-¿Qué dices? ¿Te has vuelto loca? Lo que dices suena repugnante. No puedo creer que digas eso.
-¡Estás celoso! ¡Lo sabía! ¡Sientes algo por Olivia! ¡No trates de negarlo! Te conozco. ¡Te gusta Livie! ¡La deseas!
-¡Deliras, Annie!
Jack encendió el cigarrillo.
Se puso tenso.
Danielle no estaba allí. No podía oír lo que estaba diciendo Anne. "¡Te gusta Livie!" "¡La deseas!"
-No diré nada-le aseguró Anne-Nunca te he visto con Olivia en brazos. Mientras no te vea, no le diré nada a Danielle. Pero quiero que lo pienses bien antes de cometer una locura.
La mujer abrió la barriga del pescado. Era una merluza que pesaba dos kilos. Una hermosa merluza, pensó Anne. Y le había costado dos dólares. Una merluza bastante cara, pensó Anne. Pero quedaría deliciosa. Haría croquetas de merluza para cenar. Le sacó las tripas. Las tiró encima de la mesa.
-Mira, se trata de tu vida-prosiguió Anne-Puedes hacer lo que te venga en gana con quien quieras. Pero no me obligues a tener que hablar con Danielle. Ella es amiga mía. Y siento un gran cariño hacia Livie. No quiero que les hagas daño a ninguna de las dos. No se lo merecen. Mantén tu miembro metido dentro del pantalón. ¡Mira lo que le ha pasado a Sean! Por meter su cosita donde no debía.
-¡Joder, Annie!-se escandalizó Jack-¡Lo que dices suena vulgar!
-Pero es verdad.
Tiene razón, pensó Jack. Las manos de Anne, que estaban manchadas de sangre, le impresionaron. Es capaz de irle con el cuento a Danielle. Aunque yo le diga que no siento nada por Olivia. No me creería.
Le dio una calada a su cigarrillo. Expulsó el humo.
En opinión de Anne, eran así como empezaban los problemas en el mundo. Con un hombre metiendo su miembro en el hueco menos indicado.
-¡Ya está!-anunció Anne-¡He terminado! Podré ponerme a hacer las croquetas. A la señorita Lily le gustan mis croquetas.
-Estarás agotada-dedujo Jack.
-No te creas. Me gusta mi trabajo. Aunque admito que cansa mucho. No se para nunca en esta casa.
-No tendrías que estar trabajando aquí, Annie. Tú tendrías que estar trabajando con los niños. Dando clases.
-Jack, no sigas. Te lo ruego. No soy como Kim. Ella tiene mucha maña con los niños. Yo no sabría cómo tratarlos. Ni siquiera sé cómo tratar a los niños de los indios. Pienso que mis padres murieron en un ataque indio. Y me pongo nerviosa. Ellos no tienen la culpa. Los niños, quiero decir. Es duro ser un niño cuando están en guerra permanente con tu pueblo. Pero les veo y creo que estoy viendo a los asesinos de mis padres. Y no sería justo con ellos. No eximo de culpa a mi gente. También tienen que rendir cuentas por sus crímenes.
-A veces, tengo la sensación de que "EL LORD" no nos valora en absoluto. Además, tú te llevas bien con la señorita Lily.
-¡Ay, Jack! Te lo he dicho. No sigas.
-La señorita Lily lleva sangre comanche. Aunque sea pequeña. Y hablo en serio en todo lo que te estoy diciendo acerca del "LORD", Annie.
-No. No hablas en serio.
-Sí, Annie. Tú deberías dejar de hacer esto. ¡Que lo haga otro, joder! Eres inteligente. No entierres aquí tu inteligencia. Te pasas la vida haciendo lo mismo. Limpias pescado. Pelas patatas. Partes tomates. Picas cebollas. Troceas carne. Haces pan. Preparas pasteles. Asas carne. Haces sofritos.
Anne se puso de pie. Se limpió las manos con el delantal. Cogió las vísceras del pescado. Se despidió de Jack. Él la miró con pena. Le dio un beso en la mejilla. Anne iba a llevar las vísceras de pescado a los gatos que estaban a la entrada de "LA PILARITA". Se iban a dar un buen banquete, pensó Anne. Dejó a Jack sumido en sus pensamientos. Pensó en Danielle. Hacía mucho tiempo que no la acariciaba.
Sus besos eran fríos.
Los gatos recibieron con cierto regocijo las vísceras de pescado que les dio Anne. Volvió a entrar en el edificio principal. Jack salía de la cocina. Le vio alejarse con aire pensativo. Los dos tenían aire pensativo.
Sentada en su balancín, Eliza velaba el sueño de su marido. Rafael había sido un hombre apuesto como un demonio, según decían. Alto, atractivo, arrogante y viril. Inmensamente rico. Fue el sueño hecho realidad de Eliza. Y la peor de sus pesadillas.
-¿Por qué nunca me has querido?-le preguntó en un susurro.
Sentada en una silla, su cuñada Arabella le hacía compañía. Era la hermana menor de Rafael y, desde su boda, su mejor amiga.
Estaba tejiendo una manta.
-Rafael nunca ha querido a nadie-respondió Arabella. Había escuchado el susurro de Eliza-Sólo se ha querido así mismo. Siempre ha sido un egoísta.
-¡Por Dios, no hables así de él!-le pidió Eliza.
-Es la verdad-sentenció Arabella.
Eliza recordó la primera vez que se acostó con Rafael. Fue la tarde más feliz de su vida. Pero él reaccionó de un modo violento cuando supo que no era virgen. Aún le dolía la cara.
-Ramera...-oyó susurrar a Rafael en sueños.
-Si él muere...-dijo Eliza-No sé qué haré. Sólo he vivido para él.
-Has estado muerta-replicó Arabella-Si mi hermano muere, empezarás a vivir. Soy cruel por hablar así. Lo sé. Pero es la verdad.
Un blog sobre la novela romántica histórica. Escritores románticos, personajes conocidos, historias apasionadas...¡Un mundo lleno de romanticismo! Viaja en el tiempo hasta una época inolvidable.
viernes, 20 de enero de 2012
CON EL CORAZÓN ROTO 11
Ya hemos dicho que Kimberly era la hermana de Jacob. O de Jack. Preferiblemente, seguiremos refiriéndonos a él como Jack.
El nombre completo de Olivia era Dulce Olivia Sybil. Un nombre muy largo, en opinión de ella. Y también muy cursi. Lo escogió su madre. Todo el mundo prefería llamarla por su segundo nombre, Olivia.
Le habían hablado de la familia que tenía en Irlanda. La familia de su madre...Sabía que tenía un tío, una tía y una prima. O quizás tenía más primas. No lo sabía. Había decidido que aquella familia no le interesaba en absoluto.
No pudo ir a trabajar aquel día.
Al levantarse de la cama, la asaltó un fuerte dolor de cabeza. Olivia no recordaba haber estado la noche antes en el "saloon". Era cierto que bebía whisky, igual que los hombres con los que jugaba a las cartas. Pero nunca perdía el control. La noche anterior, no se sentía con fuerzas para salir. De modo que decidió acostarse temprano.
Todo le daba vueltas. Cerró los ojos.
Se tocó la frente.
Estaba ardiendo. Pero ella no podía tener fiebre. Olivia no recordaba cuándo fue la última vez que estuvo enferma. Siempre había gozado de una salud de hierro. Esperaré un poco, decidió.
Se estaba haciendo tarde. Pero estaba visto que no podría ir a trabajar aquel día. Lo sentía mucho. Se sentó en la cama. No podía tener ni siquiera los ojos abiertos. No será nada, decidió Olivia. Sacó los pies fuera de la cama. Pero aquel gesto le provocaba dolor. Se tambaleó en cuanto se puso de pie. Tuvo que aferrarse al cabecero de la cama para no caerse al suelo.
Jack quería abandonar "LA PILARITA". Siempre estaba discutiendo con su patrón. No le soportaba. Se refería a él como "EL LORD" de un modo despectivo. Además, veía el brillo de la lujuria en los ojos de éste cada vez que miraba a Olivia.
Y eso no lo podía soportar.
-No deberías llamarle así-le regañó Anne-Es el patrón. No puedes estar todo el día discutiendo con él. Acabará echándote de aquí.
-Iré a trabajar a "LA ISAURA"-le aseguró Jack-Deberías venir conmigo, Annie.
-Si algún día dejo de trabajar aquí, me gustaría trabajar en la escuela. Con Kimmy. Siempre he querido ser maestra. Admiro el trabajo que hace tu hermana. Los niños la adoran.
-No siempre. Serías una excelente maestra. Igual que Kim. A las dos se os dan bien los niños.
-La pena es que no tengo. No pasa nada. Estoy soltera. Me quedaré a vestir Santos. No soy como la señorita Lily. Ella es joven. Pero tiene limitaciones por su origen. No puede casarse con quien ella quiera. El ir contracorriente está mal visto en todas partes. Bastante raro es que el patrón la haya acogido en su casa y la haya convertido en su pupila.
-Tú eres mucho más guapa que la señorita Lily, Annie.
-¡Eres todo un adulador! Pero no me engañas.
Los dos se echaron a reír. Anne tenía una risa agradable.
La mujer estaba limpiando pescado. Lo había comprado aquella misma mañana. Era día de mercado en Streetman. Anne tenía fama de ser una feroz regateadora.
-¿No tienes nada que hacer?-le preguntó a Jack.
El hombre negó con la cabeza. No tenía ganas de salir de la cocina. En el patio estaba Olivia marcando reses. Oía los mugidos de las vacas a las que estaba marcando. El hierro a fuego vivo.
-No soy tonta-dijo Anne-Veo cosas. Danielle es amiga mía. Y no...No me gusta. Ella tampoco es tonta. Ve cosas. Y no dice nada. ¿Cómo te va con Danielle? ¿Va todo bien?
Jack se encogió de hombros. Hacía mucho que no besaba con pasión a Danielle. Que ella no se dormía abrazada a él. No nos amamos, pensó Jack. Ya no queda amor entre nosotros. ¿Estuvimos realmente enamorados?, se preguntó. La naturaleza de Danielle podía ser apasionada en otros aspectos. Pero no en las lides del amor.
-Sí-mintió Jack-Va todo bien. No me puedo quejar. Echamos también en falta el tener hijos. Pero son cosas que pasan. He hablado con el párroco. Dice que ha sido el Juicio de Dios. Lo veo bien. Aparte de eso, somos felices.
-Te he visto con Olivia-afirmó Anne-¿Ha pasado algo entre ella y tú?
-No.
-¿Seguro?
Jack se sentó en una silla. Sacó papel de fumar de un bolsillo de su roída chaqueta. Se lió un cigarrillo.
-Livie es sólo una buena amiga-dijo-Es como tú. Tú y yo somos amigos, Annie. Jamás ha habido algo fuera de lo normal entre nosotros. Jamás me propasaría contigo. Y tampoco me propasaría con Olivia.
-Livie no es un hombre-le recordó Anne-Ella se viste igual que los hombres. Hace cosas de hombre. Como marcar reses. Pero no es un hombre. Es una mujer. Y tú no eres tonto. Como tampoco son tontos los demás peones. ¡Hasta el patrón sabe que Olivia es una mujer! Y la mira con mucho descaro. No te creas que no me he dado cuenta. Sir Kyle es todo un crápula. Jamás cambiará.
El nombre completo de Olivia era Dulce Olivia Sybil. Un nombre muy largo, en opinión de ella. Y también muy cursi. Lo escogió su madre. Todo el mundo prefería llamarla por su segundo nombre, Olivia.
Le habían hablado de la familia que tenía en Irlanda. La familia de su madre...Sabía que tenía un tío, una tía y una prima. O quizás tenía más primas. No lo sabía. Había decidido que aquella familia no le interesaba en absoluto.
No pudo ir a trabajar aquel día.
Al levantarse de la cama, la asaltó un fuerte dolor de cabeza. Olivia no recordaba haber estado la noche antes en el "saloon". Era cierto que bebía whisky, igual que los hombres con los que jugaba a las cartas. Pero nunca perdía el control. La noche anterior, no se sentía con fuerzas para salir. De modo que decidió acostarse temprano.
Todo le daba vueltas. Cerró los ojos.
Se tocó la frente.
Estaba ardiendo. Pero ella no podía tener fiebre. Olivia no recordaba cuándo fue la última vez que estuvo enferma. Siempre había gozado de una salud de hierro. Esperaré un poco, decidió.
Se estaba haciendo tarde. Pero estaba visto que no podría ir a trabajar aquel día. Lo sentía mucho. Se sentó en la cama. No podía tener ni siquiera los ojos abiertos. No será nada, decidió Olivia. Sacó los pies fuera de la cama. Pero aquel gesto le provocaba dolor. Se tambaleó en cuanto se puso de pie. Tuvo que aferrarse al cabecero de la cama para no caerse al suelo.
Jack quería abandonar "LA PILARITA". Siempre estaba discutiendo con su patrón. No le soportaba. Se refería a él como "EL LORD" de un modo despectivo. Además, veía el brillo de la lujuria en los ojos de éste cada vez que miraba a Olivia.
Y eso no lo podía soportar.
-No deberías llamarle así-le regañó Anne-Es el patrón. No puedes estar todo el día discutiendo con él. Acabará echándote de aquí.
-Iré a trabajar a "LA ISAURA"-le aseguró Jack-Deberías venir conmigo, Annie.
-Si algún día dejo de trabajar aquí, me gustaría trabajar en la escuela. Con Kimmy. Siempre he querido ser maestra. Admiro el trabajo que hace tu hermana. Los niños la adoran.
-No siempre. Serías una excelente maestra. Igual que Kim. A las dos se os dan bien los niños.
-La pena es que no tengo. No pasa nada. Estoy soltera. Me quedaré a vestir Santos. No soy como la señorita Lily. Ella es joven. Pero tiene limitaciones por su origen. No puede casarse con quien ella quiera. El ir contracorriente está mal visto en todas partes. Bastante raro es que el patrón la haya acogido en su casa y la haya convertido en su pupila.
-Tú eres mucho más guapa que la señorita Lily, Annie.
-¡Eres todo un adulador! Pero no me engañas.
Los dos se echaron a reír. Anne tenía una risa agradable.
La mujer estaba limpiando pescado. Lo había comprado aquella misma mañana. Era día de mercado en Streetman. Anne tenía fama de ser una feroz regateadora.
-¿No tienes nada que hacer?-le preguntó a Jack.
El hombre negó con la cabeza. No tenía ganas de salir de la cocina. En el patio estaba Olivia marcando reses. Oía los mugidos de las vacas a las que estaba marcando. El hierro a fuego vivo.
-No soy tonta-dijo Anne-Veo cosas. Danielle es amiga mía. Y no...No me gusta. Ella tampoco es tonta. Ve cosas. Y no dice nada. ¿Cómo te va con Danielle? ¿Va todo bien?
Jack se encogió de hombros. Hacía mucho que no besaba con pasión a Danielle. Que ella no se dormía abrazada a él. No nos amamos, pensó Jack. Ya no queda amor entre nosotros. ¿Estuvimos realmente enamorados?, se preguntó. La naturaleza de Danielle podía ser apasionada en otros aspectos. Pero no en las lides del amor.
-Sí-mintió Jack-Va todo bien. No me puedo quejar. Echamos también en falta el tener hijos. Pero son cosas que pasan. He hablado con el párroco. Dice que ha sido el Juicio de Dios. Lo veo bien. Aparte de eso, somos felices.
-Te he visto con Olivia-afirmó Anne-¿Ha pasado algo entre ella y tú?
-No.
-¿Seguro?
Jack se sentó en una silla. Sacó papel de fumar de un bolsillo de su roída chaqueta. Se lió un cigarrillo.
-Livie es sólo una buena amiga-dijo-Es como tú. Tú y yo somos amigos, Annie. Jamás ha habido algo fuera de lo normal entre nosotros. Jamás me propasaría contigo. Y tampoco me propasaría con Olivia.
-Livie no es un hombre-le recordó Anne-Ella se viste igual que los hombres. Hace cosas de hombre. Como marcar reses. Pero no es un hombre. Es una mujer. Y tú no eres tonto. Como tampoco son tontos los demás peones. ¡Hasta el patrón sabe que Olivia es una mujer! Y la mira con mucho descaro. No te creas que no me he dado cuenta. Sir Kyle es todo un crápula. Jamás cambiará.
miércoles, 18 de enero de 2012
KIMBERLY MACKENZIE
Os voy a presentar a Kimberly Mackenzie.
Ella es la mejor amiga de Olivia y la hermana de Jack. Más que una amiga, es como una especie de hermana mayor para Olivia. Es su confidente. Su consejera...No existen secretos entre ellas. ¿En serio no existen secretos entre ellas?
La verdad es que sí. Existe un gran secreto. Y es que la relación de amistad que mantienen Sean O' Hara y Kimberly está derivando poco a poco en algo más.
Kimberly es la maestra de Streetman. Da clase a niños tanto estadounidenses como mexicanos. El estallido de la guerra entre México y Estados Unidos la apena porque son los niños los que más sufren con el conflicto. Es una mujer que ha sufrido mucho. Nunca se ha casado, pero ha sufrido en el amor porque todos los hombres a los que ha amado le han hecho una desgraciada. Kimberly no quiere volver a sufrir. Y sabe que podría sufrir si se enamora de Sean. No porque él sea el padre de su mejor amiga, sino porque sabe que no le será fiel. Engañó a su esposa con una vecina del pueblo con la que tuvo dos hijos. ¿Por qué no va a engañarla a ella.
Ésta es Kimberly.
Me imaginé a Kimberly con el rostro de Reneé Zellwegger en "Apaloosa", un western de reciente factura. El personaje de Allison, al que da vida Reneé en la película, es parecido al de Kimberly. Las dos han sufrido mucho por culpa del amor. Se enamoran de hombres muy complicados. Tienen un carácter tranquilo, pero, al mismo tiempo, enérgico. Sí...Yo creo que Reneé sería una perfecta Kimberly. ¿Qué os parece?
Ella es la mejor amiga de Olivia y la hermana de Jack. Más que una amiga, es como una especie de hermana mayor para Olivia. Es su confidente. Su consejera...No existen secretos entre ellas. ¿En serio no existen secretos entre ellas?
La verdad es que sí. Existe un gran secreto. Y es que la relación de amistad que mantienen Sean O' Hara y Kimberly está derivando poco a poco en algo más.
Kimberly es la maestra de Streetman. Da clase a niños tanto estadounidenses como mexicanos. El estallido de la guerra entre México y Estados Unidos la apena porque son los niños los que más sufren con el conflicto. Es una mujer que ha sufrido mucho. Nunca se ha casado, pero ha sufrido en el amor porque todos los hombres a los que ha amado le han hecho una desgraciada. Kimberly no quiere volver a sufrir. Y sabe que podría sufrir si se enamora de Sean. No porque él sea el padre de su mejor amiga, sino porque sabe que no le será fiel. Engañó a su esposa con una vecina del pueblo con la que tuvo dos hijos. ¿Por qué no va a engañarla a ella.
Me imaginé a Kimberly con el rostro de Reneé Zellwegger en "Apaloosa", un western de reciente factura. El personaje de Allison, al que da vida Reneé en la película, es parecido al de Kimberly. Las dos han sufrido mucho por culpa del amor. Se enamoran de hombres muy complicados. Tienen un carácter tranquilo, pero, al mismo tiempo, enérgico. Sí...Yo creo que Reneé sería una perfecta Kimberly. ¿Qué os parece?
martes, 17 de enero de 2012
CON EL CORAZÓN ROTO 5
A menudo, era la propia Olivia la que quería domar los caballos que sir Kyle adquiría. Y lo conseguía. Olivia presumía de ello. No era nada vanidosa. Bueno…Un poco…
Lo de domar ella los caballos era algo que Sean veía con malos ojos.
Se preocupaba por su hija. Olivia acababa en el suelo. Le pasaba de vez en cuando. Como en los rodeos. Y se hacía daño. No se rompía ningún hueso. De momento…Olivia no cambiaba.
Sir Kyle Saint Leger vivía peligrosamente. Nunca había conocido una mala racha a la hora de jugar al póker. Cada vez que iba a una de las partidas que se celebraban con frecuencia en el "saloon", regresaba con los bolsillos más llenos que cuando se iba. Había jugado varias veces al póker con Sean O' Hara. ¡Pobre infeliz! ¿Acaso no se daba cuenta aquel irlandés de que sólo le servía para aumentar sus ganancias? Mientras, Sean se arruinaba un poco.
-Estás viejo, irlandés-se reía Kyle.
Y se llevaba consigo el dinero de Sean.
A veces, Anne estaba despierta para atenderle y a sir Kyle le apetecía rematar la noche. Anne, la cocinera, era bastante guapa. Sir Kyle se desahogaba fácilmente con ella. Tenía que celebrar que era cada vez un poco más rico. Tenía que celebrar que la suerte seguía sonriéndole.
Sean hablaba fuerte. Se reía fuerte. Y apostaba fuerte.
-Acabarás en la calle, irlandés-le decía sir Kyle.
-Sé bien lo que puedo gastar-afirmaba Sean.
Por lo general, el padre de Olivia solía empezar las partidas de póker ganando varias manos seguidas. Poco a poco, la suerte empezaba a serle esquiva. Pero eso no le importaba y seguía jugando.
Cuando empezaba a perder varias manos seguidas, Sean se ponía nervioso. Le temblaban con violencia las manos. Sir Kyle intentaba no mirar cuando una mano que sujetaba las cartas se agitaba violentamente. Sean empezaba a sudar de manera profusa. El dinero que dejaba encima de la mesa pasaba a manos de sir Kyle. Al dueño de "LA PILARITA" no le importaba ganarle varias manos a Sean.
-Me adueñaré de tu rancho-le decía en broma.
-Eso nunca-replicaba Sean.
Al final, los dos acababan jugando porque los demás jugadores se retiraban. Varias veces, Sean salía completamente desnudo del "saloon". Había llegado a apostarse incluso la ropa que llevaba puesta. Sir Kyle se reía de él cuando le veía salir desnudo del "saloon". Se quedaba con la ropa y se la llevaba a "LA PILARITA".
Anne lavaba la ropa de Sean.
La planchaba. Al día siguiente, siguiendo las órdenes de sir Kyle, se la entregaba a Olivia. La joven la cogía sin decir nada. Sabía lo que había ocurrido la noche anterior. Su padre intentaba ocultárselo. Pero los rumores llegaban hasta ella cuando pisaba la calle. Y esos rumores se convertían en certezas cuando llegaba a "LA PILARITA".
-Gracias-se limitaba a murmurar.
-Pobrecilla-suspiraba Anne-Su padre acabará arruinado. Y el patrón se aprovecha de él. ¡Qué pena!
A sir Kyle le sabía mal lo que hacía sólo por Olivia.
Porque la veía sufrir por culpa de los excesos de su padre. Y porque el propio sir Kyle era muy dado a aquellos excesos.
Lily, su pupila, le reñía por eso.
-Acabarás mal-le decía.
Sir Kyle se reía.
¿Qué podía saber esa chiquilla de él y de su vida?
Jack no era la clase de hombre que escribía poemas. Era un hombre duro. Era duro en todos los aspectos. Apenas sabía leer. Su vida era sólo trabajar. Salir adelante.
Pero se sentía perdido, igual que un niño pequeño. Y todo era por Olivia. Estaba enamorado de ella.
Hacía mucho que lo había admitido para sí. Obviamente, no podía admitirlo ante los demás. Era su secreto.
La vio sentada a la sombra de un árbol. Uno de los pocos árboles que crecían por los alrededores. Cerca de ella, se encontraba "Yasmina". Olivia se había quitado el sombrero de ala ancha que cubría siempre su cara y su cabello. Alguna vez, le arrancaré ese maldito sombrero y lo enviaré al Infierno, se prometió Jack. Olivia tenía la vista perdida en algún punto lejano.
Se acercó a ella.
-Olivia-la llamó.
La joven se sobresaltó. Se dio cuenta de que no estaba sola. Alzó la vista. Vio que Jack estaba a su lado. ¡Qué piernas más musculosas tiene!, pensó la joven. Su boca se secó. No podía tragar saliva. Por lo menos, no se había ruborizado. Ella nunca se ruborizaba.
-¿Qué estás haciendo aquí?-le preguntó.
-Livie...-respondió Jack. Ella hizo ademán de ponerse de pie. Él se lo impidió-Tenemos que hablar. Es necesario que hablemos. No te asustes. Jamás te haría daño.
Lo de domar ella los caballos era algo que Sean veía con malos ojos.
Se preocupaba por su hija. Olivia acababa en el suelo. Le pasaba de vez en cuando. Como en los rodeos. Y se hacía daño. No se rompía ningún hueso. De momento…Olivia no cambiaba.
Sir Kyle Saint Leger vivía peligrosamente. Nunca había conocido una mala racha a la hora de jugar al póker. Cada vez que iba a una de las partidas que se celebraban con frecuencia en el "saloon", regresaba con los bolsillos más llenos que cuando se iba. Había jugado varias veces al póker con Sean O' Hara. ¡Pobre infeliz! ¿Acaso no se daba cuenta aquel irlandés de que sólo le servía para aumentar sus ganancias? Mientras, Sean se arruinaba un poco.
-Estás viejo, irlandés-se reía Kyle.
Y se llevaba consigo el dinero de Sean.
A veces, Anne estaba despierta para atenderle y a sir Kyle le apetecía rematar la noche. Anne, la cocinera, era bastante guapa. Sir Kyle se desahogaba fácilmente con ella. Tenía que celebrar que era cada vez un poco más rico. Tenía que celebrar que la suerte seguía sonriéndole.
Sean hablaba fuerte. Se reía fuerte. Y apostaba fuerte.
-Acabarás en la calle, irlandés-le decía sir Kyle.
-Sé bien lo que puedo gastar-afirmaba Sean.
Por lo general, el padre de Olivia solía empezar las partidas de póker ganando varias manos seguidas. Poco a poco, la suerte empezaba a serle esquiva. Pero eso no le importaba y seguía jugando.
Cuando empezaba a perder varias manos seguidas, Sean se ponía nervioso. Le temblaban con violencia las manos. Sir Kyle intentaba no mirar cuando una mano que sujetaba las cartas se agitaba violentamente. Sean empezaba a sudar de manera profusa. El dinero que dejaba encima de la mesa pasaba a manos de sir Kyle. Al dueño de "LA PILARITA" no le importaba ganarle varias manos a Sean.
-Me adueñaré de tu rancho-le decía en broma.
-Eso nunca-replicaba Sean.
Al final, los dos acababan jugando porque los demás jugadores se retiraban. Varias veces, Sean salía completamente desnudo del "saloon". Había llegado a apostarse incluso la ropa que llevaba puesta. Sir Kyle se reía de él cuando le veía salir desnudo del "saloon". Se quedaba con la ropa y se la llevaba a "LA PILARITA".
Anne lavaba la ropa de Sean.
La planchaba. Al día siguiente, siguiendo las órdenes de sir Kyle, se la entregaba a Olivia. La joven la cogía sin decir nada. Sabía lo que había ocurrido la noche anterior. Su padre intentaba ocultárselo. Pero los rumores llegaban hasta ella cuando pisaba la calle. Y esos rumores se convertían en certezas cuando llegaba a "LA PILARITA".
-Gracias-se limitaba a murmurar.
-Pobrecilla-suspiraba Anne-Su padre acabará arruinado. Y el patrón se aprovecha de él. ¡Qué pena!
A sir Kyle le sabía mal lo que hacía sólo por Olivia.
Porque la veía sufrir por culpa de los excesos de su padre. Y porque el propio sir Kyle era muy dado a aquellos excesos.
Lily, su pupila, le reñía por eso.
-Acabarás mal-le decía.
Sir Kyle se reía.
¿Qué podía saber esa chiquilla de él y de su vida?
Jack no era la clase de hombre que escribía poemas. Era un hombre duro. Era duro en todos los aspectos. Apenas sabía leer. Su vida era sólo trabajar. Salir adelante.
Pero se sentía perdido, igual que un niño pequeño. Y todo era por Olivia. Estaba enamorado de ella.
Hacía mucho que lo había admitido para sí. Obviamente, no podía admitirlo ante los demás. Era su secreto.
La vio sentada a la sombra de un árbol. Uno de los pocos árboles que crecían por los alrededores. Cerca de ella, se encontraba "Yasmina". Olivia se había quitado el sombrero de ala ancha que cubría siempre su cara y su cabello. Alguna vez, le arrancaré ese maldito sombrero y lo enviaré al Infierno, se prometió Jack. Olivia tenía la vista perdida en algún punto lejano.
Se acercó a ella.
-Olivia-la llamó.
La joven se sobresaltó. Se dio cuenta de que no estaba sola. Alzó la vista. Vio que Jack estaba a su lado. ¡Qué piernas más musculosas tiene!, pensó la joven. Su boca se secó. No podía tragar saliva. Por lo menos, no se había ruborizado. Ella nunca se ruborizaba.
-¿Qué estás haciendo aquí?-le preguntó.
-Livie...-respondió Jack. Ella hizo ademán de ponerse de pie. Él se lo impidió-Tenemos que hablar. Es necesario que hablemos. No te asustes. Jamás te haría daño.
CON EL CORAZÓN ROTO 4
Me tengo que ir, pensó Olivia con desesperación. Y yo no quiero irme. Ésta es mi tierra. Mi hogar...Pero mi padre quiere que me vaya. ¡No pienso hacerlo! ¡Me quedaré aquí!
Olivia miró el calendario antes de salir. Junio de 1848.
Se puso el sombrero. Ya llevaba el poncho puesto. El perro de Olivia, "Pike", empezó a ladrar. "Pike" era un perro ya viejo. Pero nada achacoso. Aún le gustaba jugar. Y corretear por "LA ISAURA". Olivia le acarició el lomo cuando pasó por su lado.
-Cuida de padre, "Pike"-le dijo-Yo tengo que hacer mucho. Eres un diablillo. ¿Lo sabías?-Se arrodilló junto a "Pike"-Me sigues a todas partes. Da gracias a Dios porque milord es un buen patrón. No le molesta que estés aquí. A Lily le gusta que estés aquí-Parecía que "Pike" entendía lo que decía Olivia-Sé que juegas con ella a coger el palito. Al final, me voy a poner celosa.
Se enderó. Volvió a acariciar el lomo de "Pike". Tenía mucho en lo que pensar.
El perro le ladró. Quiso seguir a Olivia. Pero la cocinera de Sean le llamó.
-¡Ven, "Pike", ven!-le llamó.
Le enseñó un bistec. "Pike" olvidó a Olivia. Fue corriendo a por el bistec. Olivia contempló la escena. Sonrió.
Había oído que se había encontrado oro en California. Los vecinos hablaban del tema con entusiasmo.
Fantaseó con la idea de viajar a California a buscar oro. Podría regresar a su pueblo convertida en una mujer rica. Viviría en una tienda de campaña. Cavaría buscando oro. Lo encontraría. Se consideraba una mujer afortunada en todos los aspectos.
Menos en uno...
Se dirigió al establo. Sean poseía pocos caballos. Unas cuantas yeguas...Unos cuantos caballos...Dos o tres potrillos...
"LA ISAURA", el rancho propiedad de Sean O' Hara, el padre de Olivia, no terminaba de despuntar.
Olivia O' Hara montó a su yegua "Yasmina". Sus ojos estaban llenos de lágrimas. Las rechazó. Decidió que no iba a llorar. Ella sola había tomado aquella decisión. Era lo mejor que podía hacer. No quería hacerle daño a nadie. Y menos a una mujer como Danielle. Se mantendría alejada de Jack. Se quedaría en su tierra, pero alejada de Jack. Conocía desde hacía mucho a Danielle García, de ascendencia mexicana. Olivia no era tonta y se daba cuenta de cómo la miraba Jack. Él deseaba hablarle de amor y ella no quería oírle.
Tendría que hablar con él. Tendría que decirle que no le amaba.
Azuzó a "Yasmina". Quería huir de Jack. Era una situación demencial. Sentía algo especial por él. ¿Lo amaba? Una vez, Olivia pensó que amaba a Greg. Ahora, comprendía que jamás lo había amado.
Le daba miedo enfrentarse a Jack.
Le daba miedo decirle que debía de olvidarse de ella.
Soy una mujer fuerte, pensó Olivia.
Años antes, los Mackenzie, la familia de Jack y Kimberly, aparecieron en el pueblo en el que vivía Olivia. Streetman. Ésta era todavía una mocosa. Apenas estaba aprendiendo a caminar. El verdadero nombre de Jack era Jacob. Pero todo el mundo le llamaba por el diminutivo de Jack. Era un joven fuerte y trabajador. Le gustaba trabajar en los ranchos que le ofrecían un puesto como peón.
Jack tenía la edad suficiente para ser el padre de Olivia. De haberse casado joven, claro. A los ojos de éste, ella era todavía una niña. A pesar de tener veintidós años recién cumplidos.
Pero...
Todo había cambiado. Jack se había dado cuenta hacía años que Olivia ya no era una niña. Era ya una mujer. Una bella mujer...
Había crecido. Sus formas eran las propias de una mujer. Jack las adivinaba debajo de su poncho. Veía su hermoso rostro a través del sombrero de ala ancha que le tapaba la cara. Una cara que él había besado amistosamente alguna que otra vez. Sólo podía tener eso de Olivia.
Sí, conocía bien a Olivia. Tenía muchas cosas en común con ella. Lo cierto era que tenía más cosas en común con ella que con Danielle. Ésta decía que Olivia era una "marimacho". Lo malo era que no era la única que no pensaba así. Streetman era un pueblo pequeño. Vivían en él 400 habitantes. Olivia llamaba poderosamente la atención.
Olivia vestía pantalones. Mascaba tabaco. Decía palabrotas. Escupía tabaco. Sabía disparar. Tenía una buena puntería. ¡Sabía darle a una lata a un kilómetro de distancia! Jack lo había visto. Y estaba gratamente impresionado.
Se detuvo. Desmontó a "Yasmina". Estaba lo bastante lejos de su casa. Lo agradecía. A veces, Olivia necesitaba estar sola.
Empezó a caminar. Le habría gustado traer su rifle. O una de sus pistolas.
Necesitaba desahogarse. Tenía que dispararle a algo. A pesar de todo, era muy conservadora. Jamás iniciaría una relación con Jack. Lo admitía. Se sentía atraída por él. Pero...No podía entregarse a él. Jack jamás sería suyo. Olivia jamás se liaba con hombres casados. Ni lo había hecho antes ni lo haría ahora. Jamás había pensado en casarse. En enamorarse. En esas cosas...¡El amor era propio de las personas débiles! Y ella no era débil.
Había nacido en una tierra muy dura. Y quería dominarla.
Y su cabeza era un lío en aquellos momentos de soledad. Su padre quería enviarla lejos de allí.
Comenzó a caminar por aquella extensa pradera que se veía desierta. Olivia deseó desaparecer de la faz de La Tierra. Si su padre se salía con la suya, acabaría en otro país.
Y ella podría criticarle. Pero tendría que ceder y darle la razón.
Aunque...Le plantaría batalla. Una batalla perdida, admitió Olivia. Te estás volviendo débil, se recriminó. Y ya sabes que odias a las personas débiles.
-No me cabe duda de que ganarías una guerra-le dijo Jack-No te veo viviendo lejos de Streetman. Estás hecha para vivir aquí. Algún día, serás la dueña de "LA ISAURA". Y serás una ranchera muy rica.
Los dos estaban cuidando del ganado mientras estaban sentados en una roca. Jack estaba sentado cerca de Olivia y la joven estaba muy rígida. Fingía que estaba tranquila. Pero estaba muy nerviosa. Si Jack la tocaba, ignoraba lo que haría.
Le miró.
Jack no conocía a ninguna mujer como Olivia. Danielle odiaba la vida que llevaba a su aldo. Ninguno de los dos era feliz.
Cada vez que le veía, el corazón de Olivia daba un brinco. Era tan buen jinete como ella. Nunca le había visto vestido de manera elegante. Siempre vestía igual. Botas de montar...Botas que tenían espuelas. El cabello largo recogido en una coleta...Un pañuelo anudado al cuello...Sombrero de ala ancha...Camisa a medio abrochar...
La garganta se le secó a Olivia.
Olivia miró el calendario antes de salir. Junio de 1848.
Se puso el sombrero. Ya llevaba el poncho puesto. El perro de Olivia, "Pike", empezó a ladrar. "Pike" era un perro ya viejo. Pero nada achacoso. Aún le gustaba jugar. Y corretear por "LA ISAURA". Olivia le acarició el lomo cuando pasó por su lado.
-Cuida de padre, "Pike"-le dijo-Yo tengo que hacer mucho. Eres un diablillo. ¿Lo sabías?-Se arrodilló junto a "Pike"-Me sigues a todas partes. Da gracias a Dios porque milord es un buen patrón. No le molesta que estés aquí. A Lily le gusta que estés aquí-Parecía que "Pike" entendía lo que decía Olivia-Sé que juegas con ella a coger el palito. Al final, me voy a poner celosa.
Se enderó. Volvió a acariciar el lomo de "Pike". Tenía mucho en lo que pensar.
El perro le ladró. Quiso seguir a Olivia. Pero la cocinera de Sean le llamó.
-¡Ven, "Pike", ven!-le llamó.
Le enseñó un bistec. "Pike" olvidó a Olivia. Fue corriendo a por el bistec. Olivia contempló la escena. Sonrió.
Había oído que se había encontrado oro en California. Los vecinos hablaban del tema con entusiasmo.
Fantaseó con la idea de viajar a California a buscar oro. Podría regresar a su pueblo convertida en una mujer rica. Viviría en una tienda de campaña. Cavaría buscando oro. Lo encontraría. Se consideraba una mujer afortunada en todos los aspectos.
Menos en uno...
Se dirigió al establo. Sean poseía pocos caballos. Unas cuantas yeguas...Unos cuantos caballos...Dos o tres potrillos...
"LA ISAURA", el rancho propiedad de Sean O' Hara, el padre de Olivia, no terminaba de despuntar.
Olivia O' Hara montó a su yegua "Yasmina". Sus ojos estaban llenos de lágrimas. Las rechazó. Decidió que no iba a llorar. Ella sola había tomado aquella decisión. Era lo mejor que podía hacer. No quería hacerle daño a nadie. Y menos a una mujer como Danielle. Se mantendría alejada de Jack. Se quedaría en su tierra, pero alejada de Jack. Conocía desde hacía mucho a Danielle García, de ascendencia mexicana. Olivia no era tonta y se daba cuenta de cómo la miraba Jack. Él deseaba hablarle de amor y ella no quería oírle.
Tendría que hablar con él. Tendría que decirle que no le amaba.
Azuzó a "Yasmina". Quería huir de Jack. Era una situación demencial. Sentía algo especial por él. ¿Lo amaba? Una vez, Olivia pensó que amaba a Greg. Ahora, comprendía que jamás lo había amado.
Le daba miedo enfrentarse a Jack.
Le daba miedo decirle que debía de olvidarse de ella.
Soy una mujer fuerte, pensó Olivia.
Años antes, los Mackenzie, la familia de Jack y Kimberly, aparecieron en el pueblo en el que vivía Olivia. Streetman. Ésta era todavía una mocosa. Apenas estaba aprendiendo a caminar. El verdadero nombre de Jack era Jacob. Pero todo el mundo le llamaba por el diminutivo de Jack. Era un joven fuerte y trabajador. Le gustaba trabajar en los ranchos que le ofrecían un puesto como peón.
Jack tenía la edad suficiente para ser el padre de Olivia. De haberse casado joven, claro. A los ojos de éste, ella era todavía una niña. A pesar de tener veintidós años recién cumplidos.
Pero...
Todo había cambiado. Jack se había dado cuenta hacía años que Olivia ya no era una niña. Era ya una mujer. Una bella mujer...
Había crecido. Sus formas eran las propias de una mujer. Jack las adivinaba debajo de su poncho. Veía su hermoso rostro a través del sombrero de ala ancha que le tapaba la cara. Una cara que él había besado amistosamente alguna que otra vez. Sólo podía tener eso de Olivia.
Sí, conocía bien a Olivia. Tenía muchas cosas en común con ella. Lo cierto era que tenía más cosas en común con ella que con Danielle. Ésta decía que Olivia era una "marimacho". Lo malo era que no era la única que no pensaba así. Streetman era un pueblo pequeño. Vivían en él 400 habitantes. Olivia llamaba poderosamente la atención.
Olivia vestía pantalones. Mascaba tabaco. Decía palabrotas. Escupía tabaco. Sabía disparar. Tenía una buena puntería. ¡Sabía darle a una lata a un kilómetro de distancia! Jack lo había visto. Y estaba gratamente impresionado.
Se detuvo. Desmontó a "Yasmina". Estaba lo bastante lejos de su casa. Lo agradecía. A veces, Olivia necesitaba estar sola.
Empezó a caminar. Le habría gustado traer su rifle. O una de sus pistolas.
Necesitaba desahogarse. Tenía que dispararle a algo. A pesar de todo, era muy conservadora. Jamás iniciaría una relación con Jack. Lo admitía. Se sentía atraída por él. Pero...No podía entregarse a él. Jack jamás sería suyo. Olivia jamás se liaba con hombres casados. Ni lo había hecho antes ni lo haría ahora. Jamás había pensado en casarse. En enamorarse. En esas cosas...¡El amor era propio de las personas débiles! Y ella no era débil.
Había nacido en una tierra muy dura. Y quería dominarla.
Y su cabeza era un lío en aquellos momentos de soledad. Su padre quería enviarla lejos de allí.
Comenzó a caminar por aquella extensa pradera que se veía desierta. Olivia deseó desaparecer de la faz de La Tierra. Si su padre se salía con la suya, acabaría en otro país.
Y ella podría criticarle. Pero tendría que ceder y darle la razón.
Aunque...Le plantaría batalla. Una batalla perdida, admitió Olivia. Te estás volviendo débil, se recriminó. Y ya sabes que odias a las personas débiles.
-No me cabe duda de que ganarías una guerra-le dijo Jack-No te veo viviendo lejos de Streetman. Estás hecha para vivir aquí. Algún día, serás la dueña de "LA ISAURA". Y serás una ranchera muy rica.
Los dos estaban cuidando del ganado mientras estaban sentados en una roca. Jack estaba sentado cerca de Olivia y la joven estaba muy rígida. Fingía que estaba tranquila. Pero estaba muy nerviosa. Si Jack la tocaba, ignoraba lo que haría.
Le miró.
Jack no conocía a ninguna mujer como Olivia. Danielle odiaba la vida que llevaba a su aldo. Ninguno de los dos era feliz.
Cada vez que le veía, el corazón de Olivia daba un brinco. Era tan buen jinete como ella. Nunca le había visto vestido de manera elegante. Siempre vestía igual. Botas de montar...Botas que tenían espuelas. El cabello largo recogido en una coleta...Un pañuelo anudado al cuello...Sombrero de ala ancha...Camisa a medio abrochar...
La garganta se le secó a Olivia.
lunes, 16 de enero de 2012
CON EL CORAZÓN ROTO 3
Vio cómo Kyle le servía una copa de coñac a un amigo, que estaba sentado frente a él.
A veces, recibía la visita de algún ranchero. Tenía que hacer negocios con él. Tenía mucha labia. Acababa convenciendo a su interlocutor.
Greg se alejó del edificio principal. Escupió en el suelo. Aborrecía a aquel inglés amanerado. ¿Amanerado? Las criadas alababan los muchos "atributos" de sir Kyle Saint Leger. Quiso vomitar.
Oía trazos de aquella conversación.
Caballos...Yeguas...Potros fuertes...
¿Y Olivia? No la veía. La buscó con la mirada. ¿Dónde estaría? Quería verla. Necesitaba verla.
Evocó la imagen de Olivia. Era alta y esbelta. La había besado. La había besado muchas veces. Le gustaba mucho besarla. En sus mejillas aparecían un par de hoyuelos cuando sonreía. Había besado aquellos hoyuelos. Olivia odiaba aquellos hoyuelos. Le hacían parecer una niña tonta. Palabras textuales de ella. No parecía una valiente y audaz vaquera. Y ella era eso. Parecía una ninfa de los bosques. Una ninfa de los bosques vestida con un poncho. Y con un sombrero de ala ancha. Greg se dirigió a los establos.
Olivia tenía unos preciosos ojos de color azul marino moteado de ámbar. Su cabello era de color caoba brillante y siempre estaba suelto. Parecía ser más vieja de lo que era algunas veces, quizás por la expresión dura de su rostro, que era hermoso y perfecto. Su mirada estaba cargada de decisión. Siempre estaba en movimiento. Nunca paraba quieta.
Greg ensilló a uno de los caballos.
Fue el primer amor de Olivia.
Fue el primer hombre que la había besado en los labios. La había besado en la frente. La había besado en las mejillas. La había besado en las manos.
Le había acariciado el cabello con las manos. Le habría gustado tener algún mechón del pelo de Olivia. Pero no lo tenía. Montó a caballo.
No tenía ningún recuerdo suyo. Se conformaba con los buenos ratos que pasaron juntos. Que habían sido muchos. Abandonó el establo a todo galope.
No quería seguir pensando en Olivia. Ya no. Jamás volvería a besarla como la había besado antes. Una vez, en el establo, llegó a besarle el cuello y los hombros, pero no pasó de ahí. Olivia se apartó de él asustada y salió corriendo del establo. Ella le había olvidado. Ya no le quería. No podía olvidarla. Se resistía a dejar de amar a Olivia. La amaría siempre.
Siempre...
-¡Arre!-le increpó al caballo-¡Arre!
Olivia era una hija de aquellas tierras. Luchaba por no mostrarse débil. Odiaba cualquier síntoma de debilidad.
Su padre le había enseñado a administrar un rancho. Había demostrado tener buen ojo a la hora de comprar caballos. Sabía cuál valía como semental. O como caballo de carreras.
Sean tenía que admitir que Olivia había hecho buenos negocios con la compra-venta de ganado. Poco a poco, sus cabezas de ganado iban aumentando. Olivia era la que estaba salvando de la ruina a su padre.
Olivia le contaba a Lily, la pupila de sir Kyle Saint Leger, cómo se vendía el ganado a buen precio.
Le decía en lo que debía de fijarse.
En el peso del animal...En el estado de salud del animal...En la fuerza que tenía. Lily tomaba nota mental de todo lo que le decía a Olivia. Seguía adelante con su sueño. Dedicarse a la cría de toros de lidia. Lily tenía iniciativa. Sir Kyle la admiraba por ello.
Debía de buscar un lugar para ella. Lily se sentía fuera de lugar.
A veces, recibía la visita de algún ranchero. Tenía que hacer negocios con él. Tenía mucha labia. Acababa convenciendo a su interlocutor.
Greg se alejó del edificio principal. Escupió en el suelo. Aborrecía a aquel inglés amanerado. ¿Amanerado? Las criadas alababan los muchos "atributos" de sir Kyle Saint Leger. Quiso vomitar.
Oía trazos de aquella conversación.
Caballos...Yeguas...Potros fuertes...
¿Y Olivia? No la veía. La buscó con la mirada. ¿Dónde estaría? Quería verla. Necesitaba verla.
Evocó la imagen de Olivia. Era alta y esbelta. La había besado. La había besado muchas veces. Le gustaba mucho besarla. En sus mejillas aparecían un par de hoyuelos cuando sonreía. Había besado aquellos hoyuelos. Olivia odiaba aquellos hoyuelos. Le hacían parecer una niña tonta. Palabras textuales de ella. No parecía una valiente y audaz vaquera. Y ella era eso. Parecía una ninfa de los bosques. Una ninfa de los bosques vestida con un poncho. Y con un sombrero de ala ancha. Greg se dirigió a los establos.
Olivia tenía unos preciosos ojos de color azul marino moteado de ámbar. Su cabello era de color caoba brillante y siempre estaba suelto. Parecía ser más vieja de lo que era algunas veces, quizás por la expresión dura de su rostro, que era hermoso y perfecto. Su mirada estaba cargada de decisión. Siempre estaba en movimiento. Nunca paraba quieta.
Greg ensilló a uno de los caballos.
Fue el primer amor de Olivia.
Fue el primer hombre que la había besado en los labios. La había besado en la frente. La había besado en las mejillas. La había besado en las manos.
Le había acariciado el cabello con las manos. Le habría gustado tener algún mechón del pelo de Olivia. Pero no lo tenía. Montó a caballo.
No tenía ningún recuerdo suyo. Se conformaba con los buenos ratos que pasaron juntos. Que habían sido muchos. Abandonó el establo a todo galope.
No quería seguir pensando en Olivia. Ya no. Jamás volvería a besarla como la había besado antes. Una vez, en el establo, llegó a besarle el cuello y los hombros, pero no pasó de ahí. Olivia se apartó de él asustada y salió corriendo del establo. Ella le había olvidado. Ya no le quería. No podía olvidarla. Se resistía a dejar de amar a Olivia. La amaría siempre.
Siempre...
-¡Arre!-le increpó al caballo-¡Arre!
Olivia era una hija de aquellas tierras. Luchaba por no mostrarse débil. Odiaba cualquier síntoma de debilidad.
Su padre le había enseñado a administrar un rancho. Había demostrado tener buen ojo a la hora de comprar caballos. Sabía cuál valía como semental. O como caballo de carreras.
Sean tenía que admitir que Olivia había hecho buenos negocios con la compra-venta de ganado. Poco a poco, sus cabezas de ganado iban aumentando. Olivia era la que estaba salvando de la ruina a su padre.
Olivia le contaba a Lily, la pupila de sir Kyle Saint Leger, cómo se vendía el ganado a buen precio.
Le decía en lo que debía de fijarse.
En el peso del animal...En el estado de salud del animal...En la fuerza que tenía. Lily tomaba nota mental de todo lo que le decía a Olivia. Seguía adelante con su sueño. Dedicarse a la cría de toros de lidia. Lily tenía iniciativa. Sir Kyle la admiraba por ello.
Debía de buscar un lugar para ella. Lily se sentía fuera de lugar.
domingo, 15 de enero de 2012
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