viernes, 20 de septiembre de 2013

DE LA AMISTAD AL AMOR

Hola a todos.
Hoy, os traigo un nuevo trocito de mi cuento De la amistad al amor. 
Vamos a ver cómo se va gestando el romance entre Hester y Marcus.

                    Desde hacía ya varios años, Meg había amado a Hunter en la distancia. La isla era bastante pequeña. Los rumores corrían más deprisa que el viento. Meg estaba al tanto de lo que le había pasado a Hunter en el frente. Por ese motivo, el joven prácticamente vivía recluido en su casa. No quería ver a nadie. Se había resignado a quedarse soltero.
                Hunter le había hecho daño.
                Meg estaba al tanto de sus múltiples conquistas.
                Sin embargo, ella había creído que Hunter cambiaría. Algún día, pensaba, se dará cuenta de que existo. Y se enamorará de mí.
                De algún modo, Hunter siempre había reparado en la existencia de Meg Birmingham. Era su vecina. Hablaba mucho con ella.
                  Cuando estalló la guerra, le sorprendió ver el optimismo de Meg. Creía que todo se solucionaría enseguida. A su modo, la consideraba hermosa porque poseía unos rasgos perfectos. Sin embargo, Hunter parecía disfrutar más de la compañía de otras mujeres que pensar en sentar la cabeza. Sus padres creían que Meg sería la esposa más idónea. Pero Hunter no lo veía del mismo modo. Por ese motivo, nunca había alentado las ilusiones de la joven. Sospechaba que ella sentía algo por él.
                Cuando estuvo en el frente, Hunter le escribía a Meg. La joven recibía con verdadera ansia las cartas que le escribía Hunter. Las tenía guardadas en un cajón de su mesilla de noche. Todas las cartas estaban atada con una pequeña cuerda. De vez en cuando, solía releerlas. De aquel modo, creía que Hunter estaba a su lado.

                   Cuídate, Meggie. El mundo es un lugar peligroso. Me paso el día entero caminando. A veces, no como. No duermo durante la noche porque me toca hacer guardia. Tengo la sensación de que el mundo se va a acabar. Y estoy asustado. 

                Meg, al igual que Hester, había nacido en Bois Blanc. Era pelirroja. Decía que su cabello era su mayor virtud. Pero era muy hermosa. Y tenía mucho carácter.
                 No entendía el porqué Hunter no se había enamorado de ella. A veces, Meg soñaba despierta. Creía que Hunter cambiaría de idea. Iría a buscarla. Le pediría matrimonio. Y ella aceptaría.
                 Nada de eso había pasado. Hunter había vuelto del frente siendo otro hombre. Pero se había encerrado en sí mismo.
                  Meg decidió que no se iba a rendir por nada del mundo. Estaba enamorada de Hunter.
                 Estaba más que dispuesta a demostrarle que él también la amaba. Lo achacaba todo a los horrores que había vivido en el frente. Ella había permanecido en la retaguardia. Pero no era ajena a las historias que corrían acerca de los soldados.
                 Meg se armaría de paciencia. Cuidaría de Hunter. Y le demostraría que no podía vivir sin ella.

                  Un día, Meg se presentó en la casa de los Lewis. Dijo que no pensaba marcharse de allí sin Hunter. Estaba dispuesta a sacarlo de aquel encierro en el que estaba viviendo. Hunter, en un primer momento, se negó a salir. Sin embargo, Meg no paraba de insistir en verle.
                  Finalmente, Hunter cedió. Fue a ver lo que quería Meg. La joven le dijo que sólo quería dar un paseo con él por la orilla del lago. Hunter, de nuevo, cedió. Dio con Meg un paseo por la orilla del lago. Siempre había sentido un gran cariño por aquella joven.
-Supongo que ya habrás oído los rumores que corren sobre mí-se sinceró Hunter.
-Quiero pensar que sólo son rumores-admitió Meg.
                 Por desgracia, oyó de boca del propio Hunter cómo aquellos rumores se tornaban realidad. Le habían disparado en la entrepierna. Había sido en pleno combate. No paraba de sangrar. Y, para colmo de males, la herida se le infectó. Le habían cortado los dos testículos para salvarle la vida.
                 Meg, sobrecogida, se cogió de su brazo.
-¡Lo siento muchísimo!-se lamentó la joven-Pensé que era sólo un rumor. Que...
                 Hunter negó con tristeza. Meg sintió cómo los ojos se le llenaban de lágrimas.
-¡Pero eso no me importa!-afirmó la joven-Quiero decirte una cosa.
                 Hunter escuchó, pasmado, cómo Meg se le declaraba. Llena de decisión, la joven le habló del gran amor que sentía por él desde hacía muchos años. Había sufrido en silencio el verle en compañía de otras mujeres.
                  Pero eso ya no importaba. De algún modo retorcido, Meg se alegraba de lo que le había sucedido a Hunter. Eso significaba que no le podría ser infiel una vez casados. Que él no miraría nunca más a otras mujeres.
-Podemos casarnos, si tú quieres-prosiguió Meg-Y yo sí quiero casarme contigo.
                 Sin embargo, Hunter fue brutalmente honesto con la joven. Agradeció el saber que Meg no parecía darle mucha importancia a lo que le había pasado. Incluso, le halagó conocer que ella estaba enamorada de él. Pero le dijo que no podían casarse. Meg merecía un matrimonio de verdad.
                 Podía llegar a ser una buena esposa y una excelente amante.
                 Incluso, podía ser una buena madre.
-Y yo no te puedo dar placer en la cama-se lamentó Hunter-Y tampoco puedo darte hijos.
-Adoptaremos-insistió Meg.
-Lo siento mucho, Meggie. Pero no podemos casarnos. Tú estás enamorada de mí. Pero...
               Entonces, Meg escuchó lo que ella no había querido oír.
              Supo, por boca de Hunter, que sus sentimientos no eran correspondidos. Hunter no estaba enamorado de ella. Nunca había estado enamorado de ella.
                Siempre había sentido un gran cariño por Meg. Pero no la amaba. La consideraba como una especie de hermana menor. La quería como tal. Pero no podía mirarla como una mujer. Meg rompió a llorar al escuchar las palabras de Hunter. Al joven le dolía hacerle daño. Pero tenía que ser sincero con ella. Meg no podía hacerse falsas ilusiones con respecto a él. Era mejor dejar las cosas claras desde el principio.



-Te mereces a alguien mejor que yo-le aseguró Hunter.
-¡Pero yo sólo te quiero a ti!-insistió Meg, entre sollozos.
-No sería un buen marido para ti, Meggie.
-¡No importa!
-Intenta ser razonable. ¿De veras podrías vivir en un matrimonio en el que no habría ni amor y tampoco habría pasión?
                   Dejaron de hablar. Vieron a Hester y a Marcus a cierta distancia de ellos.
                   Les vieron corretear. Parecían dos niños felices. Marcus perseguía a Hester. Cuando la alcanzaba, llenaba su rostro de besos.
                    Meg negó con la cabeza. Veía a Marcus alzar en brazos a Hester y girar sobre sí misma.
-Ellos se quieren-murmuró.
-Aún no se han dado cuenta-susurró Hunter.
-Puede que tú no te hayas dado cuenta. Puede que estés dolido por lo que te ha pasado. Pero yo estaré esperando a que te des cuenta de que también me amas.
-No, Meggie.
-¿Por qué no?
-No pierdas el tiempo conmigo. Eres aún muy joven. Eres hermosa. Puedes casarte. Puedes seguir con tu vida. No te quedes atrás sólo por mí. No lo merezco.
                 En los días que siguieron a aquella salida, Meg se dijo así misma que Hunter tenía razón. Ella no podría vivir atrapada en un matrimonio sin amor. Y tampoco podría vivir en un matrimonio sin pasión.
                  Sin embargo, ella seguía enamorada de Hunter. No podía arrancárselo de su corazón. Casi deseaba vivir una historia de amor con él a través de Hester. Si su hermana se enamoraba del hermano de Hunter, sería como estar con él. Una idea que le parecía absurda. Y...Retorcida...De algún modo...
                Meg dejó de estar interesada en otros hombres.
                Su comportamiento dejó atónita a su familia. Su madre le recordaba que su deber era casarse.

-A ti te pasa algo-le comentó un día Hester a su hermana mayor.
                  Meg estaba sentada en el alfeizar de la ventana de su habitación. Miraba con melancolía a través del cristal cerrado de la ventana.
-¿Qué quieres decir?-le preguntó a Hester.
-Te noto rara-respondió la muchacha.
                  Una lágrima traicionera rodó por la mejilla de Meg. La joven se apresuró a retirarla. Recordó el día en que había salido a pasear con Hunter. Él la abrazó cuando dejaron de ver a Hester y a Marcus. Pero el daño estaba ya hecho. Hunter había sido muy sincero con ella.
-Creo que sufro mal de amores-se sinceró Meg-Estoy enamorada de un hombre que no me ama.
                  Hester se sentó en la cama de su hermana mayor. Le dolió escuchar aquellas palabras. Pensó que aquel hombre era un estúpido.
                   ¿Cómo no podía amar a Meg? Su hermana era la mujer más maravillosa que jamás había existido. Casi no podía reconocerla. Meg había deseado casarse apenas unos días antes. Pero aquel idiota había tenido que rechazarla. Meg se había venido abajo. El amor hace daño, pensó Hester. El amor te hace llorar. No vale la pena sufrir por amor. No quiero sufrir por amor.
-No llores por él-le aconsejó a su hermana mayor-No merece la pena. Encontrarás a otro hombre que te haga feliz.
                 Le tendió un pañuelo.
-Yo amo a Hunter-se sinceró Meg.
                  Su confesión no sorprendió nada a Hester.
-No pareces muy sorprendida-observó Meg.
-Lo sospechaba desde hacía algún tiempo-admitió Hester.
-Piensas que soy una estúpida por amar a un hombre que no me ama.
-No pienso eso, hermana.
                  Hester se sintió mal al ver sufrir a su hermana.
-No llores más-le pidió.
                   Meg se secó las lágrimas con el pañuelo que Hester le había dado. Respiró hondo. ¿Cómo podía dejar de amar a Hunter?, se preguntó. Lo llevaba en su corazón.

jueves, 19 de septiembre de 2013

DE LA AMISTAD AL AMOR

Hola a todos.
Este cuento lo escribí hace mucho tiempo. Se encontraba entre las libretas que encontré con relatos míos. ¿Os acordáis?
Ayer, en Facebook, me hice unas cuantas preguntas acerca del amor. Una de ellas era dónde terminaba la amistad y empezaba el amor.
Los protagonistas de este relato son amigos. Pero puede que dejen de serlo. Y es que un sentimiento nuevo está naciendo en sus corazones.
NOTA: Espero que la linda portada que Rae hizo con tanto cariño a Berkley Manor se pueda ver. No es la primera vez que me pasa esto. Algunas imágenes, como habréis podido comprobar, no acaban de verse.
Espero que disfrutéis con este cuento.


ISLA DE BOIS BLANC, EN EL LAGO HURON, MICHIGAN, 1866

           Por fin...
                Por fin, había terminado la guerra. Aquella tarde, las hermanas Meg y Hester Birmingham se encontraban bordando en el salón de su casa. Meg era la mayor de las dos hermanas. A sus veintiún años, su mayor deseo era casarse. 
-¡Odio la guerra!-afirmó con rotundidad-Los hombres se van a luchar. Y nos dejan solas. 
-Esperemos que no haya más guerras-suspiró Hester-Hemos de dar gracias. 
-Nuestro padre ha regresado sano y salvo a casa. Pero son pocos los hombres jóvenes que quedan en la isla. ¡Seguro que tú te casas antes que yo!
                 Hester sonrió al pensar en los pretendientes de su hermana. Meg era toda una belleza y su hermana menor la admiraba sinceramente.
                 Desde hacía mucho tiempo, Meg tomaba sus propias decisiones. Poseía una gran fuerza de voluntad para enfrentarse a cualquier cosa. A pesar de que era aún muy joven, Meg era mucho más madura que cualquier muchacha de su edad. A Hester le habría gustado parecerse más a su hermana mayor. Meg era una joven sensible y sensata. La guerra la había hecho madurar mucho como persona. Cuando Hester necesitaba algún consejo, a quien iba a pedírselo era a Meg.
                 Hester era el polo opuesto a ella. Siendo sinceros, a ninguna de las dos les había faltado nunca de nada. Hester, cuando era más pequeña, había sido más caprichosa. Con el estallido de la guerra, la familia pasó por muchas privaciones. Los pretendientes de Meg no solían fijarse en la hermana menor de ésta. La consideraban poco menos que una muñequita de porcelana.
                Hester miró el mantel que estaba bordando.
-A lo mejor, hay alguien que te interese especialmente-apostilló la chica-Un joven y apuesto caballero que puebla tus sueños.
-¿Y tú por qué lo quieres saber?-se rió Meg.
                Sus mejillas se habían cubierto de rubor. Debía de ser una de las pocas pelirrojas que existían a las que les sentaba bien el rubor.
-Porque eres una romántica incurable-afirmó Hester.
-Te equivocas-replicó Meg-No puede haber nadie en mi vida.
-¿Lo dices en serio?
-Bueno...Eso no se sabe. 
           Meg no tenía novio. Pero había tenido algunos pretendientes en el pasado. A sus veintiún años, se consideraba así misma como una solterona. Su mayor deseo era casarse. 
-¿Y si nunca me caso?-se preguntó en voz alta-¿Y si nunca me enamoro? ¿Y si el hombre de mi vida nunca aparece? 
-¿No crees que estás exagerando?-la interrumpió Hester en sus cavilaciones. 
-¡Cómo se nota que tú lo tienes todo arreglado!
              Hester suspiró. Pensó en su buen amigo Marcus. Los dos se conocían desde hacía muchos años. Sus padres siempre decían que se casarían. Pero Hester lo consideraba como una estupidez. Ella y Marcus sólo eran amigos. Casi unos hermanos...
              Marcus era un año mayor que ella. Tenía diecinueve años. Pero la guerra le había hecho madurar muy deprisa.
             Había estado peleando en el frente. Había regresado apenas un año antes. Hester casi no le había reconocido cuando le volvió a ver. Le veía más cambiado. Más adulto...
              Hester Birmingham poseía una figura esbelta. Su piel era tersa. Su cabello era de color rubio. Y sus ojos eran de color azul cielo. A los ojos de los poco más de cien vecinos que vivían en la isla de Bois Banc, Hester se había convertido en toda una belleza.
-Marcus y yo no nos vamos a casar-dijo la muchacha-Él es como un hermano para mí. Sería raro casarme con él.
-Marcus es un hombre y tú eres una mujer-le recordó Meg.
                 Muy a su pesar, Hester llevaba algunas noches en vela pensando en aquel tema.
             
                  Mientras tanto, en la casa que se encontraba enfrente del hogar de los Birmingham, Hunter Lewis miraba a su hermano menor.
                 Los dos se encontraban en el jardín.
-Yo creo que deberías de casarte-le aseguró Marcus a su hermano-Después de todo, eres el primogénito.
                 Hunter sonrió con tristeza.
-Un matrimonio del que no nacería ningún hijo-se lamentó el hombre-Es mejor que lo hagas tú.
                  En los últimos días de la guerra, una herida de bala había cercenado las ilusiones de Hunter, que tenía veintiocho años. Le habían extirpado los testículos para salvarle la vida.
                   Nunca podría tener hijos. Vivía casi recluido en su casa.
                  Marcus siempre había admirado a su hermano mayor. Sólo lo tenía a él para apoyarse. Y tenía la sensación de que Hunter se estaba dejando morir poco a poco. Eso no le gustaba nada. Su hermano mayor había cambiado mucho.
-Tú tienes la oportunidad de vivir todo lo que yo no he vivido-le aseguró Hunter.
-Has vivido mucho-le recordó Marcus.
                  Hunter negó con tristeza.
-He estado con muchas mujeres, pero no sé lo que es amar a una-se lamentó.
-¿Y tú crees que estoy enamorado?-inquirió Marcus.
-Estás enamorado de Hester.
-¡Tonterías!
                    Marcus se ruborizó al pensar en Hester. No lo iba a negar. Sentía algo por ella. Pero Hester era una buena amiga suya. No era su prometida.
                     Siempre que él iba a verla, Hester le recibía con un fuerte abrazo. Le recordaba a una muñequita de porcelana. Con su cabello largo y rubio...Le parecía muy frágil. Muy delicada...
                   En los últimos tiempos, tras finalizar la guerra, algunos jóvenes empezaron a interesarse por ella.
                   Marcus fue a verla una tarde. Dieron un paseo por el bosque de hoja perenne que había en la isla.
-No me gustan ciertos caballeros que vienen a verte-le comentó-No me fío de ninguno de ellos. He oído rumores. Son unos viciosos. Deberías mantenerte alejada de ellos.
-¡Estás exagerando!-se rió Hester-Cualquiera diría que estás celoso.
                 Al escuchar esas palabras, Marcus se puso tenso.
-¡No estoy celoso!-exclamó-Sólo me preocupo por ti.
                 Hester frunció el ceño. Se cogió del brazo de Marcus.
-¡No me lo creo!-se rió-Te conozco bien. Se te da muy mal mentir.
                 Marcus lo negó todo. En su fuero interno, se resistía a admitir la verdad. Que estaba celoso. No podía imaginar a su amiga Hester casada con uno de aquellos idiotas. No se la merecía ninguno de ellos.
-¿De verdad estás pensando en casarte?-indagó Marcus.
-Meg quiere verme casada-contestó Hester.
-¿Y tú deseas casarte?
-Mi hermana da por sentado que nunca se casará. Y quiere verme casada. Dice que ella se quedará para cuidar de nuestros padres.



                     Marcus pensó en la hermana de Hester. Con su cabello largo y de color rojizo que siempre llevaba recogido en un moño, Meg era toda una belleza. De haber sido otras las circunstancias, a lo mejor, Meg habría terminado casada con Hunter.
-Tu hermana se equivoca-afirmó Marcus-Aún es muy joven.
                   Hester quería pensar que su amigo tenía razón. Pensó en lo cómoda que se sentía cuando estaba con Marcus. Sentía que podía apoyarse en él. Que podía contarle cualquier cosa. Marcus nunca le fallaría. Podía confiar ciegamente en él. A lo mejor, se casa algún día, pensó Hester. Pero aquel pensamiento le hizo daño.
-Gracias...-le dijo-Por estar ahí. Sé que puedo contar contigo.
                 Se detuvieron. Hester le dio un beso en la mejilla.
                 Recordó los cuatro años anteriores. Fue el tiempo que duró la guerra.
                 Su padre se marchó a pelear al frente. Su madre se quedó a cargo de todo. Meg, en su condición de hija mayor, la ayudó en todo lo que pudo. Por aquel entonces, Hester estaba dejando atrás la infancia. Sus años de adolescencia los pasó escuchando hablar de la guerra. Desde su habitación, podía escuchar el sonido de los disparos.
-Por suerte, tú estabas a nuestro lado-le dijo a Marcus, mientras su mente luchaba por volver al presente-Hasta que tuviste que ir a luchar.
                 El joven admiró el vestido de color blanco que Hester llevaba puesto aquella tarde. Le daba un aire angelical. En algún momento, los pechos de Hester se habían desarrollado. ¿Y qué estaba haciendo él mirando los pechos de su mejor amiga? ¿Desde cuándo Hester se había convertido en una mujer tan fascinante?
-Pensaba en ti a todas horas-se sinceró Marcus-Llevaba tu recuerdo conmigo. Estabas presente, incluso, cuando estaba disparando balas contra los sudistas. No te gusta que te hable de la guerra. Es normal. Pero pasó. Y hemos de convivir con ese recuerdo.
                 El verano estaba llegando a su fin.
                 Empezaba a hacer frío.
                 Hester le dijo a Marcus que tenía que volver.
-Te acompaño a casa-se ofreció el joven.
-Eres muy amable-dijo Hester.
                  Hicieron el trayecto casi en silencio.
                 Marcus y Hester casi no se miraban. Ella pensaba en todo lo que él le había dicho. ¿En serio había estado pensando en ella durante el tiempo que estuvo en el frente?
                   Le parecía algo inverosímil. Creía que Marcus sólo había luchado por sobrevivir. ¿Ella le había ayudado a sobrevivir a las balas que le disparaban los sudistas. Le cogió la mano. Necesitaba sentir muy cerca a Marcus. Era una necesidad que nacía de algún rincón de su corazón.
-Le ruego a Dios todas las noches que no haya más guerras-le confesó al muchacho-Le pido a Dios todas las noches que no tengas que volver a irte. Creo que no lo podría soportar.
                 Marcus suspiró. Él tampoco tenía ganas de irse de la isla. Pero, sobre todo, no quería ni pensar en la posibilidad de abandonar a Hester. Le dolía de corazón imaginarse lejos de ella. Lejos de su mejor amiga...¿Por qué sentía eso?

Lo he dividido en varias partes para no hacerlo pesado.
Por cierto, muy pronto, espero, sabréis de mi relato veraniego No te vayas. 
No me he olvidado de él. Pero albergo planes para él.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

DESCUBRE LA PORTADA DE "BERKLEY MANOR"

Hola a todos.
El título de la entrada lo dice todo. ¡Berkley Manor ya tiene portada!
Una muy querida amiga nuestra, Raquel Campos, Rae, me ha hecho el maravilloso regalo de una portada para esta historia.
¡No tengo palabras para expresar la alegría que siento!
La portada es realmente bellísima. Refleja muy bien el espíritu de Berkley Manor. La nostalgia que impregna la historia.
Es curioso.
Poco a poco, Berkley Manor tiene de todos. Unos personajes con rostro...Una banda sonora (mejor dicho una única canción: Sweet Talking Woman, de la Electric Light Orchestra). Y una portada que es preciosa.
Os invito a que os paséis por este link para que la veáis:

http://blogdeepoca.blogspot.com.es/2013/09/berkley-manor-ya-tiene-portada.html

Y no sé cómo agradecerle a Rae este regalo tan inesperado y tan desinterasado.
¡Mil gracias por todo, Rae! Por el regalo y por tu amistad...
¡Un fuerte abrazo!

martes, 17 de septiembre de 2013

DESCARGA GRATUITA DE MI RELATO "DESEO CONCEDIDO"

Hola a todos.
Hoy, vengo con buenas noticias.
Ya podéis descargar de manera gratuita mi relato Deseo concedido. 
Para más información, pinchad en este link:

http://vidadeunadama.blogspot.com.es/2013/09/ya-podeis-conseguir-gratis-deseo.html

Se trata de un relato que guarda relación con Con el corazón roto, ya que los protagonistas son los tíos de Olivia, Brighid y Seosam.
De ahí que la entrada y casi toda la información aparezcan en mi blog "Mía Stella".
¡Deseo de corazón que disfrutéis con el relato!

domingo, 15 de septiembre de 2013

UNA NOCHE DE PASIÓN SALVAJE

Hola a todos.
Hoy, me gustaría compartir con vosotros este cuento. Es bastante subido de tono.
Tengo otros tantos cuentos tan subidos de tono como éste. Me sirvieron como base para escribir algunas de mis historias. Y me gustaría compartirlo con vosotros.
Existen algunas versiones de mis cuentos. Eso quería decirlo.
Espero que os guste.

                    Estamos en el año 1865.
                    Es el mes de enero. 
                     En una de las pocas casas que había en Grand Island, la isla que hay en el Lago Superior, en el Estado de Michigan, reina el silencio. Todo el mundo está durmiendo. 
                    Hasta que llegó la madrugada.                
                    Tengo muchas cosas en la cabeza. Aún así, consigo conciliar el sueño. 
                     Unos golpes en los cristales de la ventana de mi habitación nos despiertan a mi amiga Sarah y a mí a altas horas de la noche.
-¡Tiros!-exclama Sarah.

                  Sarah y yo dormimos juntas. 
                  Compartimos habitación. 
                  Así ha sido desde que empezó la guerra. 
                  La madre de Sarah murió de un ataque al corazón en los primeros días de combates. A su padre lo mataron en Atlanta. El hermano mayor de Sarah, Bert, decidió alistarse en el Ejército. 
                  Esta noche, mi madre se fijó en que Sarah apenas había probado bocado durante la cena. 
                  La criada sirvió de postre tarta de manzana. Yo ataqué mi porción de tarta de manzana con entusiasma. Pero Sarah la removió. Jugueteó con ella. La miró con cara de asco. 
-Debes de comer-le instó mi madre. 
-No tengo mucha hambre-afirmó Sarah-La pena me está matando.
                 Los ojos de mi amiga se llenaron de lágrimas. Sarah y yo somos amigas desde hace muchos años. Me destroza el corazón verla hundida. 
-Tienes que ser fuerte-le aconsejé. 
               Sarah ahogó un sollozo.
-¡No me pidas que sea fuerte, Claire!-se lamentó-¡Sólo tengo ganas de llorar! 
                 El prometido de Sarah ha muerto en combate. Una bala sudista acabó con su vida hace unas semanas. Hace escasos días que la noticia llegó a Grand Island. Así se llama la isla en la que vivo. 
                 Sarah estuvo a punto de morir junto con su prometido nada más enterarse de la noticia. 
                 Está muy enamorada de él. Y quiero pensar que su prometido también estaba muy enamorado de ella. 
-A él no le gustaría verte así-le aseguró su hermano Bert, quien está de permiso. 
                 Vive con nosotros en casa. 
-Y a tu hermano tampoco le gusta verte así-intervine-Tienes que superarlo. No estás sola. 
-¡No!-sollozó Sarah-¡Lo único que quiero es morirme! ¡No quiero seguir viviendo!
                   Enciende el quinqué que hay en su mesilla de noche. Trata de ir por su pistola, pero no la encuentra. Piensa que los combates se están acercando poco a poco a la isla. Intenta no dejarse llevar por el pánico. No es propio de ella.
-¡No son tiros!-la corrijo mientras me siento en la cama.
-¿Qué es entonces?-me pregunta Sarah.
                 Me desperezo antes de ponerme de pie.
                  Me dirijo hacia la ventana y la abro. Me asomo y busco a quién está haciendo ruido de madrugada. No hay ni un alma en la calle. De pronto, me fijo en una figura que hay debajo de mi ventana, alta y esbelta. Pienso que estoy soñando hasta que vuelvo a posar mis ojos en la figura y le reconozco: ¡Bert! Me pide, mediante señas y en voz baja también, que baje a la calle. Le digo que está loco, que es muy tarde, que no sólo me ha despertado a mí, sino que también ha despertado a Sarah. Pero él insiste en que baje.
-¡Da igual, baja!-sisea.
-Sólo cinco minutos-digo.
-¿Quién es, Claire?-me pregunta Sarah-Hay alguien abajo. ¡Estoy segura! ¿Qué está pasando?
                 Le doy un beso en la frente para calmarla. El cabello de color castaño dorado de Sarah cae en desordenados rizos sobre sus hombros. Me doy cuenta de que está temblando. Respiro hondo. Esta criatura asustada no puede ser la Sarah que conozco desde que empecé a gatear. No es la Sarah valiente. No es la joven a quien admiro tanto.
-No es nadie-respondo. Estoy mintiendo-Anda, duerme.
-¡Hay alguien en la calle!-asegura Sarah.
                  Mi amiga me coge las manos y me las besa mientras su cuerpo tiembla de puro nerviosismo.
-Ten cuidado, Claire-me ruega-¡Por favor! ¡Ten muchísimo cuidado! Tengo mucho miedo. Mis padres han muerto. Sólo me quedas tú.
-De acuerdo-le aseguro-Subiré dentro de un rato.

                 El prometido de Sarah también ha muerto en el frente. Esta tarde, merendamos juntas. 
                 Dimos cuenta cada una de una taza de chocolate con leche. 
                 Sarah y yo tenemos la misma edad. Las dos acabamos de cumplir dieciocho años. Pero Sarah tenía un futuro prometedor ante ella. Iba a casarse con un prometedor político. Hace escasas semanas, en un combate, su futuro marido perdió la vida. 
-No sabes lo sola que me siento-se lamentó Sarah-Mi prometido...Él era toda mi vida, Claire. ¿Qué voy a hacer sin él? ¡Íbamos a ser muy felices los dos juntos! 
-Lo superarás-le aseguré. 
-No lo superaré nunca.
-Sé que es muy pronto para hablar. Pero a él no le gustaría verte así. 
-Lo único que hago es llorar. Y sufrir. 
                Los ojos de Sarah se llenaron de lágrimas. Siente un profundo dolor al pensar en su prometido. Recuerda todos los planes de futuro que trazaron. No sé si su prometido estaba enamorado de ella. Pero sí sé que Sarah sí estaba enamorada de su prometido. Pienso en lo injusta que ha sido la vida con Sarah. Por lo menos, le queda un hermano. Bert es el hermano mayor de Sarah. Tiene dos años más que ella. Al conocer a Sarah desde siempre, también conozco a Bert desde siempre. 
                Hemos sido muy buenos amigos. 
                Hasta ahora...



                No hace nada, Sarah y yo nos estábamos preparando para su boda. Hicimos juntas, acompañadas por mi dama de compañía, un viaje hasta Topeka. Jamás había visto a Sarah tan emocionada. Mi amiga encargó numerosos vestidos. Incluso, encargó su vestido de novia. Su prometido era un hombre respetuoso. A mí, en realidad, me caía mal. 

               Dimos un paseo a pie por la ciudad. 
-¿Lo has pensado bien?-le pregunté a Sarah-El matrimonio es para toda la vida. Mister Raven parece un hombre demasiado serio para ti. Incluso, podría decir que es odioso. No me gusta nada. 
                Sarah se echó a reír. 
-¿Es que estás celosa?-me preguntó con retintín. 
-No estoy celosa-respondí. 
-¡Cómo se nota que no estás enamorada! 
-Eso no lo sabes. 
-Te conozco bien, Claire. 
               A pesar de todo, reconozco que disfruté del viaje. Nunca antes había salido de Grand Island. Disfruté viendo aquellas grandes avenidas. Disfruté viendo aquellos edificios tan grandes. Había salones de té. Todo lo que había visto en mi vida había sido unas pocas casas. Y aquellas pocas casas se encontraban en una porción de tierra pequeña situada en un lago.    
                Sarah se colgó de mi brazo mientras caminábamos. 
                Cuando éramos más pequeños, Bert me enseñó a pescar. A mí siempre se me ha dado muy mal la pesca. 
-¡Pero es muy fácil, Claire!-me aseguró-Es cuestión de paciencia. 
                Pasamos muchas horas juntos con nuestras respectivas cañas de pescar. Intentando atrapar un pez. 
                Sarah y Bert pasaban mucho tiempo en mi casa. Un día, Bert volvió a casa de permiso tras haber pasado una larga temporada en el Ejército. 
-¡Has vuelto!-oí gritar a Sarah en el recibidor. 
-¿Acaso lo dudabas, hermana?-se rió Bert. 
-¡Vamos, ven conmigo! ¡Claire ha cambiado mucho! ¡No la vas a reconocer! 
                Nos fundimos en un fuerte abrazo cuando él entró en el salón. ¿Qué fue lo que vio Bert cuando nos reencontramos? Según él, me he convertido en una muchacha muy bonita. Mi pelo es negro. Mis ojos también son negros. 
-¡Bert!-grité-¡Qué alegría!


   
            Por aquel entonces, no sabíamos nada del prometido de Sarah. 
            A Bert no le dio tiempo a subir a su habitación. Quería cambiarse de ropa. Darse un baño prolongado. Descansar. Pero Sarah le obligó a sentarse con nosotras en el sofá del salón. 
-¿Has visto a Mark?-le preguntó. 
             Se refería a su prometido, Mark Raven. 
-No le he visto-respondió Bert. 
-¿Crees que estará bien?-insistió mi amiga-¿Por qué no lo has buscado? 
             Mi madre tuvo que intervenir. Le dijo a Sarah que Bert necesitaba darse un baño. Después, podría hacerle cuantas preguntas quisiera. 
-Pero...-balbuceó mi amiga. 
-Hablaremos luego, hermanita-le prometió Bert. 
             Se sintió aliviado de poder mantenerse alejado de su hermana. A mí me dirigió una mirada prolongada. Su mirada me resultó extraña. Caló mis huesos. Llegó hasta mi corazón. Había anhelo en aquella mirada. 
-¿Crees que mi Mark estará bien?-me preguntó Sarah. 
-Volverá-le respondí-Estoy segura. 
-Tengo miedo. 
-¿Por qué dices eso?
-Tengo miedo de que los sudistas le maten. Tengo pesadillas.  
               Yo pensé que Bert me había mirado porque el vestido que llevaba puesto era un vestido nuevo. Se trataba de uno de mis primeros vestidos de adulta. Era de color blanco. Pero el corpiño era de color rojo y dejaba un poco mis hombros al descubierto. No se me veía gran porción de carne. Pero...No sé. De pronto...Me sentí cohibida. 
             ¿Qué puedo decir de Bert? 
              No puedo decir nada malo de él. Siempre se ha portado de un modo muy protector con Sarah. Ella lo define como un bribón. Mis padres no saben qué hacer con él. Se refieren a Bert como un joven bondadoso, pero demasiado impertinente. 
              Para mí, Bert es un muchacho simpático. Tiene muy buenos modales. En muchos aspectos, Sarah se parece a él. Es tan encantadora como Bert. Y su sentido del humor, algo irreverente, es el mismo. 
              Según Sarah, ve a su hermano demasiado joven como para comprometerse con alguien. Yo pensaba igual que ella. Antes de la guerra, Bert había sido un muchacho alocado. Seguía siendo igual de alocado. Posee un gran atractivo físico. Tiene un corazón de oro. Y ejerce de protector de Sarah. Y mío...
              Bert quiso enseñarme a bailar. Durante mucho rato, practicábamos en el salón. 
-¡Ay!-se quejaba cada vez que lo pisaba. 
-Lo siento-me disculpaba. 
              La mano de Bert rodeaba mi cintura. 
-Tienes que dejarte llevar-me aconsejaba-Fíjate. 
             Uno...Dos...Tres...Giro...
             Yo tenía la sensación de que estaba flotando en el aire. 
-Así...-me indicaba Bert-Un...Dos...Tres...
-Un...-repetía-Dos...Tres...
            Girábamos. 
             Para ser sincera, he de admitir que Bert es un excelente bailarín. Y estaba siendo un buen maestro de baile. Yo confiaba en él. Lo hacía de un modo ciego. Hasta el otro día...Después de Navidad...
             Bert me besó en la boca. 
             Me quedé asombrada. No me lo esperaba. Supe que algo iba mal en aquel momento. Pero...¿Por qué era malo? 
             Me pongo encima de mi camisón la bata. 
             Apenas aparezco en la calle, Bert se abalanza sobre mí y cubre mis manos y mi cara de frenéticos besos. Trato de apartarle, un poco asustada ante su saludo tan entusiasta, y lo único que consigo es que empiece a besarme también el cuello repetidas y frenéticas veces.
-¿Qué haces aquí, aparte de montar el numerito?-le pregunto mientras me apoyo en la fachada de mi casa cuando me separo de él.
               Me tiemblan muchísimo las piernas y creo que me voy a desmayar.
-Quería verte-responde Bert.
-¿Para qué?-le pregunto.
               Bert responde que quería verme.





                  Una voz que sale de mi interior me dice que me meta dentro de casa. 
                Vuelve a abalanzarse sobre mí y me asusto cuando huelo su aliento mientras vuelve a besarme de manera frenética el rostro porque no ha bebido; su comportamiento sería más justificable si hubiese bebido.
-¿Qué quieres?-le pregunto nerviosa.
-No he bebido nada-responde él-Quería que lo vieras.
              Me aprieta contra su cuerpo. Su boca se apodera de la mía. Me besa de manera larga y profunda. Contra mi voluntad, abro la boca para que su lengua hurgue en mi interior. Bert me aprieta contra la fachada de mi casa y puedo sentir algo duro entre sus piernas que me asusta…aunque intuya lo que es.
Bert me besa las manos. Incluso llega a besarme un brazo. Cubre otra vez de besos mi rostro. Se arrodilla ante mí y besa mis pies descalzos…mientras yo…me estremezco de manera extraña…
               Me aparto de él con cierta brusquedad con la intención de meterme dentro de mi casa. Le digo que venga a verme cuando esté más sereno.
-¡Sólo quería verte, mi dulce Claire!-me asegura.
-¡Pero no así!-le replico-No cuando estás tan…ansioso…
-Lo siento…
              Me retiene una vez más. Me aplasta contra la pared.
               No ha bebido.
-Lo único que quiero es saborearte y quiero hacerlo esta noche-me asegura-No tengas miedo, mi hermosa Claire. Sabes que jamás te haría daño.
            Yo soy consciente de que Bert, conscientemente, jamás me haría daño, pero no quiero que alguien nos oiga.
-Sarah…-balbuceo-Tu hermana…
-Sarah…-balbucea Bert-¿Qué pasa con ella?
-Está arriba…Nos puede oír…

-Y tú tienes miedo.
              Esbozo una sonrisa tímida cuando mi mirada se encuentra con la mirada de Bert. No bajo la vista. Bert me coge la barbilla y me obliga a mirarle.
-Desde que te conozco, has sido el centro de mi Universo-me dice.
-¡No tendría que ser así!-replico-¡Tienes una hermana! ¡Y tienes, también, una madre!
-No es lo mismo. Claire, eres hermosa y dulce, pero también eres fuerte y apasionada, pese a que trates de disimularlo. Te conozco. He llegado a saber lo que piensas. Lo que sientes. Eres como yo. ¡No lo niegues!
-Lo que tendríamos que hacer es…
-¿Qué?
-No sé el porqué tengo que estar contigo a todas horas ni el porqué no paro de pensar en ti cuando estás lejos de mí; pienso que me has lanzado un hechizo para que me vuelva loca y sea tu esclava. Tu esclava sexual…No es bueno…
-¡Vivir obsesionado con alguien no es bueno! Tampoco tiene que ser sano para ti. Tú no estás acostumbrada a ser el centro de atención. Te has pasado la vida a la sombra de mi hermana.
              Bert sabe que siempre he vivido a la sombra de Sarah. La he admirado hasta el punto de que he deseado ser tan rebelde como lo es ella. Pese a que sé que la rebeldía de Sarah no es tal, siempre he querido ser como ella. Ahora, soy la protagonista de mi propia historia.
               No sé en qué momento mi bata y mi camisón desaparecen. No sé en qué momento desaparece la ropa que lleva puesta Bert.
              Él posa sus labios sobre uno de mis pechos.
              Durante mucho rato, Bert me besa los pechos y alterna este gesto con el gesto de pasear su lengua por la base de mi estómago.

              Miro hacia la fachada de mi casa. Reina la oscuridad. No se oye el menor ruido. Un fuerte desasosiego se apodera de mí. La noche está oscura. Ni siquiera brilla la Luna en lo alto del Cielo. Es una noche extraña.
-Sarah…-murmuro.
-No pienses en ella, Claire-me pide Bert.
-¡Bert!
-¡Grita y di mi nombre, Claire! ¡Grita mi nombre! ¡Claire! ¡Claire!
             Bert pasa su lengua por la carne de mis pechos y también hinca sus dientes en mis pechos. Me hace sangre y chupa. Otras veces, Bert hinca sus dientes en la carne de mi entrepierna y me hace sangre ahí abajo.
             Grito de dolor y placer cuando Bert me muerde.
             Me gusta sentir la boca de Bert paseándose por mis pechos. Ya no quiero pensar en nada que no sea él. Lo único que pienso en estos momentos es que Bert me está besando los pechos con frenesí. Hunde su cabeza entre mis pechos y su boca se dedica a pasearse por ellos. Le oigo murmurar frases incoherentes. Me besa en la boca. Y también me besa en el cuello. Baja la cabeza nuevamente y sus labios se entretienen cubriendo de besos el órgano de mi entrepierna.
             Pero disfruta más besándome los pechos. Me chupa los pezones con gran deleite. Creo que, cuando me chupa los pezones, espera sacar sangre de su interior. No puede sacar leche.
                Cuando me muerde en un pecho, Bert lo hace con tanta saña que llego a pensar que lo que quiere es arrancármelo, pero, luego, me doy cuenta de que, lo que quiere realmente, es hacerme sangre. Necesita beber de mí.
             Yo no me quedo quieta y mi boca, sedienta, le besa el cuerpo a Bert. Lleno de besos su torso. En un momento dado, siento cómo Bert me baja poco a poco la cabeza y me introduce, con gran delicadeza, el miembro en la boca para que yo haga con él lo que quiera; lo único que hago es morderlo una y otra vez con gran saña hasta que, por fin, le hago sangre. Después, cuando Bert grita, succiono la carne para que deje de salirle sangre.
-Sarah nos habrá oído-dice Bert cuando subo otra vez la cabeza.
-Te habrá oído a ti-le recuerdo.
-¡Tú me has hecho gritar!
-Tú has sido el que lo ha pedido. No con palabras. Sino con gestos.
           Yo beso de manera golosa a Bert en la boca. El uno lleva, en los labios, el sabor de la sangre del otro.
              Bert baja la cabeza y me besa nuevamente los pechos. Le dejo hacer. Pero no paro de moverme, inquieta.
             Yo cubro de besos el torso de Bert. Mis dientes mordisquean sus tetillas.




               Bert me besa con reverencia el vientre. Yo, a mi vez, le hago subir la cabeza. Bert me besa en el cuello. Después, soy yo la que le besa en el vientre mientras me pregunto qué sabor tendrá su intestino delgado. Bert me lame las ingles. Yo le lamo las ingles. Bert me besa con suma sensualidad los muslos. Yo le beso los muslos, en un intento por repetir en él todo lo que Bert me está haciendo.
             Bert me besa nuevamente los pechos. Los chupa y los lame con gran delicadeza. Bert sabe que yo estoy dispuesta a todo. Quiero aprender de él. Quiero ser yo misma cuando estoy con él. Estoy harta de esconderme…Harta de fingir algo que no soy…Quiero que Bert vea mi verdadera cara cuando estamos juntos…Por ese motivo, cuando Bert me besa con bastante violencia los pechos, yo le dejo hacer y disfruto con ello.
              Bert puede besarme los pechos durante mucho rato, pero, después, baja la cabeza y es capaz de estar besándome, también durante mucho rato, mi entrepierna hasta conseguir que me vuelva loca. Le beso el miembro. Le imito. Bert puede hurgar con su lengua en mi ombligo. Yo hurgo con mi lengua en su ombligo. Me besa en la boca. Me pone de cara a la pared y me besa la espalda en toda su extensión, desde la nuca hasta las nalgas. Me chupa las nalgas. Su lengua entra en mi…¡Agujero de atrás!
              Caemos los dos al suelo y yo estoy sin aliento por la sorpresa de sentir la lengua de Bert…ahí atrás…
              Me pone a cuatro patas y entra dentro de mí por detrás.
         Me quedo sin aliento. Quiero gemir, pero no puedo.
         Bert se aferra a mis pechos mientras se mueve en mi interior detrás de mí. No puedo verle y, durante unos instantes interminables, pienso que estoy siendo poseía por un fantasma. 

              No le veo. Pero le siento. Le siento muy dentro de mí. 
              Me ha hecho daño. 
               No me importa. 
              Mi cabeza no es capaz de razonar. No soy capaz de pensar. No soy yo.
Durante mucho rato, Bert entra y sale de mi interior desde detrás de mí. Se mueve cada vez más deprisa y yo siento su respiración entrecortada en mi cuello. Me acaricia por todas partes. Siento sus manos en mi entrepierna, dentro de ella. Empiezo a gritar. Grito como una loca. Veo lucecitas de todos los colores por todas partes, pero mis gritos son ahogados por los gritos que emite Bert. Da un alarido cuando llegamos a la cumbre que creo que acaba de morir.
              Me separo de él como puedo. Bert cae al suelo. Está dormido. Trato de despertarlo para hacer que entre en la casa. No puedo despertarle. Me siento en el suelo. De pronto, siento frío. Me doy cuenta de que estoy desnuda. Bert también está desnudo. Le llamo, pero él no me contesta.
-Levántate, Bert-le insto-Hay que entrar en casa…Hace frío…¿No lo ves? ¿Qué quieres? ¿Quieres helarte de frío?
                 Bert no me responde.
                Está profundamente dormido. Como veo que él no va a entrar en la casa, decido entrar yo. Me levanto del suelo. Me tiembla todo el cuerpo. Creo que me voy a desmayar.
                 ¿Qué he hecho?, me pregunto.
                ¡Dios mío! ¿Qué he hecho?
                Me pongo los calzones con manos temblorosas. Pienso que me voy a desmayar Me he puesto los calzones del revés, pero no me importa. Pienso en que el corsé disimulará mañana las señales que Bert ha dejado en mi cuerpo. Desearía poder cerrar los ojos. Olvidar todo lo que he hecho. ¡Porque quería hacerlo!  Nadie me ha obligado. Yo quería hacerlo. 

             Me abrocho los botones del camisón. A Dios gracias, me los he abrochado bien. Busco la ropa de Bert, que está tirada en el suelo. Le cubro con ella. Bert se remueve en sueños. Me agacho a su lado. Le beso con suavidad en la frente. Le acaricio el pelo. Le beso en una mejilla. También le beso en los labios.
               Cierro la puerta y subo corriendo las escaleras que conducen hasta mi habitación. Para mi sorpresa, me encuentro con Sarah sentada en la cama, mirándome con los ojos muy abiertos.
-¿Estás bien?-me pregunta.
             La luz del quinqué de noche todavía está encendida y Sarah me mira con cara de horror.
-Estoy bien-contesto.
              Me acuesto en mi cama. Sarah apaga el quinqué. No podemos dormir en toda la noche porque ella se ha desvelado y yo porque me he dado cuenta de que Bert tiene los apetitos carnales propios de un hombre. Ya no le basta con un simple beso. Quiere algo más de mí… De hecho…Ya lo ha obtenido…
-Hasta mañana.
-Que descanses.
-Lo mismo digo.
             No me creo mucho eso de que Sarah quiera dormir en el suelo para no molestarme. Ella le tiene un pánico atroz al contacto físico. La culpa de todo la tiene mi tía. Le ha llenado la cabeza con historias de terror acerca de la primera vez de una mujer. Un dolor intensísimo…Sangre en abundancia…¿Qué es lo que le ha contado? ¿Cómo será su primera vez o una batalla de las que están teniendo lugar ahora?
-Claire...-me llama Sarah.
-¿Qué?-le pregunto.
-¿Quién había en la calle?
-No era nadie. Duérmete.

-Había alguien en la calle. Le oí hablar. Y te he oído hablar a ti. Gritabais. ¿Qué te ha hecho? ¿Te ha hecho daño? 
-No...
               Oigo a Bert caminando de manera sigilosa por el pasillo. Me echo a temblar. ¿Y si entra en la mía?, me pregunto. Sé que es una locura…Pero…¿Y si entra en mi habitación? Deseo que entre en mi habitación…Una parte de mí lo desea…Pero la otra…Me tranquilizo cuando oigo cerrarse la puerta de la habitación de 

Bert.
-He oído la voz de mi hermano en la calle-afirma Sarah.
-No era Bert-le aseguro.
-¡Creo que sí! ¡He escuchado su voz!
-¡Que no era él, pesada!
                Sarah no está conforme con la versión que le he dado.
-¡Era Bert!-afirma.
-¡No era Bert!-replico.
-¿Cómo puedes estar segura?
-Porque he bajado a la calle y no he visto a nadie. No te preocupes por nada, Sarah.
-Claire, has tardado mucho rato en subir.
-Hacía una buena noche y, como no me podía quedar durmiendo, me he quedado tomando el fresco.
-He oído gritos…
-¿Gritos?
-Sí…Gritos…Unos gritos muy raros…De angustia…
-¿Y no eran gritos de placer?
-La persona que estaba chillando no estaba sintiendo placer, sino todo lo contrario.
-¿Y qué estaba sintiendo, si no era placer?
-Era…Dolor…Había dos personas…Estaban dando unos gritos horribles…De angustia y de dolor…Era como si se estuviesen…Muriendo…Una muerte lenta y horrible…
-No te preocupes, que no he visto a nadie agonizando en plena calle.

                Me duele el bajo vientre. Cierro los ojos. La mujer que se ha portado de un modo casi animal en la calle no puedo ser yo. 
                   Me quiero quedar dormida. Abro los ojos. Me veo con Bert. Haciendo esas cosas. 
-Claire...-me llama Sarah. 
-¿Qué quieres ahora?-inquiero. 
-Bert es un buen chico. Pero es un poco salvaje. 
                 Sonrío para mis adentros. Es obvio que Sarah no sabe nada. 
                 Ignora hasta qué punto puede ser salvaje su hermano. 
                 Con ese pensamiento, me quedo profundamente dormida. 

sábado, 14 de septiembre de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
El fragmento de hoy de Cruel destino es un poquito más corto que de costumbre.
Vamos a ver lo que ocurre entre Robert y Mary, por un lado. Pero, por el otro, vamos a ver lo que ocurre entre Robert y Sarah.

                   Cuando Robert fue a visitar a Mary, la encontró sentada en una silla en el jardín.
-Hola, Mary-la saludó-Celebro mucho verte de nuevo. ¿Estás nerviosa por la boda?
-Un poco...-contestó la joven.
                  Robert buscó una silla de jardín. Se sentó al lado de su prometida.
                  Mary le hurtaba la mirada. No se atrevía a mirarle a los ojos.
                  Permanecieron en silencio durante un rato.
                   Robert se preguntó cómo iba a ser su vida conyugal con Mary. Su prometida no se parecía en nada a Paula. Sin embargo, tenía la razón de que tampoco era sincera con él. Aún así, sospechaba que el motivo del silencio de Mary era bien distinto a cómo Paula se portó con él en el pasado.
-Me gustaría que hablásemos de manera clara y sincera-decidió Robert-Me gustaría saber una cosa. ¿Tú quieres casarte conmigo?
-Sí...-contestó Mary-Sí...Quiero casarme contigo.
                 


                    Pero la voz de la joven temblaba de un modo muy visible al hablar. Robert se preguntó así mismo el porqué no conseguía enamorarse de ella. Mary era una joven extraordinaria. Era buena, era hermosa, era educada y era agradable.
-¿Y tú quieres casarte conmigo?-le preguntó Mary a bocajarro.
                 Robert se quedó sin habla al escuchar la pregunta que acababa de hacerle su prometida.
-¡Yo sí quiero casarme contigo!-respondió casi sin aliento.
                 Le cogió la mano.
                  Sintió asco de sí mismo.
                 ¿Cómo soy capaz de engañar a Mary? La joven no se lo merecía. Robert la quería, sí. Pero no estaba enamorado de ella.
                   Se iba a casar con ella. E iba a tratar de ser el mejor marido del mundo para ella. Sería un marido fiel, devoto y leal. Le demostraría a Mary que él era capaz de hacerla feliz. Con el paso del tiempo, a lo mejor, llegaban a enamorarse.
-No veo la hora de que nos casemos-dijo Robert-Ya falta menos para que llegue ese día.
-Es lo que más deseo en el mundo-mintió Mary.
               Sus ojos se llenaron de lágrimas. Robert se acercó más a ella con la silla y la abrazó con cariño.
-No llores-le pidió-Te voy a hacer muy feliz.
-Robert...-susurró Mary-Me vas a odiar. Vas a pensar lo peor de mí.
                 El conde negó con la cabeza. Llenó de cariñosos besos el rostro de Mary. La besó de lleno en la boca. La joven se dejó hacer.
-Eres la mejor persona que jamás he conocido-le aseguró Robert-No quiero que pienses eso de ti. Nunca más vuelvas a decir que te voy a odiar. ¡Jamás te odiaría, Mary!

                    Al día siguiente, el ayudante de cámara de Robert fue a buscarlo a su habitación. Acababa de escribirle una carta a su hermana Margaret. Sabía lo que su hermana menor y lo que su prima pensaban de su matrimonio con Mary.
                    El ayudante de cámara le dio a Robert una noticia que le sorprendió hasta sobrecogerlo.
                     Una joven había ido a verle.
                    No se trataba de su prometida. Se trataba de una de las hermanas de ésta. En concreto, se trataba de su hermana mediana. De Sarah Wynthrop...
                     Contra su voluntad el corazón de Robert empezó a dar brincos de alegría.
-Dile que bajo enseguida-le pidió a su ayudante de cámara.
                      Volvía a estar comportándose como un adolescente que descubría de nuevo el amor. Cuando su ayudante de cámara se fue, se miró en el espejo.
                      Comprobó que estaba bien peinado. Sus pantalones no presentaban ninguna arruga. Su camisa estaba en perfecto estado. Le dio el visto bueno a su chaleco. Entonces, decidió salir de la habitación.
                      Al entrar en el salón, encontró que Sarah estaba sentada en el sofá.
-¡Miss Wynthrop!-exclamó Robert al verla-¡Qué agradable sorpresa me da verla!-Sonreía abiertamente-No se levante, por favor-Le cogió la mano y se la besó-Dígame una cosa. ¿Puedo saber el porqué ha venido a verme?
-Milord, tenemos que hablar seriamente-atacó Sarah-Se trata de Mary. Mi hermana es una joven frágil. Y tengo miedo de que le pueda hacer daño.
-Jamás le haría daño a su hermana, miss Wynthrop-le prometió Robert-Es una mujer maravillosa. Se merece ser feliz. Y quiero ser yo quién le haga feliz.
-¡No sabe lo que me alegra oír eso, milord!
                     Robert se sentó a su lado en el sofá.
                     Sarah había decidido ir ella sola a ver a Robert. No le había dicho nada a nadie. No se lo había dicho ni siquiera a Érika. Tampoco se lo había dicho a Mary. Quería cerciorarse de que aquel hombre era bueno para su hermana mayor. Mary había sufrido mucho. Merecía ser feliz.
-¿Está usted enamorado de Mary, milord?-preguntó Sarah a bocajarro.
                    Había tratado en contadas ocasiones a lord Robert.
                     Sin embargo, había algo en él que le hacía diferente.
                    No le veía como un aristócrata frío y prepotente. Le veía como un hombre más bien sencillo y humilde. Un hombre en cuyos ojos se veía reflejada la bondad que anidaba en su corazón.
                    Un hombre bien distinto a Darko...
-Yo quiero a su hermana con toda mi alma, miss Wynthrop-respondió Robert con firmeza-Y mi mayor deseo es hacerla la mujer más feliz del mundo.
                  La casa donde el conde se hospedaba estaba cerca de la playa. Se oía el rumor de las olas.



-Mary se merece lo mejor-afirmó Sarah-Merece tener a su lado a un hombre que la quiera de verdad. Que no la juzgue.
-Entiendo que su hermana, a lo mejor, haya cometido errores-la interrumpió Robert-Pero no soy quién para juzgarla ni tampoco para condenarla. He cometido errores aún peores de los que ella pueda haber cometido. No quiero hablar del pasado. Quiero centrarme en el futuro.
-Me alegra oír eso.
                    Sarah esbozó una sonrisa que Robert encontró adorable.
                    Él también le sonrió. Para su sorpresa, Sarah encontró seductora la sonrisa de Robert. Se echó en cara así misma aquel pensamiento.
-¿Se encuentra bien, miss Wynthrop?-le preguntó el conde.
                   Sarah se puso de pie.
-Me temo que me tengo que ir-respondió-Me están esperando. No quiero que se me haga tarde.
-¿Quiere que la acompañe?-se ofreció Robert.
-No hace falta. Gracias...
                  Robert acompañó a Sarah hasta la puerta. Se la abrió. De pronto, sin saber bien lo que estaba haciendo, Sarah se acercó mucho a Robert. Le dio un beso en la mejilla.
                  Después, salió de la casa. Sintió cómo le temblaban las piernas. Piensa en Darko, se dijo así misma. Ese hombre es el prometido de Mary. Y tú amas a Darko. Si amas tanto a Darko como dices. ¿Por qué tienes que recordarte lo que sientes?
                  Sarah aceleró el paso, deseosa de marcar cierta distancia entre ella y el conde de Maredudd. Se repitió una y otra vez que era el prometido de Mary. Y que ella de quién estaba realmente enamorada era de Darko Raven. Se dijo así misma que estaba enfadada con él por no haber acudido a su cita en la playa. Pero Darko tendría una buena excusa. Le perseguían los detectives de Bow Street. Estaba vendiendo sus negocios en Londres. No importaba. Él siempre iba a verla. Sarah se preguntó si la vida que iba a llevar al lado de Darko sería vida. Huyendo de un lado a otro. Las prolongadas ausencias...¿En serio una pareja podía soportar todo aquéllo por amor?

viernes, 13 de septiembre de 2013

¡PARTICIPO EN LA ANTOLOGÍA DE RELATOS DEL CLUB DE LAS ESCRITORAS!

Hola a todos.
Mis pies no tocan hoy el suelo. Tengo la sensación de que estoy soñando y que me voy a despertar de un momento a otro. ¡Pero no me quiero despertar!
Estoy muy muy muy contenta.
¿Os acordáis que por junio hice una entrada promocionando el Certamen de Relatos que se iba a celebrar en El Club de las Escritoras?
Los relatos debían de cumplir una serie de requisitos, entre ellos, debían de ser románticos y todos debían de girar alrededor del mismo tema: San Valentín.
La idea de Dulce, que ha sido quien ha organizado el Certamen, era reunir un jurado que sería el encargado de seleccionar los relatos que formarían parte de la nueva Antología que estaba llevando a hacer.
Decidí, tras darle muchas vueltas, consultarlo con la almohada y repensarlo, presentarme. Escribí un relato romántico como los que me gustan: histórico. Después de hoy, juro que intentaré escribir algo contemporáneo porque le he perdido el miedo a todo ya.
Bien. Hoy, al mirar en el correo, me he encontrado con e-mail de Dulce. Me ha dicho que mirara en la entrada que han hecho con el veredicto del jurado que forma parte del certamen. No me lo podía creer cuando he visto que mi relato, ¡estaba entre los seleccionados para participar en la Antología!
¡No me lo creo! ¡Es que no me lo puedo creer! ¡No sé qué decir! Jamás pensé que mi relato pudiera salir seleccionado.
A pesar de sus numerosos fallos. A pesar de todo...¡Ha sido seleccionado! ¡Participo en la Antología!
¡No quepo en mí de alegría!
Sólo sé decir gracias. Gracias a Dulce por haber organizado el Certamen. Gracias al jurado por haber pensado que mi relato valía la pena, aún cuando yo misma dudaba de él.
Gracias a todos...
Es la tercera antología en la que participo.
He participado en la Antología que organizó el maravilloso blog Acompáñame este San Valentín. (San Valentín, el Patrón de los Enamorados, que nos impulsa a escribirle al amor. Muy cursi, pero quería decirlo).
He participado en la Antología que organizó el maravilloso blog Kiss a Book titulada La llave. 
¡Y voy a participar en esta!
Poco a poco, veo que mi sueño se está haciendo realidad. Y el saber que uno de mis relatos va a participar en la Antología del Club de las Escritoras (titulada provisionalmente Pasión de amor) me motiva a seguir escribiendo.
¡Estoy más motivada y decidida que nunca a seguir adelante!
Me siento más fuerte, con más determinación y con más ganas que nunca de seguir escribiendo y de seguir peleando.

 Esta foto es la que mejor define mi estado de ánimo en estos momentos.

Pero, antes de acabar, me gustaría felicitar a nuestro bueno amigo Ariel, más conocido en el mundo de Blogger como Ricky el Vikingo.
Me he pasado por el blog de nuestra buena amiga Citu "Enamorada de las letras" (si queréis conocer el blog de Citu, aquí tenéis su link: http://enamoradadelasletras.blogspot.com.es/. Daos una vuelta por él porque es altamente recomendable).
Gracias a ella, me he enterado de que el blog de Ariel, "Ricky el vikingo", donde publica sus poemas llenos de sensualidad, de romanticismo, de rabia y de buenas dosis de crítica, cumple su segundo aniversario. ¡Y espero que cumpla muchos aniversarios más!
Os podéis pasar por el blog de Ricky a través de este link:

http://rickyelvikingo.blogspot.com.es/

¡Muchas felicidades en tu aniversario, amigo Ricky!
¡Y que vengan muchos más!