martes, 4 de agosto de 2015

CARTAS A BIBI

Hola a todos.
Aquí os traigo una nueva carta que Jorge le escribe a Bibi.
Todavía me quedan unas cuantas de estas bonitas cartas de amor que subir al blog. Y las iré subiendo poco a poco.
Veamos qué le escribe hoy nuestro enamorado chico a su amada.

                                         Mi dulce Bibi:

                                      Hoy, es un día muy especial para nosotros. No sé si te acordarás que hace ya tres años que empezamos a salir juntos.
                                      Entiendo que puedas haberte olvidado. Tienes demasiadas cosas en la cabeza.
                                      Está tu madre, quién ya ha hablado con un abogado. Va a empezar los trámites de divorcio cuanto antes, pero lo tiene muy complicado.
                                      Quieres ayudar a tu madre en la tienda. Pero tu vieja quiere que vayas a la Universidad en cuanto hagas la Selectividad. No me olvido. Terminas C.O.U este año. Tienes que empezar con los exámenes de Selectividad. Me has comentado que quieres estudiar diseño. O estudias diseño o te pones a trabajar en la tienda con tu madre.
                                    No sé qué hacer con mi vida.
                                    Me gustaría estudiar Medicina. Pero a mis viejos no les agrada que vaya a la Universidad. Saqué en Selectividad más de la nota que necesito para empezar la carrera de Medicina. Pero he estado ayudando a mi padre con su empresa. Tiene una pequeña empresa de transportes. A veces, le he acompañado a hacer repartos.
                                   Hemos pasado fuera de casa hasta una semana. No es un trabajo que me entusiasme mucho. No me gusta estar días enteros fuera de casa.
                                   Dentro del camión, mi padre me decía que era bueno alejarse de casa durante unos días. De ese modo, se evita tener problemas con la familia. Creo que hablaba refiriéndose a sus broncas con mi madre.
-¿No echas de menos a mi madre?-le pregunté.
-Para nada...-respondió él.
-Pues yo echo de menos a Bibi.
                                   Mis padres no suelen hablarme nunca de lo que hacían cuando eran novios. Yo sé que tus padres se conocieron cuando tenían una edad similar a la nuestra.
                                   Recuerdas el matrimonio de tus padres como un matrimonio feliz. Pero veías que tu padre era muy dependiente de tu madre. Y tu madre, ahora, teme haberse vuelto una dependiente de Germán.



                                  Hablamos del tema mientras estoy contigo en la salita de estar de tu casa. Estamos sentado alrededor de una pequeña mesa. Estás haciendo los deberes.
-Mi madre, aunque no lo quiere admitir, llora por él-me confiesas.
-¿Cómo lo sabes?-te pregunto.
-La oigo llorar muchas noches.
-¿Y qué es lo que dice ella?
-A veces, he pensado que ama más a Germán de lo que ama todavía a mi padre. Pero es un tema del que no quiere hablar. Piensa que me va a doler. Me duele más verla llorar por un hombre que no se lo merece.
-Lo siento mucho. Por todos vosotros...
                            Me das un beso en la mejilla.
                            Es un tema del que no te gusta nada hablar. Pero, por algún motivo, te desahogas conmigo.
                           Apoyas tu cabeza sobre mi hombro.
                           Bibi, me siento un inútil. Siento que te presiono.
                           Rodeo tu cuerpo con mis brazos.
                           Quiero ser tu principal apoyo. Pero me he convertido en alguien que depende de ti. Y quiero que tú también dependas de mí.
                              Eso no es bueno. Los dos hemos de ser fuertes. Hemos de apoyarnos en todo. Pero el uno no debe de anular al otro. Eso es algo que hemos de aprender de lo que le ocurrió a tus padres. Y de lo que le ha ocurrido a tu madre con Germán.
                              Aún así, lo único que quiero es hacerme viejo a tu lado.
                              De pronto, te abalanzas sobre mí para besarme con toda la pasión que anida en tu ser.
-¡Feliz aniversario!-canturreas, contenta.

domingo, 2 de agosto de 2015

PUEDE SER

Hola a todos.
Hacía algún tiempo que no subía ningún relato de época a este blog.
Aquí os traigo un nuevo relato. En su origen, iba a ser una gran novela (o eso pensaba). Hasta que me quedé bloqueada cuando apenas había empezado a escribir (cosa muy frecuente en mí).
Me he animado a terminarlo. Está muy lejos de ser la gran novela que pensaba que sería cuando empecé a escribirlo. Sin embargo, me ha quedado un cuento muy corto y muy sencillo que deseo que sea de vuestro agrado.
Transcurre a finales del siglo XVIII en una pequeña islita y tiene tintes románticos.

PUEDE SER

FIDDLER'S ELBOW, EN EL RÍO TÁMESIS, A SU PASO POR SANDFORD LOCK, EN EL CONDADO DE OXFORDSHIRE, 1799

                  Se sentaban en el palco de una importante familia cuando iban al teatro. Se ganaban a la gente con su gran carisma. Miss Julie Evans lo había comprobado cuando eran invitados a asistir a una cena o a un baile. Sus hermanos acaparaban todas las miradas. Apenas habían perdido el tiempo haciendo fechorías desde que llegaron a aquella isla. Pero Julie no era tonta. 
                          Había oído distintos rumores relacionados con sus hermanos. Los Evans no pertenecían a la aristocracia. Pero mister Evans era un conocido banquero de la city. Había costeado el viaje a Europa que hicieron sus dos hijos mayores. Su única hija estudió en un internado. Julie había disfrutado de su puesta de largo. Poseía una buena dote. Se codeaba con la flor y nata de la alta sociedad. 
                          Los rumores que la joven había escuchado con relación a sus hermanos no le habían hecho ni pizca de gracia. Duelos al amanecer...Aventuras con esposas de políticos...
                           Tales rumores tenían visos de ser reales. Desde hacía algún tiempo, los tres hermanos estaban viviendo en una casa que mister Evans arrendó en la pequeña y remota isla de Fiddler's Elbow. Pudieron haberse ido solos sus dos hijos mayores. 
                            Pero Julie fue obligada a acompañarles. Su vida en la isla transcurría tranquila. Visitaba a los poquísimos vecinos que había allí. Salía a pasear sola con su doncella. 
                           Y escribía muchas cartas. Escribía cartas a sus amigas. Sus hermanos se pasaban todo el día en Sandford Lock. 
                           Y seguían metiéndose en líos. Su hermano mayor se había casado de forma impulsiva con una joven a la que acababa de conocer. Julie lo supo en cuanto el matrimonio regresó de Gretna Green. Nunca antes había visto a su cuñada. 
                        Quiso pensar que su hermano había hecho algo bien en su vida. Se había casado. Y tendría hijos algún día. 
                          De aquel modo, Julie intentaba no pensar en otras cosas. Como el apuesto amigo de sus hermanos...El mismo que estaba en el saloncito en aquellos momentos. 
                          Julie se centró en lord Arthur Ludwig. De origen alemán, era el barón de Luft. 
                          Arthur bebió un trago de su vaso de coñac. Lo saboreó con lentitud. Iba siempre bien vesitdo y sus pantalones no se arrugaban. Era todo un caballero, tranquilo, joven y sofisticado. 
                          Había sido el primer hombre que había besado a Julia en la boca. 
                          A raíz de aquel recuerdo, a Julie le dio raspera. Otros recuerdos acudieron a su mente. Trató de dominarlos como pudo. 
                          Se alisó la falda, que tenía una arruga. Arthur ejercía una buena influencia tanto en Peter como en Alexander, los hermanos de Julie. 
-Hermano...-le dijo Julie a Peter-Es obvio que tenemos que regresar a Londres. Tienes que hablar con padre y con madre. Contarles lo que has hecho. No puedes pasarte la vida escondiéndote de ellos. Antes o después, tienes que dar la cara. 
-¿Dar la cara?-se escandalizó Peter-Padre no me lo perdonará jamás porque mi mujer no es de su misma clase social. 
-Eso no importa. Lo sabes tan bien como nosotros. Admite que ha llegado el momento y podremos prepararnos para partir. 
                           Peter y Alexander miraron a Julie con estupor y, acto seguido, se miraron entre ellos. 
-El problema es que nunca vas a cambiar, Julie-afirmó Peter-Siempre has cogido el toro por los cuernos. Eres una mandona, hermana. Esta isla no te ha cambiado ni un ápice. 
-¿Y eso es malo?-indagó la aludida con cierta sorna-Sólo soy una mujer. Nunca me hacéis caso. Mi opinión no os importa nada. 
                           Arthur frunció el ceño. 
                           Peter enrojeció. Al menos, tuvo el detalle de mostrarse algo avergonzado. 


-No me parece que tu comportamiento sea el apropiado de una dama-contestó Peter. 
-No quiero hablar de tu comportamiento-replicó Julie. 
-Te...
                           Peter se interrumpió. 
                          Lo último que quería era discutir con Julie. Optó por guardar silencio. Se calló. 
                          En cuanto a la joven, se limitó a clavar sus ojos en su hermano. Sabía que acabaría ganando aquella guerra de voluntades. Pasaron unos instantes interminables. Al final, Peter alzó los brazos en señal de cansancio. 
-Ten piedad de mí-le pidió-No me gustan las mujeres bravas. Aunque esté casado con una de ellas. 
-Sophie es demasiado buena-aseveró Julie-Su padre es el dueño de la librería de Sandford Lock. No es pobre. 
                             La comparación con la apasionada Sophie, la mujer de Peter, llamó la atención de la hermana de éste. La joven decidió que tenía que hablar con su cuñada. Alguien tenía que enseñarle el poder que tenía una mirada en un momento determinado. 
-Acabas de hacer lo correcto-opinó Julie-Que ha sido ceder. 
-Ha sido como volver a ser un niño-se lamentó Peter. 
-¿Te acuerdas de cuando éramos pequeños?-se rió Alexander-Julie nos dominaba a todos. Siempre ha sido la más fuerte de los tres. 
                            La aludida había estado bordando durante todo el rato que duró aquel duelo de voluntades. Lo que más hacía desde que llegó a Fiddler's Elbow había sido bordar. 
                            Apartó su labor. Se puso de pie. Se acercó a un cajón del armario. Sacó de él una pluma. También sacó un tintero lleno. Y unas cuantas hojas...Se sentó a la mesa del saloncito. Mojó la pluma en la tinta y empezó a escribir. 
-Tenemos que hablar-le susurró Arthur. 
                          Ni se había dado cuenta de que se había acercado a ella. Julie se sobresaltó. 
                          Estuvo a punto de tirar el tintero de un manotazo. 
-¿De qué quieres que hablemos?-le preguntó Julie, con voz temblorosa. 
-Ocurrió algo entre nosotros el otro día-respondió Arthur-No quiero ocultarte lo que siento. Estoy enamorado de ti, Julie. 
                            Era verdad. Desde que conoció a aquella joven de cabello de color castaño y de ojos de color azul, Arthur sólo había podido pensar en ella. 
-Hablaremos en otro momento-le rogó la alterada Julie. 
                            Alexander y Peter estaban distraídos con su cháchara. No se dieron cuenta. 
                           No se percataron de que Arthur besó apasionadamente a Julie en los labios. 


-Esto no está bien-le reprochó Julie con la voz ahogada. 
-De acuerdo...-asintió Arthur, cansado-Pronto...
-Vete. 
                             Julie perdió el hilo de lo que estaba escribiendo. 
                            Arthur la había acompañado en muchos de sus paseos por la isla. Vivía allí casi todo el año. 
                            Le gustaba más estar en aquel lugar. 
-Lo prefiero a Londres-le comentó una tarde, mientras estaban sentados en el suelo. 
-A mí también me gusta estar aquí-afirmó Julie. 
                           En teoría, iba a visitar todas las tardes a sus hermanos, pero, en realidad, iba a visitarla a ella. 
                           Una noche, Julie cometió la locura de dejar la ventana de su habitación abierta. Mientras sus hermanos, los pocos criados que estaban en la casa y su cuñada dormían, Arthur se coló por la ventana. 
                           Julie se quedó sin habla. Todavía no se había quedado dormida y Arthur se acercó a su cama. La idea de echarle de su habitación pasó por su mente. 
                           Pero él empezó a besarla con ardor y nubló cualquier pensamiento coherente de la cabeza de Julie. 
                           Lo que hicieron estuvo mal. Julie lo sabía. Arthur quería hablarle de matrimonio. No sólo eso. 
                           Le había hablado también de amor. 
                           Aquella noche, Julie no supo qué ocurrió. Sólo supo que yacían los dos en su cama. Desnudos...
                            Besándose. Se besaron una y otra vez. Se besaron con mucha pasión. 
                            Arthur no dejaba de besarla ni de abrazarla ni de acariciarla. Julie sentía sus manos recorriendo cada centímetro de su piel. Sentía sus labios besando con arrebato su cuello. O succionando sus pezones. 
                            De aquel modo, perdió la virginidad entre los brazos de aquel hombre. 
                            El mismo hombre al que tuvo que echar al día siguiente de su habitación. ¡Quería quedarse allí para hablar con sus hermanos sobre casarse con ella! 
                             Well, el gato de Julie, fue el que la sacó de sus pensamientos. 
                            Se acercó a ella ronroneando. 
                            Julie lo alzó en brazos. Lo colocó sobre su regazo con gran ternura. Antes o después, debía de tomar una decisión. 
                            Habían transcurrido dos semanas desde aquella inolvidable noche. 
                            No se trataba sólo de su reputación. Julie quería ser feliz al lado de un hombre bueno. Un hombre que la amara de verdad. Y al que amara a su vez. ¿Y si Arthur era aquel hombre? ¿Y si estaba perdiendo el tiempo con sus dudas?
-Puede ser que esté enamorada de Arthur-le comentó a Well-Puede ser que él sea el hombre de mi vida. ¿Tú qué crees? 


                                Well maulló. Julie se echó a reír. 
                                No sabía qué decisión tomar. Sólo sabía que necesitaba a Arthur en su vida. 
                                A lo mejor, sí era él el hombre de su vida. Tenía que intentarlo. Podía valer la pena. 

FIN

sábado, 1 de agosto de 2015

CARTAS A BIBI

Hola a todos.
Aquí os traigo una nueva carta que Jorge le escribe a Bibi.
¡Veamos qué ocurre entre ellos!

                                     Mi adorada Bibi:

                                   No he dormido esta noche en la casa de mis viejos. Ha habido otra vez movida y me están entrando ganas de pasar otra vez de ellos. Están indignados porque ya no es un secreto a voces.
                                 Tu madre quiere divorciarse de Germán.
-¡Si no llevan casados ni tres meses!-ha protestado mi madre.
-¡Es una zorra!-ha exclamado mi padre.
                                En realidad, ha dicho algo todavía peor. Pero no quiero reproducirlo.
-¡Es su vida!-les he replicado-Y la culpa de todo la tiene ese tal Germán. Nos engañó muy bien a todos.
-Germán parece un hombre decente-ha dicho mi viejo.
-¿Y qué clase de hombre tiene a su mujer abandonada en un hospital tras perder el crío que esperaba?
                              Total, hemos acabado discutiendo. Me he largado de casa dando un portazo. Sentía que me iba a estallar la cabeza.
                              He decidido buscar refugio en el bosquecillo. Muchas noches, he dormido allí a la intemperie.
                              Es verdad que tu madre y Germán llevan casados muy poco tiempo. Pero tu madre no puede más. Tú la apoyas. Pedrito todavía no sabe nada. Tu abuela también la apoya. Me lo contaste esta tarde, cuando fui a recogerte al instituto. Te metiste en el coche.
-Mi madre ha hablado con un abogado-me contaste-Lo tiene decidido. Quiere divorciarse de Germán.
-Peleó mucho para estar con él-te recordé.
-Apostó todo por ese amor.
                          Arranqué el coche. Yo te veía triste.
                          Estabas pensando en todas las broncas que tuviste con tu madre cuando te enteraste de que había vuelto a enamorarse. Germán lleva semanas sin aparecer por vuestra casa. Creo que no han llegado a convivir juntos.
-Se esfumó en cuanto mi madre perdió el bebé que esperaba-te lamentaste.



-¿Qué le has dicho?-te pregunté.
-Me habría gustado haberle dicho que se lo advertí, pero no es el momento. Mi madre me necesita, Jorge.
-Siempre has sido una chica fuerte, Bibi. Una verdadera Supergirl...
                        Te echaste a reír. Pero tu risa sonó triste.
-No soy eso-me afirmaste-No lo soy.
                          Atravesamos el puente que conecta la ciudad con Toralla. Todavía no sabes que he discutido con mis padres. Pero no tardarás en saberlo. En cuanto leas esta carta.
                          Ya has leído todas las cartas que te he escrito. Pasamos la tarde en la playa.
                           Dimos un paseo. Y me lo contaste.
                          Has llorado al leer cada una de las misivas que te he escrito.
-Tú eres el chico con el que quiero estar, Jorge-me has asegurado.
                           Mi corazón late de alegría cuando estoy contigo. Es una frase muy cursi. Pero es lo que siento cuando te veo, mi dulce Bibi.
                           Quiero pensar que las cosas van a empezar a mejorar a partir de ahora. ¡Debes de tener paciencia! Tu vieja es una mujer fuerte.
                            Saldréis los tres adelante. Me tienes a mí, Bibi. Tienes a tu abuela.
                            Y las amigas de tu madre también os ayudarán.
                            ¡Has venido! Me has contado que los gritos que proferíamos mis viejos y yo se oían desde tu casa.
                            Conoces demasiado bien cómo soy. Sabes que prefiero estar solo cuando estoy furioso. Pero se me pasa todo en cuanto te veo.
                             Estoy sentado en el suelo. Te sientas a mi lado. Llevas puesto el pijama.
                            Ni tu madre ni Pedrito saben que has salido de casa.
-¿Cómo estás?-me preguntas.
-Ahora que te veo, estoy bien-te respondo.
-¿Por qué has discutido con tus padres?
-Prefiero no hablar de ese tema. Bastante agobio tienes en tu casa.
-Pero quiero ayudarte, Jorge.
-No ha sido nada, Bibi. No te preocupes. Mis viejos estarán chillándose entre ellos. Ocurre con frecuencia en mi casa.
                              Te sonrío. Me cuesta trabajo sonreír. Pero quiero que estés bien. ¡Te quiero tanto, mi adorada Bibi!
                              No sé cómo expresarlo con palabras.
-Bibi...-te susurro.
-Jorge...-me dices a tu vez-Pase lo que pase, quiero que seas sincero conmigo. Por favor...
                             Tan sólo puedo expresar este amor tan grande que hay dentro de mi corazón con hechos.
                             Mis manos acariciar tu pelo. Lo llevas suelto y es tan rubio como un rayo de Luna. Te lo he dicho muchas veces.
                             Te ríes cuando te lo digo.
                            Caemos sobre el suelo envueltos en un abrazo muy fuerte. Mis labios se apoderan de tus labios.
                             No quiero pensar en nada mientras me quitas la camiseta y yo te desabrocho la parte de arriba de tu pijama. Es mejor no pensar. Sólo limitarnos a sentir.



                              Y ya, desnudos, vuelvo a besarte con desenfreno en los labios. Mi boca no se cansa de besar cada centímetro de tu piel.

viernes, 31 de julio de 2015

OLAS DE CALOR

Hola a todos.
Julio está llegando a su fin. Ha terminado la mitad del verano. Todavía queda un mes y medio de verano. La vida sigue su curso. Sin embargo, en lo que llevamos de verano, han habido unas cuantas olas de calor.
Dicen que es normal. Dicen que es normal que las temperaturas se disparen. Que alcancen unos grados que parecen imposibles. ¡Casi 50ºC!
Todo eso lo entiendo. Quizás, no me gusta el verano porque, como he dicho otras veces, soy más del invierno.
De acurrucarme bajo la manta. De ponerme junto a la estufa.
Sin embargo, ¿es normal que se alcance en pleno verano esas temperaturas? ¿Es normal que haya tantas olas de calor?
No es que primero llegue una ola de calor. Se vaya y, a continuación, al cabo de unos días, venga la siguiente.
¡Son todas correlativas! Se va una y llega la otra.
¿Es eso normal? Quizás, tenga que ver con el deterioro de la capa de ozono.
Lo he escuchado. Vivo en la zona del Mediterráneo.
Ahí, vamos a pasar a tener un clima desértico. En el Norte de España, ya no llueve tanto como otras veces. Pasará a tener un clima mediterráneo.
¿Sigue siendo normal? Quizás, esté emparanoiada con ese tema. No lo sé. Pero me preocupa.
Los campos se están secando. Los incendios son más frecuentes y más violentos. Estas temperaturas afectan a las personas, que sufren golpes de calor.
Ya se han producido bastantes casos y, en algunos de ellos, el resultado ha sido la muerte de la persona que sufre ese golpe de calor. Empiezo a pensar que esto ya no es normal.
Lo he escuchado en personas. Se quejan del calor que hace.
Hace rato que esta situación dejó de ser normal.

 Los incendios, cada vez más frecuentes por culpa de las olas de calor.

jueves, 30 de julio de 2015

MAREOS

Hola a todos.
No sé si a alguno de vosotros os ocurre.
Desde que me alcanza la memoria, me he mareado yendo en coche. Daba igual si hacía una distancia corta. Daba igual si hacía una distancia larga.
El marearme me ha condicionado mucho. He asistido a muy pocas excursiones que se hacían.
Me moría de ganas de ir. Pero no podía ir debido a los mareos. Juro que he hecho de todo para no marearme. Cuando fui a Valencia, no me subí en el piso de arriba. El instituto contrató un autobús de dos pisos. Confieso que me senté en el segundo piso porque era la novedad. ¡Era como ver un autobús inglés! ¡Todos queríamos ir en el segundo piso!
Me mareé. Por suerte, no vomité. Aún así, tuve que bajarme cuando hicimos un descanso poco antes de las seis (salimos de La Unión a las cuatro de la madrugada). Cuando reemprendimos el trayecto, me senté en el primer piso. Y pude contemplar la salida de Sol más hermosa que jamás he visto. Y no estoy exagerando.
Mi visita a Valencia terminó más o menos bien. Al menos, no vomité.
No quiero entrar en detalles. Pero la mayoría de los viajes que he hecho han terminado de esa forma tan desagradable.
He probado de todo.
He mirado al frente. He mirado por la ventanilla. Me he sentado (cuando iba en el autobús) en el asiento de delante. Lo hice durante los meses que tuve que ir al colegio en autobús (yo estaba en 4º de la E.S.O y cambiaron de sitio el colegio, de la Calle Mayor hasta casi la salida del pueblo). No me quedaba otra que ir en autobús al colegio y resignarme. Aún así, lo pasé mal.
He probado toda clase de cosas. Me han puesto esparadrapo en forma de cruz en el ombligo. He tomado toda clase de chicles (no me gustaban). He tomado toda clase de pastillas (asquerosas). Y hablo así porque no me gusta nada tomar medicinas.
Me han dicho que es un mareo psicológico. Si pienso que me voy a marear, me mareo. Si pienso que no me voy a marear, no me mareo. Y, aunque trato de pensar que no me voy a marear, acabo mareándome.
A mis treinta y un años, este asqueroso mareo sigue condicionando mi vida. Da igual lo que haga.
Sigo mareándome. Lo malo es que, ahora, me ha dado por marearme también cuando viajo en tren. Y eso me pone verde porque he de ir a Cartagena varias veces en el mes. El tren era el único medio de transporte en el que no me mareaba.
Y he aquí una de mis confesiones más lamentables. Me mareo en el coche.

 

miércoles, 29 de julio de 2015

CARTAS A BIBI

Hola a todos.
Aquí os traigo una nueva carta que Jorge le escribe a Bibi.
Esta nueva carta rebosa ternura y amor a partes iguales.

                                  Mi adorada Bibi:

                                 Hemos disfrutado de una tarde diferente.
                                 Tu madre estaba trabajando en la tienda.
                                 Pedrito ha insistido en querer acompañarnos. No hemos sabido negarnos. Hemos ido al bosquecillo que hay en la isla.
                                 Pedrito ha querido buscar setas.
                                 Te has llevado contigo un libro que habla sobre las plantas. Hay un capítulo dedicado a la búsqueda de setas.
                                   Hay que saber distinguir bien las setas. Saber cuáles setas son comestibles. Cuáles setas son venenosas. A pesar de estar a punto de cumplir once años, Pedrito me ha dejado flipado. Parece saber más de setas que tú y que yo juntos.
-¿Es que vas a ser un estudioso en setas?-le he preguntado.
-Venía mucho antes, con mi abuelo-ha respondido él-El padre de mi padre...
                                 Tu abuelo materno murió cuando tu madre era una adolescente, Bibi.
                                 Tus abuelos paternos llaman mucho a tu madre. Asumieron que debía de rehacer su vida cuando se enamoró de Germán. El problema es que Germán sigue sin aparecer.
                                 Pedrito encontró una seta y fue hacia ti. Abriste el libro y miraste la foto de la seta que aparecía. La comparaste con la que había encontrado tu hermano.
-Podría ser comestible-le indicaste-Pero también podría ser venenosa.
                                Seguimos caminando. Pedrito no paraba de ir de un sitio a otro. Es un niño muy inquieto al que le gusta mucho correr. Siempre está saltando y sólo le he visto llorar una vez. Cuando vuestra madre ingresó en el hospital.
                                  Me sentí tan cómodo que, en un descuido de Pedrito, te robé un beso.
-¿Te vas a casar con mi hermana?-me ha preguntado él a bocajarro.
                                  Nos separamos a toda prisa. Te pusiste colorada. Me gusta ver cómo el rubor ilumina tu preciosa carita, mi dulce Bibi.
-Eso depende de ella-le he respondido-Yo sí quiero casarme con tu hermana.
-Germán también quería casarse con nuestra madre-me ha confesado-Pero ella perdió a nuestro hermanito. Estuvo a punto de morir, como le pasó a nuestro padre. Y él...
-Yo soy como Germán, Pedrito. Nunca abandonaré a tu hermana. Te lo juro.
-Jorge...-has balbuceado.
-No he dicho mentira alguna-te he asegurado-Nos vamos a casar y vamos a ser muy felices, Bibi.

martes, 28 de julio de 2015

LOS DIBUJOS DE ÉMILE COHL

Hola a todos.
Los intentos de crear dibujos en movimiento se remontan, en realidad, hasta el siglo XVII. Sin embargo, con la llegada del cine, se volvieron a intentar crear dibujos en movimiento. Si bien, durante gran parte del siglo XIX se intentaron crear dibujos en movimiento.
Para nosotros, es fácil ver dibujos animados. En la tele, hay canales que se dedican las veinticuatro horas del día a emitirlos. Pero los dibujos animados no existían hace muchísimos años.
Émile Cohl está considerado como el pionero del cine de animación. Fue un dibujante y animador francés.
No fue él el que inventó los dibujos animados. Pero sí realizó piezas de animación inolvidables. Fantasmagorie está considerada su obra maestra. El cine de animación, en realidad, nace antes que el propio cine en sí. Émile Cohl fue el encargado de perfeccionarlos.
Utilizó toda clase de materiales, desde cerillas, marionetas o recortes de papel. ¡Incluso, utilizó calabazas!
La primera serie de dibujos animados la creó Émile Cohl. Se tituló Le Chien Flambeau.
Su periodo de mayor producción artística duró desde 1908 hasta 1923. Coqueteó con el movimiento surrealista.
Eso se nota mucho en sus obras.
Su vida sentimental fue bastante intensa. Se casó en dos ocasiones. Y su primer matrimonio fue de todo menos tranquilo.
Se han encontrado, al menos, por ahora, 65 películas suyas. Está considerado como uno de los genios más innovadores de todos los tiempos. Y su figura es reconocida en toda Europa.
Aquí os dejo con una de sus obras más famosas.


Es la mítica Fantasmagorie. 
Pensad que esta obra es del año 1908.
Son dibujos animados que tienen más de un siglo. La animación ha avanzado mucho en todo este tiempo. Pero es bonito recordar.
Ver cómo eran los dibujos animados de antes.