jueves, 29 de enero de 2015

LA VIDA ES UN MOMENTO EFÍMERO

Hola a todos.
Aquí os traigo el final de mi relato La vida es un momento efímero. 
Deseo de corazón que, a pesar de todo, os haya gustado.

                                A aquel primer beso que nos dimos Kevin y yo siguieron otros muchos besos.
                                Y, una noche, en un descampado, mientras nos estábamos besando de forma apasionada, me besó en el cuello y me dejé llevar.
                                Al principio, estuvo a mi lado. Me abrazaba cuando sentía el deseo de llorar.
                                A lo mejor, es mejor que Kevin no esté aquí. Es mejor que no vea cómo me muero. Quizás, el ver cómo expiro le destroce la vida. Quizás, esté llorando a solas en su habitación. Puede que esté pensando en mí. En lo mucho que me quiere. En que no volveré a enviarle mensajes por el WhatSapp.
                               Quizás, también, esté con otra chica. Una chica sana que le guste.
                              Una extraña paz me inunda.
                              La habitación se llena de luz. ¡Es una luz tan intensa! ¡Tan bonita!
                              Miro a mi madre, quién solloza de forma desesperada.
-Hay luz en la habitación-le digo.
-¡No la mires!-me implora gritando histérica.
-Es que quiero ir hacia ella.
                             Mi madre ha sido la más fuerte durante todo este proceso doloroso. Mi madre pensaba que yo me recuperaría. No ha descansado en ningún momento desde que ingresé. No se ha ido a casa más que para cambiarse de ropa porque no quería que yo me quedara sola. A pesar de que Roberto le insistía en que se quedaría conmigo.



                               Los médicos empezaron a desconectar máquinas.
                               Sofía, la madre de Catalina, presenciaba sin ver nada aquella espantosa escena. Las lágrimas rodaban sin control por sus mejillas.
-¡Catalina!-gritó presa de la desesperación.
                             Sin embargo, su hija ya no podía oírla. Su hija estaba en un lugar mejor, le dijo una monja que estaba allí. No volvería a sufrir. No volvería a estar nunca más enferma. Sería como un ángel.
                             Sofía se abrazó al cuerpo sin vida de Catalina.
                            Debía de asumir que su hija se había ido. Que nunca más volvería a verla.
                           Roberto no sabía qué decir. Tan sólo sabía que él no había podido hacer nada para devolverle la salud a Catalina. Aquella chica pálida y delgada no se parecía en nada a la niña rolliza que ayudó a nacer. Era la peor de sus pesadillas.
                           Una de las enfermeras comentó algo. Catalina tenía una sonrisa en la cara grabada.
-Se fue feliz-afirmó.

FIN

Esta historia transcurre durante el 2014. Es lo más contemporáneo que he escrito hasta la fecha. 


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