viernes, 3 de agosto de 2012

CRUEL DESTINO

                Creyó que se trataba de una broma. No podía ser cierto. O era una broma. O estaba soñando.
                Todo el mundo la estaba mirando. Mary supo que no se trataba de ninguna broma. De pronto, su familia se dio cuenta de que algo le pasaba.
               Creyó que se iba a desmayar. Por lo menos, estaba sentada.
               No está pasando nada, pensó Mary.
               El conde había ido a ver a su padre. Había pedido su mano en matrimonio. Mister Wynthrop había accedido. Mary iba a convertirse en la próxima condesa de Maredudd.
-¿No querías ser condesa?-le preguntó Sarah-¿No querías ser lady Maredudd?
              Mary no sabía nada. Todo le daba vueltas. Creyó que estaba soñando. Pronto, pasaría a la otra fase del sueño. Al ser que colgaba de entre sus piernas y que salía de su interior que yacía tirado en el suelo. En medio de un charco de sangre...Y el jardín...Volvería a aquel jardín.
           El salón empezó a dar vueltas. Al menos, ésa fue la sensación que tuvo Mary. Permaneció sentada en el sofá mientras, a su alrededor, todo el mundo hablaba. Pero ella no podía escuchar nada de lo que le estaban diciendo. Erika entró en el salón.
-¡Trae las sales!-ordenó mistress Wynthrop.
            Mary se encontraba en estado de shock. Erika regresó al cabo de unos minutos con un frasquito de sales. Sarah la destapó. Se lo pasó a Mary por las narices.
-Inhala despacio-la instó.
              Katherine no paraba de dar saltos de alegría por el salón. Estaba loca de alegría.



-¡Es una maravillosa noticia, Mary!-exclamó.
              Hablaba del vestido de novia de su hermana. Había que empezar a confeccionarlo. Debía de tener el vestido de novia más bonito del mundo, aseguró Katherine.
-¡Iremos a Llangefni!-le dijo a su hermana-¡Te harán el vestido de novia allí! La amiga de Sarah nos dirá qué modista puede hacerlo. ¡Vas a estar bellísima, Mary!
               Se iba a casar, pensó Mary. Iba a casarse con el conde. A su alrededor, todo el mundo estaba haciendo planes. No le preguntaron nada a ella. Creía que estaba en estado catatónico por la emoción. La boda se celebraría lo antes posible porque lord Robert no veía el momento de hacerla su esposa. Sería la nueva condesa de Maredudd.
-¡Vas a ser una excelente condesa!-le aseguró mister Wynthrop-Estoy muy orgulloso de ti, hija mía.
              ¡Qué no me bese!, pensó Mary mirando a Robert. No soy digna de él. No soy digna de nadie.
-Querida mía...-dijo Robert-¿No está contenta?
-Sí...-alcanzó a mentir Mary.
-¡Hermanita!-canturreó Sarah-¡Mi adorada hermanita!
             Katherine y Sarah abrazaron con cariño a Mary. La joven notó cómo sus ojos se humedecían. Su madre le acarició el cabello. Estaba visiblemente emocionada.
-¿Por qué estás llorando, hija mía?-le preguntó-¡Si es ahora cuando más contenta deberías de estar! ¡Vas a casarte con un hombre muy rico y poderoso!
             Mister Wynthrop abrazó a Mary lleno de orgullo. Su hija mayor aún podía darle un par de nietos fuertes y sanos. Y uno de esos nietos sería algún día el conde de Maredudd. Un título muy respetado en la comarca... María sería una excelente condesa. Era recatada y virtuosa. La clase de mujer que lord Robert estaba buscando.
-No llores, tonta-la exhortó Sarah-¿Qué va a pensar el conde de ti? ¡Pensará que eres una cría! Tú no eres una cría.
-Sarah tiene razón, Mary-corroboró Katherine.
-Es la emoción-afirmó Mary-No me lo esperaba.
-Ni una sola lágrima debe de bañar un rostro tan hermoso-intervino Robert.
               Mary se puso de pie. Prácticamente, sus hermanas la llevaron ante Robert. Éste la besó suavemente en los labios.
              Con aquel beso, Mary se puso rígida.
               Katherine y Sarah estaban entusiasmadas y no lo disimulaban. Katherine besó a Robert en las mejillas. Y también Sarah besó a Robert en las mejillas. Pero el hombre, al sentir los labios de su futura cuñada en sus mejillas, se puso tenso. Va a ser tu cuñada, le susurró una voz que procedía de su interior. No deberías de pensar así de ella. Céntrate en Mary. Va a ser tu esposa.
              Mary, en cambio, se dejó caer en una silla. Su rostro estaba vacío de expresión. Pero nadie pareció darse cuenta de ello.

jueves, 2 de agosto de 2012

CRUEL DESTINO

           Mary y su madre regresaron a casa a las siete de la tarde. En aquel momento, bajaron la escalera Katherine y Sarah. Las cuatro entraron juntas en el salón. Vieron a mister Wynthrop hablando tranquilamente con lord Robert Caernafon. Por supuesto, todas dieron por sentado que había ido a ver a Mary. Pero, al no encontrarla en casa, se había puesto a hablar con su padre.
             Un presentimiento pasó por la mente de Mary. Es absurdo, trató de convencerse así misma.
              Ella y su madre habían regresado en un coche de alquiler.
              Mistress Wynthrop no paraba de hablar. Estaba realmente emocionada.
-Creo que lord Robert va a pedir tu mano en breve-le auguró a su hija.
-Aún es un poco pronto para que pase eso, madre-replicó Mary.
-¿Y por qué crees que es pronto?
-Apenas estamos empezando a conocernos.
-Te veía más ilusionada antes, querida.
               Antes...
                Mary había creído que se trataba de un simple coqueteo. Se había sentido halagada al pensar que había atraído la atención de todo un caballero. Pero ya no se trataba de un simple coqueteo. Lord Robert estaba empezando a cortejarla. Y Mary estaba muerta de miedo. Sabía adónde podía llegar aquel cortejo. Una boda...La noche de bodas...
                Mary se dio cuenta de que estaba temblando.
-¿Te encuentras bien, cariño?-inquirió mistress Wynthrop.
                Mary asintió.
                Sus padres no sabían nada. Y tampoco sabía nada lord Robert.
                Alto...Elegante...Un perfecto aristócrata, pensó Mary que no se atrevía a acercarse a él. Casi se parapetó detrás de sus hermanas. Mistress Wynthrop le cogió el brazo; había visto algo en los ojos de su hija mayor que le hacía pensar que lo que quería era salir corriendo.
-Miss Mary...-la saludó lord Robert-¡Qué enorme gusto me da verla!
              Hizo una cortés reverencia. Mary correspondió con una ligera inclinación de cabeza. Lord Robert le cogió la mano y se la llevó a los labios. Era todo un caballero. La joven se sintió peor. ¿Cómo había podido pensar que se iba a casar con él? ¡Era absurdo! Su respiración se hizo agitada. Su padre estaba allí. Igual que Robert...Había ido a verla.
             Deseó salir corriendo. Pero decidió quedarse allí. Estaba muy rígida. Lord Robert percibió su nerviosismo. ¿Sospecharía algo?, se preguntó. Intuía que no sabía nada. De pronto, su futura esposa se había puesto muy pálida. Tenía la impresión de que iba a salir corriendo de un momento a otro. ¿Le ocurriría algo?
-Lo mismo digo, señor conde-corroboró Mary.
-¿Cómo está, señor conde?-preguntó Sarah.
               Robert no se atrevía a mirar a su interlocutora.
-Bíen...-respondió-Gracias por preguntar...
                Sarah examinó a Robert con disimulo. Era el polo opuesto a Darko. Con aquellos pantalones de color gris, con su chaqueta negra de cuello bajo y su cabello liso, era la viva imagen de la elegancia. El pelo de Robert era claro. Sarah estaba ya angustiada. ¿Por qué Darko no había acudido todavía a verla? Llevaba mucho tiempo esperándole.
           Todos decidieron sentarse. El matrimonio Wynthrop se sentaron en el sofá; Robert y Mary se sentaron uno en cada sillón. Mientras, Katherine y Sarah se decantaron por sentarse en una silla. Se respiraba cierta calma tensa en el ambiente. Sarah lo advirtió en las miradas nerviosas que lanzaba Mary sin dirección.
             Durante algunos instantes, estuvieron hablando de temas livianos mientras Robert se preguntaba por enésima vez si había hecho lo correcto. Iba a casarse con Mary.
              Una y otra vez, sus ojos se posaron en Sarah.
               No vuelvas a cometer el mismo error, se dijo.
                Su corazón no resistiría otro mazazo.
                Ya le había asestado una puñalada terrible. Había perdido a la mujer que más había amado. No podía soportar otra pérdida. Se esforzaría en hacer feliz a Mary. Sería una buena esposa. Y él la querría mucho.
                Ella era la compañera ideal para él. Lo supo cuando la vio por primera vez. No intentaría amoldarla a su conveniencia. Era perfecta tal y como era.
-¿Se han divertido mucho, mistress Wynthrop?-le preguntó a la que iba a ser su futura suegra.
            Se sintió ridículo.
            La mujer se abanicó con ímpetu.



-Hemos salido a comprar zapatos-respondió-Mary necesita zapatos nuevos. No quiere que usted se burle de ella. ¡Es tan tímida!
             Mary parecía estar a punto de salir corriendo.
-Madre, por favor-le pidió con voz ahogada-No siga. No creo que al señor conde le interese saber si me he comprado o no me he comprado zapatos nuevos. Salir de compras nunca es divertido.
-Bien, miss Wynthrop-atacó Robert-He venido esta tarde a hablar con su padre. Se trata de un asunto muy serio y usted tiene mucho que ver. Pero es mejor que su padre se lo cuente.
-¿Qué es lo que pasa?-se angustió Mary.
             Katherine y Sarah intercambiaron miradas ansiosas.
-Hija, sabes ya quién es el señor conde-dijo su padre.
-Lo conocemos, padre-atajó Mary-Y lo conocemos bastante bien.
-Sé que te agrada.
             Mary empezó a retorcer con nerviosismo su pañuelo. Catalina y Sarah contuvieron el aliento. Tenían la certeza de lo que iba a venir a continuación. Mientras, Robert miraba de manera alternativa a la nerviosa María y a Sara. El gran momento había llegado y se preguntaba si María accedería a casarse con él. La tímida Mary...
-Siento un gran cariño hacia usted, miss Wynthrop-admitió Robert-Usted y yo podríamos ser muy felices juntos. Si me da una oportunidad. Quiero que sea mi esposa. ¿Será mi esposa, Mary? ¿Dejará que la haga feliz?
              Mary palideció de pronto. Roberto buscó fuerza para no seguir hablando mirando a Sarah. No lo consiguió. Los ojos hermosos de la joven brillaban de intensidad. Llevaba recogido su cabello negro en tirabuzones y algunos rizos se le iban a la frente. Sarah lanzó un gritito. Se puso de pie y se abalanzó sobre su hermana. La abrazó.
-¡Déjala respirar, Sarah!-le ordenó su madre-¡Por el amor de Dios! La vas a ahogar. No la abraces tan fuerte. Mary...Querida...¿Qué te ocurre?
-¡Mary!-gritó Sarah-¿Entiendes lo que quiere decirte el señor conde? ¡Quiere casarse contigo!
             Mistress Wynthrop separó a Sarah de Mary y los ojos de ésta última se cruzaron nerviosos con los ojos ansiosos de Robert.
              Las palabras de Sarah penetraron en el atormentado cerebro de Mary. Su sueño y su peor pesadilla se habían unido. Y se estaban haciendo realidad. Lord Robert Caernafon quería convertirla en su esposa.

              Un carruaje de color oscuro se detuvo a la entrada de Truro. Darko Raven descendió del carruaje.
               Los días que había pasado lejos de Sarah no le habían servido de nada. Pensaba una y otra vez en ella.



                Aquella joven se le había metido en la sangre. Lo que empezaba a sentir por ella no tenía nada que ver con el deseo carnal. Se había visto incapaz de satisfacer a una adinerada dama londinense, esposa de un Par del Reino. Se había mostrado más que dispuesta a compartir cama con aquel hombre de reputación peligrosa.
           Pero no pudo hacer nada con ella. El recuerdo de Sarah le impidió seguir adelante con aquéllo. Aquella mujer no tenía el cabello negro. Sus ojos no eran como los ojos de Sarah. No quería tocarla. No quería estrecharla entre sus brazos. Soñaba con Sarah. Con besar a Sarah. Con acariciar a Sarah.
            Emborracharse hasta perder el sentido tampoco le había servido. Porque acababa soñando con Sarah. El opio tampoco le había servido. Su paso por el fumadero había sido inútil. El dueño lo echó a patadas de allí.
              Quería cambiar por Sarah y ser otra persona. Quería ser un hombre bueno y honrado.
               Pero había cometido demasiadas perversiones a lo largo de su vida. Empezó a caminar en dirección a la casa que los Wynthrop tenían en Holyhead. No era digno de Sarah. Sus hijos, de tenerlos, acabarían sabiendo la verdad. Y renegarían de él.
             Era un maldito egoísta.
             Se sentía incapaz de renunciar a Sarah.

miércoles, 1 de agosto de 2012

ENTREVISTA DE RAE...¡Y PREMIO!

¡Estoy que lo flipo! Ayer fue un día lleno de sorpresas agradables.
Una buena amiga del blog, Rae, me dijo que quería hacerme una entrevista. Y accedí a ello. Me envió las respuestas por e-mail. Las respondí a todas y me sentí muy cómoda contestando a ellas. Fue como una manera de abrir mi corazón a alguien. Estoy muy contenta con la entrevista. Así me conoceréis un poco mejor.
El link de la entrevista es éste para que os podáis pasar y leer:
http://raecj.blogspot.com.es/2012/07/entrevista-lilian-premio-gracias-y.html

Pero esta entrevista no ha venido sola. Porque ha venido acompañada por un premio. Y es éste:



¡Es precioso! Y este premio viene acompañado por una serie de preguntas:

1-Blog favorito.
-Me resulta difícil responder a esa pregunta. He estado en muchos blogs. Y siempre vuelvo a ellos. Todos tienen algo interesante que contar y me apetece leer lo que dicen. Y también me gusta hacer algún comentario en ellos. No he encontrado todavía un blog que no me haya gustado. Al contrario. ¡Me gustan todos!
2-Actor favorito.
-La verdad es que no tengo ningún actor favorito. Creo que todos tienen mucho talento y que poseen su propio encanto.
3-Género que prefieres para escribir.
-El género romántico histórico. Me encanta escribir historias que transcurren en otras épocas. Me habría gustado poder viajar en el tiempo para ver cómo se vivía en otras épocas. Y me habría gustado poder haber estado, aunque sólo fuera durante unas horas, durante el Romanticismo. Es una época repleta de pasión y de fuerza. Las mejores novelas y las mejores poesías que he leído son de ese período.
4-Nombre que le pondrías a tu mascota si ésta fuera un abejonejo.
-¡Uf! No sé si tendría un abejonejo de mascota porque tendría su parte abeja y las abejas pican como condenadas cuando quieren. Pero a lo mejor a mí no me haría nada si la dejo pasear tranquilamente por el patio y por la terraza y si le doy de comer todas las zanahorias y el polen que quiera. Si yo tuviera una abejonejo de mascota lo llamaría Manny. Pero no por Manny Manitas, sino que sería una fusión de dos personajes favoritos de mi niñez. La abeja Maya y Bugs Bunny.
 5-Libro favorito.
-"Olivia y Jai". ¡Adoro esa historia! Por cierto, aunque su adaptación a la televisión ha sido criticada, a mí, personalmente, me gustó muchísimo. Es mucho más optimista que la novela y no te deja un sabor amargo como el que te dejaba la novela al final.
6-El chico de tus sueños.
-Aún no ha aparecido.
7-¿Color de ojos?
-Marrones oscuros, como mi abuela.
8-Blog novela o novela de blogs.
-Creo que me quedaría con las dos cosas. Pero un blog es mejor. Es una forma que tienes tú mismo de darte a conocer y, además, es gratis. En estos tiempos de crisis hay que ahorrar. He leído blogs novelas en los que he vibrado con cada frase. Me quedaba con las ganas de seguir cuando acababa el capítulo.
9-Cantante predilecto.
-Me gusta toda clase de música. Desde Abba y los Bee Gees hasta Lady Gaga y Katy Perry, pasando por la música de los 80.
10-Si fueras una medusa, ¿dónde vivirías?
-Lo más lejos posible de la gente para no hacerles daño. Todos los días en los Informativos se habla de casos de gente a las que les ha picado alguna medusa. Si fuera una de ellas, viviría en mar abierto, donde no se bañe nadie. Donde no tendría que picarle a nadie para que nadie pueda sufrir por mi culpa.
11-Tipo de música que música que no puedes dejar de escuchar.
-¡Toda! Sobre todo, si es bailable. Levanta mucho el ánimo. ¡Mejor que cualquier antidepresivo!
Siguiendo la costumbre, me toca darle este premio a cinco bloggers. Y eso es más difícil. Para mí, todas sois ganadoras.
Y le doy este premio a:
Amaya Evans.
Nadia López.
Maga de Lioncourt.
Amy Parthenopeaus.
D. C. López.

¡Muchas gracias por todo!

martes, 31 de julio de 2012

CRUEL DESTINO

              Sarah dobló la esquina de su calle. Se detuvo en seco.
              Vio un carruaje desconocido detenido delante de la fachada de su casa.
               ¿Será Darko?, se preguntó Sarah. ¿Habrá venido a verme?
              Aquel carruaje pertenecía a alguna familia de la ciudad. No era ningún carruaje de alquiler. Además, nadie en la ciudad quería relacionarse con Darko.
              Sarah había hecho ya planes.
              Darko pensaba en vender el club y en vender también el burdel. Quería regenerarse.
              Sarah le iba a ayudar. Conocía la existencia de algunos cuantos orfanatos en todo Gales.
              Con el dinero obtenido por las ventas del club y del burdel, Darko podría hacer suculentas donaciones a los distintos orfanatos que había en Gales. Sarah se encargaría de pregonar cuán generoso era su futuro marido. A los aristócratas les gustan las personas generosas, pensó la joven.
             No serían excluidos de la alta sociedad. Al contrario...Se les iban a abrir muchas puertas.
             Naturalmente, esta clase de cosas tenía que comentarlas con Darko. Pero estaba segura de que no opondría resistencia. Él nunca le negaría nada. Se lo había dicho.



                 En el piso de arriba, Katherine estaba esperando nerviosa la llegada de Sarah.
                Cuando ésta llegó, la cogió del brazo.
              La arrastró consigo a su habitación. Katherine prácticamente daba botes de los nervios que la corroían por dentro. Estaba nerviosa desde la noche que yació entre los brazos de Stephen. Él le había dicho que podía haberse quedado embarazada a raíz de aquella noche. ¿Y si estaba en lo cierto? ¿Qué podía hacer?
-¿Dónde te habías metido?-le preguntó.
-Estaba viendo a una persona especial-respondió Sarah con tono misterioso.
-¿Darko? ¿Has visto a Darko?
-Es una persona especial para ti.
              A Sarah le dolía la ausencia de Darko. Se estaba prolongando demasiado. Pero le alegraba ver lo contenta que estaba Catalina. Ella seguía viéndose con Stephen.
            Se encontraban en el círculo de los menhires. Daban paseos abrazados por los alrededores. Se besaban detrás de los árboles.
            Recordaban cuando Stephen llegó a la casa de los Wynthrop, apenas unos meses antes. Iba a darle clases de piano a Katherine. Al principio, su relación fue cordial. La relación que había entre una alumna y su profesor. Poco a poco, fue conociendo mejor a aquella joven que se expresaba a través del piano. Parecía que estaba sacando todo lo que llevaba dentro mientras interpretaba alguna pieza de Mozart. Poco a poco, se fue ganando su confianza. Y su corazón...
                Lo supo el día en el que le besó la mano arrebatado tras escucharla interpretar a Paganini.
-¡Es usted extraordinaria, miss Wynthrop!-exclamó-Nunca antes había escuchado a nadie como usted. Nunca antes había escuchado una ejecución tan magistral. Tan...Perfecta...
               Fue una sentencia, más bien. Katherine bajó la cabeza con timidez. No estaba acostumbrada a recibir elogios. Las palabras de su profesor de piano la pillaron por sorpresa.
-Está exagerando, mister Winter-se ruborizó Katherine.
-No estoy exagerando-insistió Stephen-Le estoy diciendo la verdad.

              Las reglas no se habían hecho para Sarah Wynthrop. Era ella la que dictaba las reglas. La que las moldeaba a su imagen y semejanza. No hacía caso de nadie.
-Le noto pensativo, señor conde-observó mister Wynthrop.
            Robert se había atrevido a ir a casa de los Wynthrop. Había decidido formalizar su relación con Mary.
             Pasaron al despacho de mister Wynthrop.
-Lo que le voy a pedir no es fácil de decir-admitió Robert-No quiero que piense nada malo de mí. Muy al contrario. Mis intenciones hacia su hija son de lo más honorables. Siento un gran cariño y un gran respeto hacia ella. Mi deseo es que sea feliz. Y quiero hacerla feliz.
             ¿Por qué no se había enamorado de Mary?, se preguntó Robert. No existía nadie como ella. Tan amable como lo era ella.
              Era una joven llena de humildad. Su hermana Margaret, su prima Emma y su madre la adorarían. Pero no era como la alegre Sarah. La veía siempre contenta. Siemrpre estaba sonriendo. Y parecía que guardaba un secreto para sí.
-Adivino que quiere hablarme de Mary-observó mister Wynthrop.
-Y de ella quiero hablarle, señor-se decidió Robert-Porque yo llevo algún tiempo cortejándola. Y sé que ella será la perfecta condesa de Maredudd. Reúne en ella todo lo que busco en mi futura esposa.
-Mi hija es una joya. Es virtuosa.
-Justo lo que busco para mi mujer. La virtud...
              Y también busco el amor, pensó Robert. Pero el amor no está hecho para mí.
                Oía risas en el piso de arriba. Pudo reconocer la risa alegre y franca de Sarah. Creyó que estaba hablando con una de sus hermanas. Pensó que debía de tratarse de Katherine. La soñadora y romántica Katherine...Una sombra comparada con la temperamental Sarah...Como la noche y el día...



-¿Lo has visto?-oyó decir a Katherine-¿Qué te ha dicho?
-Cálmate-oyó decir a Sarah-Te diré lo que me ha dicho.
-¡Habla! ¡Me tienes en ascuas!
             ¿De qué estarán hablando?, se preguntó Robert. No era asunto suyo. Debía de pensar en Sarah como lo que iba a ser. Su futura cuñada...Y debía de pensar en Sarah como lo que era. La hermana de Mary...Sólo eso...
-Vuelve a quedarse pensativo, Excelencia-observó mister Wynthrop.
-Disculpe, señor-se excusó Robert-Vamos a ir al grano. Quiero pedirle la mano de su hija. De su hija Mary...Quiero casarme con ella.
              Mister Wynthrop se sintió complacido al escuchar aquellas palabras.
-¡Excelente!-aplaudió-Tiene usted mi permiso.
-Y la mano de su hija-añadió Robert.
               Mary sería la mujer indicada para él, pensó el hombre. No podía casarse con la pasional Sarah. A María le gustaba mucho leer, como a su hermana Margart. Podían llegar a ser buenas amigas. En cambio, había visto a Sarah subida a los árboles. La había visto leer subida en la rama de uno de los árboles del jardín. Un comportamiento inadecuado en una dama...No le gustaría nada a Margaret.
-Se lo diré esta noche-le aseguró mister Wynthrop-Mary se va a llevar una alegría.
               Robert suspiró y trató de convencerse así mismo de que estaba haciendo lo correcto porque le parecía absurdo sentir algo por la hermana de la joven a la que estaba cortejando.
            Había hablado varias veces con Sarah.
            Pero su trato con ella siempre había sido cordial. Unas cuantas palabras corteses...¿Cómo podía pensar que sentía algo por ella cuando su relación era más bien cordial? No eran amigos. No eran nada.

domingo, 29 de julio de 2012

LA REINA VICTORIA 2 PARTE

Hace dos semanas y pocos días, hice una entrada contando la primera parte de uno de los personajes más fascinantes de la Historia. La Reina Victoria de Inglaterra.
Vimos las circunstancias en las que se convirtió en la heredera al trono a raíz de la muerte sin herederos de sus tíos el Rey Jorge IV y el Rey Guillermo IV. Vimos cómo fue su infancia y la mala relación que mantenía con su madre.
Ahora, nos vamos a centrar en algunos aspectos de su Reinado.
Victoria cumplió dieciocho años el 24 de mayo de 1837. El 20 de junio, fallecía el Rey Guillermo a los 72 años.
En Hanóver, existía la Ley Sálica. El trono de Hanóver pasó a manos de su tío menor, el duque de Cumberland, hermano de su padre. Desde 1714, existía una relación entre Hanóver y Gran Bretaña en la que el Rey del segundo era también era el Rey del primero. Con la subida de Victoria al trono británico, se rompía aquella unión.
El Primer Ministro, lord Melbourne, del Partido Whig, se convirtió para Victoria en una especie de padre. Ella acudía a él cuando necesitaba su consejo. La coronación de la Reina se celebró el 28 de junio de 1838. Fue la primera Reina que habitó el famoso palacio de Buckingham. Heredó también las propiedades de Cornualles y de Lancaster. Victoria pudo, después de muchos años, pagar las numerosas deudas que había dejado su difunto padre.
Al principio de su Reinado, Victoria fue bastante popular. Sin embargo, aquella popularidad decreció cuando creyó que una de las damas de compañía de su madre, soltera, se había quedado embarazada de Conroy, el odioso mayordomo de su madre al que odiaba. La dama en cuestión tuvo que someterse a un examen médico que confirmó que no sólo no estaba embarazada, sino que también era virgen. Al poco tiempo, murió y la autopsia determinó que su mal no era debido a un embarazo, sino a un tumor de hígado. A raíz de esto, la popularidad de Victoria cayó en picado. Y tuvo que ver cómo la gente empezaba a sugerir que mantenía una relación amorosa con lord Melbourne.
Éste fue obligado a dimitir después de que los radicales y los conservadores votaran en contra de la Constitución de Jamaica.
La Reina la pidió a sir Robert Peel, del Partido Tory, que formara Gobierno. Pero la relación entre ambos nunca fue del todo buena. En la Corte existía el llamado sistema de patronazgo. Es decir, el Primer Ministro escogía entre sus partidarios a aquéllos que servirían a la Reina. Muchas damas de compañía de ésta eran las esposas de whigs. Sir Robert Peel exigía cambiar a esas damas y sustituirlas por las esposas de destacados miembros del Partido Tory. Pero la Reina se negó, alegando que la relación de amistad que mantenía con ellas.
La relación de la Reina con su Primer Ministro fue a peor a raíz de esto. Sir Robert Peel acabó dimitiendo. Lord Melbourne pudo volver a ser Primer Ministro, recuperando la Reina a uno de sus principales apoyos.
En el plano personal, Victoria vivía con su madre en el Palacio de Buckingham, pero la relación entre ambas era cada vez más tensa.
Aconsejada por lord Melbourne, Victoria empezó a considerar seriamente la idea de casarse. Estaba enamorada de su primo Alberto y era a él a quien deseaba como marido. Volvieron a verse en octubre de 1839. Victoria decidió que no podía seguir esperando más y decidió que se casaría con Alberto. El compromiso se hizo oficial el 15 de octubre, cinco días después de la llegada del joven a Windsor. La boda se celebró en el Palacio de Saint James el 10 de febrero de 1840.
El nuevo Rey consorte se convirtió en el brazo derecho de la Reina. La madre de Victoria se vio obligada a abandonar el Palacio de Buckingham. Fue Alberto el que ayudó a Victoria a llevarse mejor con su progenitora.
File:Victoria in her Coronation.jpg

En breve, continuaremos con la tercera parte, en la que veremos el Reinado de Victoria.

sábado, 28 de julio de 2012

PLEAMAR/CRUEL DESTINO 39

CARTAGENA

Su vida era aquélla. No tenía ninguna variación.
Ya no bordaba su ajuar de boda.
¿Qué ganaba bordando un ajuar que nunca iba a necesitar? Se iba a quedar soltera.
A doña Camila eso no le importaba. Casi agradecía tener a sus dos hijas menores en casa.
Le había perdonado con excesiva facilidad a Eva su "desliz". Y Miriam se enfadaba con su madre cada vez que lo mencionaba. ¿Desliz?
¿Llamaba desliz a haber tenido a escondidas un hijo con un pintor? ¿Llamaba desliz a, pasados algunos años, haber huido con aquel pintor? ¿Eso era lo que doña Camila entendía por desliz? Miriam quería gritarle a su madre que debía de entender ella mejor que nadie lo que era tener un desliz. O, mejor dicho, su abuela, aquella mujer que nunca se ocupó de ella. La madre de doña Camila...
Lo último que quería Miriam era discutir con su madre. Tenía que pasar el resto de su vida encerrada entre las paredes de aquella enorme, fría y oscura casa. Sus años de vida debían de ser más bien soportables. Si no lo eran, se volvería loca. Los recuerdos la volverían loca.
Todas las tardes, Miriam Colina y Yáñez cogía un libro de la biblioteca de su casa. Iba a la habitación de su hermana Aurora.
-¿Quieres que te lea un rato en voz alta?-le preguntaba.
-No tengo ganas-respondía Aurora.
-Tienes que distraerte de alguna manera, hermanita. Te leeré algo. Y no pensarás en nada.
Acariciaba con su mano el cabello de Aurora. Siempre lo llevaba suelto. Se sentaba en una silla junto a la silla de ruedas. Aurora miraba con gesto distraído por la ventana. Y Miriam sentía, mientras leía, un enorme deseo de saltar por la ventana. Ni leer en voz alta los artículos del difunto Larra la ayudaban. Hizo bien en suicidarse, pensó Miriam. No sirve de nada vivir. Sólo venimos a este mundo a sufrir. Como la pobre Aurora está sufriendo.
Eva había hecho bien en irse con Jaime a Portmán.
Estarían cerca de su hijo. Algún día, dentro de algún tiempo, se casarían. Pero estaban juntos. Mientras que Miriam seguía llorando la muerte de Alejandro. Maldecía a todo el mundo. Maldecía a Eva por haber sido una hipócrita. Y se maldecía así misma por haber sido una cobarde.
A veces, iba a la casa de los Quintanar. Casi podía verla jugando en el jardín. Una criada corría detrás de ella.
-¡A que te pillo!-le decía.
-¡No!-gritaba la niña.
Y Miriam se sentía tentada a saltar la verja del jardín. A gritarle a los cuatro vientos que aquella niña era su hija. La hija que ella y Alejandro habían engendrado. Quería llevársela consigo, pero no se atrevía. Era una cobarde.
Jamás olvidaría el dolor que se apoderó de ella cuando supo que Alejandro había muerto. Aquel dolor fue tan intenso que la llevó a estar postrada en la cama durante varios días, pero, por suerte, su bebé no corrió ningún peligro. Miriam todavía se despertaba en mitad de la noche. Sentía los labios de Alejandro posándose en los suyos.
Su casa se estaba convirtiendo en una especie de tumba para ella. Sólo quedaban ella, su madre y Aurora.
Su madre no iba a vivir eternamente. Y Miriam se consagraría a cuidar a Aurora. Pero su hermana tenía sus propios sueños. Se lo confesó una tarde a Miriam mientras paseaban por la calle del Carmen. Le dijo que quería casarse.
-Sabes que eso no va a poder ser-le recordó Miriam-Tú no puedes casarte.
-No podría darle un hijo a mi marido-se lamentó Aurora-Pero quiero conocer el amor. No quiero que me pase lo mismo que te ha pasado a ti.
-¿Y qué me ha pasado a mí?
-Nunca has estado enamorada.
Miriam sintió cómo un puñal se le clavaba en el pecho.
-Eso no lo sabes-le replicó.
-Nadie te ha cortejado nunca en serio-le recordó Aurora.
Miriam sintió cómo sus ojos se llenaban de lágrimas. ¡Qué poco la conocía Aurora! ¡Qué poco la había conocido aquella hipócrita de Eva! No quería volver a verla. La odiaba por haberla engañado.
Pasaron por al lado de un teatro de títeres. Miriam detuvo la silla de ruedas. Por lo menos, los títeres servirían de distracción a Aurora.
Muchas veces, Miriam se había sentido tentada a hablar con su madre. Quería confesarle su secreto. Quería recuperar a su hija. Sabía que se llamaba Victoria. Igual que una de las tías de su madre...Victoria le parecía un nombre precioso. Victoria...
Lo más duro que jamás había hecho había sido dejarla.
¿Le contarían los Quintanar a Victoria su origen? ¿La estaba criando el matrimonio como hija suya? Iba a verla y, a veces, no podía verla. No salía al jardín. No podía escuchar sus gritos mientras jugaba. Ya tenía siete años.
-¡No me pillas!-gritaba Victoria-¡Juguemos a otra cosa!
Miriam se sentía tentada a acercarse a los Quintanar. Quería trabar amistad con ellos. Pero le vencía una vez más el miedo. Miedo a ser descubierta...Miedo a que la verdad saliera a la luz. Ella era la verdadera madre de Victoria.
Entonces, toda Cartagena sabría que la casta y virtuosa solterona Miriam Colina y Yáñez era una mujer que se había entregado a un criminal sin escrúpulos de manera voluntaria. Porque la ciudad conocía de sobra a Alejandro. Recordaba los robos cometidos. Los chantajes...Los sobornos...Los secuestros...El burdel que dirigía con mano de hierro. Los asesinatos...
Y Miriam le recordaba de otro modo. Recordaba el olor a coñac que desprendía. Recordaba los momentos vividos a su lado. ¿Un delincuente? ¿Un criminal? Jamás tuvo miedo de él. Ni siquiera durante los días en los que estuvo secuestrada. Cuando le conoció. Alejandro parecía que estaba ahí para protegerla. De algún modo, siempre la estaba protegiendo. Aunque ya no estaba.
Doña Camila sentía que era incapaz de llegar hasta su hija. Echaba de menos a Roberto. Pero él parecía que iba a permanecer en Inglaterra más tiempo del esperado.
Espero que no cometa una estupidez, pensaba doña Camila. En esta familia, somos propensos a cometer estupideces. Mi hijo...Mi madre...Mi tía...Mis hijas...
Roberto había tenido suerte.
Parecía que había tenido que salir de su país para encontrar a la mujer adecuada para convertirse en la condesa de Mora. Y la casualidad había hecho que esa mujer no sólo fuera compatriota suya. Sino que era, además, también paisana. Doña Camila había oído hablar de los locos Fernández. A pesar de que la guerra no había llegado a las puertas de Cartagena, el cabeza de familia sintió terror. Cogió a su familia. Y huyó a Inglaterra. De momento, Cartagena se encontraba a salvo de disparos. Bastante mal lo había pasado durante el Trienio Liberal. ¡Y Roberto...! ¡Qué horror! ¡Unirse a una banda de delincuentes! Serían partidarios del Rey, pero seguían siendo unos delincuentes. ¡Qué escándalo!
Doña Camila intuía que algo raro le pasaba a Miriam.
Pero parecía que sus hijos vivían en otro mundo. Así había sido con Roberto, con Eva y con Miriam. Incluso notaba que Aurora se alejaba cada día que pasaba un poco más de ella. Doña Camila no había conocido a sus padres. Su madre se ocupaba de su manuntención en el convento. Pero nunca fue a verla. Y su padre era un hombre de rostro difuso para su madre. Y de nombre desconocido para ella. Un hombre que apareció en la vida de su madre. La sedujo. Y siguió su camino.
Había tenido mucha suerte. Pero sus hijos no tenían tanta suerte. Eva había protagonizado el mayor escándalo de la historia de la ciudad. Y Roberto parecía que no acertaba a encontrar el amor. Mientras, Miriam y Aurora se estaban consumiendo en vida. Y doña Camila se sentía impotente al no poder ayudarlas.
Esto era lo que pensaba todas las tardes mientras rezaba el rosario.

viernes, 27 de julio de 2012

CONCLUSIÓN DE LA ENCICLOPEDIA DE DIDEROT Y D' ALEMBERT

Ayer, no pude terminar la entrada sobre La Enciclopedia de Diderot y D' Alembert. Empezó a tronar donde yo vivo y había relámpagos. Apagué el ordenador. Me asustó la idea de que se pudiera romper por culpa de algún trueno. Sé que no pasa nada, pero pudo más el miedo que otra cosa. ¿Y si se rompía? Y lo apagué sin haber terminado la entrada.
Por eso, hoy os dejo el final de La Enciclopedia.
Un poco tarde, pero es mejor tarde que nunca. En breve, además, aprovecho aquí para anunciarlo, acabaré la entrada que empecé a hacer sobre la Reina Victoria. Conoceremos cómo fue su Reinado y un poco más su persona.
Sabemos que La Enciclopedia nació como la traducción de la Cyclopaedia, de Chambers, en el siglo XVIII. Que Diderot y D' Alembert fueron los encargados de traducirla, pero ellos decidieron ampliarla y sacar a la luz grabados y trabajos inéditos. Querían llevar el conocimiento a todas partes. La Enciclopedia tuvo desde el inicio numerosos detractores por la defensa que hacía de los filósofos protestantes y su abierta oposición al catolicismo y al Antiguo Régimen.
Tuvo un total de 28 volúmenes. 17 eran de texto, 11 eran de láminas y un suplemento de 4 volúmenes de texto, 1 de láminas y 2 de índice general.
Sabemos que D' Alembert no pudo soportar la censura ni el ver La Enciclopedia en el Índice de Libros prohibidos y que abandonó el proyecto. Que fue Diderot el que siguió adelante.
Lo que no comenté en la anterior entrada fue que Diderot y D' Alembert no sacaron adelante ellos solos el proyecto. Tuvieron numerosos colaboradores. Entre sus colaboradores se encuentran los filósofos más conocidos de la Francia deciochesca, como lo son Voltaire, Rousseau y Montesquieu.
En total, unas 160 personas entre literatos, filósofos, artistas, magistrados, teólogos, etc., colaboraron en la elaboración de La Enciclopedia prestando cada uno sus conocimientos sobre el tema que mejor conocían.
La Enciclopedia fue el germen de La Ilustración. De la Era de la Razón...El motor que cambió el mundo desde las tinieblas del Antiguo Régimen hasta la luz de la Modernidad.
El uso de la Enciclopedia se ha ido extendiendo a lo largo de los siglos XIX y XX.
Es una de las obras más famosas de todos los tiempos. Con sus variantes, todos hemos tenido en nuestras casas una enciclopedia a la que hemos ido a consultar cuando lo necesitábamos.
Es raro la persona que no haya tenido una enciclopedia en su casa, ya sea de un solo volúmen o de varios volúmenes. Hemos visto muchas en las bibliotecas de nuestras ciudades. Y hemos consultado con ellas para nuestros trabajos escolares o para resolver una duda.
La aparición de la Enciclopedia Interactiva, el Encarta, supuso un cambio a la hora de consultar la Enciclopedia. Podíamos verla en el ordenador. El Encarta es el germen de lo que ahora es la Wikipedia, la enciclopedia de Internet que es raro quien no la ha consultado. A mí, la Wikipedia me ha venido de perlas en muchas ocasiones.
Sea en papel, sea de forma interactiva o sea en Internet, lo cierto es que la Enciclopedia se ha convertido en un instrumento indispensable en nuestras vidas. Diderot y D' Alembert querían llevar el conocimiento a todas partes. Y lo consiguieron. Cada vez que buscamos algo en una enciclopedia, ya sea en Internet o en papel, somos un poco más sabios porque aprendemos el significado de algo bueno.
La Enciclopedia, que tiene casi trescientos años, seguirá presentes en nuestras vidas por mucho tiempo.