martes, 24 de febrero de 2015

ARGUMENTO DE "EL AULLIDO"

Hola a todos.
Hoy, es mi cumpleaños. Cumplo treinta y un año. ¡Ya soy toda una anciana!
Sin embargo, no puedo parar quieta ni siquiera en un día como hoy. Estoy revisando las historias que escribí cuando iba al instituto.
Quiero que sigan viendo la luz. Algunas podrían ver la luz en este blog. Las otras, posiblemente, me gustaría publicarlas, aunque sea en Amazon.
Un de ellas es El aullido. 
Escribí esta historia cuando tenía quince años. Yo acababa de ver ¿Conoces a Joe Black? y me llamó poderosamente la atención el argumento. La Muerte toma forma humana y se enamora de una de las hijas del hombre de quien se va a llevar su alma.
La biblioteca de mi ciudad me proporcionó la trama de esta historia. Leí la historia de Cù Sìth. En la Mitología Escocesa, Cù Sìth es un perro del tamaño de un toro, con la cola larga y enroscada, patas del tamaño de una mano humana y pelo verde que es, en realidad, el Mensajero de La Muerte.
Todo aquel que le escuche tres veces aullar, morirá y él se llevará su alma al Más Allá.
La acción de El aullido transcurre en la isla escocesa de Balta durante el siglo XIV. Meegan Morrison, antaño una hermosa y valiente joven, es ahora una viuda que está agonizando. Su hermana menor, Senga, la cuida devotamente. Sin embargo, Senga guarda un secreto. Ha conocido a Loch, un joven del que se ha enamorado y con el que vive un romance secreto. Pero Loch no es quién aparenta ser.
Una historia romántica que transcurre en la Edad Media en Escocia y con tintes paranormales.
Junto con mi novela Almas errantes, quiero pensar que he logrado escribir una historia que transcurra en el medievo escocés sin highlanders. Escocia tiene numerosos lugares y muchas islas que valen la pena descubrir.

 Isla de Balta, donde transcurre El aullido. 

 Senga Morrison, la protagonista.

lunes, 23 de febrero de 2015

EL "CÓMO CASARSE CON UN MILLONARIO" VERSIÓN NOVELA ROMÁNTICA

Hola a todos.
El tema del que voy a hablar lo he mencionado antes en Facebook. Pero me gustaría ahondar más en él.
Lo que más me ha llamado la atención, entre otras muchas cosas, en la novela romántica es la posición social de los protagonistas. Sus uniones no pueden ser más desiguales y, de ocurrir en la vida real, les habrían hecho la cruz a ambos.
Ellos son unos aristócratas ricos y poderosos. Da igual el tiempo que pasen lejos de sus tierras. Siempre son las más productivas. Rara vez he visto una novela romántica protagonizada por un baronet o por un barón.
Ellos son duques/marqueses/condes/vizcondes. U ostentan varios títulos a la vez.
Puede ser que haya hablado de este tema antes. Y es verdad que me puedo repetir más que el ajo. Pero es que el asunto me chirría. Cuando leo los argumentos de la gran mayoría de las novelas románticas, me chirría todavía más.
Todas las protagonistas, al menos, el 70%, son de un estatus muy inferior al del protagonista. Tenemos una amplia gama que van desde criadas/amas de llaves/mendigas/institutrices/doncellas/damas de compañía/ modistas/sombrereras/ermitañas. En el supuesto de que sean aristócratas, estarán en la ruina. Esto ocurre en muchas novelas románticas.
Una de las películas más honestas que jamás he visto ha sido Cómo casarse con un millonario. Protagonizada por Lauren Bacall y por la inolvidable Marilyn Monroe, contaba la historia de tres amigas que buscaban casarse con un millonario. No iban por el amor, sino por el dinero.
Antes, he mencionado personajes de novela romántica de época. Pero, ¿qué ocurre con la novela romántica contemporánea? El protagonista casi siempre es un millonario que lo tiene todo.
¿Y qué pasa con su pareja? Bueno, la protagonista es todo lo contrario a él. Viene de familia humilde. Y, casi siempre, trabaja a sus órdenes. Puede ser la niñera de sus hijos. O puede ser su secretaria.
¿Acaso las novelas románticas pueden decir que las mujeres son unas trepas? Son escasas las novelas románticas en las que ella pertenezca a un estatus superior y tenga dinero y él esté bajo sus órdenes. Tenemos algunos honrosos ejemplos, pero son los menos.
-La dama y el mayordomo: El título no llama a engaños. El protagonista, John, es hijo y nieto de mayordomos. Entra al servicio de la protagonista, lady Denham. Entre ambos, surge una historia de amor que han de llevar en secreto. A pesar de todo, la he encontrado muy realista en su desarrollo. La recomiendo.
-El Príncipe Leopardo: Georgina es la hermana de un conde y es una mujer rica. Harry es el nuevo administrador de sus tierras. A pesar de las numerosas diferencias que hay entre ellos, se enamoran.
-Deja que el amor te encuentre: Dirán lo que quieran de esta novela. Para mí, es de lo mejor que ha escrito Johanna Lindsey en mucho tiempo. Amanda es la hija de un duque rico y poderoso. Devin es un entrenador de caballos. No es la persona idónea para casarse con la hija de un aristócrata tan poderoso, a su entender. Además, hace las veces de casamentero. Sin embargo, esta vez, las cosas se complican. Devin es contratado por la cuñada de Amanda para que la ayude a encontrar pareja. En un primer momento, la joven piensa que ha encontrado a su hombre ideal en la figura de un lord. Pero no tarda en equivocarse. Me ha parecido una historia muy tierna. Con momentos muy divertidos...Y he disfrutado con ella. La recomiendo también.
Siempre me he preguntado qué ocurriría si el protagonista de esta clase de novelas no fuera un lord o un millonario.
¿Se enamoraría una institutriz de un pobre deshollinador? ¿Se enamoraría la secretaria del conserje de la empresa? Y no hablo de un lord o de un magnate disfrazado. Hablo de un joven que se dedique realmente a limpiar chimeneas. De un joven que de verdad arregle las patas de una mesa de escritorio.
Y esto también suele ocurrir en las telenovelas. ¿Por qué la protagonista pobre se enamora del millonario de turno mientras desdeña al chico de su barrio?
La verdad es que tenía ganas de hablar de este tema. O, en su caso, de volver a mencionarlo. La cosa da qué pensar.

  Portada de Deja que el amor te encuentre, de Johanna Lindsey. A mí, en lo personal, me enamoraron Amanda y Devin.

domingo, 22 de febrero de 2015

A PUNTO DE CUMPLIR AÑOS

Hola a todos.
Dentro de dos días, es mi cumpleaños.
Cumplo treinta y un años. Es un buen momento de mirar hacia atrás. De ver el camino que he recorrido. Y de reflexionar acerca de lo que me queda por recorrer.
Me queda mucho trecho todavía. Tengo muchas metas que todavía no he alcanzado. Tengo muchos sueños por cumplir. Y sueños que van a cumplirse.
Aunque sea despacio, es bueno saber que uno está vivo.

jueves, 12 de febrero de 2015

LO QUE TODOS VALEMOS

Hola a todos.
Hoy, hago esta reflexión basada en mi propia experiencia.
Han sido muchos años pensando que yo no valía nada. Que lo que escribía no valía nada. Pero me he dado cuenta de que no es así.
Todos valemos mucho. Seamos lo que seamos, todos aportamos algo bueno a este mundo.
Ya sea con un relato. Ya sea educando. Estamos en este mundo por un buen motivo. Hemos de ser consciente de lo mucho que valemos como personas.



Quiero que el blog vaya recobrando vida. Lo he tenido bastante abandonado estos meses. Me he dado cuenta de que puedo terminar una historia.
Me he dado cuenta de que hay gente a la que le gusta lo que escribo. Os lo agradezco de corazón. Ya no me siento tan bicho raro como me sentía antes. Me siento feliz conmigo misma.

miércoles, 11 de febrero de 2015

AÑADIDO "VIAJE DE IDA"

Hola a todos.
Aquí os traigo el, por ahora, último añadido a mi relato Viaje de ida. 
Si os quedasteis con las ganas de saber más de la vida de Daniel y Cressida una vez casados, aquí os traigo un fragmento de su vida como matrimonio.

                              El ham hock (lacón) lo sirvió la criada a la hora de la cena. Había sido asado.
                              Estaba acompañado por una guarnición de judías verdes.
                              Cressida atacó con entusiasmo la parte del ham hock que le sirvió la criada.
-Me gusta que tengas tan buen apetito-observó Daniel.
                               Llevaban casados unas pocas semanas.
                              Sin embargo, Cressida sentía que le conocía desde hacía siglos. Había aprendido a adivinar cada pensamiento que cruzaba por la mente de Daniel. Había aprendido a adivinar su estado de ánimo por su forma de hablar.
-¿Nunca has pensado en regresar a tu casa?-quiso saber la joven.
                            Daniel prefería no hablar de sus padres. Además de él, tenían otros hijos. Daniel siempre había sido un poco la oveja negra de la familia.
-Les escribí una carta a mis padres-contestó el joven-Deben de saber ya que estoy casado. Les caerías bien. Mi madre es una mujer muy agradable.
-¡Me encantaría conocerla!-afirmó Cressida.
-No sé si se alegrará de verme.
                            Daniel cogió la mano de Cressida por encima de la mesa y se la besó.
-¿Y por qué no va a querer verte?-le preguntó su mujer.
-Cuando me marché de casa, discutí agriamente con mis padres-respondió Daniel-Nos dijimos cosas espantosas. Nunca he sido un hijo modelo. Me gusta demasiado meterme en líos.
-No te has metido en ningún lío desde que llegaste aquí. Hiciste las cosas bien cuando nos conocimos y nos enamoramos. Estás siendo un buen marido.
                        Cressida se inclinó sobre Daniel y depositó un beso en su mentón. Lo besó también en la mejilla.
                        Él esbozó una sonrisa triste.
                        Se sorprendía así mismo recordando su vida pasada. Había sido feliz con sus padres. Sin embargo, estaba su maldito carácter impulsivo. Hacía lo primero que pensaba. No se detenía a pensar en las consecuencias de sus actos.
                       Cressida era como un bálsamo para él. Despertaba en él una intensa pasión. Pero, al mismo tiempo, sabía despertar en él una intensa ternura.
                       La deseaba. Y, al mismo tiempo, la respetaba. Cressida era la mujer con la que quería pasar el resto de su vida. Lo supo desde la primera vez que la vio.
-Tan sólo quiero hacerte feliz-le dijo con ternura-Te amo.
                        Se inclinó por encima de la mesa. La besó en los labios. La besó de manera dulce al principio. Sin embargo, poco a poco, el beso se fue tornando cada vez más apasionado. Más intenso...
                       Amaba a aquella joven.

martes, 10 de febrero de 2015

AÑADIDO A "VIAJE DE IDA"

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo añadido a mi relato Viaje de ida. 
Vamos a ver lo que ocurre entre Cressida y su familia.

-¿Cómo es que te vas a casar?-se asombró Abigail-¿Quién te ha pedido matrimonio?
                        Era la hora de la merienda. Cressida, Hero y Abigail estaban en el comedor de su casa dando cuenta de una taza de chocolate cada una.
                         Cressida aprovechó la ocasión para armarse de valor. Hero ya estaba al tanto de su relación con Daniel. Le tocaba el turno de contárselo todo a su madre.
                        Abigail no terminaba de creerse lo que estaba escuchando. Su hija Cressida había estado viéndose a escondidas con un joven. En concreto, se había estado viendo a escondidas con el recién llegado a la isla. ¡Con un forastero!
                       De pronto, Cressida anunciaba que se iba a casar con él. Seguirían viviendo en la isla. Pero iban a casarse.
-¿Te has vuelto loca?-le espetó Abigail a su hija.
                       Cressida esperaba la reacción de su madre. Sin embargo, estaba convencida de que acabaría cediendo. Le aseguró que Daniel iría a verles a lo largo de aquella semana.
-Es todo un caballero-afirmó Cressida.
                        Hero, por su parte, guardaba silencio. Ya le había dado su bendición a Cressida. Quería pensar que aquel joven sería capaz de hacerla feliz. Cressida era una buena chica.
                        Podía pecar de ser un poco ingenua. Pero no había maldad alguna en ella.
                        Abigail rompió a llorar. Cressida estaba hablando en serio. Pensaba en casarse con aquel forastero. ¿Y qué podía hacer ella? Lo único que podía hacer era lamentarse de lo que estaba pasando.
-Daniel es el único que puede hacerme feliz-insistió Cressida.

lunes, 9 de febrero de 2015

AÑADIDO A "VIAJE DE IDA"

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo añadido a mi relato Viaje de ida. 
Si os quedasteis con saber más cosas acerca de cómo avanzó la relación entre Daniel y Cressida, aquí os traigo una escena.

                                  Había un pequeño colmado en la isla.
                                  Los vecinos solían acudir allí a hacer sus compras.
                                  La segunda vez que Cressida vio a Daniel fue cuando acudió al colmado a hacer la compra acompañada por su doncella.
                                  Se fijó en aquel joven de cabello rubio y de ojos de color azul cielo. Era alto y estaba delgado.
-Nos hemos visto antes-observó él-Soy algo malo para recordar las caras de las personas, pero usted posee un rostro inolvidable, señorita.
                               Besó con reverencia la mano de Cressida a modo de saludo.
                               La doncella de la chica arqueó una ceja al presenciar aquella escena. Parecía estar a punto de sacar a Cressida de allí a rastras.
-Se agradece el cumplido-acertó a decir la joven-Lo cierto es que vivo aquí.
-Entonces, tendré la ocasión de verla con mucha frecuencia-auguró Daniel-¿No le gustaría?
-Señorita, ya he hecho las compras-intervino la doncella-Será mejor que regresemos a casa.
                          Cressida no era ninguna de las fulanas que había en la taberna de la isla. Era la hija de uno de los matrimonios más respetables de todo el país. Su familia era muy rica y también era muy decente. Una joven como Cressida debía de saber comportarse como la señorita que era.
                             No debía de ponerse a coquetear con desconocidos. La doncella miró más detenidamente a aquel muchacho. Era un joven alto y rubio.
                            Cressida se fijó en que estaba bien formado, a pesar de su delgadez.
-Voy ahora mismo-dijo la joven.
-Nos veremos-auguró Daniel nuevamente-Y seguro...Que será a solas.
                             Besó una vez más la mano de Cressida.
-¿Cómo se llama?-quiso saber la joven.
-Me llamo Daniel-contestó él-¿Cuál es su nombre, señorita?
-Me llamo Cressida. Pero todo el mundo me llama Cressy para abreviar.
-Tienes un nombre muy bonito. Parece un nombre griego.
-Pues le aseguro que no soy griega. He nacido aquí. Y vivo aquí desde entonces.
-Se nota que le tienes mucho apego a tus raíces.
                           No pudieron seguir hablando. El colmado se había llenado de gente. La dependienta no daba abasto para atender a tanta gente. Cressida salió de allí.
                           Fue, en realidad, su doncella la que la sacó del colmado. Prácticamente, se la llevó a arrastras de allí. No paraba de quejarse de su comportamiento.

                           A la hora del desayuno, Cressida no podía sacarse a aquel muchacho llamado Daniel de la cabeza.
                           ¿En serio había estado coqueteando con él la tarde antes? Le parecía impropio de ella. Su madre y su institutriz le habían recordado cómo una joven de su posición debía de mantener a raya a pretendientes que podrían ser indeseables.
                             El tal Daniel era un forastero. No sabía nada de él.
                             Su padre estaba leyendo el periódico. Su madre, mientras, hablaba con Hero acerca de los vestidos nuevos que había encargado tanto para Cressida como para ella.
                           Una mañana más en su casa, pensó Cressida. Daniel era alguien nuevo que había llegado a su vida. Siendo sincera consigo misma, quería conocerle mejor. Quería saber más cosas acerca de él.
-¿Tú qué opinas, querida?-le preguntó su madre.
                           La pregunta pilló desprevenida a Cressida. Estaba pensando en otra cosa.
-Todo lo que tú digas estará bien-respondió la joven.
                           Bebió un sorbo de su taza de chocolate.
                          Abigail bebió un sorbo de su vaso de zumo de naranja.
-¿Vendrás con nosotras a la modista?-le preguntó-Tienes que probarte los nuevos vestidos que he encargado para ti.
-Sí...-respondió Cressida-Por supuesto que iré.
-Te tomas muchas molestias por nosotras, tía Abby-dijo Hero.