viernes, 22 de mayo de 2015

UNA VEZ SOÑAMOS

Hola a todos.
La entrada de hoy tiene que ver con el paso del tiempo.
El tiempo pasa. Aunque tú creas que pasa despacio.
En realidad, pasa muy deprisa. A un día, le sigue otro día. Cuando te quieres dar cuenta, ya no estás estudiando en el instituto. Ya eres una persona adulta. Cumples años. Entonces, te detienes. Haces un rápido balance de lo que ha sido tu vida.
¿Qué es lo que tienes? Puede que hayas llegado a triunfar en la vida. Tenías un sueño.
Y no has parado hasta que lo has visto convertido en una realidad. Puedes sentarte a disfrutar de tu triunfo.
Sin embargo, otras veces, no alcanzas la meta que te has propuesto. Lo estás intentando. Pero sientes que las fuerzas te fallan. Piensas que estás pecando de ser demasiado idealista. Porque sientes que estás luchando por un imposible. Te gritan que estás perdiendo un valioso tiempo en vano.
Y es posible que sea verdad. Es posible que estés siendo demasiado idealista. Pero tienes algo muy valioso. Tienes un sueño que aún no se ha hecho realidad. Tienes un sueño por el que quieres pelear. Pero es posible que te canses de luchar. Que tires la toalla.
¿Qué puedes hacer en esos casos? ¿Vale la pena el tiempo invertido?
¿Vale la pena seguir luchando? Es una pregunta que llevo algún tiempo haciéndome. ¿Vale la pena?
Ya no sé qué contestar. Sinceramente, ya no sé qué pensar.

jueves, 21 de mayo de 2015

CARTAS A BIBI

Hola a todos.
Aquí os traigo una nueva carta que Jorge le escribe a Bibi.
¡Veamos qué pone!

                                    Mi adorada Bibi:

                       Hace ya año y medio que empezamos a salir juntos. Todavía recuerdo los primeros días de nuestra relación. La timidez que me embargó cuando me acerqué a ti y te invité a salir por primera vez un día, cuando regresamos a casa.
-Me encantaría salir contigo-me contestaste.
                      Hacía un día nublado, pero, cuando me sonreíste, pensé que el Sol había salido.
                      Fuimos a tomar algo a una cafetería. Yo no paraba de mirarte con cara de embobado y tú te reías contándome que E.T te había parecido muy feo.
-Es una peli muy tierna-opiné.
                       Me daba mucha vergüenza darte un beso. Y, sin darnos cuenta, nuestros besos se tornaron más apasionados.
                      De ahí, pasamos a las caricias que mis labios brindaban a tu piel. Cuando te entregabas a mis brazos sin reservas.            
                      Todavía recuerdo la primera vez que hicimos el amor. ¿Te acuerdas? Fue un verdadero desastre, aunque tú dijiste que no estuvo mal.
                      Fue en mi coche en el asiento del copiloto. Me puse encima de ti al tiempo que nos acariciábamos por debajo de la ropa. Que nos besábamos con ardor.
                       Más tarde...
                       Nos vimos desnudos por primera vez y pude sentir tu lengua en mi piel. Succionando mis tetillas. Lamiendo mi vientre. Y más abajo...
                       Y yo...
                        Pude mordisquear tus pezones. Lamerlos.
                      Hoy, ha debido de ser el peor día de tu vida. Estábamos los dos solos en la sala de espera del hospital. Han operado a tu madre de urgencia.
-¿Qué ha pasado?-te pregunté cuando me llamaste muy nerviosa a casa.
-No lo sé-respondiste, al borde del llanto.
                              Salí disparado al hospital.
                             Una vez allí, me lo contaste todo. Tu madre había sufrido una nueva hemorragia por la mañana. Los médicos decidieron operarla de inmediato. La operación que le hicieron se llama histerectomía. No sabía en qué consistía eso. Tú tampoco lo sabías.
-Los médicos dicen que le van a quitar el útero-me explicaste-Que es por su bien.
-¿Dónde está Germán?-te pregunté.
-No lo sé.
-¿Cómo que no lo sabes? Tendría que estar aquí. ¡Se trata de su mujer!
                          No parabas de ir de un lado a otro de la sala de espera. Estabas pensando en cuando creíste que íbamos a tener un hijo.
                          Al final, resultó ser una falsa alarma. Los nervios se apoderaron de ti. No estabas nada contenta con la relación que Germán y tu madre estaban manteniendo.
-Lo que más me asusta es la reacción de mi madre cuando se entere de que ya no podrá tener más hijos-me confiaste-Y cuando sepa que Germán no ha estado aquí.
                         Estabas muy decepcionada con él. Tu abuela, en cambio, no dijo nada. En el fondo, las dos desconfiabais de aquel hombre. Vuestras suposiciones resultaron ser ciertas.
                           Parecieron siglos hasta que salió un médico del quirófano. Tu abuela y tú os acercasteis para hablar con él.
                           Alcancé a oír parte de vuestra conversación. No sólo le habían extirpado todo el útero a tu pobre madre. También le habían extirpado los ovarios y las trompas de Falopio.
                          Me acerqué corriendo a ti.
                         Tuve que sujetarte porque te habías puesto muy pálida.
-¡Bibiana!-exclamó tu abuela-¡Hija!
-La operación ha ido muy bien-afirmó el médico.
-¿Cómo está mi hija?-quiso saber tu abuela.
-Su hija está bien, señora. Va a necesitar toda la ayuda del mundo para recuperarse. En todos los sentidos...
-Entiendo.
-Hemos logrado detener la hemorragia. Como mucho, se irá a su casa el mes que viene. Ha estado muy enferma. Y le queda un periodo largo de recuperación.
                          Tú no escuchabas eso. Tú tan sólo habías escuchado la primera parte.
-Mi madre...-balbuceaste.
-Ya has oído al médico-te recordé-Se va a poner bien.
                         Tu madre fue llevada a planta un rato después.
                         No quiso cenar.
-Me da asco-comentó cuando le trajo la cena una enfermera-No quiero comer-Apartó la vista del plato de consomé que le habían subido-¿Dónde está Germán?
                         Tu abuela, tú y yo nos miramos.
-Ha salido a comprar tabaco-le contestaste con una mentira-Vendrá dentro de un rato.
                         Tu madre frunció el ceño. Ya sabía lo que el médico le había hecho. Estuvo llorando desde que se despertó de la anestesia. Todavía lloraba la pobre.



-Germán me odia-se lamentó tu pobre madre.
-¡No digas eso!-le pediste.
-Se puso muy contento cuando le dije que íbamos a tener un hijo. ¡Era su mayor ilusión! ¡No llevamos casados ni un mes!
-Germán vendrá dentro de un rato-mentí.
                             Los cuatro sabíamos que no iba a volver. Tu madre se acurrucó como pudo en la cama. Le parecía humillante tener que llevar una sonda.
                            No quería pensar en lo que le había ocurrido. Tan sólo quería dormir. Una enfermera entró en la habitación para administrarle un tranquilizante. Tu abuela te dijo que se quedaba con ella.
-Llevas todo el día en el hospital, Bibiana-observó-Vete a casa. Jorge, quédate con ella.
                             Deseé con todas mis fuerzas poder hacerte reír en ese momento en el que te vi tan hundida.
                            Pero lo único que hice fue besarte.
                            Y decirte que estaría siempre contigo.
                            No fuiste a tu casa a dormir, sino que nos quedamos en la playa.
                            Nos sentamos en la arena y yo pensé en que estabas siendo mucho más fuerte de lo que había imaginado.
-Me derrumbo con facilidad-me comentaste.
                             Y yo te repliqué que eso no era cierto porque estabas siendo muy fuerte y que tu madre estaba orgullosa de ti.
-Tú no la has abandonado, Bibi-afirmé.
-A lo mejor, la culpa de todo ha sido mía-te lamentaste.
-Bibi, tu madre ha sufrido un aborto. Eso es algo terrible, pero le pasa a muchas mujeres. Tu madre ha tenido mala suerte. Quizás, no debió de haberse quedado embarazada. Tuvo problemas cuando Pedrito y tú nacisteis. Debió de haberlo tenido en cuenta. Pero estaba enamorada. Y no pensó.
-Desde que me enteré de su relación con Germán, lo único que hacíamos era discutir. Y, además, estaba el hecho de que pensé que íbamos a tener un hijo, Jorge. Mi madre estuvo a la altura de las circunstancias. No me echó nada en cara. Estuvo a mi lado apoyándome.
-Bibi, tu madre se va a recuperar. Vamos a estar a su lado en todo momento.
                           En ese momento, nos miramos a los ojos.
-Quiero olvidar-me pediste-No quiero pensar en nada.
                            Con tus manos temblorosas...
                             Empezaste a desabrocharme la camisa.
                             Yo te dejé hacer. Quería ayudarte a olvidar. El amor es una buena medicina, pensé.
                            Deseaba con todas mis fuerzas poder ayudarte, amor mío.



                              Desnudos completamente, nos acostamos en la arena y mis labios se apoderaron de tus labios para besarte con todo el ardor que sentía en aquel momento. Recorrí con mi lengua tu cuello y sentí cómo te estremecías ante mi contacto.
-Bibi...-gemí.
                            Mordisqueé con suavidad el lóbulo de tu oreja. Mi lengua recorrió uno de tus pechos. Succioné tus pezones para saborearlos una vez más. Al hundirme en tu cuerpo, te abrazaste con fuerza a mí. Quise fusionarme contigo.

martes, 19 de mayo de 2015

CARTAS A BIBI

Hola a todos.
Hoy, seguimos con las cartas que Jorge le escribe a Bibi.
Aquí os traigo otra.

                                    Mi adorada Bibi:

                                    Hemos pasado la noche en el bosquecillo que hay cerca de la urbanización. Tu abuela se ha quedado a pasar la noche con tu madre.
                                    Te apoyaste en mí cuando salimos del coche. No querías ir a tu casa y me pediste que me quedara contigo.
-Por lo menos, quiero olvidar durante un rato lo que ha pasado-me dijiste.
                                  Te abracé con fuerza.
                                  Tus dedos estaban fríos. Cuando mis manos enlazaron las tuyas, tus dedos estaban fríos. Te besé las manos. Los dos estábamos temblando.
-El médico va a operar a mi madre-me informaste.
                                En realidad, no querías hablar de ello. Era un tema demasiado doloroso para ti.
-Demos un paseo-te propuse.
                               Empezamos a caminar hasta internarnos en el bosquecillo. No querías pensar en todo lo que había ocurrido. Y yo quería ayudarte a olvidar.
                               Te besé con dulzura en los labios.
                               Quería con todas mis fuerzas ayudarte a olvidar todo. A olvidar los dos días tan espantosos que habías vivido en el hospital.
-Germán no está siendo de mucha ayuda-te lamentaste.
-Dale tiempo-te sugerí.
-Sé que está como ido porque también era su hijo. ¡Pero se trata de su mujer! Parece haber olvidado que mi madre y él están casados.
                             Volvimos a besarnos, esta vez con más fuerza.
                             Nos dejamos llevar, decididos a no pensar en nada. Tú no querías pensar en la operación a la que iban a someter a tu madre. No querías pensar en el hermanito que no llegaste a tener. En lo mucho que Germán te estaba decepcionando.
                             Empezamos a desnudarnos el uno al otro. Y caímos al suelo.
                            Quise ayudarte a olvidarte de todo mientras mis labios besaban con fervor tus labios. Mientras mi boca devoraba tu pecho.
                              Y quiero pensar que lo conseguí.

lunes, 18 de mayo de 2015

CARTAS A BIBI

Hola a todos.
Hoy, empiezo con la primera carta que Jorge le escribe a Bibi.
Es un proyecto bastante curioso. Podría tratarse de un fanfic. De hecho, tiene mucho de fanfic. No es un one shot. No es una novela.
Es, más bien, un conjunto de cartas que Jorge le escribe a Bibi. Todo transcurre después del final de Dos edades en el amor. Le he introducido algunos cambios, como que la acción se desarrolla en la isla gallega de Toralla.
Espero que os guste.
No es una novela. No es un relato. Pero estas cartas aparecerán con frecuencia por aquí.

                                   Mi adorada Bibi:

                                  Tener que verte en el hospital ha sido muy doloroso para mí. Cuando entré en la habitación donde habían llevado a tu madre, pensé que me derrumbaría.
                                  Tus hermosos ojos estaban hinchados por el llanto. Ni siquiera sabías que tu madre estaba embarazada. Germán y ella pensaron en contároslo a Pedrito y a ti a su vuelta de su luna de miel. Germán estaba como ido. Estaba en un rincón de la habitación hablando solo.
-Mi madre...-balbuceaste.
                               Me habías contado lo ocurrido entre sollozos cuando me llamaste por teléfono. Germán y tu madre estaban disfrutando de una romántica luna de miel mientras navegaban por la ría de Vigo. Pensaban en hacer un crucero por la Costa Azul. Pero tu madre se enteró de que estaba embarazada.
                               Me imagino que ella no cabría en sí de gozo. Se la veía realmente enamorada de Germán. Y ese hombre te quiere como un padre quiere a su hija.
-Será mejor que salgamos de aquí-te sugerí.
                             Tu hermano Pedrito estaba en casa con vuestra madrina, Marina, una amiga de vuestra madre. Tu abuela estaba en la habitación con ella.
-Empezó a sentirse mal ayer por la mañana-me contaste-Pero no quiso darle importancia.
-No me lo cuentes si no quieres-te pedí.
                          No habías comido nada desde ayer por la tarde. Tu madre empezó a sangrar de manera abundante. Germán decidió regresar a puerto y la llevó al hospital más cercano aquí, en Vigo.
                         Pero ya era demasiado tarde. Tu madre había perdido el bebé que esperaba. Entramos en la cafetería del hospital. Tú no querías comer nada.
-Lo último que tu madre necesita es que te derrumbes-te exhorté.
                       Pedí dos cafés, uno para ti y otro para mí. También pedí dos bollitos para ti. Tomamos asiento en una de las mesas que hay en el fondo. No había casi nadie en la cafetería. Mi querida Bibi, me asustaste al verte tan alterada.
-Ella ya lo sabe-me contaste-Lo supo esta mañana.
                       Estabas sola con ella. Germán parecía estar ido desde que vio que tu madre sangraba.
                       No pudiste contar con él. Te tocó a ti intentar calmar a tu madre. Pero ella estaba fuera de sí. Lloraba y gritaba y no paraba de mencionar que su bebé no podía estar muerto. Tú decías que te daba la sensación de que amaba a Germán más de lo que había amado a tu padre.
                     No conocí a tu padre. Pero me has enseñado fotos suyas.
                     Tienes de tu madre y de él.
                      Por encima de la mesa, te di un beso en la frente.
                     Nunca he sido un hombre fuerte. Creo que eso es algo que me dijo Germán cuando vino a verme. En ese momento, me di cuenta de lo mucho que me necesitabas. Tú eres fuerte, mi adorada Bibi. Pero también necesitas apoyarte en alguien. Y quiero que te apoyes en mí. Te esperan días muy duros. Y quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que necesites. Así te lo dije y trataste de sonreír, aunque no pudiste. No podías sonreír.
-Mi madre es una mujer fuerte, pero el médico me contó que no debió de haberse quedado embarazada-me confiaste-Cuando yo nací, tuvo un parto muy duro. Después, volvió a quedarse embarazada cuando yo tenía seis años. Pero...Mi padre falleció de forma inesperada. Y mi madre dio a luz a mi hermano Pedrito a los pocos días. Estuvieron a punto de morir los dos. El médico me comentó que el parto tan duro le dejó secuelas. Posiblemente, cada vez que conciba, aborte. Y...
-¿Qué quiere hacerle el médico?-te pregunté.
-Piensa que una ligadura de trompas sería la solución.
-Entonces, que la opere.
-Mi madre le contó a sus amigas que quería tener hijos con Germán. Él quiere ser padre. Dice que nos quiere a Pedrito y a mí como sus hijos. Pero...
-No es lo mismo.
                        Me dije a mí mismo que debía de ser fuerte para transmitirte fuerza.
                       Me incliné por encima de la mesa y te besé con ternura en los labios. Te besé en una mejilla.

domingo, 17 de mayo de 2015

CARTAS A BIBI

Hola a todos.
No es la primera vez que hablo en este blog de la Colección Gaviota. 
Eran unas novelas que se vendían con la hoy desaparecida revista Garbo. Eran unas novelitas muy cortitas que apenas llegaban a las 120 páginas, pero que, en su interior, encontrabas unas historias de amor muy intensas. No sólo se contaba el romance entre los protagonistas, sino que también se contaban otros temas, tales como la droga, el secuestro, los celos, problemas económicos, la imposibilidad de estar con la persona que amas, los malos tratos, la infidelidad, la moral, las consecuencias de un accidente, etc.
Se te quedaban cortas y tú deseabas más. Me he leído muchos libros de esa colección. Y debo decir que me enamoré de ellos. Transcurrían en lo que la época actual del momento de su publicación (de 1983 a 1985, más o menos).
Hay una novela que me encandiló. Se llama Dos edades en el amor y contaba la historia de Silvia, una mujer de menos de cuarenta años, joven y guapa que ha logrado sacar adelante a sus dos hijos después de la prematura muerte de su marido. Silvia conoce a Germán, un hombre algo mayor que ella y soltero, con el que inicia un tórrido romance. Sin embargo, si bien Germán logra ganarse la simpatía del hijo pequeño de Silvia, apenas un niño, tiene problemas con la hija mayor, Bibi, una chica de diecisiete años.
Bibi fue el personaje que más me llamó la atención. Ella y su novio, Jorge, que creo que merecían tener su propia historia. ¡Soy de la Liga de los Personajes Secundarios!
Jorge y Bibi son dos chicos de su tiempo, con problemas con sus padres. Él se siente incomprendido por su progenitor. Ella considera que su madre esté saliendo con otro hombre es una traición a la memoria de su padre.
Esta sección que estreno está dedicada a estos dos personajes, Jorge y Bibi.
Son unas cartas que, en teoría, le escribe Jorge a Bibi hablándole de lo que siente por ella. De su vida familiar...De todo un poco...Se habla de la novela, pero se centra en la relación entre ambos.
Espero, de corazón, que os guste.

viernes, 15 de mayo de 2015

¿YO ESCRITORA?

Hola a todos.
He hecho a lo largo de estos años muchas reflexiones acerca del porqué de muchas cosas. Llevo algún tiempo cuestionándome a mí misma. He llegado a sentir que no servía para escribir.
Escribo desde que me alcanza la memoria. Cuando más lo necesitaba, la escritura me salvó de cometer una locura.
Y no estoy exagerando. Siempre me ha gustado escribir. Empecé escribiendo en una libreta y con un boli. Más tarde, me compraron una máquina de escribir y pude escribir también con ella. Después, llegó el ordenador. Son muchos años inventando historias. Creando personajes. Y dejando muchas historias sin darles el final que se merecen. Me he propuesto terminar todo lo que he escrito a lo largo de estos años y que no tiene un final. Empiezo una historia con mucho entusiasmo.
Pero, luego, la dejo sin acabar. Porque siento que no soy capaz de darle el final que se merece.
He sentido que lo que escribía no era bueno. Es verdad que no es bueno. Puede que me vaya por las ramas. He cometido muchísimos errores con mis historias. Y, sin embargo, siento que todo lo que he escrito merece tener un final. A pesar de que tiene sus fallos. Luego, está el hecho de que no termino de estar contenta con lo que escribo. Investigo para darle algo de veracidad. Pero es una tarea que puede llegar a ser cansina, aunque también es divertida.
He visto muchas series y películas de época. Confieso que son las que más me gustan.
Al escribir, me muevo en el terreno de lo histórico. Siempre he fantaseado con vivir en otros tiempos, a pesar de que esos tiempos fueron terribles si eras mujer. Veo series de época.
Y pienso en lo bonito que sería vivir en esos tiempos. Y también pienso en lo bonito que tiene que ser escribir esos guiones. Poder plasmar cómo se vivía por aquel entonces. Que la gente lo vea y se quede maravillada. Es un trabajo de equipo. No sólo están los guionistas. También están los actores que dan vida a los personajes.
Los encargados de vestuarios, quienes realizan el trabajo de crear la ropa de los personajes. Los que se encargan del montaje. Y un largo etcétera.
Y veo películas de época. Adaptaciones de novelas como Jane Eyre. Siempre me he fijado en la historia de Jane Eyre. El ambiente en el que se mueven los personajes.
Para mí, es puro Romanticismo. Las escenas nocturnas...
Las charlas en la penumbra...Los bosques solitarios...Una casa llena de misterio...Pienso en todo lo que me hace sentir. Y siento que no llegaré nunca a alcanzar ese nivel. Nunca podré emocionar a alguien con lo que escribo. Nunca escribiré algo que sea decente. ¿Estoy contenta con lo que escribo?
Por un lado, sí. Estoy contenta con lo que escribo.
Porque es algo que ha salido de mi corazón. Es algo en el que le he puesto mucho empeño. Ganas...
He podido terminar muchas historias desde que me lo propuse. ¿Estoy contenta con el resultado? ¡Me alegro de haberlas terminado porque lo merecían!
Sin embargo, una parte de mí no está contenta con el resultado final. Me digo a mí misma que no me entrego. Que no le pongo ganas a cosas que escribo. Me falta pasión. Me falta ánimo. Una voz que sale de mi cabeza me ha repetido en las últimas semanas que no llegaré a nada en la vida.
Tú has fracasado, me has dicho. Ríndete.
Y quiero rendirme. He estado a punto de rendirme muchas veces en estas semanas. He escrito con desgana.
Intentaba demostrarme a mí misma que sí podía. ¿De verdad puedo?
Quiero pensar que sí puedo. Y quiero.
Si me he sentido mal en estos días. Si me he alejado del mundo en estos días. Es porque no soy capaz de dar lo mejor de mí. Estoy muy cansada. No sé si seguir luchando. Me siento triste y alicaída. Quiero ser capaz de sacar adelante todos los proyectos que tengo en mente. Pero también me siento frustrada.
El problema principal soy yo. La que está furiosa consigo misma soy yo.
La que quiere rendirse soy yo. El problema lo tengo conmigo misma. Si me he desahogado en este blog ha sido porque no podía más.
Lo siento.

miércoles, 13 de mayo de 2015

EN BUSCA DE NUESTRA ALMA GEMELA

Hola a todos.
Siempre se ha hablado de que pueden existir vida en otros planetas. Esta entrada no tiene nada que ver con la existencia de vida extraterrestre. En realidad, tiene que ver con la vida en general.
Casi todos nosotros hemos pensado alguna vez en encontrar a nuestra alma gemela. Todos nos hemos enamorado. Algunos tienen la suerte de vivir toda la vida al lado de esa persona que lo es todo para él.
Otros, por desgracia, hemos sufrido la pérdida de esa persona. También hemos sufrido el desamor. La ruptura de una relación amorosa en la que nos hemos entregado a fondo. Nuestra alma gemela es esa persona especial para nosotros. Con ella, esperamos vivir una vida plena. Una vida llena de pasión, sí. Pero también de dulzura, de amistad, de confianza, de compañerismo. Una persona en la que podemos apoyarnos.
A la que acudir cuando nos sintamos mal. Que esté a nuestro lado en todo momento. Que nos dé fuerza. Aliento...Que sea no sólo nuestro amante. Que sea también nuestro confidente. Nuestro aliado...Nuestro mejor amigo...
Nuestra alma gemela debería de ser así. Muchas veces, cuando uno ha fracasado en el amor, siente el deseo de tirar la toalla.
Y no puede evitar hacerse a uno mismo una pregunta. ¿Existe mi alma gemela? ¿Acaso es un mito?
Yo quiero pensar que existe alguien destinado para cada uno de nosotros. Alguien que sea nuestro complemento. Pero que no nos anule como personas.
Cuando se ha fracasado en el amor, uno tiene ideas y son muy descabelladas. ¿Dónde está mi alma gemela?
Puede que no la haya conocido porque nació en un tiempo anterior al que yo vivo. Puede que viva en otra dimensión. ¿De verdad existen más dimensiones en nuestro mundo además de la dimensión en la que vivimos? ¿Y si hay vida en otros planetas? Voy más lejos.
¿Y si mi alma gemela vive en otro planeta? No en un planeta de nuestro Sistema Solar...
Sino que viva en un planeta situado en otra galaxia. Son ideas disparatadas.
Puede que sea cierto. No he visto todavía a ningún extraterrestre. No obstante, sí que me interesa el tema de si hay vida en otros planetas. Puede que haya personas como nosotros habitando en esos lugares. Personas con nuestros mismos miedos y nuestros mismos deseos que se hagan las mismas preguntas que nos hacemos nosotros.
Correrán miles de suposiciones sobre este tema. Ríos de tinta también correrán pensando. Inventando. ¿Podría haber una historia de amor entre un humano y un extraterrestre? Se hizo una película basada en esa posibilidad.
Starman contaba la historia de un extraterrestre que era enviado en una misión para contestar a los mensajes que la nave espacial Voyager I envió en busca de respuesta de otros planetas. Es curioso como la película parte de un hecho real.
El protagonista entra en contacto con una humana al tomar la apariencia del difunto marido de ésta. En paralelo, las autoridades se enteran de la presencia de un extraterrestre en la zona. Y se lanzan a capturarlo.
Mientras la joven viuda ayuda al protagonista a regresar a su planeta, se van enamorando. Es una historia de ciencia ficción y también es un drama romántico muy bien combinado.
Puede que no sea una película precisamente alegre por su final. Sin embargo, deja un mensaje a la esperanza. Puede haber amor entre un extraterrestre y un ser humano. Y, ¿por qué no?, alguien de otro planeta puede ser nuestra alma gemela. Son suposiciones. Pero está ahí.
Nunca perdamos la esperanza. Ya sea en este planeta o en otro planeta, nuestra alma gemela está en algún lugar. Y acabaremos encontrándola antes o después.