lunes, 9 de julio de 2012

HYDE PARK

Todos hemos querido pasear por él. Hyde Park, el parque más famoso de todo Londres.
Ha sido testigo de los encuentros de los protagonistas de muchas de nuestras novelas románticas favoritas. Toda joven que debute en sociedad tiene que ir a pasear por Hyde Park.
Fue el escenario de la Gran Exposición de 1851 (tema que trataré en otra entrada) y se construyó en él un Palacio de Cristal.
No sólo es un lugar para pasear. O para relajarse a orilla del lago Serpentine, que lo divide en dos. Hyde Park ha sido testigo de numerosas manifestaciones de grupos tanto feministas como pacifistas. Y también ha sido testigo del horror. En 1982 dos bombas del IRA Provisional acabaron con la vida de ocho personas allí.
Hay también tiempo para la música. La portada del albúm "Beatles for Sale", de los Beatles, fue tomada precisamente allí en el año 1964.
En su origen, fue un coto de caza privado para el Rey y los miembros de la Corte. Se abrió al público en el año 1637 para que todo el mundo pudiera disfrutar de su belleza e inmensidad (se dice que es más grande que el Principado de Mónaco, que ya es decir).
Fue a mediados del siglo XVIII cuando se creó el lago Serpentine, que es el que divide el parque en dos.
Se puede atravesar el lago gracias al puente de Long Water, diseñado en el año 1826.
Entre los años 1824 y 1825 se construyó la Gran Entrada a Hyde Park. Consta de una pantalla de columnas jónicas con tres arcos de entrada para carruajes, dos entradas peatonales y una casa para el guardia del parque.
Un jardín de rosas fue añadido en el año 1994.
Uno no puede ir a Hyde Park sin visitar el Memorial de la Princesa Diana de Gales, un anillo de piedra ovalada que fue inaugurado en julio del 2004.
En resumen. Hyde Park no es sólo un lugar que puede servir de encuentro romántico para los protagonistas de nuestras novelas románticas.
Es uno de los lugares más bellos de toda Inglaterra. Que ha sido testigo de lo mejor y de lo peor de la Historia inglesa. Un sitio que vale la pena explorar y descubrir.

sábado, 7 de julio de 2012

ALMACKS

Es, sin duda, el lugar con el que todos hemos soñado visitar alguna vez. Y bailar.
Se trata de Almacks.
La gran mayoría de nuestras novelas románticas favoritas muestran un baile que se celebra en Almacks.
Fue uno de los primeros clubes londinenses que admitía tanto a hombres como a mujeres. Un comité formado por las damas más influyentes de la sociedad de la época era el que lo presidía.
La única actividad conocida del club eran los bailes que se celebraban allí. Se celebraban sólo los miércoles por la noche. Sólo estaba permitida la entrada a todos aquellos que compraban el vale anual. Éste costaba unas 10 guineas. Este vale significaba el pase para entrar a formar parte de lo más granado de la alta sociedad de la época. Las damas que presidían el comité se reunían los lunes por la noche. Allí, decidían quién era admitido y a quién expulsaban.
¿Os lo imagináis? La vida social de muchas personas de la alta sociedad dependían de estas damas.
Encajaban en el perfil de la matrona cotilla que aparece en muchas de nuestras novelas románticas favoritas. Ellas eran las que decidían a quien se apartaba de la alta sociedad y a quién debían de admitir. 
Almacks era un edificio muy modesto.
El dinero no era necesario para ser incluido en el club.
Los nuevos ricos eran excluidos de allí. Tener título era importante. Los miembros debían de poseer, además, otras dos cosas. Buena educación. Y unos modales refinados. Se conocen casos de personas que no poseían mucho dinero. Pero sí tenían buena educación y eran refinados. Y fueron admitidos en Almacks.
No se servían allí comidas suntuosas. No tenían nada que ver con los bailes que se celebraban en las casas de las familias más influyentes de Londres. Bailes en los que se gastaba mucho dinero.
No se servían grandes cantidades de comida. Se servía pan cortado en rebanada fina y untado con mantequilla. Nada que ver con los canapés que se servían en las casas más lujosas de la ciudad. Para beber se servían té y limonada. Así se evitaba el escándalo de observar borrachos a los caballeros.
Se iba a Almacks principalmente para lucirse.
Para entablar relaciones con otros miembros de la alta sociedad. Era el lugar favorito donde buscar un marido. O donde buscar una esposa. Almacks se convirtió en el epicentro del Mercado Matrimonial de la época.
En la actualidad, Almacks ha sido sustituido por un edificio de oficinas. Pero una placa conmemora la existencia del club.
Y uno puede estar allí trabajando con el ordenador. Cerrar los ojos e imaginar que está en otra época. Suena una orquesta. Y baila el vals.

jueves, 5 de julio de 2012

EL ROMANTICISMO

He de confesarlo.
Mi periodo favorito de la Historia es el Romanticismo. Es una época cargada de pasión y de rebeldía. Nació como una manera de rebelarse contra el racionalismo propio de la Ilustración. Lo prioritario en este periodo de tiempo son los sentimientos. No la razón.
El Romanticismo se desarrolla a lo largo de toda la mitad del siglo XIX.
El hombre se presenta como un ser universal. Individual. No como una parte de un colectivo.
El liberalismo se enfrenta al despotismo ilustrado. El deseo de libertad contra la actitud paternalista de los dirigentes.
La lucha de la persona por ser ella misma. Incluso siendo diferente al resto.
El poeta se convierte en una especie de genio creador en lo relacionado con su obra.
No se quiere seguir el modelo a imitar de la cultura clásica. El artista busca su propio estilo.
La obra no tiene porqué ser perfecta. ¿Por qué no puede tener sus fallos? No tiene porqué acabarse. ¿Por qué no puede dejarse sin acabar?
Todo eso es lo que busca el artista romántico. Romper con los convencionalismos de su época.
Para ello, no se vacila a la hora de convertir en héroes a antihéroes como los piratas, Don Juan Tenorio o Prometeo. El dios que robó el fuego a los dioses para dárselo a los humanos. En la poesía, se mezcla la prosa con el verso. Se trata de romper cualquier norma relacionada con la métrica de la poesía, con la tradición de la misma. La acción de las obras literarias transcurren en ambientes oscuros y en ruinas. Como ocurre en "El estudiante de Salamanca", que alcanza su cénit en un cementerio.
La búsqueda de la libertad, la pasión desatada, el amor libre, la individualidad...Todo eso era lo que se perseguía durante el Romanticismo.
Sin embargo, en muchas obras escritas durante este periodo, el héroe o la heroína románticos chocaban con la realidad. Ellos sólo tenían su carácter idealista. Y la realidad era miserable. Los amores románticos se truncaban. Y el héroe o la heroína sólo veían una solución a sus problemas y esa solución no era otra que el suicidio.
Es la época en la que nace la novela por entregas o folletines. Es el periodo en el que aparece la novela gótica o de terror, tan bien encarnada en "Frankenstein".
Uno de los grandes autores románticos de nuestro país es Gustavo Adolfo Bécquer. ¿Quién no ha oído hablar de sus famosas "Leyendas"? Historias que él recogió en un libro. Historias que reflejan a la perfección la idea del Romanticismo. El héroe que busca su propia individualidad, como es el caso de Manrique, el joven solitario protagonista de "El Rayo de Luna". La pasión desatada de los protagonistas de "La cueva de la mora", un soldado cristiano y la hija de un alcaide moro.
Una obra que refleja bien todo el sentir del Romanticismo es, sin duda, "Carmen", de Prosper Merrimée. El carácter rebelde de los protagonistas, su deseo de ser libres por encima de todo, el amor que se profesan... Una historia de amor que está abocada a un final trágico.
Pero, sin duda, la obra cumbre del Romanticismo es, por encima de todas, "Cumbres borrascosas". Heathcliff y Cathy son dos jóvenes rebeldes. Desean ser libres y se han enamorado de manera apasionada. Su historia, como ya sabemos, no tiene un final feliz. El ambiente en el que transcurre la historia es lúgubre. Los páramos adquieren una apariencia fantasmal. Quizás, debido, a los fantasmas que habitan en ellos. Los fantasmas de Frances, de Hindley, de Cathy, de Linton, de Isabella...Incluso, el propio fantasma de Heathcliff.
No es de extrañar que muchas de nuestras historias favoritas transcurran en esta época. Héroes y heroínas rebeldes...Amores apasionados...Y es que hay cosas que nunca cambian. Y nuestro deseo de amor, de libertad y de rebeldía forma parte del ser humano.

miércoles, 4 de julio de 2012

RESEÑA DE "LA MÁS BONITA DE LAS FLORES", DE RAQUEL OTERO

Ésta es la segunda crítica literaria que hago.
Y la novela que vengo a reseñar es "La más bonita de las flores", de Raquel Otero.
Es su primera novela romántica de época y, a decir verdad, espero que no sea la única que escriba de este estilo.
Os dejo con la información que da bubok de la novela.

"La más bonita de las flores".
Autor: Raquel Otero.
Estado: Público.
Número de páginas: 214
Tamaño: 150x210
Interior: Blanco y negro.
Maquetación: Pegado.

Regina López es una joven granjera que vive a las afueras de un pueblo llamado Campdevànol en Lérida. Su padrastro emprende un largo viaje de negocios a Inglaterra y su madre cae gravemente enferma. Durante un breve encuentro, inevitablemente Regina queda enamorada del joven vizconde Carlos de la Vega, pero el padre de éste no está contento con esta relación. Regina pierde a sus padres en unas duras condiciones y Carlos la protegerá de los múltiples peligros que rondan sobre ella, pues no permitirán que le hagan daño alguno.

La acción de esta historia transcurre en el año 1830 en un pequeño pueblo de Lérida, Campdevànol. Allí vive Regina López, una bonita y joven granjera. Su padre murió cuando ella tenía cinco años y su madre, María Catalina, volvió a casarse con Nicolás. La relación entre Regina y su padrastro no es del todo cordial. Un día, éste emprende un viaje a Inglaterra por negocios. Deja a cargo de la granja a Fernando, hacia el que Regina siente una gran antipatía y con razón, como veremos más adelante.
La casualidad hace que Regina conozca a Carlos de la Vega, un joven vizconde. El flechazo es inmediato.
Hay muchas cosas que, a simple vista, podrían separar a Carlos y a Regina. Sin embargo, deciden, casi desde el primer momento, luchar por estar juntos.
Pero parece ser que todo el mundo se opone a esta relación. Está Fernando, que está obsesionado con Regina y se dedica a hacerle la vida imposible. Y, por el otro lado, está el padre de Carlos, don Bartolomé de la Vega, un auténtico, con perdón de la palabra h.d.p.
Desde el primer momento, intentará impedir que Carlos y Regina acaben juntos. Y sospecho que no es por la cuestión social, sino porque, en el fondo, no quiere que Carlos sea feliz. Y si tiene que secuestrar y asesinar para conseguir su objetivo, lo hará. Pero ésas son algunas de las canalladas que comete y ha cometido a lo largo de su vida. Si leen la historia, descubrirá hasta qué extremo de crueldad alcanza con su propio hijo.

MI OPINIÓN PERSONAL:

¡Me ha encantado! Es una historia de dieciocho capítulos que se hace corta y te deja con ganas de más. Está contada en primera persona a través de Regina y me he quedado con ganas de conocer más a fondo los pensamientos y los sentimientos de Carlos, sobre todo, hacia el final de la historia cuando piensa que su padre no puede ser más h.d.p porque no puede. Lo siento. Pero acabé aborreciendo con toda mi alma a don Bartolomé. Pero adivinas lo que ellos sienten a través de Regina. En realidad, ella pone un poco la voz a todos los personajes.
Está narrada con un estilo sencillo. Sencillo no quiere decir simple. La historia es muy intensa. Los personajes sufren y pelean para poder estar juntos. Acabas conociéndolos a fondo porque los ves a través de los ojos de Regina.
Es una historia que va directa al grano. En lugar de dar mil rodeos para que la acción arranque o se desarrolle, cuenta desde el inicio lo que va pasar y cómo va a pasar. Lo cual se agradece.
No es una novela que tenga muchos personajes. Tiene pocos y, como dije cuando hice la crítica de "Tormenta de amores", es mejor que tenga pocos y cumpliendo su papel que muchos que sólo hagan de mera comparsa. Aquí, cada personaje cumple su papel.
Regina es una joven que ha tenido que pelear duro para salir adelante. Aún conserva cierta inocencia, pero no es ninguna tonta. Y sabe cómo funciona el mundo y cómo son ciertas personas que la rodean. No se deja engañar así como así y sabe defenderse sola cuando la ocasión lo requiere.
Carlos es un joven que decide pelear por conseguir lo que quiere y lo que quiere es estar con Regina. El amor ha llegado a su vida y no va a dejarlo escapar así como así. En su caso, no hay nada que le impida ser feliz, excepto su padre, que está ahí haciéndole la vida imposible. Pero Carlos no tiene miedo.
Nos hemos encontrado con novelas en las que los protagonistas son de distinta escala social. Casi siempre, él es el aristócrata y ella es una sencilla trabajadora. Institutriz, secretaria, modista...En este caso, Carlos es vizconde y Regina es granjera, si bien cuenta con la ayuda de una mujer, María.
En todas las novelas que he mencionado, los protagonistas piensan que no pueden estar juntos porque "el escándalo social sería terrible". Aquí no pasa eso. Carlos y Regina se conocen. Se enamoran. Y quieren estar juntos. El problema está en los demás, que se empeñan en separarlos y tienen que pelear por ser felices. No hay pajas mentales. No hay miedo. ¿Por qué se ha de tener miedo al amor? ¿Por qué el ser humano se complica tanto la vida? ¿Por qué no pueden ser como Carlos y Regina y lanzarse a ser felices?
Hay momentos conmovedores en esta historia, como cuando muere María Catalina, la madre de Regina, y también momentos llenos de acción, como cuando la granja es atacada por los lobos y Carlos es herido mientras intentaba defende a Regina.
Hay un personaje que me llegó al corazón y fue Carmen, la mejor amiga de Regina, obligada a ejercer la prostitución por su propio padre (otro h.d.p y perdón que me exprese así, pero es que aquí hay varios que merecerían una muerte lenta y dolorosa). Me hubiera gustado ver más desarrollada su historia de amor con Roberto, el único hombre que la ha respetado a lo largo de su vida.
Los personajes lo pasan mal a lo largo de la historia, pero saben plantarle cara a la adversidad y no se amilanan. Y eso es algo que me ha gustado mucho.

CONCLUSIÓN:

Una historia altamente recomendable. Si buscas amor, emoción, pasión, ternura y amistad, ésta es tu novela.
A Raquel le aconsejo que siga escribiendo tan bien como lo hace.
Y desearía leer la historia de Jorge de la Vega, el primo y mejor amigo de Carlos, casi como un hermano, si decide escribirla algún día. Porque me he quedado con conocer más a fondo a este personaje.
La novela está colgada gratis en su blog http://lamasbonitadelasflores.blogspot.com.es/
También se puede descargar gratis en bubok http://www.bubok.es/libros/208866/La-mas-bonita-de-las-flores

PUNTUACIÓN: 9,5

POSDATA: Espero estar mejorando a la hora de hacer críticas literarias.

martes, 3 de julio de 2012

CRUEL DESTINO

               Se estaba comportando como un adolescente.
               Lo supo desde el momento en el que salió de la casa donde se hospedaba. Un matrimonio adinerado lo había alojado en su casa.
                Lo conocían de haber leído noticias suyas en los periódicos. Podían presumir ante sus amistades de tener hospedado en su casa a un conde. Sobre todo, a un conde como él. A pesar de haberse casado con una criada. A pesar de haber dado cobijo a su prima díscola. A pesar de todo...Lord Robert seguía siendo respetado en todas partes.
             Salió de aquella casa. Necesitaba estar solo. Respiró hondo.
             Tenía la sensación de que se iba a volver loco. Acababa de leer la carta que le había escrito Emma.
             Su prima le pedía que no renunciara al amor. En el fondo, tenía razón. Nadie debía vivir sin amor.
             Pero Robert ya había estado enamorado. Y Paula le había roto el corazón. Se lo habían advertido.
             Paula nunca estuvo enamorada de él. Lo único que quería era convertirse en la condesa de Maredudd. Nunca fue aceptada por la aristocracia.
              Le seguía doliendo la muerte de su mujer. Pero le dolía aún más su traición. El haberlo engañado.
              Lord Robert Caernafon estaba paseando ante la fachada de la casa de los Wynthrop.
-¿Qué estoy haciendo?-se preguntó.
               Podía sentir el perfume de las rosas del jardín de los Wynthrop. Se detuvo delante de la verja. Escrudiñó en su interior.
              Se odiaba así mismo por lo que estaba haciendo. Porque se había obsesionado con ella. ¿Por qué había tenido que posar sus ojos en aquella joven?
            Sarah, paladeó su nombre. Sarah...Sarah...
           La hermana de Mary...



           Robert se detuvo en aquel pensamiento. Sarah era la hermana de Mary. La joven a la que él estaba cortejando. La joven que quería convertir en su esposa. Su familia aprobaba a Mary. Pero jamás aprobaría a Sarah.
             Estaba portándose de una manera irresponsable. Otra vez.
            Pero no podía evitarlo. Necesitaba ver a Sarah. Era una locura. Apenas había hablado un par de veces con ella.
           Como la otra vez, pensó. Veo una cara bonita y me pierdo. Pero he de hacer bien las cosas. No puedo cometer otra locura. Ya no soy un chiquillo. Tengo un deber que cumplir. He de ser responsable.
            La puerta de la casa de los Wynthrop se abrió. Y salió ella. Sarah...
           Robert contuvo el aliento al verla. ¿Cuándo fue la última vez que sintió su corazón latir más deprisa que nunca? ¿Cuándo fue la última vez que notó cómo bullía la sangre en su interior? Hacía mucho tiempo que no sentía nada parecido a eso. Y aquel temblor que sentía en las piernas se lo provocaba ella. Sarah...
            Tuvo la sensación de que estaba viendo a un ángel. Porque Sarah era un ángel que había caído del Cielo. A pesar de que el día estaba nublado, a pesar de las nubes grises que cubrían el cielo, Robert pensó que había salido el Sol.
            Sarah estaba radiante. Su sonrisa iluminaba el jardín. Lo hacía más brillante y más lleno de vida.
             ¿Cómo podía tener aquella sonrisa tan deslumbrante? ¿Cómo podían brillar sus ojos como brillaban? Llevaba suelto su largo cabello negro. Algunos mechones de pelo se le venían a la cara y ella se los apartaba. Llevaba puesto un vestido de color gris, acorde con su condición de solterona.
             Robert se despertaba cada noche empapado en sudor. Sentía en sus labios el sabor de los besos que le daba Sarah en sueños. Sentía en su piel las caricias de los labios de Sarah. Las caricias de sus manos...
            Se odiaba así mismo por soñar con tener entre sus brazos a la hermana menor de Mary.
             No podía seguir así. No podía seguir cortejando a Mary y deseando a Sarah. Estaba siendo terriblemente injusto con Mary. No se lo merecía. Era demasiado buena. No podía seguir haciéndole daño.
           Era un cobarde. No se sentía capaz de ser sincero con Mary. Ni se sentía capaz de abrirle su corazón a Sarah.

            Sarah no oyó a Robert alejarse. Ni siquiera le vio ante la fachada de su casa.
           Se sentó en el suelo del jardín. Le latía muy deprisa el corazón.
           Aquella mañana, sus hermanas le dijeron que tenían una sorpresa preparada para ella.
-¿Una sorpresa?-se asombró Sarah-¿Para mí?
          Mister Wynthrop había salido. Tardaría en regresar. Había ido a visitar a un amigo que se encontraba enfermo. Uno de los pocos amigos que tenía. Mistress Wynthrop también había salido. Había ido a visitar a una amiga suya. Una de las pocas amigas que tenía. No sabía cuándo regresaría. Esperaba llegar antes de la hora de la cena.
-No tardaré mucho en volver-le dijo a sus hijas-Vuestro padre tardará un poco más. No sé qué planes tendréis para esta tarde.
-Saldremos a dar un paseo, madre-le comentó Mary.
-No os entretengáis demasiado. Se hace de noche. Y no me gusta que salgáis solas. Me preocupo por vosotras.
-Nadie nos va a hacer daño, madre-le aseguró Katherine.
-Aún así, tengo miedo. Me alegra ver que habéis hecho las paces. Las hermanas deben de estar juntas. Y no deben de pelearse.
            Mistress Wynthrop salió de casa. Entonces, Mary y Katherine fueron corriendo a asomarse por la ventana del salón.
-¿Qué estáis haciendo?-les preguntó Sarah.
-Madre se ha subido al carruaje-respondió Mary.
             El carruaje era de alquiler. Se alejó de la casa de los Wynthrop.
-Ya se ha ido-dijo Katherine.
            Sarah vio que sus hermanas estaban muy raras. Se preguntó si estaban tramando algo. La miraban de un modo muy raro. Entonces, Mary y Katherine le dijeron que iban a salir. Que tenían que hacer unas cuantas cosas.
-Date un paseo por el jardín-la exhortó Katherine.
            No se le permitió a Sarah hacer preguntas. Mary y Katherine casi salieron corriendo de la casa. Erika estaba limpiando los muebles del salón. Una de las criadas la estaba ayudando.
             ¿Qué estarán tramando?, se preguntó. Pero ella tampoco podía preguntar. Sólo podía hacer tres cosas.
             Ver. Oír. Y callar.
             Sarah decidió salir a dar un paseo por el jardín. La curiosidad la estaba matando. Quería saber lo que sus hermanas estaban tramando. Hacía varios días que no veía a Darko.
            Está en Llangefni, pensó Sarah.
           ¿Siempre será así?, se preguntó. ¿Estarían días enteros sin verse porque él tenía que viajar constantemente a Londres?
            Al cabo de unos tres cuartos de hora, un carruaje se detuvo delante de la verja.
           Sarah pensó que era su madre y fue corriendo. Se preguntó si debía de decirle que Mary y Katherine habían salido. Entonces, vio descender del carruaje a tres personas. Dos mujeres y un hombre...
            Sarah, con el corazón latiéndole a gran velocidad, abrió la verja. Reconocía a las dos mujeres que habían descendido del carruaje. Eran Mary y Katherine, que le estaban sonriendo con picardía. Y también reconocía al hombre que había bajado del carruaje con ellas. ¡Era Darko!



-Estoy aquí de nuevo, mi querida Sarah-le sonrió él.
-¡Darko!-chilló Sarah, llena de alegría.
             Se abrazó a él y lo besó con fuerza en la boca.
-¡Estás aquí!-gritó.
            Sarah reía y lloraba a la vez. Se apartó unos centímetros de él y sus ojos bebieron de su figura. Miró con agradecimiento a sus hermanas. Habían sido ellas las que le habían traído a Darko. Se acercó a sus hermanas y las abrazó con fuerza.
-Tienes las hermanas más persuasivas del mundo-observó Darko risueño.
             Sarah asintió llena de emoción.
-Tengo algo más que eso-afirmó-Tengo las mejores hermanas del mundo.
           Se acercó de nuevo a Darko. Había regresado a Truro antes de lo previsto. Y todo era porque necesitaba ver de nuevo a Sarah. La besó en la frente.
-Apenas he podido hospedarme en la posada-le contó-Cuando aparecieron estas dos beldades. A la rubia la reconocí en el acto. Pero no supe quién era la pelirroja.
-¿Dos beldades?-se sorprendió Sarah.
-Creo que se refiere a Cathy y a mí-le explicó Mary.
-Os parecéis mucho en la cara-observó Darko.
            Sara tenía ganas de ponerse a dar saltos de alegría.
           Quería subirse a lo alto del campanario de la Iglesia de Saint Cygar y gritar a los cuatro vientos que estaba enamorada de aquel hombre. Darko la amaba. ¡Eso ya ni se dudaba!
             Darko se preguntó si era digno del amor de Sarah.
             No podía olvidar que ella era una dama. Y que él era el dueño de uno de los clubs más depravados de todo Llangefni. ¿Cómo podía pensar en introducir a la cándida Sarah en aquel mundo? Marchitaría su pureza. No se atrevía a hacerla suya. Había abandonado del todo la idea de poseerla. Sarah era como una rosa. Si la cortaba, se marchitaría. Y moriría. No quería eso para Sarah. No...Cuando...Se había enamorado de ella.
              Sarah, de momento, le decía que eso no le importaba. Pero acabará importándote a medida que vaya pasando el tiempo, pensó Darko lleno de pesar.
-Lo único que quiero es que estemos siempre juntos-afirmó Sarah-Y, ahora, estamos juntos de nuevo. ¡Mi amor...!

lunes, 2 de julio de 2012

CRUEL DESTINO

                  No era una pesadilla. Noche tras noche, su mente la hacía recordar.
                  Le hacía revivir lo ocurrido años antes. Primero, estaba ella en aquella habitación. Todo estaba lleno de sangre. Y estaba esa cosa que salía de su interior y caía sin vida a sus pies. Mary sentía tanto dolor que creyó que se estaba muriendo. Entonces, el sueño cambiaba. Y regresaba a aquella mansión. A aquel jardín...Recordaba con total nitidez el brillo de la Luna llena. Hacía una noche realmente hermosa.
                Se había sentido agobiada en el salón de baile. Mary salió fuera. Y...Entonces...
                Ella no quería.
               Luchó por zafarse de aquellas garras que la mantenían prisionera.
-¡Suélteme!-gritó.
              Él le pegó. Ella gritó de nuevo. No iba a rendirse.
              No quería que él la tocara. Y la estaba tocando, a pesar de que ella le empujaba. Quería besarla. Aplastó su boca asquerosa contra la boca de ella. Contuvo las ganas que tenía de vomitar. Aquel beso la estaba asfixiando. Quería huir de allí, pero él la tiró al suelo. Se puso encima de ella. Mary no podía moverse. Creyó que iba a morir. Y nadie se daría cuenta porque todos estaban divirtiéndose en la fiesta. Casi podía oír el sonido de la orquesta interpretando un vals de aquel compositor austríaco. Strauss...
             Y, entonces...
-¡No!-gritó.
-¡Mary!-la llamó una voz.
              Mary se vio rodeada por los cálidos brazos de Katherine. El contacto con su hermana hizo que regresara a la realidad.
-Era sólo una pesadilla-le dijo Katherine.
           Se había levantado a beber agua. Entonces, pasó por delante de la habitación de Mary. A través de la luz de la Luna, vio cómo su hermana se movía inquieta en la cama. Mary estaba sumida en una pesadilla. Katherine se acercó a ella. Después de todo, era su hermana. Mary la miró atónita. Acto seguido, rompió a llorar.
-No pasa nada, Mary-le aseguró Katherine.



-¡Oh, Cathy!-sollozó-Perdóname. Yo...
En aquel momento, entró Sarah en la habitación.
-¡Mari!-gritó-¿Qué te pasa?
          Se quedó atónita al contemplar la escena. Katherine acunaba entre sus brazos a Mary, que estaba llorando. Sarah suspiró aliviada al ver que sus hermanas se encontraban bien.
-Mary ha tenido una pesadilla-le informó Katherine.
-¿Estás bien?-le preguntó Sarah a su hermana mayor.
              Mary asintió con la cabeza. No podía parar de llorar.
              Se acercó a la cama. Se sentó al lado de Mary. Tocó con su mano la espalda temblorosa de la joven. María no podía soportar el contacto con un hombre. No después de lo que aquel miserable le había hecho. ¿Cómo iba a yacer en brazos de don Roberto? ¿Cómo podía pensar en abrirse de piernas a él para engendrar un hijo si no era pura? No era su culpa. Pero...
-Me siento sucia-murmuró Mary.
-Ha sido sólo una pesadilla-la tranquilizó Katherine.
             No era una pesadilla, pensó Mary.
-Cathy, lo siento mucho-se disculpó.
            Katherine había olvidado el papel que jugó Mary cuando sus padres se enteraron de su relación con Stephen.
-Olvídalo-le dijo.
-No puedo olvidarlo-replicó Mary-No puedo olvidar nada de lo que ha pasado en todos estos días. Lo pienso. Tú...Has sufrido mucho...Y ha sido por mi culpa. He sido una mala hermana. Yo... Por mi culpa, casi te mueres.
              Le habría gustado contarles a sus hermanas lo que le había pasado. Se preguntó si ellas la entenderían. O si la culparían de todo porque salió sola al jardín aquella noche.
-Puedes ayudarnos de una forma-afirmó Sarah.
-¿Qué tengo qué hacer?-inquirió Mary.
            Entonces, Katherine y Sarah decidieron sincerarse con ella. Mary las escuchó con atención mientras Katherine le contaba que ella y Stephen volvían a estar juntos. Y que Sarah se había enamorado de alguien a quien Mary consideraba poco menos que un criminal. Se odió así misma. Sus hermanas le estaban abriendo sus corazones. Y ella no era capaz de sincerarse. Pensó que sus hermanas tenían derecho a ser felices. Y ella debía de ayudarlas a alcanzar su meta. Algún día, pensó, podré contarles lo que me pasó. Pero no me atrevo a contárselo ahora.
-¿Qué es lo que tengo que hacer?-indagó Mary.
-No se lo digas ni a padre ni a madre-le explicó Katherine-Si quieres, acompáñanos cuando tengamos que salir. Iríamos a verlos.
-Yo sería vuestra coartada-observó Mary.
-Tú eres nuestra hermana-le aseguró Sarah-¿Qué nos dices, Mary? ¿Nos vas a ayudar?
-Saldría con vosotras, pero iríais a ver a vuestros amados-enumeró la aludida-Podría enviarles alguna que otra carta que vosotras hayáis escritos. Y no diría nada a nuestros padres.
            Sarah y Katherine contuvieron el aliento.
-Suena divertido-decidió María-Podéis contar conmigo.
             Katherine y Sarah gritaron como locas.
             Abrazaron al mismo tiempo a Mary.
               Se pusieron a saltar encima de la cama.
             En aquel momento, su madre entró en la habitación.
-¿Se puede saber qué escándalo es éste?-les espetó a sus hijas-¿Qué hacéis a estas horas saltando encima de la cama?
               Mistress Wynthrop parecía un fantasma.
               Llevaba puesta la bata de color lavanda encima del camisón de hilo blanco. Su cabello iba recogido en una trenza. Llevaba en la mano una vela que iluminaba su rostro.
               Estaba disgustada con sus hijas por su comportamiento infantil. Impropio de unas señoritas como lo eran ellas.
                Disimulando una risita, las hermanas se sentaron en la cama.
                 Se despidieron afectuosamente de Mary.
                Cada una se fue a su habitación. Mistress Wynthrop iba detrás de ellas.
               Mary se quedó sola. Se sentó en la cama. Miró la Luna, reflejada en los cristales de la ventana de su habitación. Suspiró llena de pesar. El amor me estará siempre vetado, pensó con pesar. ¡Ojalá lord Robert decida no casarse conmigo! No quiero que me odie por no poder cumplir sus expectativas.



                  Mary vivía con miedo. Sabía que no se podía vivir así.
                  Los recuerdos la atormentaban. No sabía qué hacer.

domingo, 1 de julio de 2012

CRUEL DESTINO

              Aquella noche, Sarah se encerró en su habitación. Tenía mucho en lo que pensar.
              Tenía la sensación de que las cosas le iban a ir bien. Por fin, tenía la sensación de que Darko también la amaba.
              Sarah se dijo así misma que tendría que hablar con sus padres. Intercedería por Katherine ante ellos. Habían hecho un pacto de ayudarse mutuamente. Confiaba en su hermana. Nunca la fallaría. Sarah esbozó una sonrisa.
              Echaba de menos a Darko. Evocaba todos los besos que le había dado.
              Antes o después, se casarían. Sarah no le iba a pedir que renunciara a nada. Ni al club...Ni al burdel...



                Estaba dispuesta a hundirse con él en la miseria si así lo quería. Sería su ramera si Darko así lo decidía.
                Alguien le habría dicho que el amor la había cegado. Sarah no veía nada más allá de Darko. ¿De verdad estaba enamorada de él? ¿O sólo se estaba aferrando a un sueño romántico que era absurdo e imposible? Sarah no quería pensar en eso. Pero pensaría más adelante.
               A Sarah le faltaba sólo una cosa para ser del todo feliz.
              Y esa cosa era ver reconciliadas a Mary y a Katherine. Le dolía ver a Katherine enfadada con Mary. No quería hablar con ella. Ni siquiera quería verla.
              Sabía que eso iba a ser una misión difícil. Katherine no quería perdonarle a Mary el que la hubiese delatado. Y María parecía pensar que había hecho lo correcto. Así lo había visto Sarah en un primer momento. Pero se ponía en el lugar de Katherine y creía que Mary se había equivocado.
                Hablaré con las dos, decidió Sara.
                Con estos pensamientos, decidió ponerse el camisón ella misma. Intuía que Darko no estaría esperándola en la playa, como había hecho en noches anteriores. Le había dicho que tenía que estar en su club de Llangefni aquella noche.
                Pero volverá, pensó Sarah. Se despojó de la falda y del corpiño, así como de las enaguas.
               Se puso un camisón de dormir encima de la ropa interior. Sarah agradeció el no tener que contar con la presencia de Erika en su cuarto. Se quitó las horquillas que formaban su moño. Al contrario que Katherine, Sarah no se había rizado el pelo. Le gustaba su cabello largo, oscuro y ligeramente ondulado.
                No me hacen justicia, pensó. Y creo que a Darko no le gustan.
                Se cepilló el cabello. Entonces, entró Erika en la habitación. Se fulminaron mutuamente con la mirada. Sarah percibía la animadversión que la doncella sentía hacia ella. Un escalofrío recorrió su columna vertebral. Aún así, le mantuvo la mirada.
-Debería haberme avisado, señorita-la regañó-Podría haberla ayudado.
-Aún no me he levantado la cama-le indicó Sarah-Puedes levantarla, si quieres.
-Sí, señorita.
               Erika deshizo la cama en silencio. Percibía una cierta calma entre las hermanas Wynthrop. La calma que antecede a la tormenta, pensó mientras apartaba el edredón. Esa calma no le gustaba nada. Problemas, pensó. Se avecinan problemas.
               Se retiró discretamente de la habitación. Sarah se acostó en su cama. Apagó la vela que estaba encendida. Sin embargo, aquella noche le costaba trabajo conciliar el sueño.
                Había oído una conversación inquietante entre el jardinero y el lechero por la mañana. Ella estaba sentada en el alfeizar de la ventana de su habitación.
-¡Es un diablo!-exclamó el lechero.
              Sarah agudizó el oído. Sabía que estaba mal escuchar las conversaciones ajenas. Pero siempre había sido muy curiosa por naturaleza. Además, estaba segura de que nadie la estaba viendo.
-Ese hombre no me gusta nada-comentó el jardinero.
-Parece sacado del mismo Averno-se asustó el lechero.
-No sé porqué sigue libre.
-Porque nadie tiene las agallas suficientes como para mantenerlo preso. ¡Por eso, sigue libre!
-Da miedo pensar lo que pueda hacer.
              ¿De quién estarán hablando?, se preguntó Sarah.                  
               Un terrible presentimiento pasó por la mente de Sarah.
               Dio muchas vueltas en la cama. Finalmente, se cansó. Se sentó en la cama. Cálmate, se dijo así misma.
              Entonces, Sarah oyó algo parecido a unos ruiditos que procedían de la habitación de Mary. De pronto, oyó algo que le heló la sangre. Un grito desgarrador que rompió el silencio de la noche.
-¡Mary!-exclamó Sarah.
              Y se levantó de un salto de la cama.