domingo, 11 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
Tras varios días sin dar señales de vida, retomo hoy con más ganas Cruel destino. 
Ya hemos visto cómo se ha celebrado la fiesta de compromiso entre Mary y lord Robert.
Los temores de Mary a que su prometido descubra su secreto van creciendo a medida que se va acercando la fecha de la boda.

                   Mary no había pegado ojo en toda la noche. Permaneció despierta mirando al techo de su habitación. Le asustaba cerrar los ojos.
                  Vería pasar ante ella las mismas imágenes que se repetían una y otra vez en su cabeza desde hacía ya mucho tiempo.
                  Ya era oficial.
                  Lord Robert y ella estaban prometidos. Incluso, se había fijado ya la fecha de la boda. Se celebraría en los primeros días de julio de aquel año. Quedaba cada vez menos para que llegara ese día. Y el miedo se iba apoderando cada vez más de Mary.
                  Al día siguiente, Mary bajó a desayunar. Toda su familia estaba sentada alrededor de la mesa del comedor.
-Me imagino que estarás muy nerviosa-le comentó Sarah.
                 Mary se sirvió café en su taza con mano temblorosa.
                 Su padre estaba leyendo el periódico.
-La noticia de tu compromiso llegará a la prensa en los próximos días-le comentó-Después de eso, aparecerá en todos los periódicos de Gales. Con un poco de suerte, aparecerá en todos los periódicos de Gran Bretaña. ¿No estás contenta?
                Mary asintió débilmente. No estaba nada contenta. Lo único que quería era morirse. Sus hermanas se dieron cuenta de que había pasado mala noche. Tenía unas profundas ojeras alrededor de sus hermosos ojos. Mary apenas podía articular palabra. Sólo Sarah sabía lo que estaba pasando por la mente de la joven. La entendía.
-¿No estás contenta?-repitió mister Wynthrop-Vas a casarte con uno de los hombres más ricos de Gales. Otra joven en tu lugar estaría dando saltos de alegría.
-Nuestra Mary es muy comedida-intervino mistress Wynthrop-Estoy segura de que es muy feliz. Pero guarda sus sentimientos para sí. Hace bien. No quiero que dé un espectáculo.
-Sí, madre-susurró la aludida-Eso es lo que me pasa. Sí...
             Katherine le dio un mordisco a su tostada untada con mantequilla.



                 Mary intercambió con Sarah una mirada cargada de significado.
-Tengo que hablar contigo-le dijo en voz alta.
                 Todo el mundo se las quedó mirando sorprendido. Luego, pensaron que Mary querría comentarle a Sarah algo acerca de la boda. Algo que no querían compartir con los demás. Katherine sintió curiosidad. ¿De qué querrían hablar sus dos hermanas mayores?
-¿Tiene que ser ahora?-inquirió Sarah.
                 Mary asintió con vehemencia. Sentía que todo el cuerpo le temblaba. No veía la hora de salir corriendo del comedor.
-Terminad de desayunar-les ordenó mister Wynthrop-Y, luego, podéis hacer lo que queráis.
-Sí, padre-dijo Mary.
                Sarah se fijó en lo pálida que estaba su hermana mayor. Se preguntó si su boda con el conde de Maredudd era lo mejor que podía pasarle.

                  Sarah y Mary salieron al jardín.
                 Una vez fuera, Mary rompió a llorar desconsoladamente. Era incapaz de articular palabra. Sus lágrimas resultaron ser más expresivas que sus palabras.
                 Sarah entendía el terror que su hermana mayor sentía.
-No te cases si no quieres-le aconsejó.
                 Mary negó con la cabeza. No quería defraudar a sus padres. Los veía más ilusionados que ella misma con aquel enlace.
-Si no me caso con el conde, me odiarán-se lamentó-¡No sé qué hacer, hermana! Tengo mucho miedo. No me atrevo a contárselo a Robert. ¡Me repudiará!
               Sarah abrazó con cariño a Mary. No podía entender el porqué la vida se había ensañado tan cruelmente con ella. Mary siempre se había portado bien. ¿Por qué le había pasado aquello? No podía entenderlo. Le costaba trabajo entenderlo.
-Me quiero morir-sollozó Mary.
-¡No digas eso!-le pidió Sarah.
               Ignoraba que una idea descabellada empezaba a nacer en la cabeza atormentada de Mary.

jueves, 8 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
La historia continúa.
Erika está obsesionada con conseguir a Darko como sea. En el fragmento de hoy, proseguirá con su empeño. ¿Será el amor que siente Darko por Sarah tan fuerte como para resistir?

               La noticia del compromiso corrió como la pólvora por toda la isla. Hasta la posada donde se alojaba Darko llegó la noticia. Era oficial. El conde de Maredudd iba a casarse con la señorita Mary Wynthrop. La boda se celebraría en cuestión de semanas.
              Erika se miró en el espejo de la habitación de Mary.
              Hacía ya un largo rato que la joven había bajado al salón. Su madre insistía en empezar con los preparativos de la boda. Había mucho que hacer. ¡Mary ni siquiera tenía preparado el vestido de novia!
              Erika abandonó la casa de los Wynthrop por la puerta de la cocina. La cocinera estaba demasiado atareada partiendo carne. No se dio cuenta.
              Los pasos de Erika la llevaron hasta la posada donde se hospedaba Darko. Sonrió al pensar en él. Con un poco de suerte, a lo mejor, conseguía seducirle. Pero sabía que la batalla estaría perdida. Él insistía en que sólo amaba a la señorita Sarah. Erika creía conocer mejor que nadie la mente de los hombres. Darko era un hombre demasiado viril como para estar sin desfogarse con una mujer. Muy sensual...Erika recordó una frase que oyó decir a un vecino suyo. Existían dos clases de mujeres. Las mujeres con las que un hombre se divierte. Y las mujeres con las que un hombre se casa.
           Sonaba cruel. Pero era verdad. Erika ya no pertenecía al grupo de mujeres con las que un hombre se casa. Pertenecía al grupo de mujeres con las que un hombre se divierte. Darko podía divertirse con ella.
           Entró en la taberna.
           Había unos pocos hombres allí. Erika se sobresaltó cuando el tabernero le dio una palmada en el trasero.
-Tienes un buen culo-afirmó-¿Qué haces por aquí, guapa?
-¿Y a ti que te importa?-replicó Erika. Tenía las mejillas enrojecidas-Vengo buscando a un hombre.
-¿Sólo a un hombre?
-¡Sí!
               Erika encontró a Darko sentado en una de las mesas del fondo.
              Se acercó a él y le estampó un beso en la mejilla.
              Darko se sobresaltó y se giró para mirarla risueño. Creía que se trataba de Sarah. El cabello castaño y los ojos azules de Erika le sacaron de su error. No era Sarah.
-¿Qué estás haciendo aquí?-le increpó.
-¡Qué recibimiento más cariñoso!-se burló Erika-Creía que te alegrarías de verme.

 

             Darko tenía delante de sí una jarra llena de cerveza. Erika pidió otra jarra de cerveza. La moza de la taberna no tardó mucho tiempo en traérsela.
            Darko bebió un sorbo de su jarra de cerveza.
-¿Qué estás haciendo aquí?-le preguntó a Erika.
-He venido a verte-respondió la joven.
             Su tono de voz asustó a Darko. El hombre pensó que nadie de los que estaban allí estaba al tanto de su relación con Sarah. De saberlo, no tardarían mucho en ir a contarle que su doncella estaba intentando seducirle. ¿Y qué iba a pensar Sarah de él? ¿Desde cuándo le importaba tanto la opinión de Sarah?
-Será mejor que te vayas-le pidió a Erika.
              Quería a Sarah. No le haría ningún daño. Se lo había jurado así mismo. Se lo había jurado a Sarah.
             Erika quería pegarse un poco más a él. Darko se apartó de ella.
-¿Te molesta que te vean conmigo?-inquirió Erika-Los dos somos iguales.
             Le estaba tuteando.
             Darko movió la cabeza. No se parecía en nada a Erika. Él había tenido una infancia muy dura. Y Erika, posiblemente, había tenido que trabajar siendo niña en el campo. Quizás, se dijo así mismo, no eran tan diferentes como pensaban.
-Insisto-le ordenó a Erika-Vete, por favor. No quiero que Sarah se entere de que he estado contigo.
-No estamos haciendo nada malo-se rió Erika.
             La joven tenía una risa parecida a la de una hiena.
            Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Darko. Erika podía meterle en un buen lío con Sarah. Debía de tener cuidado con ella.
             Erika le estampó un beso en la boca. Se puso de pie y abandonó risueña la taberna. Darko la fulminó con la mirada, pero ella fingió ignorarle.

              Sarah y Darko habían acordado en verse en un lugar bien distinto: en la falda de la montaña de la isla, que también se llamaba Holyhead. Cuando Darko llegó, Sarah lo estaba esperando sentada en la falda de la montaña. Darko tomó asiento a su lado.
-Te noto preocupado-observó Sarah.
-He estado pensando en la boda-mintió Darko-En la boda de tu hermana, quiero decir. Significaría que nosotros también nos casaríamos.
-Aún falta algo de tiempo. Unos meses...Madre tiene que hablar con padre. Tú podrías ir a pedir mi mano cuando nosotros volvamos de la isla de Church. La familia del conde vive allí. Mary se irá a vivir allí con ellos. Pero queremos ir a verla y pasar unos días con ella cuando esté instalada.
            Darko pensó que la vida de Sarah había sido demasiado fácil en comparación con la vida de Erika.
-Tu padre no aprobará nuestra boda-se lamentó.
-Madre hablará con él, como te he dicho-le recordó Sarah-Y conseguirá que dé su visto bueno.
              Darko arrancó una brizna de hierba sin darse cuenta de lo que estaba haciendo. Él y Sarah estaban solos al pie de aquella montaña. La joven cogió la mano de Darko y le besó la palma. El hombre se inclinó sobre ella y la besó en la frente. Le asustaba estar cerca de ella.
-Podría no pasar eso-dijo con apenas un susurro-Podría decir que no.
              Darko llenó de besos el rostro de Sarah. Aquel rostro tan perfecto y tan hermoso...Tan casi aristocráticos...Sintió a la joven más lejos de él que la más lejana de las estrellas. Se apartó de ella. Sarah aún podía sentir los labios de Darko posados sobre sus mejillas. Los ojos brillantes de la joven se llenaron de miedo. ¿Por qué iba a oponerse su padre? Pero Darko quería ser el realista de aquella relación.
-Me escaparé contigo-le prometió Sarah-Huiremos a cualquier parte. Tú y yo...
            Se pusieron de pie y empezaron a caminar.



             Darko comparó mentalmente a Sarah y a Erika. Para ser sincero consigo mismo, tenía más en común con Erika que con Sarah. Se odió así mismo por tener aquella clase de pensamientos con la doncella de la mujer que amaba.
-Lo último que quiero es hacerte daño-le confesó a Sarah-Y tengo la sospecha de que acabaré haciéndote daño. Siempre ha sido así. He sido un egoísta por pensar sólo en mí. Nunca he pensado en ti a la hora de tomar una decisión. Mi amor puede ser perjudicial para ti, cariño. Y...
            Sarah le hizo callar.
-Perjudicial sería no verte más-le aseguró-Dañino sería estar lejos de ti.
            Sarah sonrió con dulzura. Darko era un hombre bueno y noble. Pensaba mucho en ella. Su padre acabaría rendido ante él. Lo presentía.
-Disfrutemos de esta montaña-le pidió Sarah.
              Se fundieron en un beso cargado de ternura.

miércoles, 7 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
Aquí tenéis un nuevo trozo de Cruel destino recién salido del horno.
Aún así, espero que os guste.
Veremos la pequeña fiesta que se celebra con motivo del compromiso entre Mary y el conde.

                A petición de Mary, la fiesta de compromiso no fue nada ostentosa.
                Se celebró en la mansión de los Hamilton, que eran los anfitriones del conde.
                Acudió poca gente.
                Mary lo agradeció. Sin embargo, no lo agradeció tanto cuando el conde se colocó junto a ella. Y pronunció las palabras que ella más temía.
-Tengo el inmenso placer de anunciar que en breve desposaré a la señorita Mary Anne Wynthrop-anunció.
              Mary seguía pensando que estaba soñando.
              Oyó que la gente que había acudido a la fiesta les estaba aplaudiendo.
              Vio los rostros alegres de sus padres y de sus hermanas.
               De pronto, se vio rodeada por los invitados a la fiesta. Todos querían felicitarla a ella y a Robert.
-Enhorabuena...-les decían.
               Mary buscaba con la mirada un sitio por el cual huir.
-¡Ya es oficial, hermana!-exclamaron Sarah y Katherine a la vez.
-¡Mi querida hija!-se emocionó mistress Wynthrop-Estoy muy orgullosa de ti.
-Pero...-balbuceó Mary.
               Le estaba costando mucho trabajo respirar.
               Tenía la sensación de que había demasiada gente en el salón. Nada de lo que estaba pasando le parecía real.
-Te has puesto pálida-observó Sarah.
              La obligó a sentarse en una silla. Le dio viento con el abanico.
-¿Es que no quieres casarte con el conde?-inquirió Sarah.
               Mary no supo qué responder. Por un lado, le hacía ilusión la idea de convertirse en la nueva condesa de Maredudd. Por otro lado, sentía un auténtico terror al pensar en su noche de bodas. En lo que iba a pasar entre ella y Robert.
             Los recuerdos de lo ocurrido la espantosa noche en la que fue violada volvieron a su mente. El terror estaba acabando con ella. Mary no era fuerte.
            Sarah le tendió un vaso con limonada.
-Bebe un poco-la instó.
-No tengo sed-replicó Mary.
-Madre y padre no se han dado cuenta de que tienes cara de muerta. Perdona que te hable así. No pareces una mujer feliz. Nadie nos oye. ¿Qué te ocurre?
-Todo va bien. Son los nervios de cualquier futura novia.
-Mary...
-En serio...
            Mary esbozó una mueca que no se parecía en nada a su sonrisa habitual. Sarah se preguntó si aquella historia iba a acabar bien. Su hermana estaba mal. Y nadie se había dado cuenta. Ni siquiera su futuro marido...



              Robert se dio cuenta de que algo raro le pasaba a su prometida. Le pareció raro pensar así de Mary. A los ojos de todo el mundo, era ya su prometida oficial. Se iba a casar con ella. No había marcha atrás.
             Se acercó a ver cómo estaba.
-¿Qué te ha pasado?-le preguntó.
            Era la primera vez que la tuteaba.
-Me he mareado un poco-respondió Mary.
            Se odió así misma por mentirle a Robert. Era su futuro marido. Sintió cómo se le formaba un nudo en la garganta al pensar en eso. Robert era el hombre con el que se iba a casar. El hombre con el que iba a compartir el resto de su vida. Debería de estar contenta por dejar atrás su soltería.
           Pero los recuerdos se agolpaban en su mente. Le impedían disfrutar de aquel momento.
-La emoción ha podido con ella-intervino Sarah-Mary es muy sensible. Tendrá que ser paciente con ella.
-Lo siento mucho-se excusó Robert.
-Usted no tiene la culpa-le aseguró Mary.
-Me temo que he pensado más en mí que en ti. No estás acostumbrada a los grandes eventos. Y, si te soy sincero, a mí me pasa lo mismo. Me gusta llevar una vida tranquila. Perdóname, Mary. He sido un egoísta. Quería darle demasiada pompa a algo que es muy simple. Nos queremos.
              Un nudo se formó en la garganta de Sarah. Robert había hecho una perfecta síntesis de lo que era el amor. Asimilarlo. ¿Por qué a Darko le costaba tanto trabajo asumir lo que sentían el uno por el otro? A veces, él quería pregonar su amor a los cuatro vientos. Otras veces, lo que quería hacer era esconderse. El amor no tenía que ser tan complicado, pensó Sarah. Debía de ser algo mucho más sencillo. Dos personas que se quieren.
-Entiendo que quiera anunciar nuestro compromiso-admitió Mary.
-No he contado contigo para nada-se disculpó Robert-Te prometo que no volverá a pasar.
-No ha tenido importancia.
-Lo único que quiero es que seas feliz. Deseo con toda mi alma hacerte feliz.
-Milord...
            Los ojos de Mary se llenaron de lágrimas.
            Sarah notó cómo una lágrima resbalaba por su mejilla.
            Robert se puso de rodillas frente a Mary. Había quiénes les estaban mirando. Pero a él no le importaba. A Robert le importaba bien poco la opinión de los demás. Lo único que parecía importarle era la felicidad de Mary. Hombres como el conde no se encuentran en ningún sitio, pensó Sarah. Durante una fracción de segundo, sintió envidia de su hermana mayor. ¿Por qué sentía celos de Mary? ¿Acaso ella no era feliz con Darko? En ocasiones, Sarah deseaba algo más. Tener algo más que aquella pasión no consumada que ambos compartían.
            Deseaba estabilidad. Poder apoyarse en Darko. Saber que podía contar con él para cualquier cosa.
            No sentirse sola. Darko la dejaba muchas veces sola. Sarah nunca antes había pensado en eso. Hasta aquella noche...
-Vamos a bailar-le propuso Mary a Robert-Es nuestra fiesta de compromiso. Lo lógico será que bailemos la primera pieza.
-¿Quieres bailar?-inquirió el conde.
-Sí...
              Mary le tendió su vaso de limonada vacío a Sarah. Se puso de pie. Se cogió del brazo de Robert. Sarah los vio caminar hasta el centro de la improvisada pista de baile. Mary estaba temblando con violencia. Pero intentaba dominarse.
-¡Qué guapa está Mary!-exclamó Katherine, quien se puso a su lado-¿Verdad que parece una Reina?
               Sarah no supo qué decir.
-Sí...-susurró.
               Vio cómo ella y Robert iniciaban el baile. Antes de iniciarlo, Robert besó a Mary en la frente.
              Hablaron mientras bailaban. Mary se aferró a los brazos de Robert. Él la contemplaba con adoración. Pero también miraba de reojo a Sarah. Se odiaba así mismo por hacer aquello. Casarse con una hermana. Y sentir aquel deseo por la otra. No era justo. Me centraré en Mary, pensó. La complaceré en todo. Seré el marido más devoto y más leal del mundo. Mary es muy buena. La quiero. Pero...
-Eres la mujer más maravillosa que jamás he conocido-le aseguró.
-No me conoce bien-se lamentó Mary.
-Te conozco mejor de lo que piensas. Eres buena y noble. Hay mucha dulzura en ti. Es muy fácil quererte.
-Milord...
-Tutéame, Mary. No me llames así. Te lo pedí el otro día. Llámame por mi nombre de pila. Nos vamos a casar.
-Robert...
               Todo el mundo tenía razón. Mary y Robert hacían una buena pareja. Mary era sensible y tímida. Y Robert era amable y entregado. Casi sin darse cuenta, Sarah comparó mentalmente al conde con Darko. Y, para su horror, se dio cuenta de que Darko salía perdiendo en la comparación.



               Sarah sentía sobre sí la mirada de su futuro cuñado. Su corazón empezó a latir muy deprisa. Se preguntó el porqué le pasaba aquello. No era nada normal.
               Se dijo así misma que Darko era mil veces más apuesto que el conde. Lo cierto era ambos eran muy diferentes entre sí. Sarah trató de conjurar la imagen del moreno Darko. De sus bellos ojos...Robert era un hombre muy serio. Pero, al verle totalmente entregado a Mary, le hizo pensar a Sarah en un carácter apasionado.
              Podía ser un hombre estricto en algunos aspectos. Un hombre que meditaba bien cada paso que iba a dar. Pero lo vio bailando con Mary. Sarah se preguntó si Darko bailaría de nuevo el vals con ella. Se dijo así misma que Mary y Robert estarían casados en unos meses y ella y Darko no tardarían mucho tiempo en seguir sus pasos.
-Miras mucho a nuestro futuro cuñado-observó Katherine.
             Sarah la miró sobresaltada.
-Empiezas a hablar igual que Erika-le espetó-Dice exactamente lo mismo que tú.
-Hay que reconocer que el conde es un hombre muy atractivo-opinó Katherine.
-Bueno...Darko...
-Darko no está aquí, hermana. No va a decir nada.
             Aún así, Sarah se puso tensa.

martes, 6 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
Como vais a ver, la cosa empieza ya a complicarse.
Robert quiere hacer oficial su compromiso con Mary. Es a partir de ese momento cuando la historia empieza a dar un giro totalmente inesperado. Y...¡No puedo decir más!

               Mary pensó que iba a desmayarse.
-¿Cómo ha dicho?
               Lord Robert contempló a su prometida. Mary llevaba el cabello recogido en un elegante moño. Lucía un vestido de color blanco y verde. Y, en contraste, estaba la palidez de su cara. Le cogió la mano con cariño. Él había ido a visitarla para hablar de la boda. Ya era hora de hacer oficial su compromiso.
-Se trata de anunciar nuestro compromiso-le explicó-Haríamos una fiesta.
-¿Y tiene que ser en una fiesta?-inquirió Mary.
-Se hará la fiesta, milord-anunció mister Wynthrop-No entiendo el porqué Mary se ha puesto tan nerviosa.
-Porque no está acostumbrada a las fiestas, padre-intervino Sarah-La asustan un poco. Pero está muy contenta.
               Estaban todos reunidos en el salón.
              Mary agradeció el poder estar sentada. Le temblaba todo el cuerpo con violencia. Robert se llevó su mano a los labios.
              Mary se había puesto rígida cuando él la besó suavemente en los labios a modo de saludo, aprovechando un descuido de sus padres.
              De pronto, los peores temores de la joven se estaban haciendo realidad. No se trataba de un coqueteo. Ya no era tan sólo un cortejo. No...Se trataba de un compromiso. Acabaría casada con el conde de Maredudd.
-¿Le ocurre algo?-le preguntó Robert-Disculpe si he sido un impertinente. No ha sido mi intención molestarla, miss Mary. Pensé que le haría ilusión.
-Milord...-balbuceó la joven-Yo...Bueno...
-Mary está sorprendida-intervino Sarah-No pensaba que las cosas pudieran ir tan deprisa. Pero así está siendo. Le aseguro que mi hermana está muy contenta, milord. Y le hace mucha ilusión comprometerse con usted. Ser su esposa a la larga. La conozco bien.
           Sarah se puso de pie. Se acercó a Mary. Le dio un breve abrazo.
          A la joven le estaba costando trabajo recuperar su respiración habitual. Tenía la sensación de que todo le daba vueltas. Katherine la miraba con preocupación.



             Mary respiró hondo. Sabía que aquel día tenía que llegar. Pero le parecía que era demasiado pronto. Sus heridas seguían estando demasiado abiertas.
-¿Cuándo sería la boda?-quiso saber.
             Robert prefirió centrarse en la fiesta de compromiso.
             La fiesta en cuestión se celebraría en la casa donde él se estaba hospedando.
             Tendría lugar en cuestión de unos días.
             El anuncio de la boda se haría a la prensa al día siguiente.
            Mary cerró los ojos. Pensó que estaba soñando. En cuanto abra los ojos de nuevo, se dijo así misma, estaré en mi habitación. Lo habré soñado todo. Abrió los ojos lentamente. Pero no estaba soñando. Robert seguía estando en el salón. Hablando de la boda.
            Sarah vio por el rabillo del ojo a Erika.
            Rara vez se fijaba en ella. Le parecía una joven discreta y callada.
            Llevaba su cabello de color castaño recogido en un holgado moño. Sus ojos de color azul carecían por completo de expresión. Darko nunca se fijaría en ella, pensó. Sin embargo, una idea pasó por su cabeza. ¿Y si Darko se había fijado en Erika? Era un hombre.
           Erika poseía unos pechos generosos. Era hermosa y deseable para cualquiera. Su piel poseía la tonalidad de un melocotón. Su tez era despejada. No sonreía casi nunca. Pero podía rezumar sensualidad. Y Darko no era ciego. Él nunca me traicionaría, pensó Sarah. Se echó en cara así misma el creer que Darko podría traicionarla con Erika.
-Entonces, todo arreglado-anunció Robert.
            El baile de compromiso se celebraría en la casa donde él se estaba hospedando. Hablaría con los dueños y les contaría lo que quería. Estaba convencido de que no habría ningún problema.
           Le estaban esperando para tomar el té. Prefería tomarlo con sus anfitriones. Entonces, podría hablar con ellos con más calma acerca de la fiesta.
            Besó a Katherine en las manos. Besó también a Sarah en las manos.
-Muy pronto, vamos a ser familia-le sonrió la joven.
            Robert no se atrevía a mirarla. Sarah podía adivinar lo que estaba pensando.
-Es lo que más deseo en el mundo-afirmó el conde.
            Se dirigió a Mary. Le dio un beso suave en los labios. Ella se puso rígida. Pero trató de disimularlo.
-Vamos a ser muy felices-le prometió a la joven-Se lo juro. La haré feliz. La honraré. La respetaré.
            Dicho esto, se marchó. Mary parecía no salir del estado de estupor en el que se encontraba tras el anunció de Robert. Le parecía que era imposible detener aquel disparate. Y no sabía qué hacer.

lunes, 5 de agosto de 2013

CRUEL DESTINO

Hola a todos.
Hoy, vamos a ver otro trozo de Cruel destino. 
Vamos a ser testigos de una curiosa conversación entre Sarah y su hermana mayor Mary.
Las ilusiones de Sarah y los terrores de Mary son el eje principal de este fragmento.

                 Sarah y Mary habían salido a dar un paseo a la tarde siguiente. Sus pasos las llevaron hasta una antigua fortaleza romana. Apenas quedaban algunos vestigios de la civilización que había dominado el mundo una vez. Sarah no cabía en sí de alegría. Le contó a Mary que su madre ya estaba al tanto de su relación con Darko.
               Incluso, la aprobaba.
               Mary miró extrañada a su hermana. No se lo podía creer.
-¿En serio madre aprueba tu romance con Darko?-inquirió.
-Yo tampoco acabo de creérmelo-contestó Sarah-¡Pero te juro que es verdad!
-Supongo que madre piensa que ya es hora de que nos casemos. No va a mirar en el árbol genealógico de nuestros futuros maridos. En el fondo, hace bien. Madre quiere ser abuela. Y tenemos que darnos prisa si queremos que haga realidad su sueño.
-Madre hablará con padre. Intentará que dé su visto bueno. ¡Oh, Mary!
             Sarah se detuvo. Se puso a dar saltos de alegría. Mary nunca antes la había visto tan feliz.
-Me alegro por ti-afirmó la joven.
              Se detuvo delante de las ruinas de una antigua vivienda romana.
-No te veo muy contenta que digamos-observó Sarah.
-Tu relación con Darko va muy deprisa-comentó Mary.
-¿Y qué tiene que ver eso contigo?
-También yo tengo la sensación de que el conde va muy deprisa. Ya ha hablado con padre. Le ha pedido mi mano en matrimonio. Padre ha aceptado. Falta una pedida oficial...Y el compromiso...
             Mary se encaró con Sarah. La joven pudo ver el miedo reflejado en los ojos de su hermana. Muy a su pesar, Mary sentía algo muy especial por Robert. No sólo era un caballero educado y refinado. También era un hombre amable y cariñoso. Le sería muy fácil enamorarse de él. Robert parecía querer hacerla feliz de verdad.
             Pero el recuerdo de lo ocurrido se cruzaba en la mente de Mary. Antes o después, tendría que sincerarse con Robert. ¿Podría entenderla? Las dudas se habían apoderado de ella.
-Y todavía no le he contado la verdad-suspiró Mary.
            Empezó a caminar delante de Sarah. Su hermana tuvo que acelerar el paso para poder alcanzarla.
-No le cuentes nada si no quieres-le sugirió.
           Mary se detuvo. Robert no era tonto.
-Si no le cuento la verdad, será todavía peor-afirmó. No se giró para mirar a su hermana-Rezo para que no se dé cuenta. ¡Pero se dará cuenta! Y...
           Los ojos de Mary se llenaron de lágrimas. Sarah sintió una dolorosa presión dentro de su pecho al verla sufrir. Mary era una de las mejores personas que jamás había conocido. ¿Por qué la vida se había ensañado tan cruelmente con ella?
-No te lo he contado todo-susurró Mary-Aún hay más. Pero...
           Se giró para mirar a Sarah. Sus mejillas estaban bañadas en lágrimas.
-No me lo cuentes-le pidió su hermana-Has sufrido demasiado. Ya va siendo hora de que dejes atrás el pasado. Es el momento de vivir el presente, hermana. De que seas feliz.
           


              Se alejaron de los restos de la fortaleza romana. Caminaban con paso lento y cansado. En el fondo, Mary se sentía cansada. Estaba cansada de luchar contra los fantasmas de su pasado. Se preguntó si su boda tendría lugar antes del verano. Éste se encontraba cada vez más cerca.
              Y Robert parecía tener mucha prisa por casarse.
-¿Crees que merezco ser feliz?-le preguntó a Sarah.
-Tú no tuviste la culpa de lo que te pasó-respondió la joven-Quien te hizo semejante canallada es un salvaje. Y le deseo la más horrible de las muertes. Sólo eres una víctima inocente, Mary. Me siento culpable porque no salí contigo al jardín aquella noche. Soy muy fuerte. Pude haberle hecho huir.
-O no...¡Quién sabe!
-Mary...
              Ella se secó las lágrimas con la mano.
-No quiero seguir llorando-decidió-¡Vamos, hermanita! Cuéntame. ¿Cómo te van las cosas con Darko? Si madre habla con padre, a lo mejor, os podéis casar.
              Sarah sonrió al pensar en su amado. Pero le dolía ver sufrir a Mary. Su dolor era lo único que empañaba la felicidad que sentía Sarah en aquellos momentos.
             Le contó a su hermana mayor que, con un poco de suerte, se casarían al volver Mary y Robert de su luna de miel.
              Mary sonrió con tristeza. Sarah estaba muy enamorada de Darko. Y Katherine estaba muy enamorada de Stephen. Por lo menos, la primera vez de Katherine había sido un acto de amor. No había tenido nada que ver con la atrocidad cometida con ella.
-Deberíamos de ir a buscar a Cathy-propuso Sarah-¿Se habrá ido ya mister Winter?
-No intervendremos-sugirió Mary-Cuando mister Winter se vaya, entonces, apareceremos.
-¡Se ve tan feliz a Cathy! Madre también bendice ese romance. ¡Empieza a ir todo bien!
-Sí...
              La voz de Mary estaba cargada de tristeza. Sarah lamentó el verla tan triste. Pensó que lord Robert sería capaz de hacerla feliz. Borraría el recuerdo de aquella terrible noche de su mente. Se convertirá en su principal apoyo, pensó Sarah.
            De pronto, comparó mentalmente a Darko con Robert.
            Darko le juraba amor eterno. Pero aparecía y desaparecía. La volvía loca con sus besos. Y la dejaba.
              En cambio, Robert parecía estar siempre al lado de Mary. Parecía vivir pendiente de complacerla.
             Nunca se iba. Al contrario...Se quedaba.

             Katherine y Stephen se habían encontrado en la replaceta de la Iglesia de Saint Cygar. Stephen recorría con los ojos el perfecto rostro de Katherine. Llevaba suelto su cabello de color miel. Sus ojos azules brillaban al encontrarse con la mirada de Stephen.
-Muy pronto, estaremos juntos para siempre-le prometió el joven-Intentaré que no te falte de nada a mi lado. ¡Te juro que vivirás como una Reina!
-Lo único que quiero es estar contigo-afirmó Katherine.
-No nos separaremos nunca más.
            Stephen cogió las manos de Katherine.
-Espero que así sea-asintió la joven-Porque...Tengo miedo. Tengo mucho miedo.
-Vamos a luchar por nuestro amor, Cathy-le aseguró Stephen-Y vamos a salir victoriosos.
             Katherine suspiró. Tenía mucha fe en Stephen. En el amor que se profesaban mutuamente.
             Él miró sus muñecas. Apenas le quedaban ya señales de cuando intentó cortarse las venas. La herida había sido poco profunda. Apenas casi un arañazo. Stephen le besó las muñecas.
             Lo único que le pedía a la vida era poder estar siempre con Katherine. Antes o después, su familia tendría que aceptarle tal y como era. Su sueño era la Música.
             Pero tenía otro sueño. Un sueño llamado Katherine Wynthrop...
             Apretó con fuerza la mano de la joven. Su amada Katherine...



-De momento, mis hermanas nos apoyan-le recordó la joven-Quieren que seamos felices.
-Tienes a las mejores hermanas del mundo-afirmó Stephen-Yo tengo un hermano mayor. He terminado aborreciéndole.
-Entonces, deseo no verle en la vida.
            Stephen besó a Katherine en la mejilla.
-Tus deseos son órdenes para mí-afirmó.
            Quería complacerla en todo momento. Pero también quería demostrarle la sinceridad de su amor. Las palabras podían ser huecas y falsas. El viento se las llevaba consigo. Pero los actos permanecían siempre en la memoria grabados. Eso era lo que Stephen buscaba.
             La puerta de la Iglesia estaba abierta. Algunas mujeres habían entrado. Miraban un tanto escandalizadas a la pareja que estaba sentada en el banco. Katherine se acercó aún más a Stephen.
             Un escalofrío placentero recorrió la columna vertebral del joven.
             Abrazó con cariño a Katherine y ella apoyó la cabeza sobre su hombro. Stephen la besó en la frente.
-Por eso, me gusta pedirte cosas-bromeó Katherine.
             Alzó la vista y se fundieron en un beso apasionado. Poco les importó la gente que podía estar viéndoles. Las miradas escandalizadas de las mujeres que entraban en la Iglesia. Nada les importaba.
            Stephen ahondó más en aquel beso. Y Katherine correspondió abriendo la boca para facilitar el acceso a su lengua. Rodeó el cuello de su amado con los brazos. Y se apretó contra él. Sólo querían permanecer siempre juntos.

domingo, 4 de agosto de 2013

Y, POR FIN, CON TODOS USTEDES, EL NUEVO Y REESCRITO "CRUEL DESTINO"

Hola a todos.
¡Estoy super contenta! A pesar de que todavía me queda un poco por reescribir, no he podido aguantar más. He escrito un nuevo trozo de Cruel destino. 
Vamos a hacer memoria.
Tres hermanas que son consideradas por muchos como unas solteronas. La mayor, Mary, (antes María) vive traumatizada por un oscuro secreto de su pasado (hemos visto de qué se trata, pero todavía queda algo más). Mary es cortejada por lord Robert (antes don Roberto), el conde de Maredudd (antes era de Mora). Su hermana mediana, la prota, Sarah (antes Sara sin hache al final), está locamente enamorada de Darko, un criminal de los bajos fondos, sentimiento que es compartido por él. Pero Darko tiene miedo de hacerle daño a Sarah. De mancillarla con su pasado. Y tenemos a Katherine (antes Catalina) que vive una historia de amor clandestina con su profesor de piano, Stephen Winter.
De momento:
-Katherine y Stephen prosiguen con su romance.
-La madre de las jóvenes bendice la relación entre Sarah y Darko.
-Lord Robert ha pedido en matrimonio la mano de Mary y el pánico que ésta siente hacia su noche de bodas va en aumento.
Ahora, después de casi un año sin colgar nada de esta historia (la última entrada es de octubre del año pasado), vamos a ver lo que ocurre finalmente.
Quiero ir avanzando poco a poco. Sin prisas, pero tampoco sin pausas.
Para situarnos. Estamos en la isla de Holy, en Gales, en el año 1823.
Poco a poco, sabréis más cosas de esta historia.
De momento, vamos a ver este trozo en el que aparece la pareja protagonista: Darko Raven y Sarah Wynthrop (antes Sarah Fernández).
Espero haber aclarado las cosas. Y espero que os siga gustando.
Iba por la mitad o un poco más cuando la dejé colgada. Todavía queda más que contar. Y las cosas van a cambiar mucho. Espero que el final, aunque un tanto...En fin...No puedo adelantarme a los acontecimientos.
Aquí tenéis el nuevo trozo de Cruel destino:

             A la noche siguiente, Sarah estaba esperando a Darko. Caminaba por la orilla de la playa con aire risueño. Tenía la sensación de que estaba flotando en el aire.
            No es real, pensaba feliz. Su madre aprobaba su relación con Darko. ¡No se lo podía creer! El recuerdo de su hermana fallecida pesaba mucho sobre mistress Wynthrop. No quería ver sufrir a sus hijas. Sarah le recordaba mucho a ella. Las tres hermanas no habían conocido a su tía. Pero sí habían oído que se había suicidado por amor. Les parecía algo absurdo. Hasta que Katherine intentó cortarse las venas.
-¡Sarah!
            Una voz masculina sacó a la joven de sus ensoñaciones.
-¡Darko!-gritó a su vez.
            Reconocía al propietario de aquella voz tan amada por ella.
-¡He venido!-gritó Darko-Siempre vendré a verte.
           Fue corriendo hasta donde estaba Sarah y la besó con fuerza en la boca.
           Se sentaron sobre la arena. El mar estaba en calma aquella noche. La Luna estaba entrando en el Cuarto Menguante. Sarah tenía la sensación de que las estrellas brillaban más que nunca aquella noche.
-Mi madre sabe lo nuestro-le contó a Darko-Y me ha dicho algo que me ha dejado de piedra. Aún no me lo creo. ¡Nos apoya!
             En un primer momento, el hombre pensó que no había entendido nada de lo que Sarah había querido decirle.
-Repítemelo-le pidió-Tu madre ya sabe lo nuestro. Y...¿En serio nos apoya?
               Sarah asintió con vehemencia. Su radiante sonrisa lo decía todo.
              Darko pensó que era demasiado irreal. La madre de Sarah iba a ser una de sus aliadas. ¡Eso no ocurría en la vida real! Mistress Wynthrop debía de impedir su romance a toda costa. ¡No darles su bendición! Eso nunca pasaba.
-¡No me lo creo!-se rió Darko.
-Pues deberías creértelo-apostilló Sarah risueña.
               Darko tenía la sensación de que todo iba demasiado deprisa. Estaba acostumbrado a pelear para conseguir algo. Había luchado contra los sentimientos que Sarah despertaba en él.
-Mi madre hablará con mi padre-prosiguió la joven.
            Se recostó contra el cuerpo de Darko. Le gustaba sentir en su espalda la dureza de su pecho.
-¿Lo sabe tu madre todo de mí?-le preguntó el hombre-¿Sabe lo del club? ¿Sabe a lo que me dedico? Tú lo sabes. Pero...¿Y ella? Creo que no le has contado nada.
-Me he sincerado con ella-respondió Sarah.
-Y, aún así, nos apoya.
-¡Pues sí!
              Sarah se echó a reír. Darko también se echó a reír.
-¡Qué locura!-exclamó.
              Los dos tenían la sensación de que estaban viviendo un sueño. Su romance había sido una locura desde el primer momento. Darko tenía las piernas abiertas y extendidas. Sarah se había acomodado entre sus piernas, pero le daba la espalda. Los dos trataban de visualizar un futuro feliz. Darko acarició con la yema de los dedos las mejillas de Sarah.
              Sus sueños iban camino de hacerse realidad.
-¿Te gusta el nombre de Therese?-le preguntó.
-Es un nombre muy bonito-respondió Darko-¿Quieres que una de nuestras hijas se llame así?
-Me lo ha pedido mi madre. Así se llamaba mi abuela.
-Therese Raven...Lidia Raven...Daisy Raven...Son nombres que suenan bien.
            Sarah lanzó una carcajada llena de alegría. Sus hijas no tardarían en ser una realidad. Aún podían ser una realidad. Ella era joven, gozaba de una salud de hierro y era fuerte. Podían ser padres en cualquier momento. Una vez casados...Claro...
-Te avisaré cuando mi madre haya hablado con mi padre-le dijo Sarah a Darko.
-Iré a hablar con él-le prometió el hombre-Y no me iré de tu casa hasta que no me haya dado tu mano. Olvidaré mi pasado. Tú me ayudarás a ser un hombre mejor.
            Sarah se dio la vuelta y quedó de rodillas sobre la arena. Besó a Darko con suavidad en los labios. Él se sintió conmovido. Aquella joven tenía el don de sacar lo mejor de él. De hacerle desear ser más generoso. Más bueno...



              Pero seguía teniendo miedo. No se podía borrar un pasado como el suyo de un plumazo. Tenía muchos enemigos. Gente dispuesta  a hacerle daño donde más le podía doler. Y lo que más le dolía era Sarah.
-¿Podrás olvidar todo lo malo que he hecho?-le preguntó a la joven.
-Tú no me has hecho nada malo-respondió Sarah-¿Por qué te tengo que perdonar?
             Le sonreía de aquel modo tan cautivador.
-Pero tengo miedo de hacerte daño-se sinceró Darko.
             Sarah negó con la cabeza.
-Sólo me harías daño si te alejaras de mí-le aseguró-Y sé que eso no va a pasar.
            Darko tenía muchas dudas. Todo lo que estaba viviendo era demasiado irreal. No se lo acababa de creer. En cualquier momento, podría despertarse. Y se daría cuenta de que había estado soñando. No quería soñar por miedo a despertar. La realidad siempre le hacía daño.
-Sarah...-susurró Darko.
            La joven le abrazó con fuerza. Apoyó la cara sobre el hombro de Darko. Él hundió la cara en su pelo.
            Tenía miedo de perder a Sarah. Y ella, a su vez, vivía con el miedo de perder a Darko. Antes o después, sus sueños se harían realidad. Estarían casados.
             Sarah llenó de besos el rostro de Darko. Los dos acabaron tumbados sobre la arena de la playa. Se fundieron en un beso apasionado. Darko llegó, incluso, a recorrer con sus labios el cuello de Sarah. La joven llevaba puesto el camisón. Se lo ocultaba con una capa negra. Darko bajó un poco la manga del camisón para besarle un hombro. Habría podido ir más allá.
            Pero notó que Sarah se ponía rígida. Entonces, él se apartó de ella.
-Lo siento mucho-se disculpó.
              Temblaba del deseo que le invadía de tener a la bella Sarah entre sus brazos. Quería llenar su hermoso cuerpo de caricias. Quería hacerla suya. Los ojos de Sarah eran una invitación a que hiciera realidad su deseo. Pero el sentido común se impuso.
-No ha pasado nada-susurró Sarah.
              Estaba acalorada. No se atrevía a mirar a Darko a los ojos.
-Pronto, estaremos casados-le recordó él-Tendremos todo el tiempo del mundo para nosotros.
-Lo sé-admitió Sarah.
-Podemos esperar.
            Se sonrieron.
            Se pusieron de pie. Para Sarah, era la hora de volver a casa.
-Tengo que irme-se lamentó la joven.
-Dentro de poco, no tendrás que irte nunca más de mi lado-le prometió Darko.
-¡Ojala llegue ese día pronto!
-Te amo, Sarah.
              Darko cogió la mano de la joven.
-Yo también te amo-le corroboró Sarah-Nunca dejaré de amarte.
               Le acarició la mejilla con la mano. Darko le cogió la muñeca y se llevó la mano a los labios. Se la besó con suavidad.
-Nos vemos mañana-le dijo.



             Sarah volvió a casa mientras pensaba en lo ocurrido en la playa. Ella y Darko habían estado muy cerca de dar rienda suelta a todo el deseo que acumulaban el uno por el otro.
            Es todo un caballero, pensó Sarah conmovida.
            Hablaron de esperar hasta estar casados. Posiblemente, se casarían después de la boda de Mary con el conde de Maredudd. Y la boda de su hermana no tardaría mucho en celebrarse.
            Sarah sonrió para sus adentros. En breve, estaría casada con Darko. Y podrían dar rienda suelta a sus deseos más ocultos.
            Todo estaba saliendo a las mil maravillas. Tan sólo quedaba esperar un poco más. Y la espera, pensó Sarah, habría merecido la pena.

sábado, 3 de agosto de 2013

CRÍTICA DE "PECADOS INCONFESABLES"

Hola a todos.
Hacía mucho tiempo que no hacía una crítica literaria. Creo que ya iba siendo hora de que la hiciera.
El caso es que la crítica de hoy corresponde a una novela que leí no hace mucho. Se trata de Pecados inconfesables y su autora es Gaelen Foley.
Pecados inconfesables es el sexto libro de la saga de los hermanos Knight. Su protagonista es Alec, un joven al que vimos en el quinto libro totalmente hundido en el fango, rechazado por su familia, rechazado por Lizzie (con quien quería casarse) y convertido en poco menos que en el gigoló de una dama de la alta sociedad.
La novela tiene muy buenas críticas. Alec Knight es una figura que atrae y mucho. Pero la novela empieza mal.
A la protagonista, Becky Ward, la persiguen, atención ¡los cosacos! Su primo Mikhail es ruso y ha cometido un asesinato que Becky presencia. Para traerla de nuevo a casa y hacerle sabe Dios qué atrocidad, Mikhail envía a sus cosacos a que vayan en busca de Becky. Por lo que tenemos a un grupo de cosacos, que no son nada discretos, paseándose por el Londres de la Regencia.
Ahí se me cayó el alma a los pies.
La cosa sigue.
Becky se encuentra con Alec y con sus amigos, todos ellos unos redomados libertinos (los libertinos hace ya rato que me cansaron). Éstos toman a Becky por una prostituta y ella se defiende, pero ¡oh, casualidad!, se va con Alec a su casa. Y, a pesar de que Becky es una joven de buena familia que ha recibido una educación esmerada, ¡se acuesta con Alec nada más verle!
En las anteriores novelas, los chicos tienen que sudar la gota fría para llevarse a las heroínas a la cama. Robert con Belinda (hay que pensar que la joven arrastra un trauma terrible como lo es el haber sido violada); Lucien con Alice (el diferente estilo de vida de ambos pesa); Damien con Miranda (ella es su pupila); Billy con Jacinda (él es un delincuente y ella una dama); Devlin con Lizzie (mismo caso que Lucien y Alice).
En mi opinión, lo mejor habría sido que Alec se hubiera esforzado en conquistar a Becky poco a poco y, sí, al final, tener su escena subida de tono. Pero eso de irse a la cama nada más conocerse y que, en cinco segundos, Becky pase de ser virgen inexperta a saberse de memoria el Kamasutra lo vi muy poco creíble. En realidad, me pareció un absurdo.
Y la cosa sigue.
Alec se entera a la mañana siguiente que Becky era virgen y ¡oh, sorpresa! empieza a sentir algo muy fuerte por ella.
La busca y, tras encontrarla, se pelea él solo con los cosacos (ja, ja) mientras ¡discute con con Becky!
Mi nivel de estupor iba aumentando por minutos.
Si seguí leyendo esto fue porque quería enterarme de cómo terminaba tal despropósito.

SPOILER.

Alec queda herido tras la pelea con los cosacos. A Becky no se le ocurre mejor idea que llevarlo a una Iglesia donde lo cura ¡con agua bendita! Entonces, Alec le jura que la protegerá siempre.
¿En qué momento pasa de ser un libertino al que no le importa nada a ser un hombre valiente y protector?
Entiendo que las personas cambian, pero ese cambio se lleva de un modo lento, pero progresivo. No se cambia de la mañana a la noche. No se lo cree nadie.

¿Y el enamoramiento?
No veo que Alec y Becky se enamoren. Sólo veo que pasan más tiempo en la cama que intentando hacer justicia con el tal Mikhail. Es cómo si la autora quisiera meter escenas de cama para rellenar hojas. Entorpecen la trama. Quitan todo lo que podría haber sido interesante. Creo que ni la autora tenía fe en la historia y pensó que añadiéndole escenas de cama atraería el interés de la gente. A mí, personalmente, me aburrieron de lo repetitivas que eran.
A Mikhail lo hicieron tan malo que me pareció poco o nada creíble. Ningún matiz...Ninguna sombra...Me recordó al Actor Secundario Bob por segundos. ¡Qué desperdicio! Mikhail pudo haber sido un malo interesante si hubiera querido la autora trabajar en él. Pero quiso que fuera un supervillano sacado de un cómic.
Los amigos libertinos de Alec están allí de comparsa. El único realmente interesante es Drax, digno futuro protagonista de una historia propia. No creo que la autora esté pensando en escribirla, como sí hizo con Lizzie.
Hay un personaje muy interesante. Se trata de lady Parthenia Westland, hija del duque de Westland, el aristócrata al que Becky está buscando, ya que el lugar donde vive está dentro de sus propiedades. El duque prácticamente no hace nada y creo que se habría podido prescindir de él. Pero Parthenia me llamó muchísimo la atención. Además de que es uno de los nombres más raros, pero, al mismo tiempo, más bonitos que jamás he visto. Puede parecer la típica niñata mimada, pero posee una gran fortaleza e inteligencia. Es otra candidata a tener historia propia. Se da a entender que hay algo entre ella y Drax, pero no abundan más en esta historia. En la siguiente, la aún peor Corazón en la tormenta, se nos cuenta que se han casado. Pero no dicen nada más. Lo cual es una pena.
No busquen a los hermanos Knight ni a sus parejas. Ni están ni se les espera.
¿No habría sido mejor una escena de reconciliación en condiciones entre Alec y sus hermanos, señora Foley?
En fin...
Sólo por Drax, Parthenia y, en parte, también por Mikail, le doy un 3.

No lo voy a negar. Escribir dos fanfics de esta novela. El primero lo protagonizan Mikhail (aquí es un joven bueno y de noble corazón) y Parthenia. El segundo lo protagonizan Parthenia y Drax.
Por cierto, ninguno de los dos son, en los fanfics, libertinos.
Y sí, hay escenas subidas de tono, pero espero que estén bien dispersas como para no entorpecer la historia.
Como no tengo ni idea de cómo escribir una historia de aventuras y de acción, me centro en el desarrollo de los sentimientos. Siempre he creído que es más interesante ver crecer a nivel emocional y sentimental a una persona que verla pegar tiros.
Todas las situaciones están inventadas por mí. Así como los lugares en los que transcurren la historia tienen más que ver con Escocia y con Irlanda que con Londres.
Terminé un poco harta de Londres y de los libertinos.

 Portada de Pecados inconfesables, de la Editorial Plaza y Janes. La portada, todo hay que decirlo, es preciosa.
Un fresco perfecto de la época en la que transcurre novela: el periodo de La Regencia.
El Príncipe George (secundario recurrente en este tipo de novelas desde los tiempos de Bárbara Cartland y, casi siempre, íntimo amigo del protagonista) también aparece aquí demostrando sus cualidades pugilísticas. Al verlo, me acordé del Príncipe George de la mítica La Víbora Negra. 
Con respecto a los fanfics...Bueno...No descarto que vean la luz. Algún día...
No son buenos. No sé si cometo los mismos fallos que tiene la novela original o si cometo otros fallos, como que sean aburridos. Incluso, la manera que concibo La Regencia es errónea. Pero le cogí demasiado cariño a Parthenia y sentía que le debía una historia.