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lunes, 23 de noviembre de 2015

SABÍAS QUÉ...

Hola a todos.
Es verdad que todavía falta algún tiempo hasta que se celebre el Día de San Valentín.
Pero navegando por Internet he encontrado esta curiosa información que no he podido resistir compartir con vosotros.
Las primeras tarjetas de San Valentín datan del año 1842. En Estados Unidos, empezaron a venderse los primeros valentines, nombre con el que son conocidas esta tarjetas. Incluso, ya tenían su característica forma de corazón o de Cupido. Se regalaban también rosas a las personas amadas.
Es verdad lo que se suele decir.
¡Nunca te acostarás sin saber algo nuevo!

sábado, 22 de agosto de 2015

CONSEJOS VERSIÓN NOVELA ROMÁNTICA DE ÉPOCA

Hola a todos.
La entrada que hago hoy es muy breve.
Una de las cosas que más me ha llamado la atención mientras leía novela romántica histórica son los consejos que le dan a la protagonista. Consejos que tienen que ver con lo que sería su primera vez. Naturalmente, se tienden a los extremos.
La protagonista se convierte en poco menos que una experta después de su primera vez. Donde ve fuegos artificiales por doquier. Todas las escritoras (y los escritores) de novela romántica histórica tendemos a cometer ese fallo. Nos vamos a un extremo.
Pero está el otro extremo. ¿Y quiénes representan ese extremo? Es la madre de la protagonista. Su amiga casada...O una de sus doncellas, que tiene experiencia previa con los hombres.
Lo que dicen es que la primera vez suele ser muy dolorosa. Es cierto que es algo dolorosa, pero no mucho. Se sangra al ser roto el himen. Pero no tanto como uno suele pensar.
Es cierto que no es muy agradable. Pero no es tan asqueroso como lo describen la madre, la doncella experimentada o la amiga casada.
Es cierto que, al menos, en el siglo XIX (y en siglos anteriores) era la única manera que había de tener hijos. Teniendo relaciones sexuales el hombre con la mujer.
Pero el consejo que me mató de la risa fue el que le da la madre de Ana (protagonista de la novela Conquistadora) a su hija para su noche de bodas.
Después de decirle que va a ser una experiencia dolorosa y sangrienta, doña Jesusa (que así se llama la señora) le aconseja a su hija que no piense en nada. Que sea consciente de que sólo así puede quedarse embarazada. Que, por suerte, no dura mucho. En eso, en parte, le doy la razón. Pero que haga algo mientras su marido se desfoga con ella.
¡Que rece el rosario!
Me quedé a cuadros cuando leí esa frase.
Lo sé. He hablado de esta escena en anteriores ocasiones.
Pero ha sido una de las escenas que más me ha impactado. Sospecho que doña Jesusa no ha sido la única madre decimonónica que le ha dado semejante consejo a su hija sobre su noche de bodas.
Y no quiero conocer a más señoras así. Dan cierta grimilla.

  Portada de Conquistadora. Su autora es Esmeralda Santiago. Es una historia que transcurre entre la década de 1830 y la década de 1860 en Puerto Rico. Es una de las novelas más realistas que jamás he leído sobre la vida íntima y amorosa de una dama de buena familia en aquel entonces.

sábado, 15 de junio de 2013

DESCUBRIENDO "LOST IN AUSTEN"

Hola a todos.
Gracias a Jazmín, la administradora del blog "Quisiera ser Amanda", me he animado y estoy empezando a ver la miniserie Lost in Austen. 
La estoy viendo en Youtube en inglés y con subtítulos al español. Eso es bueno para alguien como yo, que tengo un inglés es entre malo y penoso.
La estoy viendo cuando puedo. O sea, que puedo tardar algún tiempo en verla del todo. Pero no me importa, si vale la pena. Y creo que va a valer la pena.
La cosa está pintando muy bien. Amanda Price es una joven con la que es fácil identificarse. Vive en nuestra época. Tiene un trabajo que aborrece. Y la relación que mantiene con su novio está clínicamente muerta. Su único consuelo son las novelas de Jane Austen. Es una gran admiradora de esta gran escritora inglesa. Su novela favorita es, naturalmente, Orgullo y prejuicio. 
La vida de Amanda transcurre de un modo monótono y aburrido y está convencida de que así será hasta que, una noche, escucha unos ruidos en su casa. Va al baño y se encuentra en la bañera con ¡Elizabeth Bennet!
Amanda pone una cara de no saber si está soñando o si una demente se ha colado en su cuarto de baño. Elizabeth está en un estado rayano en la euforia porque ha traspasado una puerta misteriosa que hay en el ático de la casa de su padre que los criados decían que no hay que traspasar. Varias veces, Elizabeth ha intentado traspasarla. Pero, según ella, ha sido Amanda la que le ha permitido dar ese gran paso.
Tras hablar con ella, Elizabeth desaparece. Amanda no sabe si lo que ha visto es real o no. No está enamorada de su novio, que, encima, le fue infiel. Su mejor amiga se burla de su afición a leer a Jane Austen. Su madre no la entiende.
Se percibe que la vida de Amanda está a punto de cambiar. No es feliz con la vida que lleva. Es un personaje muy creíble. La actriz que la interpreta la hace creíble.
Vemos que estamos ante una joven que quiere dar un cambio a su vida porque no le gusta, pero no sabe cómo. Nadie es capaz de entenderla. Se da de bruces con un muro de incomprensión.
La situación por la que pasa Amanda es muy real. ¿Cuántas veces hemos querido cambiar nuestra vida y no sabemos cómo? Amanda está descontenta con su vida. Después de su surrealista encuentro con Elizabeth es cuando se da cuenta de que su vida es un asco y que nadie lo puede o lo quiere ver. Se siente sola e incomprendida y no sabe qué hacer para cortar de raíz con esa monotonía y acabar con ese desencanto. Por eso, busca refugio en las novelas de Jane Austen. Es su aliciente. Lo que la impulsa a seguir adelante, a mi entender.
Además, la trama es muy atrayente. Y podría decirse que es real. Ya sé que es imposible poder meternos dentro de nuestras novelas favoritas. Pero...¿Cuántas veces hemos soñado con poder introducirnos de lleno en la trama de nuestras novelas favoritas? Vivir la historia en primera persona. Poder ser un personaje más de la misma. Y, ¿por qué no?, conseguir que el protagonista se enamore de nosotras. Es un sueño imposible, sí.
Sin embargo, he llegado a la conclusión de que no somos nada si no soñamos. Seríamos casi como máquinas. Nadie puede vivir sin sueños. Nadie puede vivir sin tener una ilusión que lo motive a seguir adelante.
La crítica completa a la serie vendrá cuando termine de verla. Se sabe ya que Amanda va a dar ese gran salto que permitirá que su vida cambie de un modo insospechado. ¿Cuáles serán las consecuencias de ese salto?
Sólo sé una cosa. Envidio a Amanda porque va a hacer realidad el sueño de muchos lectores soñadores. Vivir en primera persona lo que pasa dentro de su novela favorita.

 Amanda haciendo realidad el sueño de muchas lectoras: abrazar a mister Darcy. No sé si odiarla o quitarme el sombrero ante ella.

miércoles, 24 de abril de 2013

ERRORES EN LAS NOVELAS ROMÁNTICAS

Hola a todos.
Hoy, me gustaría empezar a hablaros de algunos errores que se cometen mucho en las novelas románticas históricas.
Nuestro subconsciente, cuando escribimos novela romántica, nos traiciona. Ponemos pensamientos y manera de expresarse que hace doscientos años no existían. Pensamos en caballeros y en damas de la Regencia como en personas de hoy en día.
Un error muy común es el trato de los dueños de la casa con la servidumbre.
Por lo general, vemos en las novelas románticas que los dueños de la casa, especialmente, las señoras, toman cariño a los sirvientes, sobre todo, a las sirvientas. Hemos podido leer relatos en los que las damas visten a sus doncellas con sus vestidos, les compran ropa y, cuando inician una relación con algún aristócrata (casi siempre, un miembro de la familia), la aplauden y apoyan.
Eso no pasaba.
Se podía tener un criado o una criada de confianza en algunos casos, pero se marcaba mucho las distancias con ellos. Estaba mal visto confraternizar con la servidumbre. La aristocracia siempre ha sido para echarle de comer aparte, como se suele decir, con sus bodas pactadas, su endogamía (en algunos casos), su modo de hacer y deshacer a su antojo, su estilo de vida, etc. Miraban por encima del hombro a todo el mundo, incluso a los burgueses. Relacionarse con un burgués era para ellos casi como rebajarse. ¡Imaginaos lo que sería relacionarse con un criado! Una boda entre un miembro de la aristocracia y un miembro de la servidumbre era algo impensable.
Sí podía darse estos casos en la burguesía, quizás, por un sentimiento de igualdad, pero no era muy frecuente.
Con quien sí podía tener confianza la dueña o el dueño de la casa era con el ama de llaves y, en algunos casos, con su antigua nodriza, que solía quedarse siempre en la casa y podía llegar a hacer las veces de dama de compañía.
Es a partir del Romanticismo cuando empiezan a derribarse, poco a poco, los tabúes sociales. Cuando comienzan las escapadas románticas. Cuando todos empiezan a mezclarse con todos. Pero eso lleva su tiempo y no ocurre de la mañana a la noche.
Y aquí se acaba la entrada de hoy.
Pronto, os daré una nueva sorpresa.
¡Prestad atención!

Un ejemplo de historia romántica que pudo pasar a partir del siglo XIX, La violetera, de Sara Montiel.

martes, 15 de enero de 2013

FRAGMENTO DE "LA REGENTA"

Hace unos días, publiqué una entrada hablando de una de las mejores obras del siglo XIX, al menos, para mí, La Regenta, de Leopolo Alas Clarín.
Me gustaría dejaros con un fragmento de esta novela. En este fragmento, Ana, la protagonista, está paseando por el jardín de su casa. No es feliz en su matrimonio con Víctor Quintanar, mucho más mayor que ella y que no es capaz de satisfacerla en ninguno de los sentidos.
Mientras pasea por el jardín y da rienda suelta a la profunda pena que la invade, pasa por delante de la verja Álvaro Mesía, alías El Tenorio de Vetusta, Presidente del Casino y conocido en la ciudad por sus múltiples conquistas amorosos. Mesía decide que Ana, ejemplo de virtud según muchos, pasará a engrosar la lista de sus amantes.
En este fragmento, veréis lo que pasa.

Ana,lánguida,desmayada el ánimo,apoyó la cabeza en las barras frías de la gran puerta de hierro que era la entrada del Parque por la calle de Traslacerca.Así estuvo mucho tiempo,mirando las tinieblas de fuera, abstraída en su dolor, sueltas las riendas de la voluntad, como las del pensamiento que iba y venía, sin saber por dónde, a merced de impulsos de que no tenía conciencia.
Casi tocando con la frente de Ana, metida entre dos hierros,pasó un bulto por la calle solitaria pegado a la pared del Parque.
"¡Es él!", pensó la Regenta que conoció a don Álvaro, aunque la aparición fue momentánea, y retrocedió asustada. Dudaba si había pasado por la calle o por su cerebro.
Era don Álvaro, en efecto.Estaba en el teatro, pero en un entreacto se le ocurrió salir a satisfacer una curiosidad intensa que había sentido."Si por casualidad estuviese en el balcón. No estará,es casi seguro, pero ¿si estuviese?" ¿No tenía él la vida llena de felices accidentes de éste género? ¿No debía a la buena suerte,a la chance que decía don Álvaro,gran parte de sus triunfos? ¡Yo y la ocasión! Era una de sus divisas. ¡Oh! si la veía, le hablaba, le decía que sin ella ya no podía vivir, que venía a rondar su casa como un enamorado de veinte años,platónico y romántico,que se contentaba con ver por fuera aquel Paraíso. Sí,
todas estas sandeces le diría  con la elocuencia que ya se le ocurriría a su debido tiempo. El caso era que, por casualidad, estuviese en el balcón. Salió del teatro, subió por la calle de Roma, atravesó la Plaza del Pan y entró en la del Águila. Al llegar a la Plaza Nueva, se detuvo, miró desde lejos a la rinconada. No había nadie al balcón. Ya lo suponía él. No siempre salen bien las corazonadas. No importaba. Dio algunos paseos por la Plaza, desierta a tales horas. Nadie; no se asomaba ni un gato."Una vez allí ¿por qué no continuar el cerco romántico?" Se reía de sí mismo. ¡Cuántos años tenía que remontar en la historia de sus
amores para encontrar paseos de aquella índole! Al acercarse a la puerta,pegado a la pared por huir del fango, Mesía creyó sentir la corazonada verdadera, la que él llamaba así, porque era como una adivinación instantánea,una especie de doble vista.
Sus mayores triunfos de todos géneros habían venido así,con la corazonada verdadera, sintiendo él de repente, poco antes de la victoria, un valor insólito, una seguridad absoluta; latidos en las sienes, sangre en las mejillas, angustia en la garganta. Se paró. "Estaba allí la Regenta, allí en el Parque, se lo decía aquello que estaba sintiendo él. ¿Qué haría si el corazón no le engañaba? Lo de siempre en tales casos; ¡jugar el todo por el todo!Pedirla de rodallas sobre el lodo,que abriera;y si se negaba, saltar la verja, aunque era poco menos que imposible; pero, sí, la saltaría.¡Si volviera a salir la Luna!No, no saldría; la nube era inmensa y muy espesa; tardaría media hora la claridad.
Llegó a la verja; él vio a la Regenta primero que ella a él. La conoció,la adivinó antes.
-¡Es tuya!-le gritó el demonio de la seducción -; te adora, te espera.
Pero no pudo hablar,no pudo detenerse. Tuvo miedo de su víctima. La superstición vetustense respecto de la virtud de Ana la sintió en sí; aquella virtud,como el Cid, ahuyentaba al enemigo después de muerto acaso;él huir, ¡lo que nunca había hecho!
Tenía miedo ¡la primera vez!
Siguió; dio tres, cuatro pasos más sin resolverse a volver pie atrás,por más que el demonio de la seducción le sujetaba los brazos,le atraía hacia la puerta y se burlaba con palabras de fuego al oído llamándole:"¡Cobarde, seductor de meretrices!¡Atrévete, atrévete con la verdadera virtud; ahora o nunca!"
-¡Ahora,ahora!"-gritó Mesía con el único valor grande que tenía; y ya a diez pasos de la verja volvió atrás furioso,gritando:
-¡Ana!¡Ana!
Le contestó el silencio.

viernes, 28 de diciembre de 2012

CARTA A ANA OZORES

Querida Ana:

Nunca me gustó el sobrenombre que te dieron. "La Regenta"...Si te digo la verdad, semejante apodo impone.
Sin embargo, tú nunca impusiste.
Al contrario...Se impusieron los demás a ti. Esa gente de tu querida ciudad de Vetusta...Parecían buitres a tu alrededor. Esperaban ver cómo caías en desgracia.
No te diste cuenta hasta que fue muy tarde de cómo eran esas personas. Gente que decían que eran tus amigos. Esa tal Visitación Olías de Cuervo...¡Por Dios! ¡Su nombre invita a desconfiar de ella! Una mujer que va de aventura en aventura y que descuida a su marido y a sus hijos. ¡Y osaba criticarte porque tú caíste!
¡Hipócritas!
¡Qué sola te quedaste, querida Ana! Sola y humillada...En aquella inmensa catedral...
La vida se ensañó contigo desde el día en el que viniste al mundo. Tu madre murió cuando tú naciste. Tampoco ella tuvo suerte en la vida. Era una modista italiana. Y tu padre era Carlos Ozores, miembro de una ilustre familia. Los buitres carroñeros se cebaron con ellos. Tu madre murió no por el parto. Lo intuyo. Murió porque estaba harta de tanta crítica. De tantos comentarios maliciosos...La bailarina italiana, como decían algunos. Te dejó sola de recién nacida.
Tu padre era un buen hombre. Con unas ideas un tanto particulares, pero un buen hombre. Su mayor error fue dejarte al cuidado de aquella institutriz llamada Camila. ¿Te acuerdas de ella? Es mejor no acordarse de ella. Era una mentirosa, lo sé.
Dijo con maldad que tú y aquel niño, Jesús, con el que pasaste una noche a bordo de una barca de madera, habíais hecho otras cosas. ¡Zorra que era!
Buscabas el calor de una familia. Por eso, te casaste con Víctor Quintanar. Era el Regente de la Audiencia de Vetusta. De ahí, el apodo que te impusieron de "La Regenta".
Siempre fuiste una criatura débil y enfermiza. Víctor podía ser, cuando quería, un padre contigo.
Pero él no llegó a entenderte ni a comprenderte. Buscabas ser amada. Buscabas ser feliz. Y sólo encontraste en tu camino escorpiones. Gente que jamás te quiso y que sólo buscaba destruirte.
Fermín de Pas se presentó ante ti como una especie de ángel guardián. Pero aquel hombre tenía mente de demonio.
También él buscaba algo de ti. No te veía como una feligresa desesperada.
Él no supo aliviar tu dolor. Siempre te pedía más. Un sacrificio tuyo que hiciste fue salir vestida de nazarena en la Procesión de Viernes Santo. ¡Oh, pobre Ana! Para Fermín de Pas fue su mayor triunfo. Para ti fue la peor de las humillaciones.
Quisiste ser madre. Querías tener un hijo para aliviar esa soledad que siempre te acompañó. Una depresión que se manifestaba en crisis nerviosas. Pero Víctor no fue capaz de darte aquéllo que tanto deseabas. Y, luego, apareció Álvaro Mesía. Y él fue tu perdición.
Era un ser vulgar, "El Tenorio de Vetusta". Muy poca cosa para un espíritu elevado como el tuyo...
Pero pensaste que era tu Príncipe Azul. Te resististe porque eras una mujer casada. Todos te decían, de manera sutil, que no pasaba nada. Era algo que hacía todo el mundo. Obdulia y Tarsilia...Visitación...El barón de la Barcaza...Ese hombre te perseguía y coleccionaba hijos ilegítimos en los pueblos.
Al final, cediste y te convertiste en la amante del Tenorio de Vetusta. Pensaste que él también te amaba. Pero no fue así. Víctor se enteró y se desafió a un duelo. No por amor, lo sé. Sino por limpiar su honor. Víctor fue herido de gravedad y Mesía se fue. Te abandonó a los buitres de Vetusta mientras él se daba la gran vida en Madrid.
¡Pobre Ana! ¡Qué cruel fue la vida contigo! Todo el mundo te dio la espalda. Se cebaron contigo. Dieron cuenta de tu cadáver. Ahí fue cuando te diste cuenta de cómo eran ésos que decían ser tus amigos.
Pero tuviste la gran suerte de contar con la amistad inquebrantable de un buen hombre. Frígilis...¿Te acuerdas de él?
Era el mejor amigo de tu esposo y a ti te quería muchísimo.
No le hizo caso a los chismes maliciosos que corrían sobre ti. Te cuidó cuando estuviste tan enferma tras la muerte de Víctor y tras verte abandonada por el canalla de Mesía. Se esforzó en sacarte de la depresión en la que caíste al ver lo que había pasado. Después de la última humillación que sufriste en la catedral, primero por De Pas y, luego, por Celedonio, te habrá seguido cuidando. Como un hermano cuida de su hermana.
Termino esta carta que quería escribirte hace algún tiempo, mi querida Ana. Me habría gustado conocerte. Me habría gustado pasear contigo por los jardines de "El Vivero". Te habría consolado.
Habría sido mejor doncella para ti de lo que fue esa víbora de Petra. Será mejor que no te haga pensar en quien sólo merece tu desprecio.
Piensa que tenías razón.
Tú vales mucho más que todos ésos.
Tienes a Frígilis a tu lado.
Prefiero quedarme con esa imagen. Él contándote cómo logró hacer crecer un eucalipto en un sitio tan frío y lluvioso como lo es Vetusta. No necesitas a nadie más a tu lado. Esa gentuza que te rodeaba no merece ni un mísero pensamiento tuyo. Ya serán juzgados cuando llegue el momento, querida Ana.
Cuentas con todo mi respeto y con toda mi admiración.
Algún día, lo espero, serás feliz. Porque te lo mereces.

"La Regenta" es una novela de Leopoldo Alas. Su seudónimo era "Clarín". Fue un conocido escritor de finales del siglo XIX. Además, es autor de otras novelas como "Su único hijo", "El abrazo de Pelayo" y "Cuesta abajo". "La Regenta" es su novela más conocida. Hace una dura crítica social a la alta sociedad de su época. Vetusta es el trasunto de su ciudad natal. Oviedo.
He leído varias veces esta novela. Vi la adaptación televisiva que hizo Televisión Española hace unos años. Quería hacerle mi particular homenaje a la protagonista, Ana Ozores. "La Regenta"...

jueves, 13 de diciembre de 2012

CARTA A ANNE BRONTE

Querida Anne:

Llevaba algún tiempo deseando escribirte esta carta.
No sabía por dónde empezar.
Hace un par de años, leí por primera vez "Agnes Grey".
Desde entonces, la he releído un par de veces más.
¿Qué te puedo decir, Anne? ¿Habrá algo que yo no sepa de ti?
Puedes ver que la cabecera de mi blog está formada por imágenes de las distintas adaptaciones de la inmortal novela de tu hermana Emily, "Cumbres borrascosas". Y que la cabecera de mi otro blog tiene a los protagonistas de "Jane Eyre", la obra maestra de tu hermana Charlotte. Si te soy sincera, he leído más veces la historia de Jane que la historia de Agnes. Quizás porque he llegado a sentirme identificada con Jane. Su manera de ver el mundo es muy parecida a la mía.
No tengo hermanos.
Tú sí los tenías. Además de Charlotte y Emily, también tenías a Elizabeth, a María y a Branwell. Siempre quise conocer a Branwell.
Perdiste siendo muy niña a Elizabeth y a María. Tú eras la pequeña de la familia Bronte. Te quedaste también muy pronto sin madre. Sin duda, esas tragedias marcaron tu vida, querida Anne.
Me hubiera gustado conocerte en aquella época. Haber podido hablar contigo, aunque sólo fuera una vez. Visitar contigo los mágicos Reinos de Angria y Gondal. Esos lugares fueron tu refugio. Sé lo que es buscar un refugio en la imaginación cuando la vida te golpea duramente una y otra vez, querida Anne.
Estudiaste en la Escuela. Te preparaste para ser institutriz.
No podías conseguir un marido para ti. No te quedaba otro remedio que trabajar. Llena de ilusiones, empezaste a trabajar en Blake Hall para la familia Ingham. Tenías diecinueve años.
Las novelas de institutrices nos cuentan historias de cómo la institutriz enamora al duque, al conde o al marqués de turno y consigue que los niños que están a su cargo se encariñen de ella. La vida te enseñó que eso no solía pasar. No tuviste esa suerte, querida Anne. Los niños de los Ingham no te prestaban atención. No te hacían caso. Tuviste mucha paciencia con ellos. Querías llevarle por el buen camino. Educarles como debían ser educados. Pero no lo conseguiste. Te rendiste. A veces, hay que rendirse en la vida, Anne. Sobre todo, cuando estás peleando con un imposible. Y aquellos niños eran tu imposible.
Pero los niños de los Ingham fueron tu inspiración. De alguna forma, se puede decir que, gracias a ellos, escribiste tu primera novela. Agnes era la hija de un vicario. Busca la manera de salir de la miseria en la que vive su familia trabajando como institutriz. Se da cuenta de que las buenas intenciones no son suficientes para educar a unos niños mimados y maleducados. Tomaste como modelo tu experiencia real, Anne. No he leído una novela más realista que la tuya.
Busca de nuevo trabajo como institutriz. Esta vez, tuviste más suerte. El reverendo Edmund Robinson vivía cerca de York. Sus dos hijas se llamaban Bessy y Mary. Eran dos niñas muy traviesas. Pero aquellas pequeñas sí te escuchaban. No tardaste mucho en ganarte su cariño. Cuando te fuiste, sé que ellas te lloraron sinceramente de lo mucho que llegaron a quererte.
Querida Anne...
En tu vida no apareció nunca un duque, un marqués o un conde que se enamorase de ti. ¿Acaso nunca amaste, querida Anne? ¿Nunca fuiste amada?
¿Qué era tu vida? ¿Sólo fue escribir? ¿Sólo fueron las clases? ¿Nunca soñaste con algo más, Anne? ¿Nunca quisiste amar y ser amada?
Algo me dice que quisiste algo más. Lo puedo adivinar en la expresión de tu rostro.


Pasabas la vida escribiendo tus historias. Dándole clases a Bessy y a Mary. Paseando por la playa de Scarborough. ¿En qué pensabas mientras sentías el agua bañando la planta de tus pies? Tenías a tus hermanas. Y también tenías a Branwell. Fue como un John Reed y un Linton Heathcliff. Un niño mimado al que le consentías de todo. Tú y tus hermanas...
No es un reproche lo que te estoy haciendo, querida Anne. Es la realidad. Branwell creció como un salvaje. Vosotras le protegíais.
Decidiste, de buena fe, introducir a Branwell en la casa de los Robinson. Pensaste que él debía de trabajar también. El reverendo, que te conocía, dio por sentado que tu hermano era igual que tú y lo recibió de buen grado. ¡Trágico error! Tú no sabías lo que iba a pasar. ¡No tuviste la culpa! Y quiero pensar que nadie tuvo la culpa.
Branwell le daba clases de música al pequeño de los Robinson, Edmund. Era joven y bien parecido. Y tuvo la desgracia de enamorarse de la madre de su alumno, Lydia. Siendo correspondido por ella. Aquella escandalosa relación duró dos años. Perdiste tu trabajo, querida Anne. Tuviste que llorar muchas veces por culpa de las locuras de tu hermano. Y sabías que los Robinson también estaban sufriendo.
Después de eso, Branwell se precipitó, ante la mirada de impotencia tuya y de tus hermanas, al abismo. Empezó a beber aún más de lo que ya bebía. Y empezó a consumir opio. De aquella experiencia, escribiste "La inquilina de Wildfell Hall".
La historia de Helen, la protagonista, es muy parecida a otras tantas de las novelas románticas que solemos leer. Se casa con un libertino, en la creencia de que él va a cambiar gracias a su amor. Pero es mucho más realista que otras historias porque el libertino no se reforma y ella sufre por su culpa. La realidad se impone, a pesar del final feliz.
Tu vida, por desgracia, nunca tuvo un final feliz, querida Anne. Se ensañó cruelmente contigo. ¿Por qué lo hizo?
El 24 de septiembre de 1848, moría Branwell a la edad de 31 años. Le lloraste sinceramente. Pero quiero pensar que te alegraste al saber que él ya no sufriría más. Estaba muy enfermo, querida Anne.
Aún llorabas la muerte de Branwell cuando murió también Emily. El 28 de mayo de 1849, finalmente, morías tú también, querida Anne. Tú, Branwell y Emily moristeis de tuberculosis.
Te fuiste apagando poco a poco, como una vela. Sufrías al pensar que dejabas sola a tu querida hermana Charlotte. Ella no se movió de la cabecera de tu cama. Te cuidó hasta el último momento. Habíais estado los cuatro juntos. Y dejábais sola a Charlotte.
Estás enterrada en Scarborough. Quisiste ser enterrada allí. Porque quiero pensar que fuiste feliz viviendo en aquel hermoso sitio. Pero también sufriste mucho. Enterraste mucho sueños. Nunca sabremos de ellos, querida Anne.

Querida Anne, me despido de ti. Tus dos novelas te han convertido en un ser inmortal.
Aquí, en la Tierra, te recordamos. Te admiramos. Y no te olvidamos. Helen tuvo su final feliz. Agnes tuvo su final feliz. Sé que soñaste con tu propio final feliz, querida Anne. ¡Qué cruel es la vida!
Termino esta carta que hacía tiempo que quería escribirte.

viernes, 30 de noviembre de 2012

MODA EN EL SIGLO XIX

Hacía mucho que no hacía una entrada dedicada a mi época favorita, el siglo XIX.
Y lo hago para hablar de cómo era la moda del siglo XIX en general. No hablaré de la moda de la Regencia. O de la moda victoriana. Hablo de los vestidos que lucieron las damas durante todo aquel inolvidable siglo.
Confieso que uno de los errores más graves que he cometido ha sido confundir las modas. Pensar que durante todo el siglo XIX las damas vestían igual. Con esos enormes vestidos...Pero las modas iban variando de una década  a otra.
Los pololos (una pololera nunca puede olvidarlos) se pusieron de moda a finales del siglo XIX. Pero no existían en el vestuario íntimo de una señorita a principios de ese siglo.
 Enaguas y pololos.

Otro ejemplo son los miriñaques. Scarlett O' Hara lucía sus miriñaques al principio, cuando se está preparando para ir a la barbacoa en la casa de los Wilkes. Mammy la ayuda a vestirse y hablan de Ashley.
Los miriñaques no existieron durante todo el siglo XIX. De hecho, estuvieron de moda durante diez años, desde 1856 hasta 1866.
Os voy a poner unas fotos con las distintas maneras de vestir de aquel tiempo.
 Fotografía de la Emperatriz de México Carlota, esposa de Maximiliano I. Éste fue hermano del Emperador Francisco José. Y, a su vez, Francisco José fue esposo de la célebre Sissi.
Debajo del vestido, la Emperatriz Carlota lleva un miriñaque. También conocido como armador. Esta fotografía es del año 1864.
 Cintura y talle alto...Faldas nada voluminosas, imitando a las túnicas de la antigua Grecia. Así era la moda en la década de 1800.

 Un vestido de novia del año 1820. Como podéis ver, no era un vestido blanco, como los conocemos ahora. Tira más a crema. Se sabe que la moda de casarse de blanco la impuso la Reina Victoria de Inglaterra cuando contrajo matrimonio con Alberto.

 Las faldas comienzan a ser más voluminosas. Son cortas y permiten ver los tobillos. Así era la moda en la década de 1830.

 Las faldas se alargan hasta el punto de que ya no se ven los tobillos. Son muy voluminosas. Se ponen de moda los tirabuzones. La cintura es más baja. Siempre que imagino a Jane Eyre, pienso en la joven del dibujo.

  Las faldas son más estrechas. La figura es más estilizada. Se añaden volantes a las faldas. Así era la moda en la década de 1870.

 Las faldas ya no son tan voluminosas. Se apuestan por las líneas largas y elegantes. Se utilizan como complementos grandes collares. Así era la moda en la década de 1890.
Y con esto y un bizcocho, ya concluyo esta entrada. Espero que os haya gustado.
Os dejo con el link de otra entrada que he publicado en mi blog "Mi otro blog". Hablo (muy poco, la verdad) sobre la fotografía en una sección nueva que se llama "Sabías que..."
"Mi otro blog" tengo que ir ya dándole un uso. Pensé en subir allí mis historias, como la anunciada "Un suceso trágico". Pero no he tenido tiempo. Disculpadme. Demasiadas cosas tengo en la cabeza metidas.
Aquí tenéis el link:
http://blogdeepoca.blogspot.com.es/2012/11/sabias-que.html
Pasaos por allí y comentad si queréis.
Yo me despido por ahora.
¡Hasta mañana!

viernes, 9 de noviembre de 2012

CATHERINE BENNET

Hoy, que por fin tengo un hueco para hacer una entrada, me gustaría hablaros de un personaje en concreto.
Todos hemos leído alguna vez "Orgullo y prejuicio", la mítica novela de Jane Austen.
Acerca de esta novela se han hecho varias películas. Incluso se han hecho miniseries. Pero no quiero hablaros de eso ahora.
Hemos leído en diversos foros distintos fanfics de "Orgullo y prejuicio". Hemos visto cómo se llevaban Elizabeth y mister Darcy ya casados. Si tenían hijos. Si su matrimonio era feliz.
También se han hecho secuelas no declaradas. "Orgullo y prejuicio y zombis". ¡Las hermanas Bennet peleando con muertos vivientes! Incluso se ha escrito una novela en la que mister Darcy resulta ser ¡un vampiro!
Hace poco, leí "La nueva vida de miss Bennet". Su autora es la misma de "El pájaro canta hasta morir", novela que fue adaptada a televisión con el nombre de "El pájaro espino", Colleen McCullough. En "La nueva vida de miss Bennet" se cuenta una historia diferente. Mary Bennet se ha quedado sola en el mundo. ¡Mistress Bennet ha muerto!
Por supuesto, el amor llega a la vida de Mary en forma de un apuesto caballero cuando ella tiene más de treinta y cinco años. Y cree que se ha quedado para vestir Santos.
Incluye en la novela escenas subidas de tono entre Mary y su amado. ¡Y también entre Darcy y Elizabeth! No sé, llamadme estrecha de miras. Pero no me imagino a Darcy y a Elizabeth en plena faena. ¡No puedo hacer ese esfuerzo sobrehumano!
Pero hay un personaje en "Orgullo y prejuicio" que, para mí, queda totalmente descuidado. Se trata de la cuarta hermana Bennet, Catherine.
Si os fijáis bien, toda la novela gira alrededor de Jane y de Elizabeth. Son cinco las hermanas Bennet. Pero ellas acaparan todo el protagonismo.
Jane se enamora de Bingley. Y Elizabeth se enamora de Darcy. Aparece Lydia. Da la campanada huyendo con Wickham. Tenemos la novela dedicada a Mary. Pero...¿Y Catherine? ¿Qué pasa con Catherine? ¿Qué ocurre con ella?
Sabemos que tiene diecisiete años. Que ella y Lydia están muy unidas. Que suelen ir a Meryton a ver a los oficiales. Que se lleva un gran disgusto cuando Lydia se fuga con Wickham. Siempre he pensado que ese elemento era un viejo verde. Porque trató de seducir también a la hermana de Darcy, Georgiana. Que tiene más o menos la misma edad que Lydia.
Catherine también es llamada Kitty. Está muy apegada a Lydia porque tienen un carácter más o menos parecido. Pero...¿Y luego?
No sé si aparece en "Orgullo y prejuicio y zombis" matando muertos vivientes porque, lo confieso, todavía no he leído la novela. En "Una fiesta como ésta", tuve la impresión de que pasaba de puntillas. De que, en realidad, son dos hermanas Bennet. Jane y Elizabeth. Que las otras tres están ahí de adorno. Que Lydia, en algún momento, se rebeló y quiso dar la campanada. Su huida con Wickham fue como una especie de grito. Parece que nos está diciendo:
"¡Eh! ¡Que estoy aquí! ¡Que yo también soy una Bennet! ¡No os olvidéis de mí!"
Suena exagerado. Pero esa fue la impresión que tuve cuando leí por primera vez "Orgullo y prejuicio". Lo he vuelto a releer. Y sigo teniendo esa misma impresión.
Jane y Elizabeth están muy unidas. Son las dos hermanas mayores. Son las primeras que deben casarse.
Pueden ser muy diferentes en lo relativo al carácter. Pero hay algo entre ellas que las convierte en espíritus afines.
Mary, Catherine y Lydia son las tres menores. No van a Pemberley. No van a bailes. Sólo están ahí para estar cotilleando acerca de los movimientos de sus hermanas. Al menos, esa es la impresión que tuve. En "La nueva vida de miss Bennet", con Catherine pasa lo mismo. Se cargan a Lydia. Y ella está ahí. Pero parece una sombra. Casi no se la ve.
Hacia el final de "Orgullo y prejuicio", Catherine se siente un poco más unida a sus hermanas. Vemos que es más inteligente de lo que parece. Y que su comportamiento obraba a que estaba bajo la influencia de Lydia. Todo eso está muy bien.
Pero uno no puede evitar hacerse muchas preguntas acerca de Catherine. ¿Quién es realmente ella? ¿Es la sombra de Lydia? ¿Es la sombra de sus otras hermanas? ¿En qué piensa realmente? ¿Qué es lo que siente? ¿Qué desea?
¿Existirán fanfics dedicados a Catherine? ¿Podremos conocerla a fondo algún día? Son muchas las preguntas que me hago acerca de este personaje. No sé si algún día encontraré todas las respuestas que busco. Pero bien se puede uno imaginar que Catherine Bennet, a su modo, es feliz.


Polly Maberly. Dio vida a Catherine Bennet en la miniserie de "Orgullo y prejuicio" del año 1995. Se dice que es la actriz que mejor ha encarnado a Kitty.

miércoles, 31 de octubre de 2012

POLOLOS

Para celebrar que soy ya miembro del Club de los Pololos, quiero hacer algo especial.
El pololo es una prenda interior femenina de finales del siglo XIX. A principios del siglo XX, empiezan a fabricarse pololos que pueden ser para vestir. Es decir, que ya no forman parte del vestuario íntimo de la mujer. Tienen forma de pantalón bombacho.
Os quiero dejar con unas cuantas fotos de pololos.
 Aquí tenéis a una señorita de la década de 1920 luciendo orgullosa sus pololos.

 ¿Os podéis creer que todavía se vendan pololos? Lo dicho. ¡Están de moda!

 Estos pololos se conservan en buen estado a pesar de tener más de cien años.

Foto de una señorita decimonónica presumiendo de pololos.

 Pues sí. Los hombres también pueden usar pololos.

sábado, 13 de octubre de 2012

RETRATO DE TRES GRANDES

Aquí os dejo un retrato de las hermanas Bronte. Charlotte, Emily y Anne.
 Entre mis futuras entradas está hacer una dedicada a cada una de las hermanas Bronte.
Para mí, son las mejores escritoras que jamás han existido. Sus vidas fueron trágicas. Sus novelas reflejan cómo fueron sus vidas. Amores imposibles...Ambientes opresivos...Romanticismo en estado puro...
No creo que este cuadro les haga justicia. Pero aparecen serias. Pocos motivos tuvieron en vida para ser felices. Pero sí puedo decir una cosa. Que, al menos, se tuvieron las unas a las otras. Se apoyaron y se ayudaron mutuamente.
En sus ojos se puede ver el dolor. La pena...Vivían en un lugar dado al Romanticismo. Un páramo solitario en una aldea de Yorkshire...
Puede verse lo que son. Tres jóvenes apasionadas y rebeldes...Como bien podían ser la inteligente y sufrida Jane Eyre. O como también lo fue Catherine. Pero Catherine acabó en una espiral de autodestrucción. En cambio, Jane fue premiada. Nunca entendí el porqué Catherine, con toda su rebeldía, no acabó con Heathcliff.
Voy a haceros una confesión. Me habría gustado poder conocerlas. Creo que habría podido llegar a ser su amiga.
Estar con ellas. Aprender de ellas. Supongo que soñar es gratis.
Miradlas bien. Y sacad vuestras propias conclusiones. ¿Qué es lo que estáis viendo en ellas? ¿Veis a las tres mejores escritoras de todos los tiempos? Para mí, lo son, sin duda. Con permiso de Jane Austen. Otra grande.
¿O veis a tres mujeres a las que la vida ha tratado muy mal? Su madre murió cuando eran pequeñas. Su padre se desentendió de ellas. Sus hermanas murieron también. Porque tuvieron dos hermanas, Anna y Elizabeth.
Son dignas de admiración. Por regalarnos historias tan maravillosas como "Anne Grey", "Cumbres borrascosas" y "Jane Eyre". Se cree que, al menos, Jane y Anne tuvieron el final que sus creadoras quisieron para ellas.
Quiero pensar que fue así.

jueves, 30 de agosto de 2012

¿POR QUÉ MURIÓ ANA Y NO MURIÓ TAMBIÉN ESTEBAN?

Hace algunos años, leí por primera vez "Ana Karenina". Bajo la excusa de presentar la historia de una mujer casada que vive un romance extraconyugal con un oficial, lo que hace León Tolstoi es hacer un análisis exhaustivo de la alta sociedad en la Rusia de la década de 1870.
Hay muchos personajes en la novela, además de los protagonistas. Están Levin y Kitty, que viven su propia historia paralela. Levin dedica muchos capítulos a filosofar acerca de la política, de la religión, de la ciencia, etc. Los nuevos aires que vienen del resto del continente se acercan a Rusia.
Me he propuesto hacer una entrada acerca de Levin y de Kitty más adelante. Estos dos merecen tener su propia entrada.
Lo que no entendí de "Ana Karenina" fue su final. Se supone que Ana suicidándose por una norma tan estúpida como cruel. Engañó a su marido con Vronsky. Ha pecado y debe de ser castigada, por lo que debe morir. Y había algo que no llegué a entender. De acuerdo. Ana hizo mal al liarse con Vronsky. Todo el mundo la rechaza y la condena al ostracismo. Pero, ¿por qué a su hermano Stiva no le pasa exactamente lo mismo?
Al inicio de la novela, Stiva le ha sido infiel a su esposa Dolly con la institutriz de sus hijos. Y, por lo visto, no es la primera vez. Stiva admite que no quiere a su mujer, pero quiere que ésta le perdone para no tener que separarse de sus hijos y también porque se siente cómodo viviendo en su casa y, además, ella le cuida y cumple a la perfección el papel de esposa florero. ¡Menuda jeta! Así que manda llamar a su hermana para que venga y convenza a Dolly de que le perdone, de que la quiere mucho (aunque sea mentira), de que no volverá a pasar...
¿Por qué Stiva no es castigado? Si hizo mal porque engañó a su mujer, ¿por qué no se arroja a la vía del tren, como hace Ana, o muere de otra forma? ¿Por qué la sociedad sí condena a Ana al ostracismo y con Stiva hace la vista gorda? ¿Por qué Dolly tiene que permanecer al lado de Stiva si él ni la quiere ni la respeta? Eso fue algo que no entendí. Levin debió de haber filosofado sobre este tema, ya que conocía a los dos.
¿A lo mejor todo se debe a que Stiva es un hombre y a que Ana es una mujer?
Sí que estoy hablando del siglo XIX. Es otra mentalidad. Se supone que la mujer debía de ser buena, virtuosa y recatada. El adulterio en una mujer era poco menos que un crimen. Debía de ocuparse de la casa y de los hijos. En cambio, en el hombre era otra historia. En privado, se celebraban las infidelidades de los hombres. La mujer estaba obligada a perdonarle, presionada por la familia ("en el fondo, te quiere mucho") y también por el cura, al menos, aquí ("el orgullo es pecado". ¿Y la infidelidad no lo es?).
Lo cierto es que la mentalidad en cuanto al tema del adulterio no ha cambiado gran cosa. Hasta no hace nada, la mujer que le era infiel a su marido acababa con sus huesos en la cárcel.
En Hollywood, nos encontramos con dos casos distintos. Meg Ryan fue, durante años, una de las actrices mejor cotizadas y más taquilleras. Todos recordamos películas como "Cuando Harry encontró a Sally" o "Algo para recordar".
Conoció a su marido Dennis Quaid en 1987, durante el rodaje de "El chip prodigioso". Se casaron. Pero el matrimonio se rompió en el año 2000. Durante el rodaje de "Prueba de vida", Meg Ryan vivió un romance extraconyugal con el actor Russell Crowe (famoso por la peli "Gladiator" y por su afición a tirar teléfonos). Cuando el romance salió a la luz, Meg y Dennis se divorciaron, pero el romance con Russell duró poco.
Después de eso, la carrera de Meg Ryan en el cine empezó a caer en picado. Ya casi no hace películas. En cambio, tanto su ex marido como su ex amante sí siguen en el candelero. Pero ella parece que vive como escondida. ¿Cuál ha sido el crimen tan horroroso que ha cometido? ¿Serle infiel a su marido?
Debemos de pensar que Brad Pitt está también como escondido por serle infiel a Jennifer Aniston, su esposa, con Angelina Jolie. No. Él sigue rodando películas, sigue siendo uno de los mejores actores del país, etc. Nada ha cambiado. Le fue infiel a su mujer y nadie, al contrario de lo que pasó con Meg Ryan, le echa en cara.
Dennis Quaid se convirtió en "el pobrecito". Su mujer le ha sido infiel. En cambio, a Jennifer se la acusa de ser una amargada, una resentida, una orgullosa, etc. Los dos han sufrido en sus carnes la infidelidad de sus parejas. Pero, mientras que a él se le tiene lástima, a ella se le tiene cierta burla.
Y estoy hablando de hechos que han ocurrido en los últimos doce años.
Brad podía ser Stiva. Y Meg podía ser Ana.
Pero viviendo una historia que continua a día de hoy.
¿En serio hemos evolucionado tanto como dicen? Las igualdades entre hombres y mujeres se han empezado a conquistar, pero falta mucho trecho para conseguir lo que queremos. La igualdad en todos los aspectos. Y debemos de empezar cambiando la mentalidad de la gente. Lo malo es que cambiar mentalidades es muy, pero que muy difícil.

viernes, 24 de agosto de 2012

CASSSANDRA AUSTEN

Hace poco, publiqué en este blog una entrada dedicada a Patrick Bronte, el único hermano de Emily, Charlotte y Anne Bronte. Un poeta y pintor desconocido para muchos, pero que tuvo una vida truncada por culpa de sus excesos. Un héroe romántico y maldito, en opinión de muchos.
También dediqué una entrada a nuestra querida Jane Austen. Me gustaría añadir más detalles a su biografía, pero eso no va a ser hoy. Jane se merece un gran homenaje por habernos regalado las historias que hoy sientan las bases de la novela romántica tal y como la conocemos, aunque pueda parecer que se ha dicho todo de ella.
Hoy me gustaría hablarles de un personaje para muchos desconocido, pero que, sin duda, ha sido uno de los principales apoyos de Jane. Se trata de su hermana Cassandra.
¿Y quién fue realmente Cassandra? ¿Qué papel jugó en la vida de Jane?
Los Austen era una familia perteneciente a la burguesía rural de la Inglaterra de finales del siglo XVIII, si bien al ser segundos hijos de familias de la nobleza, debían de ganarse la vida como podían. George Austen, el padre de Jane y de Cassandra, era un clérigo anglicano. Vivían en el condado de Hampshire, al sur de Inglaterra, en la localidad de Steventon. Se cuenta que su vida no fue nada lujosa. Tuvieron ocho hijos y, sorprendentemente, todos llegaron a la edad adulta. Cassandra fue el quinto vástago del matrimonio Austen y su primera hija. Vino al mundo en 1773 Fue criada desde los tres meses por una nodriza, siguiendo con la costumbre de la época, y regresó a su casa cuando tenía año y medio.
Cuando Cassandra tenía dos años, nació su hermana Jane. Sabemos por las biografías que hemos leído de la autora que estaba muy unida a su hermana Cassandra. Siempre he pensado que los personajes de Elizabeth y Jane Bennet o de Elinor y Marianne Dashwood reflejan esa relación fraternal. Aunque haya más hermanos en la familia, ellas estaban muy unidas.
Siguiendo con otra costumbre de la época, Cassandra y Jane fueron internadas en un colegio para señoritas en Oxford cuando Cassandra tenía ocho años y Jane tenía seis.
En realidad, iba a ir sólo Cassandra, pero Jane no quiso separarse de ella. Sin embargo, la experiencia en el colegio no fue buena al declararse una epidemia de tifus y morir la directora de la escuela. Tuvieron que regresar a su casa. Dos años después, Jane y Cassandra fueron internadas en la Abadía de Reading, donde también existía una Academia para Señoritas. Sin embargo, no pudieron estudiar el curso siguiente allí al no poder sus padres seguir sufragándoles los estudios, por lo que regresaron a casa.
El señor Austen se ganaba la vida dando clase a los hijos de sus vecinos y, de hecho, tenía a varios alumnos viviendo en su hogar. Dejó que sus hijas asistieran a clase con sus alumnos y también les dio clases particulares a ellas.
Mientras Jane encontraba su particular refugio en la biblioteca de su padre, Cassandra se encargaba del cuidado de sus hermanos pequeños, ya que su madre era una mujer nerviosa e histriónica. Una versión de la futura mistress Bennet en carne y hueso.
En su adolescencia, el periodo más feliz de su vida, Jane compartía con Cassandra su pasión por la lectura. Ésta la animó a que escribiera para poder leer en voz alta sus escritos a sus padres y a sus hermanos y así entretenerlos.
Cuando visitaba a algún vecino, también lo entretenía leyéndole en voz alta sus escritos. Todos creían que Jane pasaba el rato escribiendo, que no pensaba en serio en ganarse la vida con sus escritos. Lo veían como algo inofensivo, siempre y cuando acabara casándose, como se esperaba que hiciera. Sólo Cassandra sabía que la afición de su hermana por la escritura no era un mero pasatiempo. Era su vocación y la apoyó en eso.
Jane y Cassandra empezaron a pasar temporadas separadas la una de la otra. Edward, uno de sus hermanos, fue criado por uno de sus parientes ricos que no tenían hijos. Edward vivía en Kent e invitaba a alguna de sus hermanas a que pasara una temporada con él. Tenía la esperanza de que, durante sus visitas, encontrara un marido. Jane y Cassandra iniciaron una larga correspondencia en esta época, quizás para sobrellevar mejor el peso de la separación.
Siempre se comentó que, de las dos hermanas, Cassandra era la más hermosa. Era una joven sensata que solía organizarlo todo.
Cassandra se prometió en matrimonio en 1792 con Tom Fowley. Era un antiguo pupilo de su padre y era, además, amigo de sus hermanos. Los padres de Tom quería que fuese clérigo. Pero no tenía el dinero suficiente como para sacar adelante un hogar y le pidió a Cassandra que esperara.
Paralelamente, Cassandra descubrió su pasión por la pintura. Muchos de los retratos de Jane que han llegado hasta nuestros días los pintó la propia Cassandra. Llegó, incluso, a ilustrar los libros de su hermana y también la Historia de Inglaterra, Enciclopedia que recoge la historia del país. Se cuenta que también hizo dibujos de los monarcas ingleses y caricaturas de miembros de su familia. De Cassandra se decía que no era una buena pintora, pero no le decían nada porque pintar era su afición.
Se cuenta que, mientras Cassandra estaba visitando a sus futuros suegros, quizás para pedirles ayuda para poder casarse con su prometido, Jane conoció al que dicen que fue su primer amor. Tom Lefroy, un joven irlandés estudiante de Derecho. Jane parecía estar enamorada de él y Cassandra lo dedujo por las cartas que recibió de ella. Sin embargo, antes de que la joven regresara a casa, el romance de su hermana con el joven irlandés quedó en aguas de borrajas al no disponer él del dinero suficiente como para mantener una familia.
Después de este romance truncado, Jane se centró en la escritura como válvula de escape y empezó a tomarse cada vez más en serio sus deseos de escribir. Lo cual chocaba con su padre. Antes,  a George Austen le hacía gracia que su hija escribiera. Ahora, cuando Jane quería ganarse la vida con sus escritos, ya no le hacía tanta gracia.
Sin embargo, Cassandra estuvo al lado de su hermana en todo momento. Leía los manuscritos de Jane. Fue la más feroz de sus críticos, pero también fue la que la animó más a que siguiera escribiendo. Porque era consciente de la enorme valía de su hermana. Jane, bien está decirlo, siempre tuvo muy en cuenta las opiniones de su hermana.
En 1796, Tom Fowley se despidió de Cassandra. Partía como capellán a las Antillas junto con un pariente rico que le había prometido darle cierta cantidad de dinero. En cuanto pudiera, Cassandra se reuniría con él y se casarían. No llegó a pasa. Tom Fowley falleció al año siguiente, probablemente de fiebre amarilla. Cassandra decidió que nunca se casaría. Su prometido le legó todos sus bienes al morir. Cassandra tuvo muchos pretendientes y admiradores, dada su gran belleza. Pero se consideraba así misma como la viuda de Tom y vivió como tal durante el resto de su vida.
A finales del siglo XVIII, el matrimonio Austen había visto casados a todos sus hijos varones. Pero les preocupaba mucho sus hijas Cassandra y Jane. Iban camino de convertirse en unas solteronas y no querían hacer nada para remediarlo.
Alarmado, el señor Austen deja la rectoría en la que había estado viviendo desde que se casó a manos de su hijo James y se va a vivir junto con su mujer y sus dos hijas a Bath con la esperanza de casar a Jane y a Cassandra. Por lo que se cuenta, el matrimonio Austen tomó la decisión sin contar con sus hijas y el disgusto que éstas se llevaron fue enorme al enterarse, ya que debían de dejar para siempre su hogar y empezar de cero. Por suerte, se tenían la una a la otra para apoyarse.
 Jane Austen. Dibujo de Cassandra. ¿Pintora del montón? En mi humilde opinión, no lo parece. ¿Talento desaprovechado? Posiblemente.

A pesar de los ánimos de Cassandra, los seis años siguientes no fueron nada fructíferos para Jane. Sólo escribió una novela que ha llegado hasta nosotros inacabada, "Los Watson". También se cuenta que Jane conoció en Bath a otro hombre del que se enamoró. Mantuvieron en secreto su relación y sólo Cassandra lo sabía. Sin embargo, antes de que pudiera él hablar con el señor Austen, falleció. La identidad de ese hombre ha sido el secreto mejor guardado de Jane Austen hasta el día de hoy.
En 1806, falleció el señor Austen, dejando a su mujer y a sus dos hijas sin un apoyo económico, una situación similar a la que vivieron las Dashwood en "Sentido y sensibilidad". Los hermanos varones les dieron una asignación anual a su madre y a sus hermanas para que pudieran salir adelante.
Finalmente, abandonaron Bath. Fueron invitadas por unos parientes, los Adlestrop, a la finca que acababan de hereder, Stoneleigh Abbey. Esta finca sirvió como inspiración a Jane para escribir más adelante "La abadía de Northanger". 
Al año siguiente, uno de los hermanos de Jane y Cassandra, el capitán Frank Austen, se casó e invitó a sus hermanas y a su madre a que se fueran a vivir con él para que le hiciesen compañía a su esposa mientras estaba fuera y la ayudaran con la casa. Durante dos años, vivieron con Frank. Pero, en 1809, su hermano Edward, que había enviudado, invitó a su madre y a sus hermanas a irse a vivir con él a Chawton Cottage, la finca que había heredado en el pequeño pueblo de Chawton, en Hampshire. Edward tenía muchos hijos y fue Cassandra la que le ayudó a criarlos, viendo en ellos a los hijos que sabía que nunca tendría. Una amiga de la familia, Martha Lloyd, se fue a vivir con ellos.
Fue en Chawton donde Jane pudo retomar su pasión por la escritura. Edward, al igual que Cassandra, se convirtió en el principal apoyo de su hermana. Le cedió el comedor para que pudiera escribir tranquila. Decidió no echarle aceite a una de las puertas que más chirriaba, de modo que, si venía alguien de visita, Jane podía esconder los útiles de escritura y coger su labor.
Recordemos que eran los primeros años del siglo XIX. Estaba muy mal visto que una mujer escribiera.
En 1811, Edward, Martha y Cassandra animaron a Jane a que publicara uno de sus escritos y se decantaron por "Sentido y sensibilidad", quizás porque veían parte de sus vidas reflejadas en aquellos escritos. Henry, el otro hermano, tenía muchos contactos y sufragos los gastos de edición. El libro vio la luz y fue publicado como escrito por "una dama".
Hay quien ve a Elinor y a Marianne como un reflejo de las hermanas Austen. Elinor, la mayor, es la más sensata, como Cassandra. Mientras que Marianne, la menor, es impulsiva, como lo fue Jane.
Dos años después, publicó "Orgullo y prejuicio", la más famosa de sus novelas. Durante los tres años siguientes, Jane no paró de escribir y enlazó un éxito tras otro. Su hermana Cassandra permanecía a su lado, orgullosa como una madre y siendo mudo testigo de la grandeza de Jane. Vivía a la sombra de ella, pero prefería vivir así.
En 1816, Jane empezó a sentirse mal. Los médicos no acertaban a diagnosticar su enfermedad. El estado de Jane empeoró a lo largo del año siguiente. Para que pudiera visitarla con más frecuencia el médico, Cassandra y ella se mudaron a Winchester en mayo de 1817.
Fue Cassandra la que cuidó solícitamente de Jane durante el inicio de su enfermedad y a lo largo de su agonía. Vio con dolor cómo su hermana se estaba muriendo y debió de sentirse impotente por no poder hacer nada para salvarla.
Jane Austen murió en la madrugada del 17 al 18 de julio de 1817. Fue enterrada en una de las islas de la nave izquierda de la catedral de Winchester.
Cassandra se sintió aliviada al comprobar que su hermana había dejado de sufrir. Pero es fácil ponerse en su situación. No sólo había visto morir a su hermana. Había perdido a la que fue durante toda su vida su mejor amiga, su principal confidente y apoyo en los peores momentos.
Le tocó a ella arreglar los asuntos de Jane tras su muerte. Lo hizo apoyada por su hermano Edward.
Se cuenta que Cassandra llegó a quemar gran parte de la correspondencia que mantuvo con su hermana Jane, costumbre de la época.
Fue Cassandra la que envió a la editorial el manuscrito de "Persuasión" después de la muerte de Jane. Al año siguiente, encontró el manuscrito de "La abadía de Northanger". Lo corrigió y lo envió a la editorial. Fueron los primeros libros impresos con el verdadero nombre de Jane.
Durante los años siguientes, Cassandra cuidó de su madre, cada vez más anciana y achacosa. Vio cómo su amiga Martha se casaba con su hermano Frank.
En 1827, murió su madre. Martha murió en 1843. Cassandra falleció en 1845. Pasó el resto de su vida ayudando a criar a sus sobrinos y a los hijos de éstos. Nunca se quejó de nada.
A día de hoy, Cassandra despierta en nosotros sentimientos contradictorios. Fue la principal aliada de Jane, por lo que se la respeta. Pero también quemó gran parte de su correspondencia, lo cual hace que la odiemos. Porque han quedado muchas dudas de su vida sin responder. Como quién fue aquel hombre del que se enamoró en Bath. Sólo nos queda la imaginación.
A lo mejor eso era lo que Jane quería de nosotros. Que nos imagináramos algunos aspectos de su vida. Como ella imaginó a sus personajes. Y Cassandra, una vez más, la ayudó en aquel proyecto.
Espero haber sacado a la luz a un personaje tan fascinante y tan desconocido a la vez como lo es Cassandra Austen. Y de haber dado a conocer más aspectos de la vida de Jane.
 Cassandra Austen. Hermana, aliada, amiga, confidente, apoyo. Mucho más que una sombra para algunos. Una mujer amó, sufrió y vivió y que es digna de nuestro respeto más sincero.

domingo, 29 de julio de 2012

LA REINA VICTORIA 2 PARTE

Hace dos semanas y pocos días, hice una entrada contando la primera parte de uno de los personajes más fascinantes de la Historia. La Reina Victoria de Inglaterra.
Vimos las circunstancias en las que se convirtió en la heredera al trono a raíz de la muerte sin herederos de sus tíos el Rey Jorge IV y el Rey Guillermo IV. Vimos cómo fue su infancia y la mala relación que mantenía con su madre.
Ahora, nos vamos a centrar en algunos aspectos de su Reinado.
Victoria cumplió dieciocho años el 24 de mayo de 1837. El 20 de junio, fallecía el Rey Guillermo a los 72 años.
En Hanóver, existía la Ley Sálica. El trono de Hanóver pasó a manos de su tío menor, el duque de Cumberland, hermano de su padre. Desde 1714, existía una relación entre Hanóver y Gran Bretaña en la que el Rey del segundo era también era el Rey del primero. Con la subida de Victoria al trono británico, se rompía aquella unión.
El Primer Ministro, lord Melbourne, del Partido Whig, se convirtió para Victoria en una especie de padre. Ella acudía a él cuando necesitaba su consejo. La coronación de la Reina se celebró el 28 de junio de 1838. Fue la primera Reina que habitó el famoso palacio de Buckingham. Heredó también las propiedades de Cornualles y de Lancaster. Victoria pudo, después de muchos años, pagar las numerosas deudas que había dejado su difunto padre.
Al principio de su Reinado, Victoria fue bastante popular. Sin embargo, aquella popularidad decreció cuando creyó que una de las damas de compañía de su madre, soltera, se había quedado embarazada de Conroy, el odioso mayordomo de su madre al que odiaba. La dama en cuestión tuvo que someterse a un examen médico que confirmó que no sólo no estaba embarazada, sino que también era virgen. Al poco tiempo, murió y la autopsia determinó que su mal no era debido a un embarazo, sino a un tumor de hígado. A raíz de esto, la popularidad de Victoria cayó en picado. Y tuvo que ver cómo la gente empezaba a sugerir que mantenía una relación amorosa con lord Melbourne.
Éste fue obligado a dimitir después de que los radicales y los conservadores votaran en contra de la Constitución de Jamaica.
La Reina la pidió a sir Robert Peel, del Partido Tory, que formara Gobierno. Pero la relación entre ambos nunca fue del todo buena. En la Corte existía el llamado sistema de patronazgo. Es decir, el Primer Ministro escogía entre sus partidarios a aquéllos que servirían a la Reina. Muchas damas de compañía de ésta eran las esposas de whigs. Sir Robert Peel exigía cambiar a esas damas y sustituirlas por las esposas de destacados miembros del Partido Tory. Pero la Reina se negó, alegando que la relación de amistad que mantenía con ellas.
La relación de la Reina con su Primer Ministro fue a peor a raíz de esto. Sir Robert Peel acabó dimitiendo. Lord Melbourne pudo volver a ser Primer Ministro, recuperando la Reina a uno de sus principales apoyos.
En el plano personal, Victoria vivía con su madre en el Palacio de Buckingham, pero la relación entre ambas era cada vez más tensa.
Aconsejada por lord Melbourne, Victoria empezó a considerar seriamente la idea de casarse. Estaba enamorada de su primo Alberto y era a él a quien deseaba como marido. Volvieron a verse en octubre de 1839. Victoria decidió que no podía seguir esperando más y decidió que se casaría con Alberto. El compromiso se hizo oficial el 15 de octubre, cinco días después de la llegada del joven a Windsor. La boda se celebró en el Palacio de Saint James el 10 de febrero de 1840.
El nuevo Rey consorte se convirtió en el brazo derecho de la Reina. La madre de Victoria se vio obligada a abandonar el Palacio de Buckingham. Fue Alberto el que ayudó a Victoria a llevarse mejor con su progenitora.
File:Victoria in her Coronation.jpg

En breve, continuaremos con la tercera parte, en la que veremos el Reinado de Victoria.