Hola a todos.
Hay una nueva editorial en el mundo literario. Se trata de Tempus Fugit Ediciones.
En los meses que lleva en funcionamiento, ha editado obras de autores clásicos que abarcan muchos géneros, desde Zane Grey (famoso escritor de novelas del Oeste) hasta la grandísima Jane Austen.
Pero la editorial ha sacado a la venta a novelas de autores que se están dando a conocer en este difícil mundo.
Podéis encontrar:
-Un amor inesperado, de Lury Margud.
-Dime si es amor, de Claudia Cardozzo.
-Secretos desvelados, de Arman Lourenço Trinidad.
-Crónicas de la Nueva Hispania, de Dama N. Prayton.
La editorial acepta manuscritos hasta el día 30 de este mes. ¿A qué esperáis? ¡Todavía estáis a tiempo!
-Si habéis publicado en Wattpad.
-Si tenéis ya un manuscrito terminado, sea del género que sea.
-Si habéis publicado en Amazon o en cualquier editorial online.
¡Ésta es vuestra oportunidad! Os invito a que lo hagáis porque vale la pena.
Tenéis diez días todavía para hacerlo.
Podéis mandar los manuscritos que queráis. No hay un tope de páginas.
La dirección a la que debéis de enviar vuestros manuscritos es:
tempusfugitediciones@gmail.com
¡Uno de vuestros manuscritos puede ser elegidos!
¡Ánimo y suerte!
Un blog sobre la novela romántica histórica. Escritores románticos, personajes conocidos, historias apasionadas...¡Un mundo lleno de romanticismo! Viaja en el tiempo hasta una época inolvidable.
sábado, 20 de septiembre de 2014
viernes, 12 de septiembre de 2014
EN LA ISLA
Hola a todos.
He podido darle a esta historia un pequeño empujón.
¡Vamos a ver lo que pasa!
Estaba anocheciendo.
Las manos de Meredith temblaron cuando se terminó de arreglar la ropa.
-¿Qué hemos hecho?-le preguntó con voz asustada a Gabriel-¡En el nombre de Dios! ¿Qué hemos hecho?
Ya no sangraba. Gabriel se abrochó los botones de la camisa. Se acercó a Meredith para darle un beso en los labios.
-Nos hemos amado-respondió él.
Se sentía feliz. Se sentía eufórico. Ahora, sabía que sus sentimientos hacia Meredith eran correspondidos. Ella también le amaba.
Pero la joven se sentía mal. Tenía la sensación de que había traicionado a Phoebe.
Gabriel la acompañó a casa. Su deseo era entrar dentro y hablar con el padre de Meredith.
-¡No lo hagas!-le imploró la joven.
Su cabeza era un torbellino de pensamientos. Miles de emociones se apoderaron de ella. No sabía lo que quería hacer. Sentía que no podría volver a mirar nunca más a Phoebe a la cara. Su hermana mayor estaba enamorada de Gabriel. ¿Cómo no había pensado en Phoebe?
-Nunca le he dado falsas esperanzas a Phoebe-se sinceró Gabriel-Lo lamento si tu hermana ha pensado todo lo contrario. Y no vuelvas a pedirme que finja estar enamorado de Phoebe. No podría hacerlo. Ayudaré a tu hermana a huir de ese matrimonio indeseable. Pero no me pidas que le mienta. Meredith, te amo y tú también me amas.
-Gabriel...-murmuró la aludida-No...
No quería hablar de amor en aquellos momentos.
No sabía lo que quería hacer. Miró a Gabriel. Enamorarse de él estaba mal. Haberse entregado a él sin reservas era todavía peor.
Y vivir sin él sería como una muerte en vida.
Se despidieron con un dulce beso cuando entraron en el jardín de la casa de Meredith. Nadie les vio.
-Dame tiempo para pensar en un plan para ayudar a Phoebe-le pidió cuando se separaron-Todo saldrá bien, mi adorada Meredith.
-¡Esto es una locura!-exclamó la joven-Tú y yo...
-Nos amamos. Ha sido así desde siempre.
-No...
-Así es.
-Siempre pensé que acabarías casándote con Phoebe. Ella te ama desde hace mucho tiempo.
-Y yo no hacía otra cosa más que pensar en ti, Meredith. Tu recuerdo me dio fuerzas para aguantar durante el tiempo que estuve combatiendo. Sólo quería regresar a casa para verte de nuevo.
-Gabriel, sigo pensando que esto es una locura.
-No es ninguna locura. Todo saldrá bien. Ten fe.
-No me pidas que tenga fe. Phoebe va a sufrir demasiado. No se lo merece.
He podido darle a esta historia un pequeño empujón.
¡Vamos a ver lo que pasa!
Estaba anocheciendo.
Las manos de Meredith temblaron cuando se terminó de arreglar la ropa.
-¿Qué hemos hecho?-le preguntó con voz asustada a Gabriel-¡En el nombre de Dios! ¿Qué hemos hecho?
Ya no sangraba. Gabriel se abrochó los botones de la camisa. Se acercó a Meredith para darle un beso en los labios.
-Nos hemos amado-respondió él.
Se sentía feliz. Se sentía eufórico. Ahora, sabía que sus sentimientos hacia Meredith eran correspondidos. Ella también le amaba.
Pero la joven se sentía mal. Tenía la sensación de que había traicionado a Phoebe.
Gabriel la acompañó a casa. Su deseo era entrar dentro y hablar con el padre de Meredith.
-¡No lo hagas!-le imploró la joven.
Su cabeza era un torbellino de pensamientos. Miles de emociones se apoderaron de ella. No sabía lo que quería hacer. Sentía que no podría volver a mirar nunca más a Phoebe a la cara. Su hermana mayor estaba enamorada de Gabriel. ¿Cómo no había pensado en Phoebe?
-Nunca le he dado falsas esperanzas a Phoebe-se sinceró Gabriel-Lo lamento si tu hermana ha pensado todo lo contrario. Y no vuelvas a pedirme que finja estar enamorado de Phoebe. No podría hacerlo. Ayudaré a tu hermana a huir de ese matrimonio indeseable. Pero no me pidas que le mienta. Meredith, te amo y tú también me amas.
-Gabriel...-murmuró la aludida-No...
No quería hablar de amor en aquellos momentos.
No sabía lo que quería hacer. Miró a Gabriel. Enamorarse de él estaba mal. Haberse entregado a él sin reservas era todavía peor.
Y vivir sin él sería como una muerte en vida.
Se despidieron con un dulce beso cuando entraron en el jardín de la casa de Meredith. Nadie les vio.
-Dame tiempo para pensar en un plan para ayudar a Phoebe-le pidió cuando se separaron-Todo saldrá bien, mi adorada Meredith.
-¡Esto es una locura!-exclamó la joven-Tú y yo...
-Nos amamos. Ha sido así desde siempre.
-No...
-Así es.
-Siempre pensé que acabarías casándote con Phoebe. Ella te ama desde hace mucho tiempo.
-Y yo no hacía otra cosa más que pensar en ti, Meredith. Tu recuerdo me dio fuerzas para aguantar durante el tiempo que estuve combatiendo. Sólo quería regresar a casa para verte de nuevo.
-Gabriel, sigo pensando que esto es una locura.
-No es ninguna locura. Todo saldrá bien. Ten fe.
-No me pidas que tenga fe. Phoebe va a sufrir demasiado. No se lo merece.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
VOLVER PISANDO FUERTE
Hola a todos.
Empezó ya septiembre.
¡No sabéis las ganas que tengo de que termine el verano y lleguen ya las lluvias! Al vivir en La Unión, vivo en una zona especialmente seca y son poquísimas las veces que ha llovido este año. Estoy deseando que bajen las temperaturas (aunque me toméis por loca) porque ¡odio el calor!
El caso es que las vacaciones han terminado para muchos.
Dos blogs que estaban cerrados por vacaciones han reabierto sus puertas con la llegada de septiembre.
"Enamoradas de las letras", nuestra querida Citu, y el blog de nuestra buena amiga Raquel Campos.
Citu tiene grandes proyectos para este otoño. Estamos deseando leer la historia de amor entre Darius (el mejor amigo de Richard, el protagonista de Melodías prohibidas) y mi tocaya Laura.
Raquel ha hecho ya dos estupendas críticas en su blog.
Os dejo los links para que os paséis por ellos:
http://enamoradadelasletras.blogspot.com.es/
http://raecj.blogspot.com.es/
Otra buena amiga nuestra que ha regresado pisando muy fuerte es Anna Soler Segura.
Con su energía habitual, ha estado trabajando duro este verano y los proyectos que están por ver la luz son muy interesantes.
Dos de sus novelas, Engaños de un destino y Al límite de la pasión, vieron la luz en Lulú hace tres años. Sin embargo, han sido reeditadas con escenas inéditas, nuevas portadas y escenas mejor trabajadas.
Engaños de un destino cuenta la historia de amor entre Catherine, una joven que vive con su tío que la maltrata, y Carlos, un joven a la que su madrastra le marcó la vida. La casualidad hace que se conozcan y se enamoren, pero no lo tendrán nada fácil para ser felices. ¿Podrán dos personas con las que la vida se ha portado fatal ser felices?
Al límite de la pasión cuenta la historia de Hugo, un joven que la pifió cuando rompió su relación con Andrea. Tiempo después, se da cuenta de que cometió un error terrible y trata de recuperarla. El caso es que ella, dolida, no se lo pondrá nada fácil. ¿Conseguirá ganarse su perdón y su amor?
Próximamente, saldrá a la venta la segunda parte de El deseo. Mel es la mejor amiga de la protagonista de El deseo, Gisel, pero tendrá su propia historia. ¿Cómo será el hombre que la enamore?
¡Habrá que esperar hasta octubre! Pero la cosa promete. Anna, después de hacernos arder durante un muy caluroso verano, nos promete un otoño calentito, je, je.
Para más información, os invito a que visitéis la tienda de Anna en Lulú:
http://www.lulu.com/shop/anna-s-segura/al-limite-de-la-pasi%C3%B3n/ebook/product-21732449.html
http://www.lulu.com/shop/anna-s-segura/enga%C3%B1os-de-un-destino/ebook/product-21746590.html
En su blog "El arte de las palabras", Tamara ha terminado con la primera parte de su novela Una nueva vida.
En unos días, subirá la segunda parte de esta bonita y emocionante historia. Tamara no ha tenido vacaciones este verano.
Os dejo el link de su blog para que conozcáis a toda una enamorada de la Literatura:
http://tamaravillanueva.blogspot.com.es/
Y eso es todo por hoy.
Aunque este blog esté bajo mínimos, no me olvido de compartir aquí algunas noticias muy interesantes.
Empezó ya septiembre.
¡No sabéis las ganas que tengo de que termine el verano y lleguen ya las lluvias! Al vivir en La Unión, vivo en una zona especialmente seca y son poquísimas las veces que ha llovido este año. Estoy deseando que bajen las temperaturas (aunque me toméis por loca) porque ¡odio el calor!
El caso es que las vacaciones han terminado para muchos.
Dos blogs que estaban cerrados por vacaciones han reabierto sus puertas con la llegada de septiembre.
"Enamoradas de las letras", nuestra querida Citu, y el blog de nuestra buena amiga Raquel Campos.
Citu tiene grandes proyectos para este otoño. Estamos deseando leer la historia de amor entre Darius (el mejor amigo de Richard, el protagonista de Melodías prohibidas) y mi tocaya Laura.
Raquel ha hecho ya dos estupendas críticas en su blog.
Os dejo los links para que os paséis por ellos:
http://enamoradadelasletras.blogspot.com.es/
http://raecj.blogspot.com.es/
Otra buena amiga nuestra que ha regresado pisando muy fuerte es Anna Soler Segura.
Con su energía habitual, ha estado trabajando duro este verano y los proyectos que están por ver la luz son muy interesantes.
Dos de sus novelas, Engaños de un destino y Al límite de la pasión, vieron la luz en Lulú hace tres años. Sin embargo, han sido reeditadas con escenas inéditas, nuevas portadas y escenas mejor trabajadas.
Engaños de un destino cuenta la historia de amor entre Catherine, una joven que vive con su tío que la maltrata, y Carlos, un joven a la que su madrastra le marcó la vida. La casualidad hace que se conozcan y se enamoren, pero no lo tendrán nada fácil para ser felices. ¿Podrán dos personas con las que la vida se ha portado fatal ser felices?
Al límite de la pasión cuenta la historia de Hugo, un joven que la pifió cuando rompió su relación con Andrea. Tiempo después, se da cuenta de que cometió un error terrible y trata de recuperarla. El caso es que ella, dolida, no se lo pondrá nada fácil. ¿Conseguirá ganarse su perdón y su amor?
Próximamente, saldrá a la venta la segunda parte de El deseo. Mel es la mejor amiga de la protagonista de El deseo, Gisel, pero tendrá su propia historia. ¿Cómo será el hombre que la enamore?
¡Habrá que esperar hasta octubre! Pero la cosa promete. Anna, después de hacernos arder durante un muy caluroso verano, nos promete un otoño calentito, je, je.
Para más información, os invito a que visitéis la tienda de Anna en Lulú:
http://www.lulu.com/shop/anna-s-segura/al-limite-de-la-pasi%C3%B3n/ebook/product-21732449.html
http://www.lulu.com/shop/anna-s-segura/enga%C3%B1os-de-un-destino/ebook/product-21746590.html
En su blog "El arte de las palabras", Tamara ha terminado con la primera parte de su novela Una nueva vida.
En unos días, subirá la segunda parte de esta bonita y emocionante historia. Tamara no ha tenido vacaciones este verano.
Os dejo el link de su blog para que conozcáis a toda una enamorada de la Literatura:
http://tamaravillanueva.blogspot.com.es/
Y eso es todo por hoy.
Aunque este blog esté bajo mínimos, no me olvido de compartir aquí algunas noticias muy interesantes.
domingo, 31 de agosto de 2014
ISABEL Y MIGUEL
Hola a todos.
Hacía tiempo que no presentaba a uno de mis personajes en este blog. Y también hacía tiempo que no hacía una entrada en este blog.
En esta ocasión, os presento a dos personajes. Se tratan de Miguel e Isabel.
Ambos son los protagonistas de mi novela Secretos de familia.
Esta historia está ambientada en el siglo XIX y tiene como eje central una historia espantosa: el robo de un bebé recién nacido a su madre.
Miguel e Isabel son los hijos de un hombre emparentado con la aristocracia y de la antigua directora de una Academia Para Señoritas.
Miguel es un joven serio y caballeroso, pero también es impulsivo y apasionado. Isabel, por el contrario, es una muchacha sensata y prudente.
A pesar de que hay dos hermanos más (Catalina, un poco mayor que Isabel y un poco menor que Miguel) y Benjamín (de doce años y haciendo honor a su nombre) tanto Isabel como Miguel siempre han estado muy unidos.
Pero Miguel siempre ha sentido por su hermana un cariño que va más allá de lo que se supone que es el amor fraternal. Y ese sentimiento le atormenta y le hace sentir asco de sí mismo por lo que despierta en él. Cuando su padre decide prometerle en matrimonio con su prima María Jordana, él acepta en un esfuerzo por amar a la joven con la que se va a casar y por querer a Isabel como su hermana que es.
Sin embargo, la noticia de su futuro matrimonio le sienta a Isabel muy mal. La joven no soporta que Miguel vaya a casarse con María Jordana. Y es que ella también ha sentido por él un cariño que no es el que debería de sentir por su hermano.
La aparición de un hombre llamado Gabriel, que bien podría ser un calco de Miguel dentro de unos años, y la extraña actitud de su madre, despierta la curiosidad de todos los hijos. ¿Qué está pasando realmente? ¿Qué secretos oculta su madre?
¿Acaso son realmente Isabel y Miguel hermanos?
He imaginado a Isabel y a Miguel con los rostros de Trini Alvarado y de Eric Stoltz, Meg y John en la última adaptación que se hizo al cine de Mujercitas.
¿Vosotros qué pensáis?
Hacía tiempo que no presentaba a uno de mis personajes en este blog. Y también hacía tiempo que no hacía una entrada en este blog.
En esta ocasión, os presento a dos personajes. Se tratan de Miguel e Isabel.
Ambos son los protagonistas de mi novela Secretos de familia.
Esta historia está ambientada en el siglo XIX y tiene como eje central una historia espantosa: el robo de un bebé recién nacido a su madre.
Miguel e Isabel son los hijos de un hombre emparentado con la aristocracia y de la antigua directora de una Academia Para Señoritas.
Miguel es un joven serio y caballeroso, pero también es impulsivo y apasionado. Isabel, por el contrario, es una muchacha sensata y prudente.
A pesar de que hay dos hermanos más (Catalina, un poco mayor que Isabel y un poco menor que Miguel) y Benjamín (de doce años y haciendo honor a su nombre) tanto Isabel como Miguel siempre han estado muy unidos.
Pero Miguel siempre ha sentido por su hermana un cariño que va más allá de lo que se supone que es el amor fraternal. Y ese sentimiento le atormenta y le hace sentir asco de sí mismo por lo que despierta en él. Cuando su padre decide prometerle en matrimonio con su prima María Jordana, él acepta en un esfuerzo por amar a la joven con la que se va a casar y por querer a Isabel como su hermana que es.
Sin embargo, la noticia de su futuro matrimonio le sienta a Isabel muy mal. La joven no soporta que Miguel vaya a casarse con María Jordana. Y es que ella también ha sentido por él un cariño que no es el que debería de sentir por su hermano.
La aparición de un hombre llamado Gabriel, que bien podría ser un calco de Miguel dentro de unos años, y la extraña actitud de su madre, despierta la curiosidad de todos los hijos. ¿Qué está pasando realmente? ¿Qué secretos oculta su madre?
¿Acaso son realmente Isabel y Miguel hermanos?
He imaginado a Isabel y a Miguel con los rostros de Trini Alvarado y de Eric Stoltz, Meg y John en la última adaptación que se hizo al cine de Mujercitas.
¿Vosotros qué pensáis?
jueves, 21 de agosto de 2014
BORRADOR DE UNA DE MIS HISTORIAS
Hola a todos.
Hoy, me gustaría compartir con vosotros el borrador de una de mis historias.
No está muy desarrollada porque se trata de uno de mis primeros trabajos.
Ni siquiera tiene un título. Transcurre en el siglo XIX en Madrid. Pero tiene muchos fallos. Soy la primera que lo reconoce.
Deseo de corazón que me digáis en qué me he equivocado y qué cosas debo de corregir.
Lo agradecería de corazón.
Cuando murieron James y su madre, Sheridan tenía siete años; su padre estaba arruinado ya que un incendio fortuito quemó la granja en la que vivían y mató a todos los animales. El hombre no sabía hacer nada. Su vida se había limitado a cavar agujeros para encontrar oro. Su esposa era la que traía el sustento a casa. El hombre vivió a costa de su mujer hasta la muerte de ésta, pero, en cambio, el padre de Sheridan tenía buena mano a la hora de jugar a las cartas, por lo que se convirtió en un experto tahúr cuando se vio en la miseria. Durante los siete años siguientes, Sheridan acompañó a su padre de taberna en taberna y aprendió distintos trucos a la hora de hacer trampas en las cartas y a salir huyendo cuando eran sorprendidos.
Hoy, me gustaría compartir con vosotros el borrador de una de mis historias.
No está muy desarrollada porque se trata de uno de mis primeros trabajos.
Ni siquiera tiene un título. Transcurre en el siglo XIX en Madrid. Pero tiene muchos fallos. Soy la primera que lo reconoce.
Deseo de corazón que me digáis en qué me he equivocado y qué cosas debo de corregir.
Lo agradecería de corazón.
Cuando murieron James y su madre, Sheridan tenía siete años; su padre estaba arruinado ya que un incendio fortuito quemó la granja en la que vivían y mató a todos los animales. El hombre no sabía hacer nada. Su vida se había limitado a cavar agujeros para encontrar oro. Su esposa era la que traía el sustento a casa. El hombre vivió a costa de su mujer hasta la muerte de ésta, pero, en cambio, el padre de Sheridan tenía buena mano a la hora de jugar a las cartas, por lo que se convirtió en un experto tahúr cuando se vio en la miseria. Durante los siete años siguientes, Sheridan acompañó a su padre de taberna en taberna y aprendió distintos trucos a la hora de hacer trampas en las cartas y a salir huyendo cuando eran sorprendidos.
Sheridan sabía que su madre procedía
de una familia rica de Washington y que se había escapado con su padre, que
trabajaba como criado en la mansión familiar, porque los dos estaban muy
enamorados. No obstante, Sheridan no conocía a la familia de su madre. Sin
embargo, el mismo día en que fue ejecutado su padre, una tía suya por parte de
madre vino a buscarla al pueblo de mala muerte donde tuvo lugar la
ejecución y se la llevó consigo a
Washington para educarla y convertirla en una señorita. Por aquel entonces,
Sheridan se había criado como una salvaje y se comportaba como tal. Vestía
pantalones vaqueros como si fuera un chico y su pelo rojo estaba siempre sucio
y revuelto. Hablaba bastante mal, comiéndose algunas palabras, decía muchos
tacos, daba zancadas al andar y se mostraba grosera y maleducada con la gente.
Durante años, la única cama que había tenido Sheridan era el suelo de un
establo o del camino y el techo que la cobijaba era el cielo.
A los catorce años, Sheridan se
enamoró de un joven mexicano, Jesús, que era el compañero habitual desde hacía
unos meses de su padre en la mesa de juegos y pensó que había algo más entre
ellos cuando le dio su primer beso; él le duplicaba la edad, pero a Sheridan no
le importó porque era apuesto y simpático. Nunca pasaron de los besos porque
Jesús la respetaba demasiado y, a decir verdad, Sheridan tampoco quiso ir más
allá. Aún soñaba con el beso en la frente que él le daba todas las noches antes
de irse a dormir. De haber vivido el tiempo suficiente, Sheridan se habría
acostado con Jesús. Era una relación secreta, por supuesto; el padre de
Sheridan habría sido capaz de asesinar a Jesús de haber descubierto que
cortejaba a su hija, que ni siquiera había empezado a menstruar.
A
los pocos meses de empezar la relación, el novio de Sheridan fue asesinado en
una trifulca en la mesa de juegos acusado de hacer trampas y el padre de la
joven mató a su asesino en defensa propia cuando fue a por él. Todos los
jugadores huyeron, menos el padre de Sheridan. Fue arrestado y condenado a
muerte, siendo ejecutado a las pocas semanas ante la mirada desesperada de su
hija. En menos de un mes, había perdido al único hombre que había amado y a la
única familia que le quedaba.
Lo que más escandalizaba a la tía de
Sheridan, recordó ésta, era su afición a escupir en el suelo y a eructar después
de comer o mientras hablaba con alguien; su sobrina era capaz de hacer piruetas
montada a caballo y de cabalgar a horcajadas sobre él, de hablar y jugar con
los perros y de tratar de domesticar a un ratón o a una rata; la dejó hacer
porque aún era una niña, pero las cosas empezaron a cambiar cuando Sheridan
sintió un fuerte dolor de vientre mientras estaba subida a un manzano del
jardín y mordisqueaba sus hojas. Empezó a dar gritos de dolor y de terror
cuando se fijó en que sus pantalones vaqueros estaban llenos de sangre; la
falta de información sobre lo que le había pasado porque su padre no sabía nada
de ese tema y su madre murió antes de poder explicárselo y el miedo que pasó
porque creyó que se estaba muriendo supusieron un fuerte shock para Sheridan. Uno de los criados, procurando no mirar la
entrepierna del pantalón manchado de sangre de la chica, tuvo que ayudarla a
bajar del manzano porque ella estaba tan aterrada que no podía moverse; sólo
gritar.
Su tía aprovechó el momento para
decirle a la asustada adolescente que había llegado el momento de dejar atrás
su comportamiento salvaje. Como la chica estaba tan aterrorizada por lo que
había ocurrido en el manzano, obedeció dócilmente a su tía y no volvió a
mostrar síntoma alguno de rebeldía ni de salvajismo.
A
partir de ese momento, comenzó la transformación de Sheridan; al ser ya mujer,
tenía que llevar el pelo recogido en un moño, lavado y peinado, tuvo que
renunciar a los juegos que más le gustaban, pues era una señorita y las
señoritas tenían que andar correctamente y relacionarse con señoritas de su
edad.
Le gustaba andar descalza para
disgusto de su tía. Comía con las manos y se limpiaba la boca con el mantel. Se
subía a los árboles, desafiaba a los hijos de los criados a hacer carreras y a
trepar a los árboles y se peleaba a puñetazos con ellos.
Sheridan recordó las horas que pasó
su tía enseñándole a andar derecha, a comer con cubiertos, a usar el cubierto
correcto para cada cosa…La enseñó a hablar sin comerse las palabras y a no
decir palabrotas, a servir el té, a servir los aperitivos, a dirigirse con
educación a la gente…Le buscó un profesor que la enseñó a leer y a escribir en
un tiempo récord porque no sabía ninguna de las cosas. Además, tenía otros
profesores que le enseñaron idiomas, Música, Filosofía, Historia, latín,
Astronomía y otras asignaturas más, así como aprendió a bordar delicados
manteles. A los dieciocho años, Sheridan estaba despojada completamente de
cualquier resto de su anterior salvajismo. Esperaba que su tía la presentara en
sociedad y poder conocer a otras jóvenes
millonarias de su edad, pero, entonces, el contable de su tía la estafó y huyó
con todo su dinero.
Sheridan se hizo la encontradiza con
Adán al día siguiente en la escalera.
Adán salió a la escalera a coger el
periódico. Sheridan le oyó abrir sigilosamente la puerta. Se apresuró a bajar
corriendo la escalera. Tenía ganas de conocer a aquel viejo solitario.
Se llevó una sorpresa muy grata al
descubrir que el viejo solitario era
un joven de su edad y bastante guapo.
Como lo fue Jesús.
Adán no pudo cerrar la puerta. Nunca
antes había visto una joven tan hermosa como ella. Sheridan se quedó plantada
delante de él. Le sonrió y Adán pensó que el Sol había salido gracias a aquella
sonrisa. Ella, en cambio, experimentó un revuelo en estómago que no había
vuelto a sentir desde la muerte de Jesús.
-Buenos
días-lo saludó en un perfecto español.
Jesús le había enseñado a hablar
español durante el tiempo que estuvieron juntos. Sheridan sabía hablarlo, pero
no quería porque le traía dolorosos recuerdos. Sin embargo, al ver a aquel
joven tímido y asustadizo, tuvo el deseo de hablar de nuevo la lengua de su
novio.
-Buenos
días-le devolvió Adán el saludo con educación
-Me
llamo Sheridan McNoughlt-se presentó ella.
-Yo
me llamo Adán Domínguez.
-Me
alegro mucho de conocerle. Ya sabe que soy su vecina y estoy arriba para lo que
necesite.
-No
necesito a nadie.
-Puede
que yo le necesite a usted; ya sabe, para pedirle sal si se le acaba.
-Nunca
uso sal.
-Necesita
sal para hacer la comida.
-Como…yo
como…
-Me
imagino que vendrá alguien y le ayudará en casa.
-No.
-Entonces,
vendré yo a ayudarla; le limpiaré y le haré la comida.
-No,
gracias.
-Aún
así, aquí me tiene para lo que necesite; ha sido un placer hablar con usted,
señor Domínguez.
Se notaba que el español de su bella
interlocutora era aprendido, se dijo Adán. No era de aquí; había oído comentar
a los vecinos que las dos eran de Estados Unidos, en concreto de una ciudad
llamaba Seattle, si bien no había visto aún a la compañera de piso de la
pelirroja. Nervioso, Adán cerró la puerta y echó el pestillo. Sheridan subió a
su piso y notó que las piernas le temblaban.
Le
hubiese encantado tocar, aunque hubiese sido de refilón, al joven y tímido
español.
A
pesar de que eran más de la cinco de la tarde, Adán estaba en pijama. A través
del cristal de su ventana, contemplaba las calles casi vacías.
El cielo estaba cubierto de nubes,
muy acorde con su ánimo. Pensaba con tristeza en su vida, en si era feliz con
ella porque era un joven que carecía de preocupaciones y que nunca había sabido
lo que era el sufrimiento. Una lágrima resbaló por su mejilla. No, pensó
mientras observaba como el viento se llevaba volando el sombrero de un
caballero que salió corriendo tras él. ¿Cómo podía serlo si no tenía nada
interesante que contar de su vida, si era tan tímido que permanecía encerrado
en su casa y había olvidado cuando fue la última vez que salió a la calle?
Las nubes grises que cubrían el
cielo amenazaban lluvia. Pasó por debajo de su puerta un violinista que estaba
tocando una melodía triste a cambio de recibir una peseta al menos.
Era la tarde perfecta para Adán, al
que le gustaba el mal tiempo. La tristeza que reflejaba el cielo nublado, la
lluvia cayendo contra el suelo, las calles vacías, el viento que soplaba
furioso… Todo ello formaba parte de su carácter.
Hubo un tiempo, cuando era niño, en
el que pudo haber cambiado. Pudo haber sido más alegre, más sociable. Pero su
timidez y su carácter melancólico fueron más fuertes que su deseo de ser como
los demás niños. Poco a poco, se fue recluyendo, no sólo en su casa, sino
también en sí mismo. No salía a la calle, no se relacionaba con sus vecinos y,
pese a que era un joven que ni siquiera había alcanzado un cuarto de siglo, su
vida se reducía a leer, escribir y mirar por la ventana.
No tenía sueños que deseaba
realizar. No tenía esperanza alguna de que ocurriese algo bueno en su vida. Era
un desdichado por decisión propia. Sólo quería estar encerrado sin ver a nadie,
sin hablar con nadie, ni siquiera consigo mismo.
En el piso de arriba se habían
instalado dos nuevas vecinas; una joven estadounidense que viajado a España a
terminar sus estudios y su dama de compañía, apenas unos pocos años mayor que
ella. La joven se llamaba Charise Lancanshire y Adán le gustó desde el primer
momento en que la vio a través de la mirilla sus mohines niña mimada. Traía
siempre un libro debajo del brazo y Adán escuchaba discusiones en el piso de
arriba entre Charise y Sheridan, su institutriz. La segunda intentaba convencer
a la primera de que estudiara (dedujo Adán) para labrarse un porvenir. Sheridan
no había tenido una vida fácil, en contraste con la vida que había llevado
Charise en la que sus padres la habían complacido en todo, según alcanzó
entender Adán. Eran las dos caras de una misma moneda, pensó el joven.
-Lo
mejor que puede hacer es estudiar y labrarse un futuro-afirmó Sheridan.
-¿De
qué me servirá tener un futuro si terminaré casada con el hombre que escoja
papá para mí?-replicó Charise.
-Para
al menos no quedar como una tonta delante de su esposo.
-¿Sabes
lo que tendríamos que hacer?-le propuso Charise a Sheridan un día mientras la
primera estaba estudiando bajo la atenta mirada de la segunda.
-¿En
qué está pensando, señorita?-quiso saber Sheridan.
-Podríamos
aprender a hablar español para relacionarnos con los vecinos.
-No
creo que a su padre le haga demasiada gracia; aquí en Madrid está la mejor escuela
para señoritas de toda Europa y a su padre le hace ilusión que aprenda a
comportarse como una dama recatada, en lugar de seguir comportándose como una
niña pequeña y mimada.
-Todas
las chicas que van allí hablan inglés y yo quiero aprender a hablar español.
Escuchando hablar a los vecinos que
intentaban relacionarse con ella y con Sheridan en un espantoso inglés, Charise
supo que en el piso de debajo del suyo vivía un joven cuya timidez enfermiza le
había recluido dentro de su casa, lo que había despertado en ella su curiosidad
y el deseo de conocerle.
-Además,
quiero conocer a nuestro vecino del piso de abajo-afirmó Charise haciendo un
mohín coqueto.
-Seguro
que se trata de un viejo solitario y amargado-replicó Sheridan-No merece la
pena que pensemos en él.
-En
casa, viven mis abuelos. Sé tratar a los ancianos.
Sheridan escuchó atentamente a una
pareja de vecinos (los que vivían enfrente de ellas) subir las escaleras y fue
a mirar por la mirilla; no era ninguna cotilla, pero le había entrado un fuerte
deseo de saber de dónde venían sus vecinos. Apenas había cruzado tres palabras
con ellos el día en el que se instalaron y lo más parecido a una conversación
que habían tenido eran los saludos que se intercambiaban cuando se encontraban
en el rellano de la escalera, es decir, nada porque ni ellos entendían a
Sheridan ni ella les entendía ¡y ahora Charise se empeñaba en que aprendiera a
hablar español!
-Podría
hacerme amiga de él-sugirió la muchacha.
-¡A
su padre le daría un ataque!-se escandalizó Sheridan.
-¿Por
qué hablas así? Ni siquiera le conoces.
La presencia de Sheridan en Madrid
con Charise se debía al miedo del señor Lancanshire de que su hija cometiera
una locura. No era mala chica; había estado muy protegida y mimada durante toda
su vida por sus padres y ello la había convertido en una joven ingenua,
malcriada y un tanto atolondrada.
-Los
hombres buscan sólo una cosa de la mujer-afirmó Sheridan con apenas
conocimiento alguno de causa, pues a sus veinticuatro años sólo había estado
con un hombre…si se podía decir estado-Incluido
ese anciano.
-¿Cómo
lo sabes?-quiso saber Charise.
-Porque
me lo dijo mi tía cuando me hice mujer. Los viejos son los peores.
Sheridan cogió un vaso y una jarra
que habían sobre la mesa, vertió agua en el vaso y se lo bebió de un sorbo; en
cierto modo, no se sentía capacitada para darle consejos a Charise sobre lo que
querían los hombres cuando ella aún era virgen. Su vida había sido un caos; era
hija de un matrimonio de granjeros muy pobre y, aunque pasó mucha hambre, era
feliz al lado de sus padres y de su hermano mayor, James.
-¿En
qué estás pensando?-le preguntó Charise.
-Estaba
pensando en mi…bueno, dejémoslo-respondió Sheridan.
-Nunca
me has hablado de tu familia.
Sheridan pensó que no le había
hablado a Charise de su familia sencillamente porque no tenía familia; una
epidemia de sarampión acabó con las vidas de su hermano James, que contaba por
aquel entonces con nieve años y de su madre.
-Hay
poco que contar-dijo Sheridan.
-¡Vamos!
Yo te cuento todos mis secretos.
-Algunas
cosas prefiero no comentarlas. Son…demasiado…privadas…
-¿Has tenido novio alguna vez?-le
preguntó Charise.
-En
lugar de preocuparse por mi vida amorosa, lo que tendría que hacer es centrarse
en sus estudios-replicó Sheridan nerviosa.
-Eres
una mujer muy hermosa, con tu cabello largo y pelirrojo y tu cuerpo escultural
y tu altura; no me puedo creer que, a día de hoy, ningún hombre se haya fijado
en ti ni te haya rondado o pedido matrimonio.
-¿Por
qué de pronto le interesa mi vida privada, señorita?
-Por
nada. Pura casualidad.
-Me
gustaría saber cómo fue tu infancia-dijo Charise.
-No
creo que mi infancia sea lo que vaya a salir en el examen que tiene la próxima
semana de latín, señorita-se burló Sheridan.
-El
latín es una lengua muerta y no sé porqué mi profesora se empeña en que lo
aprendamos.
-El
latín es la lengua de la antigua Roma-recordó Sheridan, abandonando por un
instante sus recuerdos.
-Estoy
segura de que tú no tuviste que aprender latín cuando te convertiste en
institutriz; fuiste a una escuela donde te enseñaron a darme órdenes y a
decirme cómo tengo que tratar a los caballeros, cuándo tengo que retirarme a mi
habitación, qué es lo que tengo que decir…-enumeró Charise.
-Antes
de formarme como institutriz, mi tía se encargó de moldearme para que sus
consejos me sirvieran de guía y, de esa manera, pudiera yo aconsejarte después;
era una mujer un tanto dura, pero, en el fondo, quería lo mejor para mí…y esto
es lo mejor para mí.
-Estás
distraída-observó Charise, devolviendo a Sheridan a la realidad.
-¿Por
qué me lo preguntas?-preguntó la joven institutriz.
-Porque
tenías los ojos extraviados. Siempre dices que yo tengo los ojos extraviados
cuando estoy distraída. Como no puedo vérmelos, supongo que tengo que fiarme de
ti.
Después de arruinarse su tía, la
mujer cayó gravemente enferma y murió a los pocos días dejando a su sobrina
desamparada. Desde entonces, Sheridan había ido de casa en casa trabajando de
institutriz para salir adelante. Desde hacía menos de un año, trabajaba como institutriz
en casa de los Lancanshire, oriundos de Seattle, y se había encargado de la
educación de los cuatro hijos del matrimonio Lancanshire. Charise era la mayor
y la única hija de la pareja porque los otros tres eran varones y comprendían
de los catorce a los seis años, una niña
mimada a la que todo le había ido bien en la vida, que no sabía lo dura que
podía llegar a ser y por la que Sheridan sintió una fuerte y secreta antipatía
nada más verla, antipatía que fue creciendo día a día hasta que el señor
Lancanshire la obligó a irse a Madrid para cuidar de su niña; entonces, la
antipatía que Sheridan sentía por Charise se convirtió en odio.
Sheridan hacía grandes esfuerzos por
no acuchillar a Charise cuando se encontraban en el piso solas; creía que ella
le estaba arrebatando su juventud poco a poco.
Luchaba con fuerza contra ese
sentimiento, pero cada día que pasaba se hacía más fuerte. Odiaba a Charise y
odiaba estar en España.
-¿Te
encuentras bien?-le preguntó Charise.
-Sí-mintió
Sheridan-¿Por qué me lo pregunta?
-Por…por
nada. Olvídalo.
Cerró la puerta y se enfrentó a la
mirada curiosa de Charise.
-¿Le
has visto?-le preguntó la joven.
Sheridan no respondió. Escuchó los
pasos de Adán en el piso de abajo. Se movía de un lado a otro con gran nerviosismo.
¿Acaso estaría pensando en ella?, se preguntó Sheridan. Tenía que estar
pensando en ella porque acababa de verla. En la atractiva nueva vecina que
hablaba español con acento extranjero. A lo mejor, quería volver a verla, como
ella deseaba volverlo a ver…
-Te
he hecho una pregunta y no me has contestado-insistió Charise-¿Le has visto?
¿Has visto al vecino de abajo?
-¿Por
qué piensa que lo he visto, señorita?-preguntó Sheridan acercándose a su pupila
con expresión un tanto alterada.
-Porque
has salido nada más escuchar ruido en el piso de abajo. Os he oído hablar,
aunque me vas a reñir porque está mal escuchar detrás de las puertas. ¿Y de qué
habéis hablado que has tardado tan poco tiempo en bajar y subir?
-El
vecino de abajo es algo tímido y no le gustan las conversaciones largas ni
hablar con desconocidos.
-¿Es
guapo y joven?
-Más
bien es viejo y…poco atractivo…nada que le llame a usted la atención.
-Aún
así, tengo ganas de conocerle.
-Me
parece un poco arisco y antipático.
-Tú
siempre me estás diciendo que sea agradable con las personas mayores.
Era la primera vez que Sheridan le
mentía con tanto descaro a Charise. No entendía el porqué no quería que
conociera a Adán. Después de todo, parecía un joven agradable. Quizás fuera un
tanto huraño, pero era debido a su timidez enfermiza. Era el polo opuesto de
Rafael. Pero, aún así, Sheridan admitía que Adán se parecía mucho a su difunto
novio.
-Preferiría
que no se acercara a él, señorita-le pidió a Charise.
-¿Por
qué no?-preguntó la joven, sin obtener respuesta por ello.
Pero, al día siguiente, dio la
casualidad que Sheridan y Charise bajaban la escalera cuando Adán salió a la
puerta a coger el periódico. Sheridan iba a acompañar a Charise a la Academia donde estudiaba.
Creyó que el corazón se le paraba cuando Adán salió y se encontró con ellas.
-Será
mejor que volvamos a subir-le dijo Sheridan a su pupila intentando evitar el
encuentro-Creo que no lleva todos los libros…puede que se le haya olvidado
alguno.
-¿Quién
es ese joven?-preguntó Charise, que tenía los ojos fijos en Adán.
-No
lo sé…es la primera vez que lo veo…será mejor que volvamos a subir y repasemos
si…
-Quiero
conocerle.
-¡Por
Dios, señorita! Es un desconocido y ya sabe que su padre no le gusta que hable
con desconocidos.
-Papá
no está aquí y puedo hablar con quien quiera.
Sheridan se dio cuenta de que los
ojos de Adán estaban fijos en Charise. No la había mirado ni una vez siquiera.
Tenía la sensación de que había desaparecido para él. No pudo evitar que
Charise y Adán quedaran frente a frente. Sus miradas se cruzaron y ya no
pudieron apartar sus ojos de la cara del otro.
-¿Es
usted nueva en este piso?-preguntó Adán, sorprendiéndose así mismo por haber
tomado la iniciativa.
-Me
llamo Charise Lancanshire-respondió la muchacha en un pésimo castellano.
-No
es usted de por aquí.
-Soy
de Estados Unidos. En concreto de una ciudad llamada Washington.
Adán se dio así mismo otra sorpresa
al coger la mano de Charise y depositar un beso en ella.
-¿Va
a algún sitio?-le preguntó.
-Voy
a estudiar-respondió la joven en el mismo espantoso castellano que antes.
-¿Dónde
estudia?
-En
una Academia para señoritas…No recuerdo bien el nombre de la calle…Mi español
es horrible.
-Habla
muy bien mi idioma.
-Me
están enseñando.
-¿Y
qué hace una joven de Washington en Madrid?
-Estudiar
por un capricho de papá, que quiere que conozca Madrid y aprenda español.
-Madrid
es una ciudad preciosa, señorita, y tiene que conocerla.
-No
puedo. Tengo mucho que estudiar.
Cuando Sheridan tiró del brazo de
Charise para continuar bajando la escalera, indignada al ver que Adán no le
había hecho el menor caso, el joven depositó otro beso en la mano de ella antes
de despedirse y entrar de nuevo en el piso.
Ella había llegado para traer la
alegría a su vida. A esa conclusión llegó Adán después de conocer a Charise.
Durante años, creyó que la vida no
tenía sentido alguno para él. Ahora, sabía que sí.
Por primera vez en mucho tiempo,
Adán se quitó el pijama, buscó una camisa, unos pantalones, un chaleco, unos
zapatos y un sombrero en el armario y se los puso. Iba a salir a la calle por
primera vez en mucho tiempo. ¿Motivo para abandonar su encierro? Escuchó a
Charise bajar la escalera y quería reunirse con ella en la calle.
Se peinó y se vistió en muy poco
tiempo y bajó corriendo la escalera y salió con igual rapidez a la calle.
En una esquina se encontraba
Charise. Estaba más bella que nunca, como si fuese una aparición.
Se acercó a ella corriendo y llegó a
su altura justo cuando iba a doblar la esquina. Ella le dedicó una sonrisa
encantadora cuando le vio junto a ella. Adán cogió la mano que la muchacha le
tendía y se la besó. Pero, al hacerlo, se dio cuenta de que no se había
afeitado, algo que maldijo en silencio. Tuvo el impulso de volver corriendo a
su casa, pero no lo hizo.
Los vecinos estaban mirando la
escena desde sus ventanas. Algunos ni siquiera conocían a Adán porque ni
asistía a las reuniones de la
Comunidad de Vecinos. Creían que era un hombre mayor. Fue una
sorpresa para todos descubrir que Adán Domínguez era joven. Joven y bastante
guapo, al parecer. La americana le
había hecho abandonar su encierro, se decían.
Para Adán le parecía algo raro estar
fuera, en la calle, respirando aire fresco. Él, cuya timidez enfermiza le había
convertido en un ser huraño, quería hablar con alguien. Con una mujer que era
una desconocida.
Había otra mujer que contemplaba la
escena oculta tras las cortinas. Era Sheridan, la cual se preguntaba el porqué
le molestaba tanto que Adán quisiese hablar con Charise. Le parecía inverosímil
sentirse atraída por un joven que era el polo opuesto de Jesús.
-Aún
no me ha dicho su nombre-le recordó Charise a Adán.
-Me
llamo Adán Domínguez-se presentó el joven.
Cogió la mano de Charise y volvió a
besársela.
-Es
usted muy galante-afirmó la joven.
Adán no pudo evitar ruborizarse al
escuchar aquel halago.
-Estaba
harto de estar encerrado en casa-dijo-Llevo sin salir a la calle mucho tiempo.
Ya es hora de que el mundo sepa que estoy vivo.
Le ofreció su brazo a Charise y ella
se colgó de él; comenzaron a caminar y él le preguntó adónde quería ir.
-A
la Academia
donde yo estudio-respondió la joven.
-¿Y
por qué está estudiando en una Academia madrileña?-preguntó Adán-Y disculpe si
la he ofendido.
Charise rió suavemente. Adán era un
joven que le llamaba la atención. Desde que lo vio en la escalera, no había
dejado de pensar en él. Le gustaba mucho. Era un joven encantador. ¿Por qué
estaría siempre encerrado? Era demasiado joven como para enterrarse en vida.
Tenía que salir y ver mundo.
-Papá
quiere que estudie en una de las mejores Academias de Europa y la mejor se
encuentra aquí, en Madrid-respondió Charise.
-¿Por
qué?-preguntó Adán.
-Supongo
que es porque Madrid es una ciudad bonita y elegante, con sus monumentos y en
las que hay algo nuevo que descubrir todos los días. Me alegro mucho de que
haya querido bajar a la calle, señor Domínguez.
-Por
favor, llámeme Adán.
-Me
parece una persona interesante y me gustaría conocerla mejor, si me lo permite.
Escucharon la música de un
violinista que tocaba en la esquina de la calle. Charise abrió el pequeño
monedero que tenía colgado de la muñeca y sacó varias monedas que echó en la
bandeja que el violinista había dispuesto en el suelo. Adán se fijó en que
entre las monedas había pesetas y céntimos.
-¿Se
aclara con la moneda?-preguntó Adán.
-Ya
me voy enterando-respondió Charise.
-¿Cómo
dice?
-Digo
que ya sé cómo funcionan…las pesetas…
-Su
acento delata que no es de aquí. Y su aire…
Adán miró con expresión arrobada a
Charise, cogió la mano de la joven y se la besó. Pasaron por delante de un
café. Había varias personas dentro tomando algo y hablando de política. Charise
miró al cielo y tuvo la sensación de que hacía Sol pese a que estaba cubierto
de nubes negras. Recordó que Sheridan le había dicho que se llevase el paraguas
y ella no le había hecho caso.
-Seguro
que tiene novia-apostilló ella-Tiene que tener.
-No
la tengo-repuso Adán.
-Un
hombre como usted tiene que tener novia. Una joven buena con la que casarse…
Llevada por un impulso, Charise se
detuvo e hizo detener a Adán, se puso de puntillas y le besó de lleno en los
labios.
-No
ha debido de hacer eso-dijo Adán, pero su brazo, en cambio, rodeaba la cintura
de Charise y la estrechó contra él-No ha debido de hacer eso.
Sus labios rozaron la frente de la
muchacha y se aferró con fuerza a ella porque creía que iba a desmayarse.
Volvió a besar a Charise en la
frente y se preguntó qué extraño hormigueo sentía él en el estómago.
-No
ha debido de hacer eso-dijo Adán mientras él y Charise volvían a caminar.
-¿Por
qué no?-preguntó ella-¿Por qué rehuye a la gente?
-Porque…no
puedo decírselo, señorita Lancanshire.
-Desahogarse
es bueno cuando uno lleva sobre su espalda un peso que le hace sufrir. Piense
en mí como en una amiga.
Adán tenía los ojos bañados en
lágrimas cuando miró a Charise; él no la consideraba una amiga, sino algo más.
-No
puedo-insistió-Huiría de mí cuando lo descubriese. Su estómago no lo
resistiría.
-Si
es sincero, lo demás no importa-dijo Charise-Usted me parece un hombre muy
bueno, señor Domínguez. Pero ha sufrido mucho.
La mirada de Adán se centró en un
café de la acera de enfrente. Un caballero atendía a una mujer que iba vestida
de una manera un tanto estrafalaria. La mujer no dejaba de cantar una canción
acerca de la niñez y la inocencia. Pensó en todas las veces que se había
despertado desde que era un niño y lloraba de desesperación al ver que seguía
vivo. Él había rezado desesperadamente para morir antes del amanecer. Antes,
hubo un tiempo en el que no era así. Era un jovencito alegre y juguetón que
adoraba ir a clase y que adoraba aún más a su profesor de Matemáticas, el señor
Helguera. Creyó que el mundo era perfecto hasta que cumplió once años y su vida
y su mito quedaron destrozados.
Desde entonces, se volvió más
retraído, más callado. No era capaz de hablar con nadie, ni siquiera con sus
padres…
-No
puedo hablar con usted de eso-dijo Adán-No puedo hacerlo ahora…
-Cuando
esté preparado, hablaremos-dijo Charise.
-No
lo resistirá.
-Póngame
a prueba. Quizás se lleve una sorpresa.
-Se
desmayará. No lo soportará. Es demasiado frágil.
-Todo
el mundo dice que soy demasiado frágil e inocente.
-¿Acaso
no lo es?
-¿Por
qué dice eso?
-Tiene
todo el aspecto de ser una joven que jamás ha sido presentada en sociedad.
Nunca salgo a la calle y no puedo opinar sobre la gente. Pero he leído mucho al
respecto. Con usted no me he equivocado.
-Aún
no he sido presentada en sociedad porque papá está esperando a que regrese de
Madrid.
-¿Qué
edad tiene?
-Diecinueve
años.
-Yo
acabo de cumplir los veintiuno.
-Entonces,
podría venir a recogerme más tarde a la Academia. Podría
presumir de acompañante. ¿Me haría ese honor?
-¿Dónde
está esa Academia?
Por primera vez, Adán no quiso
luchar contra los amargos recuerdos de su pasado. Tuvo la sensación de que la
canción que cantaba la mujer cambió. Ya no era una canción triste y amarga,
como antes. Ahora, era más bien alegre. Adán se preguntó hasta qué punto
Charise era consciente de lo mucho que había cambiado su vida desde que la
conoció.
-Está
a la vuelta de la esquina-respondió la muchacha.
-Sé
donde está. Iré a por usted a las cinco. Creo que a esa hora salen las chicas
de la Academia.
-No
hace falta.
-En
serio…Quiero acompañarla.
Ella se echó a reír y lo besó en
ambas mejillas a modo de despedida. Añadió un beso suave en los labios. Sin
embargo, Adán la atrajo hacía sí cuando Charise se disponía a irse. Le dio un
apasionado, aunque torpe beso en los labios, el primero que daba. A pesar de su
torpeza, Charise correspondió a su beso con igual ímpetu. Ella estaba roja,
pero sonreía cuando se separaron. Cuando retornó a su piso, Adán tenía ganas de
echar a correr, de gritar, de bailar, de reír…Por primera vez desde hacía diez
años, era feliz.
Pero no podía vivir con el recuerdo
de lo que le habían hecho años atrás, cuando era tan sólo un niño inocente. Por
mucho tiempo que viviera, Adán sabía que no lo olvidaría nunca porque le había
marcado para siempre. Todas las noches, la pesadilla se repetía una y otra
vez…Veía sangre en el suelo, sangre en su cara, sangre ahí atrás…en su ano…y él
lloraba desesperado, aterrorizado…Pero nadie le ayudaba…nadie…
Trató de no pensar.
Adán se daba cuenta de que tenía que
dejar el pasado atrás. Era joven y tenía que centrarse en vivir sólo el
presente y ese presente era una joven estadounidense que se había enamorado de
él. Tenía que haberse enamorado de él porque lo miraba de una manera que sólo
podía interpretarse como amor porque, si Charise no lo amaba, Adán acabaría
hundido. Charise era la única oportunidad que tenía de olvidar. Tenía que
olvidar lo que le había pasado. Se dijo que Charise era la única persona en el
mundo que podía hacerle olvidar el horror que había sufrido y ayudarle a pasar
página, aunque Adán tenía miedo de que, una vez descubierta la verdad, Charise
lo rechazase. Le odiaría tanto como él se odiaba así mismo.
Las
manos de Adán se deslizan por el cabello rubio de Charise. Ella tiene la cabeza
apoyada en el pecho del joven y, de vez en cuando, deposita un beso por encima
de sus tetillas. Adán tiene la mejilla apoyada en el pelo rubio de Charise y se
maravilla ante su tacto sedoso. La besa en la boca y siente el delicioso sabor
de ella mezclándose con su saliva. Busca la lengua de Charise y ella, sin pudor
alguno, se la entrega para emborracharle de su saliva.
Deposita
un beso en la frente lisa de la muchacha.
La
besa de lleno en la boca y su lengua penetra en el interior de los labios
femeninos buscando lengua. Charise le besa a continuación y sus labios se
mueven con calidez sobre los labios de Adán. El joven llena de frenéticos besos
el encantador rostro de su amada. Sus labios se deslizan cuidadosamente por el
cuello de cisne de Charise.
-Te quiero-dice uno de ellos con una voz tan
baja que apenas era un susurro.
-Te quiero-dice el otro también con voz
susurrante-No puedo vivir sin ti…No puedo…
Me moriría…
Se
besan una, dos, tres veces…Sus besos son alegres porque están juntos, pero
también son desesperados. Han llegado a tener miedo de no poder estar juntos
nunca. Se abrazan y se besan; todo lo malo ha pasado, se dicen, nunca más
volverán a separarse; Adán está en un país que no es el suyo, ha seguido a
Charise por amor a su ciudad natal y sabe que allí es donde tiene que estar.
-¿Volveremos algún día a Madrid?-pregunta
Charise.
-¿Quieres volver?-pregunta a su vez Adán.
-Si tú quieres…Lo que quieras…Te seguiré
adonde vayas.
Un
gemido de placer se escapa de la garganta de Charise cuando siente las
complacientes manos de Adán acariciando lentamente su cuerpo. La estrecha entre
sus brazos y ella se prepara para recibirle dentro suyo; el tiempo se detiene
cuando están juntos; todo lo demás carece de importancia cuando se encierran en
su alcoba y dan rienda suelta a sus deseos.
-Siempre estaremos juntos-dice Adán con voz
jadeante y cada vez más fuerte-¿Verdad que nunca nos vamos a separar? ¿Verdad
que no?
-No, nunca-responde Charise con la respiración
entrecortada.
Al
acabar, se duermen abrazados; Adán apoya la cabeza de Charise sobre su pecho y
se duerme escuchando los latidos del corazón de la joven.

miércoles, 20 de agosto de 2014
FRAGMENTO DE "EN LA ISLA"
Hola a todos.
Lo prometido es deuda.
Aquí os dejo con el fragmento que he podido escribir de mi relato En la isla.
Vemos cómo avanza la relación entre Meredith y Gabriel.
-Sabía que te encontraría aquí-le dijo Meredith a Gabriel-Siempre te gustó pasear cerca de la vieja fortaleza.
Era verdad. Desde que era pequeño, a Gabriel le había fascinado la antigua fortaleza del pueblo.
Había sido construida dos siglos antes. Servía para defender el puerto de los posibles ataques. Desde que regresó de la guerra, iba mucho a pasear por aquel sitio. Servía para acallar el sonido de los disparos, que llevaba metidos dentro de su cabeza. Pero también le servía para no pensar en los cadáveres que vio.
-¿Qué quieres, Meredith?-le preguntó a la joven.
-Ya sabes que Phoebe se va a casar-respondió ella-Y ella, en el fondo, no quiere casarse. Gabriel, mi hermana está muy enamorada de ti.
-¿Y qué quieres que yo haga?
Hablar con Gabriel había sido la única solución que Meredith había encontrado. Si Gabriel hablaba con Phoebe, la boda se cancelaría.
Meredith estaba convencida de que Gabriel estaba enamorado de Phoebe. La idea que se le había ocurrido era que el joven hablara con ella. Le confesara lo mucho que la amaba. Y huyeran juntos.
-Puedes encontrarte con Phoebe aquí mismo-contestó Meredith.
Gabriel escuchaba atónito las palabras de Meredith. Nunca había estado enamorado de Phoebe. Apenas había pensado en la joven durante el tiempo que estuvo peleando en el frente. Cuando intentaba olvidar el horror que estaba viviendo, se refugiaba en el recuerdo de otra mujer. Meredith... Pensaba en Meredith.
En su deseo de volver a verla. De estar con ella. De abrazarla.
-Tú también estás enamorado de Phoebe-añadió Meredith.
La joven sintió cómo se exasperaba. Gabriel no decía nada. Parecía estar sumido en sus propios pensamientos.
Estaban solos en la fortaleza.
-¡Di algo!-se exasperó Meredith.
-Yo puedo ayudar a Phoebe a huir de esa boda si ése es tu deseo-afirmó Gabriel-Pero no me pidas nada más.
No miraba a Meredith. No se atrevía a mirarla a la cara porque ella podría descubrir la verdad. Y la joven deseaba que la mirase.
-¿Qué es lo que me quieres decir?-inquirió Meredith-No te entiendo. ¿Es que no estás enamorado de Phoebe? ¡Qué tontería! ¡Por supuesto que estás enamorado de mi hermana! ¡Es imposible que no la ames! Phoebe moriría por ti. Los dos lo sabemos. Y tú...
Se hizo el silencio. Gabriel se atrevió a mirar a Meredith. Sus ojos parecían querer saberlo todo de ella. Meredith se estremeció. No vio amor en los ojos de Gabriel.
No vio amor por Phoebe reflejado en los ojos del joven. Meredith trató de no pensar que Gabriel podría estar enamorado de ella. Le pareció algo absurdo.
Se suponía que él estaba enamorado de Phoebe. Se suponía que iba a fugarse con Phoebe. Se suponía que iba a declararle su amor a Phoebe.
-Meredith...-susurró Gabriel.
Y sus labios se apoderaron de manera apasionada de los labios de Meredith. La joven, en un primer momento, se quedó atónita.
Esto no está pasando, pensó. Notaba los latidos acelerados de su corazón.
Pasmada, Meredith se apartó de Gabriel. Pensó en salir corriendo de allí. No terminaba de creerse lo que acababa de pasar. Su corazón no podía permitirse creer lo que había pasado entre Gabriel y ella.
-¡Esto no está bien!-bramó Meredith.

Meredith no quería admitirlo. Pero su corazón se lo gritaba.
Llevaba toda la vida luchando contra los sentimientos que Gabriel despertaba en ella. Guardaba silencio porque Phoebe lo amaba más que a su propia vida.
-¡Tú también me amas!-exclamó Gabriel.
Su voz sonó alegre. Meredith no quería escucharle. No podía creer lo que había pasado. Se resistía a creerlo.
-¡Esto es una locura!-se inquietó la joven.
-¿El qué es una locura?-le preguntó Gabriel-Nos amamos. Eso no lo podemos negar. Te amo, Meredith.
Ella le miró casi con horror. Pero, al mismo tiempo, lo miró con felicidad. Llevaba mucho tiempo soñando con escuchar aquellas palabras.
-¡No puedes estar hablando en serio!-se asustó.
Estaba hablando en voz demasiado alta. Se dio cuenta de ello. Pero el estado en el que se encontraba la hacía hablar de aquel modo. Conjuró la imagen de Phoebe. Pensar en su hermana la ayudaría a no sentir felicidad.
Era feliz porque Gabriel también la amaba.
No podía dejarse llevar por la dicha que estaba experimentando.
Debía de pensar en Phoebe. En lo mucho que su hermana amaba a Gabriel. Meredith no podía traicionarla.
Gabriel percibió la lucha que estaba sosteniendo Meredith. Él lo último que quería era hacerle daño a Phoebe.
-Nunca le haría daño a tu hermana-admitió Gabriel-Pero no podría estar con ella y fingir que la amo porque eso sería aún peor.
Meredith notó cómo algo se quebraba dentro de su pecho. Sabía que Gabriel tenía razón. Él no podía estar con Phoebe y fingir que estaba enamorado de ella.
A la larga, ella se enteraría de la verdad. Y sería demasiado doloroso. Phoebe no lo podría soportar. Meredith estaba descubriendo el lado más frágil de su hermana. Y no le gustaba nada.
-Podrías fingir que sientes algo por ella-le pidió.
-No podría hacer eso-replicó Gabriel-No podría hacerlo porque eso le destrozaría. Conozco bien a Phoebe. Ella merece ser amada de verdad. Y yo no puedo amarla. No puedo. Te amo a ti, Meredith. Aunque te cueste trabajo reconocerlo.
Y Meredith sabía que tenía razón.
Gabriel se acercó aún más a ella. Se sentía mejor desde que le confesó la verdad a Meredith. Y sentía que el amor que le profesaba era correspondido. Meredith lo admitiría.
El alma se separó del cuerpo de Meredith cuando Gabriel la abrazó con fuerza y los dos cayeron al suelo.
Quedaron medio desnudos. Ella no se dio cuenta. Parecía que estaba flotando en el aire.
Cuando Gabriel acarició su cuerpo por debajo de su vestido. Cuando Gabriel la besó con pasión en la boca. Meredith se olvidó de que sus labios estaban recorriendo su cuello. Mordisqueando el lóbulo de su oreja. Llenando de besos sus hombros. Llenando de besos su cara.
Encima de ella...Dentro de su cuerpo...
Lo prometido es deuda.
Aquí os dejo con el fragmento que he podido escribir de mi relato En la isla.
Vemos cómo avanza la relación entre Meredith y Gabriel.
-Sabía que te encontraría aquí-le dijo Meredith a Gabriel-Siempre te gustó pasear cerca de la vieja fortaleza.
Era verdad. Desde que era pequeño, a Gabriel le había fascinado la antigua fortaleza del pueblo.
Había sido construida dos siglos antes. Servía para defender el puerto de los posibles ataques. Desde que regresó de la guerra, iba mucho a pasear por aquel sitio. Servía para acallar el sonido de los disparos, que llevaba metidos dentro de su cabeza. Pero también le servía para no pensar en los cadáveres que vio.
-¿Qué quieres, Meredith?-le preguntó a la joven.
-Ya sabes que Phoebe se va a casar-respondió ella-Y ella, en el fondo, no quiere casarse. Gabriel, mi hermana está muy enamorada de ti.
-¿Y qué quieres que yo haga?
Hablar con Gabriel había sido la única solución que Meredith había encontrado. Si Gabriel hablaba con Phoebe, la boda se cancelaría.
Meredith estaba convencida de que Gabriel estaba enamorado de Phoebe. La idea que se le había ocurrido era que el joven hablara con ella. Le confesara lo mucho que la amaba. Y huyeran juntos.
-Puedes encontrarte con Phoebe aquí mismo-contestó Meredith.
Gabriel escuchaba atónito las palabras de Meredith. Nunca había estado enamorado de Phoebe. Apenas había pensado en la joven durante el tiempo que estuvo peleando en el frente. Cuando intentaba olvidar el horror que estaba viviendo, se refugiaba en el recuerdo de otra mujer. Meredith... Pensaba en Meredith.
En su deseo de volver a verla. De estar con ella. De abrazarla.
-Tú también estás enamorado de Phoebe-añadió Meredith.
La joven sintió cómo se exasperaba. Gabriel no decía nada. Parecía estar sumido en sus propios pensamientos.
Estaban solos en la fortaleza.
-¡Di algo!-se exasperó Meredith.
-Yo puedo ayudar a Phoebe a huir de esa boda si ése es tu deseo-afirmó Gabriel-Pero no me pidas nada más.
No miraba a Meredith. No se atrevía a mirarla a la cara porque ella podría descubrir la verdad. Y la joven deseaba que la mirase.
-¿Qué es lo que me quieres decir?-inquirió Meredith-No te entiendo. ¿Es que no estás enamorado de Phoebe? ¡Qué tontería! ¡Por supuesto que estás enamorado de mi hermana! ¡Es imposible que no la ames! Phoebe moriría por ti. Los dos lo sabemos. Y tú...
Se hizo el silencio. Gabriel se atrevió a mirar a Meredith. Sus ojos parecían querer saberlo todo de ella. Meredith se estremeció. No vio amor en los ojos de Gabriel.
No vio amor por Phoebe reflejado en los ojos del joven. Meredith trató de no pensar que Gabriel podría estar enamorado de ella. Le pareció algo absurdo.
Se suponía que él estaba enamorado de Phoebe. Se suponía que iba a fugarse con Phoebe. Se suponía que iba a declararle su amor a Phoebe.
-Meredith...-susurró Gabriel.
Y sus labios se apoderaron de manera apasionada de los labios de Meredith. La joven, en un primer momento, se quedó atónita.
Esto no está pasando, pensó. Notaba los latidos acelerados de su corazón.
Pasmada, Meredith se apartó de Gabriel. Pensó en salir corriendo de allí. No terminaba de creerse lo que acababa de pasar. Su corazón no podía permitirse creer lo que había pasado entre Gabriel y ella.
-¡Esto no está bien!-bramó Meredith.

Meredith no quería admitirlo. Pero su corazón se lo gritaba.
Llevaba toda la vida luchando contra los sentimientos que Gabriel despertaba en ella. Guardaba silencio porque Phoebe lo amaba más que a su propia vida.
-¡Tú también me amas!-exclamó Gabriel.
Su voz sonó alegre. Meredith no quería escucharle. No podía creer lo que había pasado. Se resistía a creerlo.
-¡Esto es una locura!-se inquietó la joven.
-¿El qué es una locura?-le preguntó Gabriel-Nos amamos. Eso no lo podemos negar. Te amo, Meredith.
Ella le miró casi con horror. Pero, al mismo tiempo, lo miró con felicidad. Llevaba mucho tiempo soñando con escuchar aquellas palabras.
-¡No puedes estar hablando en serio!-se asustó.
Estaba hablando en voz demasiado alta. Se dio cuenta de ello. Pero el estado en el que se encontraba la hacía hablar de aquel modo. Conjuró la imagen de Phoebe. Pensar en su hermana la ayudaría a no sentir felicidad.
Era feliz porque Gabriel también la amaba.
No podía dejarse llevar por la dicha que estaba experimentando.
Debía de pensar en Phoebe. En lo mucho que su hermana amaba a Gabriel. Meredith no podía traicionarla.
Gabriel percibió la lucha que estaba sosteniendo Meredith. Él lo último que quería era hacerle daño a Phoebe.
-Nunca le haría daño a tu hermana-admitió Gabriel-Pero no podría estar con ella y fingir que la amo porque eso sería aún peor.
Meredith notó cómo algo se quebraba dentro de su pecho. Sabía que Gabriel tenía razón. Él no podía estar con Phoebe y fingir que estaba enamorado de ella.
A la larga, ella se enteraría de la verdad. Y sería demasiado doloroso. Phoebe no lo podría soportar. Meredith estaba descubriendo el lado más frágil de su hermana. Y no le gustaba nada.
-Podrías fingir que sientes algo por ella-le pidió.
-No podría hacer eso-replicó Gabriel-No podría hacerlo porque eso le destrozaría. Conozco bien a Phoebe. Ella merece ser amada de verdad. Y yo no puedo amarla. No puedo. Te amo a ti, Meredith. Aunque te cueste trabajo reconocerlo.
Y Meredith sabía que tenía razón.
Gabriel se acercó aún más a ella. Se sentía mejor desde que le confesó la verdad a Meredith. Y sentía que el amor que le profesaba era correspondido. Meredith lo admitiría.
El alma se separó del cuerpo de Meredith cuando Gabriel la abrazó con fuerza y los dos cayeron al suelo.
Quedaron medio desnudos. Ella no se dio cuenta. Parecía que estaba flotando en el aire.
Cuando Gabriel acarició su cuerpo por debajo de su vestido. Cuando Gabriel la besó con pasión en la boca. Meredith se olvidó de que sus labios estaban recorriendo su cuello. Mordisqueando el lóbulo de su oreja. Llenando de besos sus hombros. Llenando de besos su cara.
Encima de ella...Dentro de su cuerpo...
martes, 19 de agosto de 2014
"EN LA ISLA" (NOTICIA)
Hola a todos.
Empiezo hoy a sacudir un poco el polvo en este blog para no tenerle abandonado.
Os dije que iba a dar una serie de noticias relacionadas con las historias que han visto la luz en este blog.
La primera de esas noticias guarda relación con mi relato En la isla.
Este relato avanza muy despacio. Sólo he podido escribir un fragmento. No sé cuándo volveré a escribir otro fragmento.
En la isla va a permanecer en este blog. Lo que pasa es que no sé cuándo subiré todo lo que queda, que todavía queda.
Pero yo prometo que, en cuanto pueda, lo terminaré. ¡Palabra!
Aunque sea poco a poco, quiero terminar este relato porque lo pide a gritos. Me siento absorbida por otros proyectos que aún no han terminado y que merecen tener un final digno.
Muchas gracias por todo. Y lamento mucho las molestias ocasionadas.
Empiezo hoy a sacudir un poco el polvo en este blog para no tenerle abandonado.
Os dije que iba a dar una serie de noticias relacionadas con las historias que han visto la luz en este blog.
La primera de esas noticias guarda relación con mi relato En la isla.
Este relato avanza muy despacio. Sólo he podido escribir un fragmento. No sé cuándo volveré a escribir otro fragmento.
En la isla va a permanecer en este blog. Lo que pasa es que no sé cuándo subiré todo lo que queda, que todavía queda.
Pero yo prometo que, en cuanto pueda, lo terminaré. ¡Palabra!
Aunque sea poco a poco, quiero terminar este relato porque lo pide a gritos. Me siento absorbida por otros proyectos que aún no han terminado y que merecen tener un final digno.
Muchas gracias por todo. Y lamento mucho las molestias ocasionadas.
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