martes, 28 de octubre de 2014

RETO: EL FANTASMA DEL TORO

Hola a todos.
Lo prometido es deuda.
Aquí os traigo el relato del reto del blog "Acompáñame".
Se trata de un relato que empecé hace once años y del que sólo escribí media página.
Pero aquí está. Terminado y listo para formar parte de la Antología.
Espero que os guste.

                                  Corría el año 1621.
                                  Y era un sábado más en Tordesillas.
                                  Los sábados eran días de ensayos en el coro de la Iglesia de Santa María. Todo el coro estaba compuesto por las monjas que mejor cantaban. Todas ellas procedían del Monasterio de Santa Clara, situado en las afueras de la ciudad. La hermana María Inocencia era una de las monjas más jóvenes. Había entrado en el convento de forma voluntaria y porque estaba segura de su vocación. Había ingresado en la orden cuando sólo tenía quince años y ya había cumplido veinte. No en vano, resultaba muy difícil no fijarse en alguien como la hermana María Inocencia.
            Se había cortado los rubios cabellos cuando tomó los hábitos, a la tierna edad de diecisiete años y medio, pero le habían vuelto a crecer y los tenía tan largos que le rozaban los muslos si llegaba a quitarse la toca, cosa que nunca ocurría en público. Los tenía muy abundantes y, pese a que frecuentemente tenía que cortárselos, ya no lo hacía porque le crecían de manera instantánea. Aún era una mujer joven, pensaban sus hermanas de orden. Mientras ensayaban, éstas no podían dejar de pensar en que la hermana María Inocencia, además de joven, era una mujer hermosa, muy hermosa. También tenía una voz muy dulce y delicada; era la que mejor cantaba del coro. La hermana María Inocencia tenía unos enormes y preciosos ojos de color azul cielo.
                               Isabel Duarte era la mejor amiga de la hermana María Inocencia. Con mucha frecuencia, acudía al convento a visitarla. Al terminar los ensayos con el coro, la hermana María Inocencia acudió al locutorio donde la estaba esperando Isabel. 
                              Unas celdillas separaban a las dos amigas. Isabel había notado aquel sábado más distraída que de costumbre a su amiga. 
-¿Te has enterado?-le preguntó María Inocencia con nerviosismo. 
                              Isabel había oído algunos rumores. Pero no se atrevía a repetirlos en voz alta entre los muros de aquel lugar tan sagrado. 
-Debe de ser obra del demonio-afirmó la hermana María Inocencia, santiguándose. 
-Son sólo rumores-replicó Isabel, con nerviosismo. 
-Los toros son como las personas. Una vez, oí que las personas que morían asesinadas regresaban de la tumba para vengarse de sus asesinos. 
-No me lo creo. He estado en las fiestas. Los toros no se levantan después de muertos para matar a cornadas a sus asesinos. 
-Rezo mucho desde que escuché ese rumor. 
                          Isabel abandonó el locutorio al cabo de un rato. Intentó no pensar en la conversación que había mantenido con la hermana María Inocencia. Se sentía rara al ir a visitar a su mejor amiga al locutorio. Después de todo, de las dos, su amiga Chencha había sido la más impulsiva. La más apasionada...
                           Hasta que decidió ingresar en un convento. Quería ser monja. 
                          Su vocación era auténtica. Nadie dudaba de ella. 
                          La doncella de Isabel la estaba esperando en el jardín del convento para irse. 
                           Horas después, Isabel salió de su casa sin ser vista. Empezó a caminar en dirección a la orilla del río Duero. Había aprendido a ser sigilosa cuando se trataba de escabullirse de casa. Era su mayor secreto. Ni siquiera se lo había confesado a la hermana María Inocencia. Lo cierto era que Isabel se había enamorado. Su familia no estaba al corriente de aquella historia de amor. Cuando Isabel llegó al lugar donde se encontraba con su amado, ya había anochecido. Oyó a lo lejos algo que le recordó al mugido de un toro. 
                           Hay toros y vacas pastando por aquí cerca, pensó Isabel. Pero aceleró el paso. 
                           Isabel era una joven muy hermosa. Poseía un largo cabello de color negro que llevaba recogido en un moño. Sus ojos eran de color gris oscuro. Y sus facciones eran delicadas. 
                           Ya estaban apareciendo en el cielo las primeras estrellas. Iba a ser una noche clara y despejada. Isabel llegó a la orilla del río Duero y esperó la llegada de su amado, Esteban.
                          El rumor que circulaba por la villa era que varias personas habían sido corneadas durante la noche por un misterioso toro que aparecía como de la nada.
                         Fue Esteban el que le habló de aquel rumor a Isabel. Se decía que en el pueblo había una bruja que había hecho traer del Más Allá al toro que había sido lanceado durante las fiestas, celebradas dos meses antes. Una vecina del pueblo había sido detenida unos días antes acusada de brujería. Por supuesto, Isabel no creía en la existencia de las brujas. Dos hombres y dos mujeres habían sido heridos por cornadas de toro durante un encuentro furtivo en el monte. Un hombre había muerto a consecuencia de las heridas provocadas por asta de toro cuando regresaba de Zamora a pie. Cuando la hermana María Inocencia se enteró de la muerte de aquel hombre, se desmayó en el corredor del convento. Se decía que la joven lo había amado en secreto antes de entrar en el convento.
                        El viento sopló y agitó los mechones de pelo que se le escapaban a Isabel de su moño. La idea de toros fantasmales que surgían de la nada para cornear a personas le pareció absurda.
                        Tanto sus padres comos sus hermanos le decían que había algo raro en ella. Isabel era la tercera de tres hermanos. Y sus dos hermanos mayores eran varones. Uno de ellos se había casado no hacía mucho. El otro estaba a punto de casarse con la sobrina del Corregidor de la villa. Isabel no creía para nada en la existencia de las brujas. Su madre opinaba que eso la convertía en alguien vulnerable a sus poderes malignos. 

                          Esteban e Isabel se conocían desde hacía poco tiempo. Fue durante el conocido como El Torneo del Toro de la Vega cuando se conocieron. Esteban era un joven de buena familia, natural de Simancas. Sin embargo, debido a su carácter inquieto, no quiso permanecer en la casa solariega, aprendiendo junto a su padre a administrar sus bienes. Se dedicaba a viajar sin rumbo fijo por toda la comarca. Vio por primera vez a Isabel Duarte asomada por la ventana del salón de su casa. El toro había sido soltado en la Plaza. Recorría las calles de la villa. Era un día 8 de septiembre. Se celebraba la festividad de la Virgen de la Peña, la patrona de la villa. Los hermanos y el padre de Isabel iban montados a lomos de sus respectivos caballos. Estaban esperando la llegada del toro en el Campo de Honor. Isabel y su familia vivían en la Calle del Empedrado, el lugar por donde pasó el toro. Atravesaron el puente que bajo el cual pasa el río Duero. Los vecinos de la villa siguieron a los lanceros y a los picadores. Esteban se percató de lo pálida que estaba Isabel al llegar a la zona del Cristo de las Batallas. 
-¿Vuestra Merced se encuentra bien?-le preguntó Esteban a Isabel, acercándose a ella. 
-No puedo soportar ver cómo le matan de una forma tan horrible-respondió la joven. 
-¿Sois de aquí?
-He vivido en Tordesillas toda mi vida. He nacido aquí. Y todavía me aterra ver cómo le matan al pobre animalillo. 
-No miréis. 
                          Esteban se llevó a Isabel a un aparte a escondidas de la madre de la chica. De aquel modo, Isabel no vio cómo los lanceros clavaban sus lanzas en el costado del toro. Esteban le contó que era oriundo de Simancas. Que tenía dos hermanas mayores de él que estaban casadas. Y que estaba recorriendo la comarca. Isabel, por algún extraño motivo, se sintió cómoda con él. 
                       La joven le dijo a su madre que regresaba a casa porque le dolía mucho la cabeza. La madre nunca supo que Esteban acompañó a Isabel a casa. Y fue en ese momento cuando empezó todo. 
                      Uno de los antiguos pretendientes de la hermana María Inocencia fue el ganador del torneo. Y fue aclamado por todos los vecinos de la villa. Sin embargo, Isabel no lo vio. 
                       No quería saber quién había ganado el torneo. Pero sus padres y sus hermanos se lo contaron. Fue cuando regresaron a casa, horas después. Isabel estaba acostada en el sofá. Se percató de que su cuñada estaba igual de pálida que estaba ella cuando se marchó con Esteban. 
                     El toro ya estaba muerto. Se lo llevaron dejando atrás un reguero de sangre. A los pocos días, empezaron a surgir los rumores. 
                      Isabel y Esteban empezaron a verse. Él estaba muy interesado en ella. Sentía que había algo en Isabel que la hacía diferente de todas las mujeres que había conocido. Su experiencia en aquel terreno era más bien escasa. Pero sentía que podía hablar con Isabel de cualquier tema. 
                       A los dos días, le robó a Isabel su primer beso de amor. Fue Esteban el que enseñó a Isabel a besar. 
                      Al tiempo que Isabel y Esteban se enamoraban, comenzaron los rumores. Al principio, Isabel no les dio demasiada importancia. Empezó una mujer diciendo que había estado con el ganado buscando un refugio en una cueva en una noche de tormenta que la sorprendió a la intemperie cuando vio salir de la nada un extraño toro. Parecía ser sólo un espíritu porque no se le veía cuerpo. Sus ojos eran de color rojo como la sangre. Y estaba sangrando de manera abundante por los costados. Corría por la vega mugiendo de un modo extraño. Relatos similares a los que dio aquella pastora se sucedieron con el paso de los días. Luego, apareció el primer herido, un rico comerciante que estaba de paso por Tordesillas. Lo encontraron malherido al día siguiente, con una cornada en el pecho. Deliraba y hablaba de un toro que parecía haber salido del Infierno. Y el terror se desató entre los vecinos. 
                              La misma noche en la que murió el hombre al que la hermana María Inocencia amaba en secreto, Isabel se entregó a Esteban por primera vez a la orilla del río Duero. 
                            Los dos yacieron desnudos sobre la hierba y la mano de Esteban se posó sobre un pecho de Isabel. La joven se atrevió a acariciar el cuerpo desnudo con sus manos de aquel joven que se convirtió en su amante. Los labios de ambos se encontraron y se fundieron en un beso cargado de pasión que era difícil de contener. No podían dejar de besarse. Se besaron muchas veces de manera larga y ardiente. Isabel lo tocó por todas partes. Y Esteban recorrió muchas veces con sus manos el cuerpo de Isabel. La besó en el cuello, sintiendo la suavidad de su piel. Llenó de besos su cara. Besó sus hombros. Esteban era un joven alto y esbelto. Pero estaba bien formado. 
                        Lamió los pechos de Isabel. Y se atrevió a chuparle un pezón. La estrechó con fuerza entre sus brazos. Al mismo tiempo que la besaba con fuerza en la boca, su cuerpo invadió el cuerpo de ella. Isabel apenas sintió dolor cuando Esteban la hizo suya, rompiendo su virginidad. Isabel rodeó con sus piernas la cintura del joven. Y los dos se movieron al mismo compás. Los gritos que ambos profirieron se oyeron en toda la vega, mezclados con los gritos de dolor que profirió un hombre que había sido embestido y corneado por un toro que no supo nunca de dónde salió. 
                         Al mismo tiempo, Esteban descargó en el interior del cuerpo de Isabel. Los dos permanecieron tumbados sobre la hierba. Sin dormir. Mirando al cielo. De vez en cuando, se besaban. Permanecieron abrazados. 
                         A partir de aquella noche, Isabel y Esteban se arrojaban el uno en brazos del otro siempre que se veían. 
                      Caían sobre la hierba. Se desnudaban el uno al otro mientras se besaban. Se besaban de manera larga y profunda en la boca. Se abrazaban. Se acariciaban el uno al otro con las manos. Se acariciaban el uno al otro con los labios. Esteban chupaba un pecho de Isabel. Y sus cuerpos eran los que hablaban por ellos.
Me ha quedado un relato romántico con tintes de misterio. 
¡Pero ya era hora de que lo terminara! 

lunes, 27 de octubre de 2014

PARTICIPA EN EL RETO DE HALLOWEEN DE "ACOMPÁÑAME"

Hola a todos.
Nuestros amigos del blog "Acompáñame", un año más y para celebrar Halloween, han organizado un reto y aún estáis a tiempo de participar en él.
Yo, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, como se suele decir, he aprovechado para terminar una de mis historias y participar en el reto que pinta, como de costumbre, de lo más interesante.
Aquí os dejo en qué consiste el reto.
Consiste en escribir un relato, esta vez, sin un mínimo de palabras, que intenten ocupar uno o dos folios.
El título del relato será El fantasma del toro. Si es posible, deberá guardar relación con la fiesta del Toro de La Vega.
Y ésto es lo que tenéis que hacer :
Estos relatos o cuentos (que también sirven) tenéis que colgarlos en vuestros blogs o páginas de facebook, bajo el título “Reto: El fantasma del toro”. Una vez que lo hayáis hecho, debéis de entrar en este link:

http://podemos-juntos.blogspot.com.es/2014/10/reto-para-halloween.html

Ponéis un comentario donde nos dejáis el link del blog donde habéis hecho la entrada que pasen a recogerla. 

Todos los participantes tendrán que mandar un correo electrónico a la siguiente dirección de correo electrónico:

irisamigos@hotmail.es 

Debéis de enviar vuestro relato y poner vuestro nombre y la dirección de vuestro blog o página de facebook.
Tenéis hasta el día 1 de noviembre para subir vuestro relato. 
Yo lo pienso subir a lo largo de esta semana. 
Todos los relatos se juntarán en una Antología que se descargará de manera gratuita en PDF. 
Podéis añadir una foto aterradora hecha por vosotros que aparecerá en la Antología. 
¿A qué estáis esperando para participar? ¡Todavía estáis a tiempo! 

domingo, 26 de octubre de 2014

HABLANDO DE "EL FINAL DE LOS BUENOS TIEMPOS"

Hola a todos.
Hoy, me gustaría contaros qué fue lo que me inspiró a la hora de escribir mi novela El final de los buenos tiempos. 
Vamos a hablar de sentimientos. Es muy complicado hablar de ellos. No se pueden expresar con palabras.
            Esta historia habla de una pareja. Un hombre y una mujer que están casados. Viven juntos. La convivencia entre ellos es pacífica. Pero no están enamorados. Cada uno de ellos ama a otra persona. A alguien con quien no pueden estar, por mucho que lo deseen.
            Son dos personas que se hacen compañía mutua en un matrimonio estéril y vacío. Que, de vez en cuando, se besan y se acarician. Pero no existe el deseo entre ambos. Sólo existe el dolor.
            Hablan entre ellos. Comparten las añoranzas de aquellos seres que aman con toda su alma. Pero no pueden estar. Pueden compartir confidencias en la soledad de su casa. Pero no son capaces de amarse. Se abrazan. Pero sus corazones pertenecen a otras personas.
            Sus seres amados no volverán a estar con ellos. No volverán a tocar sus cuerpos. Y les queda tan sólo el recuerdo. Esta pareja está unida por el amor que sienten por otras personas. Por la nostalgia de los amores que han pasado. ¿Existe un sentimiento más poderoso que el amor? ¿Qué lazos nos unen a las personas? La nostalgia y el recuerdo pueden ser un lazo que pueden compartir dos personas. Y éste es el caso.

            Dos personas que se aferran al pasado. Dos personas que viven bajo el mismo techo. Dos personas que se sienten desesperadamente solas. 

sábado, 25 de octubre de 2014

ARGUMENTO "EL FINAL DE LOS BUENOS TIEMPOS"

Hola a todos.
No sé si alguien se acordará de la historia que escribí hace algún tiempo y que subí para que fuera descargada de manera gratuita a Rapidshare.
Se trataba de El final de los buenos tiempos. 
Hace ya algún tiempo que ya no está en Rapidshare.
Dado que también pienso dar alguna que otra sorpresa con esta novela, os dejo aquí con el argumento para que vayáis recordando de qué iba.

Anne Carol Jamieson es una joven de buena familia que vive en la ciudad de Chicago antes del estallido de la Gran Depresión. Su familia intenta casarla con un buen partido, pero ella los rechaza a todos porque su corazón sólo pertenece a Hal, un joven de clase obrera. Sin embargo, la joven acaba siendo casada en contra de su voluntad con el duque de Stanyon, lord William Dunning. El duque se ve obligado también a casarse con Anne para tapar las deudas que tiene, pero su corazón pertenece a Josie, una aspirante a actriz de clase baja. El matrimonio es un fracaso porque no surge el amor entre ellos. Tan sólo están unidos por un lazo de respeto, de cariño, de soledad y de nostalgia por los amores que perdieron.

Una historia nueva que transcurre a caballo entre el Chicago de los años 20 y el Londres de los años 30 del siglo pasado y con la que intento contar una historia diferente a partir de un tema tan conocido como lo son los matrimonios de conveniencia.

miércoles, 22 de octubre de 2014

"SUEÑOS DE ARENA" YA ESTÁ A LA VENTA EN AMAZON Y AQUÍ OS ESTÁ SU RESEÑA

Hola a todos.
¿Os gusta Egipto y sus pirámides? ¿Os atraen las historias de amor que transcurren otros países?
¡Ésta es vuestra novela!
Nuestra buena amiga Raquel Campos ya ha sacado a la venta en Amazon la que es su tercera novela autopublicada, Sueños de arena.
Yo ya la he leído y aquí os traigo su crítica. Espero estar mejorando en el noble arte de hacer una crítica literaria.  
Nuestro protagonista, Alexander Bestford, es el duque de Hamton y vive con su madre y con su hermana Catherine. Está prometido con Constance, la hija de un antiguo socio de su padre y una trepa de mucho cuidado. Él no está enamorado de ella y ella está enamorada de su título y de su dinero por lo que la idea de casarse con ella no le agrada, pero piensa que es su deber, aunque Catherine se oponga a la boda porque intuye que su hermano va a ser muy desgraciado.
El antiguo lord Hamton era un apasionado de Egipto hasta el punto de que llegó a pasar más tiempo en ese país que en su casa con su familia, algo que marcó a todos los miembros, pero muy especialmente a Alexander. El joven viaja a Egipto con la intención de hacer las paces con el fantasma de su padre, muerto en extrañas circunstancias. Alexander no es el típico libertino de una novela romántica. Es un joven serio y responsable que ha cuidado desde muy joven de su madre y de su hermana Catherine.
Gran parte de la novela transcurre en Egipto y es muy notable el trabajo de investigación que ha hecho Raquel trasladándonos a cómo se vivía en el siglo XIX en aquel lugar y cómo se llevaban a cabo las investigaciones arqueológicas, tan alejadas en el tiempo de como las conocemos ahora.
A través de los diarios de su padre, Alexander va conociendo poco a poco a este hombre que él había llegado a detestar por sentir que les había abandonado a él, a su hermana y a su madre.
Alexander es un protagonista muy del estilo de Raquel. Y eso me agrada y agrada a todo el que esté saturado de libertinos. Es un joven sensato y serio, el polo opuesto a su alocado amigo William. En Egipto, Alexander se enfrenta a un país y a una cultura distintos a lo que él conoce y tendrá que sacar fuerzas para poder enfrentarse a las pruebas que el Destino le pone.
Pero, como en toda buena novela romántica, hay una historia de amor. Zahra Perkins es hija de un inglés y de una egipcia. Zahra perdió a su madre cuando nació y hace poco que perdió a su padre. Trabaja en las excavaciones y es una joven inteligente, con un carácter muy fuerte que siente un fuerte arraigo por la tierra en la que nació.
Desde el primer momento, Alexander y Zahra chocan. En muchos aspectos, los dos son unos cabezotas, pero Alexander no deja de ser un caballero en todo momento (lo cual se agradece).
Hay otros personajes con mucho que decir en esta historia como la mejor amiga de Zahra, Rania, una chica sencilla y encantadora. O el padre de Rania...O el padre y el hermano de Constance, que se las traen. O Anna, una escritora entregada a su trabajo en una época donde está mal visto que una mujer escriba.
La historia de amor entre Alexander y Zahra se cuece a fuego lento. Saltan chispas entre ellos, pero su relación se va forjando a medida que se van conociendo. Con el trato diario...Con las cosas que les ocurren. En ese aspecto, la relación es muy creíble.
Hay mucho misterio. Hay buenas dosis de acción y de aventura. Se abordan temas como el amor hacia la familia, la amistad y las convenciones sociales. Se aborda también el tema del tráfico de obras de arte (por desgracia, más común en nuestros días y demasiado viejo) y de los saqueos de tumbas (demasiado, por desgracia, conocido), algo que acaba poniendo en peligro las vidas de Zahra y de Alexander por investigarlo y evitarlo.
Si os atrae el antiguo Egipto. Si os gustan las historias de amor llenas de ternura, pero con su punto de intensidad. Si estáis saturados de libertinos.
¡Os la recomiendo!
Eso sí. Le he encontrado una pequeña pega. Me habría gustado que hubiese indagado más en la relación entre Rania y William. Soy una apasionada de los personajes secundarios y quedé con ganas de más de Rania y de William.

PUNTUACIÓN: 9,5

martes, 21 de octubre de 2014

ARGUMENTO DE "CUANDO TODO ESTO TERMINE"

Hola a todos.
El año pasado, acabé mi novela Cuando todo esto termine. 
Es una historia que se sale mucho de la línea de lo que suelo escribir porque, más que una historia de amor, es una historia dramática. La escribí en un momento de mi vida en el que estaba muy mal. Le he hecho algunos cambios en los últimos días y espero (¡ojala sea así porque estoy muy lanzada!) dar alguna sorpresa con ella antes de Navidad (si mi ordenador me deja).
De momento, aquí os dejo con el argumento de esta historia.

Estamos en el año 1964. Nathaniel Zachary Griffith-Hart es un magnate de los negocios temido por todo el mundo. O lo era en el pasado. Se encuentra en modesto piso. Está en la ruina. Su único hijo ha muerto. Su mujer lo ha abandonado. Y padece un cáncer de pulmón que está acabando poco a poco con él. Lucinda Amy, la joven niñera de su hijo, ama a Nathan en secreto. Por eso, no duda en cuidar de él durante los días que dura su agonía. No quiere que Nathan muera solo. Ella será su compañía en los últimos días de vida del hombre.

Les he cambiado los nombres a los personajes. Pierce pasa llamarse Nathan y Belinda para a llamarse Lucy. Pero el argumento y la época en la que transcurre siguen siendo el mismo. 

miércoles, 15 de octubre de 2014

EPÍLOGO DE "EN LA ISLA" (SEGUNDA PARTE)

Hola a todos.
Lo prometido es deuda.
Hoy, toca la última parte del epílogo de mi relato En la isla. 
Veremos lo que le depara la vida a Lily.
Estoy un poco triste porque esta historia está a punto de terminarse. Me ha costado mucho terminarla y he llegado a creer que entraría a formar parte de mi larga lista de historias sin terminar.
Finalmente, hoy puedo decir que aquí tenéis el final que se merece.
¡Vamos a ver lo que le ocurre a Lily!

                                     Meredith y Gabriel fueron los primeros en casarse.
                                      A las pocas semanas, se casaron Phoebe y el Reverendo Johnson. Sir Henry y lady Honora se sintieron muy felices de volver a ver a su hija mayor. Phoebe se enteró de que su antiguo prometido, el vizconde de Kirkcaldy, se había marchado al extranjero. Por lo visto, fue sorprendido en la cama de la esposa de un parlamentario tory. El escándalo que se organizó fue mayúsculo. El parlamentario le desafió a un duelo y le disparó en el rostro, dejándole desfigurado.
                                  Con la boda de sus dos primas, Lily se quedó sola en la casa de sus tíos. El Reverendo Johnson y Phoebe regresaron a Canterbury. Meredith se fue a vivir a la casa que Gabriel había arrendado en New Grimsby.
                                   Lily iba camino de convertirse en una solterona. Pero no quería perder la esperanza. Phoebe se había casado a una edad en la que muchas mujeres se habían quedado para vestir Santos. A ella podía pasarle lo mismo.
                               Sin embargo, Lily sentía una gran envidia cuando iba a New Grimsby acompañada de su doncella a visitar a Meredith. Era evidente que su prima se sentía flotar en una nube en compañía de su marido. Y Gabriel sólo tenía ojos para ella. Lily deseaba eso para sí. Deseaba ser amada.
                              A veces, se quedaba a dormir en su casa.
                              De noche, les oía.
                              Oía el susurro de los besos que se daban. Oía cómo el uno acariciaba con los labios cada centímetro de la piel del otro.
                               Y sentía un inmenso dolor porque Lily deseaba eso para sí. Deseaba ser amada por un buen hombre. Deseaba poder amar a un buen hombre.
                               Canterbury estaba demasiado lejos de Old Grimsby, por lo que Lily no podía ir a visitar a Phoebe tanto como quería.
                                El tiempo fue pasando. Lily se sentía que se estaba haciendo vieja.
                                Que estaba perdiendo su belleza.
                                A Old Grimsby llegó la noticia. Phoebe había tenido su primer hijo, fruto de su matrimonio con el Reverendo Johnson.
                               Tanto la madre como el niño se encontraban en perfecto estado. Porque resultó que fue un niño. Le llamaron como a su padre, Philip. Los felices padres no cabían en sí de gozo.
                              Sir Henry y lady Honora fueron a Canterbury a visitar a Phoebe. No veían la hora de conocer a su nuevo nieto. Ya habían pasado dos años desde la boda de Phoebe.
                                Y Lily seguía sin casarse.
                                 Meredith, por su parte, fue madre de dos niñas, fruto de su matrimonio con Gabriel. A la mayor la llamó Mary Therese, igual que su prima Lily. Ella agradeció de corazón aquel detalle.
                                 La menor se llamó Sophie. Era un nombre que les gustaba mucho tanto a Gabriel como a ella.
                                 Lily tuvo suerte. Captó la atención de un apuesto joven. Se llamaba Dover.
                                 Se había criado en las calles de Londres, hijo de alguien, como se suele decir. Dover tenía la misma edad que Lily. Trabajaba en la construcción de edificios.
                                  Dover viajó a Old Grimsby a trabajar en la reconstrucción de una casa situada cerca de la antigua fortaleza. Vio a Lily cuando la joven salió una tarde a pasear con su doncella cerca del lugar donde estaba trabajando. Y quedó prendado de ella. Lily también le vio. Tenía las manos manchadas con cemento. Pero no le importó.
                              Dover empezó a cortejar a Lily. Se ganaba de manera honrada la vida.
                              Sir Henry ya había escarmentado tras la huida de Phoebe. No le puso impedimentos a la boda cuando Dover le pidió la mano de Lily en matrimonio.
                               Se casaron un año después de la llegada de Dover a Old Grimsby. Fue un matrimonio muy feliz.
                                Sin embargo, el deseo de ser madre de Lily no se cumplió porque Dover y ella nunca tuvieron hijos. Aún así, se volcó en el cuidado de las hijas de Meredith y de Gabriel, Mary Therese y Sophie. Lily y Dover estuvieron muy unidos.
                                  Sólo se tuvieron el uno al otro. Pero no les importó. Se habían encontrado.
                                  Y se habían amado.



                           Los tres matrimonios fueron muy felices. Nunca discutían. Y siempre solucionaban sus problemas desde el respeto y desde el diálogo.
                          Al cabo de algún tiempo, Phoebe regresó a Old Grimsby en compañía de su marido y de su hijo. El Reverendo Johnson consiguió ser trasladado como pastor a la pequeña Iglesia del pueblo. Sabía que Phoebe deseaba estar más cerca de su familia.
                          Sólo tuvieron un hijo, Philip. Pero fueron una familia muy unida. Y fueron muy felices.

FIN