sábado, 7 de noviembre de 2015

SER UNO MISMO

Hola a todos.
No sé si he mencionado este asunto en alguna entrada anterior. Si es así, pido perdón por repetirme.
Pero hay cosas que es bueno que se recalquen. Me ha costado trabajo aceptarme a mí misma. Me ha costado mucho trabajo asimilar que soy como soy. Y debo de decir una cosa. ¡Me gusto a mí misma! Me gusta las cosas que hago. Me gusta las cosas sobre las que escribo. Me gusta las cosas que veo en la tele. Me gusta la música que escucho.
¡Las cosas que hago las hago porque me gustan! Puede sonar algo rebuscado.
Pero a todos nos gustan cosas diferentes. Somos diferentes en muchos aspectos.
No estoy hablando sólo de diferencias a nivel físico. Tenemos caracteres diferentes.
Nuestras maneras de pensar son distintas. Lo que nos puede hacer reír, a lo mejor, a otra persona no le gusta. Lo que nos emociona, a lo mejor, a otra persona no le conmueve. Y puede pasar lo mismo. A mí hay cosas que no me hacen ni pizca de gracia. Pero hay cosas que sí que hacen que me parta de la risa. Como, por ejemplo, una escena de El Gran Dictador. 
La escena en concreto es la llegada de Napoloni a Tomeinia. Ese momento en el que el tren va de un lado a otro y tira a Napoloni y a su mujer al suelo me pareció el mejor momento de todo el film. O cuando Napoloni y Hinkel se tiran comida en plena discusión. Me gustó más que el momento Bola del Mundo.
Me gusta toda clase de música. Me gusta escuchar a Marilyn Manson. Me gusta escuchar a Lady Gaga. Me gusta escuchar a Meghan Trainor.
Todo lo que sea agradable para mis oídos me gusta escucharlo. Y, sí, me encanta leer novela romántica. ¡Es mi pasión!
Me gusta tomarme una taza de Cola-Cao por las mañanas para desayunar. Me gusta que llegue el frío.
Es más. Prefiero el frío al calor. Me gusta taparme las piernas con una manta. Buscar algo que me sirva de soporte.
Y ponerme a escribir. A ser posible, al lado de la estufa.
Me gusta escribir sobre lugares pequeños. Pienso que son más interesantes que los lugares grandes. Me gusta leer novela romántica histórica.
Me gusta escribir relatos románticos de época. Me gusta tener puesto algún vídeo interesante de Youtube mientras escribo.
Me gusta leer poesía. Pero soy un desastre escribiendo versos. Es algo que no voy a negar. Todos conocemos nuestras limitaciones.
No serviría para escribir una novela romántica actual.
Somos distintos.
Pero todos somos especiales. Hay algo en nosotros que nos hace únicos. Que hace que seamos esenciales. Nos gusta ser como somos. Nos gusta ser especiales.
El ser todos iguales debe de ser aburrido. No habría variedad. Seríamos clones los unos de los otros.
Seamos distintos. Seamos originales. Seamos leales a nosotros mismos. ¡Es maravilloso! ¡De verdad que sí!

  

viernes, 6 de noviembre de 2015

LO QUE NO ES EL AMOR

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo relato corto.
Espero que os guste. Más que un relato romántico, es un relato de corte sentimental y dramático
Espero que os guste.
Se titula Lo que no es el amor. Y, aunque transcurre en un periodo de tiempo un poco más reciente, es de época.

LO NO QUE ES EL AMOR

                              El año 1950 está a punto de finalizar. 
                              Vivo en la tranquila islita de Iffley Meadows. 
                              ¡Qué curiosa es la vida! 
                              Me asomo por la ventana de mi habitación. No puedo quejarme de la vida que llevo. Lo cierto es que transcurre sin sobresaltos. 
                               Hace unos seis meses que me casé. Todas mis amigas se quejaron cuando les conté que iba a casarme. 
                               Mi marido llega a casa por las noches. Durante el día, me dedico a hacer lo que me está permitido, en teoría. Me meto en la cocina a preparar toda clase de dulces. Leo libros de cocina con frecuencia. 
                               No recibo muchas visitas de las vecinas. De hecho, tengo la sensación de que soy una extraña. Nací en la ciudad de Oxford. Pasé allí toda mi niñez y toda mi adolescencia. En estos momentos, acabo de cumplir veinte años. 
-¿De verdad eres feliz?-me pregunta una de mis primas cuando me telefonea. 
                             El nombre de mi prima es Eve. Yo me llamo Karen. 
-Soy una mujer feliz con el hombre con el que me he casado-le respondo-Te lo digo en serio. 
-No se te ve nada contenta-observa Eve. 
-Hazme caso. 
                            Los recuerdos acuden a mi mente. Recuerdo ir a casa de Eve. Sentarme con ella a la mesa del comedor. Dar cuenta cada una de una taza de té. Las dos hablamos durante horas. Nos reímos a carcajadas. 
                             Aquel hombre apareció de pronto en mi vida. Apenas lo conocía cuando me casé con él. Hay quién dirá que pequé de impulsiva. Siempre he sido muy impulsiva. 
                             Me besó cuando estábamos paseando por High Street y yo pensé que había encontrado al hombre de mi vida. 
                              Algunos domingos, mi marido alquila una barca. Damos un paseo por el río Támesis. No me pregunta, ni siquiera en esos momentos, cómo me ha ido el día. Pero me siento obligada a preguntarle cómo le ha ido el día a él. Otras veces, guardamos silencio mientras el barquero silba. 
                              Ha empezado a llover. 
                             Escribo estas líneas en mi diario. Fue Eve la que me regaló este diario hace unos años. Miro las anotaciones que hice años antes, cuando finalizó la guerra. Intentaba mirar hacia el futuro con gran optimismo. 
                            Las gotas de lluvia golpean los cristales de la ventana de mi habitación. 
                            Escucho cómo el viento azota los árboles. Siento cómo las lágrimas ruedan sin control por mis mejillas. ¿De verdad soy feliz en mi matrimonio? Recuerdo una frase que me dijo Eve cuando anuncié que me iba a casar. 
-Te casas porque piensas que te vas a quedar soltera-afirmó. 
                          Ignoré aquel comentario. Ahora, pienso que Eve tiene razón. 
                         ¿Qué debe de ser el amor? El amor tiene que ser compañerismo en una pareja. Necesito sentir que mi marido me apoya. Que se preocupa por mí. Pero no me quiere escuchar cuando deseo contarle algo. Como que me siento asfixiada sin poder salir de esta casa. Que siento que valgo más que para elaborar dulces. 


                                 Después de cenar, nos quedamos un rato en el saloncito de nuestra casa. Mi marido acostumbra a fumar en pipa. He llegado a odiar el olor que deja su pipa en el saloncito. Se dedica a leer The Times mientras está sentado en un sillón. Yo permanezco sentada en el otro sillón. Me dedico a coser. O a bordar. O a tejer. 
-¡Me alegro de que las cosas vayan mejor!-exclama mi marido-Inglaterra está demostrando que puede salir de otra guerra. ¡Somos una gran nación! 
                              Cuando entra en casa, me da un beso corto en los labios. 
                              Yo tengo que contener las ganas que tengo de ponerme a gritar. 
-Me alegro-murmuro con desgana. 
                              De momento, no me he quedado embarazada. ¡Ojala no tenga nunca hijos! Soy hija única. No tengo hermanos. 
                            Mi padre nació en Nueva York. Pero llegó hace unos años a Inglaterra. Toda su familia había muerto en el naufragio del Titanic. Es lo que me han contado. 
                            También me han contado que mi bisabuelo era un proxeneta del East End. ¡Toda una joya! Mi padre es hijo único y ha tardado mucho tiempo en casarse. Parece más mi abuelo que mi padre. 
                           No sé el porqué estoy contando esto. 
                           Quizás, se deba a que necesito desahogarme. 
                           No tengo amigas en esta tranquila islita. Reconozco que el lugar en el que vivo es muy bonito. Me gustaría quedarme aquí para siempre. Hay pocos vecinos y yo detesto las aglomeraciones. En ese aspecto, no tengo quejas. 
                           Ayer, estuve en el jardín. 
-¡Ya están floreciendo los iris que planté hace unas semanas!-le conté a mi marido. 
-Querida, no me cuentes nada-me cortó él-Me duele mucho la cabeza. Ha sido un día de locos. 
-Lo siento. 
                          Cuando estoy en la cama y él me estrecha entre sus brazos para besarme con ardor no siento nada. 
                          Tengo una criada que me ayuda a limpiar la casa. Un jardinero se encarga de arreglar el jardín dos veces por semana. La mayor parte del tiempo no sé qué hacer. 
                            Sólo espero a que mi marido aparezca y me dé un beso suave en los labios a modo de saludo. 
                            Me siento frustrada. 
                            He empezado a vestir igual que una anciana. Ya se han terminado para mí vestir con colores alegres. Debo de llevar mi cabello recogido en un moño. 
                           Mi marido me da un beso suave en los labios cuando se marcha a trabajar. ¿Trabaja? ¿En serio está trabajando? Ya no salimos juntos a ningún sitio. Él se va con sus amigos varias noches a la semana. Viene tarde. También viene borracho. Prefiero no contar lo que hace en esas noches. 
                          Tengo que aprender a vivir esta vida. Tengo que aprender a intentar llevarme bien con mi marido. De momento, estoy haciendo lo que se espera que haga una mujer casada. 
                           Me digo a mí misma que las cosas pueden cambiar a mejor. Mi marido acabará convirtiéndose en el hombre cariñoso que siempre he soñado. 
                             Pero es un hombre hosco y poco hablador. No quiere que le acompañe cuando sale con sus amigos. No quiere saber nada de lo que me pasa. Y yo siento que lo que no hay en este matrimonio es amor. No hay amor. Y me siento asfixiada. 

FIN

lunes, 2 de noviembre de 2015

LAUREN

Hola a todos.
Aquí os traigo una de mis historias.
La protagoniza un personaje de mi novela El amante de lady Margaret. Se trata de Lauren, la prima y mejor amiga de Margaret, la protagonista.
¿Qué le ocurrirá a Lauren?
¡Vamos a descubrirlo!

LAUREN

ISLA DE OSNEY, EN EL RÍO TÁMESIS, A SU PASO POR LA CIUDAD DE OXFORD, 1941

                           Odio estar en guerra, pensaba lady Lauren Morgan-Barry. 
                           Se sentía rara viviendo en aquella isla. Había pasado un año desde que su prima Margaret se casó con el heredero de la mansión que había allí, Trevor. 
                            Vivía con ellos desde entonces. La boda había sido muy sencilla. Se habían casado por el juzgado. No había sido una boda nada ostentosa. Más bien, se habían casado a toda prisa. Lauren quería otra cosa para ella. 
                            Si es que se casaba algún día. Solía dar paseos sola por aquella isla. Sabía que la calma se iba a romper en cualquier momento. 
                            La sirena seguía sonando con frecuencia. 
                            La guerra proseguía. Y ella no podía permanecer ajena a ella. A principios de aquel año, el amor llegó a la vida de Lauren. Fue algo totalmente inesperado. Cada vez que pensaba que no se iba a enamorar, Lauren sentía el deseo de echarse a llorar. Deseaba amar como su prima Margaret amaba a su marido Trevor. 
                            Les veía profundamente enamorados. ¿Por qué no había sido capaz de encontrar el amor? Escuchaba radionovelas que emitían por las tardes. Incluso, en los programas que veía en la televisión, había parejas de enamorados. 
                            Hacía algún tiempo que no iba al cine. La última película que vio fue El Mago de Oz. Por suerte, no había romanticismo alguno en aquella historia. De haber habido una historia de amor entre Dorothy y el Espantapájaros, probablemente habría salido del cine gritando. Se lo decía a Margaret mientras escuchaban la radionovela. Su prima estaba tejiendo un par de patucos de color rosa. Acababa de enterarse que estaba esperando un hijo. 
-Puede que dé a luz a una niña-le comentó a Lauren-Trevor sólo espera que nazca sano. 
                          Él estaba ilusionado desde que supo que iba a ser padre. 
                           Lauren también deseaba tener un hijo. Pero el tiempo pasaba. 
                          Entonces, aquel joven apareció en su vida. Tenía el nombre más raro que jamás había oído. Se llamaba Eros. Era oriundo de Italia. 
                          Había llegado a Inglaterra huyendo de Mussolini. Decía que era tan psicópata como lo era Hitler. Lauren sabía que Eros tenía razón. 
                           Aquel joven no se parecía en nada a los caballeros que Lauren había conocido. 
                           Venía de una familia más bien humilde. Sus padres habían trabajado en el campo. Luego, habían emigrado a la ciudad. Tenía siete hermanos. 
                            Él era el cuarto de ellos. Eran cuatro chicos y tres chicas. Uno de sus hermanos había muerto combatiendo en la frontera con Francia. 
                            De todos los hermanos, Eros era el único que había ido a la escuela. Sabía contar. Era muy bueno con los números. Trevor lo contrató como administrador. 
                            Pocas semanas después de su boda con Margaret, el administrador de Trevor se despidió de él. Era un hombre de unos setenta años de carácter afable. Su vista se estaba resintiendo. No podía seguir trabajando. 
                          Trevor no podía pedirle que se quedara. 
                          Le dio mucha pena tener que despedirse de él. Algún tiempo después, apareció Eros. Era un joven de carácter afable y abierto. Tenía la misma edad que tenía Lauren. Los dos simpatizaron nada más conocerse. El joven hablaba con nostalgia de su familia. Lauren sabía lo que era perder a un ser querido. Había llorado la muerte de sus padres. Cuando era pequeña, murió su hermana pequeña, Abby. Le gustaba reunirse en el despacho para hablar con Eros. Él siempre la recibía con una sonrisa en los labios. 


                               Eros poseía un porte elegante. Hablaba el inglés de manera atropellada. Y era realmente educado. Lauren disfrutó enseñándole a hablar inglés. A cambio, él la enseñó a hablar italiano. Margaret solía bromear con su prima. 
-Cualquiera diría que estás enamorada de él-apostilló una noche. 
                            Estaban sentadas en el sofá viendo la televisión. 
                           Trevor estaba con ellas. Apagó la televisión. Iba a empezar un noticiero sobre la guerra. Margaret sufría al verlo. 
-¡No estoy enamorada de él!-afirmó Lauren-¿De dónde te has sacado tú tal afirmación?
-Siempre estáis juntos-contestó Margaret-Te gusta estar con él. Incluso, te brillan los ojos cuando hablas de él. 
-¡Apenas le entiendo cuando me habla! 
-Él te entiende cuando le hablas en italiano-intervino Trevor, sonriente-Sabes hablar muy bien su idioma. 
-Bueno...-se sonrojó Lauren-Una persona tiene derecho a saber idiomas. 
-Y Eros se distrae en cuanto te ve. Le brillan los ojos cuando le diriges la palabra. ¿No te has dado cuenta? 
                          Lauren no se creía nada de lo que Trevor y Margaret decían. En su opinión, se trataba de un simple error. ¿Cómo iba a estar enamorada de Eros? De pronto, se sorprendió así misma pensando en él. 
                          Le buscaba por toda la mansión para estar con él. Necesitaba escuchar el sonido de su voz. 
-Signorina Lauren...-le decía con cariño-No me distraiga de mi trabajo. Pero...Por usted, puedo dejar esto a un lado. 
                           Él también la buscaba por la mansión para estar con ella. La acompañaba en sus paseos por la isla. Le gustaba sentarse a su lado en el sofá para oír juntos la radio. O para ver la televisión. Era un disparate, pensaban ambos. Venían de mundos opuestos. Pero la guerra se había empeñado en unirles. Lauren se lo dijo una tarde mientras paseaban por la orilla del río Támesis. 
                          Le preguntó si pensaba regresar a su Bérgamo natal. Sabía que Eros añoraba su hogar. 
-Usted podría regresar conmigo, signorina Lauren-le propuso-Le gustaría vivir en Bérgamo. Es una ciudad molto bella. ¿Ha paseado por la Plaza Vieja? ¿Ha visto el Palacio de la Razón?
-No los conozco-contestó Lauren.
-Yo jugaba cuando era piccolo en la Plaza Vieja con mis hermanos.
-Los echa de menos. Se le nota cuando habla.
                             Eros había considerado la idea de unirse a los partisanos. Quería luchar por liberar Italia del fascismo. No sabía lo que estaba haciendo en Inglaterra. Sentía que había cometido un error al seguir los consejos de sus padres. Ya habían perdido a un hijo en el frente. No querían perder a otro hijo. No sabía qué era lo que le retenía en aquella apartada isla inglesa. Había llegado a trabar una buena amistad con Trevor. Margaret le parecía una mujer encantadora.
                          No se iba de allí por Lauren. Lauren era quién le retenía en aquella isla. No entendía cómo una joven como ella todavía seguía soltera.
                           Era algo que escapaba a su entendimiento. Era encantadora. En todos los aspectos...
                           No entendía el porqué seguía soltera. Todas sus hermanas estaban casadas. Dos de ellas ya eran madres.
                           Pero Lauren todavía no se había casado. Hablando con Margaret, Eros se enteró de que Lauren nunca antes había estado enamorada. ¿Y qué le ocurría a él?
                           Me he enamorado de ella, pensó.
                           Aquel pensamiento pasó por su mente de manera espontánea. Pero había nacido de su corazón. Le hizo apartar la vista del libro de cuentas que estaba revisando.
-¿Qué ocurre?-le preguntó Trevor.
-No me ocurre nada, signor-respondió Eros-Sólo estaba pensando en la signorina. 
-¿Te gusta la prima de mi mujer? No lo niegues. Existe una gran complicidad entre vosotros.
-¡Es una locura! ¡No podría ocurrir nada entre nosotros!
-Los tiempos han cambiado. La gente quiere vivir porque tiene miedo a morir. No sabemos lo que podría ocurrir mañana.
                           Aquella tarde, la sirena sonó más cerca. Los silbidos de las bombas que lanzaban los aviones alemanes eran cada vez más cercanos.
                            Trevor abrazó a Margaret cuando llegaron al sótano.
                            Lauren estaba histérica. Lo único que hacía era gritar y llorar de pura desesperación. Estaba convencida de que las bombas iban a caer sobre la mansión. ¡Iban a morir todos!
-¡No va a pasar nada de eso, signorina!-le prometió Eros, desesperado-¡Créame!
                            Y la abrazó con fuerza.
                             Algo entre ellos cambió a partir de aquel momento.
                             Lauren no supo qué era lo que había pasado exactamente entre Eros y ella. Aquel joven la había consolado cuando más asustada estaba. Le había dado valor para enfrentarse a una situación difícil. Dejó de llorar en cuanto él le habló. Dejó de sentir miedo. Eros estaba cerca de ella. Nunca le dejaría sola. A pesar de que, antes o después, debía de volver a Bérgamo.
                            Todo se precipitó una tarde.



                             Eros se atrevió a besar a Lauren en los labios por primera vez. Ella correspondió a aquel beso poniendo todo su corazón en él.
                              Estaban en el jardín cuando ocurrió. Lauren le estaba enseñando unas margaritas que había plantado tiempo atrás. Ya habían florecido.
                               Vio a Lauren tan radiante que Eros se olvidó de todo.
                               Una tarde, mientras daban un paseo por la orilla del río Támesis, Eros decidió dar un paso más.
-Me he enamorado de usted, signorina-le confesó con dulzura.
-Quiero que sepa que correspondo a sus sentimientos-le confió Lauren, ruborizada.
                                Eros le cogió la mano y se la besó.
                                Había visto en varias ocasiones a Trevor besar la mano de Margaret.
-Me gustaría que se viniera conmigo a Bérgamo-prosiguió el joven, emocionado-Cuando acabe esta guerra. No sé cuándo ocurrirá. Pero no debe de durar más tiempo. Todos estamos sufriendo mucho. De algún modo, todo ha cambiado.
-Tienes razón-admitió Lauren, atreviéndose a tutearle por primera vez-Todo ha cambiado. Y me gusta que nada siga igual.
                              Eros apretó con suavidad la mano de la joven.
                               Su boca buscó la boca de ella. Los dos se fundieron en un beso largo y profundo. Un beso que estaba cargado de amor y de esperanza a la vez.
                                Fue a la noche siguiente cuando Lauren se armó de valor y fue a la habitación de Eros.
                                Los dos yacieron sobre la cama del joven.
                                Lauren se entregó a Eros.
                                Se sintió protegida al estar entre sus brazos. Le devolvió a Eros todos los besos cargados de pasión que él le dio. Le devolvió todas las caricias que recibió de sus manos y de sus labios.
                                 A partir de aquella noche, Lauren iba al cuarto de Eros.
                                 Disfrutaba al sentir cómo él besaba con arrebato su cuello.
                                 Los dos sabían que la guerra terminaría antes o después y vivían con aquella esperanza. Una esperanza que iba unida al amor que ambos se profesaban.

FIN


jueves, 29 de octubre de 2015

SILENCIO

Hola a todos.
Me he animado a terminar este relato que tenía abandonado.
Lo que me ha salido ha sido un relato más bien cortito, pero tiene un gran componente romántico. Y es de época, por supuesto.
Se titula Silencio. 
Deseo de corazón que os guste.

SILENCIO

ISLA DE FIDDLER, EN EL RÍO TÁMESIS, A SU PASO POR OXFORD, 1800

                              Mis padres, en lugar de contratar una institutriz para que me educara, contrataron a un preceptor. 
                              Estoy a punto de cumplir dieciocho años. He de viajar a Londres en unas semanas, cuando pasen las Navidades, ya que voy a tener mi puesta de largo. Dejaré de verle. Y eso me destroza el corazón. 
                             No quiero irme de aquí. 
                             Pero todo el mundo me recuerda que soy una dama. Y que debo de comportarme como se espera de mí. 
                              Me ha inculcado todo el amor que le profesa a los libros. 
                              Lo que más me aterra es que dejaré de verle. Ya no podré escuchar su voz ronca y profunda mientras me da lecciones de Historia. Ya no volveré a ver su figura alta y esbelta entrando en la biblioteca, donde recibo mis lecciones. 
-La noto distraída, milady-me ha comentado esta mañana-¿En qué piensa?
-Estaba pensando en mi puesta de largo-le respondo. 
                             Estoy mintiendo. 
-Debe de estar muy contenta-afirma-Va a dar un paso muy importante. 
-Tiene razón-asiento. 
                             Mi padre es un baronet. Sin embargo, es un hombre muy rico. Me ha comentado mi doncella que mi dote es bastante elevada. De mi preceptor sé que viene de una familia más bien pobre. Su padre es un sencillo campesino. Es el mayor de cinco hermanos. Tiene dos hermanos y dos hermanas. Se nota que les echa de menos. 
                            Es el único de la familia que ha podido estudiar. Ha estudiado en Eton, nada menos. 
                            Yo era una adolescente cuando entró a trabajar en mi casa dándome clases. Mi institutriz había muerto tras una larga y penosa enfermedad. Era una mujer agradable, pero solía decir que una dama no debía de leer. 
                              Yo lo creí hasta que le conocí a él. Empecé a leer todos los libros que mi padre tiene en la biblioteca. 
                             No sé en qué momento empecé a enamorarme de él. Sólo soy consciente de que él está en mis sueños. Quiero irme a la cama pronto para poder soñar con él. 
                          Mi corazón late a gran velocidad cuando estoy a su lado. En ocasiones, cuando me está dando clases de Matemáticas, se confunde. 
-Ahora, es usted el que está distraído-le sonrío. 
-No es nada-me asegura. 
-No me mienta, profesor. 
                            Él me sonríe. ¡Tiene una sonrisa tan deslumbrante! 
                            Me es imposible no amarle. Siempre está alegre. Es amable con todo el mundo. Se ha hecho amigo de mi padre. Se ha hecho amigo de todos los criados que tenemos. Adora vivir en esta isla. Me lo cuenta mientras damos un paseo por la isla. 
-No me gusta nada el barullo que hay en Londres-me explica-Hay demasiada gente allí. 
                           Nunca he estado en Londres. Me han hablado de esa ciudad. Algunas de mis amigas han tenido ya su puesta de largo. Otras de mis amigas han estado en Bath. Nunca he estado en Bath. 
                            Me cuentan maravillas sobre las dos ciudades. Sin embargo, no estoy entusiasmada con mi puesta de largo. 
                           Mi madre ha encargado un vestuario nuevo para mí. Dentro de unos días, recibiré los nuevos vestidos que ha cosido para mí una conocida modista de Oxford. 
                           Yo sufro al pensar en que no volveré a ver a mi preceptor. No quiero llorar. Como sin ganas. Sólo quiero estar con él. 
                            Una tarde, alza su mano para acariciar mi mejilla porque, según él, me ve triste. 
                            Un agradable escalofrío recorre mi columna vertebral. 


-Lo siento-se excusa. 
-No ha pasado nada-le aseguro. 
-No piense mal de mí, milady. Sólo quería darle ánimos. No se enfade conmigo. ¡Se lo ruego!
-No estoy enfadada con usted, profesor. Sigo teniéndole en muy alta estima. Es usted un excelente profesor. Y estoy convencida de que va a llegar muy lejos, si se lo propone. 
                             Me doy cuenta de que estoy temblando. Pero él también está temblando. Me percato de que está más delgado. 
                             Estamos en el jardín. 
-Usted se casará con un aristócrata rico-me augura-Y tendrá muchos hijos con él. 
-No quiero casarme con alguien así-le confieso-No quiero convertirme en una cornuda. 
                            Me animo y le doy un beso en la mejilla. 
                            Veo cómo se pone rojo. 
                            Su corazón late a gran velocidad. Puedo escuchar los latidos de su corazón. 
                            Él me besa en la frente. 
                            Veo profundas sombras alrededor de sus ojos. 
-Milady...-balbucea-Yo...
                            Tengo la sensación de que me quiere contar algo. Pero no se atreve. 
                            Los criados hablan del extraño comportamiento de mi preceptor. Es verdad que acude a la taberna que hay en la isla todas las noches. Vuelve a casa completamente borracho. 
                            Los criados hablan de que podría padecer mal de amores. Yo no quiero pensar que el hombre que amo pueda estar con otras mujeres. El sólo pensar en eso me destroza el corazón. 
                            Mamá, mientras, sigue hablándome de los hombres que conoceré en Londres. 
                            Mi amor por mi preceptor debe de seguir siendo un secreto. No debe de saber lo que siento por él. He de olvidarle. 
                           Además, es posible que haya otra mujer en su vida. Me pregunto quién será ella. 
                           Me imagino cómo es. Debe de ser una de las criadas. Debe de ser una mujer casada que viva en la isla. 
                           Debe de ser una joven soltera que viva en la isla. Es una mujer que le ha robado el sueño. No debe de corresponder al amor que siente por ella. Su mirada es vidriosa cuando se posa en mí mientras paseamos. Su voz tiembla cuando me da las lecciones. Siento un odio terrible hacia esa mujer. Le ha robado el corazón. ¡Y ni siquiera es consciente de lo maravilloso que es! 
                          He intentado hablar con él en varias ocasiones acerca de esa mujer. Pero él no quiere contarme nada. Se encierra en un silencio similar al que yo vivo. 
                           Odio el silencio. Cuando estoy con mis padres, apenas hablamos. Ni siquiera hablan entre ellos. 
                           Los días pasan. Yo sigo con mis lecciones con él por las mañanas. Por las tardes, voy a visitar a alguna amiga. O alguna de mis amigas viene a verme a mi casa. O estoy cosiendo mi ajuar de boda. 
                          Pero él está viviendo en esta casa. Dice el ama de llaves que le ha oído llorar. 
                          Siento el deseo de echarme a llorar. Sé que su llanto es por esa maldita mujer. Me dan ganas de matarla. ¡Pero no sé quién es! 
                         ¿Es normal odiar tanto a alguien que no he visto nunca? No sé cómo se llama. No sé dónde vive. No sé el porqué sufro tanto. 
                         Porque le veo a él sufrir. 


-Profesor...-le abordo una tarde. 
-La noto muy distraída en la lección de Geografía-me regaña suavemente. 
-No soy yo la que está distraída. Es usted. 
-¿Y qué me pasa a mí?
-Los criados hablan. Les he oído decir que usted padece mal de amores. ¿Puedo averiguar quién es ella? 
-¡No! ¡No puede saberlo! 
                       Le cojo la mano. Siento cómo él me aprieta con suavidad mis dedos. 
-¿La conozco?-le pregunto. 
                        Clava sus ojos inyectados en sangre en mis ojos. Su mirada refleja el tormento por el que está pasando. 
                        Aprieta con más fuerza mis dedos y me hace daño, pero pienso que puede hallar cierto consuelo ese gesto. 
                         Empieza a hablar. Me dice que yo soy su alumna. Que estoy a punto de entrar en sociedad. Que puedo hacer una buena boda.
                         Le interrumpo dándole un beso en la mejilla.
-¡Yo no quiero nada de eso!-le confieso y mi voz sale como un grito desgarrador de mi garganta.
-¡No puede estar hablando en serio, milady!-exclama y su voz sale igual de desgarradora.
                        Acuna mi rostro entre sus manos.
                        Está temblando. Sólo en ese momento soy consciente de que mi amor es correspondido. La mujer por la que mi preceptor está sufriendo soy yo. Está enamorado de mí. Y yo...¡Yo estoy enamorada de él!
                         ¿Qué va a ser de nosotros? Es una pregunta que me ronda la mente.
                          Entonces, sus labios se posan sobre los míos y me roba mi primer beso de amor.
                          Esta noche, los dos yacemos desnudos a la orilla del río Támesis. Sobre la hierba...Nos hemos encontrado a escondidas. Nadie sabe que he salido de casa a medianoche. Le he visto. Nos pertenecemos el uno al otro.
                          Nos hemos fundido en un apasionado beso nada más vernos.
                          ¡Es una locura!
                          Ya desnudos, volvemos a besarnos con más ardor. Besa mi cuello con deleite. Chupa mis pezones con sensualidad.
                           Despierta en mí sensaciones desconocidas. Placer...Deseo...
                           Mi cabeza reposa sobre su hombro mientras me dice que piensa venir mañana por la tarde. Quiere hablar con mi padre. Quiere explicarle lo que hay entre nosotros.
-Quiero que nos casemos-afirma con determinación-Quiero pasar el resto de mi vida a tu lado.
                           Mi corazón estalla de júbilo mientras él recorre con los labios cada centímetro de mi piel. Muerde. Lame. Chupa. Besa. Acaricia con la lengua.
                           Le siento, finalmente, mío. Y yo soy suya.

FIN

lunes, 26 de octubre de 2015

RETO HALLOWEEN: "UN ALMA ATORMENTADA"

Hola a todos.
Sé que hace días que prometí que iba a subir el relato para el reto de Halloween que organiza el blog "Acompáñame". Pero se me atascaba el relato y no podía subirlo.
Finalmente, revisando entre mis viejos relatos sin terminar, hice lo mismo que hice el año pasado con El fantasma del toro. Aprovechar el reto para terminar un relato que ya iba tocando.
Aquí os dejo con el relato con el que participo en el reto. Espero que os guste.

UN ALMA ATORMENTADA

                                   Han pasado unos cuantos años desde mi muerte. Estamos en el Año de Nuestro Señor 1812.
                                   Lady Patricia Peyton ha oído hablar mucho sobre mí. Es la hija de un baronet.
                                  Mi nombre es Belinda. Mi vida no ha sido nada fácil. Perdí a mis padres cuando era muy pequeña. Luego, pasé al cuidado de un amigo de mi padre.
                                  Mi familia era más bien pobre. El amigo de mi padre era un hombre rico. Cuando llegué a la adolescencia, entré a trabajar como criada en su casa. No se preocupó de enviarme a un internado. No sé leer. No sé escribir.
                                  Ningún miembro de mi familia quiso ocuparse de mí. Aquel hombre me trataba con sumo desdén hasta que crecí.
                                  Pero tuvo que violarme. Entró una mañana en la cocina mientras yo estaba preparando el desayuno y empezó a besarme a la fuerza. Juro que intenté defenderme. Que le arañé. Pero él empezó a pegarme. Nunca antes he estado tan asustada. Me volví loca cuando me di cuenta de lo que me había hecho. Estaba sangrando mucho y me dolía todo el cuerpo.
                               Lo peor vino cuando supe que iba a tener un hijo de aquel malnacido.
                               Morí cuando traje a mi pequeño al mundo. Lo último que escuché fue su llanto cuando nació. Fue un parto terrible. Yo me había ido de la casa de aquel miserable. Ni siquiera llegó a saber que iba a tener un hijo fruto de la violación de la que fui víctima por su parte. Tenía diecisiete años en el momento de mi muerte.
                                Mi hijo tiene la misma edad que yo tenía en el momento de mi muerte. Fue a parar a un orfanato. De allí, ha empezado a trabajar en la casa de los Peyton. Esta casa solariega se encuentra en Cripley Meadow. Lady Patricia es menor que él un año.
                              Desde donde estoy, puedo ver perfectamente lo que está pasando. Sé que le pusieron en el orfanato el nombre de Nathaniel Duncan. Se parece mucho a mi padre. Y lady Patricia...¡Me recuerda tanto a mi madre! Lady Patricia es una damita encantadora.
                             Ella no puede verme. Su doncella le ha contado historias acerca de una extraña dama que se pasea de noche por el sótano. Una mujer que parece velar el sueño del joven Nathaniel Duncan.
-A lo mejor, es su ángel de la guarda-comenta Patricia, mientras su doncella cepilla su largo cabello.
-A mí me da miedo esa mujer, milady-insiste la doncella-Tiene los ojos de color rojo fuego.
                             Me han visto varios criados de los Peyton. Soy una sombra que recorre el sótano con sigilo. Puedo hacerle la vida imposible a todo aquel se meta con mi pequeño Nathaniel.
                             Pero él ya no es mi pequeño. Ha crecido mucho.
                             Soy casi invisible para los miembros de la servidumbre. Intento que él sienta mi presencia protectora. Pero parece que tiene miedo de mí.
                             Hay quién dice que me oye gritar por las noches. Pero grito de pura desesperación por lo que estoy viendo.
                              No puedo quitarme de la cabeza la imagen de Nathaniel con Patricia. ¿Cómo no me di cuenta de lo que estaba pasando?
                              No pude hacer nada cuando, hace unas noches, Nathaniel se coló en la habitación de lady Patricia.
                              Ella no tardó mucho tiempo en ponerse de pie.
                              Se acercó a él y comenzaron a besarse con tanta pasión que me quedé paralizada.
                              Los espíritus oyen. Y ven.
                              Mientras se besaban con ardor, comenzaron a desnudarse el uno a la otra.
                              Yo no sé lo que es la pasión, pero Patricia ha sido la que ha despertado una pasión intensa en Nathaniel. Él no podía dejar de besar el cuello de la hija del baronet mientras caían sobre la cama.
                               ¿Qué pude hacer yo en aquel momento? Me han dicho que parezco un ánima en pena. Dicen que mi vestido está manchado de sangre. Debí de haber hecho algo para separarles. Pero no pude hacer nada.
                              Todo lo que hicieron aquella noche no lo pude hacer yo. Patricia le entregó su virginidad con alegría a mi hijo.
                             Vi las manos de la joven hija del baronet acariciando la espalda de mi querido Nathaniel.
                              Me oyeron gritar fuera.
                             Lo que más me dolió fue la forma en la que se miraron. Nadie sabe que el uno es dueño del corazón del otro. Se han enamorado y nadie lo ha visto.
                             Patricia tiene mucha confianza con su doncella. Confianza que nace de años de peinarla. De ayudarla a vestirse. Confianza que nace de la inexperiencia de Patricia.
                             Pero sabe que no puede contarle a nadie lo que yo sé. Mi hijo acabaría en la calle y sólo Dios sabía lo que le harían a ella. O lo que el baronet le haría a mi pequeño Nathaniel.
                              La cocina acabó hecha un desastre. Mi rabia fue tal que empecé a romper todo lo que encontré a mi paso.
                              No soy violenta. Uno de los encargados del orfanato donde Nathaniel se crió osó darle un bofetón porque no supo responder correctamente a una pregunta. Nadie le hace daño a mi hijo. Al día siguiente, aquel hijo de perra acabó tirándose desde la ventana del último piso del orfanato. Murió desnucado al caer al jardín.
                           El hijo de perra que me violó también tuvo un mal final. Le ayudé a morir ahogado en el río Támesis.
                           Pero no puedo hacerle daño a Patricia. ¡A ella no! Nathaniel la ama. Él no sabe la verdad sobre sus orígenes.
                         No me he atrevido nunca a aparecerme ante él y contárselo todo.
                         Los vi besándose con pasión y con ternura a la vez de manera larga e intensa.
                         Ambos temblaban de manera violenta. Les oí susurrarse palabras llenas de amor. Se hicieron muchas promesas.
                         Les oí jadear y los recuerdos de aquella aciaga mañana acudieron a mi mente. Pero no se trataba de la misma situación.
                         Presencié cómo Nathaniel besaba una y otra vez con deleite los pechos de Patricia. Cómo ella se retorcía de gozo mientras él lamía sus pezones.
                         La vi al día siguiente en el jardín. Traté de acercarme a ella, pero fue su madre la que me vio. La cara que puso la dama al verme fue de puro terror. Mis ojos parecían querer fulminar a aquella mujer que no tenía la culpa de nada. Empezó a gritar de puro terror. Yo necesitaba desquitarme con alguien.
                        Necesitaba olvidar de mi memoria la imagen de las piernas de Patricia rodeando las caderas de mi hijo.
                         Estuvo mal lo que hicieron.
                        Él se perdió en la humedad del cuerpo de la hija del baronet. Olvidó lo que era correcto.
                         Los dos se convirtieron en un animal de cuerpo extraño. Un animal que nació de la unión de sus cuerpos.
                        Se movía con ferocidad por aquella enorme cama adoselada. Sus gritos aún resuenan en mis oídos.
                        Nathaniel bajó al sótano por la mañana. Yo estaba esperándole sentada en su estrecho jergón.
                        Una lavandera ya se había despertado. Se puso pálida al observarme. Durante unos instantes, pensé que iba a ponerse a gritar.
                        No lo hizo. En su lugar, cayó desmayada sobre su estrecho jergón.
                        El ama de llaves estaba despierta. Se nota que ha pasado mala noche.
-¿Dónde has estado?-le preguntó a Nathaniel, nada más verle-No has bajado al sótano en toda la noche.
-He estado dando un paseo-respondió él, mintiéndole.
-¿Adónde has ido?
-Ya le he dicho que he estado dando un paseo.
                       Eran mentira. Yo quería gritárselo. Pero no podía hablar.
                       Nathaniel yace todas las noches en los brazos de lady Patricia.
                       Esta noche, ella ha bajado al sótano y él la estaba esperando desnudo. La ha desnudado y su cuerpo se estremecía al verla.
                       Es una joven realmente bella. Nathaniel no sabe lo que está haciendo. Vienen de mundos distintos. Su relación no tiene futuro.
                       Patricia se ha entregado a él sin reservas.
                       Lo que hacen no es la brutalidad que cometió mi protector contra mí. Se trata de verdadero amor. De algo que yo jamás he experimentado.
                        Doy un portazo cuando están juntos.
                       Me atormenta saber que mi hijo piensa en el hermoso rostro de lady Patricia mientras realiza los recados. Debería de buscarse una esposa de su misma posición.
                       He roto varios jarrones. El baronet cree que la casa está embrujada. Habla de ir a ver al sacerdote de la zona. Quiere limpiar la casa de fantasmas. Quiere echarme de aquí. No se lo pondré tan fácil. Mi hijo vive en el sótano de esta casa. Trabaja para él.
-¿Es verdad que hay fantasmas?-le pregunta Patricia a su madre cuando entra en su gabinete.
-No lo sé, cariño-responde la dama-Mis nervios están a flor de piel. ¿Dónde están mis sales?
-La doncella ha ido a buscarlas.
-No duermo por las noches. Veo a una joven que lleva puesto un vestido manchado de sangre.
                       Se roban besos Nathaniel y Patricia en el hueco de la escalera.
                       Nadie los ve.
                       Se abrazan detrás de los árboles del jardín.
                       Él besa los pechos de Patricia cuando se cuela en su habitación.
                       Esta noche, ella ha acariciado con sus manos el cuerpo de mi hijo en toda su extensión. Ha llenado de besos su torso. Ha mordisqueado sus tetillas. He visto cómo su lengua recorría su vientre. Y se perdía. Se perdía entre sus piernas.
                     Los recuerdos de lo que me hicieron golpean mi memoria. No quiero seguir mirando.
                     No quiero ver a mi hijo besando el vientre de lady Patricia. No quiero ver cómo besa su cuello con deleite. Cómo lame sus pechos.
                       Es demasiado doloroso para mí. Porque este amor está condenado.
                     Me oyen los criados gritar. Saben que hay un espíritu viviendo en la casa solariega del baronet. Pero no saben de mi secreta desgracia.

FIN
                             

domingo, 25 de octubre de 2015

LO QUE ESCRIBIMOS

Hola a todos.
En la novela romántica, existen distintos tipos de subgéneros. Es lo que hace de ella un género maravilloso. Podemos encontrar de todo. Y para todos los gustos...
Siempre me ha gustado la novela romántica de época. Es algo que nunca he negado. Todos mis relatos transcurren en tiempos lejanos. He intentado escribir algo más actual. Pero no puedo. La Historia me fascina. Es como viajar en el tiempo.
No todas las novelas románticas son iguales. Aunque puedan contar la misma historia una y otra vez.
Es posible que pequen de tópicos que están muy vistos. Tenemos a la heroína virginal aunque haya estado casada más veces que Elizabeth Taylor. Sólo perderá la virginidad con el galán de turno. Tenemos al aristócrata duque/conde/marqués/vizconde que se ha acostado con toda la población femenina de Inglaterra. Tenemos a los secundarios interesantes, pero que parecen no tener vida propia.
Sí, podemos criticar algunas cosas. Como, por ejemplo, que el galán se haya acostado con miles de mujeres y no tenga hijos bastardos. O no haya cogido una enfermedad venérea. Pero, por algún motivo, nos gusta leer esas novelas. Tienen todas el mismo final. Un final feliz...
Queremos tener nosotras también nuestro final feliz. Tener esperanza en que hay alguien esperándonos. Que se enamore de nosotras.
Existe el tópico del chico malo que cambia por amor. En la vida real, se han visto demasiados casos en los que el chico malo no cambia. Va a peor.
Pero la fantasía es libre. La imaginación es libre. Las Musas nos dicen al oído lo que debemos de escribir.
No hacemos caso a lo que dicten las modas.
Las Musas mandan. Las Musas son las que toman las decisiones por nosotros. Son seres caprichosos. Nunca están cuando se las necesita. Y aparecen con ímpetu cuando menos las esperamos. Son ellas las que nos dictan lo que debemos de escribir.
En realidad, las novelas románticas son distintas entre sí. María Teresa Sesé y Corín Tellado escribían novelas románticas.
Sin embargo, su forma de contar esas historias eran distintas. Puedes leer una novela de María Teresa Sesé y una novela de Corín Tellado. Parece la misma novela. Pero las lees y son distintas.
Cada escritora tiene una forma única de escribir. No podemos ir copiando a los demás.
La novela romántica existe desde hace muchísimos siglos. Antes, se las llamaba novelas sentimentales. Pienso que son novelas que hacen mucho bien a la gente. El amor tiene que ser el motor que mueve el mundo.

Resultado de imagen de Novelas románticas antiguas

Todos tenemos una fantasía. Fantaseamos con hacer cambiar a un hombre. Que él sea del modo que nosotras queremos que sea. Eso es imposible. Las personas no cambian de golpe y porrazo. Tienen un proceso lento de transformación. Si es que llegan a cambiar de verdad.
Tenemos novelas de suspense romántico. En algunos casos, se da la misma prioridad a la trama de suspense y a la trama amorosa. Sin embargo, hay novelas de suspense romántico donde se da mucha prioridad a la trama de suspense y la trama amorosa queda en un segundo plano.
Hay novelas románticas eróticas. No es lo mismo que una novela pornográfica.
El sexo que se practica en las novelas románticas eróticas nace del corazón. Son dos personas que están enamoradas y se demuestran su amor de forma física.
No hay nada malo en ello. Las escenas son más explícitas que en cualquier novela romántica.
Pero se tratan de dos personas que se aman. El sexo que practican es por amor. Hacen el amor.
Sin embargo, en otras novelas, el sexo desaparece por completo. La autora decide que no es necesario que la pareja protagonista se vaya a la cama para demostrarse su amor. Eso está en el criterio de cada autora.
La manera en la que se describe la relación amorosa está llena de intensidad en las miradas. En la manera en la que se hablan. El sexo no es necesario.
Pero cada autora tiene una forma de contar única. Puedes incluir sexo en tus historias. O puedes prescindir de él. No importa.
Lo que de verdad importa son los sentimientos. La manera en la que se desarrolla la historia. Si hay sexo, nace del amor. Si no hay sexo, hay momentos en los que un beso lo dice todo.
No importa la manera en la que se demuestren los personajes que se aman. Mientras sea amor.
Todavía me quedan muchas cosas por aprender en el mundo de la Escritura.
He aprendido a no irme por las ramas. Estoy aprendiendo a no meter paja en mis historias. Estoy aprendiendo a que todos buscamos un final feliz.
Necesitamos leer algo que termine bien. La realidad es demasiado triste. Necesitamos pensar que podemos ser felices algún día.
Estoy aprendiendo muchas cosas. Pero me queda mucho también por aprender. No debemos de coartar nuestra imaginación. Es libre.
Escribamos lo que queramos. Lo he dicho muchas veces. Respetamos la manera de escribir de los demás.
Seamos felices escribiendo.
Escribir es lo que nos hace libres. Es lo que nos gusta.



jueves, 22 de octubre de 2015

RETO DE HALLOWEEN DEL BLOG "ACOMPÁÑAME"

Hola a todos.
El blog "Acompáñame" piensa celebrar Halloween por todo lo alto. Y lo hará como sólo ellos saben hacerlo.
Han organizado un reto que consiste en escribir un relato de terror.
Debe de ser de como mínimos dos páginas de extensión y el tamaño de la fuente es de doce, tipo Times New Roman.
El título debe de estar relacionado con Halloween.
Los relatos se deben de colgar en vuestro blog o en vuestras páginas de Facebook bajo el título "Reto: Halloween". Cuando hayáis colgado el blog, debéis de volver al link que os dejo a continuación, indicando que participáis y dónde lo pueden recoger.

http://podemos-juntos.blogspot.com.es/2015/10/reto-para-halloween.html

Naturalmente, al inicio del relato, debéis de decir que forma parte del Reto de Halloween del blog "Acompáñame".
Hay que enlazar el blog para que todo el mundo lo pueda ver y se anime a participar.

Si queréis enviar el relato directamente en word, debéis de dirigiros a la siguiente dirección de correo electrónico:

 irisamigos@hotmail.es 

Comparte el reto en vuestras redes sociales, como Twitter, con el hastag #retohalloweenblogacompañame. Ve al link mencionado anteriormente y colocad la dirección donde habéis compartido el reto. 

Os animo a todos a que participéis. Como en anteriores ocasiones, los relatos serán recogidos y formarán parte de una Antología que se podrá descargar en PDF de forma gratuita. 
¿A qué estáis esperando? 
Tenéis hasta el 1 de noviembre para celebrar Halloween con el blog.