martes, 20 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
El fragmento de hoy está centrado en el romance entre Darko y Sarah. Vemos que su relación ya no es tan perfecta ni tan maravillosa como lo era.

                  Sarah se miró en el espejo de su habitación.
                  Su piel era blanca como la leche. Le gustaba mucho su cabello de color negro con un tono casi azulado. Sus ojos eran de color aguamarina.
                 Disfrutaba de cada uno de los besos que Darko le daba.
                 Se sentó en su cama. ¿Por qué sentía aquel vacío en su interior? A veces, tenía la sensación de que Darko estaba cada vez más alejado de ella. Y Sarah, a su vez, se sentía cada vez más alejada de él. ¿Cómo había llegado a aquella situación?
                Ni siquiera ella misma lo sabía.
                En aquel momento, Katherine entró en su habitación. Se la veía alegre y contenta. Venía del círculo de menhires. Había pasado un buen rato con Stephen. Tenía los labios hinchados por los besos que se habían dado. Sarah se alegró de ver a su hermana tan feliz.
-¡Hola, Sarah!-la saludó muy contenta Katherine.
-¡Hola!-le devolvió el saludo casi sin ganas la aludida.
              Katherine se colocó delante de ella.
-¿Qué te pasa?-le preguntó-¿Por qué tienes esa cara?
             Sarah volvió a mirarse en el espejo. Tenía un rostro triste. No era el rostro de una mujer que estaba enamorada.
             Se puso tensa.
-Estaba pensando en tonterías-respondió Sarah.
-¿Ha ocurrido algo entre Darko y tú?-inquirió Katherine.
-Todo va bien.
-¿Lo dices en serio? Sarah, te conozco bien. Espero que no hayas cometido una locura. ¿Qué ha pasado? Cuéntamelo.
-No ha pasado nada.
            Y era verdad que no había pasado nada.
             La otra noche, en la playa, Sarah había estado a punto de rendirse a los besos que le había dado Darko. Él se había portado como todo un caballero. La había respetado.
             Después de eso...Se había producido un cierto distanciamiento entre ellos.
-Y ése es el problema-se sinceró Sarah-No ha pasado nada entre Darko y yo. La pasión que había entre nosotros estuvo a punto de prender. Pero no llegó a consumarse. Y me temo que se ha apagado.
              Katherine abrazó a su hermana.



              Le daba pena pensar que Sarah no era feliz.
              Sarah agradeció el poder contar con Katherine. Se sentía mejor después de haber sacado fuera todo lo que llevaba dentro.
               Pero necesitaba ser aconsejada.
-Dime una cosa-le pidió Katherine-¿Estás enamorada de Darko?
-¡Por supuesto que sí!-contestó Sarah con ímpetu.
-¿Lo amas de verdad? ¿O sólo ves en él una encarnación de tus sueños románticos? Sarah, siempre has soñado con vivir una de esas historias de amor que se viven en los libros que lees. Y Darko se parece a esos protagonistas que te hacen suspirar. El amor es una lucha constante por ser feliz. El amor necesita ser cultivado. No vive sólo de grandes aventuras. Antes o después, llega la rutina. ¿Y qué pasa cuando llega la rutina? En la vida real, no existen esos grandes villanos que aparecen en los libros que tú lees.
-Lo sé. Pero...
-Tienes que mirar en tu interior. Tienes que ver si estás enamorada de ese hombre. O si se trata de una mera ilusión.
             Sarah maldijo a su hermana para sus adentros. En su fuero interno, sabía que Katherine tenía razón. Debía de mirar en su interior. Necesitaba aclarar de una vez por todas lo que sentía por Darko. Había creído que se trataba de amor verdadero.
-¿Y si no le amo realmente?-se preguntó Sarah.

                Mary y Robert tomaron asiento en un banco del parque.
-Me alegro de que hayas accedido a salir conmigo-le aseguró el conde a Mary-Tenemos que vernos con más frecuencia a partir de ahora.
-¿Para planear la boda?-inquirió la joven.
-No sólo por la boda...Para estar juntos.
-Yo...Me siento como una idiota. No me he portado bien con usted. Bueno...Contigo...En estos últimos días...
-Son los nervios típicos por la boda. No pasa nada.
              Robert admiró el perfil de Mary. Llevaba su cabello rojo recogido en un moño. Una capa negra cubría sus hombros y su cabeza. Sus hermosos ojos de color verde esmeralda parecían estar apagados. Posee una belleza trágica, pensó Robert. Los poetas habrían definido de aquel modo a su prometida.



                 Le cogió la mano y se la llevó a los labios para besársela.
-Robert, lo que más miedo me da es decepcionarte-se sinceró Mary-No quiero que pienses que soy una perdida. O que soy mala.
-¡Por Dios, Mary!-exclamó el conde-Jamás pensaría así de ti. Tienes veintiocho años. En ocasiones, la gente se equivoca. Todos cometemos errores. No soy quién para juzgarte.
-No se trata de eso.
               Robert atrajo a Mary hacia sí. Le envolvió en un tierno abrazo. La besó en la frente. La mantuvo abrazada durante un buen rato. Quería saber lo que pasaba por su mente. Poder llegar hasta ella. Al separarse, acunó entre sus manos el rostro de Mary.
-Te quiero mucho-le aseguró.
               La besó con dulzura en los labios.
              Se separaron.
-Eres muy bueno conmigo-afirmó Mary.
-Haces que quiera ser mejor persona-le aseguró Robert.
              Le acarició las mejillas con la yema de los dedos. No entendía el porqué de la actitud de Mary. Y deseaba saber más cosas de ella. Pero su prometida parecía estar cerrada en banda.

domingo, 18 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
La protagonista de este fragmento es Mary, quien sigue con sus miedos.
Los siguientes fragmentos van a estar centrados en el personaje de Mary. Veremos cómo evoluciona su relación con Robert.
¿Surgirá el amor entre ellos?
¡Vamos a descubrirlo!

                    Sentada en el sillón del salón, Mary escuchaba atentamente los consejos que le estaba dando su madre. Mistress Wynthrop no paraba de parlotear acerca de lo magnífica que iba a ser aquella boda y de que su primogénita estaría guapísima con su vestido de novia.
-Madre, aún no me voy a casar-le recordó Mary, interrumpiendo a su progenitora.
            Mistress Wynthrop la ignoró.
-Vas a casarte con uno de los mejores partidos del país, querida-le recordó-Hay que hacer planes con antelación. ¿O es que quieres que tu boda sea un desastre? Yo quiero ayudar en la medida de lo posible.
-Le agradezco sus desvelos-afirmó Mary-No sé qué pensar. Tengo la sensación de que lo que está pasando no es real. Que estoy soñando.
-¡Estás haciendo el sueño de esas tontas jovencitas, hija mía! ¡Casarte con el conde de Maredudd!
             Mistress Wynthrop se encontraba sentada a la mesa. Se había ofrecido a confeccionar una lista de invitados. Por parte de la familia, acudirían pocas personas. Pero iban a acudir muchas personas por parte del conde.
-¡A lo mejor, viene el Rey!-se emocionó la mujer.
              Mary se puso de pie. Estaba cansada de escuchar los grititos de su madre cada vez que pensaba en un invitado a su boda. Lo único que quería en aquellos momentos era estar sola.
-¿Adónde vas?-le preguntó la señora Wynthrop.
              Mary optó por no responder. Salió por la puerta delantera al jardín. Agradeció el poder encontrarse a solas. Si alguien volvía a mencionar una sola palabra acerca de la boda, se pondría a gritar.
              No llevaba puesta encima la capa. Aún así, Mary empezó a caminar. Abandonó el jardín de su casa. Sus pasos la llevaron hasta el faro.
            Había empezado a funcionar tan sólo trece años antes. De noche, desde la ventana de su habitación, Mary veía cómo el faro iluminaba toda la costa. Orientaba a los barcos que parecían perdidos en alta mar.
             Eso era lo que Mary más necesitaba. Luz para su vida...Orientarse. Que alguien le dijera lo que tenía que hacer. Saber si estaba haciendo lo correcto.

 

                  Permaneció frente al faro durante un buen rato. Lo último que quería Mary era regresar a su casa.
                 Le hablarían de la boda. Y ella no quería casarse con el conde. No sólo era porque no estaba enamorada de él.
                 Sus atenciones la habían halagado. Se había divertido coqueteando con él. Se había portado de una manera impropia en ella.
                Pero otra cosa muy distinta era casarse con él. Tenía que admitir que Robert le gustaba muchísimo. Pero ella no era la mujer que más le convenía. No sólo era por lo que le había pasado. Era lo que había hecho. Los ojos de Mary se llenaron de lágrimas al recordar lo ocurrido. Ella había sido víctima del peor de los ultrajes.
                Sin embargo, lo que había hecho la convertía en poco menos que en una asesina.
                Vivía con aquel recuerdo. La imagen de aquel ser diminuto en el suelo la atormentaba día y noche. Mary casi podía jurar que se movía.
             


                 No se dio cuenta de que estaba llorando. Las lágrimas corrían de manera abundante por sus mejillas.
                 Sintió un doloroso pinchazo dentro de su pecho. El sentimiento de culpa la perseguía a todas horas.
                Llevaba demasiado tiempo luchando contra los recuerdos que la atormentaban. Y Mary sentía que estaba a punto de perder la guerra. Se dejó caer de rodillas en el suelo. Dio rienda suelta a su llanto. Necesitaba desahogarse. Sacar fuera todo el dolor que llevaba dentro.

sábado, 17 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
No me olvido de Cruel destino. 
Siempre digo que estoy muy liada. Es verdad. Tengo muchos archivos guardados en el ordenador fragmentos sueltos y también tengo varias historias sin pulir.
Un día, os contaré una anécdota que me ocurrió con el ordenador. Fue antes del asqueroso virus que se me metió el año pasado. ¡Estuve a punto de volverme loca!
He encontrado algo de tiempo entre archivos y la limpieza para poder subir un nuevo trozo de Cruel destino. Nos vamos hasta la isla de Church, en Gales, donde vive la familia del conde de Maredudd.

-¿Se ha vuelto loco?-exclamó Emma cuando Margaret terminó de leerle la carta que había recibido de Robert.
-No se ha vuelto loco, querida prima-observó Margaret-Se va a casar.
            Se encontraban en el jardín de la mansión de la familia.
             Emma le dio a las ruedas de su silla para acercarse más a Margaret, que estaba de pie.
-¡No puede casarse con esa joven!-afirmó Emma-No está enamorado de ella. Él mismo lo admite.
-Dice que será una perfecta condesa-dijo Margaret.
-¿Y qué importa si es una perfecta condesa?
-Mi hermano no quiere repetir el error que cometió con Paula. Piensa que, si se casa por amor, volverá a sufrir. No está enamorado de miss Wynthrop. Pero dice que la va a querer y la va a respetar.
-Se puede querer a una persona de mil maneras distintas, Meg.
             Su prima se quedó en silencio.
             Emma movió la cabeza con gesto exasperado.
-Madre tiene que saberlo-anunció Margaret.
              Emma tenía el ceño fruncido. De nada le había servido darle a Robert buenos consejos. Seguía empeñado en seguir adelante con aquella demencial boda.
-Acabará sufriendo mucho-auguró Emma-Y no quiero ver cómo sufre.
               Margaret suspiró.




               Pensó que su prima tenía razón.
-Es su decisión y tenemos que respetarla-le recordó-Otra cosa es que nos alegremos de que vaya a destrozar de nuevo su vida. Por fin...Empezaba a superar la muerte de esa zorra de Paula.
               Emma alzó la vista al cielo. Vio pasar una gaviota volando. Ella también estaba empezando a superar la muerte de Christopher. Pero no buscaba a un hombre con el que casarse sólo para olvidarle.
              Quería que Robert fuera feliz.
              Sin embargo, su primo estaba sacrificando su felicidad buscando olvidar a su primera esposa.
-Más sufrió en su matrimonio con Paula-admitió Margaret-Él mismo lo admite.
-Debe de buscar otra clase de mujer-le sugirió Emma-Una mujer que lo quiera de verdad. Y que, a su vez, también lo quiera a él.
              Margaret pensó que Emma tenía razón. Sin embargo, tenían que ser realistas. Paula se había casado con Robert por su título y por su fortuna.
             Nunca había estado enamorado de él. Y Robert buscaba ser amado por lo que era. Mary Wynthrop no era ninguna arribista. Nunca había perseguido ningún buen partido. Tenía una dote bastante elevada.
              Y, por lo que se sabía, Robert la quería. Pero se trataba de un sentimiento más bien pausado. No tenía nada que ver con aquel loco deseo que le había llevado a casarse con Paula en contra de la opinión de todos. Mary parecía ser una buena mujer. Tanto Emma como Margaret deseaban que Robert fuera feliz. Pero no sería feliz si no se casaba por amor. Si no amaba. Si no era correspondido.
               Margaret se inclinó sobre Emma y la besó en las mejillas.
-Sólo deseo que mi hermano sea feliz-le confesó.
-Fue muy desdichado con Paula-dijo Emma.
-Por lo menos, Paula sólo le rompió el corazón.
-Prima...Te lo ruego. No me hables de Christopher. Él está muerto. Me hace daño escuchar su nombre.
-Lo siento.
-Él formará para siempre parte de mi vida. Por mucho que me duela.
           Emma sintió cómo las lágrimas se agolpaban en sus ojos.
-Perdóname, prima-se disculpó Margaret-Te hace daño hablar del pasado. Soy una tonta por mencionártelo. Ese miserable nunca te mereció.
-Sé que no era tu intención hacerme daño-afirmó Emma. Le cogió la mano. Se la besó con cariño-La culpa fue mía. Fui una loca por haberme fugado de la casa de mis tíos. A veces, pienso que Edward no era tan malo. Pude haber hecho un esfuerzo por entenderme mejor con ellos. Por haber intentado llevarme bien con Edward. A lo mejor, nuestro matrimonio no habría sido un fracaso.
-O habrías terminado muerta-replicó Margaret-Tu primo Edward estaba cortado por el mismo patrón que ese canalla de Christopher. Lo que pasa era que Edward no disimulaba su maldad. En cambio, Christopher la disfrazaba de honorabilidad. De venganza contra tu madre...Mi tía era una zorra. Pero tú no eras igual que ella. Christopher lo sabía.
              Emma estaba cansada de pensar en que ella no se parecía en nada a su madre. Pero sólo conseguía tener un fuerte dolor de cabeza.
              Margaret se inclinó sobre ella y la besó en la frente. Le acarició con dulzura el pelo.
-Voy dentro-le avisó-Le contaré a madre que hemos recibido una carta de Robert. Espero que no se desmaye del susto.
-No lo hará-sonrió Emma.
               Margaret se metió dentro de casa.



               Emma agradeció el haberse quedado sola.
               No quería pensar en el desastre que era su vida. ¡Y, encima, Robert se empeñaba en destrozar la suya!
               Golpeó con rabia el brazo de su silla de ruedas. ¡Cómo odiaba estar postrada en ella!
               Luchó contra las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos. Margaret tenía razón, pensó. Christopher y Edward estaban cortados por el mismo patrón. ¡Pero Robert no era así! Robert era un hombre maravilloso. Se parecía demasiado a Allen. En aquel momento, Emma echó más que nunca de menos a su viejo amigo.

viernes, 16 de agosto de 2013

NOTICIAS ACERCA DE "A TRAVÉS DEL TIEMPO Y DEL ESPACIO"

Hola a todos.
¿Os acordáis de un relato gordo que empecé a subir a este blog? Se llamaba A través del tiempo y del espacio. 
En la Cueva Victoria, en el Cabezo de San Ginés, de Cartagena, se encontraron restos humanos. Pertenecían a homo habilis. Se cree que el homo habilis fue el primer habitante que tuvo la Sierra.
A partir de eso, creé un relato ficticio sobre un posible encuentro entre un macho y una hembra de homo habilis en el interior de la Cueva Victoria.
Era una historia distinta. Transcurría en la Prehistoria.
Empecé a subirlo a este blog, pero lo dejé a la mitad.
Pronto, tendréis noticias acerca de esta historia. Estoy intentando terminar las historias que tengo. No puedo soportar tener historias a mitad. Creo que no es justo.
He podido terminar A través del tiempo y del espacio a ratitos en este tiempo.
Muy pronto, os daré una sorpresa con ella. Espero poder dárosla en los próximos días. Y espero que os guste.
De momento, no puedo decir nada más.
Pero estaréis al tanto.



La Cueva Victoria, en el Cabezo de San Ginés. Lugar donde transcurrirá un encuentro que cambiará para siempre las vidas de un macho y de una hembra de homo habilis.

jueves, 15 de agosto de 2013

UN CUENTO CORTO: CONOCIENDO A VARIA

Hola a todos.
Hoy, me gustaría compartir este cuento con vosotros. Es muy corto. Tiene un final muy abierto. Transcurre en la ciudad de Melbourne, en Australia, durante la década de 1960.
Espero que os guste.
Se llama Conociendo a Varia. 

        Era su día libre. 
        Le gustaba pasarlo sola encerrada en su casa. Daba cuenta de una botella de vino. Y ponía el tocadiscos. Nadie iba a molestarla. De hecho, tenía descolgado el teléfono.     
         La música lo envolvió todo. Escuchó la voz de John Lennon cantando. Empezó a bailar. Estaba descalza. Se movía al ritmo de la alegre música. All you need is love. 
        Varia Monroe todavía creía en el amor. Pese a que le habían destrozado el corazón…Pese a que su marido le había sido infiel en muchas ocasiones…Pese a que nunca había sido feliz en su matrimonio…Pese a que lo mejor que pudo haber hecho su marido por ella fue morirse…A pesar de todo…
         Todavía creía en el amor.
         Era una romántica. Todo el mundo se lo decía. Era una romántica incurable…
         Su pelo era de color rubio. Sus ojos eran de color violeta. Solía llevar su pelo recogido en una coleta. No era la clase de mujer que solía pasar desapercibida. Vestía a la moda. Era muy atractiva. 
         Tenía treinta años. ¿No había llegado la hora de que madurase un poco? Era viuda… No tenía hijos…Pero era la hermana de un prestigioso editor de la ciudad. Podía dedicarse de lleno al negocio en el que trabajaba su hermano. No tenía que estar todo el día soñando despierta.
         Ya era mayorcita para hacer esas cosas.
         A Varia no le importaba mucho la opinión de la gente. Si tuviera que vivir con lo que los demás decían de ella…Entonces no saldría nunca de su casa…No le hacía daño a nadie…Tenía treinta años…Bueno…¿Y qué? ¿Acaso era un delito ser una soñadora de treinta años? Varia tenía un buen trabajo, ya que poseía un conocido restaurante. El local se encontraba en pleno centro de la ciudad y acudía, en ocasiones, toda la élite del país a cenar allí. Varia abrió el restaurante al poco tiempo de morir su marido en un accidente de coche con el fin de intentar distraerse y olvidar el hecho de que su matrimonio fue desde el primer momento un rotundo fracaso y el hecho de que no había tenido hijos, aunque la culpa no fue suya, sino de su marido, que era estéril, lo cual la consolaba dentro de lo que cabía porque no se atormentaba pensando que su marido había llenado el país de hijos bastardos.
         El hermano de Varia, Harry, veía con muy malos ojos que su hermana viviese sola. ¿Es que no tenía una familia? Su padre había muerto años atrás, cuando Harry era un adolescente y Varia era una niña pequeña. Pero su madre todavía vivía. Y también vivía su abuela. Harry estaba casado. Era la segunda vez que se casaba después de que su esposa lo abandonase por otro…Y este matrimonio no iba del todo bien…Varia estaba al tanto de las infidelidades de su hermano. Se había casado con su secretaria a la que había seducido para que no renunciase a su puesto de trabajo, cansada de sus desprecios. La joven, de familia muy humilde, sucumbió a los encantos de su jefe. Quería triunfar dentro del ámbito editorial, estaba cansada de ser una solterona y no tenía escrúpulos a la hora de acostarse con su jefe. Pero el matrimonio fue un fracaso desde el primer momento. Varia los culpaba a ambos. Sobre todo, a Harry. No era capaz de hacer feliz a ninguna mujer. 
         Su hermano no servía para el matrimonio. Lo dijo la primera vez que se casó y lo repitió cuando se casó por segunda vez.
         Varia no necesitaba los favores de nadie para prosperar en la vida. Tenía un trabajo que le gustaba. Ganaba dinero. Los inicios habían sido muy duros, pero había logrado salir a flote ella sola. Preparando toda clase de platos y satisfaciendo los paladares más selectos, Varia había descubierto que no necesitaba a nadie para poder triunfar en la vida y, de paso, ser feliz.
          Se bastaba así misma para salir adelante. Ya no era ninguna jovencita. Se había dejado engatusar por el primer hombre que la había besado. Y había pagado aquel error con un matrimonio que fue un desastre. 
         No había guardado el celibato desde que se quedó viuda, sino que se dedicó a ir de amante en amante. Muchas mujeres de aquella época se habían desinhibido y Varia no iba a ser menos que nadie. Pero soñaba con encontrar el verdadero amor. El sexo estaba bien…A Varia le gustaba el sexo…¡Alguna ventaja tenía que tener el haber estado casada con un mujeriego impenitente! Pero no había llegado virgen al matrimonio. Antes de yacer con su marido, Varia se había acostado con unos cuantos hombres. Su hermano le echaba en cara aquel tipo de comportamiento. Pero se callaba en cuanto Varia le echaba en cara las múltiples aventuras amorosas que había tenido durante su primer matrimonio, después de éste y, ahora, durante el segundo. La primera esposa de Harry lo abandonó cansada de sus infidelidades. Pero, antes, le puso los cuernos de manera pública con el brazo derecho teniente de Alcalde de la ciudad. Fue una humillación para Harry. Su ego quedó herido de manera irremediable. Varia entendió las razones que habían movido a su cuñada a obrar de aquel modo. 
         Varia había encontrado un nuevo amante en la figura de un compañero de trabajo de Harry, un divorciado sin hijos llamado Richard. Ella tampoco tenía hijos. Desde que éste iniciase su relación con Varia, su relación con Harry había ido a peor. No se soportaban desde la primera vez que se vieron, hacía unos pocos años. Richard era el amante de Varia. Y se lo restregaba a Harry cada vez que se veían. Claro que…Antes se había restregado con Varia…
         Harry sabía que Richard iba todos los días a comer y a cenar al restaurante que regentaba con gran éxito Varia. ¿Es que su hermana era tonta o qué?, se preguntaba Harry. ¿Cómo podía acostarse con alguien que trabajaba con él? ¡Y, encima, se acostaba con Richard! ¡Con Richard! ¡El tipo más imbécil de todo Melbourne!
         Desde que perdiese la virginidad a la edad de catorce años, Varia se había acostado con bastantes hombres. Hubo un periodo de tiempo en el que su actividad sexual se redujo a una sola persona. Su marido. Varia creía haber encontrado al amor de su vida. Pero se equivocó. Varia utilizaba el sexo para encontrar el amor. Cuando su marido falleció, Varia le guardó luto durante unos meses, como señal de respeto y todavía vestía de negro de manera ocasional.
         Se había fijado en Richard hacía algún tiempo. Le gustaba aquel hombre…En realidad, lo que más le gustaba de él era su forma de mirarla. Una noche, Varia fue a las oficinas. Sabía que Harry no estaba. En cambio, sabía que Richard sí estaba y se dispuso a seducirle de tal manera que pareciese que había sido él quien la había seducido. Estuvieron hablando durante un rato. Richard se sentía atraído por Varia desde la primera vez que la vio. Era una belleza. Por eso, cuando, casi por casualidad, Richard se dedicó a acariciar a Varia, ésta la dejó hacer. Durante todo el acto, Richard tuvo la impresión de que Varia le estaba comparando. Había sido un poco ingenuo al pensar que Varia, a la edad de treinta años y viuda, seguía siendo virgen. Pero le asombró el descubrir que Varia poseía una experiencia y una capacidad amatoria muy similar a la de él. A partir de aquella noche, Richard y Varia se convirtieron en amantes. Harry se enteró al día siguiente de lo ocurrido cuando, al entrar en su despacho, encontró un sujetador encima de la mesa que él reconoció como el sujetador de Varia.
         Otra de las cosas que no le gustaban a Harry de su hermana era el hecho de que Varia fuera a discotecas y bebiera cubatas.
-Lo que está haciendo tu hermana no lo hace una mujer decente, Harry-le dijo en una ocasión Emma.
         Emma había sido su secretaria. En la actualidad, era su esposa y a Harry le exasperaba el sentido del pudor que tenía. Hubo un tiempo en el que creyó que había vencido el sentido del decoro de Emma. Sin embargo, nada más casarse, descubrió que Emma sólo había estado fingiendo que era tan apasionada como él. La mujer se escandalizó mucho el día en el que descubrió que Varia coqueteaba con hombres en locales nocturnos. Harry también estaba escandalizado.
         Emma era una mujer bellísima y Harry había pensado en un primer momento que podría despertarla a la sensualidad, pero no lo había conseguido.
         Harry había escuchado en muchos sitios que las mujeres como Varia terminaban mal porque no se comportaban como mujeres decentes; lo único que Harry pedía era que su hermana adquiriese algo de sentido común…Aún no era tarde…Pero era inútil…
         Le pidió a Emma que hablase con Varia. Estaba seguro de que, al menos, a Emma la escucharía. Pero su mujer le dijo que Varia era muy cabezota. No me escuchará, afirmó Emma. No insistas…
         Harry estaba desesperado. Su madre y su abuela no tenían ni idea del tipo de vida que llevaba Varia…¡Gracias a Dios!
         Varia no quiso hacer caso de los consejos de Emma. Su cuñada era una grandísima hipócrita. ¿Cómo se atrevía a criticarla? No estaba portándose de aquella manera por venganza hacia su marido. De hecho, hacía mucho que no pensaba en él. Su esposo había sido un hombre muy apuesto. Pero nada más. No estaba enamorada de él. Incluso había llegado a la conclusión de que jamás lo había amado. En realidad, Varia sólo había estado enamorada del amor. El hombre con el que se casó años atrás era el hombre ideal en todos los aspectos para ella y Varia, desesperada por encontrar el amor verdadero, se había casado con él. Fue un error. Ahora lo sabía…Aquel hombre tenía parientes en Inglaterra. Era muy guapo y muy rico. Fue un sueño hecho realidad…Y también fue una pesadilla hecha realidad…
         Varia iba a la peluquería al menos una vez a la semana.
         Su peluquera le ponía al tanto de los cotilleos que circulaban por la ciudad. Lo hacía mientras le lavaba el pelo. Varia tenía un pelo realmente precioso, se decía.
         A Diane le gustaba ir a la peluquería.
         Se distraía mientras se ponía guapa.  
         Varia iba siempre vestida a la moda. Al menos, no se había cortado el pelo como habían hecho otras mujeres. Incluso la propia Emma se había cortado el pelo como lo llevaba la modelo Twiggy en un intento por parecer moderna. Pero no lo había conseguido. Varia estaba considerada como una de las mujeres más elegantes de toda la ciudad. Con o sin peinado parecido al de Twiggy...Tenía su propio estilo. Se decía que los políticos que iban a cenar a su restaurante pasaban a saludarla. Y le besaban la mano.
         Las mujeres de los políticos, por el contrario, besaban a Varia en las mejillas.
         Todo Melbourne adoraba a Varia.
         Era conocida en toda la ciudad. Varia tenía la sensación de que Melbourne se había rendido a sus pies. Vivía sola. Disfrutaba de su propia vida. No tenía nada más que pedir. Sólo quería disfrutar de la sensación de libertad que jamás había tenido. 
          Un amante maravilloso...Un trabajo que adoraba...
         Se acostó sola aquella noche en su cama. 
          Varia agradecía el poder estar sola. 
          Apreciaba demasiado su independencia. La había valorado tras toda una vida sometida a los dictados sociales. La gente no se daba cuenta de que los tiempos estaban cambiando. Ella no quería quedarse atrás. 
           Sonrió para sus adentros. Era una mujer libre. Y quería serlo durante mucho tiempo. 
           Se podía soñar con el amor. Pero también se podía soñar con la independencia. Con la libertad...
           Cerró los ojos. Suspiró hondo. Se quedó profundamente dormida. 

 Le he puesto a Varia el rostro de la actriz Romy Schneider, una mujer que sufrió mucho. Vivió atormentada por el personaje que la lanzó a la fama, Sissi. Se sintió incomprendida y, al contrario que Varia, le fallaron las fuerzas. Pero las dos quisieron luchar contra el mundo. Con distintos finales...

martes, 13 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
El fragmento de hoy de Cruel destino tiene como protagonista a Mary. Veremos cómo va avanzando su compromiso con lord Robert. Mientras él se esfuerza en amarla, ella lucha contra los fantasmas su pasado. ¿Qué ocurrirá?
¡Vamos a verlo!

                     Mary tenía la sensación de haber retrocedido atrás en el tiempo. Volvía a ser una joven de dieciocho años. La invitaban constantemente a fiestas. Permanecía en el salón atendiendo a las visitas que acudían a verla para felicitarla por su inminente boda con el mejor partido de todo Gales. Salían de la casa de los Wynthrop hablando maravillas de Mary. Con su cabello rojo y liso...Con sus modales educados...El conde de Maredudd había hecho la mejor de las elecciones al prometerse con una joven como Mary. A pesar de que era un poco vieja, en opinión de ciertas matronas, para contraer matrimonio.
               Se vio rodeada de mucha gente. Los caballeros parecían más interesado en ella que nunca. Las jovencitas se acercaban a ella. Todo el mundo quería saber qué había en aquella solterona que había cautivado a uno de los caballeros más deseados de todo Gales. Mary se había convertido en poco menos que una celebridad.
              Robert era el hombre más atento que jamás había conocido. Le traía los vasos de limonada durante el baile. Pasaba mucho rato hablando con ella. Le presentaba a sus conocidos. Incluso, presumía de estar prometido con la joven más hermosa de toda Gran Bretaña.
-Milord, está exagerando-se ruborizaba Mary.
                Luego, estaban los bailes. Robert siempre le pedía el primer baile. Mary tenía que admitir que sentía algo raro cuando bailaba con el conde.
-Me gusta bailar con usted-tuvo que admitir.
-Contigo...-le corrigió Robert-Acuérdate. Nos vamos a casar.
-Sí...
                Respiró hondo.
                Bailaba varias piezas con Robert. Se sentía el centro de todas las miradas.
                Y, mientras, Mary deseaba morirse.
                Pasaba muchas noches levantada pensando en lo que iba a pasar y era así como Sarah la encontraba en sus noches de insomnio.
-¿Has pensado ya lo que vas a hacer?-le preguntó en una de aquellas noches.
-No lo sé-respondió Mary-¡Y tengo mucho miedo! El conde me va a repudiar.
-A lo mejor, no hace nada. Te querrá todavía más. Tú no tuviste la culpa de lo que te pasó, Mary.
-¡Sí que la tuve! ¿Por qué tuve que salir sola al jardín aquella noche?
-De nada sirve que te atormentes pensando en eso. Tienes que dejar atrás el pasado.
-¡No puedo!
               Mary se dejó caer sobre la cama. La habitación estaba sumida en la oscuridad. Ni siquiera brillaba la Luna en lo alto del cielo. Aquella oscuridad encajaba con el ambiente que se respiraba entre aquellas cuatro paredes.
              Sarah se acercó a su hermana.
             Mary estaba sufriendo mucho. En sociedad, la pérdida de virginidad en la mujer antes del matrimonio era severamente castigada. ¡Pero su hermana había sido forzada! ¿Cómo podía la gente no ver la diferencia? Mary no era ninguna zorra.
-Nadie sabe nada-murmuró la joven.
-No se lo he contado a nadie-le aseguró Sarah-Acuérdate que lo he jurado.
-Gracias...
             Mistress Wynthrop ya estaba empezando a hablar acerca del vestido de novia de Mary. La llevó a ver a la modista. Ésta afirmó que el vestido blanco que luciría causaría sensación. Sería un contraste brutal entre el pelo rojo de Mary y sus hermosos ojos verdes.
              El vestuario de la joven también debía de ser nuevo. La esposa de un conde no podía lucir colores oscuros. Aunque Mary no era precisamente una jovencita.
             La modista estaba encantada con aquel encargo. Los gastos corrían a cargo del conde. Le mostraba a Mary telas de toda clase de colores.
-Escoja la que quiera, señorita-la invitaba.
               Pero Mary no podía decantarse por ninguna tela. Todas le parecían bonitas.
              Creía que Robert se estaba excediendo. Así se lo comentó a su madre en un aparte en la tienda.
-¿Cómo puedes pensar así?-se escandalizó mistress Wynthrop.
-Milord puede pensar que me estoy aprovechando de su generosidad-se lamentó Mary-Y no quiero que piense eso de mí.
-¡Tonterías, querida! Te vas a casar con él.
              El vestido de novia tenía que ser blanco, por supuesto. Cada vez que Mary pensaba en eso, deseaba estar muerta.
              Robert iba a visitar con frecuencia a Mary. Daban paseos por el parque. Le besaba la mano con respeto. No entendía el porqué de la timidez casi enfermiza de su prometida. Sospechaba que algo malo tuvo que haberle ocurrido en el pasado.
              En ocasiones, permanecían en silencio. Casi no se hablaban durante aquellos paseos. En ocasiones, ni se miraban a los ojos. Mary permanecía alejada de Robert. No se la veía como una futura novia feliz. Y eso era algo que intrigaba al conde.
-No te veo contenta-observó el conde durante uno de aquellos paseos-Y me gustaría saber el porqué. ¿He hecho algo que te haya ofendido?
-No...-contestó Mary-No es eso.
-Entiendo que no quieras hablar. Pero me gustaría saber si estás contenta. Si eres feliz. Para mí, es lo más importante.
-Yo...Sí...Soy muy feliz.
-No lo parece.
-Lo siento.
             Mary fingió una sonrisa. Robert se dio cuenta de que se trataba de una sonrisa falsa. Sospechaba que algo terrible le había ocurrido a su futura esposa. Pero ella no quería contarle nada. Le hirió saber que Mary no confiaba en él.



             Y, en contraste, estaba la alegre Sarah. Siempre que iba a visitar a Mary, allí se encontraba con la sonrisa radiante de Sarah. Tenía la sensación de que se encontraba ante la Tentación. No podía mirar a Sarah. No quería recrearse en los brillantes ojos de la joven.
            En una ocasión, cuando fue a visitar a Mary, encontró a Sarah cortando rosas. Robert se quedó sin aliento al contemplar cómo Sarah se detenía para olfatear con deleite una de las rosas que estaba cortando.
-Buenas tardes...-se atrevió a decir a modo de saludo.
             Sarah dejó de hacer lo que estaba haciendo. Saludó a Robert haciendo una graciosa reverencia.
            Los dos estuvieron hablando durante apenas unos instantes. Sarah no paraba de parlotear acerca de lo ilusionada que estaba con aquella boda.
-Parece que es usted la que se va a casar-observó Robert.
             Sarah sonrió con alegría.



-Me hace mucha ilusión ver a mi hermana casada-afirmó la joven.
-Ya se sabe que de una boda sale otra boda-le recordó Robert.
             Los ojos de Sarah brillaron al pensar en Darko. Deseaba hacer realidad su sueño de casarse con él. De fundar una familia con él.
             Sarah se metió dentro de casa. Tenía que avisar a Mary de que lord Robert había ido a buscarla. La joven no tardó mucho tiempo en salir.
-Buenas tardes, milord-le saludó con timidez.
            Robert frunció el ceño.
-Creía que me ibas a llamar por mi nombre de pila-le recordó-Vamos a casarnos. Tenemos que tutearnos.
            Mary se acercó lentamente a él. No se atrevía a mirar a Robert a los ojos. Mantenía la vista gacha.
-Lo siento-se disculpó.
            Robert se preguntó una vez más qué le había ocurrido a Mary en el pasado. Y se preguntó de nuevo el porqué no confiaba en él. Dios sabía que no era quién para juzgar a nadie.
-El estar comprometidos nos obliga a ser sinceros el uno con el otro-afirmó Robert-Si tienes que contarme algo, puedes hacerlo. Nunca te juzgaré. Sólo quiero que confíes en mí.
-Todo está bien-mintió Mary.
-¿Estás segura?
               Mary asintió con vehemencia. No podía contarle la verdad a Robert. Tenía miedo de su reacción. Él podía retar en duelo al hombre que la violó. Pero, ¿cómo iba a poder encontrarle? Mary no le llegó a ver la cara. Apenas podía recordar el sonido de su voz. El miedo bloqueaba todos aquellos recuerdos. Además, era una ilusa si creía que Robert le iba a hacer justicia. El conde vengaría sólo su ego herido.
            Pero él le cogió la mano con cariño. Se la llevó a los labios.
            Robert deseaba desesperadamente amar a Mary. Había llegado a quererla mucho. Pero se trataba de un cariño más bien fraternal. Le enfurecía pensar que alguien hubiera podido hacerle daño. ¿Por qué Mary no confiaba en él?
           Le dio un beso en la mejilla.
-Quiero que sepas que eres la mujer más maravillosa que jamás he conocido-le aseguró-Y que estoy muy contento de que te cases conmigo.
-No sé qué decir-se asombró Mary.
-Te juro que nunca te haré daño. Mírame a los ojos-La besó en la frente-Te juro por la memoria de mi padre que jamás te haré daño. Nunca falto a mis juramentos, Mary.
            Aquellas palabras conmovieron a la joven. Una lágrima de emoción resbaló por su mejilla. Sin saber bien lo que hacía, Mary rodeó el cuello de Robert. Le dio un beso ansioso en la boca.

domingo, 11 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
Tras varios días sin dar señales de vida, retomo hoy con más ganas Cruel destino. 
Ya hemos visto cómo se ha celebrado la fiesta de compromiso entre Mary y lord Robert.
Los temores de Mary a que su prometido descubra su secreto van creciendo a medida que se va acercando la fecha de la boda.

                   Mary no había pegado ojo en toda la noche. Permaneció despierta mirando al techo de su habitación. Le asustaba cerrar los ojos.
                  Vería pasar ante ella las mismas imágenes que se repetían una y otra vez en su cabeza desde hacía ya mucho tiempo.
                  Ya era oficial.
                  Lord Robert y ella estaban prometidos. Incluso, se había fijado ya la fecha de la boda. Se celebraría en los primeros días de julio de aquel año. Quedaba cada vez menos para que llegara ese día. Y el miedo se iba apoderando cada vez más de Mary.
                  Al día siguiente, Mary bajó a desayunar. Toda su familia estaba sentada alrededor de la mesa del comedor.
-Me imagino que estarás muy nerviosa-le comentó Sarah.
                 Mary se sirvió café en su taza con mano temblorosa.
                 Su padre estaba leyendo el periódico.
-La noticia de tu compromiso llegará a la prensa en los próximos días-le comentó-Después de eso, aparecerá en todos los periódicos de Gales. Con un poco de suerte, aparecerá en todos los periódicos de Gran Bretaña. ¿No estás contenta?
                Mary asintió débilmente. No estaba nada contenta. Lo único que quería era morirse. Sus hermanas se dieron cuenta de que había pasado mala noche. Tenía unas profundas ojeras alrededor de sus hermosos ojos. Mary apenas podía articular palabra. Sólo Sarah sabía lo que estaba pasando por la mente de la joven. La entendía.
-¿No estás contenta?-repitió mister Wynthrop-Vas a casarte con uno de los hombres más ricos de Gales. Otra joven en tu lugar estaría dando saltos de alegría.
-Nuestra Mary es muy comedida-intervino mistress Wynthrop-Estoy segura de que es muy feliz. Pero guarda sus sentimientos para sí. Hace bien. No quiero que dé un espectáculo.
-Sí, madre-susurró la aludida-Eso es lo que me pasa. Sí...
             Katherine le dio un mordisco a su tostada untada con mantequilla.



                 Mary intercambió con Sarah una mirada cargada de significado.
-Tengo que hablar contigo-le dijo en voz alta.
                 Todo el mundo se las quedó mirando sorprendido. Luego, pensaron que Mary querría comentarle a Sarah algo acerca de la boda. Algo que no querían compartir con los demás. Katherine sintió curiosidad. ¿De qué querrían hablar sus dos hermanas mayores?
-¿Tiene que ser ahora?-inquirió Sarah.
                 Mary asintió con vehemencia. Sentía que todo el cuerpo le temblaba. No veía la hora de salir corriendo del comedor.
-Terminad de desayunar-les ordenó mister Wynthrop-Y, luego, podéis hacer lo que queráis.
-Sí, padre-dijo Mary.
                Sarah se fijó en lo pálida que estaba su hermana mayor. Se preguntó si su boda con el conde de Maredudd era lo mejor que podía pasarle.

                  Sarah y Mary salieron al jardín.
                 Una vez fuera, Mary rompió a llorar desconsoladamente. Era incapaz de articular palabra. Sus lágrimas resultaron ser más expresivas que sus palabras.
                 Sarah entendía el terror que su hermana mayor sentía.
-No te cases si no quieres-le aconsejó.
                 Mary negó con la cabeza. No quería defraudar a sus padres. Los veía más ilusionados que ella misma con aquel enlace.
-Si no me caso con el conde, me odiarán-se lamentó-¡No sé qué hacer, hermana! Tengo mucho miedo. No me atrevo a contárselo a Robert. ¡Me repudiará!
               Sarah abrazó con cariño a Mary. No podía entender el porqué la vida se había ensañado tan cruelmente con ella. Mary siempre se había portado bien. ¿Por qué le había pasado aquello? No podía entenderlo. Le costaba trabajo entenderlo.
-Me quiero morir-sollozó Mary.
-¡No digas eso!-le pidió Sarah.
               Ignoraba que una idea descabellada empezaba a nacer en la cabeza atormentada de Mary.