miércoles, 8 de agosto de 2012

BLOGS EN OBRAS

¡Hola a todas!
Han pasado ya ocho meses desde que creé este blog. Lo hice con la intención de subir mis relatos. Nunca pensé que alguien pudiera leerlos. O que alguien hiciese algún comentario. O que alguien lo siguiera. ¡Y ya tengo 52 seguidores! ¡Muchas, muchísimas gracias a todos vosotros! Me leéis. Y también hacéis comentarios. Saber que estáis ahí es mi principal aliciente. Me anima a seguir escribiendo. A seguir subiendo mis historias. A estar al pie del cañón.
En los próximos días, se van a producir algunos cambios en el blog. Espero que se produzcan algunos cambios en el blog porque blogger y yo tenemos que entendernos antes o después. Quiero cambiarle el fondo de diseño y añadir cosas nuevas. Quiero mejorar el blog. Y espero poder hacerlo a lo largo de estos días.
No sólo haré cambio en este blog. También haré cambios en el otro blog que tengo, "Entre el cielo y la tierra". También quiero que mejorarlo. Que tenga más imágenes. Entenderme con las etiquetas. Esas cosas...
Durante los días que esté haciendo cambios en el blog, no publicaré ninguna entrada. Lo siento de corazón. Confío en que no me lleve mucho tiempo.
Volveré a publicar, espero, a partir del lunes de la semana que viene. Que es cuando ya estarán todos los cambios efectuados. Y confío que sean para bien.
A todos, gracias por seguirme. Gracias por estar ahí. Gracias por leer mis entradas y mis historias, aunque me equivoque en éstas. Gracias por comentar.
Un abrazo a todos.

martes, 7 de agosto de 2012

CRUEL DESTINO

              Una nube negra tapó el Sol.
              Katherine estuvo hablando durante mucho rato.
              Estaba a solas con sus hermanas. Se sentía capaz de contarles cualquier cosa.
              Sus hermanas la escucharon en silencio. Percibieron la angustia en la voz de Katherine. Las dudas que la rondaban. No se arrepentía de haberse entregado a Stephen. Pero sí tenía miedo por las consecuencias que podía tener aquella entrega.
-Stephen piensa que me he quedado embarazada-afirmó Katherine-Y no quiere que nuestro hijo, de existir, nazca fuera del matrimonio. Quiere que nos casemos. Y padre y madre se oponen a nuestra boda. Ya lo sabéis.
               Intentó mostrarse serena. Pero la angustia que reflejaba el tono de su voz la delataba.
               Katherine trazó con el dedo un dibujo en la arena.
               No había nadie allí. Estaba sola con sus hermanas. Katherine sintió una punzada de dolor dentro de su pecho. ¿Y si era la última vez que compartía confidencias con Sarah y con Mary?
-Stephen me ha propuesto que huya con él-prosiguió Katherine-No sé qué hacer.
               Se hizo el silencio.
             Sentada en la arena, Katherine contemplaba la playa. Sus ojos estaban llenos de lágrimas. ¿Y si era la última vez que veía el mar? Se encontraba sentada en medio de Mary y Sarah. Las tres guardaban silencio. A lo lejos, había una pareja que paseaba. Delante de ellos, iba corriendo una niña. El mar parecía estar susurrándole algo a las hermanas Wynthrop. Son sólo olas, pensó Katherine. Les toca a ellas hablar después de lo que les he contado. Lejos de casa, Katherine tuvo el valor de sincerarse con María y con Sarah. De hablarles de sus dudas. De sus miedos...De contarles lo que le había propuesto Stephen.
              Huir juntos.
-¿Qué me decís?-les preguntó Katherine a sus hermanas-Os habéis quedado calladas.
-No se trata de una decisión que Mary o yo debamos de tomar-respondió Sarah-Esa decisión la tienes que tomar tú. Padre se opondrá a tu boda con mister Winter.
-Pero él tiene razón en una cosa, Sarah-matizó Mary-Y es que Catalina podría estar esperando un hijo suyo. El escándalo sería terrible. Un hijo fuera del matrimonio...Tienen que casarse. ¡Deben casarse! Aunque padre se oponga y madre se desmaye al saberlo.
             Katherine cerró los ojos. Pensó que sus hermanas tenían razón. Le tocaba a ella tomar una decisión. ¿Por qué le costaba tanto trabajo ahora decidir? Se trataba de ser feliz al lado del hombre que amaba. Antes, habría luchado contra viento y marea con tal de estar al lado de Stephen. No debía de ser una cobarde. No cuando estaba en juego su felicidad. No cuando estaba en juego su futuro. Y, además, podía estar embarazada.
             ¿Qué más necesitaba para decidirse?



-Cathy, ¿de verdad estás enamorada de mister Winter?-le preguntó Mary-Sé que estuviste enferma por mi culpa, por irme de la lengua con nuestros padres. Pero quiero pensar que estás enamorada de verdad de él. Y que no estás enamorada de un ideal. De lo que crees que debería ser amor.
-¡Amo a Stephen con toda mi alma!-respondió Katherine con vehemencia-¡Daría mi vida por él! No es que yo esté enamorada del amor o de un ideal. Se trata de que amo a un hombre de carne y hueso.
-Entonces, tú misma has tomado una decisión-observó Sarah.
           ¡Y era verdad, maldita sea!, pensó Katherine. En el amor, había que arriesgarlo todo. Sólo así se conseguía ser feliz. Y ella tenía que arriesgar si quería ser feliz al lado de Stephen. Tenía mucho a su favor. Y tenía un buen motivo para dar un paso adelante. Miró a Sarah. Miró a Mary. Y se le rompió el corazón al imaginar lo mucho que las echaría de menos. Estaba siendo egoísta. Pero tenía que serlo por su bien, por el bien de Stephen y por el bien del posible bebé que estaba creciendo en su interior.
-Os quiero muchísimo-afirmó Katherine.
            Mary y Sarah la abrazaron.
-¿Cuándo se lo dirás a Stephen?-quiso saber Sarah.
-Esta noche vendrá a verme al jardín-contestó Katherine-Entonces, le diré que he tomado una decisión. Y que me iré con él adonde sea.
-Sabes que cuentas con nosotras para lo que sea-le prometió Mary-Te queremos muchísimo, Cathy.
            Se separaron y las tres tenían las mejillas bañadas por las lágrimas. La separación era ya una certeza. Una certeza muy cruel...

lunes, 6 de agosto de 2012

CRUEL DESTINO

            ¿Qué era lo que le había atraído de Sarah? Darko no se reconocía.
            Jamás pensó en enamorarse. Y, desde luego, nunca pensó en enamorarse de una solterona. Pero Sarah no se parecía a las solteronas que Darko había conocido.
            Su carácter era agradable. Tenía las cosas muy claras. Y tenía mucha confianza en él. Darko sabía que eso sería nocivo para ella. Debía de hacer lo imposible por alejarse de Sarah. No quería hacerle daño. Y se había enamorado de ella. Eso la destruiría.
              Sarah tiene mucho carácter, pensó Darko. Y se había enamorado precisamente de él. Encerrado en la habitación de la posada, se paseaba de un lado a otro. Intentaba tomar una decisión con respecto a su vida. Pero no era capaz de llegar a ninguna parte. El problema era que no tenía agallas. Así de simple.
              Sarah tenía la lengua afilada. Podía adivinarlo en su manera de hablar. En cómo lo miraba directamente a los ojos. Era tan bella como inteligente.
              Otro hombre estaría agradecido. Sarah lo había escogido para ser su compañero en la vida. Y él estaba destrozado porque no la merecía.
             Sarah era la mujer más maravillosa que jamás había conocido. Con ella, Darko podría empezar de cero. Vendería la casa de juegos y el burdel. Donaría el dinero que le diesen por la venta a algún orfanato.
Buscaría un trabajo honrado. Empezaría trabajando de aprendiz en cualquier sitio. Sabía de cuentas. Podía trabajar como contable. Él y Sarah se marcharían lejos. Conseguiría un trabajo como contable.
             A Sarah nunca le faltaría nada. Viviría como una Reina.
             Podía hacerla feliz, pensó Darko. Se asomó a la ventana de la habitación. Fuera, hacía Sol. ¿Es acaso un presagio?, se preguntó. ¿Tengo alguna oportunidad? ¿Y si Dios le estaba dando una oportunidad? Podía aprovecharla. Sonrió para sus adentros.
           Sarah lo hacía reír. Sarah lo apoyaría siempre. Nunca lo abandonaría. Ella no era como los demás. Aquéllos... Había confiado en demasiada gente en el pasado. Y todos le habían abandonado. Sarah estaría siempre a su lado. Vivirían en una casita en el campo. Tendrían diez hijos. Y todos crecerían en un hogar cargado de amor.



            Katherine pasó el día siguiente muy inquieta. No había sido capaz de darle una respuesta a Stephen.
           No se atrevía a huir con él. Tenía miedo de la reacción de sus padres. Y también tenía miedo de separarse de sus hermanas. Se preguntaba si debía de contárselo. Pero recordaba que fue María la que la había delatado. ¿Podía confiar en ella? ¿La ayudaría?
           Se había despedido de Stephen en el jardín con un beso de amor.
-Dame tiempo-le rogó.
-No tenemos mucho tiempo-le recordó Stephen.
-Tengo que pensarlo. Trata de entenderme.
-Te entiendo, Cathy.



           Ella no sabía qué hacer. Podía estar esperando un hijo de Stephen. Le ilusionaba la idea de traer al mundo al hijo del hombre que amaba. Pero también le asustaba el escándalo.
            Era una cobarde. No se atrevía a dar un paso adelante.
           Pasó por delante de la habitación de Mary y vio cómo Erika recogía el cabello pelirrojo de la joven en un moño.
            Mary se percató de la presencia de Katherine. Tuvo la sensación de que le pasaba algo porque la veía seria. Se preguntó si habría discutido con Stephen. Erika terminó de hacerle el moño. Mary cruzó su mirada con la mirada de su hermana menor.
-¿Querías algo, Cathy?-le preguntó.
             La aludida negó con la cabeza. ¡No podía contarle nada delante de Erika! ¡Seguro que no tardaba en ir con el cuento a sus padres!
-¿Has visto a Sarah?-inquirió.
-Creo que está en el salón-contestó Mary-¿Por qué lo preguntas?
-Por nada...Es que...He pensado que podríamos salir esta tarde las tres. Iríamos a pasear a orillas de la playa.
-Es una buena idea.
            Katherine decidió que sus hermanas debían de saberlo. Pero no iba a hablar delante de Erika.
           Bajó la escalera. La playa le parecía un buen lugar. Sus hermanas la ayudarían. Estaba segura de ello.
          Sarah estaba liando un ovillo de lana como podía.
-¿Me ayudas?-le preguntó a Katherine cuando ésta entró en el salón-Odio hacer labores. Bordar. Tejer. No está hecho para mí. A ti te gustan. Pero yo lo aborrezco.
           Katherine se sentó al lado de Sarah en el sofá. Cogió el ovillo de lana. Lo fue liando. Mientras, Sarah sujetaba la lana con las muñecas.
-Te pasa algo-observó Sarah.
           Katherine negó con la cabeza. Estaban solas en el salón. Su padre estaba encerrado en su despacho. Y su madre estaba en la cocina hablando con la cocinera sobre lo que iban a comer al mediodía. Podía hablar con total tranquilidad. Pero alguien podría oírla.

domingo, 5 de agosto de 2012

CRUEL DESTINO

             Toda su vida había sido la miseria.
             Desde que recordaba, no había tenido una familia.
             De niño, había fantaseado con la idea de ser el hijo perdido de un aristócrata.
            Los años en la calle le convencieron de la inutilidad de aquel sueño. Posiblemente, él era el hijo de alguna furcia.
             Hijo de padre desconocido...Su madre no quiso tenerlo consigo. No pudo abortarlo. Lo parió. Y lo desechó.
             De hecho, le habían encontrado entre montones de basura.
             Nadie lo había reclamado. Ningún ricachón había querido acogerlo en su casa en calidad de protegido.
             Darko había cometido toda clase de atrocidades. Se justificaba así mismo diciéndose que lo había hecho para sobrevivir.
              Había ganado una gran fortuna. Pero seguía siendo un mendigo. Las mujeres ricas lo buscaban para acostarse con él. Pero no podía casarse con ninguna de ellas.
              Sarah sí quería casarse con él. Sarah no era ninguna ramera de alta sociedad.
              Era una joven casta y decente. La hacía imponerse. Le hacía respetarla. Y Darko Raven jamás había respetado a una mujer. Pero Sarah era distinta. Era diferente. No sabía el porqué le hacía sentir aquello.
             El recuerdo de la joven le atormentaba. No sabía qué hacer.



               Darko pasó la noche en la posada de Holyhead.
              Pero pasó la noche sentado en el camastro. Reflexionaba acerca de lo que debía de hacer.
              La familia de Sarah era bastante rica. Habían obtenido su fortuna de manera honrada.
              En cambio, todo el dinero que tenía Darko lo había sacado de la peor de las maneras. Había traficado hasta con opio. Había chantajeado, secuestrado, robado e, incluso, asesinado. Y todo por querer destacar por encima de aquellos petimetres que lo habían mirado con desprecio cuando sólo era un chiquillo que malvivía en las calles. ¿Había valido la pena?
               Había seducido a damas de alta cuna. Y, luego, las había chantajeado con revelar sus escarceos. Se sintió enfermo de sólo pensarlo.
           ¡Y él era el hombre que mejor le convenía a Sarah! Sarah...
            Tenía el alma y el corazón corrompidos. No era digno de Sara. Un hombre que poseía una casa de juegos no era digno de un ser tan puro y tan noble como lo era Sarah. Quería cambiar y quería ser mejor persona. Vendería la casa de juegos y también vendería su burdel. Alguien se los compraría y él podría empezar de cero con el dinero que le darían por la venta. ¿En serio estaba pensando en empezar de cero?
            Sarah era un ángel. Había llegado a su vida cuando menos se lo esperaba y se había hecho poco a poco un hueco en su corazón.
             No era digno de ella. No se atrevía a luchar por ella. Se sentía débil cada vez que Sarah lo besaba.                Y se sentía incapaz de empezar de cero.
               Ni siquiera sabía la edad real que tenía. Había aparecido en medio de la calle como si tal cosa.
               Sarah no debía de acercarse a él porque corría el riesgo de ser corrompida. Destrozaría todo lo bueno que había en ella. Había cometido las peores perversiones. ¿Cómo podía mirarla a los ojos?
            Olía a alcohol. Olía a mujerzuela. Olía a opio, incluso. ¡Y creía que podría hacer feliz a Sarah!           Acabaría destrozándola de todas las maneras posibles. Y ella no se lo merecía. Merecía otra clase de hombre. Merecía ser feliz.

             Katherine bajó en silencio la escalera. El ruido de las piedrecitas golpeando el cristal de la ventana de su habitación la había despertado. Se puso las zapatillas y cubrió sus hombros con un chal.
             Stephen la estaba esperando en el jardín. Había pasado casi una semana desde la noche en la que hizo suya a Katherine. Aunque sabía que había hecho mal, sabía que tenía que hacer lo correcto. Él y Katherine debían de huir. Debían de casarse en secreto en algún sitio.
             Al verle en el jardín, Catalina fue corriendo hasta él y lo besó con pasión.
              ¡Qué más daba si sus padres los veían juntos! Se pertenecían mutuamente. ¡Toda Gran Bretaña debía de saberlo!
             Stephen empezó a hablar. Le pidió perdón a Katherine por lo que le había hecho.
-Fui un bruto-se lamentó-Lo siento de corazón, Cathy. Yo...Nunca debí...
-¿Te arrepientes de haberme hecho tuya?-se inquietó la joven.
             Stephen negó con la cabeza. Jamás se arrepentiría de lo ocurrido aquella maravillosa noche. Pero sabía que había obrado mal. Y quería compensar a Katherine. Quería hacer lo correcto con ella. Y lo correcto era casarse lo antes posible. Ella podía estar gestando en aquellos momentos un hijo suyo. Lo último que quería era exponerla al mayor de los escándalos.
            Katherine se quedó atónita cuando Stephen habló de una huida.
-¡No puedes estar hablando en serio!-se escandalizó.
-Nunca antes he hablado más en serio que ahora, Cathy-le aseguró Stephen.
-Mis padres renegarán de mí si hago eso. ¡Es una locura!
-Cathy, mi amor, reflexiona un poco. ¿Te has parado a pensar en las consecuencias de nuestros actos? Podrías estar llevando ahora mismo un hijo mío en tus entrañas.
          Stephen colocó la mano sobre el vientre de Katherine. La joven sintió cómo el corazón le daba un vuelco. ¿En serio podía estar esperando un hijo de Stephen? Era como un sueño hecho realidad. Él le dio un beso en la frente.
-¿Crees que podría estar embarazada?-se maravilló Katherine.
            Stephen asintió.
-Sé que tus padres nunca aceptarán que estemos juntos-admitió con un suspiro.
-Hablaré con ellos-insistió Katherine.
-Es inútil y los dos lo sabemos.
-Hablas de que huyamos juntos.
-Huiremos a Gretna Green y nos casaremos allí mismo, Cathy.
              La joven no sabía qué pensar. Nunca antes había imaginado su boda. Siempre pensó que se quedaría soltera. Ahora, había encontrado el amor. Y debía de ocultarse como una vulgar delincuente. Pero sabía que era lo mejor.
-Cada vez que leía un libro o que escribía en mi diario, veía tu nombre-prosiguió Stephen-Me enamoré de ti mientras te daba clases de piano. Tenía la sensación de que estaba sentado al lado de Mozart mientras te escuchaba.
            Stephen podía ver los delicados dedos de Katherine en el piano. Mientras, ella interpretaba una de las Sonatas de Mozart. Stephen la escuchaba con embeleso. Catalina se entregaba con auténtica devoción al piano. No había nacido para permanecer encerrada en su casa como una muerta en vida. No...Katherine había nacido para deslumbrar al mundo con su don. Él la ayudaría.
            Lo supo desde la primera vez que la oyó tocar una pieza al piano.
            Quedó prendado de su talento.
            Katherine sentía la música como la sentía él. Por ese motivo, abandonó su hogar. Sus padres no lo entendían. No le había contado a Katherine la otra parte de su vida. Él era un barón.
           Era el primogénito de los barones de Owain. Un barón no debería de estar tan pendiente del piano. Un barón no debe de ganarse la vida por sí mismo. Stephen casi podía oír al pesado de su preceptor.
            Pero él se estaba ganando la vida gracias a su pasión. La Música...Y había encontrado a Katherine. Al amor de su vida...Ya no podía regresar a casa. Su padre, a lo mejor, ya le había repudiado. No importaba. Él y Katherine saldrían adelante.



-Estás exagerando-sonrió la joven.
-Te seguía con la mirada cuando te veía salir del establo de tu casa para dar un paseo a caballo-se sinceró Stephen-Ibas con una de tus hermanas o con las dos. Y no me atrevía a seguirte. Me conformaba muchas veces con escuchar el sonido de tu voz mientras me hablabas. El mundo tiene que conocerte, Cathy, y yo quiero ayudarte. Cásate conmigo. Huye conmigo y deja que te haga feliz.
-Es una locura. No sé si estás hablando en serio. O si sólo quieres cumplirme después de lo que pasó.
             ¿Aún no quieres escuchar a mi corazón?, se preguntó Stephen dolido.
              Cogió entre sus manos el rostro de Katherine. La besó con auténtica pasión. Ella estaba dispuesta a ir hasta el fin del mundo con él. Pero tenía miedo. Miedo de la reacción de sus padres...Miedo del qué dirán. Cerró los ojos. Stephen llenó de besos su rostro. Y ella tuvo la certeza de que no podría vivir sin él.

viernes, 3 de agosto de 2012

CRUEL DESTINO

                Creyó que se trataba de una broma. No podía ser cierto. O era una broma. O estaba soñando.
                Todo el mundo la estaba mirando. Mary supo que no se trataba de ninguna broma. De pronto, su familia se dio cuenta de que algo le pasaba.
               Creyó que se iba a desmayar. Por lo menos, estaba sentada.
               No está pasando nada, pensó Mary.
               El conde había ido a ver a su padre. Había pedido su mano en matrimonio. Mister Wynthrop había accedido. Mary iba a convertirse en la próxima condesa de Maredudd.
-¿No querías ser condesa?-le preguntó Sarah-¿No querías ser lady Maredudd?
              Mary no sabía nada. Todo le daba vueltas. Creyó que estaba soñando. Pronto, pasaría a la otra fase del sueño. Al ser que colgaba de entre sus piernas y que salía de su interior que yacía tirado en el suelo. En medio de un charco de sangre...Y el jardín...Volvería a aquel jardín.
           El salón empezó a dar vueltas. Al menos, ésa fue la sensación que tuvo Mary. Permaneció sentada en el sofá mientras, a su alrededor, todo el mundo hablaba. Pero ella no podía escuchar nada de lo que le estaban diciendo. Erika entró en el salón.
-¡Trae las sales!-ordenó mistress Wynthrop.
            Mary se encontraba en estado de shock. Erika regresó al cabo de unos minutos con un frasquito de sales. Sarah la destapó. Se lo pasó a Mary por las narices.
-Inhala despacio-la instó.
              Katherine no paraba de dar saltos de alegría por el salón. Estaba loca de alegría.



-¡Es una maravillosa noticia, Mary!-exclamó.
              Hablaba del vestido de novia de su hermana. Había que empezar a confeccionarlo. Debía de tener el vestido de novia más bonito del mundo, aseguró Katherine.
-¡Iremos a Llangefni!-le dijo a su hermana-¡Te harán el vestido de novia allí! La amiga de Sarah nos dirá qué modista puede hacerlo. ¡Vas a estar bellísima, Mary!
               Se iba a casar, pensó Mary. Iba a casarse con el conde. A su alrededor, todo el mundo estaba haciendo planes. No le preguntaron nada a ella. Creía que estaba en estado catatónico por la emoción. La boda se celebraría lo antes posible porque lord Robert no veía el momento de hacerla su esposa. Sería la nueva condesa de Maredudd.
-¡Vas a ser una excelente condesa!-le aseguró mister Wynthrop-Estoy muy orgulloso de ti, hija mía.
              ¡Qué no me bese!, pensó Mary mirando a Robert. No soy digna de él. No soy digna de nadie.
-Querida mía...-dijo Robert-¿No está contenta?
-Sí...-alcanzó a mentir Mary.
-¡Hermanita!-canturreó Sarah-¡Mi adorada hermanita!
             Katherine y Sarah abrazaron con cariño a Mary. La joven notó cómo sus ojos se humedecían. Su madre le acarició el cabello. Estaba visiblemente emocionada.
-¿Por qué estás llorando, hija mía?-le preguntó-¡Si es ahora cuando más contenta deberías de estar! ¡Vas a casarte con un hombre muy rico y poderoso!
             Mister Wynthrop abrazó a Mary lleno de orgullo. Su hija mayor aún podía darle un par de nietos fuertes y sanos. Y uno de esos nietos sería algún día el conde de Maredudd. Un título muy respetado en la comarca... María sería una excelente condesa. Era recatada y virtuosa. La clase de mujer que lord Robert estaba buscando.
-No llores, tonta-la exhortó Sarah-¿Qué va a pensar el conde de ti? ¡Pensará que eres una cría! Tú no eres una cría.
-Sarah tiene razón, Mary-corroboró Katherine.
-Es la emoción-afirmó Mary-No me lo esperaba.
-Ni una sola lágrima debe de bañar un rostro tan hermoso-intervino Robert.
               Mary se puso de pie. Prácticamente, sus hermanas la llevaron ante Robert. Éste la besó suavemente en los labios.
              Con aquel beso, Mary se puso rígida.
               Katherine y Sarah estaban entusiasmadas y no lo disimulaban. Katherine besó a Robert en las mejillas. Y también Sarah besó a Robert en las mejillas. Pero el hombre, al sentir los labios de su futura cuñada en sus mejillas, se puso tenso. Va a ser tu cuñada, le susurró una voz que procedía de su interior. No deberías de pensar así de ella. Céntrate en Mary. Va a ser tu esposa.
              Mary, en cambio, se dejó caer en una silla. Su rostro estaba vacío de expresión. Pero nadie pareció darse cuenta de ello.

jueves, 2 de agosto de 2012

CRUEL DESTINO

           Mary y su madre regresaron a casa a las siete de la tarde. En aquel momento, bajaron la escalera Katherine y Sarah. Las cuatro entraron juntas en el salón. Vieron a mister Wynthrop hablando tranquilamente con lord Robert Caernafon. Por supuesto, todas dieron por sentado que había ido a ver a Mary. Pero, al no encontrarla en casa, se había puesto a hablar con su padre.
             Un presentimiento pasó por la mente de Mary. Es absurdo, trató de convencerse así misma.
              Ella y su madre habían regresado en un coche de alquiler.
              Mistress Wynthrop no paraba de hablar. Estaba realmente emocionada.
-Creo que lord Robert va a pedir tu mano en breve-le auguró a su hija.
-Aún es un poco pronto para que pase eso, madre-replicó Mary.
-¿Y por qué crees que es pronto?
-Apenas estamos empezando a conocernos.
-Te veía más ilusionada antes, querida.
               Antes...
                Mary había creído que se trataba de un simple coqueteo. Se había sentido halagada al pensar que había atraído la atención de todo un caballero. Pero ya no se trataba de un simple coqueteo. Lord Robert estaba empezando a cortejarla. Y Mary estaba muerta de miedo. Sabía adónde podía llegar aquel cortejo. Una boda...La noche de bodas...
                Mary se dio cuenta de que estaba temblando.
-¿Te encuentras bien, cariño?-inquirió mistress Wynthrop.
                Mary asintió.
                Sus padres no sabían nada. Y tampoco sabía nada lord Robert.
                Alto...Elegante...Un perfecto aristócrata, pensó Mary que no se atrevía a acercarse a él. Casi se parapetó detrás de sus hermanas. Mistress Wynthrop le cogió el brazo; había visto algo en los ojos de su hija mayor que le hacía pensar que lo que quería era salir corriendo.
-Miss Mary...-la saludó lord Robert-¡Qué enorme gusto me da verla!
              Hizo una cortés reverencia. Mary correspondió con una ligera inclinación de cabeza. Lord Robert le cogió la mano y se la llevó a los labios. Era todo un caballero. La joven se sintió peor. ¿Cómo había podido pensar que se iba a casar con él? ¡Era absurdo! Su respiración se hizo agitada. Su padre estaba allí. Igual que Robert...Había ido a verla.
             Deseó salir corriendo. Pero decidió quedarse allí. Estaba muy rígida. Lord Robert percibió su nerviosismo. ¿Sospecharía algo?, se preguntó. Intuía que no sabía nada. De pronto, su futura esposa se había puesto muy pálida. Tenía la impresión de que iba a salir corriendo de un momento a otro. ¿Le ocurriría algo?
-Lo mismo digo, señor conde-corroboró Mary.
-¿Cómo está, señor conde?-preguntó Sarah.
               Robert no se atrevía a mirar a su interlocutora.
-Bíen...-respondió-Gracias por preguntar...
                Sarah examinó a Robert con disimulo. Era el polo opuesto a Darko. Con aquellos pantalones de color gris, con su chaqueta negra de cuello bajo y su cabello liso, era la viva imagen de la elegancia. El pelo de Robert era claro. Sarah estaba ya angustiada. ¿Por qué Darko no había acudido todavía a verla? Llevaba mucho tiempo esperándole.
           Todos decidieron sentarse. El matrimonio Wynthrop se sentaron en el sofá; Robert y Mary se sentaron uno en cada sillón. Mientras, Katherine y Sarah se decantaron por sentarse en una silla. Se respiraba cierta calma tensa en el ambiente. Sarah lo advirtió en las miradas nerviosas que lanzaba Mary sin dirección.
             Durante algunos instantes, estuvieron hablando de temas livianos mientras Robert se preguntaba por enésima vez si había hecho lo correcto. Iba a casarse con Mary.
              Una y otra vez, sus ojos se posaron en Sarah.
               No vuelvas a cometer el mismo error, se dijo.
                Su corazón no resistiría otro mazazo.
                Ya le había asestado una puñalada terrible. Había perdido a la mujer que más había amado. No podía soportar otra pérdida. Se esforzaría en hacer feliz a Mary. Sería una buena esposa. Y él la querría mucho.
                Ella era la compañera ideal para él. Lo supo cuando la vio por primera vez. No intentaría amoldarla a su conveniencia. Era perfecta tal y como era.
-¿Se han divertido mucho, mistress Wynthrop?-le preguntó a la que iba a ser su futura suegra.
            Se sintió ridículo.
            La mujer se abanicó con ímpetu.



-Hemos salido a comprar zapatos-respondió-Mary necesita zapatos nuevos. No quiere que usted se burle de ella. ¡Es tan tímida!
             Mary parecía estar a punto de salir corriendo.
-Madre, por favor-le pidió con voz ahogada-No siga. No creo que al señor conde le interese saber si me he comprado o no me he comprado zapatos nuevos. Salir de compras nunca es divertido.
-Bien, miss Wynthrop-atacó Robert-He venido esta tarde a hablar con su padre. Se trata de un asunto muy serio y usted tiene mucho que ver. Pero es mejor que su padre se lo cuente.
-¿Qué es lo que pasa?-se angustió Mary.
             Katherine y Sarah intercambiaron miradas ansiosas.
-Hija, sabes ya quién es el señor conde-dijo su padre.
-Lo conocemos, padre-atajó Mary-Y lo conocemos bastante bien.
-Sé que te agrada.
             Mary empezó a retorcer con nerviosismo su pañuelo. Catalina y Sarah contuvieron el aliento. Tenían la certeza de lo que iba a venir a continuación. Mientras, Robert miraba de manera alternativa a la nerviosa María y a Sara. El gran momento había llegado y se preguntaba si María accedería a casarse con él. La tímida Mary...
-Siento un gran cariño hacia usted, miss Wynthrop-admitió Robert-Usted y yo podríamos ser muy felices juntos. Si me da una oportunidad. Quiero que sea mi esposa. ¿Será mi esposa, Mary? ¿Dejará que la haga feliz?
              Mary palideció de pronto. Roberto buscó fuerza para no seguir hablando mirando a Sarah. No lo consiguió. Los ojos hermosos de la joven brillaban de intensidad. Llevaba recogido su cabello negro en tirabuzones y algunos rizos se le iban a la frente. Sarah lanzó un gritito. Se puso de pie y se abalanzó sobre su hermana. La abrazó.
-¡Déjala respirar, Sarah!-le ordenó su madre-¡Por el amor de Dios! La vas a ahogar. No la abraces tan fuerte. Mary...Querida...¿Qué te ocurre?
-¡Mary!-gritó Sarah-¿Entiendes lo que quiere decirte el señor conde? ¡Quiere casarse contigo!
             Mistress Wynthrop separó a Sarah de Mary y los ojos de ésta última se cruzaron nerviosos con los ojos ansiosos de Robert.
              Las palabras de Sarah penetraron en el atormentado cerebro de Mary. Su sueño y su peor pesadilla se habían unido. Y se estaban haciendo realidad. Lord Robert Caernafon quería convertirla en su esposa.

              Un carruaje de color oscuro se detuvo a la entrada de Truro. Darko Raven descendió del carruaje.
               Los días que había pasado lejos de Sarah no le habían servido de nada. Pensaba una y otra vez en ella.



                Aquella joven se le había metido en la sangre. Lo que empezaba a sentir por ella no tenía nada que ver con el deseo carnal. Se había visto incapaz de satisfacer a una adinerada dama londinense, esposa de un Par del Reino. Se había mostrado más que dispuesta a compartir cama con aquel hombre de reputación peligrosa.
           Pero no pudo hacer nada con ella. El recuerdo de Sarah le impidió seguir adelante con aquéllo. Aquella mujer no tenía el cabello negro. Sus ojos no eran como los ojos de Sarah. No quería tocarla. No quería estrecharla entre sus brazos. Soñaba con Sarah. Con besar a Sarah. Con acariciar a Sarah.
            Emborracharse hasta perder el sentido tampoco le había servido. Porque acababa soñando con Sarah. El opio tampoco le había servido. Su paso por el fumadero había sido inútil. El dueño lo echó a patadas de allí.
              Quería cambiar por Sarah y ser otra persona. Quería ser un hombre bueno y honrado.
               Pero había cometido demasiadas perversiones a lo largo de su vida. Empezó a caminar en dirección a la casa que los Wynthrop tenían en Holyhead. No era digno de Sarah. Sus hijos, de tenerlos, acabarían sabiendo la verdad. Y renegarían de él.
             Era un maldito egoísta.
             Se sentía incapaz de renunciar a Sarah.

miércoles, 1 de agosto de 2012

ENTREVISTA DE RAE...¡Y PREMIO!

¡Estoy que lo flipo! Ayer fue un día lleno de sorpresas agradables.
Una buena amiga del blog, Rae, me dijo que quería hacerme una entrevista. Y accedí a ello. Me envió las respuestas por e-mail. Las respondí a todas y me sentí muy cómoda contestando a ellas. Fue como una manera de abrir mi corazón a alguien. Estoy muy contenta con la entrevista. Así me conoceréis un poco mejor.
El link de la entrevista es éste para que os podáis pasar y leer:
http://raecj.blogspot.com.es/2012/07/entrevista-lilian-premio-gracias-y.html

Pero esta entrevista no ha venido sola. Porque ha venido acompañada por un premio. Y es éste:



¡Es precioso! Y este premio viene acompañado por una serie de preguntas:

1-Blog favorito.
-Me resulta difícil responder a esa pregunta. He estado en muchos blogs. Y siempre vuelvo a ellos. Todos tienen algo interesante que contar y me apetece leer lo que dicen. Y también me gusta hacer algún comentario en ellos. No he encontrado todavía un blog que no me haya gustado. Al contrario. ¡Me gustan todos!
2-Actor favorito.
-La verdad es que no tengo ningún actor favorito. Creo que todos tienen mucho talento y que poseen su propio encanto.
3-Género que prefieres para escribir.
-El género romántico histórico. Me encanta escribir historias que transcurren en otras épocas. Me habría gustado poder viajar en el tiempo para ver cómo se vivía en otras épocas. Y me habría gustado poder haber estado, aunque sólo fuera durante unas horas, durante el Romanticismo. Es una época repleta de pasión y de fuerza. Las mejores novelas y las mejores poesías que he leído son de ese período.
4-Nombre que le pondrías a tu mascota si ésta fuera un abejonejo.
-¡Uf! No sé si tendría un abejonejo de mascota porque tendría su parte abeja y las abejas pican como condenadas cuando quieren. Pero a lo mejor a mí no me haría nada si la dejo pasear tranquilamente por el patio y por la terraza y si le doy de comer todas las zanahorias y el polen que quiera. Si yo tuviera una abejonejo de mascota lo llamaría Manny. Pero no por Manny Manitas, sino que sería una fusión de dos personajes favoritos de mi niñez. La abeja Maya y Bugs Bunny.
 5-Libro favorito.
-"Olivia y Jai". ¡Adoro esa historia! Por cierto, aunque su adaptación a la televisión ha sido criticada, a mí, personalmente, me gustó muchísimo. Es mucho más optimista que la novela y no te deja un sabor amargo como el que te dejaba la novela al final.
6-El chico de tus sueños.
-Aún no ha aparecido.
7-¿Color de ojos?
-Marrones oscuros, como mi abuela.
8-Blog novela o novela de blogs.
-Creo que me quedaría con las dos cosas. Pero un blog es mejor. Es una forma que tienes tú mismo de darte a conocer y, además, es gratis. En estos tiempos de crisis hay que ahorrar. He leído blogs novelas en los que he vibrado con cada frase. Me quedaba con las ganas de seguir cuando acababa el capítulo.
9-Cantante predilecto.
-Me gusta toda clase de música. Desde Abba y los Bee Gees hasta Lady Gaga y Katy Perry, pasando por la música de los 80.
10-Si fueras una medusa, ¿dónde vivirías?
-Lo más lejos posible de la gente para no hacerles daño. Todos los días en los Informativos se habla de casos de gente a las que les ha picado alguna medusa. Si fuera una de ellas, viviría en mar abierto, donde no se bañe nadie. Donde no tendría que picarle a nadie para que nadie pueda sufrir por mi culpa.
11-Tipo de música que música que no puedes dejar de escuchar.
-¡Toda! Sobre todo, si es bailable. Levanta mucho el ánimo. ¡Mejor que cualquier antidepresivo!
Siguiendo la costumbre, me toca darle este premio a cinco bloggers. Y eso es más difícil. Para mí, todas sois ganadoras.
Y le doy este premio a:
Amaya Evans.
Nadia López.
Maga de Lioncourt.
Amy Parthenopeaus.
D. C. López.

¡Muchas gracias por todo!