jueves, 5 de febrero de 2015

RETO DE SAN VALENTÍN DE "ACOMPÁÑAME"

Hola a todos.
Se acerca San Valentín, una fecha muy especial. Es el Día de los Enamorados.
Los chicos del blog "Acompáñame" han decidido tirar la casa por la ventana para celebrarlo y han organizado tres retos para celebrarlo.
Lo que viene a continuación es un copia y pega.

- RETO 1: Realizar una imagen (no vale sacada de Internet) con el programa que queráis y añadir una frase o deseo para este San Valentín...
Y una vez realizada seguir estos pasos:
  • Publicarla en tu blog, si eliges esta opción debes: 
    • Poner como título de la entrada: Reto acompáñame San Valentín 2015.
    • Publicar la imagen.
    • Pasar por el blog y dejarnos la URL de la entrada.
  • Publicarla en facebook, si eliges esta opción debes:
    • Publicarla como una imagen pública escribiendo que participas en el reto acompáñame San Valentín 2015.
    • Añadir #Retoacompañame
    • Excepciones: Si la imagen es publicada en un grupo cerrado, deberás enviar un correo electrónico a irisamigos@hotmail.es indicando el grupo donde has publicado la imagen y adjuntar como archivo la imagen publicada.
  • Publicarla en Twitter:
    • Poner que participas en el reto de acompáñame San Valentín 2015, y añadir #Retoacompañame, @anescris, @kassius9, @Tamara_xiky
  • Publicarla en Instagram.
    • Añadir #Retoacompañame y @anescris
  • Si no tienes nada de lo anterior y aun así quieres participar, envíanos un e-mail a irisamigos@hotmail.es indicando en el asunto que participas en el reto de San Valentín.

Entrarán las imágenes publicadas hasta el 1 de Febrero de 2015, con todas ellas se realizará un vídeo como el de Navidad, pero indicando nuestros buenos deseos para San Valentín, se advierte que debido a que son muchas redes sociales alguna imagen puede pasársenos por alto, si quieres asegurarte de que llegue, envíala al correo de irisamigos@hotmail.es.

RETO 2: Realizar una carta (la extensión que queráis y no vale sacada de Internet) cuya temática sea el amor o la amistad, puede ser dedicada o no, dichas cartas se enviarán a irisamigos@hotmail.es escribiendo:
  • Doy autorización para que el blog acompáñame adjunte mi carta a un libro que será de descarga gratuita y si procede a que se realice un vídeo o grabación con dicha carta.
  • Doy autorización para que mi carta, sea posteada en el blog acompáñame durante el año 2015, poniendo mi nombre, como autor de dicha carta.
  • Aseguro que esta carta ha sido escrita por mí, y por tanto pertenece a mi autoría.
Las cartas no será obligatorio colgarlas en ningún medio o red social, pero si se hace, no os olvidéis de decir que estáis participando en el reto de acompáñame San Valentín 2015, añadir #Retoacompañame.

RETO 3: Realizar una decoración de San Valentín para vuestras páginas, blogs, etc y enviarnos vuestra participación y la url de vuestra página, blog, mediante un correo electrónico a irisamigos@hotmail.es. Añade además una frase corta que explique el motivo de tu participación. Todas las páginas y blogs serán expuestos mediante una entrada en nuestro blog para que los visitantes las vean y voten sobre la mejor.

Las bases de dicho reto pueden ser variadas si los administradores del blog lo ven conveniente, pero jamás quitaremos la autoría de dichas imágenes o cartas a sus autores.

¿A qué estáis esperando para partiicpar en cualquiera de estos retos? 

miércoles, 4 de febrero de 2015

LA PETICIÓN

Hola a todos.
Y aquí os traigo el final de mi relato La petición. 
Se trata de un fragmento más bien cortito porque se cierra la historia de Ian y de Christine.
¡Vamos a ver lo que ocurre!
Os agradezco de corazón que hayáis estado ahí leyendo esta tierna historia con toques de romanticismo.

                                    De algún modo, Marsali siempre supo la verdad.
                                   A pesar de lo mucho que Ian la quería, el corazón de su marido siempre perteneció a Christine. Por eso, cuando sintió que su muerte estaba cerca, Marsali tuvo la sensación de que Ian acabaría casándose con la mujer que realmente amaba. Había sido el mejor de los hombres con ella.
                                  La había querido mucho. Pero no se trataba de amor verdadero.
                                 Y la única que le inspiraba aquel sentimiento a Ian era Christine.
                                 Ian logró hacer realidad su sueño. Se casó con Christine. Fue una boda celebrada a toda prisa. Pero no les importó a ninguno.
                                Al unirse en el lecho con Christine, Ian se sentía el hombre más feliz del mundo al poder besar apasionadamente sus labios. Al poder recorrer con la lengua su cuello. Al poder besar sus senos.
                               Christine, de algún modo, había cumplido la promesa que le había hecho a Marsali.



FIN
                             

martes, 3 de febrero de 2015

LA PETICIÓN

Hola a todos.
Hoy, subo el penúltimo fragmento de este bonito relato con tintes románticos.
¿Qué harán Christine e Ian para poder casarse?
¡Vamos a averiguarlo!

                                  Después de haber pasado su primera noche de amor, Christine e Ian decidieron encontrarse en el desván.
                                  Debían de hablar de muchas cosas.
                                 Sabían que se amaban. Quizás, al morir, Marsali pensó que Christine sería la mujer que más le convenía a Ian.
                                  En su fuero interno, él siempre albergó profundos sentimientos hacia Christine. Sentimientos que se había esforzado en reprimir. Pero no había podido seguir reprimiéndolos. Quería gritar a los cuatro vientos que la amaba. En muchas familias, los primos se casaban entre ellos. Pero no ocurría eso en la familia de ambos. Lo veían como algo incestuoso.
                                Sólo había una manera de conseguir que Alyssa aceptara la boda.
-Tiene que encontrarnos juntos en una situación comprometida-opinó Christine.
-¿Tú crees que mi tía aceptará que nos casemos si piensa que te he deshonrado?-inquirió Ian con curiosidad.
-Mi madre no sabe que ya me has deshonrado. Pero tiene que verlo.
-¿Vas a mostrarle la mancha que hay en tu cama? Había sangre.
-Mi doncella piensa que me ha bajado la regla y me ha entregado unos paños, como hace siempre. ¡He sido una tonta por no haber pensado en eso antes!
                             Fue algo relativamente fácil de conseguir. Alyssa acudió aquella tarde a visitar a una amiga suya, como hacía con frecuencia.
                              Christine calculó más o menos a qué hora llegaría su madre. Ian y ella se quedaron solos en el salón. El plan era que, al llegar Alyssa, les encontraría en una situación comprometida. Entonces, les obligaría a casarse.
                              Sin embargo, mientras Alyssa llegaba, la situación se fue calentando entre Ian y Christine.
                               Los dos cayeron sobre el sofá en el que habían estado sentados.
                               Los besos que se dieron se tornaron cada vez más apasionados. Las manos de Ian acariciaron la piel de Christine por debajo de su ropa interior. La joven lo abrazó con fuerza al tiempo que el uno se saciaba del otro.
                             Entonces, oyeron un grito espantoso. Alyssa acababa de entrar en el salón.
                             Y había encontrado a su sobrino medio desnudo y a su hija debajo de él con el vestido desabrochado y rodeando con sus piernas desnudas la cintura de Ian.
-¿Qué está pasando?-preguntó Alyssa con voz aguda y estridente-¿Qué estáis haciendo?
                             Los labios de su hija y de su sobrino estaban hinchados por los besos. Ian tenía un pequeño mordisco en el cuello que le había dado Christine.
-¡Exijo una explicación!-añadió Alyssa furiosa-¿Qué estabais haciendo?
-Tía Alyssa...-titubeó Ian-Déjeme que le explique. Nosotros...Chrissy...Y...Yo...
                                Se vistieron de forma apresurada. Eso era algo que Christine no había previsto. Su madre la había sorprendido con Ian fornicando con él. ¡Fornicar! ¡Qué palabra más espantosa! Pero su amor no era sólo platónico. También era algo carnal. Real...
                                Debía de ser de otra manera. Debían de fingir que habían tenido relaciones íntimas. No así.
                               Los criados acudieron al escuchar los gritos de Alyssa. La mujer estaba tan furiosa que parecía estar a punto de emprenderla a golpes con Ian. ¿Cómo se le ocurría deshonrar a su prima bajo su mismo techo? Hubo que tranquilizar a Alyssa. La mujer tuvo que ser sujetada por el ama de llaves porque quería matar a Ian. Con voz serena, aunque temblorosa, el joven le confesó a su tía que estaba enamorado de Christine. Que era con ella con quien quería casarse. Que la había hecho suya en un rapto de pasión. Pero que quería casarse con ella porque no se imaginaba la vida lejos de su lado. Cuando Alyssa hubo llorado, se hubo desmayado, hubo vuelto en sí después de que le aplicaran sales aromáticas su doncella bajo la nariz y hubo vuelto a llorar, tuvo que ceder.
                           Ian y Christine se casarían.
-¡Qué sea lo antes posible!-concluyó Alyssa con voz chillona.

lunes, 2 de febrero de 2015

LA PETICIÓN

Hola a todos.
Entre hoy, mañana y pasado espero poder terminar de subir mi relato La petición. 
Vamos a ver cómo cómo avanza la relación entre Christine e Ian.

-¿Qué estás haciendo aquí?-le preguntó una noche Christine a Ian.
-He venido a darte las buenas noches-respondió el joven con sinceridad.
-¡Oh, Dios mío! ¿Te has vuelto loco? Te puede ver alguien. ¡Mi madre podría verte!
-Déjame que me quede contigo.
                       Ver a Ian en su habitación al filo de la madrugada era algo que Christine jamás imaginó que pasaría.
                        Pero él estaba allí. Estaba cerca de su cama. ¡Y se estaba quitando la ropa!
                        El corazón de Christine empezó a latir a un ritmo enloquecido. Su sentido común le indicaba que debía de echar a Ian de su habitación. Pero no sabía qué hacer.
                        Ian sí sabía el porqué había acudido al cuarto de su prima. Necesitaba estar con ella. Quería estar con ella de todas las maneras.
-¿Quieres que me vaya?-le preguntó con voz ronca mientras se despojaba de la ropa interior.
                        La garganta se le secó a Christine al ver a su primo completamente desnudo ante ella. No era capaz de pensar con racionalidad mientras pensaba que poseía un cuerpo esbelto y bien formado.
                        Ian se metió en la cama junto a Christine como algo normal. Debía de ser algo normal porque el miedo se le pasó a la joven de un plumazo.
                        Ian acarició con la mano el cabello suelto de Christine.
                        Desató los lazos de su camisón al tiempo que empezaba a besarla de manera frenética.
                        Le sacó el camisón por la cabeza y Christine le ayudó en su tarea.
-No...-alcanzó a responder la joven-No quiero que te vayas.
                         Estaba temblando. Dejó de temblar cuando Ian la abrazó con fuerza. Quería protegerla de todo.
                         Christine no se envaró cuando las manos de Ian comenzaron a acariciar su cuerpo. Ni cuando empezó a besarla en el cuello. Se sorprendió así misma devolviéndole todos los besos que le daba. Estaba siendo sincero con ella cuando le decía que la amaba. También lo amo, pensó Christine con estupor. No podía pensar con claridad ni recordar la promesa que le había hecho a Marsali.
                         Ian también la deseaba.
                         Lo sintió cuando la lengua del joven se paseó por los senos de Christine. Cuando sintió la piel caliente de la joven en contacto con la piel caliente de Ian.
                          Los recuerdos no se interpusieron entre ellos. No pensaron tampoco en Alyssa, que dormía en la habitación contigua a la habitación de Christine. No pensaron en nada de eso. Tan sólo estaban ellos dos.
                          Ian mordisqueó el lóbulo de la oreja de Christine.
                          La muchacha no sintió dolor alguno cuando el cuerpo de Ian invadió su cuerpo. Tan sólo se aferró a él con más fuerza que antes.
                            Al terminar, Christine tenía la sensación de estar mareada.
                            Ian llenó de besos su cara mientras le repetía una y otra vez lo mucho que la amaba.
                            Fue el primero en quedarse durmiendo. Christine no terminaba de creerse lo que había pasado. Lo que acababa de pasar entre su primo y ella.
                            Tardó en quedarse dormida con la cabeza apoyada en el hombro de Ian. Sintiendo cómo su mano rodeaba la cintura de ella.



domingo, 1 de febrero de 2015

LA PETICIÓN

Hola a todos.
Aquí os traigo el tercer fragmento de mi relato La petición. 
¡Vamos a ver qué ocurre hoy!

                                    Debía de admitirlo.
                                    De algún modo, Christine había logrado colarse en el corazón de Ian, pero no como su prima que era. La miraba. Y sólo veía a una mujer.
                                    Una tarde, estando los dos a solas en el salón, Ian decidió sincerarse con ella. Alyssa se había retirado a su alcoba a dormir la siesta. Christine estaba escribiendo una lista con los nombres de las candidatas.
                                   Sin darse cuenta, Ian empezó a hablar. Le confesó a Christine que no estaba interesado en ninguna de aquellas jóvenes. Que no quería casarse con ninguna de ellas. Tal vez, podría parecerle una traición a lo que le había pedido Marsali que hiciera. Pero él estaba enamorado de ella.
                                 En un primer momento, Christine pensó que su primo le estaba gastando una broma. Debía de ser una broma.
                                 Hasta que le vio arrodillado ante ella besando sus manos con fervor.
-¿Te has vuelto loco?-le preguntó con temor.
-Estoy loco por ti, Chrissy-respondió Ian con vehemencia.
-¡Levántate ahora mismo del suelo!
-Estoy a tu servicio.
                              A partir de aquel momento, Christine decidió mantener las distancias con Ian. Salía a pasear ella sola, ante el horror de su madre.
-Llévate por lo menos a tu dama de compañía-le pedía Alyssa.
                            Su dama de compañía tenía cuarenta años. Estaba todavía soltera y no había renunciado a casarse.
                             Solía ponerse a coquetear con los hombres que veía en la orilla del río pescando. Era demasiado violento para Christine salir a pasear con ella. Pero era mejor que estar con Ian después de lo que le había confesado. ¿Cómo podía decirle con tanta vehemencia que la amaba?
                             ¿Acaso no quería pensar en Marsali? ¡No querría verle casado con ella! Se había vuelto loco.
                              Ian no sabía qué hacer para ganarse de nuevo la confianza de Christine. Se arrepentía de haberle declarado su amor.
                             Para Christine, él era tan sólo su primo. Había traicionado la confianza que había depositado en él. No sabía qué iba a pasar entre ellos. Ian tan sólo sabía que no quería renunciar a ella.
                           Era feliz cuando besaba la frente de Christine todas las noches cuando ella se retiraba a su habitación.
                           Pero no era suficiente.
                           Se conformaba con ello. Y, al cabo de algún tiempo, a Christine le pareció que era demasiado poco.
                            Era feliz cuando Ian cogía sus manos, se las besaba y le decía que eran delicadas y blancas como la nieve. Y, una tarde, mientras sentaban sentados a la orilla del río, Ian se atrevió a robarle un beso y Christine sintió cómo una ola de calor inundaba su cuerpo.
                          Lo admitía. Le había gustado.

sábado, 31 de enero de 2015

LA PETICIÓN

Hola a todos.
Hoy, seguimos con la segunda parte de mi relato La petición. 
Christine le está buscando una esposa a su primo Ian, que es viudo. Pero...Las cosas pueden cambiar.

Ian se quedó una temporada en casa de su tía Alyssa.
            Su tía insistió mucho en que se quedara. Decía que Ian no debía de estar solo en su casa. Los recuerdos de Marsali acudirían a su cabeza. Le atormentarían.  
Hacía doce años que el marido de Alyssa había muerto.
En teoría, un accidente de caza. En realidad, se pegó un tiro al darse cuenta de que estaba arruinado. Quiso acceder a la fortuna de su mujer.
Pero Alyssa se negó. Su marido le había hecho la vida imposible con sus muchas aventuras con otras mujeres. Sabía que había llenado toda la región de bastardos.
No le permitiría acercarse a la dote de Christine.
            Ian también protegía de manera feroz a su prima. Christine estaba al tanto de las veces en la que su primo se había peleado con hombres que estaban interesados en ella.
            Ian afirmaba que ninguno de aquellos petimetres le llegaba a la suela de los zapatos. En su opinión, Christine merecía otra clase de marido. Necesitaba a su lado a un hombre fuerte. A un hombre que velara por ella. Merecía ser feliz.          
A veces, Ian se sorprendía así mismo mirando demasiado fijamente a Christine. Se daba cuenta de que los ojos azules de su prima tenían el mismo color que un cielo despejado. Incluso, le parecían curiosas las espesas y largas pestañas que rodeaban a aquellos ojos. Christine no era una joven precisamente coqueta.
Los ojos de la joven siempre estaban alegres. Sólo se oscurecían cuando pensaba en Ian.
Los besos que su primo le daba en las mejillas parecían haberle hecho olvidar aquel incidente inoportuno durante uno de sus paseos.
__Hemos de centrarnos en buscarte esposa__le había dicho.
Sin embargo, la forma que tenía Ian de mirarla últimamente estaba empezando a poner nerviosa a Christine. Debía de centrarse en la tarea que Marsali le había encomendado.
Christine no podía conciliar el sueño por las noches. Memorizaba los nombres de las jóvenes solteras de buena familia que había en Inglaterra. Ella conocía a varias de aquellas jóvenes.
Le había mencionado a Ian los nombres de varias candidatas a convertirse en su esposa. Pero él no parecía estar entusiasmado por ninguna de ellas.
__Estás tomándote demasiadas molestias por mí__le dijo una tarde lluviosa, mientras jugaban a las cartas.
__No quiero que estés solo__afirmó Christine.
__Deberías de pensar menos en mí y pensar un poco más en ti.
De pronto, Ian empezó a sentirse incómodo al estar cerca de Christine. Y algo similar empezó a pasarle a la joven. Alyssa no se dio cuenta en un primer momento de que algo estaba pasando entre su sobrino y su hija. Sólo sabía que a Christine se le había metido la idea de buscarle esposa a Ian. Y que su sobrino se negaba a volver a casarse. Para entonces, varios caballeros empezaron a fijarse en Christine. Y empezaron a ir a visitarla a su casa con la intención de cortejarla.
Cuando empezaron a robarle besos a la joven, Ian sintió cómo alguien le estaba dando puñetazos en el estómago.
__¡Son todos unos petimetres indignos de ti, Chrissy!__afirmó una tarde.
La joven estaba interpretando una pieza con su arpa.
__Cualquiera diría que estás celoso de ellos__bromeó.
Pero dejó de reírse.
__Estás celoso__murmuró.

Ian la oyó.


                                 

viernes, 30 de enero de 2015

LA PETICIÓN

Hola a todos.
Aquí os traigo este relato que transcurre en el siglo XVIII en una isla inglesa situada en el río Támesis. En concreto, está dividido en varias partes para que no resulte pesado.
Se titula La petición y es de corte romántico y bastante más optimista que el anterior.
Espero que os guste.

ISLA DE SANTA MARÍA, EN EL RÍO TÁMESIS, 1750

Quería mucho a su primo Ian. Por ese motivo, estaba tan preocupada por él. La esposa de Ian había caído gravemente enferma. El médico no le daba muchas esperanzas de que viviera. Sin embargo, Christine quería ser positiva. Pensaba que acabaría curándose.
            Su prima política era una mujer joven y fuerte. Nunca antes había estado enferma.
            Sin embargo, Christine no podía evitar estar preocupada. Trataba de disimular cuando estaba delante de Ian. Pero éste la conocía demasiado bien. Christine lo pasaba mal cuando veía al médico practicarle una sangría a la esposa de su primo. La joven estaba tan débil que apenas tenía fuerzas para oponerse.
 __Te vas a poner bien__solía decirle a ésta.
__Sé bien que me voy a morir__se lamentaba la joven.
__¡No digas tonterías!
            Sin embargo, la mujer de Ian había asumido que iba a morir. Le dolía tener que dejar a Ian solo. Su matrimonio había ido mal. La pasión que les unió se esfumó. Pero Ian había sido muy importante en su vida.  
__¡No quiero que Ian se quede solo!__suplicaba.
__¡Claro que no se va a quedar solo!__le aseguraba Christine.
            Le pasaba un paño empapado en agua por la frente. Christine procuró esbozar una sonrisa. El médico estaba a punto de llegar. Su prima política estaba muy alterada. Tenía mucha fiebre. Deliraba.
__Te vas a poner bien__proseguía Christine__Vais a haceros viejos juntos. Y tendréis muchos hijos.
             Se turnaba con Ian para cuidar de su esposa.
 __No dejes que Ian se quede solo__le había pedido Marsali, la prima política de Christine, antes de morir__Búscale una esposa. Una mujer que le quiera de verdad. 
__Te lo prometo__le había asegurado Christine. 
Había pasado un año y Christine no terminaba de creerse que Marsali, aquella escocesa de cabello de color rojo fuego que había enamorado a su primo Ian, se hubiese marchado para siempre. Marsali tenía un carácter fuerte y decidido. Y gozaba de una excelente salud. Hasta que una neumonía fulminante acabó con su vida. Nadie lo vio venir. Christine creía que las sangrías que le había practicado el médico habían acelerado la muerte de Marsali.
El periodo de luto había terminado.
Había llegado la hora de buscarle una esposa a Ian.
__¿Cuándo vas a empezar a buscar esposa?__le había preguntado Alyssa, tía de Ian y madre de Christine, a éste cuando iba a visitarlas.
__No tengo interés alguno en volver a casarme__respondía el joven.
__Tienes derecho a rehacer tu vida, hijo.
__Quise mucho a Marsali. Admito que mi matrimonio nunca fue del todo bien. Nos unió una intensa pasión, pero, cuando la pasión se evaporó, no quedó nada.
__Tienes veintitrés años. Estás a tiempo de rehacer tu vida.
Entonces, a Christine se le ocurrió una idea. Elaboró una lista con las posibles candidatas a convertirse en la esposa de Ian. Su primo no era un hombre rico precisamente.
Por culpa de su tío, había desaparecido la fortuna familiar. Alyssa le dio el puesto de contable.
La situación de Alyssa era mejor con relación a la familia de su marido, los Bryce. Su marido y el padre de Ian eran hermanos. Los dos tenían el mismo carácter derrochador. Sin embargo, Alyssa tuvo la precaución de guardar la fortuna que le legó su familia.
De aquel modo, pudo proporcionarle una dote a Christine. Su hija tenía veinte años.
Todavía no se había casado. Para ella, Ian había sido como un hermano mayor.
Cuando salía a pasear por la isla en compañía de su primo, Christine enumeraba a las mejores candidatas. Dado que su primo Ian había estado casado con una escocesa, también había pensado en las jóvenes de buena familia que habría en Escocia.
Sin embargo, Marsali venía de familia más bien humilde. Su madre había sido una joven sirvienta que se había quedado embarazada sin estar casada.
Todo eso no le había importado nada a Ian cuando se casó con ella. Sin embargo, una vez pasada la pasión que les unió, su esposa parecía estar siempre furiosa con él.
__No creo que casarme de nuevo sea una buena idea, Chrissy__opinó Ian durante uno de aquellos paseos.
__Marsali te quería__le recordó su prima.
__A veces, tengo mis dudas al respecto. A veces, pienso que me odiaba.
Quería seguir con su vida. No entendía el porqué Christine se había empeñado en buscarle esposa. Le mencionó a una joven.
__Su padre es el dueño de una importante empresa naviera__le comentó__Al morir, le legó toda su fortuna.
Ian pasaba mucho tiempo con Christine. A veces, tenía la sensación de que pasaba demasiado tiempo con ella.
El cabello de color rubio ceniza lo llevaba recogido en un peinado a la moda. Su piel era blanca como la leche. Su cara tenía la forma de un óvalo perfecto. Y sus ojos tenían una mirada pícara.
No entendía el porqué todavía no se había casado.
__¿Por qué no piensas en buscarte tú un marido?__le preguntó durante otro paseo__Ya tienes veinte años. Van a pensar que eres una solterona.
__No me casaré hasta que no te haya encontrado la esposa adecuada__respondió Christine con firmeza__Se lo prometí a Marsali. Y yo nunca falto a ninguna de mis promesas.
__Eres demasiado leal, Chrissy.
__Sólo quiero que seas feliz.
__¿Y qué pasa contigo?
__Yo estoy muy bien como estoy. ¡De verdad!
__Pero…Mereces ser feliz tú también, Chrissy. Mereces encontrar a un hombre que te ame por encima de todo. Piénsalo.
            Christine besó a Ian en la mejilla.
__¡Qué tonto eres!__se rió.
__¿Por qué lo dices?__se extrañó Ian.
__Alguien debe de cuidar de tus hijos para cuando vuelvas a casarte y seas padre.
__¡No creo que eso llegue a ocurrir! Antes, seré el padrino de tus hijos.
Christine abrazó con cariño a Ian.
Era su primo favorito.
Ian le devolvió el abrazo. Le dio un beso en la mejilla.
Christine había sido su más leal amiga desde que eran pequeños.
Fue la única que le apoyó cuando regresó de un viaje a Escocia en compañía de Marsali, con la que se había casado. Fue la única que quiso a su esposa como a una hermana desde que la vio por primera vez.
__De verdad que estoy bien__le aseguró Ian__No es mala la soledad.
Quiso darle un beso a Christine en la mejilla.
Pero acabó besándola por accidente en los labios.
Fue sólo eso. Un accidente...
Pero Christine se puso tensa. E Ian no sabía qué hacer.
__Lo siento__se disculpó, notando cómo la sangre se agolpaba en sus mejillas.

Le dio un beso en la frente.