viernes, 11 de abril de 2014

LA NOVIA

Hola a todos.
En el día de ayer, me animé a terminar este relato que empecé a escribir hace algún tiempo (no mucho, siendo sinceros).
Es un relato algo largo, pero espero que os guste.
Para que no resulte pesado, lo he dividido en dos partes. La primera, verá la luz hoy. La segunda parte, verá la luz, ¡eso espero!, el domingo. Si no, será la semana que viene.
Aunque, en esencia, transcurre en una isla donde no existe ningún tipo de construcción, aunque sí se tienen noticias de que hubo allí una ermita, no me he atrevido a cambiar la ambientación de la historia.
Espero que os guste.

ISLA DE GARRAITZ, VIZCAYA, 1720

 -¡Cómo odio los funerales!-exclamó doña Elisa Izaguirre, viuda de Larreta-Aún recuerdo cuando enterramos a tu pobre padre.   
                    Su hija Penélope caminaba a su lado. Se cogía de su brazo mientras se dirigían a la casa de su desconsolada prima. 
-El pobre pequeño no ha vivido demasiado-se lamentó doña Elisa-¡Mi pobre Liliana! Ha perdido a sus padres. Y, ahora, también pierde a su hijo. 
-No está sola-le recordó Penélope-Nos tiene a nosotros. Y también tiene a su marido. 
-Acuérdate de lo que le comentó el médico. No puede tener más hijos. 
-No hablemos de eso ahora, madre. Pensemos en mi prima. Nos necesita. Callémonos. 
                    Penélope miró a Liliana. La noche anterior, había dormido con ella. Liliana llevaba todo el día en el salón de la casa, velando a su difunto hijo. El niño había vivido apenas un mes desde su nacimiento. A pesar de que el parto había ido bien. A pesar de que, en apariencia, era un niño sano y fuerte. Penélope recordaba el momento en el que su prima lo encontró sin vida en su cuna. 
                   La noche antes, Liliana y ella se acostaron en la misma cama. Liliana no paraba de llorar. Y Penélope la abrazó con cariño intentando consolarla. Pero fue inútil porque su prima estaba destrozada. 
                   Penélope vio, por el rabillo del ojo, cómo una barca se acercaba poco a poco a la isla. Pensó que el marido de Penélope, el conde de Garay, era un hombre muy conocido en todo el país. Alguien más iría al entierro de su único hijo para darle el pésame. No hacía ni un año que se había casado con Liliana Elizalde, la prima de Penélope. 
                     La joven tenía los ojos llenos de lágrimas. A duras penas conseguía aguantar el llanto. Era un día de mucho Sol. Le parecía casi un insulto. Se secó las lágrimas. De pronto, el cortejo fúnebre se detuvo. Penélope se envaró. Vio cómo su prima se ponía mortalmente pálida cuando un hombre se acercó a ella. 
-¡Cielo Santo!-exclamó doña Elisa. 
                     Se trataba de un hombre algo mayor que Jorge, el actual conde de Garay. Penélope no entendía nada de lo que estaba pasando. 
                      Para horror de la joven, el recién llegado intercambió unas palabras con Liliana y con Jorge. 
-¡Tú estabas muerto!-exclamó Jorge, horrorizado-¡Madre me dijo que habías muerto! 
                     Penélope fue corriendo hacia donde estaba Liliana cuando la joven cayó al suelo desmayada. Doña Elisa estaba paralizada. 
                     El recién llegado fijó su atención en Penélope, de la que tenía apenas un vago recuerdo. La joven le miró, intentando adivinar de quién se trataba. Tanto ella como Liliana y como doña Elisa habían conocido al difunto conde de Garay, Mikel, el hermano mayor de Jorge. 
-¿No te acuerdas de mí?-le preguntó el recién llegado. 
-¿Quién sois vos?-quiso saber Penélope. 
                    Le pareció que había envejecido veinte años. Lo achacó a la barba que lucía. Pero él pensaba en afeitarse. En recuperar el tiempo perdido. 
-Soy Mikel de Goicoechea-se presentó-El conde de Garay...
-No puede ser el conde-replicó Penélope-El marido de mi prima Liliana es el actual conde. Su hermano murió hace seis años. Antes de que acabara la guerra. 
-Me dieron por muerto. No es lo mismo. 
                       Mikel cogió las manos de Penélope y se las besó. 
-¡No puede estar pasando esto!-exclamó Jorge. 

                     Al caer la noche, Penélope entró en la habitación de Liliana. 
                     La encontró vestida con su camisón y acostada en su cama. Su doncella la estaba arropando. 
-Mi cuñado está vivo-le contó Liliana a su prima-¿Qué será de nosotros? ¡Me echará de aquí! 
-No te echará nadie de aquí-le aseguró Penélope. 
                     Se sentó a su lado en la cama. Liliana tenía los ojos hinchados de tanto llorar. Penélope vio la desesperación reflejada en el rostro cansado de su prima. Tú lo tenías todo, pensó con espanto. Y lo has perdido todo. 
-¡No sé lo que será ahora de mi marido y de mí!-sollozó Liliana-Tengo mucho miedo, Penélope. No quiero irme de aquí. 

                    Mikel había regresado a recuperar lo que era suyo. En el salón, recostada en el sofá, Liliana parecía temblar de frío, pese a que estaba la chimenea encendida. A Penélope le costaba trabajo reconocer en aquella mujer pálida y vestida de negro a su inteligente y enérgica prima. 
-Deberías comer algo, querida-le sugirió doña Elisa a su sobrina-Llevas días sin querer probar bocado. 
                    Mikel y Jorge estaban encerrados en el despacho. 
-¡Sólo Dios sabe si nos vamos a tener que ir hoy Jorge y yo de aquí!-se lamentó Liliana. 
                    Penélope se paseó de un lado a otro del salón. Su prima nunca se habría rendido. Pero, tapada con una manta de lana, Liliana no tenía fuerzas para nada. 
-¿Y cómo sabes tú que ese hombre es el conde y no un impostor?-le preguntó. 
-Le ha visto el mayordomo, el ama de llaves, su antigua niñera y hasta un médico-respondió Liliana-Tiene en su cuerpo señales que coinciden con las señales que tenía Mikel antes de partir para el frente. Cicatrices que coinciden con las que mi cuñado tenía cuando lo vimos por última vez. Una cicatriz en la rodilla, producto de una caída de niño. Un lunar en su torso, bajo el pezón izquierdo. Jorge me lo contó. Él también lo vio. Le han afeitado. Y es él. Es mi cuñado. 
                  Penélope se acercó a su prima y se sentó a su lado en el sofá. Le acarició el cabello rojizo que llevaba suelto. Liliana temblaba con violencia. 
-No te echará de aquí-le aseguró. 
                    Liliana no tenía ni fuerzas para llorar. Había derramado muchas lágrimas cuando tuvo que velar el cadáver de su pequeño hijito. Lo último que quería era enfrentarse a su cuñado. 
-No te preocupes, hija-intervino doña Elisa-Tu marido es un hombre muy rico. Tiene muchas posesiones. Puede ir a cualquier parte. 
-No son suyas-le recordó Liliana-Todo es de su hermano. No sé si querrá prestarle alguna casa. Un caserío...Yo...No sé nada. 

            

-Liliana...-dijo una voz masculina entrando en el salón-Me gustaría comentarte una cosa. 
                  Era Jorge. Liliana alzó la cabeza y miró a su marido. 
-He estado hablando con Mikel-prosiguió Jorge-Es verdad que es mi hermano. Sólo quería decirte que no quiero que te sigas preocupando por este tema. Mi hermano dice que podemos quedarnos aquí todo el tiempo que queramos. 
-¿Lo dices en serio?-inquirió Liliana. 
-También es nuestra casa. Eso es lo que me ha dicho. 
                  Doña Elisa respiró aliviada. Penélope sonrió sintiéndose más tranquila. Pero Liliana estaba demasiado cansada como para opinar. 
-¿No dices nada?-inquirió Penélope. 

                     Los siguientes días pasaron con auténtica tranquilidad. A petición de Liliana, doña Elisa y Penélope se quedaron en la casa.
                    Una tarde, Liliana y Penélope salieron a dar un paseo. Caminaron entre los matorrales. 
-Me gustaría visitar la tumba de mi hijo-comentó Liliana-No quiero que se quede solo. 
-Iremos dentro de unos días-le prometió Penélope. 
                     Liliana luchó por ser fuerte. El Sol se colaba entre las ramas de los pinos. 
                    De pronto, Penélope vio pasar a Mikel. Estaba dando él también un paseo por la isla. Sabía más o menos lo que le había pasado. No se lo había contado él directamente. Pero los criados sabían algunas cosas por la conversación que había mantenido con Jorge. Se sabía que había caído herido en una de las últimas batallas de la guerra. Lo había encontrado más muerto que vivo un monje, en una playa de Cadaqués. 
                     Había estado viviendo en el monasterio. Había llegado seriamente a pensar en tomar los hábitos. 
-¡Pero ha tenido que volver!-se lamentó Liliana-¿Por qué ha vuelto? 
-Porque no es bueno hacer creer a la familia de uno que ha muerto-contestó Penélope. 
                     Penélope y Mikel se veían todos los días. El joven no pasaba mucho tiempo metido dentro del caserío. Siempre estaba dando paseos muy largos por la isla. Intentando adivinar en ella las huellas que los seis años transcurridos desde su marcha le habían dejado. Penélope pasaba todo el día con doña Elisa y con Liliana. El tiempo fue pasando lentamente. Pasaron algunos días. 
                    Jorge intentó poner al día a su hermano. Pero le llevó mucho trabajo hacerlo. Y parecía que le odiaba. Jorge había sentido demasiado pesada la carga de ser el conde de Garay. 
-Pero soy el actual conde-le recordó a su hermano una tarde, encerrados en el despacho. 
-Ya no lo eres-afirmó Mikel-He vuelto y he recuperado lo que es mío. 
-Me alegro de que hayas vuelto. ¡De verdad! Estoy muy contento. 
-Nadie lo diría. 
-Pero...Piensa en que han sido demasiados golpes seguidos. 
                       Mikel ya lo sabía. El mismo día en el que él regresó a Garraitz, habían enterrado a su sobrino. Sabía que Jorge y Liliana habían concebido un hijo al poco tiempo de casarse. 
                      Pero el pequeño no había vivido más de un mes. No estaba enfermo. Tan sólo, había aparecido muerto en su cuna. La muerte del niño había dejado destrozada a Liliana. Mikel se percató del gran apoyo que su tía doña Elisa y que su prima Penélope le brindaban. Por ello, les permitía quedarse en el caserío con ella. 
                      Siempre supo que Liliana sentía verdadera adoración por Penélope. Para ella, su prima era como una hermana menor. Penélope debía de ser fuerte por el bien de Liliana. 
                     En una ocasión, aceptó dar un paseo con Liliana, con Jorge y con Penélope por los alrededores del Monasterio Franciscano. 
-Deberíamos de entrar en él-comentó Jorge. 
-¿Piensas que debería de tomar los hábitos?-inquirió Mikel. 
-Durante seis años, estuviste viviendo con los monjes. 
-Sólo sentía un profundo agradecimiento por ellos. Pensé en hacerme monje porque me sentía en deuda con ellos por haberme salvado la vida. Sin embargo, hablé con el Padre Prior. 
                    Liliana guardaba silencio. 
-¿Y qué os dijo?-quiso saber Penélope. 
-Yo había pensado seriamente en tomar los hábitos, pero el Padre Prior me recordó que yo tenía una obligación que cumplir-contestó Mikel-Los Monasterios no están hechos para esconderse del mundo, señorita Larreta, sino para servir a Dios. Por eso, decidí regresar. 
-¿Os lo aconsejó el Padre Prior?
-Me lo dijo. Fue muy claro conmigo en aquel aspecto. Lo estuve pensando detenidamente. Me di cuenta de que no sentía verdadera vocación. Y que él se había portado muy bien al hablarme como lo hizo. Me hizo ver que debía de regresar. Me despedí de los monjes, pero me sentí muy triste. Pasé unos años muy tranquilo viviendo en el convento. Sin guerras...Sin combates...Sin nada...
                    Le estaba costando trabajo volver a ser quién era. El conde de Garay...
                    Pero debía de hacer aquel sacrificio. Se lo había prometido al Padre Prior. 
                   Miró a Penélope. La joven parecía estar interesada en escuchar aquella historia. Un conde convertido en monje franciscano...Lo había pensado seriamente. 
                      Pero pensó que el Padre Prior tenía razón. No podía vivir escondido del mundo eternamente. Tenía que cumplir con su obligación. Cuidar de sus posesiones. 
                    Pero tenía otra obligación que cumplir. Debía de contraer matrimonio. 
                    Jorge se lo comentó una vez. El parto había estado a punto de costarle la vida a Liliana. Sólo Dios sabía si podrían tener otro hijo. 
                    Mikel empezó a fijarse en Penélope. 
                    Se sentaba a su lado, cuando acudía toda la familia a la Ermita de San Nicolás, los domingos al mediodía, a escuchar Misa. 
                    Había algo en aquella joven que llamaba mucho su atención. Pero no sabía decir bien de qué se trataba. La veía leer su misal. Le recogía el rosario a Liliana cuando se le caía. 
                    Se ponía detrás de ella a la hora de comulgar. Penélope se daba cuenta de ello. Se ponía un poco nerviosa. Ya tenía diecinueve años. Se suponía que debería de haberse casado. Liliana tenía veinticinco años. Se había casado un año antes, cuando todo el mundo daba por hecho que se quedaría soltera. 
                      Sospechaba que el cuñado de su prima parecía estar interesado en ella. 
                      Debería de estar contenta, pensaba Penélope. Pero Mikel poseía el don de ponerla nerviosa. 


                        Una vez, en Misa, se atrevió a darle la paz, depositando en su mejilla un beso.
-La paz sea con vos-le dijo Mikel. 
                         Otro domingo, Penélope le dio un beso en la mejilla a la hora de darle la paz. No supo el porqué obró de aquel modo, algo impulsivo. 

                          Ya había pasado un mes. Liliana intentaba no sentir envidia de Mikel. Pero sentía que ni siquiera los cuadros del caserío eran suyos. Ni siquiera los libros que le leía Penélope en voz alta con el fin de distraerla. 
                        Una tarde, Liliana y Penélope dieron cuenta en el comedor de una taza de leche caliente. Penélope bebió un sorbo de su taza de leche. 
-Me he fijado en que mi cuñado no para de mirarte-le comentó Liliana. 
-Son imaginaciones tuyas-replicó Penélope, poniéndose roja como la grana. 
-Mi cuñado quiere casarse y sospecho que ya ha encontrado a la mujer ideal en ti. 
                      Liliana llevaba puesto un vestido de color negro de luto. Antes de casarse con el conde, la familia Elizalde estaba en la más absoluta ruina. El contable de Liliana le había notificado que sólo le quedaban 200 reales. Cuando se casó con Jorge, Liliana había poseído unos pocos vestidos. Y las escasas joyas que había lucido eran de escaso valor. Casarse con Jorge fue para Liliana una forma rápida de prosperar en la vida. Así se lo contó aquella tarde a Penélope. 
-¡Por Dios, prima!-se escandalizó la chica-¡No puedes estar hablando en serio! 
-Mi familia no es tan rica como la tuya-le recordó Liliana. 
-Aún así, me resisto a creer que te hayas casado con Jorge sin amarle. Sólo por su título y por su dinero...
-Ya todo eso ha pasado. 
                          Algunas tardes, para entretener a la familia, Penélope interpretaba una pieza con su clavecín. Mikel le regaló en una ocasión partituras nuevas. El clavecín de Penélope había pertenecido a su padre, quien había decidido regalárselo. A su hija se le daba mejor la música que a él. Una de aquellas tardes, Penélope acabó de interpretar una pieza. 
-Posee un talento indiscutible-oyó cómo Mikel le decía a doña Elisa-Yo podría regalarle un clavecín nuevo, señora de Larreta. 
-¡Oh, no!-exclamó doña Elisa-Excelencia...Os aseguro que no es necesario. El clavecín perteneció a mi difunto marido. 
-El señor conde es demasiado bueno-afirmó Penélope. 
-Son mis invitadas y quiero complacerlas-le aseguró Mikel. 

-Odio los días de lluvia-le comentó Penélope a Mikel. 
                   Los dos se encontraban solos en el salón. 
-Veo cómo las olas se elevan y pienso que van a tragarse la isla-prosiguió Penélope. 
                    Mikel se encontraba junto al aparador. 
-Eso no va a pasar-le aseguró. 
                    Veía el cabello rubio de Penélope suelto. Sus ojos de color violeta reflejaban una honda preocupación. 
-Eso no lo sabéis, Excelencia-le replicó la joven. 
                   La chimenea estaba encendida y un agradable calor inundaba todo el salón. 
                    Liliana se había retirado a su habitación, alegando que le dolía la cabeza. Jorge estaba en el despacho escribiendo unas cartas. 
                    Era la hora de hacer público que Mikel estaba vivo. Doña Elisa subió a la habitación de Liliana para interesarse con ella. Por eso, Mikel y Penélope estaban solos en el salón. Mikel deseaba acercarse más a aquella joven. Y Penélope no sabía cómo comportarse. 
-Mi prima me ha dicho que estáis buscando esposa-atacó la chica. 
                  A Mikel le llamó la atención lo directa que había sido Penélope. La joven estaba asombrada con su audacia. 
                     Por lo general, no era así. Pero quería conocer cuáles eran las intenciones de Mikel hacia ella. 
-Mi cuñada ha sido sincera con vos, señorita Larreta-admitió el conde-No le voy a ocultar que tengo que cumplir con mi deber como conde. 
-Y dejará de lado los sentimientos-le acusó Penélope-¿No es así? 
                     Mikel agradeció su sinceridad. 
                    No quería casarse sin amor con una mujer. Sería una especie de blasfemia ante los ojos de Dios. Él quería casarse por amor con una mujer. Y Penélope era distinta a cuantas otras mujeres hubiera conocido. 
                   Penélope es dulce, pensó. 
                  Pero también era directa. Podía ver destellos de inteligencia en sus ojos de color violeta. Admiró su rostro en forma de corazón. 
                    Pero admiró también su sinceridad. El gran cariño que sentía por su prima. La guerra le había enseñado lo que era el valor de la lealtad. Lo que significaba la entregaba abnegada y desmedida. No por una causa...Sino por una persona...Como los monjes le habían ayudado a él, a un soldado malherido y desconocido para ellos. 
-No creo que pueda casarme con una mujer sin amarla-admitió Mikel-Y he empezado a amaros. 
-¡Eso no es posible!-se escandalizó Penélope-¡Casi no me conocéis!
-He empezado a conoceros. Y esta casa no volvería a ser la misma sin vos. Sois un ángel que ha llegado aquí. 
                   Mikel se acercó a ella, pero Penélope no era capaz de moverse. Y fue entonces cuando el conde posó sus labios sobre los labios de Penélope y la besó con ternura. Fue un beso dulce y, al mismo tiempo, apasionado. 

miércoles, 9 de abril de 2014

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Hola a todos.
¡Por fin!
He podido escribir un trozo de mi blog novela Segundas oportunidades. 
Tenía ganas de avanzar, aunque sólo fuera un poco, en esta historia, y, ¡al fin!, he logrado escribir un fragmento.
En este fragmento, la relación entre Jonathan y Margaret prosigue su curso. El joven va a visitar a Mary sin sospechar el parentesco que les une. Sin embargo, Eve, una de las mejores amigas de Edith, entrará en escena. ¿Será capaz de meter cizaña entre ellos?

                        Mary vertió té en la taza de Jonathan.
-Me alegro muchísimo de que hayas venido a verme-le dijo la mujer.
                       Tomó asiento junto a él a la mesa.
                       Jonathan había sentido aquella tarde el fuerte impulso de ir a visitar a Mary. La actitud de la mujer desde el día en el que le devolvió el cántaro había variado. Antes, parecía querer huir de él. Ahora, era bien recibido en su casa.
-¿Qué está haciendo usted en este lugar?-inquirió Jonathan-Por favor, no se ofenda por mi pregunta.
-Necesitaba estar sola-contestó Mary.
-Yo también quería estar solo. Mi esposa falleció y pensé que me moriría con ella. Fue muy duro.
-¿Has estado casado?
                       Mary pensó que, a lo mejor, Jonathan tendría hijos. Sus nietos...
                       La ilusión duró poco.
-¿Tienes hijos?-indagó.
                        Jonathan respondió meneando la cabeza en sentido negativo.
                       Abby y él habían deseado tener muchos hijos. Pero los niños nunca llegaron. Jonathan creía que él era estéril.
-¿Por qué dices eso?-se extrañó Mary.
                        Jonathan suspiró con gesto cansado. No se atrevía a contarle a aquella mujer tan bondadosa las espeluznantes circunstancias en las que había sido concebido y la forma tan horrible en la que vino al mundo.
-Abby siempre gozó de una salud de hierro y sus padres adoptivos decían que podía parir una docena de hijos, si así lo quería-contestó Jonathan-Supongo que debió de ser culpa mía la ausencia de hijos. Además... Eso no importa.
                       Tampoco quería entrar en detalles acerca de cómo era la vida íntima en su matrimonio. Abby era una joven muy decente y pudorosa que le tenía cierto pánico al contacto físico con él.
-Eres un joven muy apuesto y sospecho que también muy noble-observó Mary-Antes o después, encontrarás a otra mujer. Aunque suene duro. Pero deberías de darle otra oportunidad al amor.
-Eso es lo que estoy haciendo-le confesó Jonathan.
                       Entonces, le habló a Mary de su relación con Margaret. Con la sobrina de los primos de sus padres adoptivos...
-¿Estás enamorado de ella?-le preguntó Margaret.
-He llegado a quererla mucho-respondió Jonathan.
                       Todo lo que le estaba contando era verdad. Margaret era una persona muy importante en su vida. Sentía cosas que nunca antes había sentido con Abby. Le embargaba un fuerte deseo de tenerla entre sus brazos. De hacerle cosas que jamás se había atrevido a hacer con Abby porque ella no lo habría querido. Veía el fuego de la pasión reflejado en los ojos de Margaret.
-Ten mucho cuidado, Jonathan-le exhortó Mary-Es fácil confundir el deseo y el cariño fraternal con el amor verdadero.
-Yo nunca le haría daño a Margaret-le aseguró el joven.
-Eso espero.

                         Al salir de la casa de Mary, Jonathan decidió dar un paseo antes de regresar hasta el hogar de los Hollins. Hacía una tarde soleada.
                        De pronto, Jonathan escuchó una voz que le llamaba.
-¡Señor Lennon!-le gritó una voz.
                       Al principio, Jonathan no reconoció aquella voz. Pertenecía a una joven.
                      Pero no era la voz de Margaret. Y tampoco era la voz de Edith.
                      Se giró y vio a Eve Kipling, que se dirigía a toda prisa hacia él.
-¡Menos mal que le encuentro!-exclamó la joven al llegar a su altura.
                       Jonathan la saludó depositando un beso en su mano.



-Celebro verla de nuevo, señorita Kipling-le dijo.
-He tenido un problema espantoso y espero que usted me lo solucione-le contó Eve.
-¿De qué se trata?
-He venido a visitar a Edie. Sin embargo, mi doncella se ha sentido indispuesta y me ha dejado sola en el embarcadero. Ha tenido que volver a casa una vez aquí.
-Lo siento mucho. Yo puedo acompañarla a su casa, si así lo deseo.
-¡Oh, se lo agradezco de veras!

                       Jonathan acompañó a Eve hasta la casa de los Hollins.
                       El mayordomo le abrió la puerta a la joven. Jonathan decidió quedarse un rato paseando por el jardín. Se agachó para coger una flor que estaba creciendo entre la hierba.

 

                     Se sobresaltó cuando se percató de que había alguien más con él en el jardín. Era Margaret.
-Ya has regresado-comentó la joven.
-He ido a ver a Mary-le contó Jonathan.
-Eres capaz de hacer salir de su encierro hasta a una ermitaña. Nunca la he visto relacionarse con alguien de la isla. Eres especial.
                      Los labios de ambos se encontraron en un beso cargado de calidez. Un beso lleno de ternura...Un beso lleno de pasión...
                     Dieron un paseo por el jardín. Jonathan quería hablar con los tíos de Margaret.
-Deseo hacer las cosas bien-le expuso a la joven.
                      También quería escribirle una carta a sus padres adoptivos.
-Siento que todo está pasando muy deprisa-sonrió Margaret-¡Y que estoy soñando!
                       Se echó a reír. Jonathan la abrazó y los dos giraron sobre sí mismos.
-No estás soñando-le aseguró-¡Esto es real!
                       Llenó de besos la cara de Margaret.
-¡Debo de contárselo a Lucy!-exclamó la joven, muy contenta.
                    Su hermana no sabría qué pensar. Le diría que estaba loca por haberse enamorado de un joven al que casi no conocía. O, a lo mejor, le diría que se alegraba por ella. Lucy era muy desdichada en su matrimonio. No quería que Margaret corriera su misma suerte. Jonathan la besó de lleno en los labios.
-Deseo conocer a tu hermana-le confesó.
-Le escribiré una carta pidiéndole que venga a la isla-decidió Margaret-Pero, antes, he de hablarlo con mi tío.
-Está bien.
-¡Estoy segura de que no pondrá impedimentos a que Lucy venga a verme!
-Y yo estoy seguro de que me caerá bien.
-¡Te adorará en cuanto te vea!



                        Tuvieron que separarse cuando Eve abandonó la casa de los Hollins.
-¿Me estaba esperando en el jardín, señor Lennon?-le preguntó acercándose a él con una sonrisa radiante-Es muy amable por su parte.
                        Margaret miró a Jonathan extrañada.
-Le he prometido a la señorita Kipling acompañarla a su casa-le contó-Ha venido sola a visitar a tu prima porque su doncella se ha sentido mal.
-Pero volverá a casa enseguida-le aseguró Eve a Margaret-Me siento muy halagada de tener durante un rato a este gallardo joven sólo para mí.
                        Se echó a reír.
                        Margaret quiso pensar que Eve estaba bromeando. Pero un escalofrío recorrió su columna vertebral. Vio a Jonathan y a Eve salir del jardín.
                       Sintió una dolorosa punzada dentro de su pecho. Parecía que Eve iba a colgarse del brazo de Jonathan en cualquier momento. Se dijo así misma que no debía de sentir celos. Después de todo, Eve casi no conocía a Jonathan. No podía sentir nada por él.
                       Margaret se percató de que no estaba sola en el jardín. Edith estaba a su lado. Se daba cuenta de que su prima parecía estar sufriendo un ataque silencioso de celos. Rodeó los hombros de Margaret con su brazo. En silencio, intentó animarla y consolarla.

martes, 8 de abril de 2014

VIAJE DE IDA

Hola a todos.
Hoy, me gustaría compartir con vosotros este pequeño relato que escribí en el día de ayer.
Es una historia bastante romántica.
Espero que os guste.

ISLA DE HECETA, ARCHIPIÉLAGO DE ALEXANDER, EN EL OCÉANO PACÍFICO, ALASKA, 1859

-Ha llegado un forastero-le comentó Hebe Collins a su prima Cressida. 
                       La muchacha apartó la vista del bordado que estaba haciendo en punto de cruz de un mantel. Hebe miraba por el ventanal del salón. 
-¿Cómo lo sabes?-inquirió. 
-Porque lo he visto llegar-contestó Hebe. 
-No me interesa. 
-¡Es un hombre muy apuesto, Cressy! Sospecho que se va a fijar en ti. 
-No lo creo. 
                       Cressida se echó a reír. Hebe tenía veintidós años mientras que ella tenía diecinueve años. Quien debía de casarse era Hebe, quien iba camino de convertirse en una solterona. 

                       Hebe era soltera y se había encariñado con su prima. Le daba consejo y bromeaba con ella. Hacía ya dos años que vivía en casa de sus tíos. Era feliz viviendo allí. No tenía hermanos. Cressida también era hija única. Se tenían la una a la otra. 
                      Dormían en habitaciones separadas. Pero, a veces, Hebe iba a la habitación de Cressida. Se sentaba en su cama. Pasaban las horas muertas hablando, sumidas en la penumbra de la habitación. 
                      Era Hebe quien solía acompañar a Cressida a su habitación después de cenar. Le daba dos besos en cada mejilla. Cressida y ella compartían la misma doncella. 

                      Unas semanas después, Daniel Emory se había enamorado. Conoció a Cressida cuando la vio dando un paseo por la playa en compañía de su prima Hebe. Alguien le dijo que las dos primas rara vez se separaban. Se lo comentó un pescador. Hebe y Cressida Collins pertenecían a la única familia adinerada de la isla. La madre de Cressida y tía de Hebe, Abigail Collins, soñaba con ver a su sobrina casada antes de buscarle un marido a su hija. El marido de Abigail creía que estaba cometiendo un error. Primero, debían de casar a su hija. 
                     Poco a poco, Daniel fue consciente del poder que estaba ejerciendo casi sin darse cuenta sobre Cressida. A la joven le atraían sus manos. Eran unas manos fuertes. Sus dedos eran largos. 
                     El cabello de Daniel era más largo de lo que dictaba la moda de la época. Sus ojos eran de color gris como el acero. Su boca era de trazado sensual. Era alto y musculoso. Practicaba boxeo con frecuencia. Pero, en aquellos momentos, Daniel sólo quería aislarse del mundo. 
-¡Necesito saber más cosas de ese hombre!-se impacientó Cressida. 
                     Su madre le tendió una taza de chocolate. Era la hora del desayuno. Su padre la miró con cierta preocupación. 
-No está en tu naturaleza el ser impulsiva-observó Hebe-Espero que no cometas una locura. Ese hombre casi no ha hablado contigo. 
-Podría venir a cortejarme-se ilusionó Cressida. 
-Ten cuidado, hija mía-le exhortó su padre-No sabemos nada de él. Podría ser tu desgracia. 
-¡O podría ser mi felicidad, papá! Nadie lo sabe. 
-Tu padre tiene razón-intervino Abigail-Ten cuidado con él, Cressy. 
                         Daniel poseía numerosas casas en distintos puntos de Estados Unidos. 

                         Cressida y Hebe salían a dar paseos por la playa. Las dos jóvenes albergaban la esperanza de encontrarse con Daniel. 
                          Se le veía pescar junto con los demás pescadores de la isla. 
-Es feliz aquí, siendo un pescador más-observó en una ocasión Cressida-¡Me gustaría tanto poder hablar con él! 
-He oído que es un hombre muy rico-le contó Hebe. 
-Debo de darte las gracias porque le he conocido gracias a ti. 
-Ya sabes lo curiosa que soy. 
                       Cressida se echó a reír. Hebe la miró con preocupación. Su prima estaba viviendo el sueño de su primer amor. Y eso podía llegar a ser algo nocivo. 

                        Daniel había estado prometido con una viuda elegante y sofisticada, miembro de una familia muy rica.
                        Pero el compromiso se había roto. De pronto, su prometida le había confesado que no lo amaba. Que lo único que quería era pagar sus deudas. Al parecer, su esposo la había dejado en la ruina. Por suerte, no habían tenido hijos.

                           Daniel se dio cuenta de que Cressida se había metido en su corazón cuando la vio en el jardín de su casa. Paseaba delante de la verja de aquel jardín con la esperanza de verla. No se atrevía a dirigirle la palabra. 
                          Fue cuando la vio corretear por el jardín persiguiendo a su prima Hebe. Se le metió el sonido de su risa sonora en el corazón. Cressida le vio y supo que Daniel estaba interesado en ella. En una chica que nunca había salido de su casa. 
-Tiene que venir a pedir tu mano en matrimonio-le dijo su padre cuando Cressida entró en su despacho para contarle lo ocurrido el día antes en el jardín. 
-Puede ser que esté realmente enamorado de mí. 
        
                         Daniel decidió cortejarla. No paró hasta que consiguió una cita con Cressida. Ella acudió a su encuentro visiblemente nerviosa. Pero sus ojos brillaban como dos perlas preciosas. Se vieron en la playa. Sólo le habló de aquella cita a Hebe. 
                      Y fue en la playa también donde Daniel y Cressida se besaron por primera vez. Era el primer beso de Cressida. Nunca lo olvidaría. 
                         A aquel beso le siguieron otros besos. 
                          Se enamoraron. Desde aquel momento, Daniel era otro. Miraba a Cressida como si fuera su más valioso tesoro. La trataba con una ternura que era infinita. No sólo Cressida era suya, sino que él era de Cressida. Fue un cortejo que se prolongó durante varios meses. Se vieron en la playa y, en ocasiones, Hebe hacía las veces de carabina. 
-No se propase con mi prima, señor Emory-le advertía la joven-Recuerde que es una muchacha decente. 
-Amo a su prima, señorita Collins-replicaba Daniel con firmeza. 


                    Poco a poco, Daniel empezó a jugar con los mechones de pelo de Cressida. Ella se soltaba el pelo cuando estaba a solas con Daniel. Le señalaba el mar. Las rocas...Las gaviotas...La arena...El horizonte...
-Está empezando a nacer algo entre nosotros-comentó Daniel en uno de aquellos encuentros.
-¿Qué quieres decir?-inquirió Cressida.
-¿No lo sientes? Deseo verte a todas horas. Cressy, me he enamorado de ti.
-Daniel...
                      El joven no dijo nada. Se limitó a besarla con pasión. Acarició el cabello suelto de la muchacha. La estrechó contra su cuerpo.
-Quiero que nos casemos, Cressy-le confesó Daniel-Y te juro que vas a ser la mujer más feliz del mundo a mi lado.

                    Decidieron prometerse en matrimonio. Finalmente, se casaron. 
                      La boda se celebró en la pequeña Iglesia del pueblo. 
                      Cressida llegó al matrimonio virgen. Daniel había tenido poco trato con las mujeres. Se veía así mismo como un joven hosco. Creía que las mujeres huían de él. Era extrovertido, pero no sabía cómo comportarse con una mujer. Hasta que conoció a Cressida. 
                        Le escribía cartas de amor durante su cortejo. Se las enviaba a través de Hebe. 
                        Y, a través de Hebe, Cressida le escribía cartas de amor a Daniel. Él le regalaba ramos de flores. Se entregó por completo a aquel amor puro que Cressida le inspiraba. 
                       En su noche de bodas, la muchacha perdió al virginidad. Sabía lo que se esperaba de ella porque su madre se lo había contado días antes, mientras tomaban el té. 
-Tú tienes que dejarte hacer y no pensar en nada-le exhortó. 
-Pero me dolerá-se asustó Cressida-¡Me da mucho miedo! 
-Reza para que dure poco y para que te quedes embarazada. 
                        En el día de su boda, al caer la noche, empezó a llover. Alguien habría dicho que una novia mojada era una novia afortunada. Cressida no supo qué pensar. 
                         Daniel la llevó a su casa. Los dos se desnudaron y pasaron a la habitación. Él le susurró palabras de amor. Se besaron muchas veces. Se acariciaron mutuamente. 
                         Cressida tenía miedo. Recordaba lo que le había contado su madre. 
                         Pero Daniel la deleitó con las más excitantes de las caricias. Con sus apasionados besos... Con sus abrazos...
                         Llenó de besos los pechos de Cressida. La besó en el vientre. Se impregnó del aroma que exudaba el sexo de la joven. Acalló el grito de dolor que emitió la joven al ser desvirgada con un beso. 
                         Cressida pensó que lo vivido aquella noche no tenía nada que ver con la desgracia para la que su madre la había preparado. Abigail había exagerado mucho lo ocurrido. 
                        A los pocos días, Hebe fue a visitarla. La echaba mucho de menos. Dieron un paseo por la playa, sabedoras de que su relación no volvería a ser como había sido antes. 
-Te echo mucho de menos-se sinceró Hebe. 
-Puedes venir a verme todas las veces que quieras-le recordó Cressida. 
-Pero ya no vives ni con los tíos ni conmigo. No es lo mismo. 
-Lo sé. Ahora, mis padres pensarán en buscarte un buen marido. Alguien que te quiera mucho. 
                    Hebe esbozó una sonrisa trémula. No se veía así misma siendo una mujer casada. Abrazó con cariño a Cressida. 

                      Podían ir a cualquier parte.       
                        Pero, cuando se casaron, se fueron a vivir a la casa que Daniel había comprado en la isla. Sabía que no podía arrancar a Cressida de aquel lugar porque allí estaba su familia, a la que tanto quería. En aquella isla, al lado de su marido, Cressida vivió la etapa más feliz de su vida. Estar al lado de Daniel le bastaba a Cressida. Su esposo había logrado, gracias a su tesón, convertirse en uno de los hombres más ricos del país. 
                        A veces, Daniel se tumbaba desnudo en la arena. Veía cómo Cressida iba corriendo hacia él. El Sol se ocultaba en el horizonte. Cressida se acostaba junto a Daniel. Solía llevar puesta una camisola mojada que se le pegaba al cuerpo. Apenas se hubo acostado junto a Daniel, éste se la quitó. Cressida se echó a reír. Su risa era sensual. Su marido la había abierto las puertas a un mundo desconocido para ella. 
                       Cressida había descubierto que hacer el amor con su marido no era ninguna obligación. Para ella era todo placer. 
                         En la arena, Cressida disfrutaba al sentir a Daniel encima de ella. La besaba una y otra vez con pasión. Llenaba de besos su piel. Centímetro a centímetro...La acariciaba. La abrazaba. Lo sentía dentro de ella. 
                     Eran un solo ser. 
                    Se habían encontrado para no separarse nunca. 

FIN


viernes, 4 de abril de 2014

LA HERMANA PEQUEÑA DE ÉL

Hola a todos.
En mi blog "Berkley Manor", hablé largo y tendido acerca de uno de los tópicos que más se repiten en lo relacionado con los protagonistas de nuestras novelas románticas favoritas: la familia del galán.
Hablé largo y tendido acerca de sus relaciones familiares, pero, reflexionando, me he dado cuenta de que existe un patrón que se repite en la gran mayoría de nuestras novelas románticas favoritas.
Resulta que en muchas de ellas el protagonista tiene una hermana menor.
Siempre se ha hablado de que épocas pasadas eran apropiadas para soñar, pero eran nefastas para ser mujer.
Muchas novelas románticas, sin pretenderlo o queriendo, nos muestran esa doble moral.
El protagonista es casi siempre un libertino que se ha acostado con todas las mujeres casadas o viudas del país.
Sin embargo, la protagonista ha de ser virgen, casta y pura.
Yo iría un paso más allá.
El protagonista, a menudo, tiene una hermana menor que él. Casi siempre, suele ser una jovencita de dieciocho años, en plena edad casadera y que ha de ser presentada en sociedad.
El protagonista la tiene casi encerrada en la casa de campo de la familia, con una institutriz que ha de vigiliarla constantemente (si la institutriz es joven y bella, es la candidata perfecta para ser la protagonista y pase por la cama del héroe). Amén de los criados, los padres (si los tiene), el ama de llaves, el mayordomo y la abuela adorable.
Todos han de impedir que, incluso, la chica haga actividades tales como salir a dar un paseo por el campo o que monte a caballo.
Y todo ello mientras el galán se tira a todo bicho viviente en Londres.
La chica no puede hablar con nadie. Si mira a un chico, su hermano ya está pensando en encerrarla en un convento mientras piensa cómo va a seducir a la institutriz.
Si la chica insiste en ser presentada en sociedad, su hermano intentará que triunfe, pero no querrá que baile con nadie. Si puede llevársela del baile antes de las diez de la noche, mejor.
¿Regalos? El galán los tirará a la basura.
¿Visita de un pretendiente? El héroe lo echará a patadas de la casa.
¿La pilla dándose un beso con un joven? ¡Será Troya!
La hipocresía en estos casos se basa en que el héroe de turno se ha acostado con casi toda la población femenina de Londres y mantiene a su hermana (a la que dice querer, pero que va a visitar de año en año) en un estado parecido a un cautiverio en la casa de campo de la familia. Y que, cuando la chica consigue ser presentada en sociedad, la asfixie y no la deje relacionarse con nadie. Eso sí, él estará ocupado seduciendo a la institutriz/modista/criada o lo que sea que le toque como pareja.
Lo malo es el carácter de la hermana.
Casi siempre está justificando las actuaciones del hermano.
Las excusas son:
-Nuestro padre se portó muy mal con él (y conmigo, pero eso no importa).
-Esa zorra le rompió el corazón.
-Nuestra madre murió cuando éramos muy pequeños y sufrió mucho (yo también sufrí, pero eso no importa).
-En la guerra lo pasó muy mal.
No es tan tonta como aparenta y sabe las fechorías que comete su hermano en Londres, pero sigue justificándole.
En ocasiones, la hermana termina hasta las narices y acaba escapándose para vivir una aventura. Todo lo que a ella le está vetado por ser mujer. Tenemos dos ejemplos:
-Emily, la protagonista de Bésame antes del amanecer. En la primera entrega, Bésame en la oscuridad, Emily se cansa de la vigilancia a la que se ve sometida por todo el mundo, empezando por su hermano, y se va de casa. En la calle, descubre un mundo desconocido para ella (los bajos fondos) y se enamora de un chico huérfano, Peter, que se convierte en una especie de protector. Años después, con los dos ya adultos, se dan cuenta de que no pueden vivir el uno sin el otro.
-Lady Jacinda Knight. Justifico lo que hace porque sus hermanos, a excepción de Robert, se han cepillado a todo bicho viviente, mientras que ella y Lizzie prácticamente viven encerradas. En Deseos Prohibidos, Jacinda se harta y huye. Sus hermanos dicen que lo hacen por su bien, para que no siga los pasos de su disoluta madre. Pero Jacinda debe de preguntarse el porqué sus hermanos saltan de cama en cama como los canguros y nadie les critica y ella debe de ir con pies de plomo por si enseña un poco los pies al caminar. Creo que Jacinda, más que rebelde y caprichosa, la considero rebelde y harta de tanto machismo. Cuando se entera de que sus hermanos quieren casarla con un amigo de la familia, más para tenerla vigilada (a mi parecer) que otra cosa, es la gota que colma el vaso y se va. Durante su huida, llega a los bajos fondos donde conoce a Billy Blade, líder de una banda de delincuentes e hijo de un noble del que huyó porque le maltrataba. Billy y Jacinda se enamoran perdidamente. Aquí, los hermanos Knight agachan la cabeza y ceden.
Jacinda es el vivo ejemplo de lo que deberían de hacer muchas hermanas de protagonistas de novelas románticas para bajarle un poco los humos: rebelarse.
Pero, en el siglo XIX, rebelarse contra un padre o un hermano siendo una mujer quien lo hace es una condena al ostracismo.
El siglo XIX...Una época para soñar, pero no para vivir si eres mujer.
Por cierto, en ocasiones, la hermana sigue siendo la que justifica a su hermano y le obedece en todo. Puede seguir siendo soltera porque no encontró un hombre a su medida (es decir, a la medida de lo que desea el galán como cuñado). O puede encontrar un hombre que sea de su gusto (es decir, del gusto de lo que desea el galán como cuñado).

 Portada de Deseos prohibidos, de Gaelen Foley.

jueves, 3 de abril de 2014

¡OTRO PREMIO PARA EL BLOG!

Hola a todos.
Hoy, estoy super contenta.
El motivo es que, ¡el blog ha recibido otro premio!
Yessy Kan, la administradora del blog "Manifiesto de amor", donde podéis encontrar poemas cargados de sentimiento, ha tenido el bello detalle de acordarse de mí a la hora de nominar a los ganadores del Premio Liebster Award.
Este premio permite dar a conocer a todos aquellos blogs que tienen menos de 200 seguidores, lo cual es todo un detalle por parte del ideario del mismo. Ayuda a aquellos bloggers a darse a conocer.
Y, como viene siendo costumbre, el premio trae consigo una serie de requisitos a cumplir.
Lo primero que quiero hacer es darle un millón de gracias a Yessy Kan y a su genial blog "Manifiesto de amor" por haber tenido este precioso detalle conmigo.
Después, hay que responder a las preguntas que ha hecho el nominador.
En este caso, Yessy se ha decantado por hacer 3 preguntas.
-¿Crees que hay solidaridad, o crees que hay competencia, envidia entre bloggeros? Por lo que he vivido, creo que hay mucha solidaridad entre bloggeros. Nos apoyamos los unos a los otros.
-¿Alguna vez has pensado en crear un videoblog? ¡Nunca! Soy cero fotogénica. Además, me daría corte hablar delante de una cámara y saber que alguien puede verme la cara al otro lado. ¡No podría!
-¿Qué opinas de los premios que se otorgan bloggers entre sí? Que le hacen un flaco favor a los demás.

Ahora, vienen las once preguntas que he de hacer yo.
-¿Cuál es el cuento que más te ha marcado en tu niñez?
-¿Los cuentos que leías de niña han influido en tu manera de escribir?
-¿Qué te parecen los videos loquendo que abundan últimamente en Internet?
-¿Sigues los dictados de la moda literaria al escribir?
-¿Te has visto obligada u obligado a cambiar algo de alguna historia que estabas escribiendo porque te lo han sugerido?
-¿Has sentido alguna vez que lo que estabas escribiendo era demasiado disparatado?
-¿Investigas a la hora de escribir sobre determinado tema?
-¿Conservas algún relato que escribiste en tu adolescencia?
-¿Sientes miedo al enfrentarte a una hoja en blanco?
-Dentro de la novela romántica, ¿cuál es tu subgénero favorito?
-¿Qué opinas de autoras clásicas de novela romántica como Shirley Busbee o Valerie Sherwood, entre otras?

Y, ahora, toca la parte más difícil.
Me he decidido a otorgar el premio a estos once blogs que seguro que van a dar de qué hablar en el futuro.

http://azuliapourtoujours.blogspot.mx/
http://margot73.blogspot.com.es/
http://novelasdelirantesvirginia.blogspot.com.es/
http://andi-cor.blogspot.com.es/
http://flordefuego-saga.blogspot.com.es/
http://www.iristhernandez.blogspot.com.es/
http://estapalabra.blogspot.com.es/
http://jellyperfectavida.blogspot.mx/
http://llecant.blogspot.com.ar/
http://www.kristelralston.com/
http://cristinawriter.blogspot.com.es/

Desde aquí, le deseo enhorabuena a todos los nominados y mucha suerte en sus futuros proyectos.


miércoles, 2 de abril de 2014

UN ESCALAFÓN MÁS BAJO ELLA QUE ÉL

Hola a todos.
Hoy, me gustaría ahondar en las diferencias sociales existentes entre los protagonistas de una novela.
Si os fijáis bien, en la inmensa mayoría de los casos, ella está uno o varios escalafones sociales por debajo de él.
Vamos a verlo.
Aquí podemos repetir el binomio: pueblo pequeño-Londres.
El pueblo pequeño es donde puede vivir la protagonista, ya que, recordemos, en esta inmensa mayoría de novelas, ella pertenece a un escalafón social inferior al del protagonista.
El protagonista la conoce cuando, ¡milagro!, se va de Londres para escapar de algún marido que quiere matarlo porque se ha cepillado a su señora o porque alguna amante (y aquí tenemos dos modelos: la viuda bella con experiencia y la actriz bella y con experiencia) quiere casarse con él y él no quiere porque no está hecho para el matrimonio.
Puede ser una campesina, una criada o la hija del médico del pueblo. No puede ser la hija de los vecinos cuyas tierras lindan con las suyas. Ella, por supuesto, es virgen y sin experiencia. Casta y pura hasta extremos insospechados...Y nuestro héroe, que ha pasado por mil camas, se enamora locamente de ella y querrá casarse con ella.
Si la conoce en Londres, es porque tiene que hacerse cargo de algún pariente menor de edad y contrata a una institutriz que, de inmediato, se enamora de ella siendo correspondido. O es una modista que trabaja en Londres. O una prostituta virgen que conoce en Londres. (Ha ocurrido. Ella es prostituta y él es su primer cliente. La perla secreta es el mejor ejemplo, sin ir más lejos). O entra a trabajar bajo su servicio como su criada.
Si pertenece a su mismo estatus social, ella pertenece a un rango bajo de la nobleza y está en la ruina. No puede ser una joven que pertenezca a la aristocracia, aunque su familia tenga un título un poco más bajo que el de él, pero que tenga dinero.
No...Tiene que estar en la ruina y su familia está intentando casarla con el ser más detestable del mundo. Algo así como invocar al Príncipe Azul y que él aparezca con su caballo blanco y su brillante armadura.
Mary Balogh ha escrito novelas en las que sus heroínas son institutrices que se casan con aristócratas. Pero también ha escrito novelas protagonizadas por chicas que gozan de un estatus similar al del galán de turno y tienen tanto dinero como él. Y tenemos un buen ejemplo en su genial novela Ligeramente escandaloso. 
Su protagonista, Freyja, no es ninguna Mary Sue. Es una joven con mucho carácter (y sigue conservando ese carácter a lo largo de la novela, ¡gracias a Dios!). No posee una espectacular belleza física, pero su mayor atractivo radica en su manera de ser y de sentir.
Freyja es una joven con dinero y perteneciente a la aristocracia, ya que su hermano es el duque de Bewcastle. Joshua es el marqués de Hallmere, un hombre tan acaudalado como lord Bewcastle.
Entiendo que lo interesante de los escalafones sociales distintos es ver cómo intenta triunfar su amor por encima de todas las cosas. Y no digo nada que no sepamos. Sí, al final, el amor triunfa.
Pero llama mucho la atención que ella, casi siempre ella, sea una chica trabajadora. Institutriz, criada, campesina. O que esté en la ruina. Como si la aparición del hombre de su vida le vaya a solucionar todos sus problemas económicos. A veces, mi lado cínico me ha sorprendido haciéndome una pregunta cuando estoy leyendo una novela de estas características. ¿Estás con ese duque/marqués/conde/vizconde porque lo amas realmente o porque es el tío más rico y poderoso de todo el país y, al casarte con él, tú serás rica y poderosa?
Pocas son las novelas en las que sea el protagonista un humilde campesino o sirviente.
Pero, si tiene un pasado humilde en el que se ha visto obligado a trabajar para salir adelante, ya sea como boxeador (Zachary, de Donde empiezan los sueños o Simon, el protagonista de Secretos de una noche de verano. El primero fue boxeador y el segundo fue carnicero); no pasa nada. Cuando empiece la novela serán ricos y ellas acudirán a él buscando un marido rico o alguien que las ayude económicamente, aunque sea trabajando para él como institutriz.
Casi nunca es al revés.
Os pido perdón por el cinismo que desprende esta entrada.
Pero confieso que el tópico de que ella sea más pobre que él es uno de los que más me enerva.
Mañana, haré una entrada más alegre.
El blog va cogiendo de nuevo vida poco a poco. ¡Y ojala sea así!

 Portada de Deja que el amor te encuentre. La protagonista, Amanda, es la hija de un duque con mucho dinero. La joven busca marido desesperadamente, pero sus planes chocan al conocer a un criador de caballos del que se enamora. Él ocupa un escalafón inferior al de ella y se gana la vida honradamente. No es ningún aristócrata de incógnito huyendo de hermanos/maridos/amantes furiosos. Para mí, lo mejor que ha escrito Johanna Lindsey en años. Un soplo de aire fresco.

martes, 1 de abril de 2014

¿ALGÚN LUGAR MÁS A PARTE DE LONDRES?

Hola a todos.
He perdido la cuenta de las novelas románticas de época que he leído a lo largo de los últimos dieciséis años, desde que cayó en mis manos Olivia y Jai. 
He leído a diversas autoras. De un tiempo a esta parte, salvo algunas honrosas excepciones, parece que todas las novelas románticas históricas siguen el mismo patrón.
En su inmensa mayoría, transcurren en el Londres de la Regencia. Es un poco como pasa con las novelas que transcurren en Escocia. ¿Acaso no hay más sitios en Escocia que no sean las Highlands? ¿No tiene Escocia preciosas islas y archipiélagos como las Orcadas?
Si no transcurren las novelas en el Londres de la Regencia, transcurrirán en otra década del siglo XIX. Mientras no se muevan de la capital inglesa.
El caso es que, ¿acaso no hay más ciudades inglesas aparte de Londres? He leído que algunas transcurren en un balneario de Bath. Pero, a excepción de ésas tenemos el binomio pueblo pequeño-Londres. O sólo Londres...
De Liverpool no sabemos nada.
Hay una honrosa excepción. Brenda Joyce. La saga de la familia de Warenne transcurre en gran medida en la Irlanda de principios del siglo XIX. La vida de las protagonistas podría ser similar a la de cualquier chica londinense con la excepción de que la puesta de largo se celebra en Dublín. Pero se agradece conocer más a fondo esta ciudad.
El pueblo pequeño es donde la familia riquísima del protagonista vive y tiene su casa de campo. El protagonista pasa más tiempo en Londres bebiendo y de furcias que visitando a su olvidada familia. Me extraña que los habitantes del lugar vivan bien gracias a él cuando no le han visto desde hace años.
La mayor parte de la novela ocurre en Londres. Sí, es muy divertido leer que los protagonistas se encuentran en una fiesta que se celebran en Almacks. O que pasean por Hyde Park. O las visitas que el héroe hace a los diversos clubs de caballeros de la ciudad.
Te sabes de memoria los nombres de todas las calles.
Te cansas de no salir nunca del riquísimo barrio de Mayfair sólo para pasar a los barrios más miserables. En ocasiones, la protagonista visita los barrios pobres para hacer obras de caridad. A veces, conoce a algún pequeño ladronzuelo de buen corazón al que adopta.
Y la cosa sigue a caballo entre el pueblo pequeño donde está la casa de campo del protagonista y donde ella monta a caballo y hace picnics por las tierras de él, pero no suele bajar al pueblo a conocer a los que habitan las tierras. Aunque, si lo hace, recibirá toda clase de alabanzas sobre el héroe, aunque los vecinos no le hayan visto nunca.
Algunas novelas transcurren en el Salvaje Oeste. En las novelas de piratas, la acción transcurren en islas que son refugio de piratas. Otras novelas transcurren en países exóticos. Pero es muy triste ver cómo los nativos de ese país parecen vivir felices sometidos a los colonos ingleses (porque recordemos que los protagonistas son ingleses). Y meto en ese saco a países tales como La India, Ceilán o Jamaica. En ocasiones, se van a otros países como Francia o Italia. Pero los protagonistas siguen siendo ingleses.
¿Todos los ingleses se han ido a París o a Roma de golpe?
Los cambios de escenario son buenos. Aprendes más cosas de otros lugares cuando lees una novela que transcurre en un lugar que no sea Londres.
En el proceso, el autor ha aprendido más cosas. Ha estado en un sitio desconocido descubriendo cómo era. Haciendo un viaje extraordinario.
Por algún motivo, varias autoras españolas, últimamente, ya no se centran sólo en escribir historias de amor que transcurran en Londres.
Y aquí tenemos algunos ejemplos:
La hija del cónsul, de Teresa Cameselle: Transcurre en el Sultanato de Bankara.
Dama de tréboles, de Olivia Ardey. Transcurre en el Salvaje Oeste.
Un amor en el tiempo, de Raquel Campos. Nos quedamos en un lugar fijo. El bonito pueblo de Tower Bridge...
Tormenta de amores, de Anna Soler Segura. La mayor parte de la acción transcurre en un cortijo andaluz, pero la novela arranca en Mississipi.
Coral, también de Teresa Cameselle: Toda la acción transcurre en Vigo.
Me dejo alguna en el tintero, pero es de agradecer el esfuerzo que hacen para que el género romántico no se quede estancado y vaya avanzando. Contando la misma historia, sí. Pero de una manera nueva y fresca. Poniendo cada una su propio sello. Dejando fluir la inspiración. Permitiendo que conozcamos sitios nuevos y podamos soñar con ellos.
Les estoy agradecida porque se mueven en otros sitios, a parte de Londres.

   

Y aquí algunas de las novelas mencionadas como claro ejemplo de que existen lugares más allá de Londres.