lunes, 5 de mayo de 2014

LAS HEROÍNAS SEGÚN BÁRBARA CARTLAND

Hola a todos.
Hoy, me gustaría analizar con vosotros el carácter de las protagonistas de las novelas de Bárbara Cartland.
Seguramente, habréis leído alguna de sus obras. Son novelas cortas. Se mencionan sucesos históricos que realmente ocurrieron. Tienen títulos del tipo de Una estrella en mi corazón. 
Por lo general, escribía novelas románticas de época, pero también escribía novelas que transcurrían en su época (El precio es amor fue escrita en 1960 y transcurre en ese año).
A Bárbara Cartland la recordamos por ser madre de la madrastra de la añorada Lady Di, por vestir siempre de rosa chicle y por rodearse de pekineses. Una de sus novelas, por cierto, se llamó El Príncipe y el pekinés. 
He aquí una foto suya.



Bárbara Cartland estaba en contra del divorcio (curioso porque su hija Raine se casó con el divorciado padre de Lady Di). Decía que la mujer debía de llegar virgen al matrimonio y que a los hombres se le podían perdonar ciertos pecadillos. 
Sus protagonistas eran, por lo general, de estatura baja. Algunas tenían nombres rarísimos (Lalitha, Theola, Titania). Otras tenían nombres más comunes (Gisele, Lucinda). Y otras tenían nombres preciosos (Astara).
Tenía a muchas rubias en su haber, pero también tenía algunas morenas y pelirrojas. No recuerdo haber leído a ninguna protagonista de Bárbara Cartland que tenga sea castaña.
Casi todas eran de buena familia, pero, por algún motivo, vivían en la miseria. Casi todas eran huérfanas y vivían con un tío y una prima o con una madrastra. En el caso de la prima y de la madrastra porque la heroína era más hermosa que ellas y le tenían envidia.
Sus facciones eran delicadas y perfectas. Los ojos podían variar de color. Pero todas eran de estatura bajita.
¡Estamos ante una perfecta Mary Sue!
La educación que estas chicas han recibido es la típica de una joven de su tiempo. Es inteligente, pero sin pasarse. Han recibido una educación esmerada en un internado o con una institutriz. Puede tener a un niño a su cargo, ya que trabaja de institutriz o se ha hecho cargo de algún sobrino huérfano o de un hermano pequeño o del hijo de unos parientes.
Casi siempre son huérfanas y tienen muy idealizados a sus padres. O pueden estar vivos los padres y hacerles la vida imposible porque los tratan con frialdad o porque están casados en segundas nupcias (en el caso de haber enviudado del padre o de la madre de la protagonista) con la madrastra o el padrastro (éstos son menos) que las maltratan y son tan cobardes que prefieren beber a defender a sus hijas.
La heroína es siempre virgen. Puede terminar la novela siendo virgen porque el héroe no se ha casado con ella, pero piensa hacerlo. La novela puede concluir con la noche de bodas, donde no se entra en detalles, pero sí habla de vuelo, de estrellas y de cielo.
Nunca ha recibido ni un sólo beso. No tienen idea alguna de sexo. ¡Lo juro! En una novela de Bárbara Cartland, la protagonista se escapa de casa de sus tíos porque éstos y sus primos la maltratan. Ella conoce al héroe, al que pide ayuda para escapar y le cuenta que quiere ir a Londres para ser cortesana, pero que no tiene ni idea de lo que es una cortesana, pero piensa que es algo que le hará ganar dinero. Quiere ser cortesana porque oyó a su primo hablarle a su tío de una cortesana con la que está liado, pero no significa lo que es eso. ¡Es totalmente cierto!
Por supuesto, el héroe es el primero que le da un beso. Y, al final de la novela, si hay boda, es el primero que se acuesta con ella.
En casi todas las novelas de Bárbara Cartland, los protagonistas se conocen porque ella está huyendo de casa de la prima/madrastra envidiosa o porque se encuentra en peligro y él la salva. Se convierte desde ese momento en su protector. De hecho, actúa más con ella como si fuera un padre que como si fuera un enamorado. Siempre es mayor que ella, duplicándole en ocasiones la edad.
En ocasiones, se ve forzada a casarse con él porque lo han decidido sus padres o porque sustituye a una hermana o a una prima bondadosa aunque frívola que está enamorada de otro. Se trata de un matrimonio sin amor. Ella logra ganarse el cariño de la familia del protagonista, quien la adora, además de conseguir que los criados de éste se desvivan por servirla, ya que es alegre, dulce y encantadora.
El protagonista, en estos casos, le es infiel con la amante que tiene, aún estando casado con ella porque, en ese momento, no la ama. No tienen relaciones íntimas, pero el protagonista se va enamorando de la heroína porque es inocente, cándida, dulce, paciente y abnegada. En lugar de discutir con él, obedece y cede. Nunca le echa en cara nada. Si lo hace, aún teniendo razón, le pide perdón rápidamente casi de rodillas. ¡Es totalmente cierto!
Al final, el protagonista deja a la amante y va al lado de su esposa, jurándole amor eterno y diciéndole que le ha conmovido su abnegación y su entrega, además del hecho de que es virgen.
No se percibe en estos casos un verdadero enamoramiento. Él está cansado de las mujeres experimentadas y se enamora de la que está a su lado porque es virgen y no va a irse con otro. Si un amigo del héroe se enamora de ella, la protagonista le baja de las nubes rápidamente porque quiere a su marido, aunque le esté poniendo los cuernos con otra. Si el marido se entera, le monta un pollo de los gordos porque su mujer ha de ser sólo de él, aunque él sea de otras.
Por cierto, en los momentos en los que él se declara, ella empieza a balbucear, a tartamudear y a flipar en colores.
Aunque estas chicas puedan ser perfectos retratos de cómo eran las chicas de su época, en ocasiones, dan ganas de matarlas porque cuesta trabajo que, aún habiendo leído tanto (lo da a entender la autora) puedan no saber nada de nada. Que sean tan buenas y tan generosas que perdonen a un marido putero, aunque éste no llegue a pedirles perdón nunca, más que con la boca pequeña.
Si ellas deciden marcharse, no se preocupen. Dejan las pistas necesarias para que ellos las encuentren en cinco minutos. Piden perdón con la boca pequeña, sin sentirlo realmente y ellas les perdonan rápidamente.
Otra cosa que me llama la atención es que no se ve un enamoramiento real. Él se queda prendado de la belleza angelical de ella y del hecho de que es casta y pura en todos los aspectos. Y ella decide que está enamorada de él. En un momento dado, empieza a gritar para sus adentros que lo ama y que lo ama.
Lo ve tan apuesto y tan gallardo que, aunque sea un imbécil integral, ha decidido que lo ama. Entre quedarse con él y aguantar cuernos a volver a su casa y soportar palizas, no opta por la opción de largarse (quizás porque habría sido imposible irse en aquella época, aunque podría hacerse) a empezar de cero en otra parte.
Posiblemente, las chicas de Bárbara Cartland sean realistas en su comportamiento. Pero es que la autora hace que pierdan realismo. Que queden como unas tontas que no saben nada y que tragan y justifican hasta lo injustificable por amor.
Un amor demasiado extraño, diría yo.



Los celos, la posesividad y la infidelidad no son sinónimos de amor.
Por cierto, en las portadas de las novelas de Bárbara Cartland se puede ver que las protagonistas parecen todas ellas clones.

3 comentarios:

  1. Tengo a esta autora pendiente, pues no he leído nada de ella y me parece que me estoy perdiendo muucho, gracias por la recomendación!!

    Besos!!!

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  2. Yo de adolescente leía sus novelas y me gustaban . A pesar de todo e s una pionera en ese genero y aun tiene muchas seguidoras

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  3. Bueno pues un hallazgo lo de la madre de la princesa.
    No me gusta que dejen a las mujeres por tontas, eso no es justo ni real.
    Buen articulo escribiste.
    unos besotesssssssssss

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