domingo, 16 de junio de 2013

NO TE VAYAS

Hola a todos.
Hoy domingo, aprovechando que el calor sigue en aumento, voy a colgar un trozo de mi cuento veraniego No te vayas. 
Me gustaría poder terminar de subir este cuento la semana que está entrando. Y, si puedo, la próxima subiría el epílogo que he escrito que tiene a Eunice y a William como protagonistas.
No va a ser el único relato que suba a lo largo de este verano. Espero subir otros relatos que he escrito que son como éste.
Una isla tranquila...La playa...Una época inolvidable...Un romance apasionado...¡Todo eso encontraréis las próximas semanas!

                       Amanda se llevó un trozo de pastel de carne a la boca y lo saboreó con gesto pensativo. A su lado, estaba la cesta de mimbre que se había llevado al salir de casa en compañía de Paul.
-Por suerte, a Christy le ha bajado la fiebre-le comentó el joven-Confío en que se recupere lo antes posible.
-Yo también confío en eso-se sinceró Amanda-Pero tengo miedo.
                      Paul la había invitado a un pic-nic que quería hacer en la zona de Wick. Amanda, a pesar de que la señorita Alexandra le decía que estaba poniendo en peligro su reputación, había accedido. Después de todo, los dos se encontraban solos en Wick.
-Ya falta menos para volver a la normalidad-suspiró Amanda.
                     Paul frunció el ceño al imaginar que no tardaría en regresar a la Universidad. Las clases...Los libros...
-Nuestros anfitriones piensan ofrecer una fiesta la semana que viene, que es cuando empieza septiembre-le comentó a Amanda.
                   La muchacha se limpió los restos de pastel de carne que tenía en la comisura de los labios con la servilleta. También ella tenía que regresar a la vida normal. La señorita Alexandra la abandonaría a finales de septiembre. Amanda y Eunice ya no necesitaban sus servicios.
-Empezaré mi segundo año de Derecho-dijo Paul-Estudiaré mucho. Me olvidaré de las fiestas. Y...Ya está.
-Sophie dice que nunca sales por ahí-Amanda le escrutó con sus hermosos ojos-No tienes una vida social agitada. No visitas ciertos sitios.
                Se ruborizó al hacer aquel comentario. Paul entendió lo que Amanda quería decirle.
                Carraspeó. No le gustaba hablar de que todavía era virgen.
-No me gusta nada ir a ciertos sitios, como tú bien dices-se sinceró el joven-Hay cosas por las que no debería de pagar dinero. Que se deberían de dar gratis.
                 Paul se metió en la boca una cucharada de su trozo de pastel de carne. Amanda le hacía hervir la sangre. Sentía que el corazón palpitaba muy deprisa dentro de su pecho. Lo escuchaba en su cabeza.
-Mi institutriz no sabe que he salido contigo-sonrió Amanda-Tampoco lo sabe Eunice. Deben de pensar que he enviado al Infierno mi reputación.
                Se echó a reír con ganas. Paul le cogió la mano. Se la besó con adoración.
-No me gusta poner en entredicho la virtud de las jóvenes-dijo el joven-Eso sería impropio de mí.
                 Amanda se sirvió un poco más de pastel de carne. Le temblaba la mano. Se apartó un poco de Paul. ¿Y qué pasa con mi reputación?, se preguntó.
                No había nadie en la zona de Wick.
             
File:Skomer-WickLand.jpg

                     Estaban los frailecillos, que se podían ver a todas horas correteando por la playa.
                     Sentados sobre el mantel que Paul había desplegado sobre la hierba, contemplaban el mar. Amanda suspiró hondo.
                     La idea de separarse de Paul la asustaba.
                     Acabaré olvidándome de él, pensó.
                     Luego, negó con la cabeza al recordar que él era el hermano de Sophie. Su amiga siempre le estaría hablando de Paul. Sabría del joven a través de Sophie. En realidad, no ha pasado nada entre nosotros, pensó Amanda.
                   Entonces, Paul se inclinó sobre ella y depositó un beso suave en sus labios. Amanda se envaró.
-¡No!-casi gritó-Paul...Será mejor que volvamos.
                   El joven se arrepintió de lo que había hecho. He aquí mi incompetencia a la hora de tratar con una mujer, se lamentó. He asustado a Amanda.
-No quiero que hablen de nosotros-le imploró la chica-Van a pensar lo peor.
                   Aún así, permaneció sentada, con su falda extendida sobre el mantel.
-Estoy empezando a hablar igual que la señorita Alexandra-se asombró Amanda.
                   Se puso de pie de un brinco. Se sentía aturdida.
                   Paul empezó a recoger los restos del pic-nic. Los metió dentro de la cesta de mimbre. Lo último que quería era hacer sentir a Amanda incómoda. La chica estaba azorada. Nerviosa...
                   Unos minutos después, emprendieron el regreso a casa.
                   Amanda se había dado cuenta de que nadie se desplazaba en carruaje por la isla. Vivían en aquel lugar muy poca gente. Skomer medía unos 2,92 kilómetros. Y las casas estaban muy cerca las unas de las otras. Exceptuando la casa de sus anfitriones...A Amanda le temblaban con violencia las piernas. Paul observó el gesto nervioso que se había dibujado en los delicados labios de la chica. Y le invadió el deseo de volver a besarla. ¡Está mal!, le gritó una vocecita dentro de su cabeza.
-Yo no soy así-admitió Amanda.
-Tú eres una joven extraordinaria-le aseguró Paul.
-Me estoy portando como una mojigata. La señorita Alexandra estará orgullosa de mí.
-Yo jamás te haría daño.
-Eso lo sé. Confío en ti. Pero...
                Se detuvieron en mitad del camino. Se oía el canto de un frailecillo en la distancia.
-No sé lo que pasará-admitió Amanda-Septiembre está cada vez más cerca. Cada uno de nosotros tiene una vida. Se están haciendo realidad nuestros planes.
-Si te soy sincero, no quiero estudiar Derecho-le confió Paul-No quiero regresar a la Universidad. Desearía poder quedarme aquí. En este lugar...
                   ¡Yo también desearía poder quedarme aquí para siempre!, pensó Amanda. No se dio cuenta, pero Paul se acercó más a ella. La besó. No fue un beso nada suave, como el que le había dado antes. Fue un beso más bien apasionado. Paul deseaba saborear los labios de Amanda. Poder embriagarse de su boca.  Durante una fracción de segundo, la joven no supo cómo reaccionar. Finalmente, le devolvió el beso a Paul. Fue un beso largo que duró una Eternidad. Nada importaba. Estaban solos.
                    Se sentían así. Solos...Lejos del mundo...



                        Los pensamientos coherentes de Amanda se esfumaron al instante. Paul no pensó en otra cosa más allá de aquel beso. Se dejó embriagar por el sabor de los labios de Amanda. Podía percibir el calor que desprendía el esbelto cuerpo de la joven. Sus sentidos se llenaron con la esencia de violetas que ella solía usar.
                      Al cabo de un rato, se separaron. Se fundieron en un fuerte abrazo. Amanda sentía que se iba a desmayar.
-No quiero dejarte-le susurró Paul-No voy a dejarte.
                 Amanda se apartó de él con los nervios a flor de piel.
-Está bien-susurró maravillada-Todo está bien. Bien...
                  El pecho de Amanda subía y bajaba. Tenía la respiración acelerada. Los ojos de la chica brillaban. Sus suaves labios estaban hinchados. Paul la había besado con pasión. Tenía razón al decir que estaba bien. ¿Por qué tenía que estar mal?, se preguntó Amanda. ¡Era ridículo!
                 Deseaba a Paul.
-Bésame de nuevo-le pidió.
                Paul se acercó a ella. Y volvió a apoderarse de sus labios.
                Esto es lo único que quiero hacer durante el resto de mi vida, pensó Paul.

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