Tracy salió de su habitación y se dirigió al salón.
Vio a un joven sentado en el sofá. Estaba hablando con Abby. La joven, al darse cuenta de que no estaban solos, le hizo señas a su hermana para que se acercara.
Freddie se puso de pie.
-Ha venido a vernos Freddie-le dijo a Tracy.
-Freddie...-susurró la joven.
El muchacho tragó saliva. Se ponía nervioso delante de aquella joven. Tracy se acercó a él con timidez.
-Hola, Tracy-la saludó.
-Freddie quiere hablar un poco contigo-le contó Abby a su hermana.
-¿Hablar?-se asombró Tracy.
Los tres tomaron asiento en el sofá.
Freddie admiró el hermoso rostro de Tracy. La joven tenía la mirada perdida en el vacío. Apuesto a que ni siquiera se ha dado cuenta de que estoy aquí, pensó. Debe de creer que soy un fantasma.
-Tracy, me gustaría venir a verte con más frecuencia-atacó Freddie-Necesitas mucha ayuda si quieres ponerte buena.
La joven no le miró. Parecía ajena a todo lo que la rodeaba. Abby se sorprendió así misma retorciendo sus dedos.
Ella y Tracy eran parecidas a Olivia. Las tres tenían un genio terrible. Sin embargo, Abby creía que eran exageraciones. Pero, en los últimos tiempos, se preguntaba si acabaría como Tracy. Y la idea la asustaba.
-¿Me vas a ayudar?-le preguntó Tracy a Freddie-Yo no quiero estar así. Yo quiero salir a la calle. No me dejan salir a la calle. Me tienen encerrada en la habitación. ¡No quiero estar encerrada!
-Voy a rezar mucho por ti-le aseguró Freddie-Y vendré a verte todos los días. Si puedo. Y, si quieres, saldremos tú y yo a la calle. Daremos un paseo.
-¿De verdad?
-De verdad.
Una sonrisa temblorosa apareció en el rostro demacrado de Tracy. La joven abrazó con fuerza a Freddie.
Abby cerró los ojos para no ver la escena. Su hermana había perdido el juicio. Pero ella misma lo negaba. Freddie era su última esperanza. Confiaba en él para poder ayudar a Tracy. Si Freddie no conseguía nada...El destino de Tracy podía ser trágico. Abby estaba segura de ello.
Cuando se separaron, se cogieron de las manos. Tracy se aferró con fuerza a las manos de Freddie. Se las besó con devoción.
Un escalofrío recorrió la columna vertebral del muchacho.
-¡Ven a verme todos los días!-le pidió Tracy.
Su voz sonaba más alegre que de costumbre. Abby lo interpretó como una buena señal. Era la confirmación de que, a lo mejor, Freddie podía ayudar a su hermana a curarse del extraño mal que padecía.
Un blog sobre la novela romántica histórica. Escritores románticos, personajes conocidos, historias apasionadas...¡Un mundo lleno de romanticismo! Viaja en el tiempo hasta una época inolvidable.
lunes, 6 de febrero de 2012
domingo, 5 de febrero de 2012
sábado, 4 de febrero de 2012
CON EL CORAZÓN ROTO 43
Olivia le dio un mordisco a su emparedado de lechuga y tomate. Luego, bebió un trago de su botella de whisky.
-Se está poniendo caliente-se quejó-¡Qué asco!
-¡No te quejes tanto!-se rió Kimberly. Las dos estaban merendando en el granero de "LA ISAURA"-Pareces una vieja gruñona.
-¿Una vieja gruñona?
-Sí. Eso eres.
-Te equivocas-replicó Olivia.
-¿Cómo?-se asombró Kimberly.
-No soy ni una cosa ni la otra. Lo que pasa es que me gusta mucho quejarme. Así, consigo lo que quiero.
-Hablas igual que tu futura cuñada.
-Hasta que Lucy no se case con Ethan no será mi cuñada. Pero la veo muy lanzada. Me temo que vaya a cometer una locura. Tanto ella como él. Ethan no parará hasta hacer suya a Lucy.
Kimberly le dio un mordisco a su emparedado de lechuga y tomate. La lechuga estaba fresca. El tomate estaba verde.
-Se está bien aquí-comentó Kimberly-Sopla una agradable brisa.
La puerta del granero estaba abierta.
-El mundo está cambiando-se lamentó Kimberly.
-¡Tonterías!-bufó Olivia-Los vaqueros nunca desaparecerán. Son inmortales. Somos inmortales. Siempre habrá ranchos. Caballos salvajes...Prados... Llanuras...
-La modernidad...Acabará con todo. Dice Dos Nubes que ya no ve tantos búfalos como cuando era pequeña. Los blancos están acabando con ellos.
-Streetman es un pueblo, sí. Pero es un pueblo moderno. Sobrevivimos a la guerra.
Kimberly suspiró. Algunos de sus alumnos habían perdido a sus padres durante el conflicto. Otros eran hijos de soldados que habían participado en la contienda. Y que habían regresado traumatizados del frente.
-Aunque...-prosiguió Olivia-Pequeño...Muy pequeño...¿No te parece?
Kimberly recordó a una alumna. Su padre había ahorcado a un soldado mexicano. Después de eso, fue capturado y estuvo en una prisión de El Paso. Había regresado del frente alcoholizado. De pronto, su entorno familiar, hasta aquel momento tranquilo, se había convertido en un Infierno.
La compadeció. Como compadecía a los niños que habían perdido a un familiar en el frente. O cuyo familiar había vuelto del frente con heridas tanto en el cuerpo como en el corazón.
Hacía calor. Olivia estaba sudando y se abanicaba con la mano. Le repugnaba darse cuenta de que Kimberly estaba en lo cierto. El mundo que conocía podía cambiar.
Se encogió de hombros. El tamaño de Streetman le daba igual. Ella vivía allí.
SIempre había dado por sentado que su mundo no cambiaría nunca. Pero había sido así. Echaba de menos a su madre. Y, encima, sus hermanos parecían que no querían saber nada de ella. Casi no le escribían. Ni a ella. Ni a su padre. Aunque Dillon le decía que pensaba regresar.
Viven en otro mundo, pensaba Olivia. Y la tristeza se apoderó de ella.
De nada le servía ser tan trabajadora si, al final, lo iba a perder todo. "LA ISAURA"...Su vida...Todo...El mundo en el que vivía se lo arrebataría con sus cambios. Lo que no consiguió la guerra lo iba a conseguir el paso de los años.
Se preguntó si Tracy se había vuelto loca porque sospechaba los cambios que se avecinaban. La joven había perdido el juicio durante el conflicto. Debió de ver morir ahorcado a alguien, pensó Olivia.
-Nos estamos quedando solos-suspiró con pesar.
Había visto a hombres que habían combatido en la guerra. Hombres que sólo tres años antes eran fuertes. Aguantaban todo. Ahora, soplaba una brisa y los tiraba al suelo. Habían sido reducidos a piltrafas humanas.
Sabía Dios lo que aquellos hombres habían visto y habían vivido. Olivia sabía de varios que se habían vuelto adictos al opio porque paliaba los dolores que sufrían. Habían sido heridos en el frente. O habían sido torturados cuando fueron hechos prisioneros. Quizás...Tracy sabía algo. Un contingente del Ejército mexicano tuvo su campamento cerca de "LA RABIA". Tracy pudo ver a un soldado siendo sometido a torturas. No importaba de qué bando. Tracy vio a un ser humano siendo ultrajado a manos de otro ser humano. Y aquella imagen permanecía intacta en su retina. Tenía que ser eso.
O alguien le hizo daño.
-El tamaño de un pueblo no importa-afirmó Kimberly-Lo que importa es lo que sientes viviendo en él. Tú eres feliz aquí, en Streetman. Y eso es lo que de verdad importa. A lo mejor, estoy equivocada. A lo mejor, nada cambia.
-Ojalá-suspiró Olivia.
-Bueno...No quiero que te pongas triste. Venga. Sigamos comiendo.
-Y disfrutando de la tarde.
Olivia bebió un trago de su botella de whisky. Kimberly le dio un mordisco a su emparedado.
-Se está poniendo caliente-se quejó-¡Qué asco!
-¡No te quejes tanto!-se rió Kimberly. Las dos estaban merendando en el granero de "LA ISAURA"-Pareces una vieja gruñona.
-¿Una vieja gruñona?
-Sí. Eso eres.
-Te equivocas-replicó Olivia.
-¿Cómo?-se asombró Kimberly.
-No soy ni una cosa ni la otra. Lo que pasa es que me gusta mucho quejarme. Así, consigo lo que quiero.
-Hablas igual que tu futura cuñada.
-Hasta que Lucy no se case con Ethan no será mi cuñada. Pero la veo muy lanzada. Me temo que vaya a cometer una locura. Tanto ella como él. Ethan no parará hasta hacer suya a Lucy.
Kimberly le dio un mordisco a su emparedado de lechuga y tomate. La lechuga estaba fresca. El tomate estaba verde.
-Se está bien aquí-comentó Kimberly-Sopla una agradable brisa.
La puerta del granero estaba abierta.
-El mundo está cambiando-se lamentó Kimberly.
-¡Tonterías!-bufó Olivia-Los vaqueros nunca desaparecerán. Son inmortales. Somos inmortales. Siempre habrá ranchos. Caballos salvajes...Prados... Llanuras...
-La modernidad...Acabará con todo. Dice Dos Nubes que ya no ve tantos búfalos como cuando era pequeña. Los blancos están acabando con ellos.
-Streetman es un pueblo, sí. Pero es un pueblo moderno. Sobrevivimos a la guerra.
Kimberly suspiró. Algunos de sus alumnos habían perdido a sus padres durante el conflicto. Otros eran hijos de soldados que habían participado en la contienda. Y que habían regresado traumatizados del frente.
-Aunque...-prosiguió Olivia-Pequeño...Muy pequeño...¿No te parece?
Kimberly recordó a una alumna. Su padre había ahorcado a un soldado mexicano. Después de eso, fue capturado y estuvo en una prisión de El Paso. Había regresado del frente alcoholizado. De pronto, su entorno familiar, hasta aquel momento tranquilo, se había convertido en un Infierno.
La compadeció. Como compadecía a los niños que habían perdido a un familiar en el frente. O cuyo familiar había vuelto del frente con heridas tanto en el cuerpo como en el corazón.
Hacía calor. Olivia estaba sudando y se abanicaba con la mano. Le repugnaba darse cuenta de que Kimberly estaba en lo cierto. El mundo que conocía podía cambiar.
Se encogió de hombros. El tamaño de Streetman le daba igual. Ella vivía allí.
SIempre había dado por sentado que su mundo no cambiaría nunca. Pero había sido así. Echaba de menos a su madre. Y, encima, sus hermanos parecían que no querían saber nada de ella. Casi no le escribían. Ni a ella. Ni a su padre. Aunque Dillon le decía que pensaba regresar.
Viven en otro mundo, pensaba Olivia. Y la tristeza se apoderó de ella.
De nada le servía ser tan trabajadora si, al final, lo iba a perder todo. "LA ISAURA"...Su vida...Todo...El mundo en el que vivía se lo arrebataría con sus cambios. Lo que no consiguió la guerra lo iba a conseguir el paso de los años.
Se preguntó si Tracy se había vuelto loca porque sospechaba los cambios que se avecinaban. La joven había perdido el juicio durante el conflicto. Debió de ver morir ahorcado a alguien, pensó Olivia.
-Nos estamos quedando solos-suspiró con pesar.
Había visto a hombres que habían combatido en la guerra. Hombres que sólo tres años antes eran fuertes. Aguantaban todo. Ahora, soplaba una brisa y los tiraba al suelo. Habían sido reducidos a piltrafas humanas.
Sabía Dios lo que aquellos hombres habían visto y habían vivido. Olivia sabía de varios que se habían vuelto adictos al opio porque paliaba los dolores que sufrían. Habían sido heridos en el frente. O habían sido torturados cuando fueron hechos prisioneros. Quizás...Tracy sabía algo. Un contingente del Ejército mexicano tuvo su campamento cerca de "LA RABIA". Tracy pudo ver a un soldado siendo sometido a torturas. No importaba de qué bando. Tracy vio a un ser humano siendo ultrajado a manos de otro ser humano. Y aquella imagen permanecía intacta en su retina. Tenía que ser eso.
O alguien le hizo daño.
-El tamaño de un pueblo no importa-afirmó Kimberly-Lo que importa es lo que sientes viviendo en él. Tú eres feliz aquí, en Streetman. Y eso es lo que de verdad importa. A lo mejor, estoy equivocada. A lo mejor, nada cambia.
-Ojalá-suspiró Olivia.
-Bueno...No quiero que te pongas triste. Venga. Sigamos comiendo.
-Y disfrutando de la tarde.
Olivia bebió un trago de su botella de whisky. Kimberly le dio un mordisco a su emparedado.
CON EL CORAZÓN ROTO 42
Tanto Jack como Kimberly eran estériles.
Una ironía de la vida.
Dos hermanos estériles.
Decidió que tenía que hablar con Anne acerca de Greg. Así podría poner sobre aviso a Olivia.
Pero era un asunto delicado. Jack lo sabía. No se veía así mismo preguntándole a Anne si se había acostado con Greg. Se preguntó si la cocinera le habría comentado algo a Olivia. Era algo probable. O no...La vida sexual de una mujer era un tema delicado.
Jack lo sabía.
Vio a Lily pasar cerca de él. Iba corriendo. Parecía que llevaba mucha prisa. Jack esbozó una ténue sonrisa. A Lily, probablemente, le había llegado la hora de enamorarse.
Antes o después, la joven encontraría el amor. Tenía derecho a hacer su vida. A ser feliz. Lo merecía después de todo lo que había sufrido a lo largo de su vida.
Pero el amor era una apuesta arriesgada. Lily podía correr muchos riesgos. Pensó en la señora Wallace. Ella y su marido se casaron por interés. Pero el amor llegó a sus vidas poco a poco. Fueron un matrimonio relativamente feliz. La señora Wallace tuvo dos hijas. Tuvieron que abrirle el vientre para sacarle a Abby cuando ésta nació. Milagrosamente, la mujer sobrevivió.
Abby seguía siendo una joven terca. Los hombres no querían como esposa a una mujer como ella. Y tampoco querían casarse con una mujer enferma. Como lo estaba Tracy.
Es una pena que ni ella ni Tracy se casen ni tengan hijos, pensó Jack.
Una ironía de la vida.
Dos hermanos estériles.
Decidió que tenía que hablar con Anne acerca de Greg. Así podría poner sobre aviso a Olivia.
Pero era un asunto delicado. Jack lo sabía. No se veía así mismo preguntándole a Anne si se había acostado con Greg. Se preguntó si la cocinera le habría comentado algo a Olivia. Era algo probable. O no...La vida sexual de una mujer era un tema delicado.
Jack lo sabía.
Vio a Lily pasar cerca de él. Iba corriendo. Parecía que llevaba mucha prisa. Jack esbozó una ténue sonrisa. A Lily, probablemente, le había llegado la hora de enamorarse.
Antes o después, la joven encontraría el amor. Tenía derecho a hacer su vida. A ser feliz. Lo merecía después de todo lo que había sufrido a lo largo de su vida.
Pero el amor era una apuesta arriesgada. Lily podía correr muchos riesgos. Pensó en la señora Wallace. Ella y su marido se casaron por interés. Pero el amor llegó a sus vidas poco a poco. Fueron un matrimonio relativamente feliz. La señora Wallace tuvo dos hijas. Tuvieron que abrirle el vientre para sacarle a Abby cuando ésta nació. Milagrosamente, la mujer sobrevivió.
Abby seguía siendo una joven terca. Los hombres no querían como esposa a una mujer como ella. Y tampoco querían casarse con una mujer enferma. Como lo estaba Tracy.
Es una pena que ni ella ni Tracy se casen ni tengan hijos, pensó Jack.
jueves, 2 de febrero de 2012
CON EL CORAZÓN ROTO 41
Recordó un incidente que había protagonizado Tracy tiempo atrás cuando los hombres volvían de estar con el ganado en el prado. Anne salió de la casa. Se acercó a uno de los hombres. A El Bizco. Le asestó un impresionante puñetazo en un ojo. El hombre cayó al suelo. Tracy habría seguido golpeándole. Pero Abby la sujetó.
-¡Está loca!-afirmó El Bizco-¡Está como una puta cabra!-Esto último lo dijo a gritos.
-¿Qué te ha hecho El Bizco, cariño?-le preguntó Abby a su hermana con dulzura-Dímelo.
-Me estaba mirando-respondió Tracy, alterada-¡Me estaba desnudando con la mirada! ¡Es un cerdo!
El Bizco se puso de pie. No estaba mirando a Tracy. Por lo menos, no la estaba mirando como ella decía. Le gustaban las mujeres hermosas. Y Tracy era la mujer más hermosa que jamás había conocido.
Tracy se metió dentro de la casa hecha una fiera. Uno de los hombres fue tras ella. Pero sabía que se estaba arriesgando. Abby se arrodilló junto a El Bizco. Había vuelto a caerse. Le ayudó a ponerse de pie. El hombre se tambaleó. Se apoyó en Olivia. La joven le abrazó. Le besó. Le acarició con suavidad el cabello largo.
El Bizco se apoyó en Abby para poder caminar. Ella le hizo sentarse en un banco que había en el porche. Se sentó a su lado.
-Siento mucho lo que te voy a decir, Abby-se disculpó El Tuerto-Pero me temo que a Tracy se le ha ido la cabeza. Las cosas que hace no las hace una persona que está en su sano juicio.
-Mi pobre hermana ha sufrido mucho-le dijo Abby a su amigo.
-He oído toda clase de historias acerca de Tracy. Por eso mismo, necesita que alguien la ayude.
-Tracy necesita que alguien la ayude a olvidar. Necesita un médico que la ayude a borrar su pasado. Pero eso no se puede hacer, por desgracia. Así que tiene que convivir con su dolor. Y es muy difícil vivir con el dolor, amigo mío.
-Tracy sufrió un accidente. Se golpeó la cabeza. Esas cosas suelen pasar. Necesita curarse. Y creo que aún está a tiempo. Pero tienes que poner de tu parte. Entonces, ella pondrá de la suya. ¿Entiendes lo que quiero decir? Tracy nos necesita. Y está en nuestras manos el ayudarla.
El Bizco se preguntó cuánto tiempo pasaría hasta que Tracy cometiera una locura todavía mayor. Calculó que no pasaría mucho tiempo. Estaba realmente preocupado por Abby.
-Tu hermana está muy mal-le insistió.
-No creas que soy ciega y que no lo veo-replicó Abby.
-Os conozco desde hace muchos años, Abby. A ti y a Tracy. Os he visto crecer. Amáis esta tierra tanto como yo la amo. Sois para mí las hijas que no he tenido y que jamás tendré. Por eso, me duele ver a Tracy tan mal. Sé que algo no funciona en su cabeza. Y no sé si eso tiene cura o no tiene cura. Pero hay que hacer algo con ella. Necesita la ayuda de un buen médico. Tú la quieres. Pero, a menudo, el cariño no basta para salvar a una persona.
Abby asintió con pesar. El Bizco tenía razón. Tracy necesitaba la ayuda de un médico.
-Tracy es la mejor persona que conozco-afirmó Abby. Sus ojos estaban húmedos por las lágrimas que la joven reprimió-Y no quiero separarme de ella porque es mi hermana y la quiero.
El Bizco cogió la mano de Abby y se la besó.
-Espero que la vida sea más generosa contigo, Abby-dijo El Bizco-Te casarás con un vaquero. Tendrás muchos hijos. Yo creo que serás más afortunada.
Abby esbozó una sonrisa triste.
Sabía que nunca se casaría. Su sino era cuidar de Tracy.
El Bizco le dio un beso fraternal. Olivia y Freddie contemplaron la escena.
Freddie se santiguó.
-Dios todopoderoso y eterno...-rezó.
Olivia miró a su hermano. Sus ojos se llenaron de lágrimas. La guerra había terminado por volver locos a todos. Pero la locura se había cebado principalmente sobre la pobre Tracy. Olivia y Freddie comenzaron a caminar.
-Pregúntale a Dios el porqué las personas buenas sufren tanto-le pidió Olivia a su hermano.
-No es obra de Dios-replicó Freddie-Es obra del Diablo.
-El señor Wallace será capaz de contratar a un sacerdote para que exorcice a la pobre Tracy.
Olivia conocía a las hermanas Wallace desde que eran pequeñas. A veces, iba a verlas para quejarse de los sueños de sus hermanos, que consistían en irse.
Vosotras, por el contrario, queríais quedaros.
Esto lo pensó Olivia mientras caminaba al lado de Freddie.
-¿Qué va a ser de Tracy?-le preguntó.
-Iré a verla-respondió Freddie.
-No creo que sea necesario.
-Puedo llevarle paz a su atormentado espíritu. Un poco de paz espiritual no está nunca de más, Livie.
A lo mejor, tienes razón, pensó. A lo mejor, Tracy necesita un poco de paz de espíritu. Freddie no perdía nada por intentarlo. Y quizás acabaría siendo beneficioso para Tracy. Olivia escuchaba los gritos que lanzaba la joven. Y luchaba contra la tentación de taparse los oídos.
Recordaba a Tracy como la joven rebelde que fue una vez. No quería verla en la criatura enfermiza y desquiciada en que se había convertido.
Recordaba a Tracy como la joven rebelde que fue una vez. No quería verla en la criatura enfermiza y desquiciada en que se había convertido.
CON EL CORAZÓN ROTO 40
A Dawn le habría gustado ser hindú. Los hindúes creen en la reencarnación. Y ella deseaba con todas sus fuerzas creer en la reencarnación. Lo pensó mientras lavaba unos tomates. Su vida había sido un fracaso. Apenas se hablaba con los vecinos.
Cuando se casó, pensó que su matrimonio duraría toda la vida, a pesar de que su marido era mucho mayor que ella. Se casó porque necesitaba escapar de su casa. Porque sus padres no la dejaban estar con el hombre que ella realmente amaba.
Se asomó a la ventana. Vio a su hijo mayor, Ethan, partiendo madera. Freddie, el menor, debía de estar rezando en la Iglesia, tal y como tenía por costumbre. No se arrepentía de haberlos tenido. Eran su mayor orgullo. Ethan se parecía mucho a Sean, su padre. Freddie, en cambio, no se parecía a ninguno de los dos. Dawn no había estado enamorada de Sean. Lo usó como un mero desahogo sexual. Sean era un casanova, pero ella no era ninguna tonta.
Pensó en su verdadero amor, Justin. De no haber sido por su turbio origen, Dawn se habría casado con él.
Las visitas de Lucy a "LA MAGA" constituían un bálsamo para Eliza y Arabella. Las dos se desvivían por atender a Lucy.
La joven las consideraba sus mentoras. Con ellas, podía desahogarse y contarles cosas que ni siquiera contaba a su mejor amiga, Abby Wallace. A pesar de su carácter indómito, Abby llevaba sobre sus hombros la pesada carga de cuidar de su hermana enferma. Se llamaba Tracy.
Lucy sabía hablar francés. Sabía tocar el piano. Tenía nociones de pintura. A veces, daba conciertos caseros para Eliza y Arabella. Las dos mujeres la escuchaban con atención. Lucy estaba llenando "LA MAGA" de vida. Era alegre y simpática.
Ethan estaba prendado de la encantadora Lucy.
Iba a casarse con ella.
Lucy, mientras, dividía su tiempo. Iba al rancho de los Wallace, "LA RABIA", para visitar a Abby. También aprovechaba para ver a Tracy. La joven no parecía reconocer a Lucy.
Abby, mientras, se sentía impotente.
-Temo que mi hermana acabe en un manicomio-le confesó a Lucy-Habla sola. Grita cada vez que alguien se le acerca.
El temperamento de Abby le permitía aguantar aquella carga. Pero sabía que esto era sólo fachada. Quería recuperar a su hermana. Tracy no era así antes. Algo le había pasado que le había hecho cambiar. Pero Abby ignoraba lo que era. Quería hablar con su hermana. Pero Tracy estaba cerrada en banda. No parecía atender a razones.
Tracy Wallace era de expresión frágil. Era bajita y delgada. Sus ojos eran de color azul cielo, grandes y hermosos, de mirada dulce. Su piel era clara. Y su cabello era de color rubio rojizo. Poseía un aura etérea. Despertaba un fuerte instinto de protección. Pero los vecinos tenían miedo de ella. Se decía que Tracy Wallace había muerto y aquella joven era, en realidad, un fantasma.
-¡Tonterías!-bufaba Abby cada vez que escuchaba aquellos comentarios.
Abby, por el contrario, tenía el cabello de color castaño claro con matices rojizos. Tenía la piel tostada por el Sol debido a que nunca salía de casa con sombrero o llevando una sombrilla.
El cabello castaño de Abby era suave al tacto y rizado de forma natural. Unas cuantas pecas salpicaban su nariz respingona. Sus ojos eran de color caoba con un matiz rojizo. Abby era una joven activa. Siempre estaba en movimiento. Cuando no estaba en "LA RABIA", estaba en otra parte. Los vecinos también le tenían algo de miedo. Unos ojos caoba no eran fáciles de encontrar. Sobre todo, en un pueblo tan pequeño como lo es Streetman.
Tiene ojos de bruja, decían los vecinos de Abby. Llegaban a decir que la joven tenía los ojos de color rojo.
Kyle pasó toda la noche bebiendo encerrado en su despacho. A menudo, bebía hasta perder el conocimiento. Lo encontraba Anne muchas mañanas tirado en el suelo.
Lo subía a su habitación.
Kyle miraba su despacho. Los libros estaban en el suelo tirado. Los papeles se esparcían por todo el suelo. La silla estaba volcada. Su ropa estaba en desorden. Estaba con el pelo alborotado. Había un vaso y una botella rotos. A veces, rompía cosas cuando estaba borracho. Era su forma de desquitarse. Se odiaba así mismo por ser tan cobarde.
Porque le faltaba valor para declararse a Olivia.
Se dejó caer en el suelo. Tenía ganas de cerrar los ojos. Entonces, podría soñar con los besos que jamás le daría a Olivia. Sería una buena idea. No despertarse nunca más.
Cuando se casó, pensó que su matrimonio duraría toda la vida, a pesar de que su marido era mucho mayor que ella. Se casó porque necesitaba escapar de su casa. Porque sus padres no la dejaban estar con el hombre que ella realmente amaba.
Se asomó a la ventana. Vio a su hijo mayor, Ethan, partiendo madera. Freddie, el menor, debía de estar rezando en la Iglesia, tal y como tenía por costumbre. No se arrepentía de haberlos tenido. Eran su mayor orgullo. Ethan se parecía mucho a Sean, su padre. Freddie, en cambio, no se parecía a ninguno de los dos. Dawn no había estado enamorada de Sean. Lo usó como un mero desahogo sexual. Sean era un casanova, pero ella no era ninguna tonta.
Pensó en su verdadero amor, Justin. De no haber sido por su turbio origen, Dawn se habría casado con él.
Las visitas de Lucy a "LA MAGA" constituían un bálsamo para Eliza y Arabella. Las dos se desvivían por atender a Lucy.
La joven las consideraba sus mentoras. Con ellas, podía desahogarse y contarles cosas que ni siquiera contaba a su mejor amiga, Abby Wallace. A pesar de su carácter indómito, Abby llevaba sobre sus hombros la pesada carga de cuidar de su hermana enferma. Se llamaba Tracy.
Lucy sabía hablar francés. Sabía tocar el piano. Tenía nociones de pintura. A veces, daba conciertos caseros para Eliza y Arabella. Las dos mujeres la escuchaban con atención. Lucy estaba llenando "LA MAGA" de vida. Era alegre y simpática.
Ethan estaba prendado de la encantadora Lucy.
Iba a casarse con ella.
Lucy, mientras, dividía su tiempo. Iba al rancho de los Wallace, "LA RABIA", para visitar a Abby. También aprovechaba para ver a Tracy. La joven no parecía reconocer a Lucy.
Abby, mientras, se sentía impotente.
-Temo que mi hermana acabe en un manicomio-le confesó a Lucy-Habla sola. Grita cada vez que alguien se le acerca.
El temperamento de Abby le permitía aguantar aquella carga. Pero sabía que esto era sólo fachada. Quería recuperar a su hermana. Tracy no era así antes. Algo le había pasado que le había hecho cambiar. Pero Abby ignoraba lo que era. Quería hablar con su hermana. Pero Tracy estaba cerrada en banda. No parecía atender a razones.
Tracy Wallace era de expresión frágil. Era bajita y delgada. Sus ojos eran de color azul cielo, grandes y hermosos, de mirada dulce. Su piel era clara. Y su cabello era de color rubio rojizo. Poseía un aura etérea. Despertaba un fuerte instinto de protección. Pero los vecinos tenían miedo de ella. Se decía que Tracy Wallace había muerto y aquella joven era, en realidad, un fantasma.
-¡Tonterías!-bufaba Abby cada vez que escuchaba aquellos comentarios.
Abby, por el contrario, tenía el cabello de color castaño claro con matices rojizos. Tenía la piel tostada por el Sol debido a que nunca salía de casa con sombrero o llevando una sombrilla.
El cabello castaño de Abby era suave al tacto y rizado de forma natural. Unas cuantas pecas salpicaban su nariz respingona. Sus ojos eran de color caoba con un matiz rojizo. Abby era una joven activa. Siempre estaba en movimiento. Cuando no estaba en "LA RABIA", estaba en otra parte. Los vecinos también le tenían algo de miedo. Unos ojos caoba no eran fáciles de encontrar. Sobre todo, en un pueblo tan pequeño como lo es Streetman.
Tiene ojos de bruja, decían los vecinos de Abby. Llegaban a decir que la joven tenía los ojos de color rojo.
Kyle pasó toda la noche bebiendo encerrado en su despacho. A menudo, bebía hasta perder el conocimiento. Lo encontraba Anne muchas mañanas tirado en el suelo.
Lo subía a su habitación.
Kyle miraba su despacho. Los libros estaban en el suelo tirado. Los papeles se esparcían por todo el suelo. La silla estaba volcada. Su ropa estaba en desorden. Estaba con el pelo alborotado. Había un vaso y una botella rotos. A veces, rompía cosas cuando estaba borracho. Era su forma de desquitarse. Se odiaba así mismo por ser tan cobarde.
Porque le faltaba valor para declararse a Olivia.
Se dejó caer en el suelo. Tenía ganas de cerrar los ojos. Entonces, podría soñar con los besos que jamás le daría a Olivia. Sería una buena idea. No despertarse nunca más.
miércoles, 1 de febrero de 2012
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