sábado, 31 de enero de 2015

LA PETICIÓN

Hola a todos.
Hoy, seguimos con la segunda parte de mi relato La petición. 
Christine le está buscando una esposa a su primo Ian, que es viudo. Pero...Las cosas pueden cambiar.

Ian se quedó una temporada en casa de su tía Alyssa.
            Su tía insistió mucho en que se quedara. Decía que Ian no debía de estar solo en su casa. Los recuerdos de Marsali acudirían a su cabeza. Le atormentarían.  
Hacía doce años que el marido de Alyssa había muerto.
En teoría, un accidente de caza. En realidad, se pegó un tiro al darse cuenta de que estaba arruinado. Quiso acceder a la fortuna de su mujer.
Pero Alyssa se negó. Su marido le había hecho la vida imposible con sus muchas aventuras con otras mujeres. Sabía que había llenado toda la región de bastardos.
No le permitiría acercarse a la dote de Christine.
            Ian también protegía de manera feroz a su prima. Christine estaba al tanto de las veces en la que su primo se había peleado con hombres que estaban interesados en ella.
            Ian afirmaba que ninguno de aquellos petimetres le llegaba a la suela de los zapatos. En su opinión, Christine merecía otra clase de marido. Necesitaba a su lado a un hombre fuerte. A un hombre que velara por ella. Merecía ser feliz.          
A veces, Ian se sorprendía así mismo mirando demasiado fijamente a Christine. Se daba cuenta de que los ojos azules de su prima tenían el mismo color que un cielo despejado. Incluso, le parecían curiosas las espesas y largas pestañas que rodeaban a aquellos ojos. Christine no era una joven precisamente coqueta.
Los ojos de la joven siempre estaban alegres. Sólo se oscurecían cuando pensaba en Ian.
Los besos que su primo le daba en las mejillas parecían haberle hecho olvidar aquel incidente inoportuno durante uno de sus paseos.
__Hemos de centrarnos en buscarte esposa__le había dicho.
Sin embargo, la forma que tenía Ian de mirarla últimamente estaba empezando a poner nerviosa a Christine. Debía de centrarse en la tarea que Marsali le había encomendado.
Christine no podía conciliar el sueño por las noches. Memorizaba los nombres de las jóvenes solteras de buena familia que había en Inglaterra. Ella conocía a varias de aquellas jóvenes.
Le había mencionado a Ian los nombres de varias candidatas a convertirse en su esposa. Pero él no parecía estar entusiasmado por ninguna de ellas.
__Estás tomándote demasiadas molestias por mí__le dijo una tarde lluviosa, mientras jugaban a las cartas.
__No quiero que estés solo__afirmó Christine.
__Deberías de pensar menos en mí y pensar un poco más en ti.
De pronto, Ian empezó a sentirse incómodo al estar cerca de Christine. Y algo similar empezó a pasarle a la joven. Alyssa no se dio cuenta en un primer momento de que algo estaba pasando entre su sobrino y su hija. Sólo sabía que a Christine se le había metido la idea de buscarle esposa a Ian. Y que su sobrino se negaba a volver a casarse. Para entonces, varios caballeros empezaron a fijarse en Christine. Y empezaron a ir a visitarla a su casa con la intención de cortejarla.
Cuando empezaron a robarle besos a la joven, Ian sintió cómo alguien le estaba dando puñetazos en el estómago.
__¡Son todos unos petimetres indignos de ti, Chrissy!__afirmó una tarde.
La joven estaba interpretando una pieza con su arpa.
__Cualquiera diría que estás celoso de ellos__bromeó.
Pero dejó de reírse.
__Estás celoso__murmuró.

Ian la oyó.


                                 

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