo.
Katherine ya se levantaba de la cama para cuando Sarah llegó. Pero se negaba a comer.
Sin embargo, no recibió a su hermana. Pasó todo el día encerrada en su habitación.
A los pocos días de su regreso, Sarah estaba cepillándose el pelo en su habitación una vez que Erika la ayudó a ponerse el camisón. Entonces, entró en su cuarto María. Llevaba su cabello rojo recogido en un moño perfecto. Pero su entrada alocada no era propia de ella. Aunque sí tenía la costumbre de entrar sin llamar. Parecía que estaba contenta por algún motivo. Traía una nota en la mano.
Katherine seguía encerrada en su habitación.
Sarah había intentado hablar con ella varias veces. Erika le subía la comida. La obligaba a probar bocado.
Parecía que Katherine quería dejarse morir.
Por lo general, Mary se levantaba antes que sus hermanas. Erika se acercó a ella cuando la vio en el pasillo.
-Ha recibido una carta, señorita-le comunicó.
-¿Una carta?-se extrañó Mary-¿De quién?
Cogió la carta. Se encerró en su habitación. Un gritito de alegría se escapó de sus labios al leer aquella misiva. Emocionada, la estrechó contra su cuerpo.
-Por lo visto, no me quedaré a vestir Santos-pensó Mary-Parece que le gusto a alguien. A alguien importante...¡Qué bien! Padre se va a alegrar. Quiere que haga una buena boda.
Salió corriendo de su habitación. Tenía que contárselo a alguien. Y ese alguien era su hermana menor, Katherine. Creía que aquella noticia la alegraría.
Se dirigió a la habitación de su hermana. La puerta estaba cerrada. Mary golpeó la puerta. Pero Katherine no contestó. En aquellos momentos, la joven odiaba con toda su alma a su hermana. Ella tenía la culpa de su desgracia.
Mary se rindió y, por la noche, fue a la habitación de Sarah.
Aquella carta era como un soplo de aire fresco en su vida. Una luz brillaba en la oscuridad. Y todo era debido a lord Robert.
La joven percibió lo contenta que estaba su hermana mayor. Se alegró por ella.
-¿Quién te ha escrito?-le preguntó-¿Es alguien que conozco? ¿Es una carta de amor? Cuéntame.
-Creo que sí-respondió Mary-Aunque podría estar equivocada.

Sonrió de una manera un tanto sospechosa. Sarah vio el rostro de su hermana brillar. Estaba a punto de ponerse a dar saltitos de alegría. Parecía una niña con zapatos nuevos.
-Se trata de un conocido nuestro-le explicó Mary-¿Te acuerdas de lord Robert Caernafon?
-Supongo...-Sarah se hizo la tonta-¿Es alguien que conozca?
Mary la fulminó con la mirada. Sarah se echó a reír. Le gustaba hacer rabiar a su hermana. La veía muy feliz. Y se alegró por ella. Merecía ser feliz.
-El conde de Maredudd...-prosiguió-Es viudo. Está interesado en mí. Ha venido a verme varias veces. Me hice ilusiones con él. Y...Me ha escrito. Dice que mis sospechas son ciertas. Que está interesado en mí. ¿Qué te parece?
-¡Mary!-chilló Sarah-¿Estás hablando en serio?
-Sí...¡Sí!
Sonreía. Lord Robert le besaba la mano cada vez que se encontraban. Incluso la había besado en los labios. Un beso suave y casto...Podía ser amor. Tenía que ser amor.
Mary le tendió la carta a Sarah. Ésta la leyó. No pudo evitar alegrarse de la suerte de María. ¡Un conde se había interesado en ella! Lord Robert era rico. Era joven. Y era apuesto.
-Eres afortunada-la felicitó Sarah-Tienes la suerte de que un conde se haya fijado en ti. ¡Oh, María! ¡Tú condesa! Lady Mary...Lady Maredudd...¿Verdad que suena bien, hermanita? A mí me gustaría. Eres mayor que yo. Dos años...Lo harás bien. Ya lo verás. Yo, en cambio, soy un desastre-Sarah se puso de pie. Se acercó a Mary y le cogió las manos-Serás una buena madre para un futuro conde. O una futura condesa. ¡Porque tendrás muchos niños! Y ellos te adorarán.
-No exageres-Mary se ruborizó-Soy ya vieja.
-¡No digas tonterías!-se rió Sarah-Pero...Me estoy adelantando a los acontecimientos. Habrá que esperar. Pero si te ha escrito esa carta es porque está interesado en ti. Milady...Lady Mary...
Sarah hizo una cortés y burlona reverencia.
Las dos hermanas se echaron a reír. Y se fundieron en un fuerte abrazo. Sarah se alegraba de la buena suerte que estaba teniendo Mary. Pero había algo que empañaba aquella felicidad. Y las dos lo sabían.
-¿Lo sabe Cathy?-inquirió.
-He intentado hablar con ella-contestó María-Pero no quiere ni abrirme la puerta ni hablar conmigo.
-Dale tiempo.
Se preguntó si el conde amaba a Mary. Sarah se dijo que debía de amarla. La estaba cortejando. Se había mostrado interesado en ella.
Tenía que amarla. Era imposible no querer a Mary.
Era imposible conocer a Mary y no amarla.
¿Cómo podría lord Robert Caernafon no amar a Mary? Acabaría muriendo de amor por ella. Sarah lo sabía. Mary era una criatura extraordinaria. Sarah estaba segura de que Robert amaba a su hermana. Y que ella se casaría con Darko. Hablaría con Katherine sobre mister Winter. Intentaría mediar entre ella y Mary.
¿Cómo no iba a amar Mary a lord Robert? Mary procuraba no meterse en líos. No era tan impulsiva como lo era Sarah. En el pasado, había sido una joven de carácter alegre. Pero tranquilo. Obedecía siempre a su padre. Luego, por algún motivo que Sarah nunca averiguó, cambió.
Parecía que Katherine era igual que Mary. Pero tenía algo del carácter de Sarah. Su amor por mister Winter se lo corroboró.
Mary le habló de mister Winter. Por supuesto, mister Wynthrop lo había despedido. No quería verle cerca de su hija menor.
-Cathy se ha enamorado perdidamente de él-le confesó a Sarah-No sabemos nada de él.
-Puede que Cathy sepa algo de él que nosotras ignoramos-apuntó Sarah.
-Lo que me preocupa es que pueda cometer una locura. Ese tal mister Winter es el primer hombre que se interesa de verdad por Cathy.
-Nuestra hermana es muy sensata.
La única persona que había visto a Cathy durante aquellos días había sido Erika. Su hermana había permanecido acostada en su cama sin moverse.
No estaba en un estado catatónico, como la encontró Erika cuando quiso cortarse las venas.
Parecía que le daba igual el resto del mundo.
No quería saber nada de nadie. Se estaba dejando morir. Una muerte lenta...
Ella sólo quería ver a mister Winter. La pasión la había cegado. Sarah se asustó al pensar que a ella le podía pasar lo mismo.
Darko me quiere, pensó. Va a luchar por nuestro amor. Seguro que Cathy tendrá buena suerte con su amado. La vida no puede ser tan dura con ninguna de nosotras.
-El conde dice que quiere ver a padre-Mary cambió de tema-Dice que quiere pedirle permiso para cortejarme de forma oficial. ¡Oh, Sarah! Quiere ir en serio conmigo. ¡Puede que esté enamorado de mí!
-Es una posibilidad-afirmó Sarah.
La joven esbozó una sonrisa. Le devolvió la carta a su hermana. Así era como podía empezar una nueva vida para Mary. Un conde se había interesado en ella. Y quería ir a hablar con mister Wynthrop. No le extrañaba que Mary estuviera tan contenta.
Sarah había oído hablar de la familia del actual conde.
-Tengo miedo-le confesó Mary-Tengo miedo de que no me acepten.
-¡Tú no pienses en eso!-le aconsejó Sarah.
-Tengo la sensación de estar viviendo un sueño. En cualquier momento, podría despertar.
-No estás soñando, hermana. Es la realidad.
Mary acabaría encajando en aquella familia.
-Es curioso porque don Robert no pensaba encontrar esposa en Holyhead-sonrió Mary-Pero, por lo visto, la ha encontrado.
Ella y Sarah se echaron a reír.
-Nunca me he codeado con la nobleza-admitió Mary-Pero me imagino que me acostumbraré ser una aristócrata.
-¡Por supuesto que sí!-le auguró Sarah-Has recibido una educación muy esmerada. Sabrás cómo comportarte delante de los amigos del conde.
-¿Crees que ellos me aceptarán?
-Yo creo que caerán rendidos ante ti. Eres especial, Mary. No lo olvides nunca. Si ese conde ha caído rendido ante ti es por algo. Porque eres hermosa. Porque vales mucho. Eres buena, Mary. Nunca le has hecho daño a nadie.
Mary sintió cómo una punzada se clavaba en su pecho. ¡Pobre Sarah! Ella no sabía nada.
domingo, 6 de mayo de 2012
CON EL CORAZÓN ROTO 152
Jack no le contó a Danielle la verdad.
Se lo debía a Marty. También le debía otra cosa al viejo.
Con todo el dolor de su corazón, debía de romper con Olivia. A Dios gracias, su romance no se había consumado. Era lo mejor para los dos.
La culpa de la enfermedad de Olivia era suya. Él la había colocado en aquella situación. Rompiendo con ella, le hacía un favor. Olivia volvería a ser la que era antes. Y él se consagraría a ser un buen marido para Danielle.
Sentados a la sombra de un árbol, Olivia y Jack veían pastar el ganado.
-Es lo mejor que podemos hacer-afirmó Jack-Livie, lo siento mucho. Siento de corazón todo el daño que os estoy causando a Danielle y a ti porque no es justo para ninguna de las dos. He sido un egoísta y me odio por ello. Debes de pensar que es fácil para mí decir esto. Te aseguro que no lo es. Porque, aunque no lo parezca, mientras hablo siento cómo muero por dentro-Jack cerró los puños y los apretó con rabia. Dejar a Olivia era lo más duro que jamás había tenido que hacer. Pero era lo mejor-Soy el marido de Danielle y no puedo amarte. No sé el porqué me he enamorado de ti, pero así ha sido. He sido muy feliz a tu lado. Pero es mejor dejarlo ahora. Cuando no ha pasado nada entre nosotros. De haber pasado, no habría renunciado a ti. Lo habría mandado todo a la mierda. Y habría salido huyendo contigo a cualquier parte.
-Sé que estás haciendo lo correcto-afirmó Olivia.
-Puedes odiarme si ése es tu deseo porque me lo merezco-dijo Jack.
Olivia no quería odiarle.
-Todo lo he hecho más-prosiguió Jack-Desde casarme con Danielle hasta enamorarme de ti. Livie, no quiero dejarte. Si he de serte sincero, no quiero dejarte. Pero tengo que hacerlo porque no quiero hacerle daño a Danielle.
Los ojos de Olivia se llenaron de lágrimas. Jack estaba haciendo lo que ella no había podido hacer. Romper con una relación que nunca debió de haber existido.
Nadie se enteraría y nadie saldría perjudicado.
-Me alegro de que hayas dado tú el primer paso-se sinceró Olivia. Su corazón estaba hecho pedazos. Pero sentía que era un alivio-Porque he intentado dar yo el primer paso muchas veces. Y no he sido capaz de hacerlo, Jack.
Los ojos del hombre también se llenaron de lágrimas.
No le mencionó la revelación que le había hecho Marty ni que el viejo estaba al tanto de lo suyo.
-Livie, te amo-le confesó-Y no quiero vivir sin ti. Pero no puedo vivir contigo sabiendo que todos los vecinos van a señalarnos cuando salgamos a la calle. No puedo vivir sabiendo que le hemos hecho daño a una gran mujer como lo es Danielle-Le costaba trabajo hablar-Hemos de seguir cada uno por su lado, aunque nos cueste trabajo. Nadie sabe la clase de relación que ha habido entre nosotros. Es mejor dejarlo ahora antes de haber hecho algo de lo que nos hayamos podido arrepentir.
Olivia besó a Jack en la mejilla.
No iba a llorar delante de él, decidió. No iba a llorar por su corazón destrozado.
Sería fuerte una vez más.
-Te agradezco de verdad que hayas sido el más valiente de los dos-le dijo.
¡Soy un maldito cobarde!, quería gritar Jack.
En su lugar, besó a Olivia en la frente. Y acabó besándola con ferocidad en la boca. Ella correspondió a su beso.
Cerca de ellos, el ganado estaba pastando. No se fijaba en los dos humanos que lloraban por su forzada separación.
-Mi bella y adorada Livie...-susurró Jack-Me temo que nunca te olvidaré.
-Jack, te lo ruego-le pidió la muchacha-No hables. No quiero saber nada. No quiero pensar en ti como un hombre.
Se volvieron a besar con pasión.
-Nos va a costar trabajo olvidar todo lo que ha pasado entre nosotros-afirmó Olivia.
Le costaba trabajo hablar. Le dolía demasiado el corazón como para poder hablar.
Se separó de Jack. Él le acarició las mejillas con las yemas de los dedos.
Se lo debía a Marty. También le debía otra cosa al viejo.
Con todo el dolor de su corazón, debía de romper con Olivia. A Dios gracias, su romance no se había consumado. Era lo mejor para los dos.
La culpa de la enfermedad de Olivia era suya. Él la había colocado en aquella situación. Rompiendo con ella, le hacía un favor. Olivia volvería a ser la que era antes. Y él se consagraría a ser un buen marido para Danielle.
Sentados a la sombra de un árbol, Olivia y Jack veían pastar el ganado.
-Es lo mejor que podemos hacer-afirmó Jack-Livie, lo siento mucho. Siento de corazón todo el daño que os estoy causando a Danielle y a ti porque no es justo para ninguna de las dos. He sido un egoísta y me odio por ello. Debes de pensar que es fácil para mí decir esto. Te aseguro que no lo es. Porque, aunque no lo parezca, mientras hablo siento cómo muero por dentro-Jack cerró los puños y los apretó con rabia. Dejar a Olivia era lo más duro que jamás había tenido que hacer. Pero era lo mejor-Soy el marido de Danielle y no puedo amarte. No sé el porqué me he enamorado de ti, pero así ha sido. He sido muy feliz a tu lado. Pero es mejor dejarlo ahora. Cuando no ha pasado nada entre nosotros. De haber pasado, no habría renunciado a ti. Lo habría mandado todo a la mierda. Y habría salido huyendo contigo a cualquier parte.
-Sé que estás haciendo lo correcto-afirmó Olivia.
-Puedes odiarme si ése es tu deseo porque me lo merezco-dijo Jack.
Olivia no quería odiarle.
-Todo lo he hecho más-prosiguió Jack-Desde casarme con Danielle hasta enamorarme de ti. Livie, no quiero dejarte. Si he de serte sincero, no quiero dejarte. Pero tengo que hacerlo porque no quiero hacerle daño a Danielle.
Los ojos de Olivia se llenaron de lágrimas. Jack estaba haciendo lo que ella no había podido hacer. Romper con una relación que nunca debió de haber existido.
Nadie se enteraría y nadie saldría perjudicado.
-Me alegro de que hayas dado tú el primer paso-se sinceró Olivia. Su corazón estaba hecho pedazos. Pero sentía que era un alivio-Porque he intentado dar yo el primer paso muchas veces. Y no he sido capaz de hacerlo, Jack.
Los ojos del hombre también se llenaron de lágrimas.
No le mencionó la revelación que le había hecho Marty ni que el viejo estaba al tanto de lo suyo.
-Livie, te amo-le confesó-Y no quiero vivir sin ti. Pero no puedo vivir contigo sabiendo que todos los vecinos van a señalarnos cuando salgamos a la calle. No puedo vivir sabiendo que le hemos hecho daño a una gran mujer como lo es Danielle-Le costaba trabajo hablar-Hemos de seguir cada uno por su lado, aunque nos cueste trabajo. Nadie sabe la clase de relación que ha habido entre nosotros. Es mejor dejarlo ahora antes de haber hecho algo de lo que nos hayamos podido arrepentir.
Olivia besó a Jack en la mejilla.
No iba a llorar delante de él, decidió. No iba a llorar por su corazón destrozado.
Sería fuerte una vez más.
-Te agradezco de verdad que hayas sido el más valiente de los dos-le dijo.
¡Soy un maldito cobarde!, quería gritar Jack.
En su lugar, besó a Olivia en la frente. Y acabó besándola con ferocidad en la boca. Ella correspondió a su beso.
Cerca de ellos, el ganado estaba pastando. No se fijaba en los dos humanos que lloraban por su forzada separación.
-Mi bella y adorada Livie...-susurró Jack-Me temo que nunca te olvidaré.
-Jack, te lo ruego-le pidió la muchacha-No hables. No quiero saber nada. No quiero pensar en ti como un hombre.
Se volvieron a besar con pasión.
-Nos va a costar trabajo olvidar todo lo que ha pasado entre nosotros-afirmó Olivia.
Le costaba trabajo hablar. Le dolía demasiado el corazón como para poder hablar.
Se separó de Jack. Él le acarició las mejillas con las yemas de los dedos.
CRUEL DESTINO
Sarah odiaba tener que mentirle a Lilith.
Su amiga estaba destrozada. Sus discusiones con Alexander eran cada vez más frecuentes. Sarah se tapaba los oídos cuando les oía gritar. No estaba acostumbrada a las peleas. Se estaba arrepintiendo de haber hecho aquel viaje. Pero el pensar en Darko le hacía creer que valía la pena.
Lilith pasaba los días vegetando.
Permanecía sentada en el sillón sin hacer nada.
Sarah le leía en voz alta.
Intentaba entablar conversación con ella.
Lilith le contestaba con monosílabos. La preocupación de Sarah por su amiga iba en aumento. Lilith miraba al vacío durante horas.
-¿De qué me sirve estar viva?-se preguntaba en voz alta-¿De qué me sirve amar a mi marido? ¿Me estará castigando la vida por mis excesos pasados? ¿Por qué no castiga también a Alec? ¡Él también ha cometido muchos pecados!
Lloraba.
Sarah se sentía impotente. No sabía qué hacer para consolarla.
-Lilly...-le decía-No es culpa tuya.
-¿No lo es?-se asombraba la joven-Mi marido no me ama. Soy una mujer estéril. ¿Quién quiere estar conmigo?
Sarah no sabía qué hacer para consolar a Lilith. Se sentía impotente. Lo único que le alegraba en aquellos días era Darko.
Se encerraba en su habitación. Le escribía largas cartas de amor. Sin embargo, Sarah nunca llegó a enviar aquellas cartas. Se sentía ridícula después de haberlas escrito.
Ponía en ellas:
Vivo por ti.
¡Soy tuya! ¡Haz lo que quieras conmigo! Te amo desde el primer momento en que te vi. ¿Por qué me evitas? ¿No notas cómo mi corazón late al mismo compás que el tuyo?
Amor mío...Quiero pertenecerte por completo.

Rompía aquellas cartas. Darko era un hombre duro y frío. ¿Qué pensaría de ella si leía aquellas misivas? Creería que Sarah era una estúpida damisela. ¡Por Dios! ¡Darko no podía pensar eso de ella! Sarah se maldecía así misma por ser tan ingenua en ciertas cosas.
Al cabo de algunos días, Sarah logró salir de casa sin ser vista y se dirigió alrededor de las seis de la tarde a orillas del río Cefni; estaba segura de que Darko estaría allí esperándola.
Vio a un niño que estaba viendo cómo su barco flotaba en el río ante la mirada de su niñera.
Tuvo la sensación de que Darko estaba cerca de ella. Sarah no podía verle, pero podía intuir su poderosa presencia. Sintió vergüenza de su vestido de color gris. Una nube gris ocultó el Sol.
Con suma lentitud, Darko se acercó poco a poco a Sarah. Tenía que admitir que aquella joven española era distinta al resto de las mujeres que había conocido. Sarah tenía una fe ciega en él.
Al percatarse de que se acercaba a ella, Sarah fue corriendo a arrojarse en sus brazos. Llenó de besos su rostro.
-¡Te estaba esperando!-trinó Sarah.
Darko la apartó suavemente de él.
-Una vocecita en mi interior me dijo que estabas aquí-afirmó-Y acertó.
-¡Tú querías verme!
Sarah estaba contenta.
-Sí...-admitió Darko-Quería verte.
-¿Por qué querías verme?-quiso saber Sarah.
-No lo sé. Ha sido algo más poderoso que yo. He salido del club. He empezado a caminar. Y mis pasos me han llevado hasta aquí. Donde estás tú.
Los ojos de Sarah se llenaron de lágrimas de felicidad.
Besó con entusiasmo a Darko en la boca.
Llevaba puesto un abrigo de torso de lona de color negro, muy similar al que llevaba puesto el otro día. Darko no solía usar sombrero de copa, como los demás caballeros, y su cabello lo llevaba suelto.
A Darko le atraía la naturaleza un tanto fogosa de Sara. Los dos tomaron asiento en el suelo. Sara era apasionada y Darko estaba cansado de las mujeres que fingían pasión por él.
-Nos veremos siempre-dijo Sarah-¿Verdad que sí?
-Por supuesto-contestó Darko.
-Tendrás que hablar con mi padre. Le pedirás permiso para que me corteje. Es lo correcto.
-Pronto, querida. Pronto...
-Eres sincero. Lo puedo ver en tus ojos. Me quieres, aunque sea un poquito.
-Debo de sentir algo por ti cuando estoy aquí.
-Mi hermana Mary está siendo cortejada por un conde.
-¡Qué interesante!
-Cuando se case con el conde, vendrás conmigo a la boda. ¡Y anunciaremos nuestro compromiso durante el banquete! ¿Lo harás, Darko?
-Lo haré.
El corazón de Sara brincaba de alegría.
Por supuesto, ignoraba que Darko estaba haciendo con ella lo mismo que había hecho con Lilith. Que había hecho con las otras mujeres. Les hacía falsas promesas con el fin de enamorarlas y salirse con la suya. Abandonaría a Sarah tras haberla poseído. Lo había decidido.
-¿Hablas con Lilith de mí?-le preguntó Darko.
-No...-respondió Sarah.
-No lo hagas. Su matrimonio con Alec va mal. Y creo saber el porqué. Lilith aún me quiere. No soporta que yo ya no esté con ella.
-Eso no es lo que ella dice.
-Es la verdad. Hazme caso.
-Pero...Lilith no va a volver contigo, ¿verdad? Ahora...Estás conmigo. Lilith no te interesa. Ya no la quieres.
Darko aborrecía a Lilith porque ella fue la que lo abandonó. Por lo general, él abandonaba a sus amantes y no sus amantes lo abandonaban a él. Lilith hirió su orgullo. Cuando él ya hubo saciado su pasión en los brazos de la joven, Lilith lo dejó. Vio la desconfianza reflejada en los ojos de Sarah. Desconfianza que iba dirigida hacia su amiga. Sarah creía ciegamente en todo lo que le decía Darko y creía que Lilith podía seguir enamorada de él. Por eso, no quiere que lo vea, pensó. Lo quiere para ella.
-Ya no la quiero-corroboró el hombre.
-Y me quieres-instó Sarah.

Darko no contestó. Tiene que amarme, pensó Sara. Apoyó su cabeza en el hombro de Darko. Conseguiré que me ame.
Darko cogió el rostro de Sarah entre sus manos y la besó apasionadamente.
Sarah suspiró.
-Me gustas mucho-dijo Darko.
Sarah creyó que había muerto y subido al cielo. Abrazó con fuerza a Darko y lo besó con ardor.
-¿Lo dices en serio?-le preguntó la joven-Perdona que te hable así. Es que pensé que nunca encontraría al amor de mi vida.
-¿De veras crees que soy el amor de tu vida?-ironizó Darko.
Miraba con sorna a Sarah.
-¡Por supuesto que lo creo!-contestó la joven-He esperado toda mi vida hasta conocerte. Siento que hemos nacido para estar juntos. Nada ni nadie nos va a separar.
-No digas eso-le pidió Darko-Nadie sabe lo que va a pasar en cuestión de días. Pero me gusta saber que confías en mí.
-Confío en ti.
Una criada joven estaba esperando a Sarah. Tenía una carta en la mano. La estaba esperando en el recibidor cuando Sarah llegó, flotando en una nube, a casa. Se quitó el sombrero. Entonces, la criada la abordó.
-Miss Wynthrop, la estaba esperando-le dijo-Ha llegado una carta dirigida a su nombre; creo que es de su familia.
Le tendió la carta.
-Gracias-dijo la joven-Subo ahora mismo a mi habitación a leer la carta. Puedes retirarte.
Sarah se encerró en su habitación. Se dejó caer en su cama. Rasgó el sobre y sacó la carta.
La leyó.
Era una carta de Mary.
Querida Sarah:
¿Cómo estás?
Los días aquí transcurren muy despacio.
A menudo, nos llegan tus cartas. Cathy y yo las leemos con insistencia.
Te estás divirtiendo.
A veces, siento que hay algo más en tus letras. Algo que no te atreves a compartir con nosotras. Ni con Cathy...Ni conmigo...No te preocupes. Lo entiendo.
Sé lo que es tener un secreto. Y no querer compartirlo con nadie. No me hagas caso, Sarah. A veces, digo tonterías. ¡Ya me conoces!
Salgo con madre a hacer visitas. Intento relacionarme con la gente. Madre dice que las condesas se relacionan con todo el mundo. Yo tengo miedo. Pienso que voy a hacer el ridículo. Pero me obligo a mí misma a contestar cuando me hablan. A no parecer antipática. A ser amable con los demás.
Me da mucha pena tener que molestarte. Pero ha pasado algo. Necesitamos que regreses a casa.
Se trata de Cathy. Ha intentado quitarse la vida. Erika la sorprendió intentando cortarse las venas. Había roto el espejo que hay en su habitación. ¡Fue horrible! ¡Mi pobre Cathy! Cogió un cristal. El espejo se había hecho añicos. Estaba fuera de sí. Intentó cortarse las venas.
Sé el porqué de su actitud.
Ese maldito mister Winter... Entiendo que Cathy se haya enamorado. Es más. Hace bien en enamorarse. Pero...¡Es un malnacido! Sólo busca aprovecharse de nuestra Cathy, Sarah. Nuestra hermana es inocente. No creo que hayan ido las cosas demasiado lejos entre ellos. Erika es como un cuervo. No se puede hacer nada sin levantar sus sospechas. A veces, tengo miedo de que piense algo malo de lord Robert y de mí.
Cathy...Y mister Winter...
Los sorprendí juntos.
Estaban en el jardín. Cathy sonreía. Mister Winter le entregó una rosa que había cortado.
Entonces, cogió el rostro de Cathy entre sus manos. La besó apasionadamente.
Yo entré corriendo en casa. Se lo conté a madre. Cuando salimos al jardín, estaban abrazos. Cathy tenía los labios hinchados por aquel beso. Había correspondido al beso que aquel malnacido le había dado. Tenía la cabeza escondida en el hombro de él. Pensé que se iba a desmayar al vernos llegar a madre y a mí. Mister Winter protegió a Cathy con su cuerpo. No quería irse de casa. Madre se puso furiosa con Cathy. Le hizo ver que podía convertirse en una perdida si eso podía pasar. Pero mister Winter defendió a Cathy. Aunque...Ofendió a madre.
Echó a mister Winter de casa. Pero él no quería irse sin Cathy. De modo que madre tuvo que pedirle a un criado que lo echara. ¡Jamás había visto a madre tan furiosa! Estuvo a punto de pegarle a Cathy. ¿Cómo se había dejado besar por aquel hombre? Madre no lo entendía. Discutieron a voces. Se oían los gritos en toda la isla. Padre se enteró porque yo se lo dije. Salió al jardín. Discutió también con Cathy. La amenazó con encerrarla en un convento si seguía viéndose con mister Winter.
Entonces, Cathy se encerró en su habitación. Estaba desquiciada. Dijo que se entregaría a los brazos de mister Winter antes o después. Cerró la puerta de su habitación con el pestillo. Gritó que no podía vivir sin los besos que él le había dado. Entonces, oímos cómo se rompía un cristal.
Y fue entonces cuando intentó cortarse las venas.
Nuestro mayordomo tiró la puerta de la habitación de Cathy a patadas. Erika fue la primera en entrar. Y vio cómo la sangre corría por las muñecas de nuestra hermana. ¡Fue espantoso!
Ahora, Cathy está mejor. Pero no queremos dejarla sola. Me siento culpable por todo lo que ha pasado, Sarah. ¡De haber muerto nuestra hermana, te juro que yo me muero detrás de ella! ¡No podría vivir con la culpa.
Me asusta la idea de que el conde de Maredudd no quiera saber de mí si un canalla deshonra a Cathy. ¡Dios mío! ¿Cómo puedo juzgar yo a mi hermana si mis pecados son peores que los suyos? Tengo la sensación de que algo ha muerto en su interior. Su mirada está vacía cuando se posa sobre cualquiera de nosotros. Quiero abrazarla. Pero ella me evita. No quiere dirigirme la palabras. No la culpo. Por mi culpa...Cathy ha estado a punto de morir. ¡Oh, Sarah! ¡Te juro que no sé si he hecho lo correcto! Tengo muchas dudas. ¡Dime si he hecho bien! Mi conciencia me grita que he debido de guardar silencio. A lo mejor, si tú regresas, Cathy volverá a ser como era antes.
Te necesitamos, Sarah.
Madre intenta ser fuerte. Pero yo sé que rompe a llorar cuando se encierra en su habitación. Padre pasa mucho tiempo encerrado en su despacho. Los dos se sienten culpables. Y vemos cómo Cathy se consume cada día que pasa un poco más. Y sentimos que nos estamos muriendo con ella.
¿Cuándo volverás?
Tu preocupada hermana,
Mary.
Una lágrima resbaló por la mejilla de Sarah.
No entendía el porqué Katherine había intentado quitarse la vida. Y odió a Mary por haber sido tan egoísta. Sus dos hermanas no querían verla feliz. Por eso, había ocurrido todo aquello. Estaba convencida de ello. Tenía que pensar con calma.
-Justo ahora cuando Darko parece haberse enamorado de mí-pensó Sarah-No debo ser egoísta justo cuando mi familia me necesita. Sé que Darko vendrá a Holyhead a buscarme.
Se secó la lágrima.
Debía de pensar en Katherine.
Debía de decirle a Lilith que tenía que irse. La dejaba sola en Llangefni con Alexander. Y ella dejaba, a su vez, su corazón en Llangefni al lado de Darko.
Su amiga estaba destrozada. Sus discusiones con Alexander eran cada vez más frecuentes. Sarah se tapaba los oídos cuando les oía gritar. No estaba acostumbrada a las peleas. Se estaba arrepintiendo de haber hecho aquel viaje. Pero el pensar en Darko le hacía creer que valía la pena.
Lilith pasaba los días vegetando.
Permanecía sentada en el sillón sin hacer nada.
Sarah le leía en voz alta.
Intentaba entablar conversación con ella.
Lilith le contestaba con monosílabos. La preocupación de Sarah por su amiga iba en aumento. Lilith miraba al vacío durante horas.
-¿De qué me sirve estar viva?-se preguntaba en voz alta-¿De qué me sirve amar a mi marido? ¿Me estará castigando la vida por mis excesos pasados? ¿Por qué no castiga también a Alec? ¡Él también ha cometido muchos pecados!
Lloraba.
Sarah se sentía impotente. No sabía qué hacer para consolarla.
-Lilly...-le decía-No es culpa tuya.
-¿No lo es?-se asombraba la joven-Mi marido no me ama. Soy una mujer estéril. ¿Quién quiere estar conmigo?
Sarah no sabía qué hacer para consolar a Lilith. Se sentía impotente. Lo único que le alegraba en aquellos días era Darko.
Se encerraba en su habitación. Le escribía largas cartas de amor. Sin embargo, Sarah nunca llegó a enviar aquellas cartas. Se sentía ridícula después de haberlas escrito.
Ponía en ellas:
Vivo por ti.
¡Soy tuya! ¡Haz lo que quieras conmigo! Te amo desde el primer momento en que te vi. ¿Por qué me evitas? ¿No notas cómo mi corazón late al mismo compás que el tuyo?
Amor mío...Quiero pertenecerte por completo.

Rompía aquellas cartas. Darko era un hombre duro y frío. ¿Qué pensaría de ella si leía aquellas misivas? Creería que Sarah era una estúpida damisela. ¡Por Dios! ¡Darko no podía pensar eso de ella! Sarah se maldecía así misma por ser tan ingenua en ciertas cosas.
Al cabo de algunos días, Sarah logró salir de casa sin ser vista y se dirigió alrededor de las seis de la tarde a orillas del río Cefni; estaba segura de que Darko estaría allí esperándola.
Vio a un niño que estaba viendo cómo su barco flotaba en el río ante la mirada de su niñera.
Tuvo la sensación de que Darko estaba cerca de ella. Sarah no podía verle, pero podía intuir su poderosa presencia. Sintió vergüenza de su vestido de color gris. Una nube gris ocultó el Sol.
Con suma lentitud, Darko se acercó poco a poco a Sarah. Tenía que admitir que aquella joven española era distinta al resto de las mujeres que había conocido. Sarah tenía una fe ciega en él.
Al percatarse de que se acercaba a ella, Sarah fue corriendo a arrojarse en sus brazos. Llenó de besos su rostro.
-¡Te estaba esperando!-trinó Sarah.
Darko la apartó suavemente de él.
-Una vocecita en mi interior me dijo que estabas aquí-afirmó-Y acertó.
-¡Tú querías verme!
Sarah estaba contenta.
-Sí...-admitió Darko-Quería verte.
-¿Por qué querías verme?-quiso saber Sarah.
-No lo sé. Ha sido algo más poderoso que yo. He salido del club. He empezado a caminar. Y mis pasos me han llevado hasta aquí. Donde estás tú.
Los ojos de Sarah se llenaron de lágrimas de felicidad.
Besó con entusiasmo a Darko en la boca.
Llevaba puesto un abrigo de torso de lona de color negro, muy similar al que llevaba puesto el otro día. Darko no solía usar sombrero de copa, como los demás caballeros, y su cabello lo llevaba suelto.
A Darko le atraía la naturaleza un tanto fogosa de Sara. Los dos tomaron asiento en el suelo. Sara era apasionada y Darko estaba cansado de las mujeres que fingían pasión por él.
-Nos veremos siempre-dijo Sarah-¿Verdad que sí?
-Por supuesto-contestó Darko.
-Tendrás que hablar con mi padre. Le pedirás permiso para que me corteje. Es lo correcto.
-Pronto, querida. Pronto...
-Eres sincero. Lo puedo ver en tus ojos. Me quieres, aunque sea un poquito.
-Debo de sentir algo por ti cuando estoy aquí.
-Mi hermana Mary está siendo cortejada por un conde.
-¡Qué interesante!
-Cuando se case con el conde, vendrás conmigo a la boda. ¡Y anunciaremos nuestro compromiso durante el banquete! ¿Lo harás, Darko?
-Lo haré.
El corazón de Sara brincaba de alegría.
Por supuesto, ignoraba que Darko estaba haciendo con ella lo mismo que había hecho con Lilith. Que había hecho con las otras mujeres. Les hacía falsas promesas con el fin de enamorarlas y salirse con la suya. Abandonaría a Sarah tras haberla poseído. Lo había decidido.
-¿Hablas con Lilith de mí?-le preguntó Darko.
-No...-respondió Sarah.
-No lo hagas. Su matrimonio con Alec va mal. Y creo saber el porqué. Lilith aún me quiere. No soporta que yo ya no esté con ella.
-Eso no es lo que ella dice.
-Es la verdad. Hazme caso.
-Pero...Lilith no va a volver contigo, ¿verdad? Ahora...Estás conmigo. Lilith no te interesa. Ya no la quieres.
Darko aborrecía a Lilith porque ella fue la que lo abandonó. Por lo general, él abandonaba a sus amantes y no sus amantes lo abandonaban a él. Lilith hirió su orgullo. Cuando él ya hubo saciado su pasión en los brazos de la joven, Lilith lo dejó. Vio la desconfianza reflejada en los ojos de Sarah. Desconfianza que iba dirigida hacia su amiga. Sarah creía ciegamente en todo lo que le decía Darko y creía que Lilith podía seguir enamorada de él. Por eso, no quiere que lo vea, pensó. Lo quiere para ella.
-Ya no la quiero-corroboró el hombre.
-Y me quieres-instó Sarah.
Darko no contestó. Tiene que amarme, pensó Sara. Apoyó su cabeza en el hombro de Darko. Conseguiré que me ame.
Darko cogió el rostro de Sarah entre sus manos y la besó apasionadamente.
Sarah suspiró.
-Me gustas mucho-dijo Darko.
Sarah creyó que había muerto y subido al cielo. Abrazó con fuerza a Darko y lo besó con ardor.
-¿Lo dices en serio?-le preguntó la joven-Perdona que te hable así. Es que pensé que nunca encontraría al amor de mi vida.
-¿De veras crees que soy el amor de tu vida?-ironizó Darko.
Miraba con sorna a Sarah.
-¡Por supuesto que lo creo!-contestó la joven-He esperado toda mi vida hasta conocerte. Siento que hemos nacido para estar juntos. Nada ni nadie nos va a separar.
-No digas eso-le pidió Darko-Nadie sabe lo que va a pasar en cuestión de días. Pero me gusta saber que confías en mí.
-Confío en ti.
Una criada joven estaba esperando a Sarah. Tenía una carta en la mano. La estaba esperando en el recibidor cuando Sarah llegó, flotando en una nube, a casa. Se quitó el sombrero. Entonces, la criada la abordó.
-Miss Wynthrop, la estaba esperando-le dijo-Ha llegado una carta dirigida a su nombre; creo que es de su familia.
Le tendió la carta.
-Gracias-dijo la joven-Subo ahora mismo a mi habitación a leer la carta. Puedes retirarte.
Sarah se encerró en su habitación. Se dejó caer en su cama. Rasgó el sobre y sacó la carta.
La leyó.
Era una carta de Mary.
Querida Sarah:
¿Cómo estás?
Los días aquí transcurren muy despacio.
A menudo, nos llegan tus cartas. Cathy y yo las leemos con insistencia.
Te estás divirtiendo.
A veces, siento que hay algo más en tus letras. Algo que no te atreves a compartir con nosotras. Ni con Cathy...Ni conmigo...No te preocupes. Lo entiendo.
Sé lo que es tener un secreto. Y no querer compartirlo con nadie. No me hagas caso, Sarah. A veces, digo tonterías. ¡Ya me conoces!
Salgo con madre a hacer visitas. Intento relacionarme con la gente. Madre dice que las condesas se relacionan con todo el mundo. Yo tengo miedo. Pienso que voy a hacer el ridículo. Pero me obligo a mí misma a contestar cuando me hablan. A no parecer antipática. A ser amable con los demás.
Me da mucha pena tener que molestarte. Pero ha pasado algo. Necesitamos que regreses a casa.
Se trata de Cathy. Ha intentado quitarse la vida. Erika la sorprendió intentando cortarse las venas. Había roto el espejo que hay en su habitación. ¡Fue horrible! ¡Mi pobre Cathy! Cogió un cristal. El espejo se había hecho añicos. Estaba fuera de sí. Intentó cortarse las venas.
Sé el porqué de su actitud.
Ese maldito mister Winter... Entiendo que Cathy se haya enamorado. Es más. Hace bien en enamorarse. Pero...¡Es un malnacido! Sólo busca aprovecharse de nuestra Cathy, Sarah. Nuestra hermana es inocente. No creo que hayan ido las cosas demasiado lejos entre ellos. Erika es como un cuervo. No se puede hacer nada sin levantar sus sospechas. A veces, tengo miedo de que piense algo malo de lord Robert y de mí.
Cathy...Y mister Winter...
Los sorprendí juntos.
Estaban en el jardín. Cathy sonreía. Mister Winter le entregó una rosa que había cortado.
Entonces, cogió el rostro de Cathy entre sus manos. La besó apasionadamente.
Yo entré corriendo en casa. Se lo conté a madre. Cuando salimos al jardín, estaban abrazos. Cathy tenía los labios hinchados por aquel beso. Había correspondido al beso que aquel malnacido le había dado. Tenía la cabeza escondida en el hombro de él. Pensé que se iba a desmayar al vernos llegar a madre y a mí. Mister Winter protegió a Cathy con su cuerpo. No quería irse de casa. Madre se puso furiosa con Cathy. Le hizo ver que podía convertirse en una perdida si eso podía pasar. Pero mister Winter defendió a Cathy. Aunque...Ofendió a madre.
Echó a mister Winter de casa. Pero él no quería irse sin Cathy. De modo que madre tuvo que pedirle a un criado que lo echara. ¡Jamás había visto a madre tan furiosa! Estuvo a punto de pegarle a Cathy. ¿Cómo se había dejado besar por aquel hombre? Madre no lo entendía. Discutieron a voces. Se oían los gritos en toda la isla. Padre se enteró porque yo se lo dije. Salió al jardín. Discutió también con Cathy. La amenazó con encerrarla en un convento si seguía viéndose con mister Winter.
Entonces, Cathy se encerró en su habitación. Estaba desquiciada. Dijo que se entregaría a los brazos de mister Winter antes o después. Cerró la puerta de su habitación con el pestillo. Gritó que no podía vivir sin los besos que él le había dado. Entonces, oímos cómo se rompía un cristal.
Y fue entonces cuando intentó cortarse las venas.
Nuestro mayordomo tiró la puerta de la habitación de Cathy a patadas. Erika fue la primera en entrar. Y vio cómo la sangre corría por las muñecas de nuestra hermana. ¡Fue espantoso!
Ahora, Cathy está mejor. Pero no queremos dejarla sola. Me siento culpable por todo lo que ha pasado, Sarah. ¡De haber muerto nuestra hermana, te juro que yo me muero detrás de ella! ¡No podría vivir con la culpa.
Me asusta la idea de que el conde de Maredudd no quiera saber de mí si un canalla deshonra a Cathy. ¡Dios mío! ¿Cómo puedo juzgar yo a mi hermana si mis pecados son peores que los suyos? Tengo la sensación de que algo ha muerto en su interior. Su mirada está vacía cuando se posa sobre cualquiera de nosotros. Quiero abrazarla. Pero ella me evita. No quiere dirigirme la palabras. No la culpo. Por mi culpa...Cathy ha estado a punto de morir. ¡Oh, Sarah! ¡Te juro que no sé si he hecho lo correcto! Tengo muchas dudas. ¡Dime si he hecho bien! Mi conciencia me grita que he debido de guardar silencio. A lo mejor, si tú regresas, Cathy volverá a ser como era antes.
Te necesitamos, Sarah.
Madre intenta ser fuerte. Pero yo sé que rompe a llorar cuando se encierra en su habitación. Padre pasa mucho tiempo encerrado en su despacho. Los dos se sienten culpables. Y vemos cómo Cathy se consume cada día que pasa un poco más. Y sentimos que nos estamos muriendo con ella.
¿Cuándo volverás?
Tu preocupada hermana,
Mary.
Una lágrima resbaló por la mejilla de Sarah.
No entendía el porqué Katherine había intentado quitarse la vida. Y odió a Mary por haber sido tan egoísta. Sus dos hermanas no querían verla feliz. Por eso, había ocurrido todo aquello. Estaba convencida de ello. Tenía que pensar con calma.
-Justo ahora cuando Darko parece haberse enamorado de mí-pensó Sarah-No debo ser egoísta justo cuando mi familia me necesita. Sé que Darko vendrá a Holyhead a buscarme.
Se secó la lágrima.
Debía de pensar en Katherine.
Debía de decirle a Lilith que tenía que irse. La dejaba sola en Llangefni con Alexander. Y ella dejaba, a su vez, su corazón en Llangefni al lado de Darko.
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